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Bloque 2. Edad Media, Apuntes de Historia de España

Apuntes bloque número dos historia de España. Edad Media, Al Andalus...

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 01/10/2019

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Bloque 2
La Edad Media: tres culturas y un mapa político en constante
cambio (711-1474)
1. Al Ándalus
1.a. La conquista musulmana de la Península
1.b. La evolución política de Al Ándalus:
- El valiato o emirato dependiente (714-756)
- El emirato independiente (756-929)
- El califato de Córdoba (929-1031)
- Los reinos de taifas y las invasiones almorávide y almohade (1031-1246)
- El reino nazarí de Granada (1237-1492)
1.c. Cambios económicos, sociales y culturales
2. Los reinos cristianos medievales
2.1. Evolución política de los reinos occidentales
2.2. Evolución política de los reinos orientales
2.3. El proceso de Reconquista y repoblación
2.4. La economía
2.5. La sociedad estamental y el régimen señorial
2.6. Organización política de los Estados cristianos
2.7. El Camino de Santiago.
2.8. Las tres culturas y la Escuela de Traductores de Toledo
1. AL ÁNDALUS
1.a. La conquista musulmana
Las causas de la invasión musulmana de la península Ibérica son fundamentalmente dos. Por una
parte, la inestabilidad política del reino visigodo, tanto por el excesivo poder de la nobleza y la Iglesia
como por el carácter electivo de la monarquía. En el momento de la invasión, había un enfrentamiento
entre dos bandos, los partidarios del rey Rodrigo y los del anterior soberano, Witiza. Por otra, la política
de expansión del Islam, que lo había llevado en menos de un siglo desde la península Arábiga, donde
nació esta religión, hasta la ocupación de todo el norte de África.
Musa, gobernador árabe de la provincia norteafricana, aprovechó las disputas entre las elites
visigodas (según la tradición, los enemigos de Rodrigo solicitaron su ayuda) y envió un ejército
compuesto por unos 7.000 hombres (luego reforzados por varios miles más) al mando de Tariq. En la
batalla de Guadalete (711), el ejército visigodo fue derrotado por completo.
Los musulmanes se hicieron los dueños de la Península con gran facilidad, sin encontrar apenas
resistencia. Las causas de la rápida conquista fueron la arrolladora capacidad de los musulmanes, a los
que todavía nadie había conseguido detener, frente a la decadencia de un reino cuya población apenas se
sentía identificada con sus gobernantes visigodos (hay que destacar el descontento de la minoría judía,
discriminada y perseguida). Además, los nobles prefirieron pactar una rendición favorable, mediante
capitulaciones, que les permitieron mantener sus títulos y propiedades y poder seguir practicando su
religión, el cristianismo (a cambio de un impuesto: con el tiempo, las conversiones al Islam se aceleraron
para no tener que seguir pagándolo). Por ello, en muy pocos años (711-716) y sin apenas resistencia, los
musulmanes se extendieron por toda la Península, quedando en manos cristianas tan solo la zona
montañosa del norte (Cordillera Cantábrica y Pirineos), donde nacerían los nuevos reinos que acabarían
organizando la Reconquista.
La división entre los invasores. Los musulmanes que invadieron la Península se dividían en dos
grupos claramente diferenciados. Por un lado, los árabes, procedentes de la cuna del Islam, que se
asentaron en las tierras más fértiles (los valles del Ebro y del Guadalquivir y el Levante) y por otro, los
bereberes (población islamizada originaria del norte de África), que componían la mayor parte de las
tropas invasoras pero a los que se asentó en las tierras más pobres del interior de la Meseta, donde
practicarán sobre todo el pastoreo. Esta desigualdad en el reparto sería fuente, en el futuro, de rebeliones
y problemas. Para sofocar algunas de estas revueltas penetraron en la Península tropas sirias, que
rivalizarán con los árabes por el control de las mejores tierras.
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Bloque 2

La Edad Media: tres culturas y un mapa político en constante

cambio (711-1474)

  1. Al Ándalus 1.a. La conquista musulmana de la Península 1.b. La evolución política de Al Ándalus: - El valiato o emirato dependiente (714-756) - El emirato independiente (756-929) - El califato de Córdoba (929-1031) - Los reinos de taifas y las invasiones almorávide y almohade (1031-1246) - El reino nazarí de Granada (1237-1492) 1.c. Cambios económicos, sociales y culturales
  2. Los reinos cristianos medievales 2.1. Evolución política de los reinos occidentales 2.2. Evolución política de los reinos orientales 2.3. El proceso de Reconquista y repoblación 2.4. La economía 2.5. La sociedad estamental y el régimen señorial 2.6. Organización política de los Estados cristianos 2.7. El Camino de Santiago. 2.8. Las tres culturas y la Escuela de Traductores de Toledo

1. AL ÁNDALUS

1.a. La conquista musulmana Las causas de la invasión musulmana de la península Ibérica son fundamentalmente dos. Por una parte, la inestabilidad política del reino visigodo, tanto por el excesivo poder de la nobleza y la Iglesia como por el carácter electivo de la monarquía. En el momento de la invasión, había un enfrentamiento entre dos bandos, los partidarios del rey Rodrigo y los del anterior soberano, Witiza. Por otra, la política de expansión del Islam, que lo había llevado en menos de un siglo desde la península Arábiga, donde nació esta religión, hasta la ocupación de todo el norte de África. Musa , gobernador árabe de la provincia norteafricana, aprovechó las disputas entre las elites visigodas (según la tradición, los enemigos de Rodrigo solicitaron su ayuda) y envió un ejército compuesto por unos 7.000 hombres (luego reforzados por varios miles más) al mando de Tariq. En la batalla de Guadalete (711), el ejército visigodo fue derrotado por completo. Los musulmanes se hicieron los dueños de la Península con gran facilidad, sin encontrar apenas resistencia. Las causas de la rápida conquista fueron la arrolladora capacidad de los musulmanes, a los que todavía nadie había conseguido detener, frente a la decadencia de un reino cuya población apenas se sentía identificada con sus gobernantes visigodos (hay que destacar el descontento de la minoría judía, discriminada y perseguida). Además, los nobles prefirieron pactar una rendición favorable, mediante capitulaciones , que les permitieron mantener sus títulos y propiedades y poder seguir practicando su religión, el cristianismo (a cambio de un impuesto: con el tiempo, las conversiones al Islam se aceleraron para no tener que seguir pagándolo). Por ello, en muy pocos años (711-716) y sin apenas resistencia, los musulmanes se extendieron por toda la Península, quedando en manos cristianas tan solo la zona montañosa del norte (Cordillera Cantábrica y Pirineos), donde nacerían los nuevos reinos que acabarían organizando la Reconquista. La división entre los invasores. Los musulmanes que invadieron la Península se dividían en dos grupos claramente diferenciados. Por un lado, los árabes , procedentes de la cuna del Islam, que se asentaron en las tierras más fértiles (los valles del Ebro y del Guadalquivir y el Levante) y por otro, los bereberes (población islamizada originaria del norte de África), que componían la mayor parte de las tropas invasoras pero a los que se asentó en las tierras más pobres del interior de la Meseta, donde practicarán sobre todo el pastoreo. Esta desigualdad en el reparto sería fuente, en el futuro, de rebeliones y problemas. Para sofocar algunas de estas revueltas penetraron en la Península tropas sirias, que rivalizarán con los árabes por el control de las mejores tierras.

1.b. La evolución política de Al Ándalus. Los musulmanes llamaron Al Ándalus a la península Ibérica. Con el tiempo, a medida que los cristianos fueron recuperando territorio hacia el sur, el nombre también fue aplicándose a un territorio musulmán cada vez menor, de ahí la aparición del término Andalucía para designar la parte meridional de la península, la última en contar con la dominación islámica. Las etapas en que se dividen los ocho siglos de presencia musulmana en la Península son las siguientes:

El valiato o Emirato dependiente de Damasco (714-756)

Inicialmente, Al Ándalus fue una provincia más del enorme califato omeya de Damasco: un emirato , gobernado por un emir o valí , que actuaba como delegado del califa. Es una etapa de gran inestabilidad política. Por un lado, no se concluyó la derrota de todos los cristianos, fundándose pequeños Estados en el montañoso norte que, con el tiempo, irían haciéndose cada vez más fuertes. Por otro, la expansión hacia el resto de Europa se detuvo definitivamente con la derrota ante los francos en la batalla de Poitiers (732). Además, en el interior se desataron varias rebeliones de los bereberes, descontentos por el reparto de las tierras y por exigírseles el pago de impuestos cuando ya se habían convertido al Islam.

El Emirato independiente (756-929)

En 750, una sublevación en el corazón del Imperio acabó con el califato Omeya, siendo asesinada la mayor parte de la familia y reemplazada por una nueva dinastía, los Abbasíes. Un príncipe omeya consiguió escapar a la matanza y buscó refugio entre sus partidarios en occidente. En 756 se hizo con el poder en Al Ándalus y se proclamó emir independiente con el nombre de Abd al-Rahman I ( Abderramán I ), lo cual significaba que esta independencia era solo política, pues desde el punto de vista religioso seguía reconociendo la supremacía del nuevo califa, ahora instalado en Bagdad. Desde su capital en Córdoba , los emires Omeyas reorganizaron y consolidaron el Estado andalusí, creando un ejército permanente y produciéndose una rápida islamización entre sus habitantes. El descontento de la población muladí (cristianos convertidos al Islam) y mozárabe (aquellos que se mantenían fieles al cristianismo) provocó problemas y revueltas. La inestabilidad política y la creciente debilidad del poder central frente a los gobernadores de los territorios fronterizos marcaron los últimos años del emirato.

El Califato de Córdoba (929-1031)

El octavo emir Omeya, Abd al-Rahman III , en un momento en que el Islam oriental comenzaba a fragmentarse definitivamente, decidió establecer la completa independencia de su Estado con respecto a cualquier otro gobernante (en África ya había aparecido un califato rival al de los abbasíes, el de los fatimíes ) y se proclamó califa en el año 929. La etapa que se inició entonces es la del esplendor del Islam hispano, tanto en la política como en la economía y la cultura. En el terreno militar, y después de décadas de iniciativa de los reinos cristianos (que se habían extendido hasta el río Duero), una serie de campañas militares (sobre todo las protagonizadas por Almanzor , primer ministro del califa Hisam II) saquearon las principales ciudades de los distintos reinos, devolviendo a los cristianos a una posición defensiva y subalterna con respecto a Al Ándalus. En el terreno cultural, la capital, Córdoba, prosiguió su engrandecimiento, convirtiéndose en una de las ciudades más pobladas y bellas del mundo, gracias a construcciones como la mezquita o el palacio de Medina Zahara. Sin embargo, tras la muerte de Almanzor (1002), el califato entró en rápida crisis, minado por luchas interiores entre bereberes, árabes y mercenarios eslavos, lo cual provocó que los reinos cristianos se recuperaran e incluso intervinieran en los conflictos de Al Ándalus. En menos de treinta años se sucedieron treinta califas, hasta que, finalmente, en 1031, se formalizó la desaparición del califato, sustituido por una gran cantidad de pequeños Estados, las taifas.

Los reinos de taifas y las invasiones almorávide y almohade (1031- 1246)

Los reinos de taifas (inicialmente, más de 25) eran los Estados en que se dividió Al Ándalus tras el hundimiento del Califato. Su tamaño era muy diverso, ya que había taifas de gran extensión (Badajoz, Sevilla, Valencia o Denia, que incluía a las Baleares) y otras minúsculas, organizadas en torno a una ciudad y su medio rural circundante. Enseguida, las disputas entre ellos hicieron que más de uno fuera

(conjunto de calles para el comercio de lujo) y las alhóndigas (lugares que servían a la vez de depósito de mercancías y de alojamiento para los mercaderes). Más allá se encontraban los barrios residenciales. Los arrabales eran los barrios situados al otro lado de las murallas, lugar de residencia por lo tanto de las gentes más humildes, expuestas a quedarse sin nada en caso de ataque. En la parte más alta de la ciudad se construía la alcazaba , recinto fortificado para alojamiento de las autoridades y sede de la guarnición que la protegía. Las dos grandes actividades concentradas en la ciudad fueron la artesanía y el comercio. La artesanía (y en especial la de artículos de lujo) alcanzó un gran desarrollo. El sector más importante fue el textil (especialmente la seda, introducida por los árabes, pero también la lana, el lino y el algodón). Adquirieron asimismo gran desarrollo los trabajos en pieles y cuero, la cerámica, el vidrio y el papel (invento chino introducido por los árabes en Europa). Este último, más abundante y barato que el pergamino, abarató el precio de los libros, fundamentales en la cultura musulmana. El comercio integró Al Ándalus en el amplio circuito económico del mundo islámico, tanto hacia el Mediterráneo oriental como hacia el norte de África (el oro sudanés permitió una rica circulación monetaria, que atrajo la codicia de los cristianos bajo la forma de las parias ).

2) Sociedad. La estructura social se basaba en primer lugar en criterios religiosos: musulmanes y no musulmanes. Dentro de los musulmanes , tras la conquista podían distinguirse tres grupos:

  • Una aristocracia de origen árabe , que se asentó en las tierras más fértiles (valles del Ebro y Guadalquivir y el Levante). A ella se unieron los sirios que llegaron poco después de la conquista.
  • Los bereberes (población islamizada tras la conquista del norte de África), que tenían un rango inferior y fueron instalados en las tierras más pobres del interior, lo cual fue motivo de constantes tensiones y conflictos.
  • Los muladíes , hispanos convertidos al Islam. Las conversiones fueron muy frecuentes en los primeros tiempos, para eludir los impuestos exigidos a los no musulmanes y facilitar la integración con los nuevos dominadores. Aunque, en general, el Islam no fuerza a las conversiones, en los momentos de dominio intolerante de almorávides y almohades, estas se aceleraron. Dentro de los no musulmanes (que terminaron siendo minorías cuya religión se toleraba a cambio del pago de un impuesto y cierto control religioso) había dos grupos:
  • Los judíos , que gozaron de una amplia tolerancia, en contraste con la persecución sufrida bajo los visigodos. Vivían sobre todo en las grandes ciudades, en barrios separados o juderías, dedicados al comercio y a profesiones liberales.
  • Los mozárabes , cristianos residentes en territorio musulmán, que fueron descendiendo en número por las conversiones o por la emigración a zona cristiana con el avance de la Reconquista. Como ya se ha dicho, fueron muy hostigados en los periodos de intolerancia religiosa.

Cultura. Al Ándalus fue la vía de transmisión a Occidente de la ciencia griega y de gran parte de la india, que los árabes recuperaron y desarrollaron. Un buen ejemplo es la difusión del actual sistema de numeración, de origen indio y con la fundamental innovación del número cero. La época del califato de Córdoba fue un periodo de esplendor cultural, con un clima de gran libertad intelectual, que se mantuvo en los reinos de taifas, gracias a la riqueza de estos y a la protección de sus gobernantes, por razones de prestigio. En los periodos de los almorávides y los almohades, el fanatismo religioso provocó una restricción del pensamiento. Grandes figuras que Al Ándalus dio a la cultura universal fueron filósofos como Abentofail, Averroes (que gozó de enorme fama en el mundo cristiano como gran comentarista de Aristóteles) y el judío Maimónides, o poetas como Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma. En el campo del arte , las grandes construcciones de los árabes forman hoy parte esencial del patrimonio cultural español. Al prohibir el Islam la representación en imágenes de los personajes y conceptos religiosos, la pintura y la escultura tuvieron un desarrollo escaso en beneficio de la arquitectura y las artes decorativas. Los edificios islámicos se caracterizaban por el empleo de materiales pobres (ladrillo, yeso…), la abundante decoración con que se disimulaba dicha pobreza (elementos vegetales como el ataurique , motivos geométricos como la lacería o inscripciones epigráficas , es decir, fundamental mente de textos del Corán). Las construcciones principales eran las mezquitas y los palacios; estos últimos incluyen no solo las construcciones sino también el diseño de los jardines, en los que los musulmanes se revelaron verdaderos maestros en la disposición de espacios que combinan lo acuático y lo vegetal. Las obras principales son la mezquita de Córdoba (arte califal), la Aljafería de Zaragoza (taifas), la Torre del Oro y la Giralda, ambas en Sevilla (arte almohade) o la Alhambra (arte nazarí).

2. LOS REINOS CRISTIANOS

En la zona montañosa de la cornisa cántabro-pirenaica, pobre en recursos y con dificultades de acceso, los musulmanes vieron frenado su avance iniciado en 711, y eso permitió la formación de unos núcleos de resistencia, poblados ante todo por los pueblos autóctonos (astures, cántabros, vascones, que ya habían chocado con anteriores invasores de la Península, como los romanos y los visigodos), a los que se unieron probablemente fugitivos del reino visigodo derrotado. Este sería el origen de unos asentamientos que, al principio poco poblados y con escasa relevancia, poco a poco irían formando los reinos cristianos medievales que, con el tiempo, se extenderán hacia el sur. Tradicionalmente, se ha llamado Reconquista a este proceso de ocupación (de «recuperación», en la propaganda cristiana) de las tierras musulmanas por parte de los cristianos entre los siglos VIII y XV.

2.1 Evolución política de los reinos occidentales El más antiguo núcleo de resistencia documentado se formó en la Cordillera Cantábrica, en los Picos de Europa, cuya población local estaba formada por astures y a los que se unieron algunos nobles visigodos. Uno de ellos, Pelayo , en el año 722 dirigió una escaramuza contra un grupo de musulmanes en la que, por primera vez desde la invasión, salieron vencedores los cristianos: las fuentes cristianas magnificaron el episodio y lo convirtieron en la batalla de Covadonga. Pelayo fue proclamado rey, considerándose heredero de la legitimidad visigoda: este es el inicio del reino de Asturias. La extensión del reino inicial era muy pequeña y por espacio de más de un siglo apenas emergió del núcleo montañoso, siendo Oviedo su primera capital importante. La fortuna del reino estuvo en la despoblación de las tierras situadas entre la cordillera Cantábrica y el río Duero (la «tierra de nadie»), que habían sido abandonadas por los bereberes. Alfonso III el Magno es el monarca que por fin alcanza el Duero, en la segunda mitad del siglo IX. En el año 914, se traslada la capital a León y el Estado cambia su nombre por el de reino de León , lo cual indica la importancia de esta expansión. Sus límites se encuentran en ese momento entre el río Duero al sur, el mar al norte y al oeste y la actual provincia de Burgos al este. Esta expansión se ve frenada en el siglo X debido al esplendor del califato de Córdoba (proclamado en 929). Los musulmanes no solo detienen a los cristianos sino que atacan su territorio mediante expediciones anuales de saqueo (las más importantes, las realizadas por Almanzor a finales de siglo). En la parte oriental del reino, para defenderse de los ataques de los musulmanes del valle del Ebro, con el que hacía frontera, se habían ido creando una serie de fortalezas o castillos gobernados por condes nombrados por el rey de León. Uno de estos condes, Fernán González , aprovechando las dificultades de su monarca, reúne bajo su autoridad los territorios de varios condados y forma el condado de Castilla , que pasa a ser prácticamente independiente a mediados del s. X. Será el núcleo del futuro reino castellano. Por matrimonio, el condado de Castilla pasa a formar parte del vecino reino de Pamplona (después llamado de Navarra), convirtiéndose en una de las posesiones de su rey, Sancho III el Mayor (1000-1035). A su muerte en 1035, y siguiente la costumbre medieval de que el soberano puede disponer de sus territorios como patrimonio personal en su testamento, Sancho III otorga Castilla a uno de sus hijos, pero con la categoría de reino. Nace así el reino de Castilla en 1035 , siendo Fernando I su primer monarca. La victoria de Fernando I sobre su cuñado el rey de León hace que se unifiquen los dos reinos en 1037, formando la Corona de Castilla y León. Ahora bien, estos dos reinos serán entregados a dos hijos distintos, separándose una vez más entre 1065 y 1230 , momento en que se unen de modo definitivo bajo Fernando III el Santo y con el nombre de Corona de Castilla , que será el que mantendrá ya hasta la unión con Aragón bajo los Reyes Católicos. Sin embargo, antes de esa unión, otro territorio se ha separado, y ya para siempre, del reino de León. Se trata de Portugal , reino independiente desde 1143, cuando su conde Alfonso Enríquez se proclama rey. Por lo tanto, en la parte occidental de la península Ibérica llegó a haber en determinado momento hasta tres reinos independientes (Castilla, León y Portugal), quedando al final en dos. El reino de Castilla, de los tres, será el de mayor tamaño y recursos, de ahí su iniciativa en la Reconquista. En el año 1085, el rey Alfonso VI conquista Toledo , plaza de gran importancia simbólica por haber sido la capital del reino visigodo. Se alcanzaba así el Tajo, y la alarma en los reinos de taifas provocó la llamada a los almorávides , que entraron en la Península con gran ímpetu, derrotando a los cristianos en varias batallas y deteniendo su avance por unas cuantas décadas. Un caballero cristiano de gran fama en esta época, el Cid Campeador (sirviendo a veces al rey Alfonso VI y actuando a veces por cuenta propia,

Mayor (1000-1035), que en su época se convierte en el rey cristiano más poderoso de la Península al dominar los condados vecinos de Castilla y Aragón. A su muerte dividió sus posesiones entre sus tres hijos, bajo el título de rey: así, además del reino de Pamplona, surgen los de Castilla y Aragón. Desde entonces, Navarra pierde importancia y queda progresivamente constreñida entre sus dos vecinos, perdiendo incluso la salida al mar en beneficio de los castellanos (el actual País Vasco), aunque en algunos momentos también se extenderá al otro lado de los Pirineos. En la segunda mitad del siglo XII, el reino pasa a llamarse de Navarra. Apartado de la Reconquista, su historia como Estado independiente (aunque en la órbita de influencia francesa) se prolonga hasta su conquista por los Reyes Católicos en 1512.

b. Los condados catalanes A finales del siglo VIII, Carlomagno, rey y luego emperador de los francos, intenta crear un territorio que sirva de barrera frente al Islam, arrebatando a los musulmanes plazas como Gerona o Barcelona. Así, crea la Marca Hispánica en el norte de la actual Cataluña, territorio que es dividido por los francos en diversos condados (Pallars, Urgel, Cerdaña, Rosellón, Besalú, Barcelona…). Con la decadencia de los carolingios, esos condados se independizan, encabezados por el más poderoso de todos ellos, el de Barcelona , que acaba unificando a todos los demás. En este proceso destacaron dos figuras: Vifredo el Velloso , que reúne bajo su mando los principales condados catalanes y los gobierna con plena autonomía, aunque manteniéndose como vasallo del rey franco, y Borrell II , que a finales del s. X logra la plena independencia, dejando de prestar homenaje al rey franco.

c. El reino de Aragón y la Corona de Aragón El núcleo primitivo del condado de Aragón, habitado por una población escasa de montañeses ganaderos, surgió en torno a Jaca a comienzos del siglo IX. Absorbido por el reino de Pamplona, su historia como reino empieza, como la de Castilla, a la muerte de Sancho III el Mayor, que deja el territorio a uno de sus hijos como rey, Ramiro I. Su primera expansión se produce con el rey Alfonso I el Batallador, conquistador de Zaragoza. A su muerte sin hijos, hereda el reino su hermano Ramiro el Monje, que acepta la corona el tiempo suficiente para casarse, tener una hija, Petronila, y casarla con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña. Se unen así Aragón y Cataluña , en la llamada Corona de Aragón (1150), aunque cada uno de los Estados mantendrá sus propias leyes e instituciones. Aunque Aragón sigue extendiéndose hasta el sur, desde el Ebro hasta el Mediterráneo, la llegada de los almorávides y almohades detiene las conquistas hasta el siglo XIII, como sucedió en Castilla. Después de la batalla de las Navas de Tolosa, y bajo el reinado de Jaime I el Conquistador , la expansión sufre un notable impulso, con la conquista de Mallorca (1229) y Valencia (1238), que se integran como reinos en la Corona de Aragón. El acuerdo de Aragón con Castilla de fijar la frontera entre ambos en Murcia tiene como consecuencia que Aragón finalice a mediados del s.XIII su participación en la Reconquista peninsular, pero su vocación comercial y naval lo llevará a buscar una salida a través del Mediterráneo. Desde finales del siglo XIII hasta mediados del siglo XV, los monarcas aragoneses se lanzan a una expansión que los convierte en dueños de Sicilia, Cerdeña y el reino de Nápoles (que abarcaba todo el sur de Italia). Durante un breve periodo de tiempo, incluso, dominan dos ducados griegos, los de Atenas y Neopatria , conquistados a principios del siglo XIV por tropas mercenarias catalanas, los almogávares , que habían sido llamados por el emperador bizantino para luchar contra los turcos. La Corona de Aragón, por tanto, con gran protagonismo de Cataluña, construye un verdadero imperio mediterráneo. A principios del siglo XV se produce un cambio de dinastía por la muerte sin sucesión del último rey de la anterior, Martín el Humano. En el Compromiso de Caspe (1412), los nobles aragoneses eligen como rey a Fernando de Antequera , de la dinastía castellana de Trastámara. Las tensiones entre la monarquía y la nobleza y entre los distintos sectores sociales afectarán también a la Corona de Aragón en el s. XV. Especial relevancia tuvo la guerra civil catalana (1462-1472) , resultado final de una suma de conflictos de intereses (entre la oligarquía catalana y la monarquía, entre los campesinos y los señores feudales e incluso entre artesanos y comerciantes de Barcelona). La guerra, que estalló durante el reinado de Juan II y que dejó a Cataluña arruinada, concluyó con la firma de la Capitulación de Pedralbes, en la que el rey adoptó una actitud conciliadora con los vencidos.

2.3. El proceso de reconquista y repoblación

Como hemos visto, la Reconquista es el proceso de ocupación militar de los territorios musulmanes de la P. Ibérica, protagonizado por los cristianos entre los siglos VIII y XV. El término tiene su origen en una visión parcial, la de los reinos cristianos, apoyada en dos bases ideológicas:

  • El derecho a la restauración de la monarquía visigoda.
  • El espíritu de cruzada contra los infieles, que se reforzó con el descubrimiento del supuesto sepulcro del apóstol Santiago en Compostela. Ambas ideas justificaban la “recuperación” para la cristiandad de los territorios “usurpados” por los musulmanes. Para muchos historiadores, sería más acertado hablar simplemente de “conquista”, pero, en cualquier caso, el término reconquista está ya muy consolidado para designar el citado proceso de avance militar de los cristianos. De los hitos más significativos de este proceso discontinuo y complejo (que tiene sus momentos álgidos en los siglos XI y XIII) hemos dado ya cuenta en el apartado anterior, al tiempo que veíamos la formación y evolución de los reinos cristianos. Ahora bien, tras la ocupación militar de los territorios ganados a los musulmanes era necesario repoblarlos para afianzar las conquistas. A lo largo de los siglos de la Reconquista, hubo varios sistemas de repoblación, cuyo resultado final fue una estructura de propiedad de la tierra mantenida prácticamente hasta nuestros días, con el río Tajo como límite entre una España de medianas y pequeñas propiedades al norte y una España latifundista al sur.

a. La repoblación por presura (siglos VIII-X) fue el primer método empleado, en las tierras al norte del Duero y al sur de los Pirineos. Esta modalidad fue impulsada por la presión demográfica de los reducidos núcleos cristianos iniciales y tuvo a su favor que los territorios ocupados estaban prácticamente despoblados, por lo que no requerían conquista previa. La presura es la simple ocupación de tierras sin dueño, por iniciativa de campesinos o nobles y monasterios. La puesta en cultivo daba derecho a la propiedad sobre ese terreno, por lo que el resultado fue el predominio de la pequeña propiedad. b. La repoblación concejil (s. XI y XII) se aplicó en las tierras situadas entre el Duero y el Tajo y en el valle del Ebro. Un grupo de pobladores formaba un concejo al que se entregaban unas tierras cuyo núcleo era una villa o ciudad, donde se instalaba un representante del rey y un grupo de caballeros para defenderla. Una vez constituido el concejo, el rey le otorgaba un fuero, carta de población o carta puebla (conjunto de normas que regulaban todos los aspectos de la vida municipal). Alos nuevos pobladores se les concedía un solar para levantar su casa y tierras de cultivo, que al cabo de unos años pasaban a ser de su propiedad. El resultado fue el predominio de la propiedad mediana libre y la abundancia de tierras comunales (bosques, zonas de pastos…) c. La repoblación de las Órdenes Militares (primera mitad del s. XIII) afectó a La Mancha y Extremadura, así como a Teruel y norte de Castellón. Se trataba de zonas extensas y poco pobladas que se entregaron como encomiendas a las Órdenes que se habían destacado en su conquista. Surgieron así los grandes latifundios dedicados fundamentalmente a la explotación ganadera. d. La repoblación por repartimientos (segunda mitad del s. XIII) se aplicó en el valle del Guadalquivir y el litoral levantino. Tras la ocupación de una ciudad con sus territorios circundantes, los oficiales reales hacían inventario de los bienes obtenidos y los repartían entre quienes habían participado en su conquista, dependiendo el tamaño y valor de los lotes o donadíos del rango social de los que los recibían. A los numerosos pobladores musulmanes de estas tierras se les permitió permanecer como colonos, aunque muchos prefirieron emigrar a Granada o África. Este sistema provocó, asimismo, la aparición de grandes latifundios en poder de la nobleza y la Iglesia.

2.4 La economía de los reinos cristianos

Entre los siglos VIII y XI, la economía de los Estados cristianos, basada en la agricultura y la ganadería, fue muy pobre (sobre todo en comparación con la de Al Ándalus), con escasa circulación monetaria y orientada al autoconsumo. La situación cambió a partir del siglo XII.

En Castilla, la obtención de grandes extensiones de tierra con el avance de la reconquista hizo posible el crecimiento demográfico y el desarrollo de la agricultura, la ganadería y el comercio. Esta actividad tuvo una considerable reactivación gracias al Camino de Santiago , la ruta de peregrinación que desde los Pirineos conducía hasta la supuesta tumba del apóstol en tierras gallegas y en torno a la cual florecieron numerosas villas que ofrecían servicios a los viajeros y que estimularon el comercio. Después de las grandes conquistas del siglo XIII, la ganadería ovina de raza merina, que producía una lana de alta calidad destinada a la exportación hacia Inglaterra y Países Bajos, adquirió mucha importancia y recibió notables privilegios a través de la creación del Honrado Concejo de la Mesta (la

fundamental que garantizaba la conservación del patrimonio familiar y su transmisión íntegra a los futuros herederos.

El clero Igual que la nobleza, los eclesiásticos gozaban de privilegios (exención fiscal, tribunales propios…). Asimismo, la Iglesia poseía importantes señoríos, cuyos campesinos aportaban cuantiosas rentas, y cobraba un impuesto específico, el llamado diezmo. Las tierras de la Iglesia (que aumentaban continuamente por las donaciones hechas por el rey o por particulares) estaban también vinculadas, es decir, no podían ser vendidas o enajenadas (se decía que estaban en manos muertas ). Dentro del clero existía una clara estratificación social, con grandes diferencias de renta y posición entre el alto clero (obispos, abades…) y el bajo clero (curas rurales, frailes…). Una diferencia funcional es la que distingue al clero secular (párrocos y obispos) del clero regular (monjes y frailes que pertenecen a una orden religiosa y viven en comunidad, sometidos a una regla: benedictinos, franciscanos, dominicos…).

El estado llano Todos los no privilegiados formaban parte del estado llano, también llamado tercer estado, estado general o plebeyo. Era el estamento más numeroso y heterogéneo, pudiendo distinguirse los siguientes grupos:

  • Los campesinos eran la inmensa mayoría, debido a la base agrícola de la economía. En el norte abundaban los campesinos libres dueños de pequeñas propiedades o sometidos a un régimen señorial relativamente benigno; en la mitad sur, en cambio, los campesinos no eran propietarios y trabajaban en los inmensos señoríos nobiliarios o eclesiásticos.
  • Los artesanos de las ciudades, organizados en gremios, experimentaron un crecimiento desde el renacimiento urbano iniciado en el s. XI.
  • Los mercaderes y banqueros, inicialmente muy escasos, también se desarrollaron con el auge de las ciudades. Con el tiempo, artesanos y mercaderes fueron constituyendo una burguesía independiente, libre del poder señorial.

Las minorías religiosas Los mudéjares (musulmanes bajo dominio cristiano) eran numerosos al sur del Tajo y en Valencia y Murcia. Se dedicaban fundamentalmente al trabajo en el campo (donde mantuvieron las técnicas de regadío propias de Al Ándalus) y, en menor medida, a los oficios artesanales. Los judíos gozaron en algunas ocasiones de la protección directa de los monarcas a cambio de servicios administrativos o financieros. Muchos de ellos se dedicaban al comercio, a los oficios artesanales, a la medicina y a la banca. Vivían generalmente en las ciudades, en barrios propios llamados juderías o aljamas. Aunque la convivencia entre cristianos y judíos fue aceptablemente buena hasta el s. XIII, la hostilidad de la mayoría cristiana hacia las comunidades hebreas fue creciendo partir de la crisis de la Baja Edad Media, cuando se les vio como el chivo expiatorio al que echar la culpa de los problemas económicos. El odio fue atizado por muchos predicadores, que los acusaban de ser el pueblo deicida, y dio lugar a brotes de persecuciones y matanzas (los pogroms).

Un elemento fundamental de esta sociedad estamental era el régimen señorial. Un señorío (inicialmente, se le llamaba feudo) era un territorio concedido por el rey a un particular (un noble) o una institución (un monasterio, un cabildo o una Orden Militar) normalmente como pago por los servicios prestados (su participación en la reconquista, sobre todo). También fue frecuente que algunos campesinos libres y propietarios de pequeñas parcelas buscaran la protección de algún noble para hacer frente a la inseguridad existente. A cambio de esta protección debían entregar su tierra al señor, quedando como usufructuarios de la misma obligados al pago de una renta (una parte de la cosecha). En los comienzos de la Reconquista apareció el primer tipo de señoríos, los denominados señoríos territoriales o solariegos , cuyas tierras carecían de dueño previo, por lo que el nuevo señor adquiría la propiedad de las mismas. A partir del s. XII, con el aumento de la influencia de la nobleza en los asuntos de la Corona, muchos de los territorios concedidos se convirtieron en señoríos jurisdiccionales , bajo completo dominio del señor sin intervención del rey; el señor, por tanto, administraba la justicia, cobraba impuestos, etc., lo que suponía una privatización de funciones públicas.

Los titulares de señoríos disfrutaban de una serie de derechos específicos, que variaban de unos casos a otros:

  • Derechos territoriales, como el cobro de rentas (en especie o en dinero) a los campesinos que explotaban las tierras (divididas en pequeñas parcelas o mansos).
  • Derechos sobre monopolios, como el de molino o el cobro de peaje por atravesar una puerta (portazgo) o por atravesar un puente (pontazgo).
  • Derechos jurisdiccionales, como el de nombrar a las autoridades municipales de los pueblos incluidos en el señorío, de administrar justicia y cobrar multas. Este régimen es el equivalente al feudalismo que existió en la Europa cristiana a lo largo de toda la Edad Media, mediante el cual la nobleza arrebató buena parte de su poder a los reyes. En el plano político, el poder efectivo del monarca se limitaba a las tierras de realengo, es decir, las que estaban bajo su dominio directo por no formar parte de los señoríos nobiliarios o eclesiásticos.

Las revueltas sociales de la Baja Edad Media La gran crisis de la Baja Edad Media se tradujo en un enorme malestar social que desembocó en una serie de conflictos y revueltas. De ellas, las más importantes fueron la rebelión de los irmandiños en Galicia (1467-1469) y la guerra de los remensas en Cataluña (1380-1486). Los campesinos gallegos, con el apoyo del pueblo llano de las ciudades, se levantaron contra los abusos señoriales, creando la Santa Hermandad, destruyendo castillos y exigiendo la devolución de las tierras arrebatadas por los señores. La unión de los nobles acabó sometiendo a los campesinos rebeldes. En Cataluña, los payeses de remensa (campesinos adscritos a la tierra de forma hereditaria) se organizaron en un gran sindicato remensa y exigieron el fin de los malos usos y del régimen señorial, dando lugar a un movimiento disperso e intermitente que se prolongará hasta el reinado de los Reyes Católicos (sentencia arbitral de Guadalupe).

2.6 La organización política de los reinos cristianos

2.6.a. El nacimiento de las Cortes

En un primer momento, eran únicamente la nobleza y el clero quienes auxiliaban al rey en la administración del Estado, formando la Curia Regia , cuyo cometido era asesorar al rey, aunque muchas veces trataban de controlarlo. Con el tiempo, a raíz del crecimiento de las ciudades y del auge de una rica burguesía, los monarcas intentaron contrapesar la influencia de los dos estamentos privilegiados convocando también a representantes de las ciudades más importantes. Surgieron así las Cortes , una asamblea formada por representantes de los tres estamentos (la nobleza, el clero y, por el estado llano, las ciudades) que se reunían con el rey cuando eran convocadas por este. Sus funciones eran esencialmente dos:

  • Atender las consultas del rey y ofrecerle consejo en asuntos de especial importancia o dirigirle peticiones.
  • Votar subsidios o impuestos de carácter extraordinario para los gastos de la monarquía (por ejemplo, para sufragar las guerras). Las primeras Cortes son convocadas en 1188 en el reino de León, y en el siglo siguiente se extienden a los otros Estados cristianos. Cuando se unifiquen Castilla y León, sus Cortes también se unirán. Por el contrario en la Corona de Aragón, cada uno de los reinos que la formaban (Aragón, Cataluña, Valencia) mantendrán sus propias Cortes (Mallorca nunca llegó a tenerlas), con un protagonismo político superior a las castellanas. Navarra también disponía de esta institución. Ni la composición ni las funciones de estas Cortes estamentales son equiparables a las de las actuales Cortes constitucionales: no eran representativas de la voluntad general de la población (el campesinado, mayoritario, no estaba representado), no tenían poder legislativo y no disponían de medios legales para controlar el poder del monarca

2.6.b. La organización política de la Corona de Castilla: hacia una monarquía autoritaria En Castilla, la autoridad de la monarquía se fortaleció de modo considerable en la Baja Edad Media (siglos XIV-XV). Frente al concepto feudal que convertía al rey en un señor de vasallos, obligado a respetar como estos sus compromisos y obligaciones, se fue imponiendo la doctrina de la supremacía absoluta del rey como soberano de súbditos , aunque la nobleza siguió intentando mantener su influencia hasta el reinado de los Reyes Católicos. El monarca castellano disponía de amplios poderes, como la facultad de declarar la guerra, dictar leyes e impartir justicia.

construcción (el románico y el gótico) procedentes de Europa, con ejemplos eminentes en las catedrales de Santiago, Burgos o León.

2.8. Las tres culturas

Un rasgo importantísimo del panorama cultural de la Península en la Edad Media fue su carácter plural: la existencia de mudéjares en los territorios cristianos y de cristianos (mozárabes) en los musulmanes, así como de judíos en unos y otros, propició el contacto y el intercambio de conocimientos entre las tres culturas, más allá de las diferencias religiosas o las rivalidades políticas o militares.

Los musulmanes habían preservado en su lengua buena parte del legado griego (filosofía, conocimientos científicos) al conquistar en Oriente importantes territorios que antes habían estado helenizados, y la Iglesia y la Corona alentaron su traducción al latín ,surgiendo centros de traducción del árabe en diferentes ciudades, sobre todo en aquellas en las que, tras la conquista cristiana, siguió habiendo una gran población islámica, como Tudela (Navarra), Zaragoza, Barcelona y, sobre todo, Toledo. El exponente principal de esta labor lo constituye la Escuela de Traductores de Toledo , que hace referencia no a una institución concreta sino a la labor, bajo mecenazgo del rey Alfonso X el Sabio (s. XIII), de un conjunto de sabios que vertieron las obras del árabe al castellano antiguo (normalmente, por parte de un judío que dominaba ambas lenguas), como paso previo al latín. Esta «Escuela» hizo posible la difusión por el Occidente cristiano de gran parte del conocimiento perdido de la Antigüedad griega y de la ciencia del mundo islámico, al tiempo que simboliza la fructífera convivencia entre las tres culturas que vivieron en la Hispania medieval.