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Un breu còmic d'un dels meus preciats còmics valorats amb un preu incalculable
Tipo: Diapositivas
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El Arte, como expresión material del espíritu humano, ha evolucionado con la Historia; desde representaciones animales en cuevas (Arte Rupestre) hasta sofisticadas obras de Arte consistentes en composiciones electrónicas y visuales – aunque esa sería otra discusión, es decir ¿hoy en día podemos llamar Arte a procesos creativos donde una máquina traduce la consciencia humana?-. Y una de las expresiones artísticas que más hondo ha calado en la población, sobre todo en los adolescentes y jóvenes, ha sido el cómic. El cómic ha evolucionado mucho también desde sus inicios a comienzos del s. XX hasta la actualidad, mitad del primer decenio del s. XXI. Esta forma de expresión humana se ha considerado el octavo Arte; una forma de comunicación a medio camino entre la literatura y el cine. Cualquier obra de esta parte de la industria cultura necesita compaginar diálogos (literatura) con imágenes en constante movimiento (cine). Dibujos en escorzo se acompañan de “bocadillo” de palabras para explicar historias, que pueden ir del absurdo más absoluto a la tragedia. A pesar de ser, el cómic, una forma de expresión artística de infinitas posibilidades y que aporta algunas de las obras más interesantes de la cultura de masas, aún no tiene el prestigio que se le debería reconocer. Así, las obras gráficas en viñetas son consideradas un tipo de Arte menor, como una vasija, y ningún especialista en Arte le brinda más de cuatro líneas en las muchas publicaciones generalistas de esta parte de la cultura. Y aunque los profesionales del Arte también merecerían un capítulo aparte, lo peor es que ni los propios artistas empleados en el trabajo creativo del cómic lo tienen en alta estima. Para muchos guionistas de cómic su trabajo siempre ha sido el modo de ganarse un dinero mientras llegaba la prometida o deseada oportunidad de editar un libro. Y los dibujantes ven en sus obras en viñetas un mero pasatiempo que les permite sobrevivir hasta que consigan el prestigioso puesto de los artistas al óleo. Evidentemente, ninguno de estos autores aporta nada interesante dentro de un mercado plagado de trabajos mediocres, en los que las empresas (Marvel, DC Comics…) pretenden sacar dinero para mantener sus grandes obras. Los mercenarios del cómic nunca aportarán nada a este Arte; sólo los apasionados artistas, que aman y respetan su trabajo, hacen que este medio artístico evolucione y obtenga prestigio. Autores como Allan Moore, Neil Gaiman, Frank Miller…,
Ilustración de Dave McKean para “Batman: Arkhan Assylum”
han escrito historias que pasarán, aunque sea minoritariamente, a la historia de la cultura universal, y dibujantes como Dave McKean, D. Gibbson, O. Tezuma…, son considerados o lo serán como artistas gráficos con todas las de la ley. Así, el cómic dejará de ser un entretenimiento para niños a ser un Arte para todos los individuos (lo que incluye a los niños), con sus obras buenas y malas, sus genialidades y sus, casi seguro, más mediocridades. Ahora bien, es necesario que el mundo académico reconozca el cómic (algo que está empezando a pasar en otros países), ya que la universidad y los intelectuales dan prestigio, pero, por favor, no se apropien de él; que no especialicen este medio, sino que permanezca en la minoría. Para empezar a hablar de los cómics es necesario comenzar por hacer una revisión histórica de esta disciplina artística. Una primera aproximación al nacimiento y desarrollo de este Arte para, después, entrar en el análisis más concienzudo de obras, guionistas, dibujantes, filosofías, estilos… Aunque hemos de ser cautos porque una obra que analice todo el mundo del cómic puede ser una obra de titanes y llevar toda una vida de dedicación. Así que aquí se apuntará un breve repaso histórico y después, en los sucesivos capítulos, describiremos brevemente lo más importante, aquello que ha marcado hitos en la industria –y que nosotros subjetivamente hemos elegido como lo más importante, aunque coincidamos con la opinión mayoritaria de aficionados al cómic-. Empezaremos por un breve repaso a la historia del cómic occidental (dejando apartado para otro trabajo el cómic japonés o “Manga”), que comienza en EE.UU. a principios del siglo pasado con forma de tira cómica en los diarios de noticias. Así, el primer personaje protagonista de un cómic es “Yellow Kid”, granuja pueblerino de origen irlandés que vestía un camisón de color amarillo. “Kid” sufriría una guerra entre dos periódicos, que editarían su propio cómic, con su versión particular del chico. Esta lucha entre los periódicos de los dos grandes titanes del periodismo moderno -Joseph Pulitzer y W. Randolf Hearst-, acabaría a finales del s. XIX, para entrar en otro siglo, cuando los lectores ya empezaban a estar hartos de la misma tira cómica y del mismo personaje. El cómic del s. XX empieza cuando Hearst importa de Alemania “Katzenjammer Kids”, de Rudolf Dirles, autor que aportaría muchos de los recursos estilísticos propios del cómic y que aún hoy se utilizan –tales como el bocadillo-.
El héroe helénico de la primera etapa de la industria “comiquera” tiene un parecido similar al de los arquetipos históricos. Su referencia más directa es Cristo. Los protagonistas enmascarados representan un símbolo; son humanos tocados por Dios, que les otorga poderes; o hijos de antiguos dioses escandinavos, o extraterrestres humanoides… La historia gira en torno a estos individuos con una gran responsabilidad: han de proteger a la humanidad del villano, del diablo. Su misión es sacrificarse a diario por las personas y da igual su yo, su sujeto humano; son signos, son cristos en mallas estridentes. Son ese héroe homérico, bueno por su cuna y al que no se le juzgan sus actos personales. El super-héroe acaba con el mal, da igual cómo, e impone su moralidad; lleva una vida recta y de sacrificio, o se supone, ya que nadie conoce su verdadera identidad. Es en los años 80 cuando ese proceso mítico, cosmovisivo, de construcción –y de lucha por un mercado minoritario e inmóvil- se ve disminuido antológicamente. Aparece una reacción ilustrada, un decaimiento del héroe-dios al héroe-hombre. Aquellos personajes arquetípicos comienzan a mostrarse como humanos, con problemas de ego, de poder, de identidad, con deseos, virtudes y prejuicios. Proceso que culminará en la obra de Allan Moore y su “Watchmen”, crítica feroz a la mitología heroica del cómic y que marcará un nuevo camino a los artistas de la industria. El final de los años 80 y los principios de los 90 son vistos como la peor época del cómic. La crisis es brutal y las empresas sólo se preocupan del beneficio económico y financiero. La creatividad sufre un revés, excepto en un pequeño grupo de autores nóveles que tratarán de revitalizar tan maltrecho panorama. En esta crisis aumenta el carácter ideológico de las series de cómics y la justificación liberal se instaura en el papel y los “bocadillos”. Pocos autores resisten esta profesionalización del héroe mítico, en religiosidad organizada. Ahora bien, “La Escuela Británica” (G. Ennis, G. Morrison, N. Gaiman…) revitaliza la industria en declive. Aportan una nueva dimensión psicológica al protagonista y escapan de los tristes tópicos del cómic comercial, proamericano e ideológicamente conservador. Aparecen temáticas más variadas y el cómic para adultos crea su propio mundo, donde la magia y la brutalidad cotidiana se instalan para reflejar, como todo Arte, un época loca. “The Sandman”, “Los Invisibles”, “Predicador”, “From Hell”, “Transmetropolitan”… brindan la oportunidad al desaprensivo y novato no lector de cómics acercarse a una industria desconocida, que aporta maravillas en formato comic-book del Arte
Contemporáneo. Mercado en el que, actualmente, la producción es rica y variada para llegar a todo el público de todas las edades. Sin olvidarnos de la “invasión” japonesa, con sus “mangas” característicos. Cómics que aparecen en los 90 en Europa, reflejo de una industria muy avanzada y donde el cómic para adultos tiene un puesto clave en la industria cultural del país del sol naciente. Es más, diríamos que algunas de las obras más destacadas, atrevidas y sinceras de la historia de este Arte se han editado en Japón. También es importante considerar la producción europea, no tan masiva como la americana, es decir por Marvel y DC Comics, pero a veces más interesante y de mejor calidad al no tener que superar ningún código ético; sistema de autorregulación que ponen las compañías para no sufrir problemas de censura y que algunos autores no están dispuestos a seguir, lo que implica que sólo publiquen en Europa.
“El Incal”, la obra maestra de Jodorowsky y Moebius
El cómic es un Arte demasiado joven para historiografiar. Se puede hacer un breve resumen: aparece en los periódicos; salta de la tira cómica al librillo (“Comic Book”); aparecen las grandes compañías (DC y Marvel) que copan el mercado y venden la imagen superheroica para que, en la actualidad, tras las crisis y baches, tengamos un amplio abanico de posibilidades donde se esconden obras maestras del Arte Universal. Pero en el cómic actual no todo es creatividad e ingenio. El super-héroe clásico ha recuperado su puesto dominante. Tras el 11-S la gente ha revitalizado los arquetipos y les ha erigido como defensores de la paz neoliberal y de la civilización occidental (frente al demonio árabe). Aunque, para ser justos, no todo es dominación sino que también se escapan pildoritas geniales de “mainstream” más conservador. Afrontar un trabajo que dignifique el cómic, que se academice, estudiándolo al lado de cualquier otra disciplina artística…, es un imposible mientras la sociedad lo considere un mero divertimento infantil y las personas tengamos prejuicios sobre el Arte –provocados por el mundo del Arte mismo y las vanguardias del s. XX-. Así que presentamos en este ensayo una breve generalización del mundo del cómic, que sirve de introducción y guía a los novatos y osados que penetren en este mundo fantástico y
el gobierno, del momento, no se cuestionaba nada; sólo actuaban como una especie de policías. Los villanos no eran espectaculares, sólo gente que cometía crímenes y pocas veces se veía razones o motivaciones que fuesen más allá de conseguir riquezas o ansias de poder. Estos cómics trataban principalmente la vida del personaje como superhéroe, parándose rara vez a analizar su vida personal. El tratamiento que recibían estos personajes era de Dioses, como si se tratase de las deidades de la antigua Grecia. Eran el ideal del bien y estaban por encima de todo; no eran seres comparables a los humanos, sino que se les situaba en un plano moral superior al resto de la humanidad sin cuestionar sus acciones, aunque, repetimos, su moralidad rara vez iba más allá de la propia ley.
Arriba, Wonder Woman en los años 40 Abajo, visión más actual, Wonder Woman por Alex Ross
William Moulton Marston, al contemplar que todos los héroes que desfilaban por DC eran hombres, comentó su idea de crear el primer superhéroe femenino. Así, en 1941 hace su primera aparición Wonder Woman (una especie de versión femenina de Superman) en las páginas de “All Star Comics”. El éxito fue tal que el año siguiente obtuvo su colección propia. Al poco de nacer pasó a formar parte de la “Sociedad de la justicia” aunque como secretaria, ya que por mucha innovación que fuese el presentar la primera superheroína, algunas cosas no habían cambiado. En 1947 el autor de la serie fallece y el siguiente autor hace que ésta pierda gran parte de su toque feminista, pero un golpe hizo que esto cambiara aun más. Fredric Wertham, en un libro, atacó al mundo del cómic y acusó a Wonder Woman de lesbiana, lo cual provocó la desaparición del más mínimo rasgo de feminismo en la serie. Esto no se solucionó hasta los años ochenta. Otro personaje a destacar es Green Arrow, un personaje diferente, ya que su cruzada contra el crimen no se inició por venganza sino bajo el pretexto de que el mundo necesitaba un héroe. Es una versión moderna de Robin Hood y fue uno de los pocos supervivientes a la desaparición de los superhéroes producida en DC a finales de los 40 (junto a los tres ya mencionados). La llegada de los años setenta significó un
Green Arrow
gran cambio en este personaje: empieza a mostrar un carácter inconformista y liberal que contrasta con la actitud conservadora de sus compañeros, lo cual le lleva a enfrentamientos con alguno de ellos. Llegó a convertirse en uno de los primeros superhéroes americanos con tendencias comunistas y fue aclamado como “el héroe del pueblo”. En esta época, llamada la edad dorada del cómic, la editorial Timely Comics había funcionado bien gracias a personajes como Namor o el Capitán América. Este último fue uno de los personajes más famosos de los años cuarenta; se trataba de un soldado con pocas capacidades físicas al que se le dio un suero que lo transformó en un súper soldado. Protagonizaba historias ambientadas en la Segunda Guerra Mundial representando los ideales americanos, pero al acabar la guerra cayó en el olvido. La editorial Timely empezó a sufrir altibajos y las únicas soluciones que se proponía la editorial era intentar seguir las tendencias del público, pero esto no les funcionaba y su editor, Stan Lee, decidió abandonar principalmente porque no funcionaba. Pero antes de abandonar intenta una última cosa, una idea sobre superhéroes. Hoy el mundo del cómic agradece que este hombre no lo dejase. Gracias a él, nace la era Marvel.
Portada del “Fantastic Four” nº 3
Al hablar de cómics no se puede obviar hablar de Stan Lee, ya que es uno de los autores más importantes; lo revolucionó todo con un hecho tan simple como es llevar el superhéroe a la vida cotidiana. La primera serie en aparecer es “Fantastic Four” (conocidos aquí como “Los Cuatro Fantásticos”) que nos narra la aventura de cuatro personas que viajan al espacio y, tras un accidente, vuelven a la tierra con poderes. Son historias de aventuras y ciencia-ficción, pero el punto novedoso es el tratamiento de los personajes: son personas normales, reflejo de la sociedad americana de la época; es una serie que gira totalmente en torno al concepto tradicional de “familia americana”. Su lucha es por el mundo, con un alto contenido de ideología americana, pero sus problemas personales también quedan reflejados, lo cual es una novedad en la historia del cómic que lo cambiará por completo. No tenían un aspecto demasiado heroico, de hecho hablaban y se comportaban como seres humanos aunque sus habilidades especiales les apartaran de los comunes mortales.
influencia de “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”; Thor, el dios del trueno de la mitología nórdica; Iron man, o él rescató a personajes como el Capitán América. En 1963, Stan Lee pensó que había llegado el momento de crear el grupo de héroes que reuniese a los más poderosos del recién creado universo Marvel. Esta agrupación distaría mucho de ser una simple versión de la JLA de DC Comics. Para empezar los héroes eran muy dispares: científicos, dioses, empresarios... y no se mantenía la misma formación en cada número, sino que los héroes rotaban; el cambio constante es un dato importante en la serie. La ideología de la serie está bastante clara, ya que era un grupo con un importante nexo de unión con el gobierno, y el hecho de que la presencia del Capitán América sea una de las más continuas no hace más que reafirmar esto. Así, teniendo en cuenta la época en la que se narran las aventuras, los cómics no sólo no están exentos del conflicto de la Guerra Fría, sino que se ven muy influenciados por ella. Por ejemplo vemos la representación más tradicional de América en la figura del mencionado Capitán América, la parte concerniente al capitalismo vendría de la mano de Iron Man o la Viuda Negra (traidora al régimen comunista), y las diferentes aventuras cuyos villanos pertenecen a la URRS representan la época histórica vivida, con frases como la que le dice Ojo de halcón, miembro de los Vengadores, a un general soviético con el cual luchaban: “No me convencerás con tus argumentos marxistas”.
Arriba, “Los Vengadores” en los años 60. Abajo, el mismo grupo en los años 90
La última serie a mencionar fue creada por Stan Lee también, “The Uncanny X- Men” (conocida aquí como “La Patrulla-X”), aunque el éxito de esta serie no fue por el trabajo de este autor en ella. La colección comienza en 1963, pero sería cancelada tras su escaso éxito, para años después ser relanzada con nuevos personajes y recuperando también algunos de los iniciales. Gente como Chris Claremont o Len Wein renovaron el concepto, creando superhéroes que resultaron muy atractivos para la juventud. Se ve aquí una gran apertura hacia otras culturas, los X-Men ya no era un grupo de americanos; había africanos, alemanes, rusos, japoneses... quizás la propia historia les permitió hacer esto, aunque se desarrollase en los Estados Unidos. Una novedad viene por un personaje que acabó por hacerse de los más famosos y queridos por los lectores: Lobezno, de origen canadiense, representa probablemente el primer
héroe “oscuro” con pasado incierto y cuya moralidad es bastante cuestionable, aún así su papel de héroe resalta sobre los demás; un personaje que acabará teniendo una gran influencia dentro de este medio. La concepción de esta serie ha traído una polémica que se alarga aún hasta la actualidad; esto tampoco es que tenga una gran importancia en el mundo del cómic, pero es curioso. La serie parte del supuesto de que existe un nuevo paso en la evolución del ser humano, el “Homo Sapiens Superior”, que debido a un gen en la adolescencia se les manifestaban los poderes. Los X-Men tratan de conseguir la igualdad defendiendo a la humanidad, luchando contra el crimen y contra otros “mutantes” (así son llamados) que intentan dominar al Homo Sapiens. Los mutantes, para evitar repercusiones sociales hacia su persona, tienden a ocultar su identidad y de aquí viene la polémica: por un lado parece que hace una analogía con el racismo, quizás ésta sea la teoría más clara, pero también se puede interpretar como una reflexión sobre la homosexualidad.
Portada de “X-Men” nº 1, con el equipo de los años sesenta
Portada del “Giant Size X- Men” con el nuevo equipo que dio la fama a esta serie
Con el tiempo esta serie se convirtió en la más exitosa de la editorial y se mantuvo número uno en ventas durante gran parte de los ochenta y noventa. El concepto de superhéroe evolucionó gracias en parte a los cambios que se pueden observar en esta serie por parte de personajes como el mencionado Lobezno o el villano Magneto. Y los futuros cambios que se pueden ver en el mundo de los superhéroes también quedarán reflejados en la serie. Por último, mencionar al menos al gran Jack Kirby, creador gráfico de la inmensa mayoría de los héroes de Marvel mencionados y dibujante de las primeras aventuras de estos; un peculiar estilo que revolucionó la estética del cómic. Aquí hemos podido observar a grandes rasgos la evolución del superhéroe desde su creación hasta los ochenta, donde esto da un giro muy agradable, haciendo el mundo del cómic muy interesante y abierto a diversas formas de narración, más experimental e innovador, superando barreras culturales. En esta pequeña historia vemos indicios de lo que pasará en la siguiente década.
muy bien con las historias del que por aquel entonces era guionista de la serie, Roger Mackencie. Tras la marcha de éste de la colección, Frank Miller se hace cargo también del guión comenzando aquí su aventura como autor completo. La contribución de Frank Miller a este personaje es muy alta. Daredevil es un personaje creado en 1964 por Stan Lee y Bill Everet, con un concepto algo diferente al resto de héroes de esta editorial; apenas tenía poderes y se presentaba como uno de los primeros héroes con una discapacidad tan importante como es la ceguera. El origen es presentado de forma simple, cosa que Frank Miller cambiará posteriormente: es un niño que se queda ciego en un accidente, que estudia para abogado y tras el asesinato de su padre decide luchar contra el crimen. Al principio las historias guardan cierto parecido, tanto en la temática como en el tratamiento de los personajes, con Spiderman, y el que los dos se sitúen en la misma ciudad, Nueva York, les lleva a compartir aventuras.
Daredevil, por David Mazzucchelli
El personaje fue ganando matices con el paso del tiempo; en él se puede destacar la etapa de Gene Colan, pero es Frank Miller el que perfila totalmente su personalidad y sentará la base para el desarrollo posterior del personaje por otros autores. Frank Miller fue introduciendo cambios en la serie, tanto estéticos como conceptuales, poniendo a los personajes en situaciones extremas, aumentando la violencia y con unas composiciones y narraciones gráficas altamente influenciadas por el cine. A partir del número en el que Frank Miller se encarga de los guiones vemos una dualidad en el personaje que, aunque ya había sido tratada con anterioridad, este autor realza. Hablamos del hecho de que mientras Matt Murdock es un abogado con un alto sentido de la justicia y el deber, su alter ego, Daredevil, se toma la justicia por su mano, es decir decide ponerse unas mayas y luchar contra el crimen al margen de la ley y aunque su única arma es su propio cuerpo y un bastón, sin duda sus métodos son violentos, aunque no llega a cometer asesinatos; son dos caras de una misma moneda. Frank Miller pretende dar al personaje más realismo, con lo que se aleja del canon clásico de superhéroe, haciendo de Daredevil un héroe más callejero enfrentado al crimen como si se tratase de la época en que se escribe. En esta parte de la obra
encontramos dos personajes con una forma de pensar contraria a la del héroe, dos villanos que Frank Miller redefinió para adecuarlos a su idea de Daredevil. Por un lado tenemos a Bullseye, un asesino a sueldo psicológicamente inestable obsesionado con acabar con el protagonista que es contratado por Kimping, la que se podría considerar como la eterna némesis de nuestro héroe, un ser malvado y corrupto cuyos únicos poderes son su inteligencia y sus recursos como señor del crimen organizado en la ciudad de Nueva York, de forma que es enemigo tanto en su identidad como abogado como en su otro yo, el superhéroe. Aquí se ven claramente las influencias del género negro en Frank Miller. De esta forma lo que nos encontramos aquí es una historia, con tintes dramáticos, de un hombre que intenta acabar de todas las formas posibles con un imperio criminal y cómo esa obsesión cambia su vida e ideales, redondeando la historia con un pequeño número de peculiares personajes secundarios imprescindibles en este mundo. Pero le faltaba algo para ser completamente una historia de género negro, y para ello creó a Elektra, un personaje con un trasfondo trágico que pasó a ser uno de los más populares de la serie y de la editorial. Este personaje encarna los tres elementos más influyentes en la obra de Frank Miller y que más adelante desarrollará por separado. Elektra es una ninja asesina, introduciendo así en la serie un elemento oriental, lo cual muestra su amor por la cultura japonesa; por otro lado encarna un personaje típico en las historias negras, la Femme Fatale; es una asesina contratada para acabar con Daredevil, una mujer fría con poco aprecio por la vida que se ve en un dilema cuando descubre que la verdadera identidad del superhéroe es la de Matt Murdock, con el cual había mantenido un romance en su Daredevil y Elektra juventud y al cual seguía amando. Por último este personaje también refleja el interés de Frank Miller por el mundo de la Grecia clásica, lo cual se verá mejor en una obra posterior: “300”. El tratamiento que le da al personaje de Elektra hace honor tanto a la tragedia griega como al complejo de Elektra en psicología: la muerte prematura de su padre hace de ella lo que es, que acaba precipitándola a la muerte a manos de Bullseye cerrando así el círculo de la tragedia en torno a Daredevil. El personaje se hace muy famoso, motivo por el cual la editorial Marvel lo resucita varias veces, y cuando se le ha llegado a preguntar a Frank Miller por este
Frank Miller vuelve a la editorial Marvel para encargarse de lo que sería su última historia en la colección regular de Daredevil, ya que posteriormente sólo retomará al personaje en historias cortas fuera de la serie. La historia comprende los números 227 al 233 de la serie y es conocida bajo el título de “Born again”. Aquí nos encontramos de forma más clara lo que sería la cuarta gran influencia de Frank Miller; si primero predominaban elementos del género negro, la Grecia clásica y el Japón feudal, aquí encontramos un alto contenido cristiano, pero no como alabanza hacia Dios ni como propaganda, sino como un elemento más del personaje, cogiendo el hecho de que un personaje con un alto contenido de moral cristiana se viste con un traje de diablo para luchar contra el crimen, una segunda dualidad en el personaje, y también intentando hacer una similitud entre la vida de Daredevil y la de Jesucristo.
Portada de la edición española de Daredevil: Born Again
En esta obra Miller decide ocuparse exclusivamente del guión, dejando el dibujo en manos de David Mazzucchelli, por el cual mostró mucho entusiasmo llegando a calificarlo como uno de los mejores artistas que han aparecido en los últimos años. En este caso su estilo se adapta totalmente a la obra, evolucionando con ella, y su aportación va más allá de una mera labor de ilustración. Su estilo es muy narrativo y se ve en él una clara influencia de Gene Colan, dibujante que ya había estado en esta serie. Hasta aquí hemos visto que para Frank Miller lo único que mantenía la cordura de Daredevil era la existencia de Matt Murdock: como Murdock afronta el mundo y como Daredevil no asume responsabilidad alguna, lo cual le lleva a una crisis, y esto se refleja en esta obra dividida en siete actos. En el primero, “Apocalipsis”, la historia empieza con una traición: un Judas, Karen Page, antigua novia de Murdock y ex-actriz porno que vende la identidad secreta de éste a sus enemigos por una dosis de heroína. Vemos aquí elementos que difícilmente encontraremos antes en el cómic de superhéroes, que están acorde con la época, los problemas de las drogas en las décadas de los 70-80 en América, lo cual acerca aún más al héroe a la vida cotidiana. El “mal” aquí lo encarna Kimping, el poder, el hombre respetado por políticos y hombres de negocios, que a su vez es el señor del crimen, dejando ver una pequeña similitud con la antigua Roma. Evidentemente no lo crucifican; en vez de eso decide guardar el secreto de la identidad y destruir primero su vida personal, haciendo que le
acusen de delitos de soborno quitándole así el derecho a ejercer la abogacía y destrozando sus bienes personales. Tras esto nos encontramos en el segundo acto, “Purgatorio”, un Matt Murdock cada vez más violento, más paranoico; vemos cómo la locura se va apoderando de él, incluso agrediendo a cualquiera mientras se ve cómo Kimping disfruta con ello, de forma que nuestro protagonista decide ir a por él para acabar siendo derrotado y, al más puro estilo del género negro, lo mete en un taxi y lo tira al río. El acto termina con unas viñetas donde se refleja la preocupación de Kimping repitiendo las palabras “no hay cadáver”. En la tercera parte, titulada “Paria”, vemos un reflejo de los bajos fondos de la ciudad desde el punto de vista de varios personajes; el principal, Murdock, vive como refleja el título: alguien excluido de la sociedad, como si no existiese, destrozado, sin ganas de vivir y del cual la locura se ha apoderado y al que incluso llegan a apuñalar. Según avanza el cómic nos lo encontramos cada vez más en posición fetal. En unas viñetas muy oscuras, Murdock recuerda el accidente que lo dejó ciego y su posterior conversación con su madre, la que aquí se descubre como una monja. Al borde de la muerte es recogido por ésta como si de la Virgen María se tratase cuando bajaron a Jesús de la cruz. Esto nos lleva al cuarto capitulo, “Born Again” (Renacer), título que también se dio al conjunto de la obra y que muestra una clara referencia a la resurrección de Jesús. En una de las primeras viñetas, cuya estructura recuerda al símbolo cristiano de la cruz, nos encontramos a un Matt Murdock renovado, curándose, que refleja tranquilidad a pesar de estar en una cama; vitalidad traspasada probablemente por el encuentro con su madre desaparecida, como si de una renovación espiritual se tratara. El contenido religioso está presente en toda la obra, pero en especial en este capítulo, aunque hay que señalar que no se hace en tono “propagandístico”, como podemos encontrar en otras obras, sino como un traspaso del salvador de la antigüedad al actual, una semejanza del mundo de los superhéroes con la antigüedad clásica; no cuestiona la existencia de ningún Dios, sólo un hombre que intenta salvar a la gente con sus actos.
Daredevil: El hombre sin miedo
En este mismo capítulo, Karen Page haría una mezcla de papeles; por una lado vemos como interpretaba una especie de Judas, que da comienzo a la obra, pero a partir de este punto se convierte en María Magdalena, ya que abandona el mundo de