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article Gombrich, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Teoria de l'art, Profesor: Vicenç Furió, Carrera: Història de l'Art, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 26/06/2009

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E.H. GOMBRICH
TRIBUTOS, Versión cultural de nuestras tradiciones.
I.EN FOCO LAS ARTES Y LAS HUMANIDADES
Primer punto
Las humanidades representan la facultad de la memoria, la memoria de nuestra cultura.
Para el mundo antiguo humanitas significaba en general cualquier cosa que distinguiera al hombre
de la bestia.
Sería imposible aislar a nuestra cultura de las otras.
Si perdemos nuestra memoria perdemos la dimensión que da profundidad y substancia a nuestra
cultura.
Desearía ver una plena conciencia de esta memoria cultural cuando contemplo los poderosos
movimientos intelectuales que ofrecen explicar el funcionamiento de la cultura en función de
mecanismos económicos o psicológicos.
Segundo punto
Si nos rendimos por completo (a los que ofrecen explicar el funcionamiento de la cultura en función
de mecanismos económicos o psicológicos), podriamos contribuir a; la deshumanización de las
humanidades.
No debe asombrarnos que para el ojo critíco mucho de las humanidades (son) parezca
subjetividad sin freno y que se haya iniciado una búsqueda de criterios más objetivos.
Mi experiencia personal;
Mi maestro Julius von Schlosser me puso frente a una escultura atribuida a la Edad de las Tinieblas.
Después de leer las hipótesis rivales sobre el desarrollo estilístico de los siglos VII y VIII, admiré el
ingenio y erudición de mis mayores, que se habían convencido de saber qué tipo de arte venía de
Alejandría, de Antioquía, de Bizancio, Roma o Armenia, pero me preocuparon sus criterios de
prueba.
Me pregunté si lo que hacíamos no era más que un juego erudito de adivinanzas, sin premio para el
ganador.
Decidí retirarme a otro terreno.
Al elegir como tema a Giulio Romano, me enfrenté a una perplejidad similar. No hay un solo
documento que nos diga lo que hacía este joven de menos de 20 años en el atareado taller de
Rafael, pero esto no pareció impedir a famosas autoridades declarar exactamente cuál figura o
grupo en la obra de su maestro en realidad fue pintada por él y cuál por otros asistentes, también
identificados.
Carecía de entusiasmo para una actividad en la cual a menudo hay que compensar lo que falta de
pruebas con seguridad en uno mismo. La investigación me llevó a enterarme de lo que siempre debí
haber sabido: que no pueblan al pasado abstracciones, sino hombres y mujeres.
La iconología, el casar textos con imágenes, lo disfruté mucho, el ámbito que ofrece al subjetivismo
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E.H. GOMBRICH

TRIBUTOS, Versión cultural de nuestras tradiciones.

I.EN FOCO LAS ARTES Y LAS HUMANIDADES

Primer punto Las humanidades representan la facultad de la memoria, la memoria de nuestra cultura. Para el mundo antiguo humanitas significaba en general cualquier cosa que distinguiera al hombre de la bestia. Sería imposible aislar a nuestra cultura de las otras. Si perdemos nuestra memoria perdemos la dimensión que da profundidad y substancia a nuestra cultura.

Desearía ver una plena conciencia de esta memoria cultural cuando contemplo los poderosos movimientos intelectuales que ofrecen explicar el funcionamiento de la cultura en función de mecanismos económicos o psicológicos.

Segundo punto Si nos rendimos por completo (a los que ofrecen explicar el funcionamiento de la cultura en función de mecanismos económicos o psicológicos), podriamos contribuir a; la deshumanización de las humanidades.

No debe asombrarnos que para el ojo critíco mucho de las humanidades (son) parezca subjetividad sin freno y que se haya iniciado una búsqueda de criterios más objetivos.

Mi experiencia personal; Mi maestro Julius von Schlosser me puso frente a una escultura atribuida a la Edad de las Tinieblas. Después de leer las hipótesis rivales sobre el desarrollo estilístico de los siglos VII y VIII, admiré el ingenio y erudición de mis mayores, que se habían convencido de saber qué tipo de arte venía de Alejandría, de Antioquía, de Bizancio, Roma o Armenia, pero me preocuparon sus criterios de prueba. Me pregunté si lo que hacíamos no era más que un juego erudito de adivinanzas, sin premio para el ganador. Decidí retirarme a otro terreno. Al elegir como tema a Giulio Romano, me enfrenté a una perplejidad similar. No hay un solo documento que nos diga lo que hacía este joven de menos de 20 años en el atareado taller de Rafael, pero esto no pareció impedir a famosas autoridades declarar exactamente cuál figura o grupo en la obra de su maestro en realidad fue pintada por él y cuál por otros asistentes, también identificados.

Carecía de entusiasmo para una actividad en la cual a menudo hay que compensar lo que falta de pruebas con seguridad en uno mismo. La investigación me llevó a enterarme de lo que siempre debí haber sabido: que no pueblan al pasado abstracciones, sino hombres y mujeres.

La iconología, el casar textos con imágenes, lo disfruté mucho, el ámbito que ofrece al subjetivismo

desenfrenado, descubrí, pone en peligro nuestro contacto con las realidades históricas.

He aprendido la posibilidad de expresar toda hipótesis científica en forma de exclusión.

El tercer punto, tal importación de la ciencia, la busca de hallazgos objetivos, sólo puede ayudar al humanista en cierta medida. Es capaz y debe limitar el campo de lo puramente subjetivo, pero no puede ni debe eliminar la subjetividad como tal, pues dicha eliminación equivaldría a la deshumanización de la humanidades que ya mencioné.

Aun después de que los estadísticos realizen sus trucos de magia y nos dicen cuáles variables diferencian mejor entre obras, cuáles variables correlacionan más alto, cuáles más bajo y cuáles son más confiables, falta por hacer la crítica literaria en el sentido más estricto. Ésta puede correr menos peligro de caer en falacias impresionistas, pero en todo caso ha de estar todavía firmemente arraigada en nuestra sensibilidad de buenos lectores.

La subjetividad no quiere decir que todo sea aceptable.

Espero haber dado el primer paso al señalar las restricciones que ponen límites a nuestra imaginación.

Tal vez haya muchas cosas que saber sobre este o aquel poema, muchos datos que los eruditos pueden enseñarme y que ayudarían a evitar determinadas incomprensiones; pero, creo yo, una interpretación válida al mismo tiempo debe ser una interpretación de mis propios sentimientos cuando lo leo..

El estudioso empieza con los datos básicos, y trata de llenar cuidadosamente las áreas en blanco mediante conjeturas y suposiciones; mediante la imaginación controlada. La ciencia le es útil para determinar las pequeñas áreas de relativa certidumbre, por medio del carbono 14, la dendrología y cualquier otra magia que pueda aparecer. La libertad que puede y debe otorgar a su imaginación, creo yo, merece que la examinemos un poco más, pues yo sostendría que sin libertad no podemos continuar nuestros estudios en humanidades. Incluso al leer pruebas tenemos que movilizar nuestra mente.

Cuarto punto, que el humanista puede aprender al menos dos lecciones de las cotidianas frustraciones y ocasionales triunfos del traductor. La primera: es muy posible, y aun frecuente, que sepamos una expresión y no seamos capaces de enunciarla. La segunda lección se desprende de la primera; la importancia de que pongamos confines a nuestra interpretación. Lo que atormenta pero ayuda al traductor es saber bastante bien lo que una palabra no significa, y que la verdadera interpretación ha de buscarse entre los límites de estas negaciones. En este balance de optimismo y resignación el humanista no difiere del científico, quien también sabe que no existe una explicación suprema, pero cree poder progresar sugiriendo mejores soluciones. Dudar que pueden hacerse y que se han hecho progresos en las humanidades, significaría olvidar logros como el desciframiento de los jeroglifos o de la escritura cuneiforme, pero ningún estudioso de esos textos afirmaría que no falta nada por interpretar, que sabemos con exactitud cómo entendía un egipcio las diversas oraciones y sortilegios que hacía grabar en su