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El estudio del Paleolítico: Orígenes de la Arqueología Prehistórica - Prof. Prieto, Apuntes de Arqueología

Este documento traza el comienzo de los estudios arqueológicos sobre el paleolítico, la primera edad de la humanidad según la cronología propuesta por thomsen. Se detalla el papel pionero de los historiadores y arqueólogos escandinavos en el establecimiento de la secuencia de las edades de piedra, bronce y hierro. Además, se menciona la importancia de sven nilsson y christian jürgensen thomsen en la definición de criterios para la secuencia arqueológica y la influencia de la evolución cultural en la producción de historias arqueológicas.

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 09/02/2017

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Tema 8.
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EL SIGLO XIX Y LOS COMIENZOS
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Pilar Prieto - [email protected]
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Primer cuatrimestre
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2015
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El nadador de Phaestum
Tabla de contenidos
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1. La preocupación por el tiempo
2. El Sistema de las Tres Edades
3. El estudio del período Paleolítico
La arqueología del Paleolítico
Reacciones contra el Evolucionismo
4. La aparición del racismo
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Tema 8. Tema 8.

EL SIGLO XIX Y LOS COMIENZOS EL SIGLO XIX Y LOS COMIENZOS

DE LA ARQUEOLOG DE LA ARQUEOLOGÍÍA CIENTA CIENTÍÍFICAFICA

Pilar Prieto - [email protected]

ArqueologArqueologíía Ia I – – Primer cuatrimestrePrimer cuatrimestre – – 20152015 - - 20162016

El nadador de Phaestum

Tabla de contenidos Tabla de contenidos

1. La preocupación por el tiempo

2. El Sistema de las Tres Edades

3. El estudio del período Paleolítico

  • La arqueología del Paleolítico
  • Reacciones contra el Evolucionismo

4. La aparición del racismo

1. La preocupaci 1. La preocupacióón por el tiempon por el tiempo

El desarrollo independiente y el estudio sistemático de la prehistoria, como algo diferente al anticuarismo de los primeros tiempos, abarcó dos movimientos distintos que tuvieron su comienzo a principios y a mediados del XIX, respectivamente. El primero se originó en Escandinavia y estaba basado en la invención de nuevas técnicas para la datación de los hallazgos arqueológicos que hiciesen posible un estudio global de los últimos períodos de la prehistoria. Este desarrollo marcó el comienzo de la arqueología prehistórica, la cual pronto alcanzaría una importancia paralela a la arqueología clásica como componente significativo dentro del estudio del desarrollo humano. La segunda corriente, que tuvo sus inicios en Francia e Inglaterra, fue la pionera del estudio del período paleolítico, añadiendo una vasta profundidad temporal, hasta entonces inimaginable, a la historia humana. La arqueología del paleolítico trataba problemas referentes a los orígenes humanos que habían llegado a ser de importancia crucial para toda la comunidad científica y de las inquietudes del público en general como resultado de las polémicas entre evolucionistas y creacionistas que siguieron a la publicación del Origen de las especies de Darwin en 1859. Ambas ramas de la arqueología prehistórica se revelan como productos intelectuales de la Ilustración. Estaban comprometidas con la creencia de que la evolución de la cultura material provoca también mejoras morales y sociales. Gran número de personas de la clase media, cuyo poder económico y político se había incrementado como resultado de la Revolución Industrial, estaban satisfechas de verse a ellas mismas como un flujo de progreso inherente a la naturaleza humana y quizás a la constitución del universo.

2. El sistema de las Tres Edades2. El sistema de las Tres Edades

Los comienzos del s. XIX en Dinamarca presenciaron un periodo de nacionalismo creciente luchando contra Napoleón y sus aliados continentales. Los arqueólogos escandinavos iniciaron su estudio del pasado motivados por razones nacionalistas, aunque estos intereses no excluían un enfoque evolucionista, pues historia y evolución eran conceptos complementarios para ellos. Aunque la idea de una edad de piedra aparece ya en los escritos de los filósofos e historiadores griegos (p.ej. Lucrecio), y el reconocimiento de utensilios de piedra como tales por los anticuarios y geólogos de los siglos XVI, XVII y XVIII había preparado el camino para la aceptación de la existencia de una edad de la piedra en el pasado humano, como hecho histórico fueron las obras de historiadores y arqueólogos escandinavos y su labor en museos y excavaciones las que establecieron no sólo la idea de una edad de piedra, sino también una secuencia de tres edades en el pasado prehistórico : Piedra, Bronce y Hierro. Joseph Déchelette (1862-1914), arqueólogo francés conocido por ser uno de los mayores precursores de la ceramología antigua (se encuentra entre los primeros expertos en encontrar la relación entre la Cultura de La Tène y la Civilización Celta) ha dicho que es 'la base de la prehistoria' y R.A.S. Macalister (1870-1950), coloboradorde Petrie en Palestina, dijo que este sistema es 'la piedra angular de la arqueología moderna'. Déchelette (^) Macalister

Christian Jurgensen Thompsen (1788-1865), en 1819 se abrió y fue nombrado director del Museo Nacional de Copenhage ocupándose hasta su muerte de ordenar todo el material allí depositado.

Thompsen ordenó la colección clasificándola en las tres edades de la Piedra, el Bronce y el Hierro, basándose en el material empleado para fabricar las armas y los utensilios. Afirmó que la clasificación representaba tres edades cronológicamente sucesivas.

En 1819 el museo danés abrió sus puertas al público y estaba organizado según el Sistema de las Tres Edades y fue el primer museo o colección privada organizada de semejante modo. Thompsen estaba siempre presente para explicar al público los pormenores de las colecciones y la base de la clasificación. En sus conferencias como guía prestaba especial atención a los campesinos 'porque gracias a ellos veremos ampliadas nuestras colecciones'

Nace en 1788 y es hijo de un rico comerciante. Estudió en su juventud en París, y tras su vuelta a casa comenzó a ordenar una colección local de monedas romanas y escandinavas, afición muy corriente en el s. XVIII entre las clases acomodadas. A partir de las fechas y las inscripciones vio que era posible ordenarlas en series según el país o el reino en el cual habían sido acuñadas. También vio que podían ordenarse según criterios estilísticos cuando su leyenda era ilegible. Debió, así caer en la cuenta de los cambios estilísticos y de su valor para la datación relativa de los artefactos.

Pero el principal móvil de Thompsen, creando una cronología controlada y no basada en registros escritos, era el patriotismo, como ocurría en la mayor parte de los primeros anticuarios. La investigación de sus colegas del siglo XVIII y los conceptos evolucionistas de la Ilustración fueron precondiciones indispensables para el éxito de su trabajo. En su guía del museo Thompsen explicaba la colección del museo sobre los períodos a los que pueden referirse las antigüedades paganas ( Guía de antigüedades del Norte de 1836):

“Nuestras colecciones son … aún demasiado recientes, y nuestros datos, demasiado escasos para poder llegar a conclusiones que merezcan plena confianza en la mayoría de los casos. Los comentarios que ahora ofrecemos, por tanto, deben ser tenidos en cuenta simplemente a título de conjeturas destinadas a ser confirmadas o rectificadas a medida que se presta al tema una mayor atención global. Para facilitar este propósito daremos a cada uno de los distintos períodos, cuyos límites, sin embargo, no pueden ser establecidos con certeza, una denominación independiente. La Edad de Piedra , o período en el cual las armas y los utensilios se hacían de piedra, madera, hueso o algún material semejante, y durante la cual se supo muy poco o nada del uso de los metales. (…….) Parece indiscutible que la Edad de Piedra fue la primera edad durante la cual nuestras regiones se vieron habitadas por seres humanos con características muy semejantes, según parece, a la de los salvajes. (….) (…) El siguiente periodo, según nuestra opinión, debe llamarse Edad de Bronce , porque en ella las armas y los utensilios cortantes fueron hechos de cobre o bronce, y se conocía muy poco o nada del uso del hierro o la plata. Se aprecia no sólo en el Norte sino también en las tierras del Sur, que el metal que primero se menciona y primero se utilizó fue el cobre, bien en estado puro, o como era frecuente en los tiempos antiguos con una pequeña porción de estaño para endurecerlo, aleación a la que se ha dado el nombre de bronce. (…) No conocemos ningún caso de hallazgos de especímenes pertenecientes a la Edad de Bronce con caracteres escritos, aunque, por otra parte, el trabajo muestra tal grado de habilidad que nos llevaría a suponer que el arte de escribir debió haber sido conocido en ese período. No podemos suponer en modo alguno que la piedra dejó de emplearse por completo al iniciarse el uso del metal; ocurrió en gran medida lo contrario, ya que al principio el metal era indudablemente caro, y por ello evitaban su utilización en la fabricación de objetos pesados. La mayoría de los objetos metálicos fueron fabricados en este período mediante el procedimiento de fundición, pero no estaremos muy lejos de la verdad al suponer que la operación del martillado fue llevada a cabo con un martillo de piedra sobre un yunque igualmente de piedra. La Edad del Hierro es el tercero y último periodo de los tiempos paganos, durante el cual se usaba el hierro para la fabricación de objetos para los que este metal es especialmente apropiado, sustituyendo paulatinamente al bronce. (…) Se ha creído que hubo un periodo de transición, en el que el hierro era más precioso que el cobre y se usaba con poca frecuencia (…) En el momento en el que la atención de la gente fue atraída hacia el hierro y los fines a los que podía aplicarse, este metal, que se encuentra con tanta abundancia en Noruega y Suecia, debió haber reemplazado muy pronto al que se venía usando hasta entonces.”

Una cuestión importante para Thompsen era diferenciar los instrumentos de bronce hechos durante la Edad del Hierro, al igual que los de piedra hechos en la Edad del Bronce. Otro problema añadido era ¿a qué época asignar los objetos de oro, plata, vidrio, etc? Los artefactos de manera individual no tenían nada que aportar a esa tarea. En la colección existían conjuntos de artefactos que habían sido hallados en la misma tumba, en el mismo tesoro o en cualquier otro contexto donde era lícito suponer que habían sido enterrados en la misma fecha. Thompsen los denominó 'hallazgos cerrados', y pensó que a través de la comparación minuciosa de los varios objetos de cada hallazgo de este tipo, sería posible determinar clases de artefactos característicos de diferentes periodos. Todas las características de los artefactos individuales y de aquellos hallados en conjuntos cerrados habían de ser ordenados en una secuencia en que tanto el material, el estilo, la decoración y el contexto de su descubrimiento formasen un modelo coherente de variación.

Se están definiendo por primera vez los criterios para definir una secuencia en arqueología

“En general, es de desear que los antiguos túmulos pertenecientes a la época pagana no se abran ni se destruyan. En algunas zonas del país aparecen en tal abundancia que constituyen un serio problema para la agricultura, y además contienen una gran cantidad de piedras que en muchos casos pueden ser de gran utilidad. De todas formas merecen ser protegidos y conservados en el mayor número posible de los casos. Son monumentos nacionales que, como puede decirse, cubren las cenizas de nuestros antepasados, y por esta razón, son un patrimonio nacional que ha ido pasando durante siglos de una raza a otra. ¿Destrozaremos, pues, sin miramiento alguno aquellos venerables restos de tiempos antiguos, sin ninguna consideración hacia nuestros descendientes? ¿Quebrantaremos la paz de los muertos para lograr unos frutos exiguos? Innumerables túmulos han sido destruidos por gentes que esperaban hallar en ellos ricos tesoros. La experiencia, sin embargo, muestra que los objetos de valor son escasos, que apenas uno entre cinco contiene algo de cierta consideración … no existen incentivos para abrir los túmulos. Lo único que puede proporcionar aliciente para ello es el deseo de conseguir información respecto a la historia antigua de nuestros ancestros. Pero incluso las investigaciones de este tipo no siempre pueden considerarse deseables, y nunca deben realizarse por razones de una curiosidad inoportuna o superficial: deberán ser realizadas con gran cuidado y por gente inteligente que sepa utilizar los objetos descubiertos en provecho de la ciencia…

(Worsaae. On the examination of barrows and the preservation of antiquities (1843, su primera edición):

Si un túmulo ha de ser forzosamente derruido, antes debería hacerse una descripción detallada de su forma externa, su altura y circunferencia. Esta descripción ha de explicar si se encuentra rodeado o cercado de piedras grandes, si en su centro hay cámaras de piedra, se es conocido por algún nombre especial, si existen tradiciones asociadas con él y, si existen monumentos similares en el mismo distrito y en qué cantidad. Sería naturalmente una gran ventaja si la descripción fuese acompañada de dibujos del túmulo. Ya que resulta importante conocer su condición interna, la relación que pueda existir entre la tumba y los objetos depositados en ella, se deberá proceder a examinar el enterramiento con todas las precauciones posibles. Si el túmulo es del tipo cónico usual, lo mejor será excavar a través de él desde el SE al NW, con una trinchera de unos 8 pies de ancho, que en las investigaciones más completas puede ser a su vez atravesada por otra similar en dirección SW-NE. A menudo basta con excavar el túmulo desde su cima por medio de una cavidad redonda y amplia que vaya hasta el fondo del montículo, que siempre se encuentra al mismo nivel que el campo circundante, ya que las tumbas más importantes suelen hallarse en el centro de la base. No obstante, es aconsejable hacer una trinchera que vaya desde la cavidad central hasta el lado SE del túmulo, puesto que es allí donde a menudo se encuentran las tumbas, y de otra manera resultaría muy difícil extraer la tierra de la cavidad central cuando ésta llega a tener una profundidad de varios pies. (…). (…). (…). Una regla muy importante es que todas las antigüedades, incluso la sque parecen más triviales y más comunes, deben ser conservadas. Las cosas más fútiles a menudo proporcionan información importante al examinarlas en conexión con una colección más amplia. No ofrece reparo alguno el hecho de que aparezcan con frecuencia, pues los resultados históricos sólo pueden deducirse mediante la comparación de numerosos especímenes contemporáneos…. Las antigüedades tienen valor respecto al lugar en el que se encuentran. Las leyes de Dinamarca establecen que todo el oro, la plata y otros objeto de valor desenterrados deben ser enviados a las colecciones reales y que se deberá pagar el valor total del metal al descubridor. (…). Las gentes que no poseen conocimientos sobre los objetos antiguos harían bien, al descubrir algo interesante, en recurrir al clérigo, al maestro o a cualquier otra persona instruida que se encuentre en la localidad y pueda determinar cuáles son los objetos que merecen una especial atención. (...)”

La arqueología que se estaba aplicando en Escandinavia proporcionó un modelo aplicable en todo el mundo. Sirviendo de modelo en Escocia, Suiza. Descubrimiento de los asentamientos lacustres de Suiza en 1853 tras una enorme sequía, donde bajaron los niveles de las aguas. Estos yacimientos del Neolítico y Edad d el Bronce proporcionaron a los arqueólogos suizos la oportunidad de estudiar los cambios producidos en el medio ambiente, en la economía y en las formas de vida de aquellas gentes. Esos hallazgos no sólo pusieron al descubierto muchos tipos de artefactos de materiales perecederos que normalmente no aparecen ni en Escandinavia ni en Escocia, sino que también sirvieron para verificar las reconstrucciones de instrumentos de piedra y hueso que habían hecho Nilsson y otros. (…) Este hecho fue primordial para que los europeos occidentales se convenciesen de la evolución cultural y de que los tiempos antiguos podían ser estudiados utilizando exclusivamente la evidencia arqueológica. La arqueología prehistórica, de esta manera, se había ya desarrollado antes de 1859 en Escandinavia, Escocia y Suiza como disciplina bien definida. La base en la que se apoyaba esta nueva disciplina era la capacidad de construir cronologías relativas a partir de los datos arqueológicos, utilizando la seriación y la estratigrafía. Por primera vez se ofrecían cronologías relativas dentro de las cuales poder colocar los datos prehistóricos ya conocidos y esto demostraba que los artefactos procedentes de contextos arqueológicos más o menos bien documentados podían ser usados como base para el conocimiento de la historia humana.

Glanstonbury Lake (Edad del Hierro) y su reconstrucción

La arqueología prehistórica se ha venido relacionando desde hace tiempo con la influencia ejercida por las ideas de la evolución geológica y biológica. Se ha aceptado que las cronologías del tiempo geológico estratigráficamente obtenidas construidas por los geólogos y los paleontólogos constituyeron un modelo para el desarrollo de las cronologías arqueológicas de la prehistoria. Con todo, en los trabajos pioneros de Thompson se aprecia una cronología de la prehistoria humana basada en la seriación e inspirada en las teorías ilustradas de la evolución social , combinadas con los datos aportados por los primeros anticuarios y con un conocimiento implícito de los cambios estilísticos probablemente derivados del estudio de la numismática. La arqueología prehistórica no fue el resultado de tomar prestados mecanismos de datación de otras disciplinas, sino que tuvo su inicio en el desarrollo de una nueva técnica de datación relativa adecuada al material arqueológico. El tipo de historia producida por la arqueología escandinava también estaba basada en la perspectiva de evolución cultural de la Ilustración. Tradicionalmente, la historia se había ocupado de los pensamientos y las acciones de individuos famosos. Incluso la egiptología y la arqueología clásica por más que intentasen interesarse por la cultura material, y no exclusivamente por la epigrafía, trataban de obras de arte que explicaban en relación a la historia documentada por escrito. Lo que no hicieron los arqueólogos de esta época fue desafiar la cronología bíblica tradicional, que calculaba unos 6000 años para la totalidad de la historia de la humana. Era suficiente con varios miles de años para reflejar los cambios que el registro arqueológico revelaba. 3000 a.C. llegan los primeros humanos, 1400 a.C. la Edad del Bronce. Además Escandinavia, Escocia y Suiza estuvieron cubiertos de glaciares durante la glaciación Würm, por lo que apenas han aportado información anterior al Holoceno, así que sus cálculos no fueron tan desencaminados.

Entre 1830 y 1833, el geólogo inglés Charles Lyell (1797-1875) publicó Principles of Geology , donde presenta una cantidad abrumadora de datos, muchos de ellos procedentes de sus observaciones en la zona del Etna en Sicilia. Con sus estudios apoya una visión uniformista , piensa que los cambios geológicos habían tenido lugar en el pasado como consecuencia de los mismos agentes geológicos que actuaban durante largos períodos y aproximadamente con la misma cadencia que lo siguen haciendo en la actualidad. Su visión fue bastante aceptada en la época, y era contraria al catastrofismo , que pensaba que el pasado había sido un periodo largo y geológicamente ininterrumpido durante el cual pudieron haber sucedido muchos acontecimientos. A pesar de que Lyell no estaba de acuerdo con la existencia de una evolución biológica, sus ideas abonaron el terreno para que muchos investigadores pensaran en dicha posibilidad, como por ejemplo Jean-Baptiste Lamarck (1744- 1829). De esta manera, hacia mediados del XIX, las clases medias, excepto los miembros más religiosamente conservadores, se inclinan y empezaron a ver con buenos ojos los argumentos cercanos a la evolución geológica y a la antigüedad de la humanidad.

Lamarck

Lyell

Charles Darwin (1809-1892) en 1859 con su libro el Origen de las especies resumirá 30 años de investigación inspiradas en el enfoque geológico de Charles Lyell, significando para la biología evolucionista lo que significó el libro de ‘Principios de Geología para la geología’. El concepto de selección natural de Darwin fue aceptado por muchos investigadores y por el público, pues suponía un mecanismo que hacía posible creer en un proceso de evolución biológica para las especies modernas y explicaba los cambios observados en el registro paleontológico. La implicación de que la humanidad había evolucionado de un primate antropoide no sólo convirtió el tema de la antigüedad de la especie humana en un tema candente que tenía que ser estudiado empíricamente, sino que se estableció un debate con una encendida controversia sobre la propia teoría de la evolución biológica. Así la arqueología dedicada al paleolítico pronto se colocó cerca de la geología y de la paleontología en los debates sobre una materia que provocaba un creciente interés público.

La arqueología del Paleolítico

Apareció su nombre por primera vez en 1865, cuando John Lubbock (1834-1913) en su libro Pre- historic Times dividió la Edad de Piedra en un Primer Paleolítico o Arqueolítico (Piedra Antigua) y en un más reciente Neolítico (Piedra Nueva). Hacia los años 60 del s. XIX los principales avances sobre Paleolítico habían tenido lugar en Francia, donde las terrazas de los ríos en el norte y las cuevas del sur proporcionaron una evidencia mucho mayor que en Inglaterra. Los principales objetivos de estos estudios eran determinar durante cuanto tiempo los seres humanos habían estado en el área y si los rasgos evolucionistas podían detectarse ya en el período paleolítico. La teoría evolucionista predecía que a lo largo del tiempo los seres humanos se habían ido haciendo más complejos tanto morfológica como culturalmente. El primer objetivo por lo tanto era ordenar los yacimientos cronológicamente.

Lubbock

La figura principal de estos primeros tiempos de investigación sobre paleolítico fue Édouard Lartet (1801-1871) que había reconocido públicamente la importancia de los trabajos de Boucher de Perthes en 1860. Apoyado económicamente por un inglés banquero Henry Christy empezó a explorar algunas cuevas de Dordoña en 1863, y no tardó en darse cuenta que el Paleolítico no era una simple fase del desarrollo humano, sino una serie de fases que podrían individualizarse a través de los diferentes tipos de artefactos y su asociación con animales prehistóricos. Realizó una fasificación basada en criterios paleontológicos: 1) Hipopótamos, 2) uros o bisontes, 3) ciervos, yacimientos típicos, 4) mamuts y rinocerontes lanudos, 5) osos de las cavernas, aunque no estaba seguro si eran distintas fases cronológicas. Gabriel Mortillet (1812-1898), geólogo y paleontólogo que se convirtió en arqueólogo, trabajó en el Museo de Antigüedades Nacionales de Saint-Germain-en-Laye y continuó el trabajo de Lartet, sin embargo, en un nivel cronológico consideró que establecer fases en función de criterios paleontológicos no era adecuado, sino que era mejor seguir los pasos de Lubbock y Worsaae estableciendo fases partiendo de criterios culturales y estratigráficos. Con Mortillet la época de los Hipopótamos se convirtió en el Chelense y la de los Osos de las cavernas en el Musteriense , o la de los Ciervos en Solutrense y Magdaleniense.

Lartet

Así, geología, paleontología y arqueología del paleolítico eran disciplinas muy apreciadas en la época, porque demostraban la realidad del progreso durante los tiempos prehistóricos. Además la arqueología se respetaba porque había sido desarrollada en Francia e Inglaterra, el centro del desarrollo político, económico y cultural a nivel mundial de la época. Debido a su prestigio, la arqueología del Paleolítico proveyó de un modelo para el estudio de la prehistoria postpaleolítica en Europa occidental. Con todo, el enfoque que hacía de los artefactos como meros elementos de datación y como evidencia de evolución cultural era ciertamente estrecho comparado con la arqueología prehistórica escandinava, preocupada no sólo por el estudio de la evolución cultural sino también por tener una visión totalizadora de cómo los seres humanos habían vivido en su ambiente prehistórico. La cooperación interdisciplinar de los arqueólogos escandinavos con los geólogos y los biólogos en la consecución de ese objetivo contrasta con la rigidez de la investigación arqueológica, encorsetada a menudo en métodos inadecuados procedentes de las ciencias naturales, practicada por los arqueológos que estudiaban el paleolítico.

Reacciones contra la evolución La lucha de los que rechazaban la historia evolucionista de los orígenes humanos o la negación de los relatos bíblicos como explicación de éstos, se desarrolló en varios frentes. Los creacionistas podían aceptar las hipótesis de la antigüedad mayor de los seres humanos. Los degeneracionistas de ninguna manera la aceptaban. El arzobispo de Dublín, Richard Whately (1787-1863) argumentó que se carecía de evidencias de que los salvajes hubiesen podido desarrollar, sin ayuda ninguna, una forma de vida menos bárbara, y que originariamente debió haber existido un estadio mucho más superior del de los salvajes modernos, apoyándose en el libro del Génesis. Esta posición se hizo creciente entre los conservadores a partir de 1860. Pero todavía no se sabía lo suficiente sobre las secuencias prehistóricas que habían tenido lugar en otras zonas del planeta como para establecer la idea de la evolución como una tendencia general de la historia humana. Existían más vínculos entre los arqueólogos que estudiaban el Próximo Oriente y los que intentaban demostrar al pie de la letra los relatos de la Biblia. A partir de 1870, cuando George Smith publicó una tableta de barro procedente de Nínive que contenía el relato babilónico del Diluvio, se reavivó el interés por la arqueología mesopotámica. El Daily Telegraph ofreció 1000 libras esterlinas para organizar una expedición a Irak en busca de los fragmentos que faltaban de la tableta en cuestión, los cuales se hallarían posteriormente.

Whately

Smith

La mayoría de los primeros trabajos de la Egypt Exploration Society fueron en yacimientos del Delta, como Tell el-Muskhuta, lugar relacionado con los relatos bíblicos. En 1896 W.M.F. Petrie pronto identificó el nombre étnico I. si. ri. ar? Que aparecía en una estela recientemente descubierta del faraón Merneptah (reinado de 1236-1223 a.C.) como la primera mención conocida de Israel en los textos egipcios. En una fecha tan tardía como 1929, Leonard Wooley despertó gran interés cuando halló gruesos depósitos de limo en sus excavaciones de los niveles prehistóricos de Ur y argumentó que el gran diluvio registrado en Mesopotamia podría haber dado pie al relato bíblico. En Egipto y Mesopotamia tenían lugar espectaculares hallazgos arqueológicos que atraían el interés del público en sí mismos, pero los relacionados con la Biblia y los que parecían confirmar sus relatos aseguraban el apoyo generalizado para la investigación arqueológica que se llevaba a cabo en estos países y Palestina. Los arqueólogos durante la última parte del s. XIX y principios del s. XX se hallaron zarandeados por ambas corrientes, la que apoyaba la relación divina y la del evolucionismo.

Wooley y su excavación en Ur

4. La aparici 4. La aparicióón del racismon del racismo

Durante las décadas de los sesenta y los setenta del s. XIX se produjo un alineamiento de la arqueología prehistórica y la etnología en Europa occidental y los Estados Unidos debido al compromiso compartido con el enfoque evolucionista. En Europa, la base para este alineamiento era la creencia en la evolución cultural unilineal desarrollada por los filósofos de la Ilustración. Se aceptaba que la ordenación, de más simple a más complejo, de las culturas modernas ilustraba los estadios por los que las culturas más avanzadas habían pasado desde los tiempos prehistóricos. En Estados Unidos la arqueología, la etnología, la antropología física y la lingüística empezaron a partir de 1840 a ser vistas como diferentes ramas de la antropología, que se identificaba como el estudio de los pueblos indígenas. Uno de los principales problemas a los que se tuvo que enfrentar desde sus inicios el evolucionismo cultural fue el de explicar por qué algunas sociedades se habían desarrollado rápidamente mientras que otras habían permanecido aparentemente estáticas durante miles de años. En el s. XVIII estas disparidades eran atribuidas normalmente a factores ambientales, aunque algunas de las explicaciones de este tipo a veces se hallaban muy lejos de ser convincentes. El interés creciente sobre la evolución cultural dirigió la atención hacia esa deficiencia.