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Comunicación Literaria, Monografías, Ensayos de Literatura

Resumen del documento de Luis Barrera Linares

Tipo: Monografías, Ensayos

2017/2018

Subido el 13/05/2018

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dhariana-calcano 🇻🇪

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Comunicación literaria y texto narrativo
(Luis Barrera Linares)
Del género literario al discurso narrativo
El género literario parece estar constituido por variados y diferentes rasgos que
pueden convertir su operatividad metodológica en una cuestión compleja de dilucidar.
Desde esa perspectiva se consideró al género literario como objeto estético mental y
autónomo, con identidad, invariable y común, independientemente del contexto cultural en
el que funcione. La lírica, la épica y el drama constituirían los géneros clásicos por
excelencia y a partir de ellos debería derivar cualquiera subcategoría al respecto.
Primero, un género literario no es un conjunto fijo y permanente de rasgos
inmanentes a través del tiempo. Segundo, su consideración cerrada e invariable evidencia
una restricción indudable para la crítica textual: propone una condición dudosa al distinguir
tajantemente, y de modo artificial, entre objetos lingüísticos literarios y objetos lingüísticos
no literarios, partiendo única y exclusivamente de los textos mismos, o sea, desconociendo
las implicaciones culturales y contextuales de todo artificio basado en el lenguaje. De allí
que la consideración ortodoxa del género literario resulte débil, dada su rigidez, y de ahí su
desgaste como criterio operativo y su mala reputación en los estudios más recientes de la
literatura. El género precede al texto y lo absorbe; existe de por y su invariabilidad
pareciera impedir incluso el surgimiento de nuevas formas genéricas.
El género literario ha pasado a considerarse como una noción dinámica, sujeta a los
procesos en que se desarrolla y con la participación ineludible del fenómeno conocido
como “recepción”. No tendría en realidad existencia independiente, sino que podría variar
y reformularse dentro del sistema en el que convive. Su definición parece ser mucho más
racional si se la enfoca desde la funcionalidad contextual de los objetos literarios.
Aceptada la literatura como actividad humana relacionada básicamente con el
lenguaje y su funcionamiento social, la noción de género estaría estrechamente vinculada
con los procesos inherentes a lo que se conoce como cambio lingüístico: “Los enunciados
y sus tipos, es decir, los géneros discursivos son correas de transmisión entre la historia de
la sociedad y la historia de la lengua.” (Bajtin, 1982: 254). Igual que lo explica este mismo
Nombre: Dhariana Calcaño De León
C.I. 84411473
Asignatura: Introducción a la
Literatura
Sección: 001
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Comunicación literaria y texto narrativo (Luis Barrera Linares) Del género literario al discurso narrativo El género literario parece estar constituido por variados y diferentes rasgos que pueden convertir su operatividad metodológica en una cuestión compleja de dilucidar. Desde esa perspectiva se consideró al género literario como objeto estético mental y autónomo, con identidad, invariable y común, independientemente del contexto cultural en el que funcione. La lírica, la épica y el drama constituirían los géneros clásicos por excelencia y a partir de ellos debería derivar cualquiera subcategoría al respecto.

Primero, un género literario no es un conjunto fijo y permanente de rasgos inmanentes a través del tiempo. Segundo, su consideración cerrada e invariable evidencia una restricción indudable para la crítica textual: propone una condición dudosa al distinguir tajantemente, y de modo artificial, entre objetos lingüísticos literarios y objetos lingüísticos no literarios, partiendo única y exclusivamente de los textos mismos, o sea, desconociendo las implicaciones culturales y contextuales de todo artificio basado en el lenguaje. De allí que la consideración ortodoxa del género literario resulte débil, dada su rigidez, y de ahí su desgaste como criterio operativo y su mala reputación en los estudios más recientes de la literatura. El género precede al texto y lo absorbe; existe de por sí y su invariabilidad pareciera impedir incluso el surgimiento de nuevas formas genéricas.

El género literario ha pasado a considerarse como una noción dinámica, sujeta a los procesos en que se desarrolla y con la participación ineludible del fenómeno conocido como “recepción”. No tendría en realidad existencia independiente, sino que podría variar y reformularse dentro del sistema en el que convive. Su definición parece ser mucho más racional si se la enfoca desde la funcionalidad contextual de los objetos literarios.

Aceptada la literatura como actividad humana relacionada básicamente con el lenguaje y su funcionamiento social, la noción de género estaría estrechamente vinculada con los procesos inherentes a lo que se conoce como cambio lingüístico: “Los enunciados y sus tipos, es decir, los géneros discursivos son correas de transmisión entre la historia de la sociedad y la historia de la lengua.” (Bajtin, 1982: 254). Igual que lo explica este mismo

Nombre: Dhariana Calcaño De León C.I. 84411473 Asignatura: Introducción a la Literatura Sección: 001

autor para referirse a unidades lingüísticas como la palabra y la oración, todo texto literario resulta neutro, vacío de significado y también de clasificación genérica hasta que no forme parte de un enunciado específico, de un acto comunicativo particular en el que sus contenidos y sus valores se activen, gracias al conjunto de relaciones que mediante su competencia literaria el lector pone en juego cuando lo enfrenta. La clasificación del género al que pertenece un texto no depende solo de su estructura sino además de las relaciones que establece con otros textos en un contexto de recepción particular. El género literario podría ser definido a partir del funcionamiento de una obra específica dentro de un sistema sociocultural determinado. La clasificación genérica de un texto debe ser realizada después de su análisis, tomando en cuenta sus condiciones intrínsecas y todos los demás elementos que integran el mismo sistema. El género literario debe ser definido a partir de un conjunto de rasgos dominantes (textuales y contextuales), que son los que facilitarán una tipificación global. Cada género se corresponde con el predominio de un orden discursivo. Según Huerta Calvo (1984), sugiere la existencia de cuatro grupos genéricos fundamentales, cada una de ellas se correspondería con el predominio de un orden discursivo básico y con un tiempo verbal determinado (cfr. También Belic, 1983): ✓ Género lírico-poético: orden descriptivo (tiempo verbal indefinido) ✓ Género épico-narrativos: orden narrativo (tiempo verbal pretérito) ✓ Género teatrales: orden conversacional (tiempo verbal presente) ✓ Género didáctico- ensayísticos: orden expositivo- argumentativo (tiempo verbal presente) Un modelo general para la narración El modelo de Teun van Dijk es uno de los más desarrollados en este ámbito. Según este autor, la expresión “análisis del discurso” se refiere a un enfoque teórico y metodológico útil para estudiar el “lenguaje en uso”. Su objetivo primordial sería producir descripciones sistemáticas de los enunciados, a partir de su funcionamiento dentro de un contexto específico y en una situación comunicativa particular. Tales descripciones deben partir de dos dimensiones básicas: la textual y la contextual. La primera daría cuenta de las

variación estilística es determinada por elementos contextuales tales como la situación misma y las características del emisor y el receptor. Las estructuras estilísticas difieren de las retóricas en que aquéllas están siempre presentes en tanto que estas son opcionales: se emplean para mejorar la apariencia del texto o su organización y se vinculan directamente a la atención y retención del receptor del discurso, razón más que suficiente para que resulte de un alto interés a la hora de analizar textos literarios. Por otra parte, la lingüística del discurso supone la posibilidad de abordar también la dimensión contextual en que se produce el discurso. El análisis de lo que se entiende por contexto no puede quedarse en su relación social, también debe incluir aquellos factores cognoscitivos que controlan el funcionamiento del texto. Como categoría integral del discurso se puede afirmar que el texto narrativo permite, intentar un abordaje totalizante que al menos teóricamente pudiera incluir otras categorías (la expositiva, la conversacional, la argumentativa, la descriptiva y la instruccional). No hay duda de que el abordaje del texto narrativo pueda aportar lineamientos generales o modelos de análisis aplicables a otras subcategorías del relato como la novela, el cuento, la estampa, la fábula y el mini- cuento. Qué es la narración literaria La narración es la materia discursiva caracterizada por la relación que un narrador hace de una serie de por lo menos tres microacciones, enlazadas por alguna variable común la cual da al conjunto la categoría unitaria. Un mensaje narrativo debe entenderse como el reportaje de una serie de acciones que se suceden en el tiempo, lo narrado implica un matiz eminentemente representativo, simbólico o figurado, como lo definía Greimas: la relación de los hechos no coincide con los hechos mismos. Quiere decir que “sin acción relatada que es asumida por un personaje no hay narración…” (Prada Oropeza, 1988). La representatividad del discurso narrativo alude específicamente a la divergencia entre los hechos referenciales mismos y su replicación discursiva mediante el relato que hace el narrador.

De la narrativa natural a la narrativa artificial La esencia de un mensaje narrativo radica en la relación de unas acciones que se suceden en el tiempo y se materializa cuando un relator determinado da cuenta de las

acciones que ocurren dentro de un suceso. De acuerdo con la intencionalidad inicial del emisor y la disposición del receptor, Teun van Dijk distingue entre “narrativa natural” y “narrativa artificial”. Las dos implican una descripción de acciones, pero la primera alude a eventos presentados por el narrador como verdaderos dentro del mundo referencial inmediato a los interlocutores como apegados a la verdad de lo ocurrido. La narrativa natural estaría mucho más cercana a lo que entendemos como verdad. La artificial, está más comprometida con la verosimilitud.

Narrativas como: biografía, testimonio, historia, reportaje, parte policial, currículo, entrarían en el campo de la narrativa natural; mientras otras como: novela, cuento, epopeya, fábula, formarían parte de la narrativa artificial. Eco (1981). Todo texto narrativo artificial es una pretensión, pero la “intromisión” del relator, su insistencia en aclarar que lo que narra debe ser creído, puede convertir en no-ficción lo que originalmente debió aparecer como ficticio. Es una vía posible para que la narrativa artificial por muy absurda, disparatada o fantástica que parezca no produzca desajustes en la memoria semántica del receptor, de quien dependerá finalmente la aceptación de si se está enfrentando a la vivencia del narrador, o a una historia de ficción.

La narrativa natural depende mucho de la noción de verdad y funciona sobre la base de un propósito informativo por parte del emisor concreto. Su recepción depende de la noción de verosimilitud y de un criterio de interés estético: el texto mismo, su forma, puede constituir el objetivo de la emisión. La linealidad de un texto narrativo debe ser recuperable, aun en los casos de formas discursivas altamente complejas en la estructura superficial. Es inherente al relato puesto que las acciones ocurren inevitablemente en el tiempo. La relación de acontecimientos es la esencia de todo mensaje narrativo. Primero el mensaje narrativo no debe constituir una mera relación de sucesos, sino que debe poseer un nudo conflictivo con un desenlace, de una resolución. Segundo, su secuencia de acciones debe ser narrable; tiene que ser un hecho que posea alguna peculiaridad fuera de lo común.

La narrativa artificial se distingue textual y contextualmente por una serie de principios entre ellos: Principio de la elaboración artificial o constructividad, principio de la acción, principio de la trayectoria, principio del criterio de interés, principio de la coherencia, principio de la transformación, principio de la preelaboración.

Según W. V. Humboldt y Benjamín Whort, el lenguaje constituye una realidad especular en relación con el mundo tangible. Más aún, la literatura generaría también una imagen interpretativa de esa misma realidad, sin que la misma sea objetivamente una copia fidedigna, una fotografía del medio exterior, pues, como afirma Stefen Zolkiewski, “así como la estructura de la lengua no corresponde a la estructura de la realidad, tampoco la estructura de la obra corresponde a la estructura de la realidad social y cultural” (cit. Por Dofles, 1969, p. 38). Sería más bien una versión de ese mundo captada a través de dos instancias: una, la del lenguaje y sus códigos; otra, la de la literatura y sus reglas culturales y pragmáticas.