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Asignatura: Mon Actual, Profesor: Fernando Gonzalez, Carrera: Antropologia Social i Cultural, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
La sociología nace con la modernidad (desde 1789 con la Ilustración, la RF y la RI), y es factible debido a dos constantes:
La modernidad, consecuencia de la ilustración conlleva ciertas novedades:
El Antiguo Régimen, repleto de privilegios y particularismos, da paso a una modernidad que pretende homogeneizar y que esos particularismos dejen de ejercer ningún peso discriminatorio. (“todos iguales ante la ley”). Pero este afán por la homogeneización provocó la despersonalización, hasta el extremo de pretender barrer toda diferencia individual o grupal prevaleciendo la identidad estatal sobre cualquier identidad.
La característica principal del pensamiento ilustrado es la visión científica i racional , unas premisas que se pretendían aplicar a la sociedad para comprenderla y organizarla mejor, ya que estos criterios daban buenos resultados en todos los campos. Con el pleno convencimiento científico que «la naturaleza es un sistema cerrado de causas y efectos, de razones e implicaciones» (Enciclopedia MacMillan de Ciencias Sociales, 1937) se pretensió erigir una ciencia de la sociedad, distanciándose de la tradición filosófico-social, creando los pilares de la sociología.
La ilustración pretende que esta “ presociología ” explique la tensión entre individuo/sociedad y crear una ciencia que no caiga en el relativismo ni en la caduca teología, y es Kant quien refleja estas aspiraciones en su obra Críticas , intentando construir una visión racional y moral de la historia y la sociedad. Kant hace un tránsito de la razón pura a la razón práctica (de lo analítico a lo ético, donde también los sentimientos intervienen como parte de la razón.)
Montesquieu y Rousseau son los antecesores de la sociología moderna. Anticipan dos formas alternativas de practicar concepciones sociológicas que priman en la sociedad: o bien el factor normativo-estructural o bien el intersubjetivo y comunitario.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
2.1 Montesquieu
“Las leyes, en su más amplia significación, son las relaciones necesarias que surgen de la naturaleza de las cosas. En este sentido todos los seres tienen sus leyes: las tiene la divinidad, el mundo material, las inteligencias superiores al hombre, los animales y el hombre mismo” (1980: 41).
Montesquieu es «estructuralista» por dos razones:
2.2 Rousseau
Rousseau, por el contrario a Montesquieu, concebirá la sociedad o «estado social» precisa- mente por contraposición al «estado de naturaleza»; la sociedad es una síntesis entre el mundo natural de las leyes ciegas y el mundo reflexivo de la sociedad humana. Por lo tanto hace una distinción entre el estado de naturaleza y el estado civilizado.
Rousseau describe con tinte dramático la transición “inexplicable” del estado primitivo al estado de civilización argumentando que, “el estado primitivo debió ser la época más feliz (ese estado era el menos sujeto a revoluciones, el mejor para el hombre, y que sólo debió salir de él por algún funesto azar que, en bien de la utilidad común, no hubiera debido ocurrir jamás. El ejemplo de los salvajes, que han sido hallados casi todos en este punto, parece confirmar que el género humano estaba hecho para quedarse siempre en él, que ese estado es la verdadera juventud del mundo y que todos los progresos ulteriores han sido, en apariencia, otros tantos pasos hacia la perfección del individuo, y, en realidad, hacia la decrepitud de la especie. El ciudadano, siempre activo, suda, se agita, se atormenta sin cesar en busca de ocupaciones aún más laboriosas: trabaja hasta la muerte, corre incluso a ella para ponerse en condiciones de vivir, o renuncia a la vida para adquirir la inmortalidad. Corteja a los grandes que odia y a los ricos que desprecia; no escatima nada para obtener el honor de servirles; se jacta orgullosamente de su bajeza y de la protección de ellos y, orgulloso de su esclavitud, habla con desdén de los que no tienen el honor de compartirla”.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
El positivismo tiene como figura precursora a Saint-Simon , y como figura consolidora a Comte. La sociología clásica, «tipo Gesellschaft», está vinculada al triunfo del cientifismo positivista gracias a la nueva sociedad industrial y burguesa. El fin del Antiguo Régimen generó una nueva clase dominante liberada de ataduras tradicionales. Estos valores se atribuyen a Auguste Comte, quien bautizó el término «Sociología». Intentó equiparar a la sociedad a una ciencia; un campo sometidos a la racionalidad instrumental.
Saint-Simon representa las ideas del positivismo clásico.
Apoya a nueva «casta de industriales» los cuales han de revolucionar la marcha de la sociedad, ordenarla correctamente y de incongruencias y despilfarros. Les apoya porque proyecta en ellos, de manera idealizada, sus propias experiencias altruistas y antes que muestren su verdadera faz descarnada con la consolidación del capitalismo fabril.
Con su defensa de la sociedad industrial hace una crítica, sensu contrario, del Antiguo Régimen. Imagina una sociedad en que desaparecen todos los viejos poderes y estamentos, generando riqueza y tranquilidad espiritual. El recuerdo de las injustas divisiones sociales del Antiguo Régimen y el parasitismo de sus estamentos superiores despiertan tal furia en Saint-Simon que, pensando en el perfecto nuevo orden del futuro, otorga un papel estrictamente subordinado a la nueva clase rectora industrial. Esto es el «Catecismo de los industriales»:
“Los industriales se erigirán en primera clase de la sociedad; los industriales más importantes se encargarán de dirigir gratuitamente la administración de la fortuna pública; ellos harán la ley, fijarán el rango que las demás clases ocuparán entre sí, acordarán a cada una de ellas una importancia proporcional a los servicios que cada una de ellas preste a la industria ; tal será inevitablemente el resultado final de la actual Revolución, y cuando se haya obtenido este resultado, la tranquilidad quedará completamente asegurada, la prosperidad pública avanzará a toda velocidad y la sociedad gozará de toda la felicidad individual y colectiva a que puede aspirar la naturaleza humana (1965: 143; subrayado del autor).
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
3.1 Términos de la ley de los tres estadios.
Comte entendió que los dos bandos que luchaban en Europa, el de la reacción y el de la revolución, estaban condenados por la historia. La reacción y la revolución no podían triunfar la una sobre la otra, porque ninguna de ellas tenía fuerza suficiente para ordenar la sociedad por entero. La cuestión, por tanto, era establecer una nueva fuerza que pudiera confluir el pasado de las dos, garantizar orden y progreso, promover la producción industrial y la riqueza social. Para defender su posición, Comte planteó la ley de los tres estadios, donde cualquier proceso de maduración atraviesan tres fases: una «teológica» o «ficticia», otra «metafísica» o «abstracta» y otra definitiva— «científica» o «positiva» (esta última la definitiva)
“Son ideas sobrenaturales las que sirven para ligar el pequeño número de observaciones aisladas de que se compone entonces la ciencia. Los hechos observados son explicados, a partir de hechos inventados. Este estadio es, por necesidad, el de toda ciencia en su cuna. Por muy imperfecto que sea, es el único modo posible de coordinación en su época. Es indispensable para poder avanzar”.
“El segundo estadio sólo sirve como transición del primero hacia el tercero. Su carácter es bastardo, ya que liga los hechos a partir de ideas que ya no son sobrenaturales, aunque tampoco son enteramente naturales. En una palabra, estas ideas son abstracciones personificadas, en las cuales el espíritu puede ver, a voluntad, bien el nombre místico de una causa sobrenatural, bien el enunciado abstracto de una serie de fenómenos, según esté más cerca del estadio teológico o del científico. Este estadio metafisico supone que los hechos, cada vez más numerosos, son vinculados en idéntica medida a analogías lo mismo de extensas”
Científica o positiva: Adopta a la inducción empírica como principio rector en el terreno de la investigación, y, en el terreno político-social, despliega un proyecto de progreso basado en la intervención científica sobre unos problemas sociales. La «sociedad positiva» era la sociedad europeo-occidental, y es por tanto bastante eurocéntrica.
El tercer estadio es el modo definitivo de toda ciencia. Ahora, los hechos son ligados a ideas o leyes generales de orden enteramente positivo, sugeridas o conformadas por los hechos mismos, no siendo a menudo sino hechos lo suficientemente generales como para convertirse en principios. Se intenta reducirlos al menor número posible, pero sin instituir ninguna hipótesis que no sea verificable mediante la observación y no considerándolos, en todo caso, más que como un medio de expresión general de los fenómenos (1970: 94-95).
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural. La ley de los tres estadios, se le pude relacionar con la división de fenómenos sociales entre «estática» y «dinámica» sociales, efectuada por el mismo Comte.
Se trata de una distinción complementaria: la «estática» y la «dinámica» se fusionan en el producto social acabado, Sucede lo mismo con los «tres estadios»; para Comte la era positiva es impensable sin las eras precedentes y éstas mantienen su sombra en la nueva etapa.
3.2 La incorporación de la religión al programa de regeneración positivista.
Comte, como su maestro, era consciente de que el programa de reforma por él propugnado no podía abrirse camino por sí solo, sino que precisaba de un determinado aglutinante simbólico que le insuflara fuerza de convicción.
Para que se establezca un nuevo sistema social, no basta con que haya sido concebido convenientemente; es preciso que la masa de la sociedad se apasione en constituirlo. Esta condición no es sólo indispensable para vencer las resistencias más o menos fuertes que el sistema vaya a encontrar entre las clases en decadencia. Lo es, sobre todo, para satisfacer el deseo moral de exaltación inherente al hombre cuando inicia una nueva experiencia, esa exaltación sin la que no podría vencer su inercia natural ni sacudir el yugo potente de las viejas costumbres, y que es necesaria para otorgar a todas sus facultades, en el nuevo destino, un libre y pleno desarrollo.
Comte considera que el elemento ideológico-cultural en una sociedad «positiva», posee una vertiente perpetuadora del orden social («el yugo potente de las viejas costumbres»), y de motor utópico («el deseo moral de exaltación»).
En efecto, la unilateralización epistemológica de Comte le impulsó a buscar en su peculiar propuesta de una «religión positiva de la humanidad», basada en el culto a la ingeniería, no los elementos de la tradición religiosa (es decir, la formación de sentimientos de identidad y comunidad), sino aquellos otros de que se vienen valiendo históricamente las religiones erigidas en poder institucional (esto es, el autoritarismo jerárquico, la consolidación de castas eclesiásticas, el culto al dogmatismo y la propagación de un clima de reverencia sumisa mediante el fasto litúrgico). Fueron, pues, los factores menos «religiosos» los que vinieron a fascinar a Comte.
Diríamos que Comte pretendió unificar las dimensiones Gesellschaft y Gemeinschaft, mediante una forzada inclusión de ésta en aquélla.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural. «nutritivos» (industria y agricultura), «regulativos» (gobierno, ejército, policía) y «distributivos» (comercio).
El punto de vista inicial de Veblen coincide bastante con el de Spencer: cree en una sociedad actual (industrial) que no se ajusta a los valores que deberían presidirla, sino a los valores propios de una fase anterior, fase guerrera o «predadora».
En su toque personal, Veblen apoya que las sociedades que precedieron a las «predadoras» eran pacíficas e industriosas, pues se acogían al libre desarrollo (la excelencia de la naturaleza humana, instinct of workmanship ). Es esa vocación de trabajo concienzudo y solidario lo que, distingue a la especie humana por encima de toda otra consideración, y que se desvía en épocas de guerra y conquista. En esas épocas, el valor central, el trabajo, pasa a un segundo plano y la «fuerza» y la «proeza» son protagonistas, lo que implica la progresiva aparición de castas superiores y aristocracias, cuyo nexo o común denominador es la aversión a la actividad laboral, actividad ésta que también progresivamente pasa a ser considerada como algo degradante y, por ende, reservado a las clases «inferiores». Se trata de una tendencia que se mantiene viva incluso en la sociedad industrial. Aquí reside la mayor originalidad de Veblen, la Teoría de la clase ociosa; p ara Veblen el consumo de ocio y la manifestación ostensible perpetúa la preeminencia social. Las clases domi- nantes son fundamentalmente clases ociosas.
La Teoría de la clase ociosa se centra principalmente en el profundo sentimiento de superioridad que confiere a los ricos la riqueza. Pero, para disfrutarla, esta superioridad debe ser conocida; por consiguiente, una de las mayores preocupaciones de los ricos es la exhibición cuidadosamente estudiada de su riqueza. Dos cosas sirven para este fin: el ocio ostentoso y el consumo ostentoso. El ocio ostentoso es la distinción otorgada por la holganza en un mundo donde casi todos tienen que trabajar, donde nada más preocupa tanto al cuerpo y la mente. El rico podía trabajar también, pero adquiría mucha distinción de ia ostentosa ociosidad de sus mujeres. El consumo ostentoso era el consumo exclusivamente encaminado a impresionar a los demás con lo que había costado. El buen gusto no contaba para nada.
La cita de Galbraith nos pone en la pista de los sucesivos niveles estratificacionales, distintos de la clase superior, que Veblen distingue, a tenor del consumo de ocio. Porque es otra de las originalida- des (precursoras además) del autor, la mención de un «ocio vicario», o subordinado, de que disfrutan las clases y personas que actúan de soporte de las clases dominantes. Tal ocio diferido, subordinado, corre a cargo, en primer lugar, de los numerosos servidores domésticos que trabajaban en la época de Veblen en los hogares ricos, Pero también dicho ocio «vicario» corre a cargo de las esposas burguesas, que no actúan sino como personas interpuestas entre sus maridos respectivos.
Por fin, la última escala la conforman los pobres y marginados, inmersos en un «ocio forzoso». Entre medias, claro está, permanece el grueso de la población, las clases trabajadoras, que no disfrutan de ocio sino tan sólo del mínimo tiempo disponible que les permite recuperar fuerzas para el trabajo y que, además, por virtud de la primacía moral de los valores del consumo y la diversión,
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural. aparecen como socialmente proscritas, incluso ante ellas mismas, al no poderse zafar de los hábitos de la laboriosidad, igualmente proscritos. Veblen se adelanta a la denuncia de la posición relegada de las mujeres; la constatación, el estadio de consumismo del mundo occidental sobre todo el descubrimiento de que la división social y sus anejas injusticias no sólo se perpetúan por medio de la explotación económica, sino también mediante la persuasión ideológica y convicciones que llegan a ser interiorizados
El autor critica los efectos político-ideológicos que se derivan de la situación hegemónica de la «clase ociosa», pero también la secuela que esa situación imprime en la esfera económica. En el sentido consumista, se abandona la producción de riqueza, y se fomenta la industria del espectáculo (deporte, moda, teatro) que asegura un dinero fácil, la publicidad comercial y las empresas periodísticas sensacionalistas. Nuestro autor, por tanto, «madruga» en lo relativo a la denuncia de la manipulación de la opinión pública, la relevancia sociológica de los mass-media y la subliteratura, y aún en la insistencia en la tendencia inflacionista a que conduce el capitalismo desarrollado. Hay que reconocer que Veblen tiene espíritu «antiguo», puritano y anti lúdico, que en algunos aspectos, como con su postura en contra del deporte organizado, de los juegos y diversiones, considerados una pérdida de tiempo
Pudiera decirse que con Veblen la vieja sociología ciencista e industrialista, agota sus posibilidades.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
2. TEORÍA DE LA DEMOCRACIA.
El leitmotiv del autor era la convicción que el Antiguo Régimen era algo anclado definitivamente en el pasado que no debía ser restaurado. La «democracia», es decir, la sociedad basada en el principio de igualitarismo es imparable frente a la caduca sociedad aristocrática, basada en las notas del privilegio hereditario, la jerarquía y el poder estamental.
Todos aquellos que, en los siglos en los que entramos, intenten apoyar la autoridad sobre el privilegio y la aristocracia, fracasarán. Todos los que quieran atraer y retener la autoridad en el seno de una sola clase, fracasarán. No hay en nuestros días un soberano lo suficientemente capaz y fuerte como para fundar el despotismo restableciendo distinciones permanentes entre sus súbditos. Tampoco hay legislador tan sabio y poderoso que esté en condiciones de mantener instituciones libres, si no adopta a la igualdad como principio primero y símbolo. Es, así pues, preciso que todos aquellos contemporáneos nuestros que quieran crear o asegurar la independencia y la dignidad de sus semejantes, se muestren amigos de la igualdad, y el único medio de mostrarse como tales es siéndolo.
Tocqueville no cree que el cambio sea mecánico sino que se encontrarán modulaciones en el proceso.; toda la sociedad moderna entra en una era de «democracia», pero esa «democracia» (esto es, progresivo igualitarismo) no tiene por qué acarrear inmediatamente la libertad. La «democracia» incluye una dialéctica entre la libertad y la igualdad. La libertad no es un regalo; es un reto, y para hacerla salir del seno de la sociedad democrática en que Dios nos ha hecho vivir son precisas instituciones, una cierta forma de amoldar al presente viejos hábitos y tradiciones.
La primera de las posibilidades (la síntesis fecunda de libertad e igualdad) la cree ver en marcha Tocqueville en el área anglosajona, a causa de las peculiaridades que constata sobre todo en La democracia en América. Los contextos latinos y germano-eslavos, en cambio, no habrían sabido, para el autor, desembarazarse del todo de los lastres que imposibilitan tal síntesis; por contra, se verían presos del dogmatismo y la rigidez burocrática, logrando, en los casos más extremos, nada más que una caricatura o visión degrada de la igualdad: la igualdad de cada uno de los súbditos con respecto al amo y señor de todos ellos. Es Francia, como resulta natural, el país hacia el que con mayor interés dirige sus críticas Tocqueville en este sentido.
El autor, muy clarividentemente, contempla la posibilidad de que la modernización social no vaya acompañada de la democratización política, sino que sea impuesta en marcos autoritarios (como el caso de Bismarck, fascismos, revolución soviética, haciendo alusión ya a la futura potencia de la URSS). Tocqueville, así pues, está advirtiéndonos de la tentación totalitaria y el paralelo «miedo a la libertad» siempre latente en los procesos de modernización acelerada. El autor se refiere, concretamente, a un «nuevo despotismo». La advertencia de Tocqueville pudiera aplicarse, a posteriori, a un contexto sociopolítico no específicamente autoritario, esto es, la onda consumista que pareció adormecer la conciencia crítica de la mayoría de la población en las sociedades occidentales.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
3. LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA. ANÁLISIS ORDENADO.
Tocqueville descubre en los Estados Unidos la descentralización administrativa la política, necesario para una sociedad desarrollada, coherencia y con grandes directrices en la tarea de gobierno (federalismo).
Si el poder que dirige a las sociedades americanas concentrara en sí el derecho de mandar y la facultad y hábito de ejecutar […] la libertad sería barrida muy pronto del nuevo mundo.
Hay tres características de la democracia norteamericana que fascinan a Tocqueville:
EUA destaca en el camino hacia la modernización por hacer de su sistema de legitimidad el eje central de la organización social; una legitimidad secularizada. En definitiva, la democracia ejemplar es, según el autor, aquella QUE cuenta con las instituciones (descentralizadas) correctas, así como con libertad de información y un alto grado de arraigo de la cultura cívica.
El autor rastrea pluridimensionalmente la génesis y resultados de la Revolución Francesa en el que queda al descubierto las transformaciones sociales, políticas e ideológicas. Resaltará un cambio radical en la estructura de clases de la sociedad francesa existe también el despegue de un proceso de racionalización y abstracción. La aparición de la ciudadanía (inicios del siglo XIX) implica que el sujeto tiene determinados derechos y deberes conducta, pero esta universalización y el ansia de romper particularismos puede hacer que se burocratice su imagen y no se le tenga en cuenta, siendo así a fin de cuentas, el mismo resultado que antes de la revolución.
Factores de la RF.
La ceguera de la aristocracia al dejar cada vez más al desnudo su inevitable obsolescencia como clase dominante; el fortalecimiento de la burguesía, por medio precisamente del aglutinante de su común aversión hacia la nobleza, y el desamparo de los campesinos, abandonados a su suerte hasta que prorrumpan en el estallido de cólera final. En relación con lo primero, Tocqueville describe agudamente la progresiva dejación de sus obligaciones y su obvio parasitismo que de ello se extrae. Los nobles, cuando dejaron de ejercer el poder local y fueron progresivamente olvidando sus obligaciones, no cumplían ninguna función positiva Mantenían unos símbolos, unas barreras sociales y unas actitudes antipáticas, lo que periclitaba a la revolución.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
5. LOS COSTOS POLÍTICOS DEL SOCIALISMO.
En su obra Souvenirs Tocqueville sabe destacar en la nueva revolución un determinado factor que la distingue de toda otra revolución presente hasta entonces en la historia: por primera vez la clase obrera dirige una revolución en nombre del socialismo. Refiriéndose a la insurrección de junio, Tocqueville escribe:
No fue, a decir verdad, una lucha política (en el sentido que solemos dar a esta palabra), sino un combate de clase, una especie de guerra servil.
Señaló que la bandera del socialismo revolucionario marcaba una frontera definitiva en el mundo, tras la cual nada iba a seguir siendo igual. La coincidencia con Marx no acaba aquí, por otra parte. Tocqueville, al igual, critica despectivamente a la mediocre burguesía orleanista que rebajó las tareas de Estado hasta el extremo de convertir el gobierno en algo parecido a una «compañía industrial»
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
La obra de Marx sintetiza las diversas corrientes y preocupaciones del pensamiento social de su época:
Marx compendiará toda una atmósfera cultural, abriéndola con su reinterpretación, hacia nuevas épocas. La obra de Marx estará marcada por el positivismo, la tendencia que hubo en el s. XIX. Pretenderá unificar las dos dimensiones básicas de la sociedad que consideramos en su momento (la normativo-estructural y la inter- personal o intersubjetiva). El autor no se limitaba a contemplar de manera degradada a las formas culturales (como la religión), sino que valoraba la profunda funcionalidad cohesiva y comunicativa que éstas poseen.
El corpus de las propuestas marxianas remite a la motivación de superar «dialécticamente» las diferencias estructural e intersubjetivo que hemos destacado como dimensiones sociológicas básicas.
La pista para entender en términos estrictamente teórico-sociales qué significa la categoría de praxis nos la da el mismo Marx en la tesis sexta sobre Feuerbach:
La esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es el conjunto de las relaciones sociales
Así pues, el devenir práctico de la sociedad no es una esfera a la que se haya de recurrir ontológicamente. Marx alude a una suma de relaciones concretas cuya raíz y dinámica es precisamente lo que hay que analizar críticamente. Destaca que el sustrato de la realidad social es un cúmulo de relaciones sociales que subyacen a ella, por muy objetiva y autónoma que parezca. Pero, a la vez, le interesa destacar asimismo que la objetivación de las relaciones sociales alcanza un grado tal de intensidad (sobre todo en la sociedad capitalista) deriva a una cosificación. La sociedad levanta sus propios fetiches, y su culto perpetúa, en un marco de intereses antagónicos, la situación de poder de unas clases dominantes y explotadoras. Obviamente, la solución revolucionaria a este estado de cosas apuntada por Marx es la descosificación, entendida como devolución del protagonismo a la sociedad en su conjunto (sin entrar en los problemas del tránsito hacia esa meta comunista ideal).
El capital es un producto colectivo y no puede ponerse en marcha más que por la cooperación todos los individuos de !a sociedad. El capital no es un patrimonio personal, sino una potencia social
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3. LA SOCIEDAD COMUNISTA: PROBLEMAS DE DEFINICIÓN.
Marx repudiaba la sociedad capitalista, ya que consideraba que el tránsito de la sociedad tradicional a la moderna comportaba un costo demasiado elevado: la ruptura de vínculos comunales y en la aparición de formas organizativas despersonalizadas, descontextualizadas y racionalizadas. La hegemonía de la clase burguesa, inseparable del capitalismo, es descrita así, en el Manifiesto comunista, en relación con la etapa feudal anterior:
La burguesía, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró los lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales, pero dejó como vínculo el interés, el dinero. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innúmeras a una sola: la libertad ilimitada de comerciar […]. La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares.
Ante esta tesitura de desigualdad e imperfecciones capitalistas, Marx vislumbra una solución de recambio, la sociedad comunista. En esta última queda abolida la división del trabajo, así como los enfrentamientos entre clases, entre el campo y la ciudad y entre mujeres y hombres, de manera tal que en ella se podrá cazar por la mañana, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si a uno le place, criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos. No se trata sólo de abolir la propiedad privada, traspasando su control al estado, sino de una apropiación real de la esencia humana. El comunismo conlleva a un retorno del hombre a la naturaleza, libertad y necesidad, entre individuo y género.
Sin embargo, el «cómo» de la instauración del comunismo según Marx es de lo primero a interrogarse. El problema radica en que la teoría marxiana concibe el movimiento de la sociedad hacia su emancipación como un movimiento real, es decir, bajo el marxismo late un sesgo cientifista. El autor al ajustar su modelo teórico a los estrictos cánones de la ciencia natural, parece que comienza a predeterminar la sociedad, que es el objeto con él que dialoga. El marxismo que el mismo Marx lego está presidido por una doble latencia: por un lado está la búsqueda de la emancipación, la revolución concebida como primer hito del reino de la libertad, y está, por otro, la idea de sentar las bases —las «leyes»— para todo ese afán colectivo. Marx comprende la historia de la especie bajo las categorías de actividad material y abolición crítica de las ideologías, de acción instrumental y práctica revolucionaria, de trabajo y reflexión al mismo tiempo. Pero Marx interpreta lo que expone bajo la concepción, mucho más restringida, de la autorreflexión de la especie humana mediante el trabajo exclusivamente.
En la teoría marxiana de las clases sociales Marx interpreta la historia global de la humanidad bajo el prisma de la dialéctica material o evolución conflictiva de las clases sociales a lo largo de las distintas épocas. Las clases sociales son sujetos colectivos de la historia y de la revolución. Según Hegel, maestro de Marx, la historia del género humano era un largo camino de encuentro entre la razón y la sociedad (la búsqueda del “Espíritu Absoluto” sería posible tras el triunfo de la Revolución Francesa y la instauración de los Estados modernos, en los cuales el interés general queda garantizado para el conjunto de la ciudadanía por una Administración imparcial que canaliza el recto ejercicio de derechos y deberes). Pero según Marx, no serían las «fases del Espíritu» las que se sucederían a lo largo de la historia, sino diversos sistemas producción, sostenidos por clases. Se imagina un primer estadio en el que los escasos bienes comunales o tribales son propiedad de todos: comunismo primitivo.
Teoría social. 1r curs. Grau d’Antropologia social i cultural.
Con la creación de imperios, la ampliación del territorio, la consolidación de la agricultura, las ciudades, la guerra y el comercio, y la asignación de diversas ocupaciones a los miembros de la sociedad (es decir, la incipiente división del trabajo), los recursos materiales pasan a concentrarse en castas privilegiadas —sacerdotales, principescas y guerreras— que ejercen su dominio sobre el rudimentario comercio y las masas campesinas, utilizando como «materia prima» el trabajo forzoso y no remunerado de los esclavos. Marx habla de unos modos de producción antiguos —desde los indo-asiáticos al romano, pasando por los mesopotámicos, egipcios y helénicos— que, aunque con distintas modalidades, descansan en la esclavización de la fuerza de trabajo. El feudalismo será el siguiente estadio, en el que la fuerza de trabajo ya no es utilizada de forma tan drástica, sino que se establecen ciertos vínculos entre prestadores y prestatarios de fuerza de trabajo: la economía feudal, agrícola, es garantizada por el trabajo de los siervos en el feudo, quienes, a su vez, disfrutan de la protección militar de los señores. El esclavismo actual se da entre señores y siervos. La creación de una burguesía mercantil irá creando un nuevo orden social y económico: el capitalismo. La función militar de los señores deja de tener sentido, pasando a ser los nuevos dueños los comerciantes y, más tarde, los empresarios industriales. Por su parte, los siervos abandonarán gradualmente el campo, al compás de la aceleración industrial, formando una nueva clase proletaria, urbana y obrera.
Para Marx, toda etapa histórica puede reducirse al tipo de vinculación existente, en su seno, entre las fuerzas productivas, que aseguran el nervio central del desarrollo, y las relaciones sociales de producción, que dan a aquéllas un contenido o perfil específico (las particularidades concretas y agentes de la economía, la política y la sociedad). La dialéctica o dinámica entre las fuerzas productivas y las relacionés de producción constituye el eje de la teoría de la sociedad de Marx. Tal dinámica es, para el autor, la estructura profunda o sistema que subyace a los procesos de cambio social. La evolución histórica, ha puesto de manifiesto lagunas en el pensamiento de Marx, que otros grandes clásicos se ocuparán de llenar, como veremos (así, Max Weber reflexionara críticamente sobre la burocratización y Durkheim lo hará sobre la importancia de la normatividad social).
Marx estudia los procesos de cambio como un diálogo permanente entre el desarrollo tecnológico, la producción y la sociedad, pero un lastre que acompaña al autor es elevar aquel recurso analítico a descripción veraz de toda la realidad. Esto es lo que Marx hizo, más o menos conscientemente. El problema, estudiado por Jean, surge a su ambivalente descripción de las clases sociales. Estas últimas son presentadas, unas veces, de forma analítica (es decir, como fronteras de desigualdad, sin contenidos humanos «tangibles»), mientras que, otras veces, son descritas de forma empírica (es decir, «con nombres y apellidos», dentro de un contexto histórico determinado), no siendo capaz Marx de tender un puente teórico entre ambas aproximaciones. El Marx «histórico» acepta la existencia de una sociedad civil viva, rica y compleja, susceptible de ser reducida a categorías de análisis sólo científicamente; pero el Marx «estructural» hace que la sociedad civil sucumba ante un «sistema de clases» que crece cancerígenamente, invadiendo el conjunto social, más allá de sus atribuciones explicativas
Recapitulando sobre lo expuesto, Marx resume demasiadas cosas bajo su esquema básico de la vinculación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. En este sentido se da, en primer término, una inicial reducción que limita la producción a su acepción estrecha, volatilizándose aspectos inseparables de la misma como son el consumo, la organización y la distribución. Aunque no fuera más que por esto, denominar a todas las relaciones sociales, relaciones sociales de producción, resultaría excesivo.