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Batalla de Cepeda Historia, Apuntes de Historia

Breve apunte sobre la batalla de Cepeda. Historia Argentina

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 17/02/2020

matiechayre0
matiechayre0 🇦🇷

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La batalla de Cepeda y el encuentro fluvial de San Nicolás ofrecen circunstancias y resultados tan
extraños, que siempre se prestaron a la conjetura y la discusión.
El general Urquiza, como se ha visto, al frente de sus escuadrones de caballería triunfantes,
atravesó el arroyo de Cepeda y se detuvo a dos tiros de cañón del ejército de Buenos Aires. Allí
permaneció cinco horas, pie a tierra, sin suficientes municiones, esperando la reincorporación de
su infantería y artillería, todos los recursos de su parque, retardados a retaguardia.
Mitre, preparado para el combate, permaneció en la inacción. No conocía el número ni las
circunstancias momentáneas del enemigo, o carecía de confianza en el propio ejército, herida su
imaginación por el reciente contraste de su caballería, que “no se hallaba bien dispuesta a la
pelea”.
El ejército de Buenos Aires no salió de su plan de “batalla defensiva”. Mitre no creyó “posible ni
prudente” otra actitud. La superioridad numérica del enemigo le impidió “ejercer una acción
directa de iniciativa”, según su expresión. Este concepto le privó llevar un ataque rápido y
decisivo que hubiera obligado a Urquiza a repasar el arroyo de Cepeda, buscando las municiones
de su parque y el resto de su ejército. No habría sido una derrota, pero sí un contraste de gran
alcance moral, reparador de la fuga y depresión sufridas, de consecuencias capaces de llegar a
comprometer los resultados definitivos. Escapó al ejército de Buenos Aires el único instante
afortunado para asestar un golpe que pudo causar el descalabro.
Sorprende cómo el general Mitre ha podido batirse después durante dos horas, arrollar a la
derecha enemiga, y quedar firme sobre su campo hasta resolver su retirada en consejo de
guerra. Huyó sin caballería sin combatir apenas se trabó la batalla; en los primeros ataques fue
destruida su izquierda y perdió dos mil prisioneros, de manera que con menos de tres mil
hombres resistió a un ejército aguerrido de quince mil, perfectamente montado y pertrechado.

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La batalla de Cepeda y el encuentro fluvial de San Nicolás ofrecen circunstancias y resultados tan extraños, que siempre se prestaron a la conjetura y la discusión. El general Urquiza, como se ha visto, al frente de sus escuadrones de caballería triunfantes, atravesó el arroyo de Cepeda y se detuvo a dos tiros de cañón del ejército de Buenos Aires. Allí permaneció cinco horas, pie a tierra, sin suficientes municiones, esperando la reincorporación de su infantería y artillería, todos los recursos de su parque, retardados a retaguardia. Mitre, preparado para el combate, permaneció en la inacción. No conocía el número ni las circunstancias momentáneas del enemigo, o carecía de confianza en el propio ejército, herida su imaginación por el reciente contraste de su caballería, que “no se hallaba bien dispuesta a la pelea”. El ejército de Buenos Aires no salió de su plan de “batalla defensiva”. Mitre no creyó “posible ni prudente” otra actitud. La superioridad numérica del enemigo le impidió “ejercer una acción directa de iniciativa”, según su expresión. Este concepto le privó llevar un ataque rápido y decisivo que hubiera obligado a Urquiza a repasar el arroyo de Cepeda, buscando las municiones de su parque y el resto de su ejército. No habría sido una derrota, pero sí un contraste de gran alcance moral, reparador de la fuga y depresión sufridas, de consecuencias capaces de llegar a comprometer los resultados definitivos. Escapó al ejército de Buenos Aires el único instante afortunado para asestar un golpe que pudo causar el descalabro. Sorprende cómo el general Mitre ha podido batirse después durante dos horas, arrollar a la derecha enemiga, y quedar firme sobre su campo hasta resolver su retirada en consejo de guerra. Huyó sin caballería sin combatir apenas se trabó la batalla; en los primeros ataques fue destruida su izquierda y perdió dos mil prisioneros, de manera que con menos de tres mil hombres resistió a un ejército aguerrido de quince mil, perfectamente montado y pertrechado.