






Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
clasicismo: la iliada, apuntes, resumenes
Tipo: Apuntes
1 / 11
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!







prohibida su venta
Guía de clase
LITERATURA
I. DEFINICIÓN: La Literatura griega corresponde al primer movimiento literario: el Cla-
sicismo, y dentro de este Clasicismo, el Clasicismo occidental, que comprende también
la Literatura latina, pero los inicios de la tradición literaria occidental tienen lugar en
Grecia. Es en Grecia en donde se origina el desarrollo de la literatura occidental y donde
surgen también los modelos literarios que servirán de referencia para las posteriores lite-
raturas.
En la Literatura griega podemos distinguir los siguientes géneros:
a. La épica: Representada por Homero y Hesíodo (Periodo Jónico).
b. La lírica: Representada por Safo y Píndaro (Periodo Jónico).
c. La dramática: Representada por Esquilo, Sófocles y Eurípides (Periodo Ático).
II. CARACTERÍSTICAS: La literatura griega tiene las siguientes características:
tante por el hombre.
literaria.
Del mismo Homero no sabemos nada. Los antiguos lo representaba con los rasgos de un
anciano ciego, que iba de ciudad en ciudad a través de la Hélade y cantando sus poemas.
Siete ciudades de Jonia se disputaban el honor de haberlo visto nacer: Esmirna, Quíos,
Colofonte, Salamina, Rodas, Argos y Atenas. Eran tradiciones desprovistas de todo fun-
damento sólido, pero nadie, entre los griegos, pensó en discutir la existencia de Homero.
La cuestión homérica no se planteó seriamente hasta el siglo XVIII, cuando ciertos críti-
cos se mostraron partidarios de la unidad de la obra mientras que otros consideraban a los
dos poemas como un ensamblaje de trozos independientes.
Autores como Francois Hedelin en Las conjeturas académicas y Federico Wolf en Los
prolegómenos de Homero , contrarios a la unidad de los poemas han insistido especial-
mente en ciertas diferencias presentadas en La Ilíada y La Odisea : la civilización, las
costumbres, los caracteres se han modificado de un poema al otro; La Ilíada por ejemplo,
prohibida su venta
ignora el uso del hierro y La Odisea lo conoce. La lengua es también diferente, no solo
en cada uno de los poemas sino dentro de un mismo poema, en diversos cantos. Así pues
ha llegado a admitirse que, con una parte central original, el texto actual contiene trozos
a veces bastante largos, pertenecientes a autores, a épocas y a dialectos diferentes. ¿Cómo
hubo de constituirse ese texto?
No hay que olvidar que en los tiempos que procedieron a la aparición de los poemas
homéricos ya se habían constituido gran número de leyendas relativas a los héroes cuyos
nombres habían transmitido la tradición. Esas leyendas eran cantadas por los aedos en las
residencias de los grandes reyes y señores y difundidas por todo el mundo griego, acomo-
dadas al gusto y los recuerdos nacionales de cada pueblo. Así se constituyeron, sin duda,
diferentes ciclos: ciclo de Agamenón, ciclo de Aquiles, ciclo de Ulises, enriquecidos cada
uno de ellos con variados episodios añadidos al acervo común. Los eruditos hubieron de
esforzarse por ordenar diversos textos, estableciendo el texto tradicional en una época
que parece ser muy antigua.
La hipótesis de unos núcleos primitivos a los que se habrían añadido nuevos episodios
ha predominado durante mucho tiempo. Pero actualmente, y después de muchas contro-
versias, se admite generalmente de La Ilíada y La Odisea son obra de un mismo poeta, o
de dos poetas geniales, no contemporáneos. Según la expresión de un crítico, Homero ha
resucitado.
La Ilíada
Es una epopeya heroica que consta de 15,674 versos reunidos en 24 cantos o rapsodias
en la que se narra la cólera de Aquiles. La Ilíada tiene como duración 51 días del noveno.
año de los diez que duró la guerra de Troya. Para tener una idea más global de esta epo-
peya es preciso conocer sus antecedentes.
Antecedentes de La Ilíada
Príamo rey de Troya tenía un hijo llamado Paris, quién abusando de la hospitalidad que
recibió en el palacio del rey de Esparta, Menelao, raptó a su esposa Helena. (Aunque
existen versiones que afirman que Helena fugó con Paris de común acuerdo). Los griegos
consideraron este rapto como una ofensa nacional, de tal manera que convocaron a todos
los héroes de los pequeños reinos de Grecia y partieron hacia Troya, iniciando de esta
manera la guerra, que tuvo una duración de diez años, tras los cuales, los griegos logran
ingresar a Troya mediante la artimaña del «Caballo de Troya», incendiando y saqueando
esta ciudad.
Argumento de La Ilíada
Cabe aclarar que esta epopeya no narra toda la guerra de Troya sino más bien un episodio
de ella, sucedido en el noveno año, que es el siguiente.
prohibida su venta
CANTO I Peste - Cólera
1 Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a
los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa
de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron dispu-
tando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles. 8 ¿Cuál de los dioses promovió
entre ellos la contienda para que pelearan? El hijo de Leto y de Zeus. Airado con el rey,
suscitó en el ejército maligna peste, y los hombres perecían por el ultraje que el Atrida
infiriera al sacerdote Crises. Este, deseando redimir a su hija, se había presentado en las
veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos,
que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos
Atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba: 17 -¡Atridas y demás aqueos de hermosas
grebas! Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de
Príamo y regresar felizmente a la patria! Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate,
venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que hiere de lejos. 22 Todos los aqueos aprobaron
a voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida
Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras voces:
26 -No dé yo contigo, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque ahora demores tu
partida, ya porque vuelvas luego, pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios.
A aquella no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su
patria, trabajando en el telar y aderezando mi lecho. Pero vete; no me irrites, para que
puedas irte más sano y salvo. 33 Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato.
Fuese en silencio por la orilla del estruendoso mar; y, mientras se alejaba, dirigía muchos
ruegos al soberano Apolo, a quien parió Leto, la de hermosa cabellera: 37 -¡Óyeme, tú
que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la divina Cila, a imperas en Ténedos pode-
rosamente! ¡Oh Esminteo! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor
pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos mis lágri-
mas con tus flechas! 43 Así dijo rogando. Oyóle Febo Apolo e, irritado en su corazón,
descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros; las
saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba pare-
cido a la noche. Sentóse lejos de las naves, tiró una flecha y el arco de plata dio un terrible
chasquido. Al principio el dios disparaba contra los mulos y los ágiles perros; mas luego
dirigió sus amargas saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadá-
veres. 53 Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En el décimo,
Aquiles convocó al pueblo al ágora: se lo puso en el corazón Hera, la diosa de los níveos
brazos, que se interesaba por los dánaos, a quienes veía morir. Acudieron estos y, una vez
reunidos, Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo: 59 -¡Atrida! Creo que tendre-
mos que volver atrás, yendo otra vez errantes, si escapamos de la muerte; pues, si no, la
guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a un adivino, sa-
cerdote o intérprete de sueños -pues también el sueño procede de Zeus-, para que nos diga
por qué se irritó tanto Febo Apolo: si está quejoso con motivo de algún voto o hecatombe,
prohibida su venta
y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de cabras escogidas, querrá libramos
de la peste. 68 Cuando así hubo hablado, se sentó. Levantóse entre ellos Calcante Testó-
rida, el mejor de los augures -conocía lo presente, lo futuro y lo pasado, y había guiado
las naves aqueas hasta Ilio por medio del arte adivinatoria que le diera Febo Apolo-, y
benévolo los arengó diciendo: 74 -¡Oh Aquiles, caro a Zeus! Mándame explicar la cólera
de Apolo, del dios que hiere de lejos. Pues bien, hablaré; pero antes declara y jura que
estás pronto a defenderme de palabra y de obra, pues temo irritar a un varón que goza de
gran poder entre los argivos todos y es obedecido por los aqueos. Un rey es más poderoso
que el inferior contra quien se enoja; y, si bien en el mismo día refrena su ira, guarda
luego rencor hasta que logra ejecutarlo en el pecho de aquel. Dime, pues, si me salvarás.
84 Y contestándole, Aquiles, el de los pies ligeros, le dijo: 85 -Manifiesta, deponiendo
todo temor, el vaticinio que sabes; pues ¡por Apolo, caro a Zeus; a quien tú, Calcante,
invocas siempre que revelas oráculos a los dánaos!, ninguno de ellos pondrá en ti sus
pesadas manos, cerca de las cóncavas naves, mientras yo viva y vea la luz acá en la tierra,
aunque hablares de Agamenón, que al presente se jacta de ser en mucho el más poderoso
de todos los aqueos. 92 Entonces cobró ánimo y dijo el eximio vate: 93 -No está el dios
quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, sino a causa del ultraje que Agamenón
ha inferido al sacerdote, a quien no devolvió la hija ni admitió el rescate. Por esto el que
hiere de lejos nos causó males y todavía nos causará otros. Y no librará a los dánaos de la
odiosa peste, hasta que sea restituida a su padre, sin premio ni rescate, la joven de ojos
vivos, y llevemos a Crisa una sagrada hecatombe. Cuando así le hayamos aplacado, rena-
cerá nuestra esperanza. 101 Dichas estas palabras, se sentó. Levantóse al punto el pode-
roso héroe Agamenón Atrida, afligido, con las negras entrañas llenas de cólera y los ojos
parecidos al relumbrante fuego; y, encarando a Calcante la torva vista, exclamó: 106-¡Adi-
vino de males! jamás me has anunciado nada grato. Siempre te complaces en profetizar
desgracias y nunca dijiste ni ejecutaste nada bueno. Y ahora, vaticinando ante los dánaos,
afirmas que el que hiere de lejos les envía calamidades, porque no quise admitir el esplén-
dido rescate de la joven Criseide, a quien anhelaba tener en mi casa. La prefiero, cierta-
mente, a Clitemnestra, mi legítima esposa, porque no le es inferior ni en el talle, ni en el
natural, ni en inteligencia, ni en destreza. Pero, aun así y todo, consiento en devolverla, si
esto es lo mejor; quiero que el pueblo se salve, no que perezca. Pero preparadme pronto
otra recompensa, para que no sea yo el único argivo que sin ella se quede; lo cual no pa-
recería decoroso. Ved todos que se va a otra parte la que me había correspondido. 121
Replicóle en seguida el celerípede divino Aquiles: 122 -¡Atrida gloriosísimo, el más co-
dicioso de todos! ¿Cómo pueden darte otra recompensa los magnánimos aqueos? No sa-
bemos que existan en parte alguna cosas de la comunidad, pues las del saqueo de las
ciudades están repartidas, y no es conveniente obligar a los hombres a que nuevamente
las junten. Entrega ahora esa joven al dios, y los aqueos te pagaremos el triple o el cuá-
druple, si Zeus nos permite algún día tomar la bien murada ciudad de Troya. 130 Y,
contestándole, el rey Agamenón le dijo: 131 Aunque seas valiente, deiforme Aquiles, no
prohibida su venta
procedente de Cime de Eolia, lugar de origen de su padre. Poco se sabe de su vida; parece que
fue fundamental en ella la enemistad con su hermano Perseo a causa de la herencia paterna, y
este tema abordó en su obra Los trabajos y los días. Muerto su padre, Hesíodo se estableció en
Naupacto, donde pasó su juventud al cuidado de un rebaño de ovejas y llevando la vida plácida
y sencilla de los campesinos griegos. Los actuales especialistas sitúan como contemporáneo de
Homero a Hesíodo, mas su poesía, muy alejada del estilo épico y grandioso de la de aquel, está
destinada a instruir más que a exaltar. Se sabe también que en Calcis (Eubea) participó en un
concurso de aedos y obtuvo la victoria. Murió al parecer en Ascra y sus cenizas se conservaron
en Orcómeno, donde se le rindieron honores como a un fundador de la ciudad.
Este poema se constituye en el primer catálogo de los dioses griegos. Hesíodo realiza un
recuento de toda la cosmogonía griega desde el dios primigenio, Caos, hasta los dioses del
Olimpo y su descendencia. La obra está construida a partir de géneros poéticos preexistentes
que hasta el momento habían pertenecido a la tradición oral en Grecia: cosmogonías, teogo-
nías, genealogías, catálogos y mitos de sucesión. Los tres primeros géneros pueden aparecer
fundidos, vertebran la obra y están ordenados con un criterio aproximadamente cronológico.
Los mitos de sucesión, a pesar de que pueden ser considerados como digresiones dentro de
los bloques genealógicos, le dan sentido a toda la obra.
No existen muchos datos biográficos sobre ella, y solo se conocen algunos poemas
y fragmentos extraídos de citas tardías (tradición indirecta)y de papiros. De hecho,
prácticamente todo lo que sabemos de su vida lo deducimos de sus poemas. El con-
tenido amoroso de sus poemas propició toda clase de habladurías y rumores sobre su
vida. Sus poemas se recitaban y conocían en la Atenas del s. V a. C. Más tarde, en
Roma, los poetas latinos alaban sus poemas. Allí había bustos de la poeta. Ha sido
probablemente la poeta más traducida y más imitada de la antigüedad clásica.
¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y tedio
Ruégote, Cripria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
prohibida su venta
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofrecerte dones,
y cuando esquives el ardiente beso,
querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
liberta el alma de su dura pena;
cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.
Se tiene pocas noticias fiables sobre su biografía, a pesar de las seis vidas que han le-
gado autores antiguos. Se cree que nació en Cinocéfalos, Beocia, hacia el 518 a. C. y
que, según la tradición, pertenecía a una familia aristocrática. De hecho, en la V Pítica
él mismo parece afirmar que procede del linaje de los egeidas, por lo que a menudo
manifestará en sus obras una especial simpatía por las instituciones dorias. Pasa su
infancia y primera juventud en Tebas y en Atenas, donde fue discípulo de Agatocles.
Muy joven aún, participa en un certamen de poesía en el que es vencido por la poetisa
Corinade Tanagra. Fue ella, en esta ocasión, quien le aconsejó «sembrar a manos
llenas, no a sacos llenos». La primera oda pindárica es la X Pítica y fue compuesta
cuando el autor apenas contaba veinte años. Pronto se convierte en un renombrado
poeta.
prohibida su venta
movimiento:
A) Barroco
B) Neoclasicismo
C) Clasicismo
D) Romanticismo
literatura griega y la literatura:
A) española
B) italiana
C) latina
D) árabe
A) Homero
B) Hesíodo
C) Safo
D) Píndaro
tradición, fue:
A) Omerón
B) Melesígenes
C) Orestes
D) Hesíodo
A) La Ilíada
B) La Odisea
C) La Orestíada
D) La Batracomiomaquia
enfrentan a los:
A) Leones
B) Las Erinias
C) Las Eumédides
D) Los ratones
con el rapto de:
A) Helena
B) Criseida
C) Briseida
D) Andrómaca
muerte de:
A) Diómedes
B) Patroclo
C) Ulises
D) Agamenón
A) Aquiles y Patroclo
B) Patroclo y Héctor
C) Héctor y Áyax
D) Aquiles y Héctor
fue escrito por:
A) Homero
B) Hesíodo
C) Safo
D) Píndaro
947 273 310 6198 100
VERANO (MAÑANA)
VERANO (TARDE)
Pago al contado: S/ 260
Pago en cuotas:
Cuota 1: S/ 180 - Cuota 2: S/ 100
Pago al contado: S/ 200
Pago en cuotas:
Cuota 1: S/ 150 - Cuota 2: S/ 70
REPASO
Pago al contado: S/ 390
Pago en cuotas:
Cuota 1: S/ 250 - Cuota 2: S/ 160