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Arqueologia Prerromana Completos, Apuntes de Arqueología

son apuntes completos de dicha asignatura

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 13/01/2020

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1.1-Tartessos como problema histórico-arqueológico.
Tartessos ha centrado la mayor parte del debate histórico del final de la prehistoria en la Península
Ibérica debido a la dificultad para definirlo, es decir, para saber que fue y significó. Ya en el
mundo antiguo, Tartessos evocaba a un entorno legendario y mítico, un mundo exótico y
opulento, concepción que ha llegado hasta nosotros a pesar de que esta visión difiera mucho de
la realidad arqueológica. Existe por tanto una notable división de opiniones sobre el concepto de
Tartessos: algunos defienden que no existe una entidad cultural bajo este nombre, otros critican
que se utilice el término para configurar una comunidad étnica, y hay quienes afirman que
Tartessos era una entidad política y cultural.
Con respecto al marco geográfico encontramos cierto consenso. Según las fuentes clásicas
grecorromanas, apoyadas por hallazgos materiales y supuestos filológicos, nos situamos entre las
denominadas Columnas de Heracles y la desembocadura del Guadalquivir, es decir, la Andalucía
occidental, parte de Huelva, Sevilla y Cádiz. Esta zona se caracteriza por ser cercana al mar,
siendo gran parte litoral. Gracias a la paleogeografía y la paleotopografía sabemos que en la
antigüedad, la zona de Sevilla también era costera puesto que existía el Golfo Tartésico, situado
aproximadamente en la zona de las Marismas del Guadalquivir. Junto a él se sitúan ríos que
permitían una fácil comunicación con el interior. Otro aspecto a destacar sobre esta zona, es la
riqueza mineral (cobre y plata), extensible a ciertas zonas meridionales de Portugal. Podemos
establecer dos zonas: el área nuclear tartésica, ubicada en el Bajo Guadalquivir (Huelva, parte de
Cádiz y parte de Sevilla) y las zonas con influencia tartésica, con lugares como el sur de Portugal,
sur de Extremadura, alto y medio Guadalquivir e incluso Alicante y sur de Castilla-La Mancha;
y quizás ciertos puntos de Andalucía oriental.
En cuanto a la cronología, si hay más dudas y discrepancias. La mayor parte de los investigadores
dividen esta cultura en dos grandes fases o etapas: Bronce Final Tartéstico o pretartésico, desde
finales del II milenio a.C. (s. XI a.C.) hasta el 800-750 a.C., y el Período Orientalizante, desde el
800-750 hasta 550-535 a.C. Una primera etapa de formación que entronca con la última fase de
la Prehistoria y otra etapa de desarrollo. El punto de inflexión para dividir estas dos fases, sería la
llegada de los pueblos del Mediterráneo oriental, fenicios y griegos, que provocarán el paso al
desarrollo. Otros investigadores como Ruiz Mata, afirman que sólo se puede hablar de Tartessos
como tal, a partir del periodo Orientalizante. En cualquier caso, hay problemas con la cronología.
El Bronce Final se conoce mal desde el punto de vista arqueológico, lo que hace casi imposible
determinar su comienzo y su final. Además, no son fechas completamente cerradas, pues el
análisis de nuevos hallazgos y el uso del C14 están cambiando las cronologías a fechas más
antiguas, aunque no tanto como dicen las fuentes literarias.
Podemos dividir las fuentes en: literarias, epigráficas y lingüísticas, y arqueológicas. Dentro de
las fuentes literarias encontramos referencias en el Antiguo Testamento (ss. X-IV a.C.), donde
aparece el término Tarshish para designar distintas cosas, algunas de ellas podrían aludir a una
realidad cultural o a una zona geográfica (Mar Rojo o el Mediterráneo occidental). Este término,
se ha emparentado con las relaciones comerciales del rey Salomón en el siglo X a.C. No hay una
equivalencia absoluta, pero algunas de esas referencias puede que se refiera a la zona más
occidental. Esto parece implicar una fuerte actividad comercial con el sur de la P.I. en tan
temprana fecha, lo cual hasta el momento no ha sido corroborado por la evidencia arqueológica.
También encontramos referencias de escritores grecolatinos: Estesícoro en su obra Gerioneida
del 600 a.C., es el primero que lo nombra, aunque menciona algunos de los tópicos de Tartessos
relacionándolo con un río o con riqueza en plata. Pero el más importante, de naturaleza histórica,
es Heródoto en sus Historias del siglo V a.C., donde pone en relación a los griegos con Tartessos.
También destaca algunos autores tardíos vinculados al mundo romano como Estrabón en su obra
Geografía del siglo I d.C., Justino del siglo III d.C. y Rufo Festo Avieno en su obra Oda Marítima
del silos IV d.C. En estas fuentes Tartessos es definido como un reino, una ciudad o un río.
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1.1-Tartessos como problema histórico-arqueológico. Tartessos ha centrado la mayor parte del debate histórico del final de la prehistoria en la Península Ibérica debido a la dificultad para definirlo, es decir, para saber que fue y significó. Ya en el mundo antiguo, Tartessos evocaba a un entorno legendario y mítico, un mundo exótico y opulento, concepción que ha llegado hasta nosotros a pesar de que esta visión difiera mucho de la realidad arqueológica. Existe por tanto una notable división de opiniones sobre el concepto de Tartessos: algunos defienden que no existe una entidad cultural bajo este nombre, otros critican que se utilice el término para configurar una comunidad étnica, y hay quienes afirman que Tartessos era una entidad política y cultural. Con respecto al marco geográfico encontramos cierto consenso. Según las fuentes clásicas grecorromanas, apoyadas por hallazgos materiales y supuestos filológicos, nos situamos entre las denominadas Columnas de Heracles y la desembocadura del Guadalquivir, es decir, la Andalucía occidental, parte de Huelva, Sevilla y Cádiz. Esta zona se caracteriza por ser cercana al mar, siendo gran parte litoral. Gracias a la paleogeografía y la paleotopografía sabemos que en la antigüedad, la zona de Sevilla también era costera puesto que existía el Golfo Tartésico, situado aproximadamente en la zona de las Marismas del Guadalquivir. Junto a él se sitúan ríos que permitían una fácil comunicación con el interior. Otro aspecto a destacar sobre esta zona, es la riqueza mineral (cobre y plata), extensible a ciertas zonas meridionales de Portugal. Podemos establecer dos zonas: el área nuclear tartésica, ubicada en el Bajo Guadalquivir (Huelva, parte de Cádiz y parte de Sevilla) y las zonas con influencia tartésica, con lugares como el sur de Portugal, sur de Extremadura, alto y medio Guadalquivir e incluso Alicante y sur de Castilla-La Mancha; y quizás ciertos puntos de Andalucía oriental. En cuanto a la cronología , si hay más dudas y discrepancias. La mayor parte de los investigadores dividen esta cultura en dos grandes fases o etapas: Bronce Final Tartéstico o pretartésico, desde finales del II milenio a.C. (s. XI a.C.) hasta el 800-750 a.C., y el Período Orientalizante, desde el 800 - 750 hasta 550-535 a.C. Una primera etapa de formación que entronca con la última fase de la Prehistoria y otra etapa de desarrollo. El punto de inflexión para dividir estas dos fases, sería la llegada de los pueblos del Mediterráneo oriental, fenicios y griegos, que provocarán el paso al desarrollo. Otros investigadores como Ruiz Mata, afirman que sólo se puede hablar de Tartessos como tal, a partir del periodo Orientalizante. En cualquier caso, hay problemas con la cronología. El Bronce Final se conoce mal desde el punto de vista arqueológico, lo que hace casi imposible determinar su comienzo y su final. Además, no son fechas completamente cerradas, pues el análisis de nuevos hallazgos y el uso del C14 están cambiando las cronologías a fechas más antiguas, aunque no tanto como dicen las fuentes literarias. Podemos dividir las fuentes en: literarias, epigráficas y lingüísticas, y arqueológicas. Dentro de las fuentes literarias encontramos referencias en el Antiguo Testamento (ss. X-IV a.C.), donde aparece el término Tarshish para designar distintas cosas, algunas de ellas podrían aludir a una realidad cultural o a una zona geográfica (Mar Rojo o el Mediterráneo occidental). Este término, se ha emparentado con las relaciones comerciales del rey Salomón en el siglo X a.C. No hay una equivalencia absoluta, pero algunas de esas referencias puede que se refiera a la zona más occidental. Esto parece implicar una fuerte actividad comercial con el sur de la P.I. en tan temprana fecha, lo cual hasta el momento no ha sido corroborado por la evidencia arqueológica. También encontramos referencias de escritores grecolatinos: Estesícoro en su obra Gerioneida del 600 a.C., es el primero que lo nombra, aunque menciona algunos de los tópicos de Tartessos relacionándolo con un río o con riqueza en plata. Pero el más importante, de naturaleza histórica, es Heródoto en sus Historias del siglo V a.C., donde pone en relación a los griegos con Tartessos. También destaca algunos autores tardíos vinculados al mundo romano como Estrabón en su obra Geografía del siglo I d.C., Justino del siglo III d.C. y Rufo Festo Avieno en su obra Oda Marítima del silos IV d.C. En estas fuentes Tartessos es definido como un reino, una ciudad o un río.

También se alude a la existencia de una serie de personajes míticos como Gerión, Hércules, Norax, Gárgonis y Habis, Argantonio, etc… Estos personajes pueden esconder un trasfondo real. En las fuentes epigráficas, destacan las inscripciones en la Estela de Nora (Cerdeña, s. IX a.C.), escrita en fenicio, donde un navegante agradece al dios Pumar haber llegado a su hogar BTRŠŠ sano y salvo. El acrónimo BTRŠŠ ha sido relacionado con Tarshish, pero también se interpreta por mina o fundición, haciendo una posible referencia a la propia Cerdeña que era explotada por su riqueza mineral por los fenicios. En los últimos años se la relaciona con el relato del rey Nórax y la posible relación comercial entre el suroeste peninsular y Cerdeña, ya que en Huelva se ha encontrado cerámica sarda del s. IX a .C. A pesar de esto, es más lógico pensar que los objetos sardos fueron introducidos por el comercio fenicio. Destacan también el texto de Assarhaddon de Asiria (h. 680-670 a.C.), donde se nombra el término Tarsisi, como un lugar en el extremo occidental del Mediterráneo, y un ostrakon , un fragmento de cerámica en escritura paleohebraíca del siglo VII a.C., donde se nombra la plata de Tarshish destinada al templo de Salomón. También existen inscripciones en una supuesta ‘‘lengua tartésica’’ sobre piedra y cerámica en la P.I. datadas entre los siglos VII y VI a.C. Se han encontrado principalmente en el sur de Portugal, en Extremadura y unas pocas en el Bajo Guadalquivir. Se discute si esta escritura se corresponde con la lengua tartesia o si se trata de una lengua periférica. Desde el punto de vista lingüístico destacan una serie de prefijos y sufijos como Ip/ Ippo–oba/uba, etc., dentro de los nombres de lugares en época romana (Corduba, Onuba,…) y que podrían relacionarse con gentes que hablan una misma lengua. La realidad que muestran las fuentes arqueológicas es muy distinta a la realidad presentada por la literatura: no podemos hablar de ciudades esplendorosas o de un urbanismo evolucionado. Los restos constructivos que han sido hallados son muy escasos y la mayoría de las veces son estructuras de hábitat, construcciones muy sencillas (talleres, espacios, sacros…). Por otro lado debemos tener en cuenta las llamadas “Estelas decoradas”, son piedras de gran tamaño que tienen grabadas representaciones de armas y objetos de uso personal y prestigio, acompañadas en ocasiones de figuras humanas. Su utilidad o funcionalidad se ha relacionado con rituales funerarios o con marcadores del territorio. La cronología también ha sido y es discutida pero siempre enmarcada en el primer milenio antes de nuestra era. En cuanto a la existencia de estructuras funerarias para Tartessos se nos plantea el problema (de datación) de la aparente inexistencia de estas, lo que cambia a partir del s.VII-VI a. C durante el llamado “Periodo Orientalizante” en el que si hay resto de enterramientos. La cultura material recuperada de Tartessos nos muestra un predominio de los objetos cerámicos (a mano en un primer momento), y de los objetos metálicos (armas, orfebrería…) y objetos de marfil para el periodo orientalizante. Historiografía de Tartessos. Las primeras investigaciones se van a realizar finales del siglo XIX y comienzos del XX; y las llevarán a cabo investigadores extranjeros. El pionero será G.E. Bonsor, un pintor aficionado a la Arqueología que se afincó en los Alcores (Carmona, Sevilla). Este, promovió excavaciones en torno a Carmona que sirvieron para aludir al mundo de la colonización fenicia. Debemos destacar la riqueza documental que nos dejó, ya que Bonsor va a preocuparse por registrar todo lo que encuentra con todo lujo de detalle (dibujos arqueológicos y fotografías). Además, tuvo mucho empeño en la conservación y la restauración de los objetos que encontraba. Para Bonsor, Tartessos fue la primera ciudad fenicia fundada por los tirios. También destaca Adolf Schulten como gran estudioso de Tartessos en los años 20’s del siglo XX. Era un gran conocedor de las fuentes clásicas y se acaba interesando por Tartessos. Va a intentar encontrar Tartessos (ciudad), buscando el mítico reino en el Cerro del Trigo junto con Bonsor, siguiendo el estudio de la Ora Maritima de Avieno. Pero las investigaciones de campo fueron un fracaso. El problema de Schulten es que él no era arqueólogo, sino filólogo, por lo cual desechó los datos arqueológicos. El interés va a retomarse tras el hallazgo por Juan de Mata Carriazo en 1958 del famoso “Tesoro de El Carambolo”, en el Cerro del Carambolo. Este hallazgo casual

(Castrejones-Cerro del Castillo), Niebla, Huelva (Cabezo de San Pedro), Mesas de Asta, Carmona, Setefilla y Córdoba (Colina de los Quemados). Cada asentamiento tenía diferentes estrategias económicas en función de los recursos de las zonas colindantes. Así destacan algunos donde predomina la minería y la metalurgia, otros con agricultura y ganadería y otros con comercio y pesca. El tema controvertido está en el hecho de si podemos hablar de un urbanismo. Para algunos investigadores, puede hablarse que de casi protociudades, es decir, núcleos que van reuniendo características básicas para ser ciudades. Otros opinan que todavía no se puede hablar de esto. En estos asentamientos mientras que para algunos hay restos de muralla que se identifican con esta etapa, otros la relacionan con el período orientalizante. En lo que sí existe acuerdo es en que estos asentamientos suelen estar elevados, controlando los alrededores y se han podido identificar como sitios sacros. En relación a la existencia de murallas también algunos investigadores dicen que podían existir una serie de acrópolis donde se controlaba a la población y al territorio. El problema está en sí ese desarrollo urbano fue antes de los fenicios o con los fenicios. Estructuras de hábitat : “Cabañas circulares”. Estos tipos de estructuras se documentan en una zona relativamente amplia, habiendo una dispersión geográfica y cronológica (entre los siglos XI- X y VII a.C.), por lo que continúan en el periodo orientalizante. Los materiales constructivos son piedra local, barro (adobe y tapial), ramas…, es decir, constituyen estructuras poco perdurables. Hay dos tipos básicos: los fondos de cabaña con forma circular, con zanjas que se revisten con adobe y cubierta vegetal y una cobertura cónica, son una especie de refugio; y una cabaña más elaborada con zócalos de piedra e incluso fosa de cimentación, encima un alzado de adobe o tapial con una cobertura cónica y en cuanto a la techumbre hay muchas hipótesis (a dos aguas, etc.). Este tipo de cabañas sí puede dejar más restos. La concentración de hábitat aumenta en el golfo tartésico. Estas cabañas solían estar revestidas, con suelo de tierra batida y en cuanto a su funcionalidad (‘‘valen para todo’’) se llevaban a cabo, dentro de ellas, actividades domésticas, ya que se han encontrado fuegos en el interior, en otras ocasiones se empleaban para fabricación de alimentos o talleres metalúrgicos. No en todos los casos la planta es circular, también las hay rectangulares, algunos dicen que se da esta por contactos y otros dicen que es por evolución autóctona. Las cabañas se distribuyen en poblados aunque de forma desigual. Cerca podemos encontrar una especie de ‘‘vertederos’’. No hay vías o calles que articulen el tránsito. La profesora P. Izquierdo plantea que se pueden vincular a gentes de origen atlántico (tanto peninsular como europeo). Peñalosa (Huelva). El servicio arqueológico de la Diputación de Huelva llevó a cabo una prospección arqueológica a finales de la década de los 90, cuyo resultado fue el hallazgo de varios fondos de cabaña donde se constató la presencia cerámica a mano y bruñida típica del mundo tartésico prefenicio del Bronce Final, así como restos abundantes relacionados con procesos metalúrgicos y de transformación de mineral. Se trata por tanto de un asentamiento minera, fechado en torno a finales del siglo IX a.C. y abandonada en la primera mitad del siglo VIII a.C. La presencia de un solo fragmento a torno relacionado con el mundo fenicio parece mostrar que la existencia de este poblado coincidió en el tiempo con la aparición en la zona de elementos fenicios e intercambios comerciales con el Mediterráneo oriental. San Bartolomé de Almonte (Huelva). Fue estudiado en varias campañas entre los años 70 y 80. Se trata de un poblado de cabañas redondas que estuvo habitado entre fines del siglo IX e inicios del siglo VI a.C., ocupando una amplia extensión de terreno, en la que, sin ningún orden aparente, se distribuían las cabañas, silos para conservar el grano y hornos metalúrgicos. Se han hallado varios hornos metalúrgicos, que son simples hoyos en el suelo, a veces recubiertos de arcilla en su base; es probable que los hornos fueran al aire libre aunque algunos autores piensan que, más que hornos, se trata de basureros a los que se arrojaban restos de fundición y otro tipo de desperdicios. Se ha sugerido que la explicación de éste y otros asentamientos podía radicar en la

riqueza en cal del entorno, necesaria para la fabricación de los crisoles con los que extraer los metales mediante la copelación. A mediados del siglo VIII a.C se detecta ya la presencia fenicia en él. Cerro Mariana (Las Cabezas de S. Juan, Sevilla). Esta cabaña (excavada parcialmente) detectada durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1998 en el yacimiento ‘‘Cerro Mariana’’ bajo la dirección de J. Beltrán Fortes y J. L. Escacena, fechada en el siglo VI a.C., presenta planta circular delimitada por un zócalo de piedras sobre el cual se dispuso un alzado posiblemente de tapial. El interior se pavimentó con una capa de tierra rojiza. En el umbral, hecho con barro, se incrustaron en posición invertida siete conchas marinas alineadas transversalmente a la dirección del paso. Se accede al interior a partir de un porche empedrado. Acinipo (Ronda, Málaga). Se trata de un yacimiento estudiado principalmente por Pedro Aguayo. Se encuentra en la zona periférica de Tartessos. En el constan una serie de cabañas datadas entre los siglos VIII y VII a.C., sobrepuestas sobre cabañas de época anterior. Por lo general construidas sobre un zócalo de piedras sin trabajar y alzado de tapial que, a partir del siglo VIII convive con otras de planta rectangular y ángulos redondeados. Sus pavimentos se realizan con tierra batida de color amarillento y disponen de un hogar circular en su interior. Ya en estas viviendas aparecen ánforas fenicias, platos de barniz rojo y cerámicas polícromas aunque el predominio de las cerámicas a mano de tradición local sigue siendo masivo. En un momento avanzado del siglo VI a.C. este asentamiento se abandona tal vez como consecuencia de un proceso de concentración de la población en grandes oppida. Acinipo es un establecimiento que muestra la relación de las zonas interiores con la costa a través de los cursos fluviales. Estas cabañas presentan un zócalo de cantería sin preparación previa. En este caso es necesaria una pequeña zanja de cimentación para el trazado y sostén del murete. En cuanto a los elementos de sostén de la cubierta, se han propuestos diferentes soluciones para la techumbre. Esta pudo ser cónica y apoyada directamente en las paredes sin necesidad de pilar central. El acceso a la cabaña está precedido en algunos casos de empedrados que adoptan forma trapezoidal, y están construidos con piedras más gruesas en el contorno y menudas en el interior. En Acinipo, las viviendas se alinean en ‘‘calles’’, adaptando este modelo la distribución de las casas a la topografía, y contradiciendo en gran medida la idea tradicional de poblado de cabañas circulares en el cual las estructuras se dispondrían de forma azarosa. Depósitos metálicos y prácticas funerarias. En el sur peninsular, se han ido hallando una serie de depósitos de metales (armas sobre todo) asociados al agua. A partir de ahí, se han ido generando varias hipótesis. Algunas relacionan estos depósitos con prácticas funerarias, debido a la dificultad de reconocer necrópolis en este periodo, puesto que apenas se han encontrado. Han aparecido una serie de tumbas en estas zonas del ámbito tartésico, pero que se puedan fechar en el Bronce final muy pocas. Destaca entre ellas la del yacimiento Roça do Casal do Meio (Sesimbra, Portugal). Onuba y el Depósito de la Ría de Huelva (1923). Fue descubierto al iniciarse el dragado del río Odiel. Junto con el sedimento – formado por arcillas, arenas gruesas y conchas- salieron 7 espadas, iniciándose la extracción del depósito. El hallazgo se produjo entre los 7,5 y 9,5 m de profundidad. En total se han hallado hasta 397 piezas, principalmente armas y adornos (remaches, empuñaduras, puntas de flechas y lanzas, cascos, broches, botones, fíbulas, etc…). En cuanto a la cronología hay un consenso que lo sitúa en torno al siglo X a.C. aproximadamente; aunque algunas piezas puede que sean anteriores, de los siglos XII y XI a.C. Importantes, a pesar de su escasa aparición, son un escoplo de bronce y varios fragmentos de cobre, hierro y restos de madera. Serían piezas elaboradas en el suroeste peninsular, no importaciones; aunque hay una clara influencia de las armas atlánticas. En la actualidad, se sugieren dos posibilidades: Según M. Ruiz, que sea un depósito votivo asociado a ritos de paso y de sucesión en el oficio dirigente. Un

relación estrecha entre la representación de la Estela de Ategua y las representaciones encontradas en la cerámica griega del periodo geométrico. Para Bendala, la estela de Ategua es consecuencia del contacto con el mundo del Egeo. Elementos de la cultura material. Antes de la llegada de los fenicios a las costas del sur peninsular, los indígenas desconocían el torno de alfarero, por lo que las producciones cerámicas se realizaban a mano y se cocían en hornos que no alcanzaban la suficiente temperatura como para elaborar productos de alta calidad; eran hornos reductores sencillos que producían cerámicas negruzcas que permitían que éstas pudieran elaborarse en el entorno familiar. Tampoco se aprecia en las cerámicas ‘‘indígenas’’ una gran variedad formal y decorativa, aunque sí se detecta un sensible incremento de las producciones en paralelo al crecimiento demográfico del siglo IX a.C. Cerámica bruñida. Es el tipo cerámico más indicativo del Bronce Final prefenicio y su dispersión abarca el valle del Guadalquivir, Huelva y el sur de Extremadura. Las superficies de estas cerámicas son negras, si bien hay algunas variantes (Huelva). La decoración bruñida de las cerámicas del valle del Guadalquivir y Huelva ocupa el interior de los vasos, en contraposición con las que se distribuyen en la zona portuguesa, que lo hacen por el exterior, mientras que las que se documentan en Extremadura lo hacen indistintamente por ambas superficies. El motivo decorativo más significativo es la “retícula bruñida”, por las incisiones que van formando redes. Se vinculan a uso cotidiano. La sistematización de estas cerámicas se debe principalmente a D. Ruiz Mata, quien las divide en tres categorías: Formas abiertas, soportes en forma de carrete con baquetón en el centro, y los grandes vasos cerrados de almacén, entre los que destacan los de cuello acampanado. Parece que los vasos más antiguos no rebasan el siglo IX a.C., y dejan de producirse hacia mediados del siglo VI a.C. F. Gómez Toscano realiza una periodización de las cerámicas en tres horizontes: Horizonte Formativo (1200-1000 a.C.). Horizonte Clásico (1000- 750 a.C.). Horizonte Residual (750- 6 00 a.C.). Cerámica “tipo Carambolo”. Denominada así por ser en este yacimiento donde se documentó con gran profusión en cantidad y formas. Aunque habitualmente estas cerámicas se han vinculado al momento prefenicio, hay quienes abogan por su presencia en paralelo a la actividad colonizadora. Son cerámicas a mano. Hay dos principales diferencias con el anterior tipo: son cerámicas con decoración con pinturas de tonos rojizos u ocres, pastas amarillas y anaranjadas; y aparecen motivos geométricos muy claros y delimitados. Los tipos que sirven de soporte para estas decoraciones son principalmente cazuelas carenadas, vasos bicónicos, soportes en forma de carrete y grandes vasos cerrados. Su dispersión es muy significativa, pues es exclusiva de la zona nuclear tartésica. En la actualidad, la mayor parte de los investigadores lo vinculan con el fenómeno geométrico del Mediterráneo. Por lo tanto, las cerámicas “tipo Carambolo” son el resultado de los primeros momentos de la colonización fenicia, lo que justificaría su limitada dispersión y escasa duración, pues serían rápidamente sustituidas por otras producciones a torno de mayor calidad. Una fecha entre finales del IX y principios del VII parece acorde con los contextos donde fueron halladas. Se habla de cerámicas de lujo, relacionadas con cuestiones rituales y con actividades sociales no cotidianas. Parecen apuntar a la existencia de uno o varios talleres especializados en algún punto de la desembocadura del Guadalquivir o en la propia Cádiz. Toréutica. A pesar de la riqueza metalúrgica que preconizan todas las fuentes clásicas, no parece que Tartessos se caracterice precisamente por una especial abundancia de metales elaborados en los momentos más antiguos, por lo que llama poderosamente la atención la parquedad de los objetos elaborados en plata, el mineral que ha servido para justifica su auge económico y una de las principales causas de colonización. Sí es reseñable el interés que muestran por las manufacturas en bronce, constatado en las armas encontradas en depósitos y ocultaciones del Bronce Final. Aunque estas armas y otros objetos de adorno personal son de clara filiación atlántica, es más que probable que las halladas en el suroeste peninsular sean de producción local.

Así encontramos elementos en bronce como ‘‘asadores’’, cuencos, broches de cinturón, fíbulas (de codo),… Orfebrería. No hay indicios de su existencia en el núcleo tartésico, tal vez, uno de los motivos de la colonización mediterránea. Los torques de oro macizo con decoraciones geométricas incisas, así como los brazaletes, las diademas y las espirales, transmiten una uniformidad cultural que se ve reforzada por otras manifestaciones como las estelas de guerrero o los depósitos de bronce. Encontramos recipientes y joyas de oro y plata: cuencos, torques, brazaletes,… Destaca el Tesoro de Villena, hallado en un contexto no muy conocido. En Alicante, muy lejos de la zona nuclear tartésica. Puede ser un posible ajuar de enterramiento o un depósito votivo. En cualquier caso testimonia que en la Edad del Bronce hay una importante actividad metalúrgica. Eboraria. Debemos a G. Bonsor el primer estudio de los marfiles procedentes de sus excavaciones en Los Alcores, a los que dedica una especial atención. Como ocurría con los bronces o con otros elementos introducidos por los artesanos fenicios, los marfiles han generado un gran debate sobre su significado, adscripción cultural y cronología. Aunque la generalización de los peines de marfil se produce a partir de la colonización oriental, en la Península se conocen otros ejemplares del Bronce Final, caso de los documentados en la tumba de Roça do Casal do Meio entre otros, elementos que además están asociados a fíbulas de codo, como ocurre en las representaciones más arcaicas de las estelas. Sociedad y economía. A partir de todo lo dicho, podemos establecer una serie de hipótesis: Nos encontramos ante una sociedad constituida en jefaturas y clientelas. Hay una serie de clanes, linajes, guerreros, etc... A partir de los cuales se estructura toda una sociedad en forma de clientelas. Se desconoce si estos jefes eran propietarios y controladores del comercio o cómo sería el resto de la sociedad. La minería del cobre y oro junto con la ganadería de bóvidos y cápridos formarían la base de su economía. Su agricultura era fundamentalmente cerealista, aunque tal vez a finales del período y como consecuencia del contacto con los fenicios, empezara a introducirse el cultivo de la vid para la producción de vino. 1.3-Periodo orientalizante. El término “orientalizante” es un concepto que conlleva cierta problemática. Podemos considerarlo más bien como un concepto cronológico, que designa la llegada de gentes orientales (fenicios) a la Península Ibérica y sus estrechos contactos con los indígenas, lo que se denomina proceso orientalizante. Se trata de un periodo más o menos bien delimitado cronológicamente, entre mediados del siglo VIII a. C. y mediados del siglo VI a. C. Aunque hay autores que defienden que hablar de periodo orientalizante es lo mismo que hablar de colonización fenicia y que muchos de los objetos y bronces que se daban por tartésicos serían fenicios y rodios, como J. Alvar. Hoy se considera que la influencia de gentes orientales asentadas en la Península Ibérica fue muy importante, pero también lo es el hecho de que los indígenas asimilaran sus aspectos y los hicieran propios. Lo que está claro es que esta etapa supone el fin de la Edad del Bronce (y por tanto de la Prehistoria peninsular) y el inicio de la Edad del Hierro (y de la Protohistoria peninsular por tanto). Pero no es cambio brusco, sino que es un proceso paulatino y de transición. Para estos momentos se abre una discusión entre autoctonistas y difusionistas. Los autoctonistas defienden que los fenicios ejercen una gran influencia, pero que las poblaciones locales ya iban evolucionando por ellas mismas. Los difusionistas definen que evolucionaban más por la acción de los foráneos. No obstante, el papel de los intercambios con los fenicios en las transformaciones es muy relevante. La Universidad de Huelva ha considerado la existencia de dos grupos étnicos: los indígenas (descendientes de las gentes del Bronce Final) y los fenicios. En cambio, los investigadores de la Universidad de Sevilla plantean una ruptura con la etapa anterior, defienden

paramento para contener los movimientos de tierra del cabezo, para otros como Almagro Gorbea una autentica muralla o muro que acotaría una posible acrópolis para separar los habitantes importantes que vivirían en lo alto del cabezo, del resto de población. A partir del siglo VII a.C., la intensificación de la actividad metalúrgica y su comercialización a gran escala, va a producir un crecimiento económico que se plasmará en el aumento de la construcción en las zonas bajas de la ciudad, construcciones que ahora se levantan con plantas rectangulares sobre zócalos de piedra y alzados de adobe y suelos de arcilla roja o tierras bien apisonada como en la calle del Puerto, donde se han exhumado construcciones en las que se documentaron escorias de fundición de plata y hornos. Estas estructuras presentan una clara influencia oriental. Además hay otro dato que demuestra la gran vitalidad de este periodo, y es la superposición de estructuras. Se habla de auténticos barrios industriales. En otros puntos destacan estructuras del siglo VI a.C. como en la calle Botica, que presenta un pavimento de conchas que podría representar un posible espacio sacro Todo esto demuestra que Huelva es un enclave principal y punto de comercio en estos momentos; no sólo con fenicios, sino también con griegos. Se han encontrado también un gran número de materiales, aunque fuera de contexto. Las cronologías son muy antiguas, del siglo IX a.C. Encontramos mucha cerámica de uso cotidiano, lo que nos indica que eran gentes que iban allí para comercializar y que iban a quedarse. No podemos dejar atrás aquí, el hallazgo del llamado ‘‘Casco griego de Huelva’’. Se trata de un casco datado en el siglo VII a.C. y encontrado en la ría de Huelva. Se plantea la hipótesis de que fuera arrojado al agua como exvoto. Además destaca la marcada inutilización del casco previa de manera intencionada para que no volviese a ser usado. Tejada la Vieja. Es el poblado tartésico mejor conocido gracias tanto al significativo espacio excavado como a las sucesivas publicaciones que de sus trabajos ha realizado el Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva. Tejada la Vieja simboliza el poblado tartésico amurallado por excelencia, con fechas además muy antiguas que nos trasladan al siglo VIII a.C. La antigua muralla de Tejada se levantó sobre un elevado zócalo de grandes bloques de piedra caliza sobre el que se alzaron dos lienzos paralelos, el exterior en talud y enlucido de cal, cuyo espacio interior se macizó a base de piedra, tierra y cerámica. A finales del siglo VI a.C. se construye sobre la antigua muralla otra de carácter más defensiva. Si la primera muralla puede obedecer a un objetivo más simbólico que defensivo para enfatizar su rango urbano, la segunda parece que más bien responde a que como se trata de un centro minero, se querría evitar el robo y fomentar la defensa. El problema de Tejada es que apenas se conocen restos de habitación del siglo VIII a.C., lo que ha puesto en serias dudas la datación de su primera muralla en fechas tan antiguas. Por último, cabe recordar que el trazado urbano que se conserva de Tejada pertenece casi exclusivamente a su última fase de ocupación, es decir, el siglo VI a.C., por lo que desconocemos su entramado urbano más antiguo, probablemente constituido por cabañas circulares irregularmente repartidas. En definitiva, Tejada surge como un centro estratégico (posiblemente por sinecismo) en una zona de serranía entre las zonas extractivas de Aznalcóllar y las metalúrgicas de San Bartolomé de Almonte y la propia Huelva, aunque sus excavadores no descartan que también se llevasen a cabo labores extractivas en su entorno inmediato. Niebla ( Ilipla)****. Niebla es sin duda otro de los centros importantes para entender la estructuración del territorio tartésico en la Tierra Llana de Huelva. La ubicación de Niebla junto al río Tinto le permite dominar el eje de comunicación entre la zona minera y la propia Huelva; además, está fácilmente comunicada con el valle del Guadalquivir, lo que le confiere esa posición estratégica que se manifiesta en su pronta ocupación. Destaca también por estar cerca de zonas agrícolas importantes. La Universidad de Huelva la fecha ya en el Bronce Final, mientras que la Universidad de Sevilla, considera que podemos considerar Niebla como entidad urbana sólo a partir del siglo VIII a.C. (cuando adquiere un papel relevante). Del urbanismo intramuros no se conoce nada (ciudad histórica). Lo que sí se sabe es que existía una muralla con un bastión

semicircular, la UH dice que fue reformada en el periodo orientalizante mientras que la US mantiene que todo es del periodo orientalizante. Cerro Salomón (Río Tinto, Huelva). Es un yacimiento que ya no existe, fue destruido. En él, las casas excavadas responden a un trazado ortogonal que denotan las nuevas tendencias constructivas. La modestia de los materiales utilizados y la escasez de materiales significativos ha hecho que se interprete el lugar como un poblado minero, de cronología ya en el siglo VIII a.C., pero que se desarrolla durante los siglos VII y VI a.C. Las estancias presentan zócalos, pizarras y suelos planos. El alzado es de adobe o tapial. Había una zona de vivienda y un lugar de trabajo. Se han encontrado elementos relacionados con la metalurgia y un posible horno hecho mediante un agujero natural en el suelo. Este yacimiento muestra la concentración en hábitat de una población junto a la propia mina que había vivido dispersa con anterioridad. La copelación de la plata en Tartessos. La copelación es una técnica que permite, a partir del mineral de plomo argentífero, obtener plata. Destacan sobre todo los estudios de R. Izquierdo. Por una parte, se ha sostenido el origen autóctono del uso de la plata y de la técnica de la copelación, que llegarían a época tartésica como herencia de las culturas de la Edad del Bronce; y por otra, se ha defendido la idea de la llegada de la copelación sólo a partir de la presencia en Tartessos de los fenicios, quienes habrían introducido esta técnica. Esta técnica consiste en un proceso que constaba de dos fases: La fusión. Consistía en colocar el mineral molido junto con el fundente (sustancias que ayudan a la combustión) y someterlos a la acción del fuego, alcanzando temperaturas de hasta 1100Cº. Así resultaban dos productos: la escoria y el régulo. El régulo constituía en realidad un conjunto de plomo, plata y oro, con restos de otros elementos. En este primer paso el plomo actúa como captador de metales nobles. La escoria se tira. La copelación propiamente dicha. El régulo se colocaba en una copela y se exponía a la acción del fuego para dejar libre los metales nobles. El plomo quedaba liberado a la atmósfera y adherido en forma de litargirio (óxido de plomo) a las paredes del cuenco usado como copela, quedándose así la plata. Los hornos de copelación son mal conocidos. Parece que consistieron en simples hogares al modo de las fraguas de herrero, en los que se depositaban las copelas, con el régulo en su interior y se sometían a la acción del fuego. En este trabajo también eran necesarias toberas que mantuviesen la temperatura adecuada. Los yacimientos en los que se tiene constancia de que se llevó a cabo este proceso se agrupan en torno al Golfo Tartésico y Rio Tinto: Tejada la Vieja, Peñalosa, Niebla, San Bartolomé, Huelva, etc... Los Castillejos de Alcorrín (Manilva, Málaga): El yacimiento de Los Castillejos de Alcorrín ha sido estudiado desde 2007 por un equipo compuesto por investigadores del Instituto Arqueológico Alemán. Su posición estratégica, las dimensiones excepcionales de esta aglomeración y la complejidad de su doble recinto amurallado, evidencian una alta concentración de poder. Con 13 hectáreas de superficie y una muralla de más de 2000 m de recorrido, es el asentamiento fortificado más grande que se conozca en los confines orientales del área cultural tartésica. Desde este emplazamiento se controlaba el acceso hacia una zona rica en minerales. Las dataciones por 14C sitúan la fundación de Alcorrín a finales del siglo IX a.C. Se construyeron simultáneamente: una fortificación exterior provista de nueve bastiones y una fortificación interior, y dentro de esta última, estructuras de hábitat, entre las cuales se han excavado dos edificios de planta compleja. Frente a la entrada de estos dos edificios y a lo largo de los muros exteriores, se extiende un suelo de conchas. Los dos edificios, cuya función no se ha esclarecido aún, son las construcciones de planta cuadrangular más antiguas que se conozcan en una región donde, en la misma época, las casas estaban habitualmente construidas con materiales perecederos y con plantas redondeadas, por lo que es de gran importancia desde el punto de vista autóctono y foráneo. Una actividad metalúrgica está evidenciada por el descubrimiento de escorias de hierro. Por razones aún desconocidas, la fortificación fue abandonada a comienzos del s.VIII a.C., aparentemente de una forma planificada.

de pateras y jarras para las libaciones, y bastantes ánforas y ollas, que unidos a los huesos de animales que se han encontrado, nos lleva a pensar que se realizaban banquetes funerarios. La Joya (Huelva). La necrópolis se extiende sobre uno de los cabezos de la ciudad, La Joya, donde se han localizado hasta 19 tumbas organizadas en la parte más alta del cerro, el llamado sector A; pero también se ha excavado la ladera, el sector B. Destacan las excavaciones por método Wheeler en los años 60 y 70 de Juan Pedro Garrido. El estado actual del yacimiento es deplorable. Aunque el ritual es variado, predomina claramente la cremación, rito al que pertenecen 12 tumbas, mientras que se documentaron 6 inhumaciones y una sola tumba donde se practicaron ambos ritos. Dentro de las cremaciones encontramos también variaciones: pueden ser simples en hoyo, que se caracterizan por la presencia de la urna con los huesos quemados en su interior y un sencillo ajuar que a menudo consiste en un cuchillo de hierro afalcatado. En otras ocasiones las urnas se colocaban en fosas de cremación de las formas más variadas, aunque siempre de tendencia rectangular, acompañadas de un rico ajuar; las urnas son de lo más variadas, pues las hay desde las de tipo “Cruz del Negro” realizadas tanto a torno como en bronce, hasta las de tipo globular a mano. Sin embargo la presencia de objetos metálicos es muy escasa. Algunos de los objetos encontrados en las tumbas más destacadas (17 y 18) serían un braserillo de manos de bronce y fragmentos de otro recipiente de plata, así como diversas cuentas de oro y ámbar y elementos de marfil, ánforas fenicias, un carro junto a pasarriendas y bocados de bronce, armas, quemadores, platos de barniz rojo, etc… Donde destaca la presencia de objetos de plata y escorias de este metal que parecen querer buscar la dignificación del personaje mediante el metal, seguramente es el responsable del estatus social. A través de los elementos que conforman los ajuares, la necrópolis parece que tiene una larga duración que iría desde finales del siglo VIII a. C. hasta mediados del VI a.C. La gran cantidad de elementos exóticos que se hallaron en La Joya no son todos de procedencia oriental, sino que en buena medida son objetos realizados en la península por artesanos seguramente fenicios. La ostentación de riqueza en las tumbas ha llevado a denominarlas “tumbas principescas”, a través de la cual las clases privilegiadas exhiben el poder adquirido, muestran su capacidad para sentenciar pactos económicos y se rodean de una sacralidad que les servirá para perpetuarse en el poder; pero los rituales funerarios y, consecuentemente, el sistema religioso que los sustenta es de origen fenicio. Niebla (Huelva). Aquí destaca la necrópolis de El Palmerón, hoy totalmente desaparecida debido a la construcción de una carretera; y descubierta gracias a que un cura da la información de un hallazgo casual. Los materiales se encuentran dispersados. Algunos fueron estudiados por Bellido en los 50. Destaca una sepultura de cámara. Se trata de un individuo cremado, acompañado de un ajuar bastante interesante; en el que podemos destacar: un jarro piriforme, una caldera o braserillo, cerámicas rojizas de engobe rojo que pudieran ser fenicias, armas, etc… Hubo de ser alguien de alto rango por tanto. Está fechada en la segunda mitad del siglo VIII a.C. aproximadamente. Setefilla (Lora del Río, Sevilla). La necrópolis de Setefilla se conoce desde principios del pasado siglo gracias a los trabajos que llevaron a cabo en el lugar Bonsor y Thouvenot, quienes exploraron hasta diez túmulos. Las tumbas más antiguas se pueden fechar hacia finales del siglo VIII a. C. hasta el VI a.C. La tipología de los enterramientos muestra la variedad de los rituales desarrollados en las diferentes épocas. Encontramos tumbas de cámara realizadas en mampostería, fosas de inhumación de distinto tipo, sepulturas de incineración en urnas y una cista de inhumación doble. Sin embargo, los trabajos más interesantes los llevó a cabo M. ª E. Aubet a principios de los años 70, donde se planteó una profunda revisión de las excavaciones en los túmulos A y B. El túmulo A es de gran interés, detectándose además las cuatro fases de construcción de que constaba. De nuevo las tumbas más antiguas pertenecían a incineraciones, 40 detectadas, depositadas sobre la base de la roca; sobre estas tumbas se levantó un grueso suelo artificial para amortizar esos primeros enterramientos, construyéndose encima una cámara funeraria de

mampostería cuyo perfil tenía forma de una pirámide truncada, saqueada desde la antigüedad. Por último, todo el conjunto se cerró por el túmulo. El hallazgo en el entorno del túmulo de diez estelas exentas de decoración que pudieron haber acompañado a la estela de guerrero que se halló también en la necrópolis. La mayor parte de los materiales recuperados se realizaron a mano, destacando las urnas bicónicas y las numerosas retículas bruñidas, así como los vasos à chardon pintados o los cuencos semiesféricos, pero también se halló un número significativo de platos de engobe rojo, así como un soporte y un alabastrón que ponen en evidencia las estrechas relaciones con el mundo fenicio. El túmulo B de Setefilla, más pequeño pero mejor conservado, también fue estudiado por Aubet, localizando 30 incineraciones en hoyo o en pequeñas fosas de tendencia circular donde se depositaron las urnas. Los enterramientos más ricos, pertenecientes a hombres adultos, estaban situados en el núcleo central del túmulo, mientras que los de algunas mujeres se ubicaban en el entorno inmediato de aquellos; por su parte, las tumbas más modestas tanto de adultos como de neonatos, se ubicaban en el extremo del círculo funerario. Los túmulos funerarios de Setefilla estarían ocupados por jefes locales de tribus o clanes sostenidos por su grupo de parentesco. Por último, también se pudo establecer, a partir del análisis de los huesos humanos, que la media de edad estaba en torno a los 30 años. La Angorrilla (Alcalá del Río, Ilipa ). Los investigadores de este yacimiento están vinculados a la US. Se realizaron primero una serie de prospecciones y después una excavación. Se han constatado tres fases de ocupación: un poblado calcolítico de mediados del III milenio a.C., del que se han constatado una serie de silos para almacenamiento; tras esto hubo un hiato hasta el periodo orientalizante, tras el que hubo otro parón hasta la ocupación romana en el silgo I d.C., de la que se han hallado necrópolis y un foso romano. La mayor parte de las tumbas datan de entre los siglo VII y VI a.C. Algunas alcanzan el siglo VIII a.C. El poblado orientalizante se encuentra bajo la ciudad actual de Alcalá del Río. Este poblado y necrópolis se encuentran separados por el Arroyo Cagancha, cada uno sobre un montículo. Se han constatado 68 enterramientos, la mayor parte contienen inhumaciones aunque también vemos la cremación. Hay un buen número de ajuar muy variado, entre el que destaca el de una tumba con jarrito y braserillo. Destaca también una urna con patas de bóvido y otra femenina con flechas. Medellín (Badajoz) ¿ Conisturgis? Nos encontramos ante una población ubicada en una situación interesante en vías de comunicación, en concreto la Vía de la Plata. Algunos plantean que se trate de Conisturgis. Pero no se sabe dónde estaba la población prerromana, si en el cerro o en la zona llana. Surge entre los siglos VIII y VII a.C. Se encuentra junto al río Guadiana, en una zona vadeable y en un cerro que domina un entorno muy amplio. Se conoce poco del poblado. Almagro Gorbea plantea la existencia de una zona regia o aristocrática en la parte alta del cerro y en la zona baja un poblado de gente de clase más baja, por lo que habría una diferenciación social. Pero esta hipótesis no se puede comprobar. La necrópolis fue hallada en los años 60 de una manera casual a partir de la construcción de un pozo. Se investigó a finales de los 60 y 70, hubo un parón y luego continuó la investigación entre 1982-1986, cuyos resultados han sido publicados hace poco (2007-2009). Aparecen enterramientos y otras estructuras funerarias pero no hallamos ustrina y depósitos votivos. Hay en torno a 200 tumbas y un número impreciso de otras estructuras funerarias. Recientemente la cronología ha sido corregida por Almagro y M. Torres, que la sitúan entre los años 675-425 a.C. Muchas de las tumbas se encuentran en situación de superposición. Destacan enterramientos de cremación secundaria en cerámicas (aparecen del tipo Cruz del Negro). Han aparecido una gran cantidad de ajuares muy variados. Encontramos elementos foráneos fenicios, griegos y materiales autóctonos, lo que indica una sociedad con influencia oriental pero con fuerte presencia indígena. M. Torres habla de su relación con Conisturgis. Además cabe la posibilidad de que sus habitantes procedan del área Tartésica y que hubiera un trasvase de población desde el entorno de Carmona, debido al hallazgo de cerámica tipo Cruz del Negro.

documentaron una serie de materiales relacionados con la industria textil, además de algunos de los elementos más significativos, como la escultura de un caballo de bronce. A finales del siglo V a. C. el santuario es abandonado de manera controlada y consciente. Una vez agrupados todos los materiales en el interior, se procedió a destruirlo mediante un incendio sistemático, previo cegado de la puerta de acceso y los vanos que se abrían al exterior. Al mismo tiempo, en el entorno del santuario, junto al foso, se llevó a cabo un banquete comunal en el que se sacrificaron más de medio centenar de animales, especialmente ovejas, cabras ciervos, vacas, cerdos y, lo que resulta más sorprendente, caballos y burros, cuyos huesos fueron hallados en el interior del foso junto a la ingente cantidad de cerámica usada en esa auténtica hecatombe final. Este hecho es uno más de los que remarcan el carácter sacro de ese hermético complejo. Todo se selló con tierra tras todo esto, creando una estructura tumular. El Turuñuelo (Guareña, Badajoz). Los trabajos de excavaciones los lleva a cabo el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM) coordinados por Sebastián Celestino Pérez y Esther Rodríguez González. En 2014 se realizó un sondeo estratigráfico. En 2015 se descubrió un habitáculo de 70 m² en muy buen estado de conservación, en el que se hallaron, en el centro, un altar de adobe con forma de piel de toro, bancos corridos y una “bañera” de 1,70 m, considerada como uno de los hallazgos más extraordinarios de la excavación, un elemento hasta ahora desconocido y que se podría dedicar a hacer algún ritual relacionado con el agua, según Sebastián Celestino. Lo llamamos bañera o sarcófago por su forma. Está hecho con un material extraño a base de cal y no sabemos qué contenía; no tiene ningún orificio de salida y, por lo tanto, puede ser para contener agua, para hacer algún tipo de ritual que se nos escapa. En 2017, se ha sacado a la luz una escalinata con 10 escalones y 2,5 metros de altura que une dos plantas; la inferior aún no se ha excavado. El material es un tipo de mortero de cal y granito triturado, que se encofraba y constituía una especie de protocemento. En abril del mismo año, se han encontrado junto a la escalinata los restos de dos caballos sacrificados. Menos de dos meses después, se habían exhumado los restos de otros 17 caballos, de dos toros y de un cerdo. El sacrificio de estos animales formaría parte de un ritual de los pobladores, que incluiría un banquete comunitario y el inmediato incendio del santuario, enterramiento y abandono en el siglo V a. C. El sacrificio ofrendado a sus divinidades, se realizó en el patio principal de la estancia sur, zona en la que se han hallado muchas conchas y huesos echados al suelo. Sebastián Celestino, resalta la importancia del hallazgo del ajuar empleado en el banquete: dos jarros, coladores y otros enseres, además de vasos de imitación griega y de platos y vasos con bandas pintadas de color rojo. En las campañas de 2015-2016, se hallaron restos cerámicos, arquitectónicos, semillas, restos de alfombras de esparto y otros tejidos, un caldero y una parrilla de bronce y otros muchos objetos de este metal. En la primera campaña arqueológica de 2018 (mayo-junio), se han exhumado los huesos de un ser humano adulto, los pies de una estatua contemporánea griega de mármol policromado, y un corredor que rodea una construcción de gran tamaño. Cultura material. Las cerámicas tipo Lora: Se hallan en distintas zonas del Valle del Guadalquivir, ciertos lugares de Málaga y algunas en puntos lejanos como Murcia o Badajoz. La peculiaridad es que no aparecen en la zona onubense nuclear tartésica. Están fechadas entre los siglos VII y VI a.C. Están elaboradas a torno, decoración pintada de tonos rojos, negros, ocres,... Presenta motivos vegetales y zoomorfos. Marfiles. Peines, cajas, apliques para el mobiliario de lujo, interesantes paletas para concentrar ungüentos o perfumes. Todos ellos con decoración oriental: cabras, guerreros,… Su uso es discutido, aunque la mayoría piensa que es de uso ritual. La mayoría se encuentran en el entorno de Carmona, fuera de contexto y con una difícil interpretación. Orfebrería. El Tesoro de El Carambolo se encuentra entre los más importantes. Fechado entre los siglos VII y VI a.C. Destacan también los candelabros de Lebrija (en primera línea casi del Golfo Tartésico), hallados en 1923 y que son bronces similares a los del Carambolo. Se piensa que son parte de un quemaperfumes a los que le falta la parte superior, aunque la primera hipótesis que se dio es la de candelabros. Tienen un valor religioso y ritual muy alto. Toréutica.

Destaca el llamado ‘‘Bronce Carriazo’’, localizado en un mercado de antigüedades de Sevilla por Carriazo. Parece que es el lateral de un bocado de caballo. Representa a un personaje femenino entre dos ánades en actitud de echar a volar o volando. El peinado de la mujer es un peinado hathórico (influencia egipcia), tiene un colgante con flores del loto abiertas y cerradas, y una serie de orificios seguramente para llevar adornos como campanillas. En sus dos manos la mujer porta dos sistros esquemáticos que se asemejan a dos copas o lotos. Se piensa que puede ser una representación de la diosa Astarté. Piezas singulares: como la dama o la diosa de Galera (Granada). Descubierta en 1916 en la tumba 20 de la Galera. Se trata de una tumba ibérica de mediados del siglo V a.C. Pero la pieza está fechada por paralelos estilísticos en un periodo anterior, por lo que pudo haber sido reusada en ese momento. Representa una figura femenina sedente. El tamaño está calculado para cogerla con la mano. Se usaría para libaciones, de ahí los orificios en la cabeza y los senos para verter líquidos. Está hecha en alabastro. Se considera de factura oriental en el siglo VII a.C. Pudo ser una representación de Astarté. 2.1-La colonización fenicia en la Península Ibérica. Arqueología fenicia. La investigación como tal surge a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con una serie de hallazgos casuales en Cádiz (el sarcófago antropoide masculino) y sobre todo destaca la figura de G. E. Bonsor y sus primeras excavaciones en Los Alcores. Desde los años 20 hasta comienzos de los años 60 tiene lugar una fase de ‘‘recesión’’, en la que se dejan un poco a parte y se olvidan a favor de ‘‘lo griego’’. No obstante, en los años 60 y 70 se da un nuevo impulso con las excavaciones en la costa andaluza, los españoles en Almuñécar y los alemanes del Instituto Alemán en yacimientos como Toscanos, Morro del Mezquitilla, etc. En los últimos tiempos, desde los años 80 hasta la actualidad, se han llevado a cabo síntesis, nuevas líneas de investigación relacionadas sobre todo con el estudio del territorio y los recursos y se han desarrollado nuevas perspectivas del fenómeno ‘‘colonial’’. Desde mediados de los 90 las excavaciones en Líbano y las excavaciones recientes en yacimientos nuevos y antiguos, han proporcionado numerosos datos nuevos, abriendo la investigación a nuevos espacios y dando nuevas cronologías. Fenicia y los fenicios. El origen del nombre de fenicios (phoínikes) parece deberse su denominación como los ‘‘rojos’’ o ‘‘púrpuras’’, debido al color purpura que usaban para los tejidos y con los que comerciaban (murex). También son mencionados los fenicios como sidones, pues Sidón era una de las grandes ciudades de Fenicia. No obstante, ello a sí mismos se llamaban Can’ani (cananeos: mercaderes). Estaban organizados en grandes ciudades-estado gobernadas por reyes y tenían relaciones y contacto con grandes civilizaciones contra las que no tenían ninguna fuerza, como egipcios, judíos, asirios y babilónicos. Básicamente vivían de esas relaciones, puesto que eran uno de los principales abastecedores de estas grandes civilizaciones. Las ciudades de Fenicia fueron en su mayoría costeras. Se solían situar en pequeños promontorios y en zonas de bahía para proteger a los barcos de las tempestades. Fueron ciudades-estado separadas por afluentes de ríos, aisladas una de las otras. No tuvieron un sentido de nación unida, ni siquiera se unieron cuando los asirios les atacaban. Tiro fue la única ciudad que llevó a cabo una política expansionista. Problemas de la colonización. Causas de la llegada. Hoy día se entiende como algo complejo y de múltiples causas unidas. No sólo es una causa comercial, si no que actúan otras como la demografía, la poca disponibilidad de tierras y recursos, etc… Hay principalmente dos concepciones: M. E. Aubet: considera que los fenicios llegan a occidente por el comercio de la plata, es decir, serían los intermediarios con los grandes imperios orientales. C. González Wagner: defiende que van en busca de una variedad de recursos y que el comercio sólo es una actividad económica más que conlleva esa búsqueda. Cronología y fases. Partimos del hecho de que existe

plantea que las relaciones entre indígenas y fenicios no fueran tan idílicas y que pudiera haber conflictos, una de las causas principales por la que los fenicios se reagrupasen a partir del siglo VI a. C., momento en el que se apropiarían de tierras a costa de los indígenas. J. L. Escacena plantea algo parecido. Defiende que cuando llegan los orientales la población autóctona en la P. I. no es muy abundante, y los orientales tienen un sistema reproductivo que hace que en unas cuantas generaciones, sus poblaciones superen en número a la de los indígenas. Ámbitos geográficos. Tradicionalmente se pensaba que la colonización fenicia en la Península Ibérica se había limitado a la Bahía de Cádiz (Gadir, Doña Blanca), a las costas de Málaga, Granada y Almería (donde se encontrarían una serie de ‘‘factorías’’), y por último en la fase fenicio-púnica, Ibiza (Ebussus). Sin embargo las investigaciones llevadas a cabo en los años 80- 90, han demostrado que también hubo colonización fenicia en la zona del Algarve y en los estuarios del río Tajo y Sado, así como en Alicante, además de la posible presencia fenicia en el valle bajo-medio del Guadalquvir, en lugares como Carmona, Coria del Río, o incluso Sevilla, ya que Escacena considera que Spal es un topónimo de origen fenicio. Consecuencias de la ‘‘colonización’’. En primer lugar debemos matizar las ideas difusionistas, pero sin negarlas. No podemos decir que los indígenas del sur estaban muy atrasados hasta la llegada de los fenicios, pero que hay un antes y un después a esta llegada no se puede negar y una serie de cuestiones innegables: Arquitectura-urbanismo. A partir de la llegada de fenicios se encuentran nuevos tipos de estructuras, materiales constructivas, formas de construcción y plantas regulares con una mayor complejidad interna y manzanas regulares con calles presentes; todo ello presente en las colonias fenicias, se extiende a los poblados indígenas. Asimismo aunque hay algunos investigadores que hablan de protociudades en el período precolonial, lo cierto es que la opinión generalizada es que el fenómeno urbano surgió a raíz de la presencia fenicia. Economía. Tradicionalmente se pensaba que la denominada ‘‘tríada mediterránea’’ fue introducida en la península por los fenicios; aunque hoy en día hay diversas opiniones sobre ello, lo cierto es que los fenicios debieron introducir diversas técnicas agrícolas novedosas sobre estos cultivos que los potenciaron y fomentaron su consumo. En el ámbito de la minería y de la metalurgia, a raíz de la presencia fenicia la producción aumentó, a lo cual hay que unir la introducción de diversas técnicas en el tratamiento del bronce y de la plata, además del uso del hierro. Sociedad. Aunque antes de la presencia fenicia se observa una cierta jerarquización social interna, lo cierto es que a raíz de la presencia fenicia las diferencias sociales se dispararon, lo cual se debió en gran parte a la demanda de mineral y metal, el cual había que extraerlo, transportarlo, almacenarlo, siendo controlado este proceso por unos grupos que se enriquecieron notablemente. Se introduce el alfabeto y la escritura. Cultura material. La cerámica a torno empieza a introducirse, aparecen tipos nuevos, decoraciones, etc… De influencia tanto fenicia como griega. Asimismo destaca la aparición de marfiles, elementos de orfebrería y tejidos, con diversas técnicas y motivos decorativos orientales. Asentamientos fenicios. La presencia fenicia en Andalucía es más pronunciada en la costa de Granada y Málaga. No obstante, esta concentración también hay que explicarla por su aspecto casual, pues las excavaciones alemanas se centraron en esta zona. Hay que tener una serie de cuestiones presentes a la hora de explicar los asentamientos fenicios en la P.I. Paleogeografía: la línea de costa o las situaciones de los yacimientos hoy en día, no son las mismas que en la antigüedad, lo que hay que tener en cuenta a la hora de estudiar y entender las estrategias económicas. Cronología. Hasta hace poco la mayor parte de los yacimientos están fechados por la estratigrafía y por las cerámicas. Pero ahora se empieza a contar con dataciones por radiocarbono, que llevan las cronologías más atrás en el tiempo. Patrones de asentamiento. Lo más habitual es en promontorios; si están en la costa dominando la playa, o junto a la desembocadura de un río con buena conexión con el interior. Categorías de asentamientos y funcionalidad. M. E. Aubet propone que hay una serie de categorías: la propia colonia ( Gadir ) y

luego otros asentamientos menores con funciones distintas o complementarias. Urbanismo. Se puede hablar de una organización urbana desde el principio de la ocupación, con patrones orientales trasladados a la península. Gadir (Cádiz). Gadir presenta una serie de problemas arqueológicos, y es que es una ciudad histórica y ha sufrido cambios paleográficos bastante importantes, ha pasado de ser una serie de islotes a una especie de pequeña península (erosión marina de zonas antes ocupadas). Tenemos muchas referencias literarias sobre la ciudad y sobre su antigüedad. Destaca así un texto de Estrabón en su Geografía que escribe, supuestamente es lo que cuentan los propios habitantes de Gadir sobre su origen. Además menciona el término Gadeira; palabra que está en plural y no en singular, por lo que cabe la posibilidad de que Cádiz no constituyera un único núcleo de población, sino varios estrechamente relacionados. El texto también habla de que los fenicios, siguiendo las instrucciones del Oráculo de Melkart en Tiro, intentaron establecerse hasta tres veces en la península, primero en Almuñécar, luego junto a Onuba y por último en la actual Cádiz, no teniendo éxito los resultados de los sacrificios hasta el tercer intento. Lo que puede encerrar esto en realidad, es que las gentes que había en la península no le dejaron asentarse (enfrentamientos) hasta que llegaron a un lugar donde no había asentamiento previo. La fundación de Gadir implica, desde el punto de vista de los círculos dirigentes tirios, el deseo de que una parte de ellos, establecidos en el extremo occidente, pudieran gestionar desde allí la explotación de los recursos de diverso tipo que el territorio proporcionaba; para ello era necesario conocer de primera mano las potencialidades económicas del área, lo que el texto justifica con las dos exploraciones previas a la fundación. Otro problema, es que las cronologías no están resueltas. Según la tradición literaria, el origen de Gadir estaría en el siglo XII a.C., pero la arqueología como muy pronto establece los siglos X-IX a.C. Las últimas investigaciones se plantean si es cierto que la colonia de Gadir estuvo en Cádiz. La hipótesis que más se está barajando últimamente es que hubo una población vinculada al templo de Melkart, y en tierra firme otro asentamiento vinculado a él, de ahí el nombre de Gadeiras. Sabemos que entorno al 1000 a.C., en un tiempo cercano al momento en el que se establecen gentes fenicias en estas tierras, Cádiz era una isla. Algunos autores romanos que describieron el paisaje de la Cádiz fenicia y lo dibujaron como un archipiélago formado por dos islas principales, llamadas Erytheia y Kotinoussa , aunque en el año 1000 a. C. ya se encontraban unidas por un istmo de arena. Este istmo, o pasillo terrestre, configuraba dos playas interiores, dos excelentes puertos naturales: uno al oeste abierto hacia el Atlántico y otro al este, cerrado, protegido y profundo, lo que convierte a este lugar en un probable emplazamiento donde pudo estar situado el antiguo puerto fenicio. En el pequeño sondeo efectuado en esta área se han encontrado niveles con cerámicas fenicias datadas a comienzos del siglo VIII a.C. Alrededor de este puerto interior encontramos las instalaciones más antiguas, los sondeos practicados en el solar del antiguo Teatro Cómico han permitido localizar niveles fenicios arcaicos fechados a través de sus cerámicas a finales del siglo IX a.C. Unas cronologías muy similares han ofrecido los niveles fenicios más antiguos excavados en la cercana calle Ancha o en la Calle Cánovas del Castillo. Estas excavaciones han puesto al descubierto pavimentos de arcilla apisonada y, en algún caso, también muros de tapial. Son espacios donde las vasijas de uso doméstico y los restos de comida son abundantes, y, en algún caso, también las evidencias de actividades relacionadas con la pesca. Estas nuevas evidencias arqueológicas apuntan a que en el altozano de Torre Tavira, en las inmediaciones del antiguo fondeadero fenicio, se estableció entre finales del siglo IX a.C. y comienzos del VIII a.C. una pequeña comunidad que pudo estar integrada por gentes de distinta procedencia: fenicios orientales y quizá también de otros ámbitos mediterráneos, grupos tartésicos e incluso algunas gentes sardas. Esta configuración pluriétnica, particularmente visible en los momentos más antiguos.