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El marco metodológico para la intervención en proyectos de Desarrollo Cultural Comunitario (DCC), incluyendo las fases de diagnóstico, conciencia colectiva, objetivos, planificación, desarrollo y evaluación. Se abordan temas como la cultura como agente de cambio social, la participación, la ciudadanía y el acompañamiento.
Tipo: Apuntes
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Arte, Individuo y Sociedad 2013, 25 (1), 95- 95 ISSN: 1131- http://dx.doi.org/10.5209/rev_ARIS.2013.v25.n1.
ascensIón moreno gonzález Universidad de Barcelona. [email protected] Recibido: 3 de enero de 2012 Aprobado: 14 de marzo de 2012 Resumen El trabajo comunitario tiene una larga tradición en España, aunque la denominación Desarrollo Cultural Comunitario (DCC) es mucho más reciente. En éste artículo, defendemos ésta designación; revisamos sus antecedentes, remontándonos a los años posteriores a la II Guerra Mundial y vemos cómo ha evolucionado hasta llegar a nuestros días. Nos detenemos en las políticas culturales, el concepto de ciudadanía y los modelos de sociedad de acogida; abordamos el reto de la participación, fundamental en los procesos de trabajo comunitario; tratamos el papel de la cultura y de la creatividad en los procesos de trabajo comunitario y vemos cuál ha sido la aportación de los artistas. Por último trazamos las líneas de lo que sería el marco metodológico de intervención en proyectos DCC y exponemos las fases de desarro- llo de los proyectos: diagnóstico, desarrollar la toma de conciencia de la dimensión colectiva, concretar cooperativamente los objetivos de cada fase del proyecto, planificación de la intervención, desarrollo del proyecto, y por último la evaluación. Palabras clave: Trabajo comunitario, cultura, participación, transformación social. Moreno González, A. (2013): La Cultura como Agente de Cambio Social en el Desarrollo Comunitario. Arte, Individuo y Sociedad , 25(1) 95- Abstract Community work has a long tradition in Spain, although the term Community Cultural Development (CCD) is much more recent. In this article we advocate the use of the term, we review the history of the practice, going back to the years after World War II, and we see how it has become what it is today. We take a look at cultural policy, the concept of citizenship and host society models; we address the challenge of participation, fundamental in processes of community work; we discuss the role of culture and creativity in the process of community work and we look at the contribution of artists. Finally we give an outline of a possible methodological framework for CCD intervention projects and set out the phases for project development: diagnosis, raising awareness of the collective aspect, group participation in setting the objectives of each phase of the project, planning, execution, and finally evaluation. Key Words: Community work, culture, participation, social transformation. Moreno González, A.(2013): Culture as Agent of Social Change in Community Development. Arte, Individuo y Sociedad , 25(1) 95-
96 Arte, Individuo y Sociedad Sumario: 1. Cuestiones terminológicas, 2. Antecedentes del DCC, 3. Las políticas culturales, 4. La participación, 5. El papel de la cultura y la creatividad, 6.Aportación de los artistas al DCC, 7. Marco metodológico, 8. Fases del desarrollo de proyectos DCC, 9.Conclusiones. Referencias.
1. Cuestiones Terminológicas En relación a la intervención socioeducativa desde una perspectiva comunitaria, nos encontramos con diferentes conceptos: Trabajo Comunitario, Participación Comunitaria, Desarrollo Comunitario, Desarrollo Cultural Comunitario (DCC)… Todos ellos plantean el trabajo con las personas que viven en una comunidad para promover una transformación social. Personalmente me decanto por la denominación DCC, ya que pone el acento en la cultura, a diferencia de otras denominaciones. Entendemos por transformación social la eliminación de los mecanismos que provocan marginación y exclusión social de las personas que viven en un territorio, promoviendo la inclusión y el desarrollo individual, grupal y comunitario. Por lo tanto estamos hablando de dos elementos fundamentales: las personas y el territorio. Un barrio es, además de un espacio geográfico, la suma de personas que viven en él. El DCC reconoce a los miembros de la comunidad la capacidad de ser sujeto y protagonista de las acciones que se van a desarrollar en su espacio, y que comparten el objetivo de mejorar sus condiciones de vida, tanto de forma individual como colectivamente. Planteábamos que de las diferentes denominaciones que suelen utilizarse nos inclinamos por el Desarrollo Cultural Comunitario. A continuación nos detendremos brevemente en cada uno de los conceptos de ésta denominación: Desarrollo: Nos remite a la imagen de crecimiento, de cambio, conecta con la idea de proceso y progreso. El desarrollo no es algo puntual, que sucede en un momento concreto y acaba, sino que ocurre con el transcurso del tiempo. Cultural: Comparto la concepción de la UNESCO, que adopta la postura de Tylor (1872): el conjunto complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualquier otra capacidad o habito adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad. (TYLOR,1977; 29). No nos referimos por tanto a lo que se ha llamado “alta cultura”, sino a nuestros conocimientos, credos, producciones e incluso nuestra manera de entender el y de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Comunitario: Hace referencia al grupo de personas que viven en un mismo territorio, siendo necesaria la existencia de interrelación entre personas y barrio. No es suficiente con vivir en una determinada zona sin tener ningún tipo de interacción con la misma. La comunidad no viene dada ni existe de la misma manera para siempre, sino que se está construyendo y reconstruyendo constantemente. Aparece por tanto nuevamente el concepto de proceso, de cambio, huyendo de planteamientos inmovilistas o estereotipados. Por otra parte sus miembros tienen conciencia de integrarla y esa pertenencia participa de la identidad colectiva.
98 Arte, Individuo y Sociedad se extendería la animación sociocultural como una forma de intervención social que pretendía el desarrollo de las comunidades para paliar la marginación social. A principios del siglo XXI empezó a extenderse la denominación DCC, especialmente en Cataluña, recogiendo así la tradición australiana (Community Cultural Development): CCD (en castellano DCC) es un término que se usa para describer la filosofía, las prácticas , las intenciones y los resultados de la comunidad basados en las prácticas culturales y artísticas of community-based cultural and artistic practices. Es a través de las cosas que hacemos juntos como grupos y comunidades adquieren un sentido de identidad colectiva, un sentido de lugar y un sentido de pertenencia. El arte comunitario puede ser una práctica cultural, es decir, utilizado para la acción cultural o las obras de construcción de la comunidad; y los artistas profesionales pueden ser trabajadores de la cultura, es decir artistas que trabajen dentro de una comunidad mediante el uso de las artes para poner de relieve las cuestiones que son relevantes para este grupo. (http://www.ccd.net/ -recuperado 07/03/2011- traducción de la autora) El ayuntamiento de Granollers, una ciudad cercana a Barcelona, ha liderado este trabajo y la denominación DCC. En las I Jornadas de DCC desarrolladas en Granollers en el año 2005, se definía el DCC como: el conjunto de iniciativas llevadas a cabo a partir de la colaboración entre artistas y comunidades locales con el objetivo de expresar, a través del arte, identidades, preocupaciones e ideas, mientras se construyen capacidades culturales y se contribuye al cambio social. (Nota de Premsa: Desarrollo Comunitario: El Arte como herramienta para la transformación social. 25 mayo 2005. http://e-barcelona.org/index.php?name=News&file=article&sid=6419)
3. Las Políticas Culturales Cuando nos referimos a Políticas Culturales podemos hacer referencia a distintos marcos normativos y legislativos con diferentes niveles de concreción, que irían desde los más amplios, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la planificación de acciones concretas en los barrios, pasando por los acuerdos de la Unión Europea, la Constitución, las leyes y las políticas estatales, las autonómicas, y, finalmente, las líneas de actuación municipales, que incluso se desarrollan concretamente en los centros culturales municipales de barrio. Las políticas culturales se han ido transformando con el paso del tiempo, a la vez que ha ido evolucionando el mismo concepto de cultura. Además de las letras, las artes plásticas, la danza, el teatro y la música, hoy en día entendemos que abarca también los modos de vida, las tradiciones, las creencias, la forma de relacionarse las personas, los hábitos, la gastronomía, las fiestas populares, la indumentaria, los valores compartidos… La llegada masiva de población inmigrada a territorio español a principios del siglo XXI, ha comportado necesariamente la incorporación del concepto “diversidad cultural” y un replanteamiento de la cultura, entendida como un proceso de intercambio, de enriquecimiento y de crecimiento mutuo, de “diálogo cultural”. Si nos detenemos en un territorio concreto, podemos definir la política cultural como un conjunto de acciones y de prácticas sociales que se desarrollan de forma
Arte, Individuo y Sociedad 99 estructurada por los organismos públicos y otros agentes sociales y culturales, en relación a la cultura, entendiendo ésta tanto de forma amplia (imaginario simbólico de los diferentes grupos que viven en un territorio) como concreta (actividades culturales y artísticas). Los proyectos DCC pueden ser impulsados por las administraciones, desde el tejido asociativo de los barrios o partir de la iniciativa de personas concretas. El alcance de los mismos también varía, abarcando la dimensión global de un territorio o de zonas más pequeñas y concretas. Por ejemplo el modelo DCC puede formar parte del programa municipal de un municipio e implicar a todas las áreas municipales, que pueden constituirse en el motor inicial del proyecto. En este caso la decisión será del grupo de gobierno municipal. Pero la iniciativa también puede partir de una persona o un grupo (artistas, educadores, asociaciones…), igualmente puede tratarse de un proyecto a nivel de ciudad, o implicar únicamente a una zona o zonas concretas de un barrio. Estamos viendo como este tipo de proyectos se desarrollan especialmente en territorios de especial vulnerabilidad social. El DCC permite visibilizar situaciones personales y colectivas que de otra manera quedarían ocultas. Sabemos que el primer paso para la superación de las dificultades, tanto a nivel personal como colectivo, es el reconocimiento de las mismas. El desarrollo no puede llevarse a acabo desde el silenciamiento de las problemáticas sociales. El reconocimiento de situaciones problemáticas individuales y colectivas, muchas veces estigmatizados, dándoles un lugar visible constituye el primer escalón para posibilitar la transformación. Las nociones de diversidad y valores compartidos han de estar siempre presentes. La acción comunitaria permite a las sociedades democráticas construir ciudadanía y es a su vez un motor para la transformación de las comunidades en espacios más inclusivos. Y el DCC, donde están presentes las nociones de diversidad y diferencia, es una forma de democracia, ya que implica a los habitantes de un territorio, favoreciendo su expresión cultural, las relaciones interculturales y promoviendo la cohesión social. A principios del siglo XXI España pasó de ser un país de emigrantes a ser un país de acogida y esta circunstancia planteó la necesidad de definir cuál sería la dirección que tomarían las políticas públicas en la planificación cultual. De los tres modelos básicos de sociedad de acogida España hizo una apuesta por el intercultural. El tipo asimilacionista ha sido cuestionado por etnocéntrico (Serrano, 2011) es el que impera por ejemplo en Francia y se basa en que cualquier ciudadano que viva y trabaje en ese pais es considerado francés, siempre y cuando abandone sus prácticas culturales propias y adopte las francesas (lengua, manifestaciones culturales, indumentaria, prácticas religiosas…). La asimilación supone la adaptación de los inmigrantes a la sociedad receptora asumiendo su cultura. El modelo multicultural, que impera en Inglaterra, los países bajos, Suecia y Alemania, se ha tildado de atomizar la sociedad, manteniendo separadas innecesariamente a las distintas comunidades y de mantener una tolerancia pasiva en la que no existe intercambio cultural. En ideal intercultural no existe una cultura que predomine sobre el resto, es decir, no prevalece la cultura de la sociedad de origen sobre las culturas de personas que
Arte, Individuo y Sociedad 101 por las leyes de extranjería. Para el DCC todas las personas que viven en un territorio tienen el mismo reconocimiento y los mismos derechos y, obviamente, cuando planteamos que su objetivo último es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de un territorio, es sin excepción. La ciudadanía y las asociaciones vecinales viven el día a día de las comunidades y por lo tanto tienen un conocimiento directo de cómo es la vida en el barrio y qué problemas tiene. Además los vecinos tienen derecho a participar en la toma de decisiones que afecta a su vida cotidiana y a su entorno inmediato. Los diferentes profesionales que trabajan en la comunidad poseen otro conocimiento sobre esa misma realidad, seguramente algo más distante y con una mirada mediatizada por sus conocimientos técnicos y por el encargo de las instituciones para las que trabajan. Pero su aportación es igualmente necesaria e importante, puesto que son los representantes de la administración en el territorio. Por último los representantes políticos tendrán una visión mucho más amplia. Cada uno construye su propio mapa sobre cómo es ese territorio, qué problemas tiene, cuáles son sus necesidades y hacia dónde puede o debe caminar la comunidad para mejorar la vida de sus habitantes. Conjuntamente se puede trabajar hacia el consenso desde la implicación, de forma horizontal, de todos los agentes presentes en la comunidad, valorando las posibilidades reales de cambio y aunando esfuerzos y recursos. Es necesario que la participación sea contemplada en todo el proceso y no que sea algo que se “permite” en algunos momentos. El trabajo en grupo no es sencillo. Sabemos que los grupos pasan por fases y que algunos momentos son difíciles (López Yarto, 1997) pero superada la fase de conflicto y trabajando desde la colaboración, la cooperación y la negociación, desde un modelo de funcionamiento grupal democrático, se podrá avanzar hacia la ejecución de los objetivos previstos. Queremos señalar aquí un concepto fundamental para los profesionales que intervienen tanto en proyectos DCC como en general en proyectos educativos: el acompañamiento (Lletjos, 2003; Mañós y Lorente, 2003; Planella, 2008). No se trata de dirigir si no de trabajar conjuntamente permitiendo que el grupo avance según su propio ritmo y según el grado de implicación que desee. Sin participación no tenemos proyecto DCC, por tanto cuando los profesionales nos planteamos un proyecto de este tipo, pretendemos implicar al máximo a la comunidad, pero hemos de ser conscientes de que es prácticamente imposible la participación de todos los vecinos y con la misma intensidad. Es importante generar estructuras abiertas y flexibles que permitan la incorporación de personas durante todo el proceso y que éstas puedan incorporarse, según su disponibilidad de tiempo, sus intereses, sus capacidades o sus deseos.
5. El Papel de la Cultura y la Creatividad No descarto la posibilidad del trabajo comunitario desde perspectivas distintas a la cultural, como pueden ser la sanitaria, la rural o de otros tipos, pero nos detenemos especialmente en la dimensión cultural del trabajo comunitario, ya que es la perspectiva en la que nos hemos centrado en este artículo. Ricart y Saurí definen los proyectos artísticos de intervención comunitaria como: el conjunto de propuestas
102 Arte, Individuo y Sociedad que se plantean la construcción, el fortalecimiento y el empoderamiento, tanto de las personas participantes en el proceso, como de las relaciones que se establecen entre ellas y en las que se utiliza la creatividad como una herramienta metodológica y educativa. La puesta en práctica de proyectos artísticos comunitarios comporta la realización de propuestas participativas que, basadas en la creatividad, fomentan las relaciones entre las personas y contribuyen a construir marcos de interacción que revierten en los participantes y en la comunidad en la que viven. –Traducción de la autora- (2009, 13) Ricart y Saurí se decantan por la denominación “proyectos artísticos de intervención comunitaria” y no por “desarrollo cultural comunitario”, pero podemos observar que comparten la misma concepción. Nos hablan de la comunidad, por tanto recogen el componente territorial; del trabajo con las personas que viven en esa comunidad con el objetivo de fortalecer las relaciones entre las personas; del empoderamiento de las mismas a través del desarrollo de los proyectos; de participación; del trabajo a partir de proyectos basados en la creatividad; y a la vez podemos inferir el objetivo de la transformación o el cambio que plantea explícitamente el DCC. Las actividades culturales son el eje y el elemento clave del DCC, entendiendo la cultura en sentido amplio tal y como planteábamos al inicio del artículo, puesto que facilitan el enriquecimiento personal de las personas participantes, a la vez que el conocimiento de otros individuos que pueden ser de edades, procedencias y características distintas a las propias, y tienen un impacto directo sobre la cohesión social, reforzando las identidades colectivas, los valores compartidos y promoviendo la inclusión social. Por otra parte, la actividad cultural revaloriza las clases no productivas y da sentido a la vida de muchas personas que de no ser por ellas, quedarían excluidas socialmente, con todos los problemas que ello genera (aislamiento social, deficiente calidad de vida, problemas de salud psíquica y física, mayor dependencia, etc.). La participación en estos proyectos desarrolla competencias sociales, comunicativas y relacionales. Para el desarrollo comunitario el trabajo a partir de la cultura es fundamental. La UNESCO, en 1982, declaró: La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden. No estamos por lo tanto hablando de lo que se ha llamado alta cultura. Escapamos de la noción de la cultura como algo elitista, que se constituye en un bien de consumo y que promueve una mirada jerárquica que valora las producciones “expertas”. Entendemos la cultura como la forma en la que comprendemos el mundo y todo aquello que producimos. Según la Convención de la UNESCO de 2003, el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) se manifiesta en las tradiciones y expresiones orales, incluidos el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; las artes del espectáculo (como la música tradicional, la danza y el teatro); los objetos, artefactos y espacios culturales; los usos sociales, rituales y actos festivos; y los conocimientos
104 Arte, Individuo y Sociedad desarrollemos ciertas posibilidades depende de que nuestro entorno y las personas con las que nos relacionamos nos apoyen en ese sentido, por tanto, tener una identidad depende de que el contexto nos lo permita. El “yo” no es por tanto algo esencial si no relacional y contextual. Vivimos en un mundo cambiante, globalizado, donde más que nunca se hace necesario abandonar concepciones estáticas de la identidad y de la cultura, para adoptar otros paradigmas dinámicos, donde los procesos de aprendizaje se extienden mucho más allá de las aulas y se dilatan a lo largo de la vida, tal y como defiende la Carta de Ciudades Educadoras (Barcelona, 1990).
6. Aportación de los Artistas al DCC Después de la Segunda Mundial y especialmente a partir de los años 60 empiezan a aparecer propuestas artísticas donde el compromiso social y político está presente. Algunos artistas cuestionan de forma clara el sistema del arte (arte, establecimientos museísticos, mercado, academia, producciones artísticas…) y proponen acciones o producciones artísticas con una clara voluntad de denuncia social, de transformación, es lo que se ha llamado Arte Activista. En esos momentos los artistas seguían presentando una obra o una acción propia, aunque el contenido fuera de denuncia social. Más adelante veremos que la implicación del artista cambia en muchos casos, y especialmente durante los años 80, cuando observamos como éstos pasan de desarrollar sus obras artísticas en comunidades a implicarse en el despliegue de proyectos con la comunidad y desde ésta. Los artistas que participan en el desarrollo de proyectos DCC ponen sus conocimientos tanto sobre los procesos creativos como sobre técnicas y procedimientos al servicio del proyecto. La creatividad tiene un papel fundamental durante todo el proceso. El artista deja de ser un genio creador encerrado en su taller pintando o esculpiendo y pasa a ser un trabajador cultural que colabora con el resto de miembros de la comunidad y de participantes en los proyectos
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7. Marco Metodológico Principios metodológicos básicos de la metodología DCC Objetivo : transformación social, desarrollo y mejora de la calidad de vida de las personas de una comunidad. Territorialidad: abarca a las personas que viven en un territorio. No se trata por tanto de otras “comunidades” como por ejemplo las que congregan a grupos religiosos, de diversas orientaciones sexuales, o grupos étnicos. “Desde” la comunidad : es una acción sobre la comunidad si no que es “desde” la misma comunidad. Diagnóstico compartido : un proyecto DCC parte del diagnóstico realizado por la misma comunidad, por lo tanto de las necesidades que desde ella se detectan, no del que realizan expertos externos a la comunidad. Participación : intervienen el máximo de agentes de la comunidad, tanto profesiones de las diferentes áreas de las administraciones, como representantes del tejido asociativo, como entidades, centros educativos, servicios de todas las áreas y ciudadanos. Horizontalidad : no existe una estructura jerárquica piramidal. La organización es horizontal y las decisiones se toman democráticamente. Cooperación y trabajo en red : no tienen sentido las acciones individuales ni sectoriales, sino el trabajo cooperativo conjunto por parte de todos los participantes. Trabajo interdisciplinario : en el que cooperan expertos de diversas áreas con la ciudadanía. Genera estrategias de “empoderamiento” : capacita a los individuos de la comunidad para que no dependan de la acción de los profesionales y puedan funcionar de forma autónoma y a su vez implicar a otros ciudadanos en el desarrollo de proyectos, generando así un efecto multiplicador. Proceso : incorpora la idea de que lo más importante no es el resultado de determinadas acciones, sino el mismo proceso de desarrollo de los proyectos. Continuidad: no se trata de intervenciones concretas y puntuarles. Los proyectos se pueden ir modificando, pero para que generen una verdadera transformación en la comunidad han de tener continuidad en el tiempo. Dimensión cultural: pone el acento en el desarrollo de proyectos culturales. Incidencia en el espacio público: los proyectos se desarrollan en el territorio que comparte la comunidad.
Arte, Individuo y Sociedad 107 Las relaciones interpersonales entre personas de diferentes procedencias culturales promueven por otra parte el conocimiento del otro, evitando que se desarrollen actitudes xenófobas y productoras de fractura social. Por el contrario mejora la convivencia intercultural y la cohesión social. Un proyecto DCC no puede hacerse sin que los ciudadanos que viven en un mismo territorio sientan que forman parte de él, y que el hecho de vivir en ese barrio forma parte de alguna manera de su identidad. Es necesario explicitar los aspectos que construyen esa identidad colectiva a partir de un proceso de reflexión y debate. En este proceso resulta interesante plantear los aspectos históricos de la comunidad, la situación actual y cuales son las metas que se quieren conseguir. Resultan de especial interés los documentos visuales que puedan recopilarse y los relatos de las personas de la comunidad. Partiendo de este material cabe plantearse como se construye la historia colectiva y qué se hace con la misma. Se han realizado múltiples experiencias en esta línea, a partir de fotografías, de reportajes, de relatos narrados, en forma de talleres donde artistas y educadores han tenido un papel importante. En esta fase es también importante la máxima participación y se deben concretar estrategias concretas para conseguir la implicación del máximo de ciudadanos y agentes de la comunidad, ya que cada uno aportará una mirada distinta y a la vez complementaria que conseguirá ofrecer una visión amplia y global del territorio. 8.4 Desarrollo del proyecto Los dos objetivos anteriores, es decir, la capacitación y el empoderamiento de la comunidad por una parte, y el desarrollo de la toma de conciencia de la dimensión colectiva por otra, son objetivos comunes de todos los proyectos DCC, y forman parte de la esencia misma del proyecto. Además de estos dos, cada comunidad irá concretando cuales son sus objetivos en cada momento o fase del proyecto de forma participativa, cooperativamente y desde la horizontalidad. Los diferentes participantes en el proyecto han de tener la misma posibilidad de aportar ideas, de establecer cuáles son las prioridades en cada momento y cuáles son las metas, tanto a corto como a largo plazo. 8.5 Planificación de la Intervención Uno de los aspectos fundamentales en la planificación de la intervención es, como planteábamos anteriormente, la participación. La participación es a la vez uno de los ejes fundamentales de la intervención comunitaria y a la vez una de las máximas preocupaciones, ya que sin la participación de la ciudadanía no podemos desarrollar un proyecto DCC. La participación no significa en ningún caso la intervención de las personas de una comunidad como espectadoras de determinadas actividades o muestras que se puedan organizar en un determinado barrio. Se trata de la implicación de la ciudadanía en todo el proceso, de que ésta se involucre en el diagnóstico inicial, en el establecimiento de los objetivos, en la fase de planificación de la intervención, durante el desarrollo del proyecto y por último en la evaluación del mismo.
108 Arte, Individuo y Sociedad Éste planteamiento implica que las personas que viven en el territorio donde se desarrolla el proyecto son las principales protagonistas del mismo y que todo el proceso DCC se despliega en un marco de relaciones horizontales donde la toma de decisiones y la gestión es compartida por todos los participantes. El diálogo y la interrelación son los pilares que sustentan toda la intervención. El proyecto DCC es mucho más que el desarrollo de unas acciones determinadas, más o menos bien planificadas; se trata de adoptar esta metodología como una manera de hacer y una forma de funcionar que guiará todas las acciones que se planifiquen y desarrollen en un determinado territorio. 8.6 Desarrollo del Proyecto Quiero insistir de nuevo en la necesidad de que los roles de las personas de la comunidad sean dinámicos. Es de especial importancia que se establezca un funcionamiento cooperativo y de ayuda donde no sean los profesionales quienes coordinan en todo momento las intervenciones y quienes determinan qué hay que hacer y cómo. Los objetivos del proyecto se habrán establecido previamente de forma participativa. Ahora, cuando se trata de intervenir, de llevar a cabo las acciones necesarias para la consecución de los mismos, se hará de la misma forma. 8.7 Evaluación La evaluación es un medio para mejorar sistemáticamente el proceso del proyecto DCC, para actualizar el diagnóstico de necesidades, ajustar objetivos, concretar metodologías y actuaciones concretas, para hacer un uso más adecuado de los recursos disponibles, tanto materiales como humanos y para cambiar todo aquello que resulte necesario. Según Rivieras (2003) y Perez Serrano (2002) en el proceso de evaluación deberíamos tener en cuenta los siguientes aspectos: •¿Quién debe evaluar? En este punto nos parece importante señalar que independientemente de que se realicen evaluaciones externas, si es que en algún momento se plantea, es fundamental la autoevaluación del proyecto desde dentro, desde los mismos participantes, de forma que no sean los profesionales o las instituciones quienes lo realicen, si no que la evaluación sea participativa, abierta y democrática. •¿Cuál ha de ser el objeto de la evaluación? Consideramos necesario evaluar las diferentes partes del proyecto, el diagnóstico, los objetivos, la metodología, las actividades, los recursos, etc., de forma que podamos identificar los elementos que dificultan o inhiben la buena marcha del plan de cara a ajustar y rediseñar los aspectos necesarios. •¿Para qué la evaluación? Para conocer cómo se está desarrollando nuestro proyecto, para poder regular los recursos y las actuaciones, para introducir modificaciones en los procesos; para poseer un conocimiento transversal en cada uno de los apartados del proyecto así como longitudinal, que nos aporte
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