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charlems, Apuntes de Trabajo Social

Asignatura: Epistemologia del Treball Social, Profesor: Toni Lopez, Carrera: Treball Social, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 19/09/2014

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sandrita94-1 🇪🇸

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¿QUÉ ES ESA COSA LLAMADA CIENCIA? Una valoración de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y sus métodos por ALAN F. CHALMERS Xx pta MÉXICO. ESPAÑA ARGENTINA COLOMBIA siglo veintiuno editores, sa DAL AGUA 2, MEXICO 20, DF. siglo veintiuno de españa editores, sa EPRZAS, MADNID a, ESPAÑA siglo veintiuno argentina editores, sa siglo veintiuno de colombia, ltda Av oia 17-73 PRAMER PISO. BOGOTA, D.E. COL: Primera edición en español, enero de 1982 (O SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A. Calle Plaza, 5. Madrid-33 Primera edición en inglés, 1976 (£) University of Queensland Press T.tulo original: What is this thing called science? DERECHOS RESERVADOS CONFORME A LA LEY Impreso y hecho en España Printed and made in Spain Diseño de la cubierta: El Cubri ISBN: 84-323-0426-3 Depósito legal: M. 1.799 1982 Impreso en Closas-Orcoyen, $. L. Poligono Igarsa Paracuellos del Jarama (Madrid) ¡ 40 Alan F. Chalmers T, UNA CONCEPCION POPULAR DE LA OBSERVACION En parte porque el sentido de la vista cs el sentido que se usa de un modo más extenso en la práctica de la ciencia y en parte por conveniencia, restringiré mi análisis de la observación al dominio de la visión. En la mayoría de los casos no resultará difícil ver cómo se podría reformular el argumento presentado de manera que fuera aplicable a la observación mediante los otros sentidos. Una simple con- cepción popular de la vista podría ser la siguiente. Los seres* humanos ven utilizando sus ojos. Los componentes más importantes del ojo humano son una lente y la retina, la cual actúa como pantalla en la que se forman las imágenes de los objetos externos al ojo. Los rayos de luz proceden- tes de un objeto visto van del objeto a la lente a través del medio que hay entre ellos. Estos rayos son refractados por el material de la lente de tal manera que llegan a un punto de la retina, formando de este modo una imagen del objeto visto. Hasta aquí, el funcionamiento del ojo es muy parecido al de una cámara. Hay una gran diferencia, que es el modo en que se registra la imagen final. Los nervios ópticos pasan de la retina al córtex central del cerebro. Estos llevan información sobre la luz que llega a las diversas zonas de la retina. El registro de esta información por parte del cerebro humano es lo que corresponde a la visión del objeto por el observador humano. Por supuesto, se podrían añadir mu- chos detalles a esta sencilla descripción, pero la explicación que se acaba de ofrecer capta la idea general. El anterior boceto de la observación mediante el sentido de la vista sugiere dos cuestiones, cuestiones que son clave para el inductivista. La primera es que un observador hu- mano tiene acceso más o menos directo a algunas propie- dades del mundo exterior en la medida en que el cerebro registra esas propiedades en el acto de ver. La segunda es que dos observadores que vean el mismo objeto o escena desde el mismo lugar «verán» lo mismo. Una combinación idéntica de rayos de luz alcanzará el ojo de cada observador, será enfocada en sus retinas normales por sus lentes ocú- lares normales y dará lugar a imágenes similares. Así pues, La observación depende de la teoría 4 una información similar viajará al cerebro de cada obser- vador a través de sus nervios ópticos normales, dando como resultado que los dos observadores «vean» lo mismo. En la próxima sección se atacarán muy directamente estas dos cuestiones. Las últimas secciones arrojarán nuevas dudas, más importantes, sobre la adecuación de la postura induo- tivista sobre la observación. 11. EXPERIENCIAS VISUALES QUE NO ESTAN DETERMINADAS POR LAS IMAGENES FORMADAS EN LA RETINA Hay una gran cantidad de datos que indican que no se trata de que la experiencia sufrida por los observadores cuando ven un objeto esté determinada únicamente por la informa- ción, en forma de rayos de luz, que entra en los ojos del observador, ni de que esté determinada solamente por las imágenes formadas en las retinas de un observador. Dos observadores normales que vean el mismo objeto desde el mismo lugar en las mismas circunstancias físicas no tienen necesariamente idénticas experiencias visuales, aunque las imágenes que se produzcan en sus respectivas retinas sean prácticamente idénticas. Hay un sentido importante en el que no es necesario que los dos observadores «vean» lo mis- mo. Como dice N. R. Hanson, «hay mucho más en lo que se ve que lo que descubre el globo ocular». Algunos ejemplos sencillos ilustrarán la cuestión. La mayoría de nosotros, cuando miramos por primera vez la figura 3, vemos el dibujo de una escalera en el que resulta visible la superficie superior de los escalones. Pero no es este el único modo de poderlo ver. También se puede ver sin dificultad como una escalera en la que resulta visible la superficie inferior de los escalones. Además, si se mira el dibujo durante algún tiempo, por lo general se encuentra, involuntariamente, que cambia la visión frecuentemente de una escalera vista desde arriba a una escalera vista desde abajo y viceversa. Y, no obstante, parece razonable suponer que, puesto que el objeto que contempla el observador sigue siendo el mismo, las imágenes de la retina no varían. El hecho de que el dibujo se vea como una escalera vista desde 42 Alan F. Chalmers Figura 3 arriba o como una escalera vista desde abajo parece depen- der de algo más que de la imagen que hay en la retina del observador. Sospecho que ningún lector de este libro ha Puesto en duda mi afirmación de que la figura 3 parece una escalera de algún tipo. Sin embargo, los resultados de los experimentos realizados con miembros de varias tribus afri- canas, cuyas culturas no incluyen la costumbre de dibujar objetos tridimensionales mediante dibujos bidimensionales con perspectiva, indican que los miembros de estas tribus no habrían considerado que la figura 3 es una escalera sino una disposición bidimensional de líneas. Presumo que la naturaleza de las imágenes formadas en las retinas de los observadores es relativamente independiente de su cultura, Además, parece seguirse que las experiencias perceptuales que los observadores tienen en el acto de ver No están espe- cialmente determinadas por las imágenes de las retinas, Hanson ha llamado la atención sobre este punto y lo ha ilustrado con muchos ejemplos ?. Lo que un observador ve, esto es, la experiencia visual que tiene un observador cuando ve un objeto, depende en parte de su experiencia pasada, su conocimiento y sus expec- tativas. He aquí dos sencillos ejemplos que ilustran esta cuestión en particular. * N. R. Hanson, Patterns of discovery, Cambridge, Cambri ¿ versity Press, 1958, capítulo 1. > stes, Cambridge Uni La observación depende de la teoría 43 En un conocido experimento se mostraba a los sujetos unas cartas durante un breve período de tiempo y se les pedía que las identificaran. Cuando se utilizaba una baraja normal, los sujetos eran capaces de cumplir esta tarea con - mucho éxito. Pero cuando se introducían cartas anómalas, tal como un as de picas rojo, en principio casi todos los sujetos identificaban inicialmente esas cartas de un modo incorrecto con una carta normal. Veían un as de picas rojo como un as de diamantes normal o como un as de picas normal. Las impresiones subjetivas experimentadas por los observadores estaban influidas por sus expectativas. Cuando, después de un período de confusión, los sujetos comenzaban a darse cuenta o se les decía que había cartas raras en la baraja, no tenían problema en identificar correctamente todas las cartas que se les mostraban, ya fueran anómalas o normales. Este cambio en su conocimiento y expectativas iba acompañado de un cambio en lo que veían, aunque si- guieran viendo el mismo objeto físico, Un rompecabezas infantil nos proporciona otro ejemplo; el problema consiste en encontrar el dibujo de una cara hu- mana entre el follaje en el dibujo de un árbol. Aquí, lo que se ve, esto es, la impresión experimentada por una persona que ve el dibujo, corresponde en principio al árbol, con su tronco, sus hojas y sus ramas. Pero una vez que se ha detec- tado la cara humana, esto cambia. Lo que antes se veía como follaje y partes de las ramas se ve ahora como una cara humana. De nuevo, se ha visto el mismo objeto físico antes y después de la solución del problema, y presumiblemente la imagen que hay en la retina del observador no cambia en el momento en que se encuentra la solución y se descubre la cara. Y si se ve el dibujo un poco después, un observador que ya haya resuelto el problema podrá ver de nuevo con facilidad la cara. En este ejemplo, lo que ve un observador resulta afectado por su conocimiento y su experiencia. Se puede sugerir la siguiente pregunta: ¿¿Qué tienen que ver estos ejemplos artificiales con la ciencia?» La respuesta es que no resulta difícil proporcionar ejemplos procedentes de la práctica científica que ilustren la misma cuestión, a saber, que lo que ven los observadores, las experiencias sub- 46 Alan F. Chalmers ojos y de la escena observada. En segundo lugar, en una gran diversidad de circunstancias, lo que vemos en diversas si- tuaciones sigue siendo completamente estable. La depen- dencia entre lo que vemos y el estado de nuestras mentes O cerebros no es tan sensible como para hacer imposible la comunicación y la ciencia. En tercer lugar, en todos los ejemplos que se han citado aquí, los observadores ven en un cierto sentido la misma cosa. Yo acepto, y presupongo a través de todo este libro, que existe un solo y único mundo físico independiente de los observadores. De ahí que, cuando unos cuantos observadores miran un dibujo, un ¿rozo de aparato, una platina de microscopio o cualquier otra cosa, en cierto sentido todos ellos se enfrentan y miran la misma cosa y, por tanto, en cierto sentido, «ven» la misma cosa. Pero de eso no se sigue que tengan experiencias perceptivas idénticas. Hay un sentido muy importante en el que no ven la misma cosa, y en él se basa la crítica que he realizado de la postura inductivista. TIT. LOS ENUNCIADOS OBSERVACIONALES PRESUPONEN LA TEORIA Aunque se diera una única experiencia perceptiva para todos los observadores, todavía seguiría habiendo objeciones im- portantes al supuesto inductivista acerca de la observación. En esta sección centraremos nuestra atención en los enyn- ciados observacionales que se basan en las experiencias perceptivas de los observadores que afirman los enunciados y que están supuestamente justificados por ellas. Según la concepción inductivista de la ciencia, la sólida base sobre la que se construyen las leyes y teorías que constituyen la ciencia está formada por enunciados observacionales públi- cos, y no por las experiencias subjetivas privadas de los observadores individuales. Evidentemente, las observaciones que efectuó Darwin durante su viaje en el Beagle, por ejem- plo, no habrían tenido las consecuencias que tuvieron para la ciencia si hubieran seguido siendo experiencias privadas de Darwin. Sólo se convirtieron en observaciones relevantes para la ciencia cuando fueron formuladas y comunicadas ¿ La observación depende de la teoría 47 como enunciados observacionales susceptibles de ser utili- zados y criticados por otros científicos. La concepción in- l':, ductivista exige la derivación de enunciados universales a partir de enunciados singulares mediante la inducción. Tanto el razonamiento inductivo como el deductivo conllevan rela- ciones entre diversos conjuntos de enunciados, y no relacio- nes entre enunciados por un lado y experiencias perceptivas por otro. Podemos suponer que hay experiencias perceptivas de algún tipo directamente accesibles al observador, pero no sucede así con los enunciados observacionales. Estos últimos son entidades públicas, formuladas en un lenguaje público, gue conllevan teorías con diversos grados de generalidad y * complejidad. Una vez que se centra la atención en los enun- ciados observacionales en cuanto forman la supuesta sólida base de la ciencia, se puede advertir que, en contra de la pretensión del inductivista, una teoría de algún tipo debe preceder a todos los enunciados observacionales y que los enunciados observacionales son tan falibles como las teorías que presuponen. Los enunciados observacionales se deben realizar en el lenguaje de alguna teoría, por vaga que sea. Consideremos una sencilla frase del lenguaje común: «¡Mira, el viento em- puja el cochecito del niño hacia el borde del precipicio!» En esta frase se presupone mucha teoría de bajo nivel. Se im- plica que existe una cosa tal como el viento, que tiene la propiedad de poder mover objetos tales como cochecitos que se encuentran en su camino. El sentido de urgencia que expresa el «¡Mira!» indica la expectativa de que el coche, junto con el niño, caiga por el precipicio y quizás se estrelle contra las rocas que hay debajo y, además, se supone que este hecho será perjudicial para el niño. Igualmente, cuando un madrugador que tiene una urgente necesidad de café se queja: «El gas no quiere encenderse», se supone que en el mundo hay sustancias que se pueden agrupar bajo el con- cepto de «gas» y que algunas de ellas, por lo menos, arden. Hay que señalar al respecto también que no siempre se ha dispuesto del concepto de «gas». No existió hasta mediados del siglo xvi, cuando Joseph Black preparó por primera vez el dióxido de carbono. Antes, se consideraba que todos 48 Alan F. Chalmers los «gases» eran muestras más o menos puras de aire*, Cuando pasamos a enunciados del tipo de los que se dan en la ciencia, los presupuestos teóricos son menos tópicos y más evidentes. No es necesario argumentar mucho en favor de la existencia de presupuestos teóricos en la afirmación «el haz de electrones fue repelido por el polo norte del imán» o en el discurso de un psiquiatra sobre los síntomas de abandono de un paciente, Así pues, los enunciados observacionales se hacen siempre en el lenguaje de alguna teoría y serán tan precisos como lo sea el marco conceptual o teórico que utilicán. El con- cepto de «fuerza», tal y como se usa en física, es preciso porque toma su significado del papel que desempeña en una teoría precisa y relativamente autónoma: la mecánica newto- niana. El uso de la misma palabra en el lenguaje cotidiano (la fuerza de las circunstancias, la fuerza del vendaval, la fuerza de un argumento, etc.) es impreciso sólo porque las correspondientes teorías son múltiples e imprecisas, Las tcorías precisas, claramente formuladas, constituyen un requisito previo de unos enunciados observacionales preci- sos. En este sentido, las teorías preceden a la observación, Las anteriores afirmaciones acerca de la anterioridad de la teoría a la observación va en contra de la tesis induc- tivista de que el significado de muchos conceptos básicos se extrae de la observación. Consideremos como ejemplo el simple concepto de «rojo». Una explicación inductivista sería más o menos la siguiente. A partir de todas las expe- riencias perceptivas de un observador que surgen del sentido de la vista, un cierto conjunto de ellas (las que corresponden a las experiencias perceptivas que surgen de la visión de objetos rojos) tendrán algo en común. El observador, inspec- cionando el conjunto, es de algún modo capaz de discernir el elemento común que hay en estas percepciones y de llegar a concebir este elemento común como lo rojo. De esta ma- nera se llega al concepto de «rojo» a través de la obser- vación. Esta explicación posee un serio defecto. Supone que a partir de todas las infinitas experiencias perceptivas ha- % Véase The structure of scientific revolutions, de T, S. Kuhn, Chicago, Chicago University Press, 1970, p. 70. La observación depende de la teoría 49 bidas por un observador, el conjunto de experiencias per- ceptivas que surgen de la visión de cosas rojas está de alguna manera disponible para ser inspeccionado. Pero ese conjunto no se autoselecciona. ¿Cuál es el criterio según el que se incluyen en el conjunto algunas experiencias percep- tivas y se excluyen otras? Por supuesto, el criterio es que sólo se incluyen las percepciones de los objetos rojos. La explicación presupone el propio concepto, lo rojo, cuya adquisición se pretende explicar. No supone una defensa de la postura inductivista señalar que los padres y los maestros seleccionan un conjunto de objetos rojos cuando enseñan a los niños a comprender el concepto de «rojo», ya que lo que nos interesa es cómo adquiere por vez primera el concepto su significado. La afirmación de que el concepto de «rojo» o cualquier otro concepto se deriva de la expe- riencia, y de nada más, es falsa. Hasta ahora se ha estado atacando en esta sección la concepción inductivista ingenua de la ciencia, argumentando que las teorías tienen que preceder a los enunciados obser- vacionales, de modo que resulta falso afirmar que la ciencia comienza con la observación. Ahora vamos a ver una segunda manera de atacar al inductivismo. Los enunciados observa- cionales son tan falibles como las teorías que presuponen y por lo tanto no constituyen una base completamente se- gura sobre la que construir las leyes y teorías científicas. En primer lugar ilustraré esta cuestión con algunos ejem- plos simples, de alguna manera inventados, y luego procederé a indicar la importancia de la cuestión para la ciencia ci- tando algunos ejemplos procedentes de la ciencia y de su historia. Consideremos el enunciado: «He aquí un trozo de tiza» emitido por un profesor al tiempo que señala una barra cilíndrica blanca que mantiene delante de la pizarra. Incluso este enunciado observacional tan básico conlleva una teoría y es falible. Se da por supuesta una generalización de muy bajo nivel tal como «las barras blancas que se encuentran en las aulas cerca de las pizarras son trozos de tiza». Y, desde luego, no es necesario que esta afirmación sea verdadera. El profesor de nuestro ejemplo puede estar equivocado, Puede que el cilindro blanco en cuestión no sea un trozo 52 Alan F. Chalmers los enunciados observacionales dependen de la teoría y, por tanto, también su falibilidad. El segundo ejemplo se refiere a la electrostática. Los primeros experimentadores en este campo dieron cuenta de las observaciones de varillas electrizadas que se volvían pega- josas, como lo demostraba el hecho de que se pegaran a ellas trocitos de papel, y del rechazo mutuo de dos cuerpos electrizados. Desde un punto de vista moderno, esos infor- mes observacionales eran erróneos. Las falsas concepciones que facilitaron esas observaciones serían ahora reempla- zadas por las nociones de fuerzas atrayentes y repelentes que actúan a distancia, conduciendo así a informes observa- cionales completamente diferentes. Finalmente, y como detalle más divertido, los modernos cientificos no tendrían ninguna dificultad para exponer la falsedad de un apunte en el cuaderno del honesto Kepler, como consecuencia de las observaciones realizadas a través de un telescopio galileano, que dice así: «Marte es cuadrado y de un intenso color» *. En esta sección he mantenido que el inductivista está equivocado en dos cosas. La ciencia no cornienza con los enunciados observacionales, porque una teoría de algún tipo precede siempre a todos los enunciados observacionales, y los enunciados observacionales no constituyen una base firme sobre la que pueda descansar el conocimiento cien- tífico, porque son falibles. Sin embargo no pretendo afirmar que de esto se siga que los enunciados observacionales no deberían desempeñar ningún papel en la ciencia. No insto a que se descarten todos los enunciados observacionales porque son falibles; simplemente mantengo que el papel que atribuyen los inductivistas a los enunciados observacionales en la ciencia es incorrecto, * P. K, Feyerabend, Against method: outline of an anarchistic theory of knowledge, Londres, New Left Books, 1975, p. 126, La observación depende de la teoría 53 IV. LA TEORIA GUÍA LA OBSERVACION Y LA EXPERIMENTACION Ñ Según el más ingenuo de los inductivistas las observaciones * efectuadas por un observador imparcial y sin prejuicios . proporcionan la base del conocimiento científico *. Si esta * postura se interpreta literalmente, es absurda e insostenible. Para ilustrarlo, imaginemos a Heintich Hertz, en 1888, efeo- tuando el experimento eléctrico que le permitió producir y detectar las ondas de radio por primera vez. Si hubiera sido completamente imparcial al hacer sus observaciones, se habría visto obligado a registrar no sólo las lecturas en va- rios contadores, la presencia o ausencia de chispas en diver- sos lugares críticos en los circuitos eléctricos, las dimen- siones del circuito, etc., sino también el color de los contadores, las dimensiones del laboratorio, el estado del tiempo, el tamaño de sus zapatos y un montón de detalles «claramente irrelevantes», esto es, irrelevantes para el tipo de teoría en el que Hertz estaba interesado y que estaba comprobando. (En este caso concreto, Hertz estaba compro- bando la teoría electromagnética de Maxwell para ver si podía producir las ondas de radio predichas por la teoría.) : Como segundo ejemplo, hipotético, supongamos que yo tu- viera muchas ganas de hacer alguna contribución a la filoso- fía o a la anatomía humanas y supongamos que hubiera observado que se habían llevado a cabo muy pocos estudios sobre los lóbulos de las orejas de los seres humanos. Si, ba- sándome en eso, tuviera que proceder a efectuar cuidadosas observaciones del peso de los lóbulos de las orejas de mu- chísimos seres humanos, registrando y clasificando todas esas observaciones, creo que resulta evidente que no estaría haciendo ninguna aportación importante a la ciencia. Estaría perdiendo el tiempo, a menos que se hubiera propuesto una teoría que diera importancia al peso de los lóbulos de las orejas, por ejemplo una teoría que relacionara de algún modo el tamaño de los lóbulos con la incidencia del cáncer, Los ejemplos anteriores ilustran un aspecto importante en el que la teoría precede a la observación en la ciencia. 1 Véase, por ejemplo, la cita de la p. 22, 54 Alan F. Chalmers Las observaciones y los experimentos se efectúan para com- probar o aclarar alguna teoría, y sólo se deben registrar las observaciones que se consideran relevantes para esa tarea. Sin embargo, en la medida en que las teorías que constituyen nuestro conocimiento científico son falibles e incompletas, la guía que las teorías nos ofrecen con respecto a qué obser- vaciones son relevantes para algún fenómeno que se está investigando puede ser engañosa, y puede hacer que se pasen por alto algunos factores importantes. El experimento de Hertz referido anteriormente proporciona un bonijo ejemplo. Uno de los factores a los que me refería como «claramente irrelevantes» era de hecho muy relevante. Una consecuencia de la teoría que se estaba comprobando era que las ondas de radio deben tener una velocidad igual a la velocidad de la luz. Cuando Hertz midió la velocidad de sus ondas de radio, encontró repetidas veces que su velocidad era significativa- mente distinta a la de la luz. Nunca consiguió resolver ese problema. Y hasta después de su muerte no se comprendió cuál era realmente la fuente del problema: las ondas de radio emitidas desde su aparato se reflejaban en las paredes del laboratorio y volvían al aparato, interfiriendo en las mediciones. Resultó que las dimensiones del laboratorio eran muy relevantes. Así pues, las falibles e incompletas teorías que constituyen el conocimiento científico pueden servir de falsa guía para un observador. Pero este problema se ha de abordar mejorando y ampliando nuestras teorías y no registrando una lista infinita de observaciones sin un pro- pósito fijo. Y. EL INDUCTIVISMO NO ESTA REFUTADO DE UN MODO CONCLUYENTE El hecho de que la observación dependa de la teoría, que se ha analizado en este capitulo, socava la afirmación induc- tivista de que la ciencia comienza con la observación. Sin embargo, sólo los inductivistas más ingenuos desearían de- fender esta postura. Ninguno de los inductivistas modernos, más sofisticados, desearía mantener esa versión literal. Pue- den prescindir de la afirmación de que la ciencia debe La observación depende de la teoria 55 comenzar con la observación imparcial y sin prejuicios esta- bleciendo una distinción entre el modo en que se concibe o descubre por primera vez una teoría, por un lado, y el modo en que se justifica o se valoran sus méritos, por otro. Esta postura modificada admite francamente que las nuevas teorías se conciben de diversas maneras y a menudo a través ; de muchos caminos. Se le pueden ocurrir al descubridor en :, un momento de inspiración, como"en la mítica historia de ¿ que el descubrimiento por parte de Newton de la ley de gra- É vitación surgió cuando vio caer una manzana de un árbol. : Igualmente, podría producirse un nuevo descubrimiento como resultado de un accidente, como sucedió cuando Roent- gen llegó al descubrimiento de los rayos x por el continuo _ ennegrecimiento de las placas fotográficas almacenadas en las proximidades de su tubo de descarga. O también se po- dría llegar a un nuevo descubrimiento después de largas series de observaciones y cálculos, tal y como enseñan los descubrimientos de Kepler de las leyes del movimiento pla- ' netario. Las teorías pueden ser concebidas, y usualmente lo E son, antes de hacer las observaciones necesarias para com- probarlas. Además, según este inductivismo más sofisticado, los actos creativos, los más nuevos e importantes de los cuales exigen genio e implican la intervención de la psicolo- gía individual de los científicos, se resisten al análisis lógico. . El descubrimiento y la cuestión del origen de las nuevas teorías son materias que quedan excluidas de la filosofía de la ciencia. Sin embargo, una vez que se ha llegado a nuevas leyes y teorías, no importa por qué camino, todavía queda la cues- tión de la adecuación de esas leyes y teorías. ¿Corresponden a un conocimiento científico lícito o no? Esta es la pregunta que interesa a los inductivistas sofisticados. Su respuesta es más o menos la que he esbozado en el capítulo 1. Gran can- tidad de hechos relevantes para una teoría se deben deter- minar mediante la observación en una amplia variedad de ? circunstancias y hay que establecer en qué medida se puede + demostrar que la teoría es verdadera o probablemente ver- dadera a la luz de esos hechos y mediante algún tipo de inferencia inductiva. La separación entre el modo de descubrimiento y el modo 58 Alan F. Chalmers con el problema filosófico. También recomendaría con"entusias- mo un libro apasionante sobre la percepción animal, The magic of the senses, de Vitus B. Droscher (Nueva York, Harper and Row, 1971). Este libro da una idea muy clara de las limitaciones M y el carácter restringido de la percepción humana y de la arbi- trariedad de los intentos por dar un significado fundamental a la información que los humanos reciben casualmente a través de sus sentidos.