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Arquitectura Egipcia: El Arte Sagrado de Egipto - Prof. Barroso, Apuntes de Historia del Arte

Una profunda exploración de la arquitectura egipcia, una forma de arte teocrático que se desarrolló bajo el servicio del soberano y la religión. Aprenda sobre la arquitectura horizontal de egipto, su uso de piedra, las diferentes tipos de sepulturas y pirámides, y cómo la arquitectura egipcia influyó en el arte griego. Además, descubra cómo las condiciones sociales y el medio ambiente dejaron huella en la arquitectura egipcia.

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 21/01/2018

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ARTE EGIPCIO
La arquitectura
Se trata de un arte al servicio del soberano y de la religión, un arte teocrático, como su sistema
político. Una necesidad religiosa impulsaba todas las creaciones. De este arte, tal vez la
arquitectura sea lo más representativo. El poderío de los monarcas se acusa en el lujo de las
proporciones. Nunca se ha puesto tanto esfuerzo al servicio del arte como en Egipto. Algunos de
sus monumentos son verdaderas montañas de piedra, disciplinada por la voluntad del hombre.
Las condiciones sociales han dejado profunda huella en esta arquitectura. Maravillan las
pirámides. La influencia del medio se acusa en la arquitectura no solamente en el empleo de la
piedra, sino en la identificación entre el paisaje y los monumentos arquitectónicos. Egipto es un
país horizontal; así es también su arquitectura, tan llana como las terrazas acantiladas que
encuadran el discurrir del Nilo. Egipto es igualmente el país de las columnas. Templos y
palacios se pueblan de bosques de columnas que son el recuerdo de los otros bosques de
palmeras que crecen en las orillas del rio. El gran desarrollo que alcanzó la columna papiriforme
se explica por la abundancia de la planta (papirus), que facilitaba la materia escriptoria. Por otro
lado, el uso de las diferentes columnas se realiza de acuerdo con su destino. Así, las columnas
papiriformes se colocaban en las naves laterales de los templos, en tanto las campaniformes se
elevaban en el centro de la nave, por ser este espacio más alto, su forma abierta aumentaba su
capacidad de sostenimiento.
Los materiales proceden del propio medio geográfico. La piedra predomina y se extrae de los
acantilados del Nilo. En cambio, escasea la madera, que es de deficiente calidad.
La técnica estaba muy adelantada. Para el deslizamiento de los bloques se usaban los rodillos y
para su elevación el plano inclinado. El transporte se hacía a lo largo del Nilo. Se trataba de un
país agrícola, que conoció instrumentos y cálculos de medida. El sistema arquitectónico
preferentemente usado por los egipcios fue el arquitrabado, pero también conocían el arco y la
bóveda.
El Nilo determinó el “espacio existencial”. Hay una concepción dinámica de la existencia. El
tráfico por el Nilo es la imagen también de lo sagrado, por eso los templos se conciben a lo
largo de un eje. La liturgia es procesional: la barca sagrada. Pero debe asociarse al sol. El astro
rey arroja sus rayos sobre la puerta de los templos, abriéndose paso en la aurora por los pilonos,
que son como dos montañas sagradas. El arte egipcio mantiene unos caracteres muy precisos
durante los tres milenios de su historia antigua.
Ya en la época prehistórica (antes del 3000 a.C.) se ofrecen las primeras manifestaciones
arquitectónicas. Parece que entonces se erigieron los primitivos templos, al paso que aparece el
tipo más rudimentario de tumba. Se trataba de unas construcciones a modo de cripta, hechas de
barro prensado. Durante las épocas pretinita y tinita (hasta 2800 a.C.), adquiere ya el aspecto
y la fisonomía característicos. Los monumentos se manifestarán bajo formas claras, puras,
geométricas, con eliminación de curvas.
El Imperio Antiguo (2850-2052 a.C.) señala el primer periodo clásico de la arquitectura
egipcia. Menfis es ahora la capital. Los monumentos principales son los enterramientos. El más
antiguo tipo de sepultura es la mastaba, como la tumba del rey Menes. El interior de la mastaba
se repartía en diferentes espacios. Primero había una capilla para las ofrendas, ya que deudos y
amigos debían proveer a la alimentación del muerto en su peregrinación por ultratumba. El
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ARTE EGIPCIO

La arquitectura

Se trata de un arte al servicio del soberano y de la religión, un arte teocrático, como su sistema político. Una necesidad religiosa impulsaba todas las creaciones. De este arte, tal vez la arquitectura sea lo más representativo. El poderío de los monarcas se acusa en el lujo de las proporciones. Nunca se ha puesto tanto esfuerzo al servicio del arte como en Egipto. Algunos de sus monumentos son verdaderas montañas de piedra, disciplinada por la voluntad del hombre.

Las condiciones sociales han dejado profunda huella en esta arquitectura. Maravillan las pirámides. La influencia del medio se acusa en la arquitectura no solamente en el empleo de la piedra, sino en la identificación entre el paisaje y los monumentos arquitectónicos. Egipto es un país horizontal; así es también su arquitectura, tan llana como las terrazas acantiladas que encuadran el discurrir del Nilo. Egipto es igualmente el país de las columnas. Templos y palacios se pueblan de bosques de columnas que son el recuerdo de los otros bosques de palmeras que crecen en las orillas del rio. El gran desarrollo que alcanzó la columna papiriforme se explica por la abundancia de la planta ( papirus ), que facilitaba la materia escriptoria. Por otro lado, el uso de las diferentes columnas se realiza de acuerdo con su destino. Así, las columnas papiriformes se colocaban en las naves laterales de los templos, en tanto las campaniformes se elevaban en el centro de la nave, por ser este espacio más alto, su forma abierta aumentaba su capacidad de sostenimiento.

Los materiales proceden del propio medio geográfico. La piedra predomina y se extrae de los acantilados del Nilo. En cambio, escasea la madera, que es de deficiente calidad.

La técnica estaba muy adelantada. Para el deslizamiento de los bloques se usaban los rodillos y para su elevación el plano inclinado. El transporte se hacía a lo largo del Nilo. Se trataba de un país agrícola, que conoció instrumentos y cálculos de medida. El sistema arquitectónico preferentemente usado por los egipcios fue el arquitrabado, pero también conocían el arco y la bóveda.

El Nilo determinó el “espacio existencial”. Hay una concepción dinámica de la existencia. El tráfico por el Nilo es la imagen también de lo sagrado, por eso los templos se conciben a lo largo de un eje. La liturgia es procesional: la barca sagrada. Pero debe asociarse al sol. El astro rey arroja sus rayos sobre la puerta de los templos, abriéndose paso en la aurora por los pilonos, que son como dos montañas sagradas. El arte egipcio mantiene unos caracteres muy precisos durante los tres milenios de su historia antigua.

Ya en la época prehistórica (antes del 3000 a.C.) se ofrecen las primeras manifestaciones arquitectónicas. Parece que entonces se erigieron los primitivos templos, al paso que aparece el tipo más rudimentario de tumba. Se trataba de unas construcciones a modo de cripta, hechas de barro prensado. Durante las épocas pretinita y tinita (hasta 2800 a.C.), adquiere ya el aspecto y la fisonomía característicos. Los monumentos se manifestarán bajo formas claras, puras, geométricas, con eliminación de curvas.

El Imperio Antiguo (2850-2052 a.C.) señala el primer periodo clásico de la arquitectura egipcia. Menfis es ahora la capital. Los monumentos principales son los enterramientos. El más antiguo tipo de sepultura es la mastaba, como la tumba del rey Menes. El interior de la mastaba se repartía en diferentes espacios. Primero había una capilla para las ofrendas, ya que deudos y amigos debían proveer a la alimentación del muerto en su peregrinación por ultratumba. El

cadáver quedaba encerrado en una cámara subterránea dentro del sarcófago. Se llegaba a esta cámara por un pozo que se cegaba una vez efectuado el sepelio. Otra cámara subterránea, el “ serdab ”, contenía pinturas, relieves y esculturas alusivas al muerto. Allí residía el doble del difunto, una imagen física de este, que, por el hecho de conservarse mejor que el cadáver, garantizaba la vida de ultratumba. En efecto, desaparecida la vida terrenal, las representaciones figurativas del muerto se convertían en el sustentáculo de su alma, incapaz de subsistir sin el apoyo del doble. Las mastabas nos muestran el tipo más corriente de sepultura durante la época menfita. Se agrupaban regularmente formando calles, constituyendo ciudades de muertos.

Pero por encima se erguía, dominadora, la tumba del soberano: la pirámide. Se trata del más soberbio monumento funerario que haya existido nunca. Con su sencillez constructiva, la pirámide posee una grandeza incomparable. Responde a un ideal religioso, y tiene un valor simbólico. Es, en efecto, el símbolo de Ra, el dios Sol, en su momento de esplendor diurno: las aristas de la pirámide son los rayos del astro divino que caen sobre la tierra. Las pirámides carecen de fachada, pues son edificios sin retorno ni puntos de referencia de ninguna clase. A la cámara del muerto se llegaba por un angosto corredor, que se cegaba después del entierro. Por doquier se colocaban falsas puertas para impedir el acceso y la violación de la cámara mortuoria. Dentro de la pirámide quedaban encerrados también muchos objetos que permitían la vida de ultratumba. Al pie de las principales pirámides solían colocarse templos de construcción sencilla. A veces el templo se distanciaba de la pirámide, comunicando con ella por medio de un pasillo.

Existen diferentes tipos de pirámides: de pendiente recta, de doble pendiente y de pendiente escalonada. En todo caso, la pirámide puede considerarse como derivada de la mastaba. Las tres pirámides más antiguas son las de Meidun, la del Rey Zoser en Sakara y la de Snefru en Dashour.

La pirámide de Sakara fue construida por Imhotep, sacerdote helioptiliano. Construida en piedra, algunas formas pregonan su origen lignario, proceso habitual en la evolución de la arquitectura. Esta tumba manifiesta la relación casa-tumba. En efecto, viene a ser una reproducción del palacio del rey Zoser en Menfis. Para evitar la violación existen numerosas puertas falsas. Adopta disposición escalonada, a base de seis cuerpos. Parece que ello se debe a un significado simbólico: la escalera que permitiera a Zoser escalar hasta Ra. Las cámaras funerarias se encuentran a una gran profundidad. Junto a la pirámide hay un templo, dependencia inexcusable en estos edificios, pues allí se iniciaban las ceremonias religiosas que terminaban con la colocación del cadáver en la cámara, todo rodeado del mayor misterio, para dificultar cualquier violación.

Pero las más famosas fueron levantadas en Gizeh y corresponden a los enterramientos de los grandes faraones de la IV Dinastía: Keops, Kefrén y Mikerinos. Basta decir que la pirámide de Keops mide 145 metros de altura. Las pirámides de Abusir, erigida por los faraones de la V Dinastía manifiestan ya la decadencia de tan grandiosos monumentos, y en lo sucesivo predomina otro tipo de tumba: el hipogeo, que se excava en los acantilados próximos al Nilo.

El Imperio Medio (2052-1570 a.C.) señala otro periodo de esplendor para la arquitectura egipcia. La capital reside en Tebas. La abundancia de restos arquitectónicos de esta época es abrumadora. La arquitectura templaria no es la más desarrollada. Quedan ruinas de los templos de Rennontet y de Heliópolis. Parece que ya por entonces se comenzaron a construir los pilonos. Con el obelisco del templo de Heliópolis queda ya definitivamente consagrado este elemento inseparable de la arquitectura templaria egipcia.

Los templos de Karnak y Luxor están consagrados al dios Sol, entonces llamado Amón. En el de Karnak se usan capiteles campaniformes abiertos hacia abajo. Medía 1400 metros de largo. En este templo, como el de Luxor, el orden primordialmente empleado es el papiriforme fasciculado. Estos templos fueron obra colectiva de varios faraones. Por su parte, Ramsés II construyó el Rameseum, donde se usaron pilastras decoradas con representaciones humanas de Osiris. También hizo construir en la Nubia dos speos. Son conocidos con los nombres de Grande y Pequeño Speo de Abusimbel. Interiormente se distribuyen del mismo modo que los grandes templos: un patio cerrado con pilastras, una sala hipóstila y el santuario. La parte delantera se decora con magna fachada, donde aparecen representaciones de Ramsés y su mujer.

El Gran Speo está dedicado a Ramsés II y el Pequeño a su mujer Nefertiti. Posee el primero una curiosidad particular, el 21 de febrero y el 19 de octubre, los días equinocciales, el primer rayo de sol franquea la puerta y va a iluminar por breves instantes las estatuas del faraón y el dios Ptah. El valor simbólico del Sol no puede ser más evidente.

Otro tipo arquitectónico que conocemos de este periodo es la casa. Hay numerosas ruinas de casas y palacios, encontradas especialmente en Tell el-Amarna. Los caracteres climáticos de la región influyeron decisivamente en su configuración. La elevada temperatura y el exceso de luz obligan a eliminar casi totalmente los huecos al exterior. La cubierta era plana, en forma de terraza.

A partir de la Dinastía XXI se inicia en el arte egipcio un lento apagamiento de energías. Como prueba de ello, el arte acepta el influjo extranjero, con pérdida del carácter nacional. Egipto cae bajo el poder de los monarcas etíopes. La restauración del poder nacional bajo los monarcas de la época saítica (663-332 a.C.), durante la cual Sais se erigió de capital, trajo más bien un esplendor escultórico. Todo lo contrario sucedió cuando Egipto cayó bajo el poder de griegos y romanos. Un gran hervor constructivo se extendió por todo el país. Lo que pierde en tamaño estos monumentos lo ganan en gracia y armonía.

La escultura

El gran desarrollo de la agricultura en las civilizaciones del Próximo Oriente determinó el mejoramiento de la vida y de todas las formas de expresión. En Egipto surge la reproducción de la imagen como un elemento de supervivencia. Esta es la explicación de las numerosas esculturas y pinturas que hay en templos y tumbas. La figura garantiza la inmortalidad del difunto. Esta necesidad de subvenir a la desaparición del cuerpo, apoyo del alma, modela las exigencias de la escultura y la pintura. Este es el fundamento de la Ley de Frontalidad y del predominio de la escultura de formas redondeadas. Los egipcios admiten la existencia del alma. Pero esta necesita del cuerpo. En todo ser hay una fuerza vital o Ka que mantiene al cuerpo. Ahora bien, la destrucción de este motiva la aniquilación del Ka y, por lo tanto, la anulación del alma. De ello proviene el afán de conservar el cuerpo por medio de prácticas de embalsamamiento, pues en Egipto persiste la creencia de que la representación del objeto motiva la existencia del sujeto.

Aparte de ello, las esculturas podían servir asimismo para la celebración de prácticas religiosas que el difunto requería en su peregrinación de ultratumba. La Ley de Frontalidad, que lleva a las esculturas de bulto completo a mantenerse rígidas, responde al deseo de evitar lo narrativo, que

indican transitoriedad. Persiste, por lo tanto, un deseo de detener o fijar el curso de la vida. Y el bulto evita toda clase de salientes por riesgo de roturas, ya que todo desperfecto afecta a la vida de ultratumba del difunto. Esto halla su mejor cumplimiento en la estatua-cubo.

Y otro tanto ocurre con los relieves y pinturas. Ciertas partes permanecen de perfil, pero otras se hallan de frente. Si la cabeza se halla de perfil, el que el ojo esté de frente significa que la mirada tiene un carácter importantísimo en el ser humano. Pero el que en un relieve se pongan las extremidades de perfil, el tronco de frente y las manos también de frente, es tanto como evitar igualmente peligro de rotura.

Aparecen ciertos rasgos de modernidad. Tal sucede con la simetría, la cual surge con propósito estético, por la necesidad de arbitrar una composición.