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Tipo: Diapositivas
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SEMANA 3 y 4 EL CONOCIMIENTO Francisco Miro Quezada ASPECTOS GENERALES DEL CONOCIMIENTO Básicamente y como acto psíquico, el conocimiento está en relación con los objetos, pero no con todos sino con algunos. El conocimiento exige como condición que un objeto para que sea materia de su intencionalidad debe poseer realidad, existencia - como cosa, hecho, proceso. Lo irreal, lo imaginario por sus propiedades no puede ser materia de captación o aprehensión, es decir, no es cognoscible- sólo es experimentable como vivencia psíquica. El conocimiento puede concebirse como actividad y como producto. Como actividad el conocimiento es una producción del sujeto por la que el objeto queda reflejado en su mente. Forman parte de la estructura del sujeto las actividades cognoscitivas como: la percepción, la memoria, la imaginación, la intuición, el pensamiento. Por su forma, el conocimiento es subjetivo porque en virtud de su carácter activo el sujeto se proyecta sobre el objeto para desarrollar un proceso de aprehensión o apropiación de las propiedades del objeto. Las actividades cognoscitivas mencionadas expresan las distintas maneras como el sujeto aborda el objeto para reflejar en diversos grados sus propiedades y relaciones. Por su contenido el conocimiento es objetivo, es decir, es el reflejo de los objetos en sus propiedades esenciales. Como producto el conocimiento es el resultado del acto de conocer; el objeto se convierte en ese contenido significativo gracias a la operación mental del conocer. A través de este proceso de transformación mental los objetos se convierten en imágenes, representaciones y conceptos revelando distintas facetas de la estructura del objeto. En este sentido como contenido significativo el conocimiento trasciende la esfera psicológica para constituirse un reflejo generalizado de carácter lógico sustentado en el lenguaje. La captación es de naturaleza intelectual, mientras que su desarrollo se produce a través del proceso lingüístico. Por su parte, el objeto expresa la realidad circundante sobre el cual gira el desarrollo de las capacidades cognoscitivas formando parte de las respuestas vitales que despliega el hombre para satisfacer sus necesidades. Es necesario puntualizar que referirse al objeto es referirse a su significación filosófica, es decir, como ente, como cosa, como objeto en general en la que se incluye dentro de la noción de ente a objetos materiales, como célula, libro, carpeta, cuerpo u organismo, astro, planeta, estrella, artefacto y objetos ideales como números, líneas, mapas, proposiciones, conjuntos.
El objeto como marco de referencia del conocer supone, pues, su realidad, su existencia como hecho concreto, condicionado en el tiempo y en el espacio; como consistencia, como permanencia que hace posible que el sujeto pueda lograr un nivel de rigurosidad y profundidad en su aprehensión y fundar conocimientos verdaderos, universales y necesarios. Los elementos estructurales del conocimiento que pueden determinarse son el sujeto y el objeto. El sujeto cognoscente y el objeto cognoscido. El sujeto es el conoce y desarrolla el proceso de aprehensión o apropiación de las propiedades del objeto para producir su imagen y concepto. El objeto que es conocido, captado y transferido mentalmente, cuyas condiciones fundamentales son la consistencia y la permanencia como rasgos de su realidad o facticidad. Sea, por ejemplo, el enunciado legal siguiente: “Para todo x, si x es un pedazo de metal que se calienta, entonces x se dilata”. Este enunciado supone la existencia de objetos materiales —pedazos de metal—; de un sujeto que establece la relación calentamiento- dilatación y la mide; y la necesidad de la estructura o sistema de los números y de una métrica especial, sin las cuales no sería posible el establecimiento de la relación esencial que existe entre dos variables expresadas en el enunciado que tiene el carácter de ley científica. Desde el punto de vista del análisis e interpretación del conocimiento, una observación rigurosa nos permite puntualizar que la relación de sujeto y objeto implica un conjunto de consecuencias de carácter complejo que ha dado lugar a la formulación de doctrinas, teorías y escuelas a través de la historia de la filosofía acerca de su origen posibilidades y criterios de validez. Lo evidente es que el conocimiento se presenta como una relación entre estos dos elementos que permanecen enteramente separados el uno del otro. Por otro lado, se trata de una correlación en el sentido que ambos son lo que son para el otro. Esta correlación no es reversible lo que significa que el sujeto es algo completamente diferente del objeto y esta diferencia está marcada por la función que cumplen en el proceso del conocimiento; la función del sujeto es aprehender el objeto y la función del objeto es ser aprehensible y aprendido por el sujeto. Frente al objeto el hombre puede adoptar diferentes actitudes en virtud de su complejidad. Frente a los objetos o situaciones objetivas adoptamos una actitud empírica, espontánea, ordinaria, y una actitud crítica, causal y sistemática. En cada una de estas actitudes el hombre asume un modo de aprehender las propiedades y relaciones de los objetos. Con la palabra conocimiento designamos un acto de aprehensión o captación de propiedades de los objetos a través de imágenes, representaciones y conceptos.
admiración hacia la naturaleza. En el conocimiento, el hombre busca un bien, un valor o la satisfacción de sus necesidades que pueden ser materiales, sociales, económicas, psicológicas, religiosas, culturales o políticas. En última instancia, el conocimiento busca relacionarnos con la realidad para comprenderla, darle un sentido y significado y, además, debe proyectarnos a su transformación. LAS FORMAS DEL CONOCIMIENTO Como se recordará, cuando definimos al conocimiento en los términos de un acto o proceso en el que un sujeto “cognoscente” aprende las propiedades de un ente dado, dijimos que la “puesta en ejercicio’ correspondiente es de características o expresiones “lingüísticas’ y “operativas”. Debemos aclarar esa dualidad de manifestaciones del conocimiento, pues ello es útil para esta subsección. Para decirlo de modo que nos parezca sencillo, hay que recordar que cuando decimos que conocemos o sabemos algo por lo común demostramos dicho conocimiento ya sea hablando, o dando muestras del mismo mediante alguna realización apropiada. Por ejemplo, si decimos que sabemos cuáles fueron las causas propiciadoras de la guerra con Chile, demostramos el conocimiento que decimos tener enunciando tales causas. Por otro lado, si, por ejemplo, decimos que sabemos cómo resolver una ecuación de segundo grado, tenemos que demostrar este conocimiento que decimos tener procediendo a realizar todo el número de pasos eficaces para el hallazgo de la solución. Con estas dos clases de expresión o manifestación del conocimiento tendríamos ejemplificada la dualidad antes aludida: “saber acerca de”, por un lado, y “saber cómo hacer”, por otro. Existen, por supuesto, otros casos que así pueden ilustrar también esta dualidad de manifestaciones del conocimiento. En cuanto al “saber acerca de”, se trata, pues, del conocimiento en su expresión lingüística. Por su parte, el “saber hacer” constituye la expresión operativa del conocer. Ahora bien, para el análisis gnoseológico de las formas de un conocimiento es pertinente la manifestación “lingüística”, pues es mediante esta que se expresan las propiedades a un ente dado. Dicho de otro modo, la “verdad” se define comúnmente como un atributo de las proposiciones, y éstas, en fin, de cuentas, se expresa a través de códigos lingüísticos. Sobre la base de estas consideraciones, procederemos a dar una clasificación establecida de dos formas “principales” del conocimiento: a) El conocimiento empírico; y b) El conocimiento conceptual.
Como ha quedado dicho, pues, estas dos formas están vinculadas al conocimiento como “saber acerca de”. Es decir, a los aspectos “lingüísticos” de la expresión del conocimiento. Tal como hemos hecho en las consideraciones de definición previas en esta vez trataremos por separado estas formas, aunque cabe advertir que éstas se hallan trabadas entre sí y sólo las diferencia la clase de ente de que se ocupa. Por consiguiente, tenemos: a) CONOCIMIENTO EMPIRICO: Como aquel que está referido a hechos, sucesos, estados de cosas y fenómenos que se dan en el mundo real. Precisamente, el término empírico proviene de una voz griega que es empirikós, que designa a lo que procede de la experiencia sensible. No debe entenderse, pues, de acuerdo al uso corriente de esta expresión, que, comúnmente, se asigna a aquellos casos relacionados con la “práctica” de alguna actividad, por ejemplo, cuando se dice de alguien que es “un empírico” en comparación a otro que es un “técnico” en una especialidad cualquiera. El conocimiento empírico, en el sentido filosófico de esta palabra, es así el conocimiento de hechos recogidos a través de la “experiencia sensible”. Se adquiere, por tanto, mediante el contacto de nuestros sentidos con los objetos, hechos y acontecimientos de la realidad que nos rodea. Las propiedades de estos objetos, hechos y acontecimientos de nuestro entorno son mostradas al sujeto que las capta sensorialmente. Este es el “sujeto cognoscente” convertido ahora en observador. Sin embargo, y aunque pareciese, el conocimiento empírico, como captación de propiedades de hechos observados, puede ser de dos tipos y por tanto no se limita a lo que podamos “ver”. Si fuera así, por ejemplo, no sería posible el estudio microfísico, es decir, el de las partículas atómicas; y tampoco lo sería el estudio de la estructura y funcionamiento de las células. Los dos tipos de conocimiento empírico son: a) conocimiento empírico directo ; y b) conocimiento empírico indirecto. El conocimiento empírico es “directo”, cuando lo obtuvimos u obtenemos en virtud de un contacto inmediato con los hechos mismos. Es decir, la experiencia o el contacto director, valga la redundancia, caracterizan al conocimiento empírico “directo” de las cosas. Este conocimiento es “directo”, pues los sentidos están en un contacto inmediato con los hechos. A modo de ejemplos de “conocimiento empírico directo” podemos dar los casos de “percepción de colores (cuando, por ejemplo, alguien dice: “Esta pizarra es verde”) o
Visto esto en cuanto al “conocimiento empírico” en sus dos tipos “directo” o “indirecto” y referido a hechos de la “realidad total” (física, biológica y psicosocial), nos toca ahora ver lo referente al conocimiento conceptual. b) CONOCIMIENTO CONCEPTUAL: Es aquel que tenemos acerca de entes abstractos, y “objetos conceptuales”, que, por su propia naturaleza, no forman parte del mundo real o material. En cuanto “entes abstractos”, se trata de objetos construidos por la inteligencia humana para nombrar o aseverar algo de lo cual se tiene una experiencia “directa” o “indirecta”. En tal sentido, las categorías del lenguaje, de la lógica como de la matemática constituyen ejemplos de “objetos conceptuales” que tienen propiedades captadas por abstracción de la realidad, a la cual, sin embargo, no pertenecen. La designan, describen o representan, pero no están en ella. Es el caso de los números. No tiene sentido decir que el número 2 esté en tal o cual lugar, o que tengamos en nuestras manos un logaritmo o una ecuación (a lo más estarían escritos, pero, si se les borra, no hay que alegar). Lo propio puede decirse de las categorías del lenguaje. A una designación como “perro” no hay que temerle (el nombre no nos muerde), pero al sujeto perro, sí (éste lo hace). En otras palabras, los entes cuyas propiedades se aprehenden en el conocimiento “conceptual” son abstractos y proceden de: a) las categorías del lenguaje; b) la lógica; y c) la matemática. Se trata, pues, de un conocimiento de conceptos, es decir, de objetos conceptuales, distintos, desde luego, a los “objetos materiales” o “concretos” de la realidad observable. Por su naturaleza lingüística, o lógico-matemática, a través de los “objetos conceptuales” podemos concebir y formular proposiciones acerca de la realidad. Estas últimas, a su vez, constituyen afirmaciones que, representando a la realidad, se habrán de considerar, según los casos, o como “verdaderas” o, si no, como “falsas”. En otras palabras, la “verdad” es una propiedad que posee los objetos conceptuales designados como “proposiciones”. Las proposiciones, dicho de otro modo, son afirmaciones acerca de algo y, como tales, pueden ser “verdaderas” o “falsas”. Con este esbozo de una clase de objetos conceptuales, como lo son las proposiciones, pueden advertirse que estos permiten llevar a cabo representaciones o simbolizaciones de hechos. A cuenta de esto último, por tanto, el conocimiento conceptual no tiene que ver con la aprehensión de hechos del mundo material, sino con la captación de entes especialmente abstractos (u “objetos conceptuales”) que van a servir para nombrar como para describir a los objetos y sucesos concretos.
Cabe anotar, por otro lado, que el proceso de captación de estos entes u objetos conceptuales, así como la explicación de por qué son adquiridos éstos por nosotros es un problema psicológico, pero no filosófico. Al análisis filosófico interesa esencialmente la naturaleza de los entes conceptuales, de qué forma se establecen ellos en nuestro conocimiento y cómo pueden fijarse los criterios de referencia y de verdad pertinentes. En consecuencia, tenemos aquí la relación que existe entre filosofía, conocimiento y verdad. Como se dijo en un inicio a propósito de las disciplinas filosóficas, una de éstas, o sea la lógica, tiene entre sus temas el problema de la verdad. EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO Aparentemente, para cualquier persona, el conocimiento, no representa ningún problema, pues continuamente está manejando gran cantidad de conocimientos que se le presentan en forma inmediata. Así, las siguientes verdades: los chibchas habitaron la región cundiboyacense de Colombia; Bolívar lucho por la liberación de los pueblos latinoamericanos del yugo español, etc., a primera vista son sencillas y no causan ningún problema; todos los repiten y se encuentran en los textos escolares; sin embargo, pueden comenzar a inquietarnos cuando nos preguntamos: ¿Cómo conocemos estas cosas? ¿Cómo sabemos que son verdaderas? ¿Cómo podemos estar seguros de esas verdades? Al tratar de responder a estos interrogantes es cuando el conocimiento comienza a ser un problema, pues su respuesta no es tan sencilla e implica un proceso más complicado que la simple aceptación de las verdades a primera vista. El conocimiento es esencial para el hombre y hace parte de su desarrollo integral. Indudablemente no es lo único que desarrolla su ser como persona humana, pero es un aspecto importante que le da grandeza y mayor dignidad. El hombre en forma natural se relaciona con la realidad, entendida ésta como todo lo existente, todo lo que le rodea; en esa relación trata de entenderla, comprenderla e interpretarla y al mismo tiempo busca su transformación. En este proceso de relación con la realidad se da un conocimiento que puede provenir de la experiencia empírica, o de procesos más complejos a través de la ciencia. La realidad, constantemente, está interrogando al hombre, generando su admiración y éste permanentemente está dando respuestas a estos interrogantes no siempre en forma adecuada, pero tratando de buscar la verdad en sus respuestas. El conocimiento genera un lenguaje con el cual comunica la verdad y las respuestas a sus interrogantes. El conocimiento humano es fruto de un trabajo individual y colectivo; así, cuando los hombres en la antigüedad se unieron para dar respuestas a los interrogantes que surgían de la naturaleza, expresaron un mayor avance en los conocimientos.
encuentra Gorgias, con sus tres tesis sobre el conocimiento. La realidad solo la percibimos como apariencia cambiante. El escéptico debe situarse ante la realidad como un observador, un buscador y un cuestionador, pero no puede afirmar ni negar nada, debe abstenerse de dar juicios. La actitud escéptica no es una posición que se pueda aceptar, puesto que muy bien podemos equivocarnos en algunas cosas por nuestros sentidos, pero no siempre. Puede existir una serie de limitaciones que hacen que nuestro conocimiento sea relativo; esto sucede especialmente con los aspectos relacionados con los valores humanos, pero no con los objetos que tienen su propio ser. Los objetos no son totalmente conocidos por el hombre, pero la ciencia los aborda a través de un continuo proceso, en donde persistentemente va ampliando la verdad sobre ellos. Otra posición frente a la posibilidad del conocimiento la encontramos en el relativismo y el subjetivismo , para los que el conocimiento es posible, pues podemos tener cierto grado de seguridad en los mismos; pero niegan que podamos alcanzar verdades universales, absolutas, inmutables. Para éstos, nuestro conocimiento es relativo , depende de circunstancias que afectan al objeto y al sujeto que conoce. Cada cual elabora su propia verdad de acuerdo con sus experiencias, pero de ninguna manera puede pretender imponerla a los demás. Los relativistas y subjetivistas caen en la misma contradicción de los escépticos, pues la verdad significa concordancia con la realidad objetiva. Si se acepta que la verdad es subjetiva, ya al aceptar, ya al aceptar esta premisa estamos aceptando una verdad universal y se cae en la contradicción. El pragmatismo acepta, por otra parte, la posibilidad del conocimiento, pero éste debe subordinarse a la acción y en ella está el fundamento de su validez y la certeza de la verdad. El hombre primero es un ser que se relaciona con los objetos para solucionar sus necesidades y problemas, luego elabora teorías; por esta razón, primero es un ser práctico y luego teórico. Para el pragmatismo la verdad consiste en lo útil y provechoso; la ciencia es válida en la medida que nos lleve a conocimientos útiles y prácticos. El pragmatismo olvida el valor de la teoría frente a la práctica o la acción; la acción sin la teoría se convierte en un caos, en un activismo sin comprensión ni orientación. La teoría y nuestros razonamientos tienen valor en sí mismos y están continuamente relacionándose con la acción; a su vez, la práctica le sirve a la teoría para reorientarla evitando que se convierta en simple especulación. Por último, encontramos el criticismo , para el que el hombre puede llegar a conocer y poseer la verdad, pero es necesario justificar racionalmente la forma como llegamos a ese conocimiento, demostrando la forma como conocemos y como los objetos se nos
presentan para ser conocidos. Para ello es necesario asumir una actitud crítica ante el conocimiento; no podemos aceptar todo conocimiento sin que medie un análisis de los mismos, como también su justificación y explicación. ¿EN DÓNDE SE ORIGINA EL CONOCIMIENTO? Al plantearnos este segundo interrogante, nos referimos a los problemas sobre las circunstancias que han hecho posible que el hombre se preocupe constantemente por conocer el mundo que le rodea, sus leyes su cambio y su sentido. Igualmente, nos situamos frente a la experiencia y la razón como fuente del conocimiento humano o si, por el contrario, el hombre ya está dotado de ciertos conocimientos que le son dados, o si necesita de las facultades sensitivas e intelectivas al mismo tiempo. Desde una perspectiva histórica, podemos decir que el conocimiento se origina en la cultura, cuando el hombre comienza a modificar su ambiente para poder sobrevivir y desarrollarse satisfaciendo sus necesidades; para esto fue necesario que el hombre se preocupara por comprender la naturaleza, y se entendiera a sí mismo. Las preocupaciones vitales exigieron un conocimiento, pero, al mismo tiempo, exigió la comprensión del cosmos y su sentido. Por otro lado, cuando hablamos del hombre concreto, del hombre individual, encontramos varias posturas frente al problema del origen del conocimiento. En primer lugar, encontramos el racionalismo , para quienes el conocimiento tiene su origen en la razón; la experiencia no tiene ningún valor en la adquisición del mismo. Para ellos, los sentidos nos engañan y, por lo tanto, la razón es la única que puede alcanzarlo; además hay una identificación entre el pensar y el ser, o las cosas mismas. En los tiempos modernos, Descartes pretende buscar un método que sea similar al de las matemáticas, para alcanzar una plena seguridad de su conocimiento y así dejar las verdades subjetivas; de esta forma, Descartes pretende dudar de todo, de la experiencia, de los sentidos, hasta llegar a la convicción de no dudar de su actitud de duda, de que está dudando. De esto concluye que sin duda es porque piensa, y a partir del pensar, de la razón comienza a conocer todo. Por lo tanto, la razón es la única que nos puede proporcionar un criterio de verdad de nuestro conocimiento. El valor del racionalismo radica en haber realzado el aspecto racional en el conocimiento humano, sin embargo, desprecia otras fuentes como es la experiencia. En el empirismo, para el que la única fuente del conocimiento humano es la experiencia , los contenidos de la razón son sacados de la experiencia; el espíritu humano no tiene ideas preconcebidas, sino que está en blanco para ser escrita por medio de la experiencia diaria. La actitud racionalista quiere aplicar el método
escuelas, en donde se comunicaba la ciencia del momento, lograron un mayor desarrollo de sus explicaciones sobre la naturaleza y la realidad. Aquí nos acercamos al problema de la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? Este es un interrogante que el hombre siempre se ha hecho dando diferentes respuestas, pero, al mismo tiempo, éstas crean otros interrogantes. Una primera aproximación a la verdad la encontramos cuando observamos que las cosas corresponden a su idea; cuando decimos que una persona es verdaderamente un hombre, estamos diciendo que esa persona corresponde realmente a lo que es el hombre; o cuando decimos que un objeto es de verdadero oro, estamos diciendo que ese objeto corresponde a la idea de oro. En este caso, estamos ante la llamada verdad ontológica, pues la cosa misma corresponde con la idea que tenemos de las cosas, de su esencia. Existe otro tipo de verdad que es la lógica. Se da cuando nuestros juicios o ideas corresponden a las cosas. En tal caso, nuestros juicios son verdaderos. Pero, ¿cuál es el criterio con el que afirmamos la veracidad de nuestros juicios? Parménides considera que la verdad es la revelación del ser, la cual es realizada por la razón, pues los sentidos nos engañan Para Platón, lo real está en las ideas, pues los sentidos nos engañan; la verdad se debe descubrir desde el mundo de las ideas. La verdad se debe descubrir desde el mundo real de las ideas y es la conformación con los modelos o arquetipos ideales, es la relación que se tiene con estos arquetipos. Para Aristóteles, la verdad se debe encontrar en las cosas; la realidad se da en ellas; nuestras ideas deben concordar con éstas. Por lo tanto, la verdad radica en la relación que se tenga con las cosas, o adecuación de las ideas a las cosas. Más tarde, Tomás de Aquino afirma que la verdad es la adecuación del pensamiento a las cosas. Si mis ideas no concuerdan con las cosas estaré en el error y mi juicio no será verdadero. Descartes considera que el criterio de verdad radica en que las ideas sean evidentes, claras y distintas. Todo lo que no presente como evidente, claro o distinto no podrá considerarse como verdadero. Para Heidegger, la verdad es el desocultamiento del ser a la inteligencia del hombre. El hombre es un ser abierto a las cosas, sólo tiene que permitir que éstas se le manifiesten, se le revelen. Todas las concepciones anteriores han tratado de dar una respuesta al interrogante: ¿Cómo podemos estar seguro de que nuestro conocimiento es verdadero? Cada postura tiene un concepto de verdad diferente, pues parte de una forma de ver el conocimiento humano también diferente. Por eso, quienes consideran que es más importante el sujeto
que conoce, ven la verdad desde el sujeto, desde su razón; quienes dan más importancia al objeto que se conoce, se le dan a este objeto y la verdad se fundamenta en el mismo objeto que se conoce. Nuestro entendimiento, en el proceso del conocimiento tiende a los objetos y logra de ellos una representación que no es idéntica al objeto, sólo una representación de sus aspectos más generales, sin que por esto agote toda la realidad del objeto. El entendimiento actúa en forma dinámica y organiza los datos que recibe por medio de los sentidos, los integra los relaciona, los confronta. Todo conocimiento está referido a las cosas, a los objetos, y la verdad nace de la confrontación que hacemos con esa realidad. Cuando decimos que algo es verdadero, siempre estamos haciendo referencia a un objeto, a un hecho o a una acción. Por lo tanto, hay cierta correspondencia con los hechos. Cuando nuestros juicios o ideas corresponden con los objetos estaremos en la verdad lógica. Esta verdad no es absoluta sino relativa, pues siempre habrá posibilidad de una mayor adecuación al objeto o a los hechos. El conocimiento científico trata de buscar instrumentos y métodos para que la adecuación de nuestras ideas a la realidad sea cada vez mayor y más exacta. La verdad —filosófica o científicamente hablando— no puede considerarse como absoluta; siempre tiene un cierto grado de relatividad. Actividades semana 3: