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La regla de oro del estoicismo es que solo tenemos control sobre nuestra manera de reaccionar a los acontecimientos. Llevando la filosofía estoica a la vida cotidiana, Ben Aldridge explora los 10 principios estoicos clave y cómo pueden ayudarte a construir una vida más resiliente.
Tipo: Apuntes
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B E N A L D R I D G E
CÓMO
CONTROLAR
LO
INCONTROLABLE
DIEZ IDEAS PARA AYUDARTE A PENSAR COMO UN ESTOICO Y A CONSTRUIR UNA VIDA RESILIENTE
Parte 1
La guía de Ben
para el estoicismo
B
ienvenido a mi guía para el estoicismo. Esta sección del libro es una síntesis de la filosofía, que te proporcionará una comprensión básica de qué es y de dónde surge el estoicismo. Te preparará para afrontar sin problemas la sección principal del libro, los 10 principios y las prácticas innovadoras en las siguientes partes. Debes entender esta como una minúscula introducción a la filosofía. No está escrita al detalle, pero sí diseñada para conformar una sólida base de ideas desde la que progresar a lo largo de estas páginas. Un apunte rápido: he incluido al final del libro una «chuleta estoica» que resume los temas y términos esenciales de cuantos se mencionan en él; es una buena herramienta a la que recurrir a fin de recapitular el contenido técnico.
Cómo controlar lo incontrolable
sucede con muchas cosas en esta disciplina filosófica, ese concepto tiene un nombre: areté. Básicamente, significa ser la mejor versión posible de uno mismo en cualquier circunstancia. Por supuesto, es algo imposible y, en algún momento, las cosas saldrán mal (al fin y al cabo, somos humanos), pero lo importante es que se trata de un proceso en curso y debemos seguir intentando ser lo mejores que seamos capaces. Se basa, en esencia, en aplicar un buen criterio, simplemente ser una persona decente (y tratar de serlo todo el tiempo). Los estoicos creían que si uno es capaz de desarrollar un buen carácter, acabaría siendo un individuo feliz y equilibrado. O, dicho de forma elegante: si llevas una vida virtuosa y de areté , alcanzarás la eudaimonía. Me gusta que los estoicos dejasen en nuestras manos la responsabi- lidad de nuestra propia felicidad. Somos nosotros quien la creamos, esta no depende de elementos externos. Es nuestra responsabilidad y de nadie más. Este acento en la responsabilidad personal tiene algunas similitudes con el budismo, para el que la felicidad proviene del interior; algo en lo que los estoicos también creían. Se trata de algo interno, no externo. No consiste en Lamborghinis y retretes de oro que se limpian solos, sino en qué sentimos dentro de nosotros mismos, en cómo percibimos el mundo. Así pues, ¿cómo desarrollamos un buen carácter? ¿Y en qué consiste exactamente llevar una existencia virtuosa? Los estoicos se guiaban por algo llamado «virtudes cardinales», una serie de criterios mediante los que convertirse en un «buen» ser humano.
Las virtudes cardinales
Los estoicos no se sacaron esa virtudes de la manga. Fueron establecidas por el filósofo griego Platón y estos consideraron que eran perfectas y decidieron vivir acorde a esas ideas, al tiempo que hacían que fuesen la parte fundamental de su propia escuela filosófica. Cuando los estoicos se refieren a las «virtudes», se centran princi- palmente en cuatro de ellas; calidades del carácter que creían debíamos obligarnos a incorporar a nuestras vidas. Estas son:
LA GUÍA DE BEN PARA EL ESTOICISMO • ¿DE QUÉ VA ESO DEL ESTOICISMO?
La sabiduría (en ocasiones referida por los estoicos como «Prudencia») es la capacidad de entender el mundo que nos rodea y tomar decisiones vitales basándonos en esa comprensión. Asimismo, es la capacidad de entender qué podemos controlar y qué no (hablaremos de ello más adelante). La sabiduría estoica consiste en:
Según los estoicos, ganar «sabiduría» nos permitirá sobrellevar cual- quier desafío que la vida nos lance. Los estoicos creían que la filosofía era la mayor fuente de sabiduría, por lo que es del todo razonable invertir tiempo en estudiarla. Esto, para mí, resultó totalmente cierto; cuando estuve pasando por una época especialmente oscura, la filosofía me fue inusitadamente útil. (Filosofía, de hecho, significa «amor a la sabiduría», por lo que encaja perfectamente con esta virtud cardinal).
La justicia, entendida como virtud, consiste esencialmente en devenir un ser humano justo y honrado. Algo bastante sencillo de entender, ¿verdad? Es la capacidad de ser amable con los demás, independientemente de lo molestos que resulten. También es sinónimo de nuestra responsabilidad personal en la tarea de lograr una humanidad mejor. La justicia es:
Todo se basa en la igualdad y la justicia, algo tan relevante hoy como lo era hace dos mil años. Los estoicos hablaron de cómo, aunque somos individuos, formamos parte del grueso de la humanidad y, por tanto, nuestras acciones tienen consecuencias en todos los demás; retomaremos esto en el apartado dedicado a los principios.
LA GUÍA DE BEN PARA EL ESTOICISMO • ¿DE QUÉ VA ESO DEL ESTOICISMO?
entender una mínima parte de las virtudes apuntadas en este apartado, me doy por satisfecho. Los estoicos creían que al servirse de estas virtudes como guía de principios éticos se lograría la eudaimonía (felicidad/serenidad/equilibrio/ prosperidad/bienestar). Estas son las características que hace de alguien una buena persona, y te ayudarán a mejorar tu vida. Te sugiero que las tengas en mente mientras avanzas por este libro. Piensa en hasta qué punto sentían los estoicos que era importante contar con un buen carácter, y ten presentes estas cuatro virtudes cardinales tan a menudo como puedas.
Antes de seguir adelante, quisiera compartir contigo una fórmula con la que recordar fácilmente las virtudes cardinales. Imagina un león leyendo un libro mientras toma un sorbo de agua. Ahora imagina que el león se levanta, se encasqueta una peluca de juez y entra en un juzgado. ¿Tienes ya la imagen en la cabeza? Bien… Sé que es un poco estrafalaria, pero las imágenes extrañas y poderosas pueden resultar buenos dispositivos mnemotécnicos (trucos mediante los que memorizar cosas). El león representa la virtud del coraje. Eso es fácil de recordar: los leones son animales fuertes, valientes y arrojados. El libro simboliza la sabi- duría ; algo bastante obvio, ya que los libros son la fuente de sabiduría por excelencia. La asociación con el agua es algo más abstracta, pero espero que tenga sentido. Representa la templanza ; imagina que el león ha dejado la cafeína y ahora solo bebe agua. Nada más. El león es increíblemente disci- plinado en lo que respecta a lo que su cuerpo consume. De ahí que el agua se asocie al autocontrol y a la templanza. ¿Me sigues? Por último, la peluca y el juzgado simbolizan, como ya habrás adivinado, la justicia. La fórmula puede parecer algo excéntrica, pero cuando uno descubre por primera vez las cuatro virtudes es fácil que las olvide. Usar un simple truco como este nos ayudará a tenerlas en mente hasta que ya no nece- sitemos apoyos mnemotécnicos. Lo propuesto es una forma rápida y efectiva, pero puedes alterarla a conveniencia si no te acaban de convencer los leones disciplinados a los que les gusta llevar peluca.
Cómo controlar lo incontrolable
La postura de los estoicos respecto al control es algo que me ha sido de verdadera ayuda; tanto, que me he basado en ella a la hora de titular este libro.
Cómo controlar lo incontrolable
Los estoicos creían que ejercemos poco control sobre los aconteci- mientos externos (básicamente, sobre casi todo lo que nos sucede). La vida es incierta y no podemos controlar lo que resulte de ella. Sin embargo, también estaban convencidos de que podíamos controlar nuestra reacción a esos acontecimientos. Así pues, al centrarnos en nuestra reacción a lo incontrolable, añadimos a la ecuación cierta ilusión de control. ¿Podemos, entonces, controlar lo incontrolable? Y de ser así, ¿cómo lo hacemos? La respuesta es que no, no podemos controlar directamente lo incontro- lable. Piensa en el clima: no podemos provocar la lluvia (aunque ejecutemos una danza para atraerla y agitemos palos al cielo), como no podemos hacer que esta cese (por mucho que lo deseemos)... Pero sí podemos usar para- guas. Como podemos regar las plantas con una manguera cuando no llueve. Somos capaces de reaccionar a lo incontrolable pasando a la acción. Es cuestión de qué optamos por hacer cuando nos enfrentamos a situaciones que escapan a nuestro control. Con el título del presente libro no pretendo afirmar que podemos controlar acontecimientos incontrolables. Pero… Sí podemos controlar qué hacer una vez estos tienen lugar. Así es como controlamos lo incon- trolable. Ni más ni menos que mediante una estrategia de gestión. Se trata de recordar coger el paraguas, reaccionar al caos inherente a la vida con un planteamiento racional y aportar soluciones a los problemas centrándonos en los siguientes pasos a seguir. Cedo aquí la palabra al filósofo estoico Epícteto, que dijo de forma sucinta:
Lo importante no es lo que te pasa sino cómo reaccionas a ello�
Al optar por centrarnos en nuestras respuestas a lo que nos suceda, nos empoderamos. Puede que haya sucedido algo desagradable, pero podemos escoger qué camino tomar a partir de aquí y cómo manejar el suceso. Es cuestión de mentalidad. Y una forma estupenda de lidiar con los contra- tiempos y las dificultades. El tema recorre toda la práctica filosófica y es una parte sustancial del estoicismo. En mi primer libro me referí a ello como su «regla de oro», algo que mantengo. Es como visualizo la idea cuando pienso en ella. La fórmula «regla de oro de los estoicos» aparecerá a menudo también en este libro, pero, si queremos ponernos técnicos, hay otra forma de referirse al mismo concepto: «La dicotomía del control». Es una expresión relativa- mente nueva, no usada por los antiguos pensadores, pero sí esgrimida por los estoicos modernos, por lo que vale la pena conocerla.
Cómo controlar lo incontrolable
Los estoicos defendían que esas cosas indiferentes no lo hacen a uno intrínsecamente mejor persona. Se puede ser extremadamente rico y una persona horrible. También extremadamente rico y alguien amable y bonda- doso. El dinero es una variable. Las personas más pobres pueden ser tanto decentes como horrendas. La cuestión reside en cómo viven sus vidas. ¿Es su carácter bueno? Eso era lo que los estoicos valoraban. Dirían lo mismo con respecto a la salud. Uno puede estar enfermo, pero eso no tiene por qué destruir su carácter. Se puede padecer una enfermedad terrible y seguir siendo una persona agradable. Y lo mismo para la belleza: el aspecto de alguien no le hace ser buena o mala persona, como no lo definen sus posesiones materiales, que pueden deteriorarse o ser robadas fácilmente. Lo importante, para los estoicos, es el carácter. Pero lo cierto es que la mayoría de nosotros preferiríamos estar sanos a enfermar, y contar con dinero suficiente para sobrevivir. Son deseos perfectamente normales y aceptables. Los estoicos reconocen que esto es así y se refieren a ello como «indiferencias preferibles». Sin embargo, siguen siendo entendidas como cosas indiferentes y, en última instancia, algo que no deberíamos considerar demasiado importante.
El arquero estoico
Los estoicos creían que gran parte de la insatisfacción hacia la vida partía de tener unas expectativas poco razonables al respecto de la realidad. Si creemos tener más control sobre la vida del que verdaderamente deten- tamos, tendemos a frustrarnos y a decepcionarnos cuando las cosas no salen según lo planeado. La filosofía estoica cuenta con una gran solución con la que gestionar esto: nos recuerda que nada está garantizado. La vida cuenta con tal número de variables que, en algún momento, algo saldrá mal; no siempre, pero es algo impredecible, por lo que debemos esperar lo inesperado. Pequeños y grandes accidentes se interpondrán en nuestros planes. A fin de ayudarnos a asentar esta idea en nuestras mentes, los estoicos plantean un concepto llamado «Cláusula de reserva», referido original- mente como hupexairesis. Es algo similar a añadir «si así lo quiere la providencia» al final de cada frase que decimos al verbalizar nuestros planes. Por ejemplo: «Mañana iré a la playa, si así lo quiere la provi- dencia», «A la hora del almuerzo, pediré algo para llevar, si así lo quiere la providencia».
LA GUÍA DE BEN PARA EL ESTOICISMO • ¿DE QUÉ VA ESO DEL ESTOICISMO?
No es algo que estemos obligados a decir en voz alta todo el tiempo y respecto a cualquier cosa que hagamos, pero puede servirnos de recor- datorio mental de que nada está garantizado. Mañana puedo intentar ir a la playa, pero puede que llueva. O que se me estropee el coche. Quizá me ataque una manada de tejones salvajes. Estoy bastante seguro de que esto último no sucederá, pero ya me entiendes. Siempre puede suceder algo que se interponga en lo que deseo hacer. Negar esto es engañarse a uno mismo. Es importante tener esto en mente, lo cual no significa que no hagamos planes o esperemos buenos resultados sino, simplemente, que debemos ser conscientes de que existen muchas cosas que escapan a nuestro control. Los estoicos ejemplifican esa consciencia con la figura de «El arquero estoico». Piensa en un arquero, cómo alza el arco y apunta al objetivo. Su intención es dar en el centro de la diana, pero una vez dispare la flecha ya no tendrá ningún control sobre el resultado. Una racha de viento podría desviar el tiro. El objetivo podría moverse súbitamente. Podría interponerse (de nuevo) una manada de tejones salvajes. Existe un gran número de factores que podrían determinar que el resultado no refleje la intención. Al no esperar nada o no sentirse merecedores de un determinado resultado, los estoicos eludían las decepciones. Se trata de hacer lo mejor posible en una situación dada, aceptando que el resultado podría no ser el deseado. Pero podemos afrontar lo que surja, ya que somos capaces de decidir cómo responder a ello.
La estructura de la filosofía estoica
Cuando tuve mi primer contacto con el estoicismo, no era consciente de la estructura que estoy ahora a punto de compartir contigo. Me limité a sumergirme de lleno y leer todo lo que encontré. Con el tiempo, aprendí de qué modo se dividía su filosofía. Es algo que resulta obvio al leer a los autores estoicos, por lo que merece la pena estructurarlo de algún modo. La filosofía estoica enseña tres materias principales a sus alumnos: lógica, ética y física. Tres disciplinas ligeramente distintas a como las conocemos hoy en día.
La lógica consiste, esencialmente, en aplicar la razón a la forma en que pensamos. De hecho, se parece bastante a la psicología moderna, ya que se centra en los juicios y la percepción. Los estoicos tomaron
LA GUÍA DE BEN PARA EL ESTOICISMO • ¿DE QUÉ VA ESO DEL ESTOICISMO?
en los cielos, mientras fuma de su pipa mística… Zeus era el universo en sí mismo, un sinónimo de la naturaleza que representaba la totalidad del universo. En la filosofía estoica se menciona a otros dioses que, en cierto modo, servían de representación de distintas fuerzas. Uno de los más conocidos era Fortuna, la forma antropomorfa femenina del destino. También es útil saber que cualquier dios mencionado por los estoicos no es sino un aspecto o manifestación de Zeus. Todos los caminos conducen a Zeus … Qué buen eslogan, ¿eh? Ya seas ateo o seguidor de alguna religión, la idea de creer en Zeus resulta extraña. El estoicismo moderno ya no se sirve de Zeus y los otros dioses; de hecho, los especialistas contemporáneos ya no escriben sobre ellos del mismo modo que los antiguos estoicos, obvian ese aspecto de la filosofía y aun así siguen obteniendo resultados. Creo, sin embargo, que es importante ser consciente de la cosmología estoica, ya que, al leer los textos antiguos, algo que recomiendo muchí- simo, esos dioses van a aparecer continuamente. Este breve resumen debería ayudarnos a dotarlos de sentido en un contexto contemporáneo, y a no obsesionarnos con el uso de la palabra «dioses». Llegados a este punto, recordemos que el estoicismo es una escuela filosófica y no una religión. Aunque los antiguos hablasen de dioses, no nos estaban exigiendo creer en Zeus, algo estupendo por dos motivos: si ya eres adepto a alguna religión, el estoicismo puede combinarse perfectamente con ella, no requiere que la abandones; y si eres agnóstico o ateo, también servirá en combinación con tu idea del mundo, ya que esta filosofía se basa en la razón y la lógica, y va de la mano con el pensamiento científico actual. Así pues, sea cual sea tu bagaje cosmológico, teológico o filosófico, el estoicismo te guardará las espaldas.
El malentendido estoico
Antes de seguir adelante, debo comentar algo superimportante. El estoi- cismo suele confundirse con cómo usamos comúnmente la palabra «estoico». ¿Te resulta extraño? ¡No te culpo! Cuando hablamos de estoicismo nos referimos a la antigua filosofía griega. De eso, exactamente, trata este libro. Mientras que, en el día a día, usamos «estoico» para expresar que una persona «reprime sus emociones» o mantiene una actitud de «pues te aguantas y ya está».
Cómo controlar lo incontrolable
Es un malentendido común. Quizá el principal en lo referente al estoicismo. Ser un estoico no significa comportarse con frialdad, como una estatua carente de emociones y que no llora viendo películas de Disney. El estoicismo no consiste en reprimir las emociones, sino que nos conmina a no permitir que estas nos controlen, algo muy distinto a la represión y que trataremos más adelante. En esencia, ten presente que el estoicismo no te convierte en un robot. Debes recordar que ningún estoico se comportaba así. Ahora que ya sabes qué es el estoicismo (y que no es), me disfrazaré un momento de historiador y pasaré a resumir en unas pocas páginas los miles de años de historia estoica…