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Comprar, tirar, comprar, Ejercicios de Ciencias Ambientales

Asignatura: SPT, Profesor: , Carrera: Ciències Ambientals, Universidad: UV

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 19/05/2018

andreamye
andreamye 🇪🇸

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COMPRAR, TIRAR, COMPRAR:
La obsolescencia surgió al mismo tiempo que la producción en masa a principios del siglo XX.
El patrón con el que los objetos fabricados tenían la vida limitada surgió con la revolución
industrial.
Con la producción en masa, se abarataron lo productos, por lo que casi todo el mundo podía
acceder a ellos.
El problema surgió cuando los empresarios se plantearon qué pasaría cuando todo el mundo
tuviera de todo.
La tragedia afectó a Ford, el padre de la producción en cadena. El Ford t se produjo en masa,
como modelo único y duradero. Pero General Motors, para superar a Ford se basó en una
producción más estética y con menos importancia respecto a la durabilidad. Como el coche de
General Motors era más bonito, sus ventas se dispararon y el Ford t comenzó a verse anticuado
y obsoleto. Y a partir de entonces, Ford empezó a sacar nuevos modelos cada año.
Es con la crisis del 29 cuando se paraliza la economía de consumo, y las colas en lugar de ser
para comprar son para pedir trabajo y comida.
En 1933 se introdujo el New Deal en EEUU, un programa para sacar al país de la depresión
invirtiendo en obras públicas. Sin embargo, no todo el mundo confiaba en su viabilidad y desde
Nueva York Bernard London, plantea que todos los productos deben tener una fecha de
caducidad y quien los usara o se los quedara después de caducados, debería pagar una multa.
Con la obsolescencia programada obligatoria, London creía que iba a resucitar la economía
americana.
Con este enfoque americano comienza la producción en masa y los precios son más asequibles,
por lo que el consumo y la obsolescencia quedan a disposición de todos.
Incluso la obsolescencia llega al tercer mundo.
A pesar de que existe un tratado internacional que impide llevar residuos al tercer mundo, los
mercaderes lo siguen haciendo. Primeramente declaran los productos como si fuesen de segunda
mano, y los adecentan para que tengan un buen aspecto. Una vez en las aduanas, parece que
estén en correcto estado y llegan a los países tercermundistas como, por ejemplo, Ghana.
Una vez los residuos llegan allí en contenedores, ya sean ordenadores o televisores viejos, los
comerciantes compran aquellos que ven con posibilidades de arreglarlos y lo hacen en tan solo
de 10 a 30 min. Para los ghaneses es inconcebible el concepto de comprar, usar y tirar que
caracteriza a los países ricos. Sin embargo, tampoco obtienen muchos beneficios de todo esto,
ya que el 80% de los residuos no se pueden reparar; por lo que lo único que obtienen a cambio
es una mayor contaminación y menor espacio para cultivar la tierra.
En estos países impera la mentalidad que tenían los antiguos ingenieros. Antes se valoraba el
ahorro, la preservación de las cosas; ahora se valoran más las cosas novedosas y el despilfarro.
De hecho, en este sistema, las personas tenemos un valor según la cantidad de cosas que
consumimos; solidificándose aún más la segregación social que siempre ha caracterizado
nuestra especie.
Actualmente ser pobre ya no significa no tener para comer o vivir en un país subdesarrollado
como en África, para la sociedad ser pobre es no contribuir al modelo consumista.
Esta ideología comenzó a arraigar en la sociedad con la obsolescencia impuesta por Bernard
London. Sin embargo, se cuestionó sobre la década de los 50 y posteriormente apareció con el
matiz de que no había que obligar al consumidor, sino seducirle.
Una seducción realizada a través de grandes carteles publicitarios, de anuncios en todos los
medios de comunicación. Se buscaba hacer del consumo, una necesidad para las personas. El
objetivo de la obsolescencia es crear personas adictas a las compras.
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COMPRAR, TIRAR, COMPRAR:

La obsolescencia surgió al mismo tiempo que la producción en masa a principios del siglo XX. El patrón con el que los objetos fabricados tenían la vida limitada surgió con la revolución industrial. Con la producción en masa, se abarataron lo productos, por lo que casi todo el mundo podía acceder a ellos. El problema surgió cuando los empresarios se plantearon qué pasaría cuando todo el mundo tuviera de todo. La tragedia afectó a Ford, el padre de la producción en cadena. El Ford t se produjo en masa, como modelo único y duradero. Pero General Motors, para superar a Ford se basó en una producción más estética y con menos importancia respecto a la durabilidad. Como el coche de General Motors era más bonito, sus ventas se dispararon y el Ford t comenzó a verse anticuado y obsoleto. Y a partir de entonces, Ford empezó a sacar nuevos modelos cada año.

Es con la crisis del 29 cuando se paraliza la economía de consumo, y las colas en lugar de ser para comprar son para pedir trabajo y comida. En 1933 se introdujo el New Deal en EEUU, un programa para sacar al país de la depresión invirtiendo en obras públicas. Sin embargo, no todo el mundo confiaba en su viabilidad y desde Nueva York Bernard London, plantea que todos los productos deben tener una fecha de caducidad y quien los usara o se los quedara después de caducados, debería pagar una multa. Con la obsolescencia programada obligatoria, London creía que iba a resucitar la economía americana.

Con este enfoque americano comienza la producción en masa y los precios son más asequibles, por lo que el consumo y la obsolescencia quedan a disposición de todos. Incluso la obsolescencia llega al tercer mundo.

A pesar de que existe un tratado internacional que impide llevar residuos al tercer mundo, los mercaderes lo siguen haciendo. Primeramente declaran los productos como si fuesen de segunda mano, y los adecentan para que tengan un buen aspecto. Una vez en las aduanas, parece que estén en correcto estado y llegan a los países tercermundistas como, por ejemplo, Ghana. Una vez los residuos llegan allí en contenedores, ya sean ordenadores o televisores viejos, los comerciantes compran aquellos que ven con posibilidades de arreglarlos y lo hacen en tan solo de 10 a 30 min. Para los ghaneses es inconcebible el concepto de comprar, usar y tirar que caracteriza a los países ricos. Sin embargo, tampoco obtienen muchos beneficios de todo esto, ya que el 80% de los residuos no se pueden reparar; por lo que lo único que obtienen a cambio es una mayor contaminación y menor espacio para cultivar la tierra. En estos países impera la mentalidad que tenían los antiguos ingenieros. Antes se valoraba el ahorro, la preservación de las cosas; ahora se valoran más las cosas novedosas y el despilfarro. De hecho, en este sistema, las personas tenemos un valor según la cantidad de cosas que consumimos; solidificándose aún más la segregación social que siempre ha caracterizado nuestra especie. Actualmente ser pobre ya no significa no tener para comer o vivir en un país subdesarrollado como en África, para la sociedad ser pobre es no contribuir al modelo consumista.

Esta ideología comenzó a arraigar en la sociedad con la obsolescencia impuesta por Bernard London. Sin embargo, se cuestionó sobre la década de los 50 y posteriormente apareció con el matiz de que no había que obligar al consumidor, sino seducirle. Una seducción realizada a través de grandes carteles publicitarios, de anuncios en todos los medios de comunicación. Se buscaba hacer del consumo, una necesidad para las personas. El objetivo de la obsolescencia es crear personas adictas a las compras.

Mientras que en América la obsolescencia empezaba a cobrar forma, en Europa permanecía el mismo enfoque de fabricar productos con el objetivo de que no se rompan, de que duren lo máximo posible. Sin embargo, el éxito de la obsolescencia sobre la economía hizo que el modelo se reprodujera hasta llegar a Europa, donde a los ingenieros se les empezó a enseñar a fabricar productos con una duración menor. La ética juega un papel fundamental en todo esto, no está. No hay ética en este modelo productivo; sin embargo, los ingenieros solo recibían órdenes y hacían lo que se les mandaba.

Gracias a la obsolescencia y al crecimiento demográfico, las demandas de objetos han aumentado, lo que ha disparado las tasas de producción, permitiendo la fabricación en cadena de gran cantidad de artículos cuya venta se realiza a bajos costes. La venta barata de los productos es lo que tienta a los consumidores de seguir consumiendo.

Pero, si tuviéramos productos más duraderos, ¿no mantendríamos nuestros hábitos de compra? En mi opinión, si dispusiéramos de objetos de larga duración, no afectados por la obsolescencia programada, continuaríamos contribuyendo al sistema consumista pero no en la misma cantidad. Esto es, si me vendieran un par de medias de nylon como las que se hacían antiguamente yo me compraría un par, porque que duren más no quiere decir que no se vayan a romper algún día. El precio de más que pagaría por las medias de nylon es el precio ahorrado en tóxicos, contaminación atmosférica y recursos naturales. Estoy sugiriendo, que una economía basada en una producción de artículos en número necesario y con un coste justo, acorde los gastos que generan su producción, sería menos dañina que la economía basada en producciones a gran escala y con un coste asequible. Pienso esto porque cuando no pagamos lo que se corresponde con los costes de producción por un producto, somos cómplices de las pésimas condiciones laborales bajo las que están sometidas las personas que trabajan para multinacionales; somos cómplices de la explotación de niños pobres en minas; somos cómplices de que un trabajo tan esclavo se remunere con 2€ al día si llega. Este sistema nos permite tener más cosas, a cambio de que muchas otras personas no puedan disponer ni de lo necesario para sobrevivir. Sin contar el engaño de sistema, permitido, al que estamos sometidos; y es un engaño permitido, porque a pesar de conocer las trampas que se utilizan para que compremos más, caemos en ellas y seguimos consumiendo.

Un ejemplo lo tenemos con APPLE, una empresa joven que se declara ecológica y a favor del consumo responsable. Dicha empresa, crea un producto que es el IPOD. Gran cantidad de personas descubren que tienen problemas con la batería del aparato y se descubre que APPLE, las había diseñado para que su duración fuera menos. Su respuesta/solución ofrecida a las personas afectadas es la compra de otro nuevo IPOD. Dos hermanos hicieron un corto, en el cual iban pintando sobre los anuncios de APPLE que su batería irremplazable solo duraba 18 meses. La polémica que cobró el corto, permitió que se demandara a esta empresa. A pesar de la revuelta que se originó, no se llegó a juicio; sin embargo, APPLE para no dañar más su imagen cara al público, lo que hizo fue crear un servicio técnico que se encargase de arreglar las baterías y prolongó la duración de la garantía de sus productos a dos años.

Como APPLE son muchas las empresas que no tienen una política medioambiental que permite a los consumidores devolver los productos para su reciclado y eliminación. Lo cual aumenta otro de los límites con los que nos encontramos siguiendo este sistema, la acumulación y el vertido de basuras, contaminando el medio ambiente y poniendo en peligro la vida humana y la del resto de especies.

Otro ejemplo contrario al anterior es el de PHILIPS, empresa que fabrica una bombilla LED que dura 25 años. Dicha empresa busca la producción de productos de larga duración y la dirección de un negocio rentable, demostrando que ambas cosas no son incompatibles. Negocios y sostenibilidad van agarrados de la mano y la única forma de seguir una economía justa y viable es pagar el precio real de los productos. Si consideramos todos los costes a la hora