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Bioética1, Apuntes de Bioética

Asignatura: Bioética, Profesor: Luis Modesto García Soto, Carrera: Filosofía, Universidad: USC

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 04/11/2007

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EL ABORTO
1. Introducción
En la mayor parte del mundo industrializado, el aborto no era un delito criminal hasta que
durante la segunda mitad del siglo XIX se promulgasen una serie de leyes antiaborto. Por
entonces, los partidarios de la prohibición del aborto resaltaban generalmente los peligros
médicos de abortar. Asimismo, algunas veces se argumentaba que los fetos eran ya seres
humanos desde el mismo momento de la concepción y que los abortos intencionados
eran, por tanto, un tipo de homicidio.
La razón básica de los argumentos en contra del aborto ha pasado de la seguridad física
de la mujer al valor moral de la vida del feto.
Líneas argumentales de los partidarios del aborto:
1. Debe permitirse el aborto, ya que su prohibición tiene consecuencias altamente
indeseables
2. Las mujeres tienen el derecho moral de decidir abortar
3. Los fetos no son todavía personas y por lo tanto no tienen aún un derecho sustancial a
la vida
2. Los argumentos consecuencialistas a favor del aborto
A lo largo de la historia, las mujeres han pagado un precio muy alto por la ausencia de
métodos anticonceptivos y de un aborto legal y seguro. Forzadas a tener muchos hijos en
períodos cortos de tiempo, a menudo las mujeres sufrían un debilitamiento físico y morían
jóvenes - un destino común en la mayoría de las sociedades anteriores al siglo XX y,
también en la actualidad, en muchos países del Tercer Mundo. Los embarazos no
deseados agudizan la pobreza, aumentan los índices de mortalidad neonatal e infantil y
causan estragos en los recursos de las familias y de los Estados.
Muchas mujeres no tienen acceso a los métodos anticonceptivos porque no pueden
pagarlos, porque no están disponibles donde viven, o porque no están al alcance de las
menores sin permiso de los padres.
El control de la natalidad es indispensable para las mujeres que tienen que ganarse la
vida. Tanto los métodos anticonceptivos como el aborto son esenciales para que las
mujeres tengan el modesto grado de autonomía reproductiva posible en un mundo como
el de hoy.
A largo plazo, el acceso al aborto es esencial para la salud y la supervivencia no sólo de
las mujeres y de las familias sino también la de sistemas biológicos y sociales mayores de
los que nuestras vidas dependen.
Los adversarios del aborto niegan que éste sea necesario para evitar consecuencias tan
indeseables. Algunos embarazos son el resultado de violaciones o de incestos
involuntarios, pero la mayoría son el resultado de una conducta sexual aparentemente
voluntaria. Así, los antiabortistas afirman que las mujeres que desean abortar están
rechazando la responsabilidad de sus propias acciones. Desde su punto de vista, las
mujeres deberían evitar las relaciones heterosexuales a menos que estuvieran preparadas
para responsabilizarse de cualquier embarazo resultante.
La relación heterosexual no es biológicamente necesaria para la salud física o la
supervivencia individual de la mujer. Las mujeres que son célibes u homosexuales son
menos vulnerables al cáncer de útero, al SIDA y a otras enfermedades de transmisión
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EL ABORTO

1. Introducción

En la mayor parte del mundo industrializado, el aborto no era un delito criminal hasta que durante la segunda mitad del siglo XIX se promulgasen una serie de leyes antiaborto. Por entonces, los partidarios de la prohibición del aborto resaltaban generalmente los peligros médicos de abortar. Asimismo, algunas veces se argumentaba que los fetos eran ya seres humanos desde el mismo momento de la concepción y que los abortos intencionados eran, por tanto, un tipo de homicidio. La razón básica de los argumentos en contra del aborto ha pasado de la seguridad física de la mujer al valor moral de la vida del feto.

Líneas argumentales de los partidarios del aborto:

  1. Debe permitirse el aborto, ya que su prohibición tiene consecuencias altamente indeseables
  2. Las mujeres tienen el derecho moral de decidir abortar
  3. Los fetos no son todavía personas y por lo tanto no tienen aún un derecho sustancial a la vida 2. Los argumentos consecuencialistas a favor del aborto

A lo largo de la historia, las mujeres han pagado un precio muy alto por la ausencia de métodos anticonceptivos y de un aborto legal y seguro. Forzadas a tener muchos hijos en períodos cortos de tiempo, a menudo las mujeres sufrían un debilitamiento físico y morían jóvenes - un destino común en la mayoría de las sociedades anteriores al siglo XX y, también en la actualidad, en muchos países del Tercer Mundo. Los embarazos no deseados agudizan la pobreza, aumentan los índices de mortalidad neonatal e infantil y causan estragos en los recursos de las familias y de los Estados. Muchas mujeres no tienen acceso a los métodos anticonceptivos porque no pueden pagarlos, porque no están disponibles donde viven, o porque no están al alcance de las menores sin permiso de los padres. El control de la natalidad es indispensable para las mujeres que tienen que ganarse la vida. Tanto los métodos anticonceptivos como el aborto son esenciales para que las mujeres tengan el modesto grado de autonomía reproductiva posible en un mundo como el de hoy. A largo plazo, el acceso al aborto es esencial para la salud y la supervivencia no sólo de las mujeres y de las familias sino también la de sistemas biológicos y sociales mayores de los que nuestras vidas dependen.

Los adversarios del aborto niegan que éste sea necesario para evitar consecuencias tan indeseables. Algunos embarazos son el resultado de violaciones o de incestos involuntarios, pero la mayoría son el resultado de una conducta sexual aparentemente voluntaria. Así, los antiabortistas afirman que las mujeres que desean abortar están rechazando la responsabilidad de sus propias acciones. Desde su punto de vista, las mujeres deberían evitar las relaciones heterosexuales a menos que estuvieran preparadas para responsabilizarse de cualquier embarazo resultante. La relación heterosexual no es biológicamente necesaria para la salud física o la supervivencia individual de la mujer. Las mujeres que son célibes u homosexuales son menos vulnerables al cáncer de útero, al SIDA y a otras enfermedades de transmisión

sexual. Tampoco es obvio que las relaciones sexuales sean necesarias para la salud psicológica de hombres o mujeres. No obstante, muchas mujeres las consideran intensamente placenteras - un hecho que es moralmente significativo en la mayoría de las teorías consecuencialistas. Además, es un tipo de forma de vida que parece preferir la mayoría de las mujeres de todo el mundo.

El celibato permanente no es una opción razonable que se pueda imponer a la mayoría de las mujeres. Y como toda mujer es potencialmente vulnerable a la violación, incluso las homosexuales o célibes pueden tener que enfrentarse a embarazos no deseados. Por consiguiente, hasta que no haya un método anticonceptivo digno de confianza y seguro, accesible a todas las mujeres, los argumentos consecuencialistas a favor del aborto seguirán siendo sólidos.

3. El aborto y los derechos de la mujer

Los derechos no son entidades misteriosas que descubramos en la naturaleza. De hecho, no son entidades en absoluto. Decir que la gente tiene derecho a la vida, es decir en términos generales que no debería morir nunca deliberadamente, que no debería privarse a nadie de las necesidades de la vida, a menos que la única alternativa sea un mal mucho mayor. Los derechos morales básicos son aquellos que tienen todas las personas, frente a aquellos que dependen de circunstancias particulares, como por ejemplo las promesas o los contratos legales. En general se admite que los derechos morales básicos de las personas incluyen el derecho a la vida, a la libertad, a la autodeterminación y a estar libre del daño corporal.

Donde el aborto es ilegal, a menudo las mujeres intentan abortar de forma ilegal y arriesgada. La OMS estima que alrededor de 200.000 mujeres mueren cada año por esta causa. Muchas otras mujeres mueren por embarazos no deseados cuando no pueden abortar, o cuando se sienten presionadas a no hacerlo. La negación del aborto viola además los derechos de las mujeres a la libertad, la autodeterminación y la integridad física. El ser forzadas a tener un hijo no es tan sólo una "molestia". Llevar a término un embarazo es una tarea ardua y arriesgada, incluso cuando es voluntaria. Para aquellas que se quedan embarazadas contra su voluntad, la experiencia puede ser totalmente desgraciada. Y la mujer tiene o que cuidar del hijo o dejarlo en adopción. El quedarse con el niño puede impedirle continuar su vida laboral o atender a otras obligaciones familiares. Entregar el niño en adopción significa tener que vivir con la tristeza de tener un/a hij@ al que no puede cuidar, y a menudo no puede siquiera saber si está vivo y sano. Incluso si aceptamos el punto de vista de que los fetos tienen derecho a la vida, es difícil justificar la imposición de tales penalidades a las personas que no quieren asumirlas para preservar la vida del feto. No hay otro caso en que la ley exija a las personas sacrificar su libertad, autodeterminación e integridad física para preservar la vida de otros. En la retórica popular, especialmente en EE.UU., la cuestión del aborto se considera a menudo pura y simplemente la del "derecho de la mujer a controlar su cuerpo". Si el feto tiene un derecho a la vida pleno e igual, quizás el derecho de la mujer a abortar sólo debería ejercitarse en circunstancias extremas.

4. Cuestiones acerca del estatus moral del feto

¿En qué momento del desarrollo del ser humano empieza éste a tener un pleno e igual derecho a la vida? La mayoría de los ordenamientos jurídicos contemporáneos consideran

placenteras y dolorosas parece particularmente relevante para el estatus moral. Que el placer es un bien intrínseco y el dolor es intrínsecamente malo es un postulado plausible de la ética utilitarista. La capacidad de sentir dolor a menudo es valiosa para un organismo, capacitándole para evitar el daño o la destrucción. Se puede decir que los seres sensibles tienen un interés básico en el placer y en la evitación del dolor. El criterio de la sensibilidad sugiere que, en igualdad de condiciones, es moralmente peor matar a un organismo sensible que a un organismo no sensible. La muerte de un ser sensible, incluso indolora, le priva de cuantas experiencias placenteras pudiera haber disfrutado en el futuro.

Lo sensorial requiere un sistema nervioso central que funcione - del que carecen las rocas, las plantas y los microorganismos simples. También está ausente en el feto humano en su primera etapa. Muchos neurofisiólogos creen que los fetos humanos normales tienen alguna capacidad sensorial básica en alguna etapa durante el segundo trimestre del embarazo. Antes de esa etapa, su cerebro y órganos sensoriales carecen del desarrollo suficiente que permita la existencia de sensaciones. Al final del primer trimestre, un feto puede tener algunos reflejos inconscientes, pero no responde todavía a su entorno de un modo que sugiera la sensibilidad. Sin embargo, durante el tercer trimestre algunas partes del cerebro del feto son funcionales, y el feto puede responder al ruido, a la luz, a la presión, al movimiento y a otros estímulos sensoriales. El criterio de la sensibilidad avala la creencia generalizada de que es más difícil justificar el aborto en una fase avanzada que el aborto temprano. A diferencia del feto presensible, un feto en su tercer trimestre ya es un ser, es decir, un centro de experiencia. Además, su muerte (como la de cualquier ser sensible) significará el final de un flujo de experiencias, algunas de las cuales pueden haber sido placenteras. El principio de respeto a los intereses de los seres sensibles no implica que todos los seres sensibles tengan un igual derecho a la vida. Cuando se mata a un conejo (de manera más o menos dolorosa), probablemente otro conejo ocupará su lugar, por lo que no disminuye la cantidad total de la felicidad conejil. Además, los conejos, como muchas otras especies que se reproducen con rapidez, deben ser presa de otras especies para que se mantenga la salud del sistema biológico general. Así, el matar a seres sensibles no es siempre un mal en términos utilitaristas. No obstante, sería moralmente abusivo sugerir que puede matarse a la gente sólo porque es muy numerosa y altera la ecología natural. Si es más difícil justificar el matar a personas que a conejos debe de ser porque las personas tienen un estatus moral no basado sólo en la sensibilidad.

8. La personalidad moral y los derechos morales

Una vez superada la infancia, el ser humano normalmente posee no sólo capacidad sensorial sino también capacidades mentales "superiores" como la conciencia de sí y la racionalidad. Además, es un ser muy social, capaz de amar, criar, cooperar y tener responsabilidades morales (lo que implica la capacidad de guiar sus acciones a través de principios morales e ideales). Las capacidades específicas de las personas les permiten valorar su propia vida y la de otros miembros de sus comunidades más de lo que hacen otros animales. Las personas son los únicos seres que pueden planear el futuro, y que están a menudo obsesionadas por el miedo a una muerte prematura. Quizás esto signifique que la vida de las personas vale más para sus poseedores que la de las no personas sensibles. Pero también es posible que la ausencia de temor ante el futuro tienda a hacer que la vida sea más placentera - y tenga mayor valor - para las no personas sensibles de lo que es nuestra vida para nosotros.

Hablar de derechos morales es hablar de cómo deberíamos comportarnos. Si nunca pudiéramos confiar que otras personas no nos van a matar cuando juzgasen que obtendrían un beneficio por ello, las relaciones sociales se volverían enormemente más difíciles, y se empobrecería la vida de todos excepto la de los más poderosos. Una persona sensible moralmente respetará todas las formas de vida, y evitará causar innecesariamente dolor o la muerte a seres sensibles. No obstante, respetará los derechos morales básicos de otras personas como derechos iguales a los propios, no sólo porque sean seres vivos y sensibles sino también porque así razonablemente podrá esperar y pedir que ellas le muestren el mismo respeto. Los ratones y los mosquitos no son capaces de mostrar este tipo de reciprocidad moral - por lo menos no en su interacción con los seres humanos. Cuando sus intereses entran en conflicto con los nuestros, no podemos esperar utilizar la argumentación moral para persuadirles a aceptar algún compromiso razonable.

Si la capacidad para la reciprocidad moral es esencial para la personalidad moral, y si la personalidad moral es el criterio para la igualdad moral, el feto humano no satisface este criterio. Los fetos sensibles todavía no son seres racionales y conscientes de sí, capaces de amor, crianza y reciprocidad moral. Estos hechos avalan la idea de que incluso el aborto tardío no es totalmente equivalente al homicidio. Por ello en ocasiones puede justificarse el aborto de fetos sensibles por razones que no justificarían el matar a una persona (p.e. en ocasiones puede estar justificado el aborto tardío tras comprobarse una grave anormalidad fetal, o porque la continuidad del embarazo amenaza la salud de la mujer u ocasiona otras penalidades personales). Todos los seres humanos sensibles tienen derechos morales básicos plenos e iguales (para evitar el "especismo", podríamos otorgar el mismo estatus moral a los miembros sensibles de cualquier especie cuyos miembros normales y maduros pensemos que son personas). Según esta teoría, mientras un individuo sea a la vez humano y tenga sensibilidad, no puede cuestionarse su igualdad moral. Pero hay una objeción a esta extensión de un estatus moral igual incluso a los fetos sensibles: en la práctica es imposible conceder derechos morales iguales a los fetos sin negar esos mismos derechos a las mujeres.

9. Por qué el nacimiento importa moralmente

Hay muchos muchos casos en los que los derechos morales de diferentes individuos humanos entran en aparente conflicto. Por regla general, estos conflictos no pueden resolverse justamente denegando un estatus moral igual a una de las partes. Pero el embarazo es un caso especial porque en razón de la singular relación biológica entre la mujer y el feto, la extensión de un mismo estatus moral y legal a los fetos tiene unas consecuencias siniestras para los derechos básicos de la mujer. Si se aplica el criterio de la sensibilidad, sólo se permitiría el aborto durante el primer trimestre. Algunos argumentan que es un compromiso razonable, ya que daría a la mayoría de las mujeres suficiente tiempo para descubrir que están embarazadas, y decidir si abortan o no. Pero en ocasiones, los problemas que plantea la anormalidad del feto, la salud de la mujer, o su situación económica o personal a menudo surgen o se agudizan en una etapa posterior. Si se supone que los fetos tienen los mismos derechos morales que los seres humanos ya nacidos, a menudo las mujeres se verán obligadas a seguir embarazadas con gran riesgo para su propia vida. Así, la extensión de los derechos morales básicos plenos e iguales a los fetos pone en peligro los derechos básicos de la mujer.

LA EUTANASIA

1. Introducción

El término "eutanasia" se compone de dos palabras griegas - eu y thanatos - que significan, literalmente, "buena muerte". En la actualidad se entiende generalmente por "eutanasia" la procura de una buena muerte - un "asesinato piadoso" - en el que una persona, A, pone fin a la vida de otra persona, B, por el bien de ésta:

  • La eutanasia supone acabar deliberadamente con la vida de una persona
  • Esto se lleva a cabo por el bien de la persona de cuya vida se trata - normalmente porque padece una enfermedad incurable o terminal.

En la Grecia y Roma antiguas tenían una amplia aceptación prácticas como el infanticidio, el suicidio y la eutanasia. La mayoría de los historiadores de la moral occidental coinciden en que el judaísmo y el advenimiento del cristianismo contribuyeron considerablemente a la noción general de la santidad de la vida humana yde que ésta no debe quitarse deliberadamente. Esta noción de inviolabilidad absoluta de la vida humana inocente permaneció virtualmente sin cambios hasta el siglo XVI en que Sir Thomas More publicó su Utopía. En los siglos posteriores, los filósofos ingleses (en particular David Hume, Jeremy Bentham y John Stuart Mill) cuestionaron la base religiosa de la moralidad y la prohibición absoluta del suicidio, la eutanasia y el infanticidio. En el siglo XVIII, Inmanuel Kant, aun creyendo que las verdades morales se fundaban más en la razón que en la religión, pensó que "el hombre no puede tener la facultad de quitarse la vida".

En la actualidad existe un amplio apoyo popular a algunas formas de eutanasia, y muchos filósofos actuales han defendido la eutanasia por razones morales. Sin embargo, la oposición religiosa oficial (por ejemplo, de la Iglesia Católica Romana) permanece invariable, y la eutanasia activa sigue siendo un crimen en todos los países a excepción de en Holanda y Bélgica.

La decisión de morir debe ser una decisión voluntaria y reflexiva de un paciente informado; debe haber sufrimiento físico o mental que el paciente considera insoportable; no debe existir ninguna otra solución razonable (aceptable para el paciente) para mejorar la situación.

2. Eutanasia voluntaria, no voluntaria e involuntaria

  • Eutanasia voluntaria: Eutanasia practicada por A a petición de B, por el bien de B. Existe una estrecha vinculación entre la eutanasia voluntaria y el suicidio asistido, en el que una persona ayuda a otra a poner fin a su vida - por ejemplo, cuando A consigue los fármacos que permitirán a B suicidarse.
  • Eutanasia no voluntaria: Cuando la persona cuya vida termina no puede elegir por sí misma entre la vida y la muerte - por ejemplo, porque tiene una enfermedad incurable o se trata de un recién nacido incapacitado, o porque la enfermedad o un accidente le han vuelto permanentemente incompetente, sin que esa persona haya manifestado anteriormente si desearía o no la eutanasia en determinadas circunstancias.
  • Eutanasia involuntaria: Cuando se practica a una persona que habría sido capaz de otorgar o no el consentimiento a su propia muerte, pero no lo ha dado - bien porque no se le pidió o porque se le pidió pero lo rechazó, y quiso seguir viva. 3. Eutanasia activa y pasiva

Hasta aquí hemos definido de forma amplia la "eutanasia" como "matar por compasión", una acción en la que A ocasiona la muerte a B por el bien de B. Sin embargo A puede ocasionar la muerte de B de dos maneras: A puede matar a B, por ejemplo, administrándole una inyección letal; o bien A puede permitir morir a B retirándole o negándole un tratamiento que le mantiene con vida. Los casos del primer tipo se denominan típicamente eutanasia "activa" o "positiva", mientras que los del segundo tipo suelen denominarse eutanasia "pasiva" o "negativa".

4. Acciones y omisiones / Matar y dejar morir

Disparar a alguien es una acción: dejar de ayudar a la víctima de un disparo es una omisión. El debate de la eutanasia se centra en las acciones y omisiones intencionadas - es decir, en la muerte ocasionada de manera deliberada y consciente en una situación en la que el agente podría haber obrado de otro modo -, es decir, en la que A podría haberse abstenido de matar a B, y en la que C podría haber salvado la vida de B. Una idea plausible es concebir el matar como iniciar un curso de acontecimientos que conducen a la muerte; y permitir morir como no intervenir en un curso de acontecimientos que ocasionan la muerte. ¿Es siempre moralmente peor matar a una persona que dejar morir a una persona? Una de las razones más plausibles es que un agente que mata ocasiona la muerte, mientras que un agente que meramente deja morir permite que la naturaleza siga su curso. Se ha argumentado que esta distinción entre "hacer que suceda" y "dejar que suceda" es moralmente importante por cuanto pone límites al deber y responsabilidad de salvar vidas de un agente. Si matar y dejar morir fuesen moralmente equivalentes seríamos tan responsables de la muerte de quienes dejamos de salvar como de la muerte de aquellos a quienes matamos - y dejar de ayudar a los africanos que se mueren de hambre sería moralmente equivalente a enviarles comida envenenada.

Cuando se plantea el argumento sobre la significación moral de la distinción entre matar/ dejar morir en el contexto del debate de la eutanasia, hay que considerar un factor adicional. Matar a alguien, o dejar deliberadamente morir a alguien, es por lo general algo malo porque priva a esa persona de su vida. En circunstancias normales, las personas aprecian su vida, y su mejor interés es seguir con vida. Esto es diferente en el contexto de la problemática de la eutanasia. En estos casos, el mejor interés de una persona es morir

  • y no seguir con vida. Esto quiere decir que un agente que mata, o un agente que deja morir, no está dañando sino beneficiando a la persona de cuya vida se trata. 5. Medios ordinarios y extraordinarios

En la actualidad la distinción entre medios para mantener la vida considerados ordinarios y obligatorios y los que no lo son se expresa a menudo en términos de medios de tratamiento "proporcionados" y "desproporcionados". Un medio es "proporcionado" si ofrece una esperanza de beneficio razonable al paciente; en caso contrario es "desproporcionado". El mismo tratamiento puede ser proporcionado o desproporcionado, en función del estado médico del paciente y de la calidad y cantidad de vida que puede ganar el paciente con su utilización.

Más de cinco siglos antes del nacimiento de Cristo había un marcado dualismo entre el cuerpo humano mortal y el alma humana inmortal. Las semillas del dualismo estaban firmemente plantadas antes del nacimiento de Cristo, y surgió una de las tendencias de la sexualidad de Occidente: el ascetismo, que recomienda el distanciamiento y la libertad de la pasión sexual, o al menos aconseja la subordinación del deseo sexual a la razón; que considera al cuerpo como una cárcel del alma humana inmortal.

b) El pensamiento judeo-cristiano

El punto de vista predominante del Antiguo Testamento subrayaba el goce del sexo, aconsejaba la fecundidad y daba por descontado que el matrimonio y la paternidad eran naturales. En contraste con el dualismo griego y el ascetismo, las actitudes hacia el sexo y el mundo material en el Antiguo Testamento eran abrumadoramente positivas. En los pocos versículos del Evangelio en los que trata del sexo, Jesús condena el adulterio y el divorcio. Pero en ningún lugar estigmatiza los impulsos eróticos como inherentemente malos. Predicando una ley del amor y valorando a la gente por sus intenciones y motivos internos, Jesús castiga el sexo y el mundo material como obstáculos para la salvación eterna sólo cuando asumen el papel de ídolos.

San Pablo fue el primero que presentó el ideal cristiano del celibato (el sexo es prescindible y sólo permitido como acción reproductora). San Agustín se convirtió en el principal sistematizador y refinador de una tradición que exhortaba a la gente a renunciar al placer corporal a cambio del superior ideal contemplativo. Lutero rechazó el celibato como ideal. La posición de la Iglesia católica romana sobre el sexo es que es moralmente permisible sólo si tiene lugar dentro de la institución del matrimonio y el acto no es deliberadamente incompatible con la reproducción humana: Bajo este punto de vista, todas las actividades sexuales que tienen lugar fuera de la institución matrimonial (por ejemplo, el adulterio, la promiscuidad) y todas las expresiones sexuales que son deliberadamente incompatibles con la reproducción humana (por ejemplo, la masturbación, la homosexualidad, el sexo oral y anal, e incluso el uso de anticonceptivos) son estigmatizados como "no naturales" y, por tanto, de inmorales.

c) Crítica de la posición cristiana

Estas posiciones son generalmente criticadas por sus presupuestos subyacentes: una concepción de la naturaleza humana ahistórica; una inmutable y limitada percepción del lugar apropiado de la sexualidad dentro de esa naturaleza; un punto de vista excluyente sobre la única forma aceptable de la familia, y una percepción limitada de la función de la actividad sexual humana.

d) Amor e intimidad - Modelo romántico

El sexo es moralmente permisible sólo si se practica en el marco de una experiencia de amor e intimidad - necesidad de la confianza mutua, la aceptación y la comunidad recíproca de los pensamientos más íntimos. El amor y la intimidad, aunque suelen ser parte del matrimonio armonioso, no son lógicamente necesarios para el matrimonio ni se limitan a éste:

  • Visión de la naturaleza humana según la cual el sexo es una actividad humana que refleja aquellos aspectos de la personalidad más cercanos a nuestro ser
  • Idea de que el sexo sin amor degrada y en definitiva fragmenta la personalidad humana

El sexo es la expresión física más íntima del ser humano. Algunos defensores sostienen que los requisitos de amor e intimidad deben ser exclusivos. Así, la sexualidad moralmente permitida puede darse sólo con otra persona; otros defensores de este enfoque argumentan que el sexo puede ser no excluyente porque una persona es capaz de amar simultáneamente a más de una persona.

e) Crítica al amor y la intimidad - al modelo romántico

Los críticos consideran que el enfoque basado en el amor y la intimidad sobreestima y universaliza la importancia de la actividad sexual para la integridad existencial y la maduración psicológica.

  • Es evidente que mucha gente no limita su actividad sexual al amor, a pesar de lo cual no necesariamente muestra los efectos de la deshumanización y la desintegración psicológica tan temida por los defensores de esta propuesta.
  • Aun cuando el sexo sin amor produzca una fragmentación existencial, de ello no se sigue que las interacciones sexuales sean moralmente no permisibles.

Si se afirma que el sexo es diferente porque está vinculado de manera profunda y necesaria a nuestra personalidad ¿no podría el placer, sin el amor y la intimidad, constituir un legítimo objetivo de la sexualidad para mucha gente? ¿Es la importancia del sexo para la integridad existencial un hecho biológico o meramente una interpretación social de ciertos subgrupos de la sociedad? La insatisfacción por la moralidad sexual tradicional de Occidente ha dado lugar a diferentes enfoques. A menudo, la idea del contrato ha proporcionado una alternativa a la moralidad tradicional, no sólo en relación con la obligación política y con la justicia, sino también en relación con la moralidad sexual.

3. Enfoques contractualistas - Autonomía para la libertad

Los enfoques contractualistas sostienen que la actividad sexual debe valorarse moralmente con los mismos criterios que cualquier otra actividad humana. Subrayan la importancia de un mutuo consentimiento informado y voluntario y resaltan la necesidad de tolerar la diversidad sexual como reconocimiento de la libertad y de la autonomía humana.

a) La concepción libertaria

La sexualidad es moralmente permisible si y sólo si se practica con un mutuo y voluntario consentimiento informado. Este punto de vista resalta la importancia de la autonomía humana reflejada en acuerdos libremente establecidos. El sexo no es permisible cuando una o ambas partes carezcan de la capacidad de consentimiento informado o cuando haya una compulsión explícita (amenazas o extorsión), fuerza o engaño.

b) La crítica al libertarismo

La debilidad más notoria de esta postura es que ignora las numerosas distorsiones morales que tienen lugar en el ámbito del contrato: las partes de un contrato pueden tener un poder negociador radicalmente desigual.

Alison Jaggar insiste en que el marxismo subraya la base económica de la opresión de la mujer, pero no tiene en cuenta el origen verdadero de esta opresión: la agresión y dominación de los hombres. Niega que la desigualdad en razón del sexo pueda explicarse adecuadamente por causas económicas. Catharine McKinnon sostiene que los roles sexuales - formados socialmente - hacen extraordinariamente difícil que la mujer identifique y alimente sus propios deseos y necesidades sexuales. El dominio del varón y la sumisión de la mujer son las normas de coportamiento sexual aceptadas, y definen en sentido amplio los respectivos roles de los sexos en general. Las mujeres siempre permanecerán subordinadas a los hombres a menos que se reformule y reconstruya la sexualidad. El sexo está moralmente permitido sólo al margen de los roles tradicionales de dominación del varón y sumisión de la mujer, si las mujeres no están políticamente victimizadas por su sexualidad y tienen el poder y la capacidad de controlar su acceso a ella y definirse por sí mismas. La gama de respuestas incluye estas posiciones: separación total de hombres y mujeres, con boicoteo femenino a las relaciones heterosexuales; desmercantilización del cuerpo de la mujer; revolución biológica (p.e. reproducción artificial) para liberar a las mujeres de las obligaciones esencialmente desiguales de la natalidad y la crianza; independencia económica de las mujeres respecto de los hombres; remuneración de las mujeres que presten servicios domésticos y necesarios socialmente comparable a la de los hombres en la esfera pública; eliminar la distinción entre "trabajo de hombres" y "trabajo de mujeres", y pleno acceso de la mujer al ámbito público, particularmente a las posiciones de prestigio que definen el poder político y social.

c) La crítica al feminismo

Las críticas más generalizadas del feminismo se centran en su concepción del "consentimiento libre" y en su invocación de la "falsa conciencia". Algunas feministas sugieren que virtualmente todas las mujeres son incapaces del consentimiento informado porque han sucumbido víctimas de un condicionamiento generalizado por una sociedad dominada por los hombres.