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Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable, deprimido, enojado o asustado.
Tipo: Tesis
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Córdoba, Noviembre del 2014
“Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable, deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de todas – la muerte de un ser querido-, los estamos dotando de unas capacidades y una comprensión importantes que les servirán para el resto de sus vidas”.
(Kroen, 1996, p.13)
El objetivo de este proyecto es presentar una guía didáctica para la prevención del duelo complicado infantil, concretamente, en niños de seis a ocho años. La realización de esta guía "El camino en el duelo”, ofrecerá a los adultos un medio para conocer en qué consiste el proceso de duelo, las manifestaciones del mismo y las pautas de actuación, para prevenir los posibles problemas asociados a un duelo complicado. Del mismo modo, con este proyecto se señalará la importancia de acompañar a los niños en este proceso iniciado tras la pérdida y aportarles las estrategias de adaptación al mismo. Los destinatarios directos de este proyecto serán los adultos cercanos al menor y los profesionales que tengan como objetivo enseñar a estos adultos pautas de actuación. La distribución de la guía y su evaluación se realizarán por medio de una Web con contenido en el área de la psicología.
Palabras Clave: duelo, duelo complicado, niños, guía, muerte y prevención.
The objective of this project is to provide a teaching guide to preventing complicated grief child, specifically in children six to eight years. This guide "The way in mourning” will offer adults a means to know what is the grieving experience, and those manifestations and how to action to prevent possible problems associated with complicated mourning. Similarly, with this project adults will learn the importance of accompanying children after the loss and provide them with adaptation strategies. The direct beneficiaries of this project will be the adults around the child and professionals that objective to teach these adults how to action. Distribution of this guide and evaluation it will be done through in a Web of psychology.
Keywords: bereavement, grief, complicated mourning, children, guide, death and prevention.
Dada la complejidad del proceso de aceptación de la muerte, junto con los cambios que el niño experimenta a lo largo de su desarrollo, este proyecto se centrará en trabajar cómo viven la pérdida niños de seis a ocho años. De esta manera podremos aportar información más específica, sin olvidarnos que los niños de este rango de edad, cuentan con la capacidad cognitiva suficiente para comprender este fenómeno, y con la ayuda de los adultos, pueden desarrollar estrategias que les permitan responder las dudas que se les presenten.
El proyecto estará dirigido a adultos que se encuentran en el núcleo familiar o cerca del menor. Estas personas podrán comprender la importancia del papel que tienen para ayudar al niño de una forma adecuada. También pretendemos que estos contenidos trabajados en la guía, puedan ser utilizados por profesionales del ámbito escolar, sanitario y de los servicios sociales. Dicho trabajo puede servir como una guía para adquirir las nociones básicas sobre el duelo infantil y aconsejar sobre este tema a los allegados del menor. Sin embargo, esta guía no aborda las pautas específicas para estos profesionales, ni la labor que desempeñan. Este documento dará respuestas a algunas de las preguntas que habitualmente preocupan en estos casos: ¿cómo comunicar la noticia?, ¿puede comprender el niño lo que ha pasado?, ¿se debe dejar al niño asistir a los rituales de despedida?, ¿es bueno dejar al niño con un familiar unos días?, etc.
El formato que hemos elegido para su desarrollo será el de guía didáctica, siendo una de las vías más indicadas para acceder a dicha población. Esta guía deberá estar escrita con claridad para facilitar y amenizar su lectura.
Para favorecer la difusión de este proyecto, nos planteamos su distribución online. Junto a la guía aparecerá un cuestionario de satisfacción donde se evaluará la utilidad de la misma, para establecer una comunicación continua con los usuarios y una retroalimentación del trabajo realizado.
Siendo el hecho más seguro que todos habremos de experimentar, la muerte es, sin embargo uno de los menos abordados y más evitados en nuestros tiempos. Los cambios experimentados por nuestra cultura occidental, con una mejora meteórica en la esperanza de vida, en la lucha contra las enfermedades infantiles, no han hecho sino aislar más aún este tema. Por más que estemos sometidos al fenómeno de la globalización, por más que los medios de comunicación, el cine y la televisión presenten continuas imágenes de personas que mueren o están muertas, de ninguna manera nos preparan para afrontar la muerte de algún ser cercano, sino que esta experiencia queda relegada a la esfera del mundo privado de cada familia. Nuestra sociedad no recibe una educación adecuada que le ayude y prepare ante una futura pérdida afectiva. Esto contribuye a que este suceso no se conciba como una fase más de la vida, sino que tendemos a enfrentarnos a ella con miedo, sin experimentar las emociones negativas propias de la pérdida con normalidad (Esquerda y Agustí, 2012).
Los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad en relación con el rito de despedida de los difuntos, están agravando esta tendencia hacia la evitación. En tiempos pasados, la muerte de un ser querido se vivía de forma pública: el fallecimiento y el velatorio se producían en el propio hogar con la participación del entorno familiar y social del difunto. Esto, favorecía desde un primer momento la expresión de dolor y tristeza, facilitando el proceso de duelo de todos los familiares del fallecido y su comprensión, independientemente de su edad. En la actualidad, sin embargo, esta explosión de dolor queda más limitada, suele vivirse en una mayor soledad, intentando en muchos casos reprimir estos sentimientos negativos. Dificultando, de esta manera, la adaptación a la nueva situación a la que se enfrentan, en la que su ser querido ya no está (Cabodevilla, 2007).
Sí no recibimos una educación para aceptar la muerte como algo natural, no comprenderemos las diferentes reacciones que experimentamos y observamos en los que nos rodean ante el trágico suceso que inicia el proceso del duelo. Circunstancias que se convierten en agravantes cuando se produce el fallecimiento de un ser querido con el que el menor mantenía una intensa relación.
Cabodevilla en 2007, determina que las personas durante las primeras etapas de su desarrollo no han sido estimuladas y ayudadas para ser personas individuales, para que puedan separar su identidad y así no tener dificultades para desprenderse de los objetos queridos, resultándoles difícil la elaboración del duelo. En este sentido, Bowlby (1993) defiende que las pérdidas afectivas en la infancia pueden dar lugar a una baja autoestima o autoconcepto, a una sobreidealización del fallecido, al establecimiento de relaciones negativas con los otros, de dependencia o sumisión, etc. Por ello, es muy importante atender a los primeros pasos que se dan para afrontar la pérdida y co- experimentar el duelo con el menor.
Tras una revisión del estado actual del tema elaboraremos un futuro proyecto didáctico que sirva de referencia y ayuda, para todos los adultos que en el círculo cercano de los menores, puedan ayudar y enseñar las estrategias necesarias de afrontamiento del duelo a éstos. Añadiremos que este proyecto estará centrado en el duelo que experimentan niños de seis a ocho años.
En el siguiente capítulo presentaremos los antecedentes que hemos encontramos relacionados con este tema y resaltaremos los modelos explicativos del duelo que nos han servido para comprender las necesidades de estos niños y la mejor forma de ayudarles en su duelo.
Pasaremos por lo tanto a desarrollar el marco teórico.
Esta aportación de Freud constituye la base de la teoría psicodinámica, según la cual “el duelo se entiende como la retirada de la libido invertida en el objeto perdido para su posterior reinversión en otro objeto de una forma saludable” (Barreto y Soler, 2007, p. 23). Freud ya aportaba un papel activo al doliente, determinando que el trabajo del duelo consiste en un proceso intrapsíquico donde se reitera el interés del sujeto por el mundo exterior y se elabora la pérdida sufrida.
Engel y Parkes, teniendo como referencia un modelo biológico, postulan que el duelo es una disfunción psiquiátrica o una enfermedad, que deteriora el estado de salud y del bienestar del deudo. Engel (1913-1999) defiende que el duelo se divide en seis fases: shock e incredulidad, desarrollo de la conciencia de la pérdida, restitución, resolución de la pérdida, idealización y resultado. Para él, cuando el deudo supera estas seis fases se encuentra en un estado similar al de la curación (Molina, 2012)
Por otro lado, Parkes (1928) presenta cuatro fases: insensibilidad, anhelo, desesperación y conducta reorganizada. Determina que el dolor que experimenta una persona tras una pérdida afectiva es similar a un trauma físico propio de una enfermedad. Esto desencadenaría alteraciones en el estado de salud del doliente (Molina, 2012).
Las aportaciones realizadas por Lindemann (1944) han sido imprescindibles para el desarrollo de teorías explicativas posteriores y la concepción del duelo que tenemos actualmente. Los resultados de sus trabajos le permitieron determinar las características de la aflicción aguda de pena (duelo): molestias somáticas, preocupación por la persona que ya no está, culpa, reacciones violentas, tendencia a asumir el rol o rasgos propios del fallecido y la pérdida de capacidades y funciones. Este autor desarrolla la idea de “trabajo de duelo”. Propone diferentes tareas a realizar para
superar el duelo: disolución de los vínculos emocionales con el fallecido, reajuste al medio y establecimiento de nuevas relaciones (Tizón, 2004).
Kübler-Ross , sin embargo, se centró en trabajar con personas moribundas, desarrollando sus conocimientos sobre la muerte y la agonía humana propia del duelo anticipatorio. Mientras acompañaba a enfermos terminales en su lecho de muerte, en 1969, determina las fases del proceso de duelo: negociación y aislamiento -shock-; ira, protesta y cólera; negociación y pacto; tristeza o depresión; y aceptación final (Molina, 2012).
Claplan (1964), por su parte, defiende que el duelo es una crisis que todos vamos a experimentar. Esta crisis implica una ruptura de situaciones y relaciones previas, desencadenando la adaptación a una nueva realidad. Este autor postula, que al superar una crisis, como puede ser la pérdida de un ser querido, el individuo mejorará sus estrategias de afrontamiento ante situaciones similares (Molina, 2012).
Bowlby (1993) realiza una explicación sobre el duelo, siguiendo el modelo psicosocial, basándose en su Teoría del Apego. Esta aportación nos sirve para conocer la intensidad de la relación que el menor establece con otra persona y la importancia de la misma. Esta teoría sostiene, principalmente, la necesidad del ser humano de establecer vínculos (lazos emocionales) con otras personas, con el fin de sentirse protegido y seguro. Además, defiende que desde una edad temprana los seres humanos, al igual que el resto de especies, tienen la necesidad de establecer un vínculo afectivo que los ayudará en su desarrollo y el cual siempre estará presente. El establecimiento de estos vínculos se produce desde nuestro nacimiento hasta la edad adulta, con la posibilidad de establecer nuevas vinculaciones.
En diferentes estudios realizados por Bowlby (1985) se observaba la reacción de los más pequeños ante la ausencia de su principal figura de apego. Esta ausencia crea una situación en el sujeto de peligro, ante la cual se desencadenan respuestas muy intensas. Lo mismo ocurre cuando un ser querido fallece. La pérdida afectiva produce la ruptura del vínculo con éste, dejando al doliente en una situación de inseguridad y
Worden en 1996, siguiendo un modelo cognitivista y al igual que Lindemann, defiende que el deudo debe realizar una serie de tareas para superar una pérdida afectiva. Sin establecer un obligado orden de realización de dichas tareas, existiendo flexibilidad en la forma de adaptarse a la nueva realidad.
La primera de estas tareas se fundamenta en la aceptación de la pérdida. Se debe asumir que la marcha es irreversible, es decir, que la persona querida ya no volverá, se debe comprender la imposibilidad de un reencuentro y el significado de la pérdida. La aceptación de esta realidad se deberá llevar a cabo racional y emocionalmente. Durante la realización de esta tarea el deudo puede intentar protegerse realizando estrategias desadaptativas, como la negación (realidad de la pérdida, significado de la misma y la irreversibilidad de la muerte).
La segunda tarea consiste en el trabajo de las emociones y el dolor de la pérdida. Esta tarea encuentra su importancia en el hecho de que solo al experimentar en su totalidad el dolor de una pérdida se conseguirá una elaboración adecuada del duelo, y es importante trabajar el bloqueo emocional sin negar las emociones experimentadas. El principal objetivo de esta tarea es la superación del dolor sentido por la pérdida, para evitar que el deudo arrastre este dolor a lo largo de su vida. Para ello, se deberán expresar libremente las emociones y pensamientos que este suceso les suscita.
La tercera será adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente , desarrollando nuevas habilidades y roles, reajustando el núcleo familiar y social, con el fin de encontrar sentido a la vida. En el caso de los más pequeños, deberán buscar una nueva figura de referencia para que le ayude en el desarrollo de estas estrategias. Esta tarea les será más dificultosa a aquellos deudos que antes de la pérdida no asumían un rol de responsabilidad dentro del núcleo familiar, en este caso, tendrán que adaptarse a una situación donde su ser querido ya no está y asumir tareas que anteriormente no habían llevado a cabo.
En último lugar, se deberá r ecolocar emocionalmente al ser querido fallecido y continuar viviendo. En este caso, el deudo trabajará para recolocar al fallecido en su vida psicológica, y así entablar nuevos lazos afectivos, pudiendo vivir su vida mirando al futuro.
Las bases de este modelo han sido revisadas en Barreto y Soler (2007), Cabodevilla (2007) y Molina (2012). Para el siguiente modelo de estudio que será el constructivista de Neimeyer hemos elegido su propia obra publicada en 2001.
En cambio, Neimeyer (2001) basándose en la teoría constructivista, defiende que tras la pérdida significativa el doliente pone en marcha la reconstrucción de significados, desde su propia identidad hasta sus creencias previas. Estos significados determinan la percepción e interpretación que cada persona tiene de los acontecimientos vitales, así como la negociación que se hará sobre la realidad a la que el deudo se va a enfrentar.
Ante un suceso tan desestabilizador como es la pérdida de un ser querido Neimeyer, apunta que habrá casos en que este hecho valide las anteriores construcciones (creencias) que orientaban nuestra vida. Pero en otras ocasiones, deberemos crear nuevas construcciones, debido a que las que sustentaban anteriormente nuestra forma de ser y ver la vida no valdrían. Según esta interpretación del duelo el deudo, adquiere un papel activo en el proceso, replanteándose las construcciones anteriores para adaptarse a la realidad de la pérdida.
Esta teoría recoge que durante el proceso de duelo el doliente pasará por distintos momentos: evitación, asimilación y acomodación.
La evitación se produce en los primeros momentos, cuando la persona se encuentra en estado de shock, imposibilitando la toma de conciencia de la realidad. En este momento, se experimenta un estado de desprotección por la conmoción y aturdimiento.
Durante la asimilación el deudo ya es consciente cognitiva y emocionalmente de la pérdida, comenzando a experimentar las emociones con gran intensidad. Neimeyer, defiende, que en ocasiones las emociones experimentadas pueden acarrear problemas internos. Por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido tras un larga enfermedad, nos puede suscitar un alivio, que se acompañará de la culpabilidad por haber sentido dicho sentimiento.
(Barreto, de la Torre y Pérez-Martín, 2012). El deudo deberá tomar un papel activo, encargándose de la elaboración de su propio duelo.
Este proceso finaliza cuando el deudo puede recordar el pasado y a su ser querido, sin sentir malestar, con afecto sereno, “superando”, así su pérdida (Barreto y Soler, 2007).
El proceso de duelo se lleva a cabo ante cualquier pérdida, más allá de la desaparición de un ser querido, por ejemplo, un divorcio, cambio de domicilio, despido laboral, ruptura amorosa, etc (Cabodevilla, 2007). Para nuestro trabajo desarrollaremos la pérdida afectiva en referencia a los menores cuya edad esté comprendida desde los seis a los ocho años, y tendremos en cuenta diferentes factores tales como: la causa de la muerte, la intensidad de vínculo establecido entre el fallecido y el doliente, las características propias de éste, etc. Estos factores son importantes a la hora de determinar el tipo de duelo que una persona está experimentando que oscila desde un duelo “sano”, hasta un duelo que presenta algún tipo de complicación.
Pasemos por tanto, a resaltar estos tipos de duelo.
El tipo de duelo adecuado para una óptima evolución del adulto o niño es el duelo normalizado. En el que el deudo evoluciona positivamente pasando por las diferentes fases del duelo, consiguiendo así, adaptarse a su nueva situación y recordar al fallecido con tranquilidad y sin sufrir un dolor profundo.
La estadística nos demuestra que en torno a un 10-20% de los duelos experimentados se desarrollan de forma inadecuada, dando lugar a un duelo complicado (DC) (Dillen, Fontaine y Verhofstadt-Deneve, 2009. En Millán-González y Solano- Medina, 2010). El duelo complicado sigue un curso inesperado, en el cual, el doliente está desbordado y recurre a conductas desadaptativas, comprometiendo su salud y dificultando su funcionamiento general, haciendo que este proceso de adaptación se cronifique, aumentando su duración e intensidad.
En el DSM-5 no se presenta una categoría diagnóstica sobre el duelo complicado. Pero los numerosos debates llevados a cabo para elaborar este manual de diagnóstico, si plantearon un Trastorno por Duelo Complejo Persistente y sus correspondientes criterios de diagnóstico. A pesar de que al final este trastorno no forma parte del DSM-5, en dicho manual (Sección III) se recoge el objetivo de establecer las condiciones de este trastorno (Persistent Complex Bereavement Disorder) en investigaciones futuras. Por ello, consideramos interesante reflejar los posibles criterios establecidos del mismo, para hacernos una mejor idea de a lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de Duelo Complicado (APA, 2012. En Barreto, de la Torre, y Pérez-Martín, 2012, pág. 361).
Criterio A: el individuo ha experimentado la muerte de un familiar hace al menos 12 meses.
Criterio B: desde el fallecimiento, ha experimentado al menos uno de los siguientes síntomas, casi diariamente o en grado intenso o perturbador:
a) Anhelos perturbadores y fuertes por lo que se ha perdido (En los niños pequeños, el anhelo se puede expresar en el juego y la conducta, incluyendo la separación-reunión con los cuidadores), b) Dolor intenso por la separación, c) Preocupación por el difunto, d) Preocupación por las circunstancias del fallecimiento (En los niños, esta preocupación por la persona fallecida puede ser expresada a través de los temas de juego y el comportamiento y se puede extender a la preocupación por la posible muerte de otras personas cercanas a ellos.). Criterio C: El Dolor/Distrés por la separación: desde el fallecimiento, ha experimentado por lo menos seis de los siguientes síntomas, casi diariamente o en un grado intenso o perturbador:
a) Dificultades marcadas para aceptar la muerte (Nota: En los niños, esto depende de la capacidad del niño para comprender el significado y la permanencia de la muerte),