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La búsqueda de la Justicia en el primer Libro de la República de Platón - Prof. Bustamante, Ejercicios de Filosofía Política

La conversación de sócrates con diferentes personajes sobre la naturaleza de la justicia, utilizando el método dialéctico para abordar la cuestión. Sócrates desea llegar a una definición de la justicia, mientras que los sofistas creen que es diferente según la persona y la ciudad. La ignorancia y el analfabetismo político se discuten como factores que afectan la política actual en españa. La importancia de la filosofía en la formación de gobernantes y la relación entre ética y política en la antigüedad y la modernidad también se abordan.

Tipo: Ejercicios

2019/2020

Subido el 16/11/2021

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El primer Libro de la República se resume en una conversación de Sócrates primero con un anciano,
luego con el hijo de este y por último, con un amigo que venía con ellos acerca de lo que es o no es la
Justicia.
Para descubrir el paradigma de qué es en verdad la Justicia, Sócrates utiliza el método dialéctico para
hacer preguntas a sus interlocutores, contraponiendo síntesis y antítesis para ir acotando e ir
descubriendo la verdad poco a poco entre todos. Aunque, al final del Libro I, Sócrates al final niega
saber más que al principio de la conversación, es más, afirma seguir sin saber nada.
El método dialéctico es el único método realmente fiable que tenemos de llegar a una conclusión
mediante la lógica, y lo más importante, a una conclusión global de lo que es una cosa, porque todo el
mundo tiene opiniones diferentes acerca de temas como la Verdad o la Sabiduría, o el Amor, o la
Justicia. Sócrates quería conseguir un consenso, una definición de lo que es “justo” porque estaba
seguro de poder llegar a aprenderlo o a deducirlo mediante la dialéctica, mientras que los sofistas, en
este mismo caso, hubieran acabado afirmando que no es posible conocer qué es la Justicia en sí, sino
que hubieran determinado que la Justicia es diferente según la persona y según sus opiniones, y según
la ciudad y el gobernante.
Estos individuos, en los diálogos, contestan a las preguntas de Sócrates en función de lo que han oído
decir a ciertos sofistas. Sócrates, argumenta que por algún lado debemos empezar a pensar, y el
comienzo o punto de partida no se ha de inventar. Tal y como decía Wittgenstein, “nuestras creencias
son como píldoras”, antes de criticarlas, hay que asimilarlas y “digerirlas”. Todas nuestras ideas
tienen que someterse a duda. En eso consiste en realidad ser filósofo, en “dudar de todo”. Lo cierto es
que la justicia no es relativa, no depende de nada, simplemente es. Otra cosa es, que como dice
Sócrates en este libro, cuesta llegar a comprender del todo lo que significa ser justo, llevar una vida
justa, y actuar justamente. Es más, si fuera sencillo, todos seríamos justos toda nuestra vida sin
equivocarnos. No debemos considerar algo como cierto o válido de buenas a primeras, que algo tenga
verosimilitud no quiere decir que sea verdadero.
A raíz de lo anterior, Sócrates cree que las personas injustas lo son por ignorancia, porque también
afirma que la vida de los justos es mucho más feliz que la de los injustos, por lo tanto, quien quisiera
ser injusto a propósito, además de que terminaría siendo un desgraciado, sería estúpido por haber
elegido ser desgraciado voluntariamente.
Este es básicamente el problema de nuestros gobiernos despóticos y egoístas. Dudo que conozcan
realmente qué es la justicia, y en vez de estar a disposición de los gobernados, (como dice Sócrates en
el Libro acerca cómo debe ser un buen gobernante), se centran en conseguir riquezas poder y control.
Sólo desean manipular a las masas, llegar a lo más alto y velar por sus propios intereses sin que nadie
pueda impedírselo.
La política actual, desde mi punto de vista, está podrida cíclica y paradójicamente debido al gran
problema de la ignorancia y el analfabetismo político con el que lidia España desde tiempos
inmemoriables. La población es manipulada por los poderosos, sofistas, que utilizan la posverdad para
engañar, no cuentan con espíritu crítico para discernir qué es justo, qué es injusto para la misma
población o para diversos colectivos, votan a ciegas, los poderosos ganan más poder, son descubiertos
y vencidos por su propia corrupción, se celebran nuevas elecciones y vuelta a empezar. Por eso opino
que vivimos en una falsa democracia, en la que gobierna un pueblo analfabeto convertido en el títere
de los tiranos.
Por tanto, concluyendo finalmente este tema, podemos considerar la labor de Sócrates en Atenas
como algo esencial, y que en vez de matarlo, deberían haberle construido una estatua, tal y como
expuso él en la Apología de Sócrates ya que sólo pretendía inculcar en los jóvenes ese espíritu crítico
que tanto falta en nuestra sociedad. Es un poco triste pensar que tenemos los mismos problemas e
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El primer Libro de la República se resume en una conversación de Sócrates primero con un anciano, luego con el hijo de este y por último, con un amigo que venía con ellos acerca de lo que es o no es la Justicia. Para descubrir el paradigma de qué es en verdad la Justicia, Sócrates utiliza el método dialéctico para hacer preguntas a sus interlocutores, contraponiendo síntesis y antítesis para ir acotando e ir descubriendo la verdad poco a poco entre todos. Aunque, al final del Libro I, Sócrates al final niega saber más que al principio de la conversación, es más, afirma seguir sin saber nada. El método dialéctico es el único método realmente fiable que tenemos de llegar a una conclusión mediante la lógica, y lo más importante, a una conclusión global de lo que es una cosa, porque todo el mundo tiene opiniones diferentes acerca de temas como la Verdad o la Sabiduría, o el Amor, o la Justicia. Sócrates quería conseguir un consenso, una definición de lo que es “justo” porque estaba seguro de poder llegar a aprenderlo o a deducirlo mediante la dialéctica, mientras que los sofistas, en este mismo caso, hubieran acabado afirmando que no es posible conocer qué es la Justicia en sí, sino que hubieran determinado que la Justicia es diferente según la persona y según sus opiniones, y según la ciudad y el gobernante. Estos individuos, en los diálogos, contestan a las preguntas de Sócrates en función de lo que han oído decir a ciertos sofistas. Sócrates, argumenta que por algún lado debemos empezar a pensar, y el comienzo o punto de partida no se ha de inventar. Tal y como decía Wittgenstein, “nuestras creencias son como píldoras”, antes de criticarlas, hay que asimilarlas y “digerirlas”. Todas nuestras ideas tienen que someterse a duda. En eso consiste en realidad ser filósofo, en “dudar de todo”. Lo cierto es que la justicia no es relativa, no depende de nada, simplemente es. Otra cosa es, que como dice Sócrates en este libro, cuesta llegar a comprender del todo lo que significa ser justo, llevar una vida justa, y actuar justamente. Es más, si fuera sencillo, todos seríamos justos toda nuestra vida sin equivocarnos. No debemos considerar algo como cierto o válido de buenas a primeras, que algo tenga verosimilitud no quiere decir que sea verdadero. A raíz de lo anterior, Sócrates cree que las personas injustas lo son por ignorancia, porque también afirma que la vida de los justos es mucho más feliz que la de los injustos, por lo tanto, quien quisiera ser injusto a propósito, además de que terminaría siendo un desgraciado, sería estúpido por haber elegido ser desgraciado voluntariamente. Este es básicamente el problema de nuestros gobiernos despóticos y egoístas. Dudo que conozcan realmente qué es la justicia, y en vez de estar a disposición de los gobernados, (como dice Sócrates en el Libro acerca cómo debe ser un buen gobernante), se centran en conseguir riquezas poder y control. Sólo desean manipular a las masas, llegar a lo más alto y velar por sus propios intereses sin que nadie pueda impedírselo. La política actual, desde mi punto de vista, está podrida cíclica y paradójicamente debido al gran problema de la ignorancia y el analfabetismo político con el que lidia España desde tiempos inmemoriables. La población es manipulada por los poderosos, sofistas, que utilizan la posverdad para engañar, no cuentan con espíritu crítico para discernir qué es justo, qué es injusto para la misma población o para diversos colectivos, votan a ciegas, los poderosos ganan más poder, son descubiertos y vencidos por su propia corrupción, se celebran nuevas elecciones y vuelta a empezar. Por eso opino que vivimos en una falsa democracia, en la que gobierna un pueblo analfabeto convertido en el títere de los tiranos. Por tanto, concluyendo finalmente este tema, podemos considerar la labor de Sócrates en Atenas como algo esencial, y que en vez de matarlo, deberían haberle construido una estatua, tal y como expuso él en la Apología de Sócrates ya que sólo pretendía inculcar en los jóvenes ese espíritu crítico que tanto falta en nuestra sociedad. Es un poco triste pensar que tenemos los mismos problemas e

inquietudes que los griegos hace más de 2000 años, pero la sociedad castiga al justo y bueno y llena de riquezas y poder al más egoísta.

El hecho de que a una persona se le considere débil, significa que no puede defenderse por sí misma, por lo tanto, que para sobrevivir y poder alcanzar la felicidad necesitan de alguien que les defienda. Esa es la verdadera función del gobernante, transmitir seguridad y asegurar protección a su pueblo frente a posibles amenazas provenientes del exterior. En este año que estamos viviendo, el 2020, hemos sido amenazados por un virus tan impredecible como peligroso, y es el gobierno el que debería velar por nuestra seguridad y protegernos a los gobernados, quienes, a cambio de esta protección, tenemos que obedecerles. Pero en vez de preocuparse de la salud pública, los 4 partidos más populares de España se pelean en el Parlamento, se insultan tanto en persona como por las redes sociales, se denigran y se humillan para convencer a la población desesperadamente que son ellos y no los otros los indicados para vivir en el Palacio de la Moncloa. En realidad la salud de los ciudadanos solo les importa porque sin ciudadanos vivos en un país, no podrían salir elegidos porque nadie podría votarles desde la tumba. Tal y como afirma Sócrates en este libro, “los ciudadanos deberían desear no gobernar en vez de gobernar”, ya que según él, los buenos gobernantes no buscan riquezas, pues les distraería de su verdadera función que es dirigir a la polis justamente y traer la felicidad a los gobernados. Más tarde, Platón, en el diseño de su República, ampliará la tesis de su maestro para decir que los únicos capaces de llevar a cabo la función de gobernar rectamente son los filósofos, y para asegurarse de que no serían corrompidos por las riquezas o las ansias de poder, creará un sistema que en nuestro tiempo podríamos llamar “comunitarista” en el que los hijos de estos, pasarán a ser criados por los artesanos. La función que estos desempeñaban en la polis era perfectamente compatible con la de tener vínculos familiares pero sólo ellos gozaban de este lujo, a cambio de someterse a las órdenes del rey filósofo. Considero necesario que todos los políticos, en su formación y en su educación deberían estudiar filosofía, más que únicamente oratoria. Creo que de ser así, en vez de sofistas modernos tendríamos por gobernantes a verdaderos sabios. Porque la filosofía te da la capacidad de cuestionarte qué es lo importante, hacia dónde debe dirigirse una nación, qué es lo que realmente desean los ciudadanos, y dejar de distraerse con rencillas de niños de párvulos en el Parlamento. El más fuerte, por el hecho de serlo tiene como misión proteger al más débil, no someterlo a través de su fuerza. Esta creo que es la clave para alcanzar la paz y la armonía en cualquier sitio, la solidaridad, la empatía y el uso de la razón, que al fin y al cabo, es lo único que diferencia una ciudad de una manada de lobos.

En cuarto libro de la República Sócrates tiene una conversación con Adimanto y Glaucón sobre cómo sería el diseño de un Estado ideal. También mediante el método dialéctico llegan a la conclusión de que los gobernantes, los guardianes y los artesanos son los tres pilares fundamentales de la polis perfecta (que he introducido en la pregunta anterior). Esta división la hacen teniendo en cuenta la naturaleza o “el tipo de alma de cada uno”, ya que cada persona nace con unas cualidades que nos definen y que nos hacen pertenecer a un grupo o a otro. Ellos opinan que en la naturaleza de los sabios está el gobernar y dirigir una ciudad. Esto es así porque sólo los sabios poseen las virtudes que son necesarias para conducir a la felicidad de los gobernados: justicia, templanza, pasión por la verdad y el conocimiento… y en su ser destacaba el alma racional por encima de las demás. Tal y como se narra en el mito de “El carro alado”, los

Sócrates y Platón, por lo tanto tenían la idea de tener un líder vitalicio, al contrario que nosotros, que funcionamos de otra manera políticamente. Nuestros gobernantes suelen ser eruditos en el ámbito de la Economía, el Derecho, saben idiomas para poder comunicarse con otros países y cuentan además con multitud de habilidades diplomáticas que les sirven para dialogar y debatir. En España el único líder vitalicio es el rey, ningún político empezaría a gobernar antes de los 30 años (ya que se considera que aún no ha alcanzado la madurez necesaria para gobernar un país como es debido), y por supuesto, ninguno ha gobernado durante más de 10 años (exceptuando, obviamente, la dictadura fascista de Francisco Franco). El sistema de monarquía constitucional que está vigente en nuestros días permite decidir al pueblo español cuándo quiere cambiar de orientación en la forma de gobernar el país, de forma que el Presidente del Gobierno cambia cada relativamente poco (normalmente cuando se descubren sus triquiñuelas, como con Mariano Rajoy). El concepto de “gobernante” que tienen Sócrates y Platón es realmente un rey que gobierna, que ejerce los 3 poderes. Pero claro, en nuestros días, el rey es solo un mero árbitro en política, el Presidente del Gobierno solo cuenta con el poder ejecutivo, las Cortes Generales con el legislativo y el Tribunal Constitucional con el judicial. Esto se determinó así debido a que es demasiado peligroso concentrar todo el poder en una sola persona. A través de la historia podemos comprobar que los Imperios y las Dictaduras a menudo acaban con la prosperidad del país, ya que el poder corrompe a las personas, y aunque cuentes con todas las cualidades de las que dota Platón a los buenos gobernantes, las tentaciones a menudo son más fuertes que el conocimiento ya que es algo que llevamos intrínseco en nuestro espíritu. Aunque en los reyes filósofos se superponga el alma racional a las demás, también deben lidiar con el alma concupiscible, quien en mayor o en menor medida siempre acaba asomando la cabeza porque es parte de nuestra naturaleza. Obviamente esto no quita el hecho de que los gobernantes a menudo no cumplen con estas cualidades que anteriormente han sido citadas. Los políticos de hoy en día ni siquiera se esfuerzan en luchar contra su alma concupiscible, sino que le dan rienda suelta. Lo ideal sería que el Presidente tuviera las virtudes del rey filósofo de La República de Platón pero se siguieran dividiendo los poderes para disminuir riesgos a largo plazo. Cabe destacar para finalizar, que el proyecto de Platón se llevó a cabo y no salió como él se esperaba, debido a que, tristemente, en cuanto se confía demasiado en el buen espíritu del hombre, inevitablemente acaba corrompiéndose cualquier sistema utópico. BIBLIOGRAFÍA ● La República de Platón ● filosofia.laguia.2000.com