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Muy buenos apuntes de Carmen Laforet nada
Tipo: Apuntes
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Sumario de temas
comienzan a convocarse desde los primeros años 40. El más importante sin suda será el Premio Nadal, convocado por la editorial barcelonesa Destino. En cuanto a las tendencias, en la narrativa de la inmediata posguerra dominaban por una lado los novelistas de ideología conservadora y del realismo tradicional (Ignacio Agustí, con Mariona Rebull , Rafael Serrano con La fiel infantería , Gonzalo Torrente Ballester con Javier Mariño) y otras donde aparece un intenso lirismo e una intensidad narrativa (Wenceslao Fernández Flórez y El bosque animado ). Como tendencias renovadoras sí podemos citar en primer lugar el tremendismo representado por la novela La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela. La novela narra un conjunto de crímenes y de atrocidades cometidas por el protagonista, Pascual Duarte. Las novelas tremendistas muestran los aspectos negativos de la realidad con una intención crítica y expresan una visión amarga de la vida, unos personajes desarraigados y marginados y un lenguaje crudo, directo y a veces violento, cercano a la caricatura. Por otra parte, también destaca la novela de corte existencial, donde se suele situar Nada de Carmen Laforet y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes (ambas premio Nadal, 1945 y 1947 respectivamente). Desde las vivencias personales, estos novelistas existenciales expresan en sus relatos la miseria y la sordidez de aquellos años. Los temas suelen ser la frustración, la inadaptación, la angustia, la muerte, etc. Se intentaba reflexionar sobre el sentido de la existencia en un ámbito desagradable, absurdo. Para ello utilizaron técnicas narrativas tradicionales y de influencia barojiana. Carmen Laforet (1921-2004). Biografía Muy pocos casos se han dado en la literatura como el de Carmen Laforet, una escritora que, con tan sólo 23 años y en plena época franquista, triunfó con una novela sorprendente titulada Nada. Escrita desde una perspectiva femenina, llena de fuerza y originalidad, consiguió la fama con el premio Nadal de 1944 y fue un éxito de ventas. Pero veamos los rasgos más destacados de su biografía: INFANCIA ● Carmen Laforet nace en Barcelona en 1921, en la casa de su abuela, sita en la calle Aribau. ● Cuando tenía apenas dos años, su familia se traslada a Las Palmas de Gran Canaria. ● Su madre fallece allí, cuando Carmen contaba 13 años. ● Estudia el bachillerato y no vive las penurias de la guerra civil (1936-1939). La relación con la nueva esposa de su padre no es buena y consigue que éste le dé permiso para ir a estudiar a Barcelona.
de la novela que le dio la fama, supo conquistar un puesto destacado junto a colegas de su generación como Camilo José Cela, Antonio Buero Vallejo o Miguel Delibes, quien la definió muy acertadamente como “la mujer nueva cuando apenas había mujeres en literatura”. En efecto, Carmen Laforet, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Josefina Aldecoa fueron algunos de los pocos nombres femeninos que desafiaron el oscuro papel reservado a la mujer en la España franquista. Sin duda, lo más sorprendente de su biografía es el triunfo conseguido con su novela Nada , un auténtico éxito de ventas, que gozó, además, de una buena acogida de la crítica literaria. El hecho de conseguir el premio Nadal tan joven le supuso a la vez una cara y una cruz: por un lado siempre se la consideró la autora de Nada ; por otro, la sombra de esta novela no dejó apreciar suficientemente la calidad de otras producciones y la etiquetó hasta el fin de sus días. Pero para nuestro deleite, nos quedan sus páginas, su sensibilidad, su creatividad, su forma de ver la vida en una época histórica gris y su estilo impecable. Nada (1945). Resumen Nada (1945), de Carmen Laforet, es una novela en forma autobiográfica cuya acción transcurre en los primeros años de posguerra. La protagonista, Andrea, abandona su pueblo a los dieciocho años y va a estudiar a Barcelona, donde se aloja en casa de sus parientes. Al principio la familia, a la que apenas conoce, despierta en ella una fuerte curiosidad y hasta simpatía, pero pronto descubre que se trata de un grupo de desequilibrados a los que las experiencias de la guerra y la difícil situación en la que les ha tocado vivir, marcada por el hambre y la miseria, les ha llevado a la locura. La joven busca refugio en sus amistades universitarias, un mundo bien distinto del de sus familiares, pero que, al cabo de un tiempo, también la decepciona. La única que la entiende y la apoya es Ena: a pesar de las diferencias entre ambas, su relación desemboca en una fuerte y sincera amistad. El año en Barcelona se convierte para Andrea en una experiencia muy importante: la búsqueda de identidad propia y el primer paso hacia la edad adulta. La maduración de la protagonista se realiza desde una posición de rebeldía contra el modelo de feminidad y las limitaciones impuestas por la ideología franquista, hecho que permite verla como un símbolo de emancipación femenina. Voz narrativa Carmen Laforet ofrece un relato lineal narrado en primera persona desde un futuro no precisado que lo sitúa en el tiempo del recuerdo; apenas da unas pinceladas de la vida anterior de Andrea, su protagonista de dieciocho años, antes de llegar a Barcelona. El año intenso vivido por Andrea va a ser el tema exclusivo del relato. El fragmento de la vida narrado conlleva una estructura abierta, pero sólo aparentemente, porque la novelista manifiesta una voluntad clara de cierre narrativo al repetir los gestos de la protagonista, al dejarle que lo viva ella como tal. Se puede considerar un relato autobiográfico y de sus observaciones se puede deducir que se trata de unas memorias.
Carmen Laforet y Andrea: ¿novela autobiográfica? No sabemos exactamente cuándo escribe Andrea sus vivencias, pero podemos deducir que es un período de tiempo similar al que dedicó Carmen Laforet a la escritura de su novela (entre enero y septiembre de 1944). En todo caso, se trata de una novela con una gran cantidad de elementos autobiográficos, aunque no sea propiamente una autobiografía. Se trata de una obra literaria en la que la autora intercala libremente sus pensamientos, sus vivencias, su fantasía y su visión personal del conflicto planteado. Y, aunque la relación entre ambas vidas tiene muchos puntos de contacto, no cabe duda de que una obra literaria se nutre de muchos elementos, algunos reales, otros correspondientes a la ficción. Un rasgo general que caracteriza la novela es la desesperanza. La inocente mirada de Andrea a su llegada a la gran ciudad se verá pronto atacada por los conflictos brutales en su familia que la llevarán al “exilio” de Barcelona, con el único equipaje del vacío y la desolación. Su marcha es una huida hacia adelante, hacia otra ciudad que plantea un final abierto. No sabemos cómo será su nueva existencia, pero sí sabemos que la acompaña el desencanto. Aunque Carmen Laforet siempre negó que la protagonista de la novela, Andrea, fuera la propia autora, lo cierto es que coinciden muchos rasgos autobiográficos: ambas llegan a Barcelona para estudiar en la universidad, se instalan en casa de la abuela, estudian y conocen a amigas extranjeras, estudian, se relacionan con la clase alta, no triunfan en sus estudios, abandonan Barcelona y se trasladan a Madrid. Muchos detalles con los que podemos establecer paralelismos evidentes y que no deben pasarse por alto a la hora de interpretar la novela. Seguramente, Carmen Laforet no es Andrea, pero Andrea tiene mucho de Carmen Laforet. La dosis de autobiografía es seguramente mayor de lo que afirmaba la autora en estas palabras: No es —como ninguna de mis novelas— autobiográfica, aunque el relato de una chica estudiante —como yo fui en Barcelona— e incluso la circunstancia de haberla colocado viviendo en una calle de esta ciudad donde yo misma he vivido, haya planteado esta cuestión, más de una vez. Carmen Laforet. Mis páginas mejores. Madrid. Gredos. 1956 Estructura y temas básicos de la novela La estructura externa de la novela podemos clasificarla como clásica. Es un relato lineal narrado en primera persona desde una perspectiva temporal no muy alejada –apenas unos años después de los hechos–. Aparentemente posee un final propio de estructura abierta, como si pudiera continuar la acción en Madrid, aunque lo cierto es que el tiempo transcurrido en Barcelona es ya una puerta cerrada que nunca más se abrirá. No es un relato de acción, pero mantiene el interés de la lectura mediante pinceladas, descripciones a grosso modo, impresiones y presencia de elementos incompletos que obligan al lector a reconstruir el decorado y la trama con su imaginación. Se puede dividir en tres partes:
de sus experiencias a través de la reflexión. Personajes Uno de los aspectos más importantes en la maduración de Andrea es su relación con Román. Román , el tío de Andrea, es un pintor, aventurero, donjuán, capaz de fascinar a las mujeres –Gloria, Ena, la madre de Ena y la propia Andrea–, ejerce un papel de dominio psicológico sobre el resto de familiares de la casa. Parece vivir apartado de la casa, en la buhardilla del edificio, donde mantiene largas conversaciones con Andrea; es el único miembro de la familia que no permanece encarcelado en la casa de la calle Aribau. Pero posee un lado oscuro en su personalidad de conquistador, se comporta como un tirano capaz de humillar, ningunear o de pelearse con su propio hermano. A medida que transcurren los días, Andrea se da cuenta de que él es la causa de la mayor parte de los egoísmos y problemas que padecen los demás. Es el juez y parte de toda la acción en la novela. Nada escapa a su peculiar forma de entender la verdad. Las mujeres son vistas por él como seres hipócritas que sólo conducen a la perdición y, como todos los personajes de la casa, es, primordialmente, el símbolo de la negación de la vida; es el personaje antagónico, representa justamente lo contrario de todo cuanto Andrea espera conseguir: amor, amistad, etc. Román es destructivo. Con su muerte no sólo se liberan de su yugo los personajes-habitantes de la casa, sino que se da cabida a la posible existencia del ideal de amor romántico, ya que con su muerte acaba también la negación de todo aquello a lo que aspira Andrea. Es un personaje controvertido y clave en la novela, por cuanto su muerte precipita el final de la misma. Juan , el otro hombre de la casa y también tío de Andrea, es pintor pero sin el talento, ni el atractivo de su hermano Juan. Muestra una frustración por su fracaso matrimonial, familiar y económico. Sus relaciones conyugales –con presencia de maltratos– y fraternales son tortuosas, muestran un carácter violento, brutal, despiadado y a veces repulsivo. Su vida transcurre entre el poder de Román y su fracaso matrimonial con Gloria, destruido en gran medida por la mano de Román. Sin embargo, interesa especialmente la caracterización que Laforet hace de cada uno de los personajes femeninos. Gloria , esposa de Juan, es un personaje controvertido. Se asemeja a Andrea en sus ansias de libertad, aunque no tiene voluntad suficiente para romper con la familia, las ataduras, los maltratos y mantiene una vida apática en una casa en la que se siente atrapada. Angustias , hermana de Juan y Román, es el personaje que encarna la crueldad y la opresión. Su presencia se hace insoportable: ella quiere acabar con los sueños de Andrea. Sin embargo, vive una historia con un hombre casado, al que ama a espaldas de todos, que la condena –al igual que a Gloria– al más absoluto de los vacíos. Termina enclaustrándose en un convento a causa no de su fe, sino de su debilidad y de su incapacidad para enfrentarse a los hechos. La abuela encarna el papel femenino tradicional por antonomasia: religiosa y madre para sus hijos (no para sus hijas). Vive totalmente al margen de la realidad y representa la inocencia, frente al resto de los personajes, fruto de los años de su propia educación y, cómo no, del no saber hacer las cosas de otro modo. También es un ser atormentado que calla ante las
injusticias familiares y que muestra las crudas cicatrices de la miseria, de la guerra y de la pérdida de su marido. La criada , con su gato negro, posee todo lo que de negativo tienen la casa y sus habitantes. Es un personaje oscuro, tétrico que, como una sombra, está en todas partes y es cada uno de los habitantes. La madre de Ena , Margarita, aparecerá en escena con una sorprendente relación con Román y con una charla que inspirará confianza a Andrea. Junto con su marido y la voluntad de Ena, serán los agentes positivos de la novela que motivarán la partida de Andrea hacia Madrid. Representa, sin embargo, la desmitificación del amor materno y, al contrario que Gloria, ella se casó sin amor y mantiene, pese a todo, una relación matrimonial satisfactoria y respetuosa. El más desafiante de los seres que toman vida en la novela es Ena. Ella vive la vida según sus propios criterios y se da un cierto valor como mujer. A través de ella Andrea recobra la esperanza de lograr sus sueños. Ena es la gran amiga de Andrea. Su inteligencia y seguridad en sí misma atraerá a Andrea, que verá en ella un modelo de conducta. Si bien su relación atraviesa por altibajos y por interferencias –relación con Román–, Ena será la puerta abierta a las clases sociales altas y al futuro lejos de la angustia familiar. Andrea es la narradora, personaje protagonista y testigo. Su historia es la de una huérfana de dieciocho años que abandona el pueblo en el que vivía con su prima Isabel y va a la casa de sus abuelos –para estudiar en la universidad de Barcelona– cargada de ilusiones. El tiempo y las circunstancias se encargarán de desvanecerlas. Es observadora de la realidad, de la arquitectura, de las personas, de las calles, de los ambientes..., y sabe transmitir con frases cargadas de sensibilidad sus impresiones más íntimas. Carmen Martín Gaite la definió como chica rara, es decir, personaje fuera de los estereotipos marcados por las protagonistas de novelas. Su aspecto físico no queda definido más que por la delgadez y por la ausencia de coquetería. Su personalidad se corresponde con la de una chica tímida pero fuerte de carácter, que valora su independencia y busca la libertad. Al final, angustiada por los acontecimientos del último año vivido, ve en la oferta de su amiga Ena la tabla de salvación y abandona Barcelona aparentemente sin llevarse nada, aunque sí lleva en su “equipaje” una serie de duras vivencias que forjan su madurez. El espacio El espacio físico de la novela Nada no es un sencillo decorado, es un entorno existencial que condiciona a todos los personajes, especialmente a Andrea. Podemos dividirlo en dos bloques: ESPACIOS INTERIORES: LA CASA DE LA CALLE ARIBAU Representan la miseria económica, la falta de esperanza y la frustración. Son sucios, sórdidos, ruinosos, sombríos. Cuarto de Andrea Refugio ante las incidencias familiares Cuarto de baño El agua: símbolo de limpieza física y moral Buhardilla de Román Entorno de artista solitario, de bohemia y de charlas, pero también desde donde ejerce su control sobre los habitantes de la casa
estas narraciones prevalece la frustración de la vida cotidiana, la angustia por un tipo de vida no deseado, la tristeza y el ansia existencial. Recogen las ideas filosóficas europeas del momento, concretamente del existencialismo de Sastre –no hay que olvidar que Europa se ve sumida en la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945–, y lo aplican a la amargura de la vida cotidiana. Elementos presentes en estas novelas son el relato de la soledad, la frustración por una sociedad en decadencia, la inadaptación, los personajes marginados o desarraigados y la muerte. Las causas de este tipo de temática corresponden al contexto histórico, es decir, a la sociedad de la posguerra española. Los años cuarenta estuvieron marcados por causas que son fácilmente reconocibles en Nada: a. La pobreza (casa de la abuela, asignación económica, hambre...) b. La violencia (matrimonio Gloria y Juan) c. La muerte (Román) Nada es una novela sobrecogedora que refleja la realidad cotidiana de unos seres angustiados, ubicados en la posguerra española y cuya existencia recuerda una pesadilla llena de discordias, confrontaciones y frustraciones. El dolor y el pesimismo son ejes vertebradores de la narración, que se reflejan en sus personajes y en el punto de vista de Andrea, una muchacha que irá madurando a lo largo de su estancia en Barcelona. Las relaciones entre los protagonistas de la novela dibujan una estructura que entronca con el tremendismo literario y con el existencialismo filosófico. En este contexto histórico y social, el relato de Carmen Laforet, de título además tan simbólico, se inserta en la narrativa de corte existencialista que se produjo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial y que daría a luz obras tan destacadas como L’étranger , 1942 (El extranjero) de Albert Camus o La nausée , 1938 (La Náusea) de Jean Paul Sastre. La narración de Andrea plantea una serie de conflictos entrelazados en un relato lineal, subjetivo, sensible, melancólico y con algunos detalles de morbosidad. El título La novela narra un fragmento vital de corte existencialista, puesto que está abocado a la soledad y a la nada. Esta palabra que da título a la novela aparece en varios pasajes de la obra, la primera vez cuando escucha tocar a su tío Román y afirma no sentir nada. En otras ocasiones, como después del baile de Pons, reflexiona sobre su papel en la vida y se deshace en llanto. Los proyectos personales de Andrea, el amor y la amistad, resultan un fracaso y están llenos de sinsabores. Al final, cuando abandona la casa y hace balance de su estancia, reitera el sentimiento de vacío. El leitmotiv (motivo central o asunto que se repite, especialmente de una obra literaria o cinematográfica) de la obra también está presente en los versos de Juan Ramón Jiménez que encabezan la novela. No obstante, esa nada tiene para ella un profundo sentido, puesto que en ella se encierra una profunda vivencia a través de la mirada de una adolescente. El lector queda apresado por la profundidad de la ausencia que vive Andrea y no por la superficialidad de muchas cosas que suceden a su alrededor. Ese “anegarse en la nada” alude a que todo el
contenido está en el interior de sí misma, en su palabra literaria, no en sus relaciones con los demás. En este sentido, también se puede afirmar que nada le ha sucedido a Andrea en un año, pero emocionalmente ha cambiado mucho. Miguel Delibes en su artículo “Una interpretación de Nada ” decía: “Nada es pesimista, pero no desesperanzada”. Nada ¿una novela de aprendizaje? Podríamos decir que la novela de Carmen Laforet adquiere rasgos de un Bildungsroman , término alemán que significa “novela de iniciación o de aprendizaje”: un género literario cuyo tema es la búsqueda por parte del joven héroe para encontrar su lugar en el mundo, para descubrir su propia identidad; búsqueda que a menudo se realiza a través del viaje, un viaje que no es sólo físico, sino también interior. Si interpretamos Nada en clave de novela de aprendizaje o de iniciación, fácilmente podemos distinguir estos dos tipos de viajes.
una perfecta descripción de una ciudad como Barcelona en la época de posguerra. La protagonista se fija en todo aquello que le rodea a su llegada a Barcelona; transmite una visión totalmente subjetiva, ya que no describe los objetos tal y como son, como si se tratara de una toma fotográfica, sino que lo hace como ella los percibe, aportándonos sus sensaciones y emociones. Frente al estilo retórico y clasicista de la época, Nada está escrita con una prosa fresca, directa, espontánea. Para consultar y ampliar: http://www.slideshare.net/jgonz262/carmen-laforet-nada http://www.edu365.cat/batxillerat/lectures/castellana/laforet/01_biografia.htm http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/HISTORIA_LITERATURA/LAFORET/index_lafor et.htm http://webs.uvigo.es/pmayobre/master/alumnas/izabela%20mocek/tesis_magister_izabela.pd f http://www.educacion.gob.es/exterior/centros/brest/es/materiales/nada.pdf http://educacion.ufm.edu/nada-carmen-laforet/