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Asignatura: Lengua Española, Profesor: Vilches Vilches, Carrera: Relaciones Internacionales + Periodismo, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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4.8. Uso no sexista del lenguaje jurídico-administrativo 4.8.1. Género y sexo No confundir género gramatical y sexo. Géneros no aportan significación referencial. Género morfema nominador medio del cual el sustantivo concuerda con sus modificadores. Las palabras tienen género (no sexo), los seres vivo tienen sexo (no género). Años 70 del siglo XX se empezó a utilizar en el mundo anglosajón el término género (ingl. gender) con un sentido técnico especifico, que se ha extendido a otras lenguas, entre las que se encuentra el español. En la teoría feminista: sexo designa una categoría meramente orgánica, biológica, género alude a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política o laboral. El sexismo consiste en la “discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro”. Predomina en aquel discurso en el que se oculta o discrimina a alguno de los sexos. En cuanto uso improcedente, ha de ser evitado tanto cuanto atañe al femenino, al afectado normalmente, dado que en todos los ámbitos se asignan sistemas de valores, pautas de comportamiento y papeles distintos a hombres y mujeres, normalmente en detrimento de estas, como cuando atañe al masculino. La lengua española no es sexista en sí. Lo es el uso que hacemos de ella los miembros de la comunidad, hombres y mujeres. Lengua, sociedad y cultura son realidades estrechamente imbricadas. Miembros de una sociedad se relacionan entre sí empleando la lengua. Las transformaciones sociales constituyen uno de los principales motivos del cambio lingüístico. Sexismo lingüístico: cuando el discurso se halla presidido por una carga sexista puramente formal, explícita o implícita. Sexismo social: cuando afecta también al fondo del mensaje. En las últimas décadas la situación del la mujer ha experimentado un combo notable en las diferentes esferas de la sociedad. Eso hace que nos replanteemos ciertas cuestiones lingüísticas con el fin de que el idioma se adecue a la realidad actual. Una de ellas es el uso no discriminatorio en materia lingüística por cuestiones de sexo, de modo que los hombres y las mujeres se encuentren representados de manera igualitaria. 4.8.2. Legislación actual sobre la materia
realidad insoslayable que acompaña a la vida del hombre [del ser humano] desde la cuna a la sepultura y cuyo influjo se advierte en la mayoría de los sectores que afectan al desenvolvimiento del individuo y de los grupos sociales» (1990: 27). 4.8.3. Masculino y femenino gramaticales «El genero en español distingue, en los nombres, los masculinos de os femeninos. No hay nombres neutros. Masculino y femenino, por tanto, y su significado en los nombres que designan cosas es distinto que el que tienen en los que distinguen seres vivos». En español, el masculino es el género no marcado. Tiene dos valores, uno especifico, aplicado únicamente a varones y otro genérico, que hace referencia a seres de ambos sexos. El femenino, por el contrario, solo posee un valor restrictivo, aplicado siempre a mujeres. El mayor obstáculo para una utilización lo más neutra posible de nuestra lengua se deriva de su pertenencia a las lenguas de género. El empleo del masculino, en singular o en plural, con valor genérico obedece a una cuestión de economía lingüística. No obstante, su uso con este valor da lugar con frecuencia a confusión y ambigüedad, ya que el hombre puede ser interpretado como el sujeto de un enunciado sin serlo. Como se indica en el Manual de estilo del lenguaje administrativo del MAP, la Administración «aparece como un mundo del varón, en el que no sólo los que autorizan, certifican, adjudican... son hombres (la incorporación de las mujeres irá modificando esta vertiente), sino también los que declaran o solicitan, los denunciados, los propietarios de inmuebles, los infractores de tráfico, etc.» (1990: 155-156). Como señala el profesor Lázaro Mora, «Que el varón haya representado tradicionalmente la razón, la violencia, la fuerza física, la inteligencia, la autoridad, el espíritu emprendedor, el dominio, la agresividad, la tenacidad, la necesidad sexual; o que se haya asociado a la mujer a la espontaneidad, la ternura, la debilidad física, la intuición, la superficialidad, la sensibilidad, la sumisión, la abnegación, la escasa necesidad sexual, ha favorecido, sin duda, eso que ahora se llama la «discriminación de género»; y que en los diccionarios pululen entradas léxicas tan sesgadas como estas: Sexo débil: «las mujeres». Femenino, -a: «débil, endeble». Afeminar: «hacer perder a uno la energía varonil». Magrear: «sobar, palpar, pellizcar a una mujer»». El masculino genérico,que puede contribuir a la discriminación lingüística, afecta tanto a sustantivos como a ciertos determinantes y pronombres, y ha de ser evitado siempre que lo permitan las normas de la corrección idiomática. Para ello, la lengua española ofrece una serie de recursos como los siguientes (Medina Guerra [coord.], 2002: 49-58): 1.° Empleo de sustantivos colectivos o genéricos. Normalmente, cuando un nombre está en singular designa un solo ser y, cuando está en plural, varios. En ocasiones, empleamos en singular nombres que significan un conjunto concebido como una unidad. Son nombres colectivos: ejército («conjunto de soldados»), familia («conjunto de personas unidas por su parentesco»), par («conjunto de dos objetos»). En otros casos, empleamos en singular nombres para designar todos los individuos que constituyen la clase a la que conviene. Son nombres genéricos el español, el funcionario, el enemigo. Estos, con independencia de que tengan género gramatical masculino (colectivo, grupo, equipo) o femenino (colectividad, asamblea, asociación), hacen referencia a hombres y a mujeres. El uso de colectivos y genéricos, siempre que sea posible, es preferible al del masculino genérico. Conviene, por tanto, sustituir Los trabajadores de la empresa por La plantilla de la empresa; Los empresarios del sector por El empresariado del sector. 2.° Uso de construcciones perifrásticas. Las perífrasis del tipo de el personal administrativo (en lugar de los administrativos), el ser humano (por el hombre) constituyen un recurso para no incurrir en las ambigüedades que implica en muchos
casos el masculino genérico. En lugar de «Los españoles tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral» puede emplearse «La ciudadanía española tiene derecho a la vida y a la integridad física y moral». 3.0 Empleo de construcciones metonímicas. Para evitar el masculino genérico podemos referirnos al cargo, profesión o titulación que se en lugar de a la persona que los posee (dirección, abogacía, licenciatura) desempeña: director, abogado, licenciado. En este sentido, es preferible optar por «La coordinación ha decidido tomar serias medidas» a «Los coordinadores han decido tomar serias medidas». 4.0 utilización de desdoblamientos. El desdoblamiento, con alternancia en el orden de presentación de ambos géneros para no dar prioridad a uno sobre el otro, es otro medio que puede ser utilizado para evitar la ambigüedad del masculino genérico: en lugar de Los traba": res de la empresa existe la posibilidad de referirnos a Los trabajadoresy las trabajadoras de la empresa o a Las trabajadoras y los trabajadores del empresa. 5.° Uso de barras. Los dobletes del tipo -o/ -a; -a /-o con barras pueden ser utilizados con el fin de ahorrar espacio en el documento administrativo (impreso, instancia, formulario, etc.): «El /la director I _a del Departamento tendrá la obligación de convocar, como mínimo, una reunión cada tres meses». 6.° Introducción de aposiciones explicativas. Las aposiciones explicativas evitan a veces la interpretación errónea del masculino genérico: «El objetivo es proporcionar a los jóvenes, de uno y otro sexo, una formación plena». 7.° Omisión de determinantes. En los sustantivos de una sola terminación (compareciente, declarante, contribuyente), el sexo de la persona a la que se refieren se deduce del artículo, además de los adjetivos o de los determinantes. En estos casos, si se elide el artículo, el sustantivo engloba tanto a hombres como a mujeres. En este sentido, «Podrán optar al concurso los profesionales con experiencia» puede ser sustituido por «Podrán optar al concurso profesionales con experiencia». 8.° Empleo de determinantes sin marca de género. El empleo de sustantivos de una sola terminación con determinantes sin marca de género como cada constituye otro recurso para no incurrir en el uso abusivo del masculino. Así, «Se recibió a todos los recurrentes», se puede sustituir por «Se recibió a cada recurrente>. 9.. Utilización de estructuras con «se». Las estructuras con se impersonal (se recomienda...), de pasiva refleja (se debatirá...) o de pasiva perifrástica (se va a elegir...) tienden a ocultar la identidad del agente de la acción con todas las connotaciones que implica. En vez de emplear «Cuando el usuario solicite la devolución de la fianza», podemos emplear «Cuando se solicite la devolución de la fianza».
correveidile. 8.° Cuando el nombre de profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente, por lo que debe be decirse, por ejemplo, la primera ministra, una intérprete jurada o una detective privada no la primera ministro, una intérprete jurado o una detective privado. 4.8.5. Sugerencias sobre algunas feminizaciones de títulos y su registro en el DRAE 1.He aquí algunas palabras recomendadas: Practicante / Practicanta: Mejor la practicante; como la estudian-te; el, la cantante, el sufijo -ante es invariable Técnico ortopédico / técnica ortopédica *: Mejor la técnico ortopédico para evitar fenómenos homonímicos. En la misma situación se halla óptico I óptica * preferible la óptico. Asistente social / asistenta social : Mejor la asistente social para evitar el equívoco de asistenta como «mujer que sirve como criada». Oficial/oficiala : Mejor la oficial; nada evidencia que oficial sea masculino; basta, por tanto, con distinguir el sexo a través del artículo, como en el/la fiscal. Bachiller / bachillera: Mejor la bachiller, por la misma razón que la oficial. Ayudante / ayudanta: Mejor la ayudante; ayudanta significa también «mujer que realiza trabajos subalternos por lo general en oficios manuales». 2.Un caso particular: algunos terminados en —nte y en —ista. En español, existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de salir, es saliente; el de cantar, es cantante y, así, regularmente. Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final -nte. Por lo tanto, a la persona que preside, se le decía, hasta hace muy poco, «presidente» y no «presidenta», independientemente del sexo que esa persona tuviera, aunque bien es cierto que la mayoría de esas designaciones (por no decir todas) se refería a hombres. De ahí, que se haya dicho siempre capilla «ardiente», no «ardienta»; y que se diga «estudiante» y no «estudianta»; «intendente» y no «intendenta». Se forman del participio de presente, pero hay que añadir el proceso histórico de recategorización que sufren algunos de esos adjetivos verbales al pasar a sustantivos y tomar las flexiones de género: regente/-a. Regenta es sinónimo de profesora en el DRAE (2001). Pasan a ser como palabras distintas. La doctrina de la RAE sigue siendo que las palabras terminadas en -nte son originariamente adjetivos y comunes a ambos género s: el/la estudiante. Del mismo modo, el uso que los hablantes hacen de nuestra lengua no ha posibilitado flexiones de género tales como «el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el turisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el telefonisto, el oculisto, el policío del esquino o ¡el machisto!», independientemente de que su terminación sea —a, propia de muchos sustantivos femeninos en español. En estos casos, como ya hemos señalado, el género gramatical lo aporta el determinante (el/la dentista). Sobre las palabras terminadas en -ista, hay que distinguir entre los nombres que son derivados de otro nombre: oficina-oficinista; y los que derivan de un adjetivo como humano-humanista; estos son comunes a ambos géneros; pero los primeros, también comunes a ambos géneros, tienen excepciones: moda-modista/modisto; ha sufrido recategorización en lo que toca al género.
Administración. Por ello, las fórmulas en las que se incluye algún tipo de afecto personal deben descartarse por completo. El empleado público sí está obligado, por de contado, a la buena educación y a la cortesía necesarias en la relación entre personas civilizadas, pero no debe inmiscuirse en las fórmulas de cortesía con sus sentimientos personales. a) Encabezamientos. Por ello, los encabezamientos de las cartas deben responder a estas características. La carta personal permite una mayor variedad en los encabezamientos y en otras fórmulas de afecto personal. El encabezamiento que deben llevar, por tanto, es el siguiente: Carta personal: Querido/-a amigo/-a; Querido (nombre de la persona); Querida (nombre de la persona). Carta administrativa: Estimado/-a ciudadano/-a; Estimado Sr. (apellido); Estimada S.ª/ Sra/Sr.ª (apellido). Quedan completamente descartados de la carta administrativa encabezamientos del tipo: Hola, Buenos días, qué tal, etc. En cuanto a fórmulas como «Muy Sr. / -a mío / -a» deberían quedar relegadas para cartas comerciales, pues tampoco es bueno que la Administración trate con tanta frialdad a quienes se dirige, en definitiva, a quienes sirve. La ausencia de encabezamiento (que será destacada en el último capítulo) tampoco nos parece una solución adecuada. Al mismo tiempo, expresiones como «Lamentamos profundamente comunicarle que su petición ha sido denegada» o su contraria, «Me complace enormemente comunicarle que su petición ha sido estimada» deben estar fuera del lenguaje jurídico-administrativo. Los documentos de constancia pueden ser estudiados dentro de muchos años por investigadores de esta lengua de especialidad, y este tipo de lenguaje, a buen seguro, no ayudará mucho a sacar certeras conclusiones. Las expresiones del tipo «Le ruego» o «Le agradezco de antemano su colaboración» deben también evitarse. Ya ha hecho un esfuerzo el lenguaje de la Administración Pública para erradicar las fórmulas de carácter religioso como «Dios guarde a usted muchos años» o aquellas otras humillantes del tipo «Es gracia que espera alcanzar de su recto proceder», por lo que el empleado público del Estado ha de «solicitar» o «pedir» aquello que la Administración requiera de la ciudadanía y no debe agradecer ni de antemano ni de otra manera lo que suele ser un deber de la ciudadanía. b) Despedidas. En cuanto a las despedidas, se debe seguir la línea marcada hasta ahora y no intercalar los afectos personales. En conclusión, estas serían las fórmulas de cortesía adecuadas: Carta personal: Un abrazo, un fuerte abrazo, un cordial saludo Carta administrativa: Reciba un saludo, atentamente. No olvidemos que el adjetivo “cordial” significa “afectuosa, de corazón”, por lo que implica sentimientos personales. Y un “atento saludo” no dejaría de ser una redundancia: solo se saluda a alguien si se está atento.
-Desarrollo -Conclusión -Firma (cargo del redactor de la carta)