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Bermejo Barrera. 1° año de historia
Tipo: Monografías, Ensayos
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HISTORIA
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HISTORIA
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U KLCIA
EL MÜMDO DEL EGEO EN EL
SEGUNDO MILENIO
José Carlos Bermejo Barrera
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del urbanismo y de las culturas pala ciales de Creta y el continente griego. Por último aún cabe un tercer criterio delimitador: el lingüístico y étnico, según el cual la H istoria de Grecia comenzaría con la llegada a la H élade de un pueblo, el griego, reco nocible por su idioma, sus costumbres y sus características físicas y espiritua les. De acuerdo con este criterio la Historia comenzaría en Grecia en un fecha que, como veremos, puede os cilar desde el Neolítico al Heládico —o Edad del Bronce— Tardíos, perío dos en los que los diferentes autores tienden a situar la posible llegada de los invasores helénicos. Este criterio ha sido igualmente fuertem ente criti cado, ya que, por una parte, es muy difícil delimitar lo que puede ser «griego» desde el punto de vista físico — a menos que se utilice un criterio racista— , o desde un punto de vista espiritual, y por otro lado porque, si recurrimos a un criterio lingüístico, la única forma indudable de dem ostrar que un pueblo concreto hablase grie go en determ inada etapa de su histo ria es que haya unos docum entos que recojan su lengua, con lo cual este
criterio se fundiría con el primero. Pero es que, además, las teorías de este tipo incurren en un defecto lógico que podríamos denom inar como fina- lismo, puesto que sostienen que el pueblo griego no es, como todos los demás pueblos, el resultado de un lar go proceso histórico, sino que ya des de un principio nace, como A tenea, de la cabeza de Zeus, perfectam ente de sarrollado, anunciando desde sus orí genes su futuro destino. Sea cual sea el criterio que tom e mos podremos com probar que en cualquier caso la Historia griega halla sus comienzos en la Edad del Bronce, en el segundo milenio antes de nues tra Era, tanto en el propio continen te griego como en la isla de Creta. Comenzaremos precisamente hacien do referencia a esa isla, ya que en ella, como en el resto del Egeo, se produce antes que en la Grecia conti nental el fenómeno de la revolución urbana y el florecimiento de la cultu ra palacial, siguiendo unas pautas que podremos considerar como arquetípi- cas de todo el mundo egeo, para pa sar posteriorm ente a estudiar las pri meras etapas de la Historia griega.
Disco de terracota, procedente de Festos (en torno al 1600 a.C.) Museo Nacional de Atenas
El mundo del Egeo en el segundo milenio
I. La cultura minoica
Los primeros años de nuestro siglo vieron salir a la luz los magníficos res tos de los palacios cretenses. La origi nalidad de su arquitectura, la gran be lleza de sus frescos y de las cerámicas halladas en ellos im presionaron viva m ente, tanto a los historiadores y ar queólogos que se dedicaron a su estu dio como al público culto europeo en general, que vio en el arte minoico un precedente muy claro de las tenden cias artísticas de estos m om entos, a las que solemos conocer bajo el nom bre de Modernismo. A parecía, pues, una nueva cultura depositaría de grandes valores de diverso tipo, y que a la vez era anterior a la cultura grie ga propiam ente dicha y había influido en ella, puesto que los objetos mi- noicos hallados en la Grecia continen tal y el posterior desarrollo de la cul tura palacial en ella así parecían d e m ostrarlo. Y así comenzó a conside rarse a la cultura minoica como la progenitora de la que vendría a ser posteriorm ente la cultura griega clási ca. Fue el excavador del palacio de Cnossos, Sir A rthur Evans, quien plasmaría esta teoría a través de sus obras, por lo que pasó a disfrutar de un gran predicamento y a ser acepta da posteriorm ente como un hecho histórico incontrovertible; sin em bar
go, desde hace algunos años la inves tigación arqueológica ha obligado a poner claram ente en duda sus funda mentos. Es indudable que en el campo del arte, de la arquitectura, la pintura y la cerámica existe un gran influjo minoico sobre la cultura de Micenas. Y hasta es posible que algunos artis tas minoicos se hayan desplazado a trabajar al continente. También es verdad que en un fenómeno de capi tal im portancia, como lo es la escritu ra, el influjo de C reta sobre el mundo griego resulta evidente, ya que la es critura Lineal B deriva claram ente de la cretense conocida como Lineal A. Pero debemos tener en cuenta que todos estos influjos fueron de tipo m eram ente cultural, m ientras que, por el contrario, el desarrollo de las fuerzas económicas y sociales siguió en los mundos minoico y micénico una dinámica propia en cada uno de los casos. En el continente griego se obser va una gran continuidad en los asen tamientos y en la cultura material desde el Neolítico, o por lo menos desde la Edad del Bronce Medio has ta la formación de la cultura micéni- ca, por lo que podem os suponer que los elementos definitorios de la evolu ción histórica poseyeron una dinámi ca que en lo fundamental no fue de-
El mundo del Egeo en el segundo milenio 1 1
cerámica, arquitectura, etc., ya que en modo alguno es defendible que el cambio de una decoración cerámica a otra tenga que implicar necesaria m ente im portantes transformaciones de carácter económico, social o, en definitiva de tipo histórico. Pasemos, pues, a analizar el desarrollo histórico de las sociedades minoicas.
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P a leca stro.
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La Creta Minoica
Reconstrucción de la fortaleza de Dímini (Según Hawkes)
La principal fuente de que dispone mos, tanto para el estudio de este pe ríodo como para el de los períodos posteriores, la constituye la arqueolo gía. Por ello será necesario comenzar examinando las evidencias que ésta nos proporciona, para pasar poste riorm ente a la deducción de las posi bles conclusiones históricas que el análisis de estos materiales nos pueda permitir formular. Decíamos anteriorm ente que es te período se inicia con la construc ción de los palacios. U n palacio cre tense se compone de una serie de in sulae agrupadas en torno a un patio, pero independientes entre sí y po seyendo cada una de ellas una finali dad propia. Así, por ejem plo, en el palacio de Cnossos (ver plano) tene mos que su ala E está constituida por el sector doméstico y en el palacio de
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Mallia el área NW la forma la resi dencia real. En un principio las insu lae podían estar arquitectónicam ente aisladas, pero progresivam ente fue ron integrándose en un conjunto constructivo. Los palacios cretenses son muy similares a los egipcios y a los del Próximo Oriente. En su cons trucción algunos de sus elem entos de rivan de la tradición local minoica, pero sus elementos esenciales lo cons tituyen las aportaciones orientales. No obstante, estas aportaciones fue ron perfectamente asimiladas, puesto que los cretenses supieron darle un sentido nuevo, creando un tipo de ar quitectura más orgánica y unitaria que la arquitectura oriental.
Palacio de Cnossos (Según Hawkes)
En otros campos de la cultura m aterial nos encontram os con que, por el contrario, se m antiene el pre dominio de las tradiciones autóctonas cretenses. Así ocurre, por ejem plo, en el caso de las tradiciones funera rias. Persiste en ellas la construcción de sepulcros colectivos circulares: tholoi, así como la de las tum bas-tem plo, pero se produce un incremento en la riqueza de las ofrendas y en la suntuosidad de la construcción: se añaden habitaciones de planta cua drada a los tholoi, para servir como osarios o para llevar a cabo en ellas ceremonias de culto funerario. Paralelam ente a los palacios co m ienzan a co n stru irse, siguiendo igualmente la tradición local, santua rios rurales y populares, en los que se hallan gran cantidad de ofrendas, co mo estatuillas de orantes y sacerdoti-
Los bienes agrícolas del palacio provienen de los terratenientes, ya que los sellos de la cerámica coinci den en muchos casos con los de las tumbas de tipo tholos del valle de M esara. Los antiguos terratenientes debieron pasar, por tanto, a depender del palacio, constituyendo un grupo nobiliario en torno a él. Cuando se fundan los palacios, o tem plos, en
U n problem a capital para la comprensión del desarrollo de la cul tura minoica la constituye el desarro llo del comercio, que debió estar ges tionado directam ente por los pala cios. En relación con él tenem os por u n a p a r te u n a s e r ie de d a to s y por otra una teoría de tipo histórico conocida con el nom bre de la teoría de la talasocracia minoica. Esta hipótesis
.M a ri.
’• •B a b ilo n ia.
Relaciones y rutas comerciales entre Creta y el Egeo en el Minoico Medio (Según F. Schachermeyr)
cualquier caso estas conclusiones se guirían siendo igualmente válidas, se produce una pausa en el desarrollo de la glíptica, lo que indica la readapta ción de este grupo al nuevo poder central.
fu e a c u ñ a d a p r in c ip a lm e n te p o r A. Evans y otros arqueólogos británicos que reunieron una serie de datos y los agruparon trasladando inconsciente m ente sobre ellos el modelo económi co del imperio colonial inglés, de ca rácter comercial y supuestam ente pa cífico, al igual que el minoico. La teo ría posee, sin em bargo, un origen mu cho más antiguo, ya que se halla ex
M en fis.
Teb as.
- B iblos.
C irenaica.
Alaleh. ©
- Ú g arit.
Samos.
puesta por el propio Tucídides, quien, a su vez, partiendo igualmente del imperio comercial ateniense, concibe el desarrollo de la primitiva historia griega como una sucesión de talaso- cracias. Sin embargo, en la actuali dad, y tras la publicación de un im p ortante artículo de C. G. Starr (1953) y el análisis de los nuevos da tos arqueológicos se ha llegado a la conclusión de que esta hipótesis care ce de sentido. E n efecto, lo que sabemos del comercio minoico de un modo indis cutible en este prim er período es lo siguiente. En prim er lugar tenemos registrada la existencia de un com er cio con las Cicladas, m ediante la pre sencia de cerámicas minoicas de ex portación. Sin em bargo, es posible observar que este intercambio no tu vo que ir acompañado de la existencia de una hegemonía política. Tam bién se m antiene un comercio con el M edi terráneo Oriental, atestiguado tanto por la presencia de la cerámica como por los posteriores asentam ientos y por los propios documentos escritos orientales. Pero se trata únicamente de un comercio de tipo diplom áti co, de un intercambio de presentes entre diversos príncipes, al igual que ocurre en el caso de las relaciones con Egipto. Las relaciones entre Egipto y el mundo egeo prehelénico comienzan en torno al 2400 a. J. C. y son muy débiles hasta el año 1800, aproxim a dam ente. Se hallan atestiguadas en los textos egipcios, en los que los cre tenses son llamados Keftiou, y m e diante la presencia de hallazgos ar queológicos, así como por la existen cia de evidentes influencias artísticas. Estas relaciones se m antendrán entre el 1800 y el 1580, ya en el perío do posterior de desarrollo de los pala cios, a pesar de la presencia de los Hyksos en Egipto, intensificándose a partir del 1500 para alcanzar sus m á xima intensidad en torno al 1400, cuando los minoicos comenzarán a
ser sustituidos paulatinam ente por los micénicos. Estos últimos intercambios co merciales se llevaron a cabo a través de dos rutas: la llamada directa, de C reta a Egipto, únicam ente practica ble —debido al régimen de los vien tos existente en esta parte del M edite rráneo— en este sentido, y la ruta del E ste: C reta-R o d a s-C h ip re-E g ip to , practicable en ambos sentidos.
Sellos minoicos con representaciones religiosas Museo Nacional de Atenas
Egipto im portó de Creta plata, oro, lapislázuli, piedras preciosas y obsidiana, así como un remedio medi cinal, que no podemos identificar, pe ro las exportaciones que debió llevar a cabo en contrapartida nos resultan
marcado por el desarrollo de los con tactos del mundo minoico con la G re cia Heládica. A nivel arqueológico podemos observar cómo se producen una serie de cambios en la construcción de los palacios, increm entándose, por ejem plo, el número de almacenes. La construcción se vuelve más compleja, se perfeccionan los sistemas de dre naje del agua de lluvia, por ejem plo, y a nivel general se m ejora en la ar quitectura la correlación entre el inte rior y el exterior de los edificios. Los palacios se rodean de una se rie de casas aristocráticas, que pode mos conocer en Cnossos y Mallia, y que suelen imitar sus caracteres ar quitectónicos, aunque, naturalm ente, a una escala mucho más modesta. Y por otra parte ahora conocemos ver daderas ciudades, habitadas por arte sanos, campesinos, m arineros y pes cadores, en el caso de las ciudades costeras. En una de ellas, G urnia, se ha hallado un lugar para la celebra ción de asambleas, lo que parece indi car la importancia política de este ti po de instituciones, y un pequeño pa lacio de su gobernador, lo que nos indicaría claramente la forma de go bierno de la ciudad. Las ciudades alcanzarán un de sarrollo urbanístico notable: sus calles están pavimentadas y sus casas poseen de dos a tres pisos, lo que indica que en este período se produjo un notable d esarro llo de la cu ltu ra m aterial. Otros aspectos de esta cultura alcan zaron igualmente un notable desarro llo. La pintura al fresco, por ejem plo, Sello minoico con representaciones religiosas Museo Nacional de Atenas
llega ahora a su período de plena m a durez, y lo mismo ocurre con la cerá mica, decorada con flora y fauna m a rinas, la glíptica, etc... Desde el punto de vista histórico cabe señalar cómo continúan desarro llándose, evidentem ente, los papeles económico, administrativo y político de los palacios. En ellos es posible que el rey asumiese una función sa cerdotal, lo que sería evidente de ser esos edificios templos, como pretende Faure, basándose en su proximidad en algunos de los casos, puesto que sería absurda la duplicación de pala cios en la misma zona; pero en cual quier caso y sea quien fuere el que en ellos ejerciese el poder, lo hizo basán dose en el apoyo de una clase nobilia ria, cuyos pequeños palacios conoce mos en Cnçssos y Mesara. La nobleza poseía, por su parte, sus propios dominios rurales, en los que debió ejercer su poder, no sabe mos si de una forma independiente o por delegación real, aunque en algún caso, como el de la ciudad de Gurnia, parece claro que el gobernante local es un delegado del rey. Los demás aspectos de la socie dad minoica nos resultan muy mal co nocidos. No sabemos nada acerca del status social o político de los habitan tes de las ciudades. Y aunque las mujeres aparecen profusam ente re presentadas en la pintura de los pala cios, de ello no puede deducirse, co mo se hace a veces, que por ese moti vo hubiesen debido tener un papel preponderante en el seno de la socie dad minoica. ; No sería correcto retrotraer la inform ación dada p o r las tablillas del Lineal B procedentes del palacio de Cnossos a la época minoica, pero sí podemos afirmar que es evidente que en esa época el palacio poseía igual mente un sistema de archivos y una compleja organización administrativa, cuyo funcionamiento todavía nos re sulta imposible conocer, quizá porque una parte de sus documentos se re
Sellos minoicos con representaciones religiosas Museo Nacional de Atenas
dactasen en papiros, y por ello se han perdido, y dado que el Lineal A con tinúa todavía sin descifrar,. De todos modos puede suponerse, sin riesgo de error, que el palacio recibía cereales, aceite y especias como tributo y que, a su vez, los redistribuía entre sus ar tesanos, funcionarios y esclavos, tan to como materias primas — aceite y especies vegetales para la fabricación de perfumes— como en concepto de salario. Los palacios poseían sus propios talleres de tejidos, cerámica y trabajo de la piedra. A ctuaban como centros económicos de una región agrícola y como canalizadores del comercio, lo que puede explicar la gran cantidad de almacenes que poseen los mismos en estos momentos. A nivel comercial se m antienen, como habíamos indicado para el pe ríodo anterior, las relaciones con Egipto, mientras va disminuyendo la intensidad de las relaciones con el mundo M editerráneo O riental, y con cretam ente con Siria y Chipre, a la vez que se incrementa la densidad de los contactos con las costas anatolias. En el terreno religioso, como es de suponer, dado el carácter estable de este tipo de fenómenos,' no se intro ducen cam bios fundam entales con respecto al período anterior. Por el contrario, se observan cambios de es-
Akal Historia del Mundo Antiguo
ta naturaleza en el desarrollo de la arm ería ofensiva y defensiva, con la m ejora del arm am ento y la introduc ción del carro de guerra. Hechos és tos que poseerán un gran interés his tórico, ya que indican la existencia de un increm ento de la inseguridad ge neral y un deterioro de las condicio nes sociales. El desarrollo de esta inseguridad está en estrecha correlación con la existencia de una serie de cambios políticos que van a tener lugar en la esfera internacional, y en relación con los cuales debemos poner al fenóm e no de la expansión micénica por el M editerráneo, de la que luego habla remos. Los micénicos comenzaron a desplazar a los minoicos en los inter cambios comerciales de toda esta área y llevaron a cabo un proceso de ex pansión que culminará con la propia ocupación del palacio de Cnossos. Es ta ocupación no parece haber sido violenta, sino que más bien da la im presión de que los micénicos, aprove chando la confusión producida por el terrem oto del año 1500 a. J. C., cau sado por la explosión del volcán de la isla de Thera (Santorini), y que po seyó una enorme virulencia, pudieron haber ocupado el palacio. De ser ello así, su destrucción posterior, que ten dría lugar en el año 1380, tendría que haber sido provocada por una revuel ta, pero en ambos casos estamos me ram ente ante hipótesis. Pero, sea ello como fuere, lo que sí está claro es que los palacios cretenses dejarán de existir a partir de esa última fecha, llevándose consigo el recuerdo de la cultura que los vio nacer y dejando, además de las aportaciones artísticas y de un sistema de escritura, quizá un vago recuerdo de su existencia re flejado en algunos mitos griegos agru pados en el ciclo del rey Minos. De ahora en adelante el papel preponderante corresponderá en el mundo egeo a los griegos continenta les; pasemos pues a estudiar el origen de su cultura.
Akal Historia del Mundo Antiguo
Emplazamientos del bronce temprano en Grecia e islas del Egeo
m ediante su aleación con el estaño, se consiga elaborar un auténtico bronce. La difusión del uso del bronce en el Heládico Primitivo impulsó toda una serie de transformaciones econó micas y sociales. En prim er lugar, fa vorecerá aún más el proceso de divi-
TRACIA
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CALCIDICA
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**- T e b a s F tió tida
P e licata Itac a
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LA CO NIA
- M e t o n e • H a g io s Estófano s (^) Filacopi
M elo s
^ •D e m e n a g a c i
sión del trabajo, y también permitirá la m ejora de una serie de técnicas, sobre todo en el campo de la guerra y la fabricación de objetos de lujo, ya que, al menos en un principio, la agri cultura no se verá m ejorada en abso luto por la difusión de las técnicas del
•Troya TROADE
•Termi
# E s m irn a
S a m o s.
- H e r e o - Y a s o
metal. No será, por el contrario, éste el caso de otras técnicas, como la ar quitectura o la construcción naval, en las que la introducción de las herra mientas de bronce supondrá un bene ficio directo gracias a la m ejora de las técnicas de carpintería. Junto al cobre se introducirán a la vez el plomo en Grecia y el Egeo, muy útil para la elaboración de rem a ches, porque posee un punto de fu sión muy bajo (327° C), y la plata. La metalurgia llegará al Egeo desde fuera, pero muy pronto comen zaría a desarrollarse siguiendo un ca mino propio y con sus propios tipos metálicos. D urante el Heládico Primi tivo el cobre, mezclado o aleado con ciertas cantidades de otros metales, pero no con estaño, se utilizaría pa ra la fabricación de diferentes tipos de armas y de vasos metálicos. Pero también se elaboraron con él anzue los y otra serie de herram ientas que beneficiarían a producciones como la de los tejidos y el curtido. Los trabajadores del metal fue ron desde un principio sedentarios. En un principio los vemos formando asentamientos independientes, pero en una fase posterior pasarán a estar plenam ente integrados en los palacios micénicos. La m etalurgia entrará ade más en competencia con otras artesa nías tradicionales, como las industrias del trabajo de la piedra o el hueso, e incluso con la cerámica, lo que de muestra su impacto económico, pero es que, además en este terreno, su trascendencia será enorm e debido a que posibilitará la acumulación y el transporte de riquezas, favoreciendo consecuentem ente el desarrollo del bandidaje y la piratería en el Egeo. Pero también a nivel agrícola se introducirá en Grecia un cambio im portante a comienzos de la Edad del B ronce, gracias a la introducción del cultivo de los árboles frutales, entre los que habría que destacar la vid y el olivo, dos de los tres pilares de la agricultura micénica y griega poste