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Este documento discute la diversidad en el campo de la psicología, su amplio campo de interés y la controversia generada por la variedad de enfoques y métodos. Se analizan las diferentes definiciones de psicología y se discuten las implicaciones de su amplia gama de aplicaciones. El texto también aborda la relación entre psicología básica y aplicada, y la importancia de la investigación básica en la universidad.
Tipo: Ejercicios
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Revista Intercontinental de Psicología y Educación ISSN: 0187- [email protected] Universidad Intercontinental México
Arana, José M.; Meilán, Juan José G.; Pérez, Enrique El concepto de psicología. Entre la diversidad conceptual y la conveniencia de unificación. Apreciaciones desde la epistemología Revista Intercontinental de Psicología y Educación, vol. 8, núm. 1, enero-junio, 2006, pp. 111- Universidad Intercontinental Distrito Federal, México
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=
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Resumen
Responder a las preguntas ¿qué es la psicología? o ¿qué hacen los psicólo- gos?, resulta más difícil en la actualidad que hace un siglo, cuando la nueva disciplina comenzaba a dar sus pri- meros pasos como ciencia. Elaborar una definición clara, adecuada y obje- tiva de la psicología no es una empresa fácil. En el ámbito académico y cientí- fico, lejos del acuerdo, es la diversidad la palabra que mejor refleja el panora- ma de aproximaciones (escuelas, para- digmas, objetos de estudio y métodos) que presenta la psicología. A lo largo
Abstract
Answering the questions What is psy- chology? or What do psychologists do? is more difficult in 2005 than a century ago when the discipline took its first steps to become a science. To create a clear, proper, and objective definition of psychology, is not an easy work. In academic and scientific circles, there is no agreement and diversity is the best word to define the variety of approaches (schools, paradigms, study objects, and methods) in psychology. The develop- ment of psychology has had many fast and radical changes. One of the more
DR. JOSÉ M. A RANA: Departamento de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología, Facultad de Psicología, Universidad de Salamanca, España D R. JUAN JOSÉ G. M EILÁN: Departamento de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología, Facul- tad de Psicología, Universidad de Salamanca, España LIC. E NRIQUE PÉREZ: Departamento de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología, Facultad de Psicología, Universidad de Salamanca, España Revista Intercontinental de Psicología y Educación , vol. 8, núm. 1, enero-junio de 2006, pp. 111-142. Fecha de recepción: 18 de noviembre de 2005 | fecha de aceptación: 30 de julio de 2006.
p. 109:
Diablitos en la Huasteca
. Fotografía:
JAL
.
p. 110:
Ciclistas en la
UNAM
. Fotografía:
JAL
.
va). Esta visión, sin ser del todo errónea, es claramente parcial y sesgada. El estudio y tratamiento de los trastornos mentales, del comportamiento y los problemas escolares es, sin duda, un ámbito de ocupación importante, pero no el único, ya que se debe considerar la promoción de la salud mental de las personas sanas , la prevención, el uso de la misma en la mejora del ren- dimiento a distintos niveles (laboral, escolar, deportivo, etc.). Esto es psi- cología —psicología aplicada—, pero no es toda la psicología aplicada ni es el único modo de entenderla (Prieto, 1995). Generalmente muy pocos sabrían distinguir entre psicólogos y psiquia- tras, y es que el hecho de coincidir en el área de conocimientos por la que están interesados y la utilización de técnicas y aproximaciones coincidentes en parte, ha contribuido a que, como ciencias de la salud que son, exista un solapamiento entre las funciones que cumplen uno y otro colectivo (proble- mas derivados de compartir un mismo objeto de estudio —o sujeto, más bien). La explosión de secciones y artículos sobre psicología en revistas del corazón o periódicos, las tertulias en las emisoras de radio cuyo carácter científico es más que cuestionable, y la utilización de los medios de comu- nicación de masas para divulgar la psicología han acarreado consecuencias ambivalentes para nuestra disciplina. Por una parte, habrían sido positivas al contribuir al conocimiento de los potenciales consumidores las posibili- dades que les brinda, pero, como contrapartida, el efecto negativo ha sido su vulgarización y banalización: al menos intuitivamente todo el mundo parece entender de psicología, cualquier persona se atreve a realizar un diagnósti- co, los términos psicológicos inundan las conversaciones diarias, etcétera.
Aparte del uso vulgar del término, en opinión de Prieto (1995), la segunda gran dificultad al momento de definir qué es la psicología es la diversidad de acepciones científicas del término. La psicología a la que alude el hom- bre de la calle —concepto vulgar de psicología— se refiere casi por comple- to a la psicología aplicada, a la que realiza fundamentalmente el psicólogo
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El concepto de psicología. Entre la diversidad conceptual y la conveniencia de unificación
en el ejercicio de la profesión para la que le faculta el título. El psicólogo que trabaja en un gabinete, en el equipo psicopedagógico de un centro educati- vo, en un hospital, en la cárcel, en una empresa, etc., son ejemplos de esta ocupación. Sin embargo, este uso vulgar del concepto relega a un segundo plano a aquellos psicólogos que trabajan en la investigación: son los psicó- logos básicos. La distinción entre psicología básica y aplicada se hace fundamentalmen- te en el ámbito académico de la universidad, donde se lleva a cabo la in- vestigación básica como una ocupación inherente a la de profesor de la institución. El papel de profesor de universidad resalta como ocupaciones principales no sólo las tareas docentes sino las investigadoras. No obstan- te, como señala Prieto (1995), lo que debe quedar claro es la artificialidad de esta división, ya que en la realidad, en el día a día, no se dan esas fron- teras que mantienen en un lado a los investigadores puros y en otro a los que se dedican a aplicar lo que los primeros descubren. La psicología apli- cada, para que sea considerada científica, ha de estar basada en los cono- cimientos que la psicología básica haya probado que son científicos. En la psicología aplicada se mezclan, a veces, el eclecticismo (no siem- pre negativo) con la confusión (siempre preocupante). Se deben desarrollar técnicas efectivas y abandonar las que no lo son. En este sentido, un pro- blema frecuente es el que se produce cuando la psicología aplicada se de- sarrolla al margen de la psicología básica, lo que trae como consecuencia la imposibilidad de evaluar su carácter científico o su eficacia (Fernández Trespalacios, 1987). Como señala este último autor, los conocimientos de la psicología básica son los que permiten a las diferentes ramas de la psico- logía aplicada, mediante técnicas propias, entender y resolver los problemas psíquicos del ser humano. La complementariedad está clara. No obstante, ambas “psicologías” pueden ser desarrolladas por la misma persona. Así, un profesional de la psicología clínica puede desear comparar la eficacia de dos terapias aplicadas a dos grupos de pacientes diagnosticados con el mismo trastorno conductual: siempre que siga los pasos del método cientí- fico (frente a la intuición), someta a prueba sus hipótesis y sus datos a con- trastación, diremos que está construyendo ciencia.
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ciones a ciegas, decantándose por especializaciones prematuras o apren- diendo acríticamente la profusión de orientaciones con el fin de aprobar el examen.
Existe una aproximación sistemática a la psicología (la que se atiene a un método) y otra asistemática —o al menos no tan sistemática—, que es la que manifiesta la persona de la calle. Consiste en el conocimiento popular sobre las personas y sus comportamientos (costumbres o hábitos). Los cono- cimientos que se derivan de ella están próximos a la intuición; no son com- pletos ni consistentes y a veces caen en contradicciones o errores. Su pro- cedencia puede ser tan diversa como la experiencia propia, la intuición, el sentido común, las manifestaciones artísticas (música, literatura, pintura) o las tradiciones populares (refranes, fábulas, mitos). A pesar de su origen, este conjunto de conocimientos son útiles, ya que “conocer cómo son las per- sonas” permite comportarse de forma adaptativa a la conducta de los demás, dando una respuesta óptima a cada situación (De Elena y Arana, 1997). La aproximación sistemática aspira a llegar a conocimientos consisten- tes, completos, y a la explicación. Cuando éstos son puramente racionales estamos en el ámbito de la filosofía; cuando se basan en la experimenta- ción y en la contrastación de los hechos en la realidad, entonces estamos ante conocimientos científicos. En la ciencia, los hechos, sucesos o acon- tecimientos se explican recurriendo a otros (por lo tanto, con posibilidad de contrastarlos), mientras que en la filosofía los hechos se explican por con- ceptos racionales (algo que podemos entender, pero no experimentar) (Fer- nández Trespalacios, 1987). En relación con el carácter científico de la psicología, los alumnos que cursan la carrera han oído con insistencia en las distintas asignaturas cómo se apela continuamente al mismo, en un intento de marcar distancias res- pecto de otros enfoques y otras disciplinas. Si preguntamos a los futuros licenciados qué es la psicología, la inmensa mayoría comenzará su de-
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finición diciendo que es la ciencia de…, aun cuando existan diferencias en lo que vendrá después. Sin embargo, como hace tiempo escribiera Bills (1938), no existe ningún decálogo que dictamine lo que es ciencia y lo que no. Por tanto, en principio, siempre que se haga con rigor, cada uno podría estudiar lo que estime pertinente. Sin embargo, parece razonable recono- cer el valor de las pruebas acumuladas en la historia del pensamiento y de la ciencia, ya que nos apunta los caminos a seguir y los callejones sin sa- lida. Pero como recoge Richardson (1988), el conocimiento científico en psicología está considerablemente desorganizado. No obstante, intentare- mos no eludir la responsabilidad de presentar al menos una primera apro- ximación. Como veremos en el siguiente apartado, existe una gran proble- mática en torno al objeto de estudio de la psicología y, por tanto, en torno al concepto. Como ciencia ha de romper la subjetividad: usa herramientas como la ob- servación, la correlación (técnicas selectivas) y la investigación experimen- tal (reunir información y datos y luego organizarlos). Pero si la descripción del comportamiento y de los procesos mentales es importante (el cómo), no es suficiente; además, se pretende conocer las causas (explicar el por qué). Una vez que sepamos las causas podremos predecir el comportamiento y ello nos dará pie para intervenir, mejorando así la vida de la persona en particu- lar y la de la sociedad en general. En este sentido, para Fernández Trespala- cios (1987), la dimensión u orientación aplicada que debe tener la psicolo- gía está clara, cuando la define como el conjunto de conocimientos básicos sobre la psique humana que, aplicados mediante unas técnicas apropiadas, permiten resolver muchos de los problemas que los seres humanos encon- tramos en la realización de nuestra conducta. Pero ésta sería sólo una pri- mera aproximación al concepto científico de psicología. Según este mismo autor, para saber qué es la psicología hay que cono- cer primero lo que es la psicología básica, de manera que, aunque no todas las ramas de la psicología son científicas, el estudio de los procesos psíqui- cos del hombre normal y adulto, y de las leyes que gobiernan tales procesos es lo que constituye el fundamento de la psicología científica. El interés u orientación nomotética de la psicología está clara.
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hay básicamente diferentes clases de psicología” (Kendler, 1981, p. 4). No obstante, hemos de señalar desde ahora que el hecho de que no sea tarea fácil no quiere decir que debamos renunciar a buscar esa comunalidad (suponiendo que exista) en el quehacer del psicólogo, con el fin de acallar a quienes quieren ver en esta diversidad la excusa perfecta para echar por tierra los logros obtenidos y el potencial que guarda la psicología. La dificultad de dar una definición global de la psicología como ciencia proviene de tener que elegir entre las muchas que se han considerado. Y es que en esa elección se traduce todo un conglomerado de posiciones teó- ricas, métodos de trabajo, comprensión del sujeto humano en su totalidad, etc. En su siglo de existencia, la psicología ha sido la ciencia de la con- ciencia, de la vida mental, de la conducta, del comportamiento, de la ex- periencia inmediata…, para volver recientemente a convertirse en la cien- cia de los procesos mentales. Posiblemente estas definiciones se deben más a posiciones teóricas de partida que a resultados concluyentes de inves- tigaciones realizadas. Lo que ocurre es que sin marco teórico es imposible la ciencia, de manera que existe en todas las construcciones científicas, teóricas y/o prácticas, básicas o aplicadas. Es por ello que todo científico trabaja con una definición de psicología más o menos explícita. El problema de fondo es que toda construcción científica, en cuanto un edificio racional, se construye no sólo desde un contexto de justificación (Reichenbach, 1938), sino que además se inscribe en el contexto de un des- cubrimiento (Suppe, 1977a, b), se hace desde un esquema conceptual ( Weltanschauung ), que determina en gran medida qué temas deben ser es- tudiados y cuáles no. Al mismo tiempo, casi sin ser consciente, el cientí- fico elige sus temas y sus métodos inserto en un paradigma (Kuhn, 1962) que le determina. Superada la etapa en la que se sustentaba la psicología como ciencia de la conducta, pasó de la admisión de variables intermedias (Hull, 1943) a adquirir la conducta un carácter propositivo y consciente (Tolman, 1932), a significar la asunción de un conductismo subjetivo —como empezaron a llamarse a sí mismos Miller, Galanter y Pribram (1960)—, a ser la nueva ciencia de la mente (Gardner, 1985). Y es que, superadas las etapas de las
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variables intermedias y los constructos mediacionales, la psicología vol- vía a convertirse en ciencia de la conciencia y del pensamiento, sin recha- zar la metodología del trabajo conductista, como señala Fernández Trespa- lacios (1986). Puestos a elegir una definición consistente de psicología, consideramos adecuada la de ciencia de la actividad , como lo propone Mayor (1985). Actividad da idea de la globalidad del proceso en el que está inmerso el sujeto, sin circunscribir el objeto de estudio a algo tan desnaturalizado co- mo es el corte temporal molecular, puntual y frío en el que se centraba la psicología imperante en el primer cuarto de siglo. En la actualidad sería le- gítimo que alguien definiera la psicología simplemente como ciencia de la conducta. Sería legítimo siempre que, a renglón seguido, especificara que por conducta entiende la actividad abierta u observable (conducta visible como el comportamiento individual o de grupos) y la actividad encubierta o inobservable directamente (pensamiento, toma de decisiones, razonamien- to, recuerdos, motivaciones, emociones). Pero la actividad humana no puede ser tenida como tema de estudio ex- clusivo de los psicólogos. Hay otras ciencias, con diferentes enfoques, que también se dedican al estudio científico de la actividad humana: la socio- logía, la fisiología o la bioquímica. Pero cada una de estas ciencias cuenta con matices claramente diferenciadores de su análisis de la realidad que denominamos actividad. Como apunta Fernández Trespalacios (1987), en la práctica las cosas no son tan graves, ya que los psicólogos trabajan e investigan los temas propios de su aproximación a la psicología con los métodos y las técnicas al uso en dicha aproximación. En nuestra opinión, deberíamos decir que no tener una definición unánime no impide que se siga trabajando, investi- gando y, por tanto, desarrollando la psicología. La gravedad del asunto puede venir del hecho de que, al no existir una definición clara de psicolo- gía que aclare qué y cómo se debe estudiar, lo que se haga sea tan dispar que todo valga, que el desarrollo sea desordenado y llegue un momento que no se sepa realmente qué se está haciendo.
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la tensión continua en la que se ha desarrollado —y todavía se encuen- tra— y que unos catalogan en términos de crisis (Westland, 1978) y otros como conflicto (Kendler, 1981). Para intentar solucionar estos problemas se han seguido tres posibles vías. La primera ha sido acudir a la historia de la disciplina para averiguar qué es la psicología a través de los derroteros que ha seguido en este tiem- po (temas de interés, logros, fracasos, etc.), es decir, a través de lo que ha sido. La segunda se puede etiquetar como sistemática, y consiste en acu- dir a la filosofía, a la lógica, a la teoría de la ciencia o a la epistemología para fundamentarla sobre estos sólidos pilares. Significa, por tanto, acudir a beber de las mismas fuentes que el resto de las ciencias, partiendo de una reflexión previa. En este sentido, la estructura epistemológica de la psi- cología se ha buscado más en los contextos de la justificación que en los del descubrimiento. Por último, la tercera vía, la pragmática, considera sim- plemente lo que hacen los psicólogos, pretende por tanto llegar a delimitar el concepto a partir del análisis del quehacer de los profesionales de la materia (Mayor y Pérez, 1989). Como vimos, la perspectiva pragmática de definir la psicología como “lo que hacen los psicólogos” no resolvía la cuestión, ya que su quehacer abar- ca muchos ámbitos cuya relación es, en algunos casos, remota. Es más, el ámbito de especialización en el que desempeñe su labor el psicólogo le ha- rá elegir unos temas de interés frente a otros, formular unas u otras hipóte- sis, adoptar una u otra metodología para abordarlos, e incluso difundir sus investigaciones en según y qué publicaciones, con preferencia sobre otras. Ya decía Wolman (1973, p. IX) que la psicología se ocupa de algo tan di- verso como son los seres humanos y los animales, los organismos, las ideas, la bioquímica, la genética, la religión, el desarrollo a lo largo del ciclo vi- tal, la publicidad, y un largo etcétera. Esta diversidad de campos de ocupa- ción, junto con la falta de integración de métodos, técnicas y procedimien- tos, ha contribuido a difundir la imagen de crisis, de desunión permanente, que no beneficia en nada los intereses de la psicología. Ante la cuestión de cuál es el objeto de estudio de la psicología, no exis- te ni ha existido desde sus inicios como ciencia una respuesta única. Lo
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habitual ha sido siempre la discrepancia. Mientras que para algunos lo bá- sico es la conducta observable, otros hablan de conciencia; algunas ten- dencias apoyan lo inconsciente, otros el estudio de las cogniciones, la ex- periencia del hombre como ser total, etc. La delimitación del objeto de estudio de la psicología se convierte, por tanto, en uno de los asuntos más espinosos para la psicología. Se puede considerar que su objeto de estudio es la actividad del sistema psicológico. Pero ocurre que la actividad del sistema psicológico se plasma o se vehicula por medio de determinadas ac- tividades o comportamientos particulares. Éstos, a su vez, pueden convertir- se en objeto de estudio de una determinada teoría, y es así como se crean dominios de conocimientos de la psicología (Shapere, 1979). Las teorías explicativas de los distintos dominios están a diferentes niveles, desde las más específicas a las más globales. Son numerosos los autores que confirman el carácter múltiple de la psi- cología en relación con su objeto de estudio. A grandes rasgos, Holzkamp (1972) y Kendler (1981) coinciden en señalar que los psicólogos están in- teresados en tres tipos de fenómenos: las actividades objetivamente ob- servables, las actividades mentales o procesos conscientes, y los procesos neurofisiológicos. En el fondo, esta multiplicidad de objetos de estudio posibles traduce la realidad de la desunión de la psicología, por lo que la imagen que presen- ta es la de una ciencia plural y compleja. La pluralidad de objetos incide además sobre su definición misma, su relevancia como ciencia, la adecua- ción de sus métodos y la validez de los conocimientos que proporciona. El problema de fondo supera los límites de la psicología, ya que se enmarca en la concepción que se tiene del universo, la ciencia, el hombre y del he- cho psicológico como tal. Por ello quizás es difícil hablar de la existencia de un paradigma aceptado sin reservas, que unifique y asigne a la psicolo- gía el carácter de ciencia normal del que hablaba Kuhn (1971). Precisa- mente, un indicador de la madurez en el desarrollo de una ciencia es la ad- quisición de dicho paradigma. Además, la fragmentación atañe a problemas más específicos como la conceptualización y explicación de los distintos pro- cesos. Así, no es posible encontrar una definición única de aprendizaje,
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diferencia se ha mantenido a lo largo de la historia de la psicología, empe- zando con Wundt y persistiendo hasta la actualidad. Külpe y Titchener intentaron extender la metodología de la ciencia na- tural a todos los fenómenos conscientes, mientras Dilthey negó esa posibi- lidad en el estudio de cualquiera de ellos. La polémica entre Ebbinghaus y Dilthey sobre el carácter natural o cultural de la ciencia psicológica acabó sin resolverse, con la fragmentación de ambos puntos de vista. Surgieron entonces alternativas opuestas: frente al estudio exclusivo del contenido de la conciencia se consideró la función; frente a la introspec- ción y el mentalismo, los intentos de objetividad científica por parte de la reflexología y el conductismo; frente al carácter atomista y asociacionista de la conciencia, la teoría Gestalt; frente al carácter explicativo de la psi- cología como ciencia natural, su carácter comprensivo como ciencia huma- nista; frente a la conciencia, las raíces inconscientes de los fenómenos psi- cológicos propuestas por el psicoanálisis (Yela, 1987). Aunque parece admitido que la psicología dominante en la actualidad es la que adoptó el modelo de la ciencia positiva-natural, este hecho no debe hacernos pensar que se resuelve el problema de la unidad disciplinar de la psicología. Lejos de esto, una de las principales características de la psico- logía contemporánea es su tendencia a la fragmentación, con el surgimiento de nuevas especialidades (Mayor y Pérez, 1989; Yela, 1986, 1989; Myers, 1999). Cuando aparecen, la mayoría de estas especialidades se creen en po- sesión de la verdad (exclusivismo), y si bien han enriquecido la psicología, las disputas por el trono entre ellas no la han beneficiado precisamente. La psicología experimental se ha erigido en la abanderada del rigor metodo- lógico; la etología y la psicología clínica de la adecuación al objeto; la psi- cología genética de Piaget del sólido basamento epistemológico, etcétera. Tradicionalmente una ciencia o disciplina se define por medio de su ob- jeto y su método. Si existe unidad de objeto y de método, la disciplina ten- drá unidad interna (Mayor y Pérez, 1989; Yela, 1987). En psicología, ac- tualmente e incluso en sus inicios como disciplina independiente, existe y ha existido una falta de consenso acerca del referente de la disciplina. Aunque este tipo de problemática se produce también en otras ciencias, en
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ellas, a diferencia de lo que ocurre en psicología, esas controversias no im- piden la prosecución de trabajos de investigación. En palabras de Bunge y Ardila (1988, pp. 4748),
las incertidumbres relativas al objeto de estudio afectan, por cierto, al modo en que se enseña la ciencia, y en que se hace filosofía acerca de ella, pero di- fícilmente influyen en la corriente principal de investigación. En psicología las cosas son diferentes. Toda visión del objeto o referencia de la psicología es probable que afecte profundamente la naturaleza de los problemas que han de atacarse y la modalidad de las investigaciones mismas. Así pues, si la psi- cología se define como el estudio de la conciencia, todo lo demás se dejará de lado y se favorecerá la introspección por encima de cualquier otro método. Pero si, por el contrario, se define a la psicología como el estudio de la con- ducta manifiesta, sólo se estudiarán los movimientos observables, y todo lo demás será ignorado.
Parece evidente también que el tema del objeto de la psicología no puede tratarse en abstracto, separadamente. La construcción del objeto y su cono- cimiento no son dos factores separados e inamovibles; el método y el obje- to no son fijos e inmutables, sino que están en constante cambio y se afectan uno al otro. La construcción del objeto implica un método y el primero se verá afectado por el segundo, al igual que se cambiará el método si éste no es el adecuado para conocer el objeto, en cuyo caso el método se adaptaría hasta que permitiera conocer y representar al objeto en cuestión. En cualquier ciencia el problema del objeto es relevante, ya que delimi- ta el aspecto de la realidad sobre el que una ciencia proveerá conocimien- tos, a la vez que incide en la forma de buscar dichos conocimientos (méto- do) y en la validez de los mismos (Mayor, 1989). Efectivamente, son dos los pilares fundamentales sobre los que se asienta una ciencia: el objeto de estudio —que delimita el qué se debe estudiar— y el método —que mar- ca el cómo y el con qué procedimientos y herramientas debe ser aborda- do—. La psicología se caracteriza por la diversidad metodológica y de obje- tos. En relación con el objeto de la psicología, son pocos los estudiosos que abordan el tema, y la mayoría opta por pasar de soslayo o evitar la tarea, indicando que la psicología estudia la conducta, sin aclarar siquiera qué se
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este tipo de intentos, se ha contribuido a ahondar aún más en la diversidad, por lo que actualmente se imponen reflexiones sistemáticas de tipo teórico acerca de los puntos de divergencia y posible acuerdo. Por ello se han in- tentado estudiar las fuentes de las que emana la diversidad. Epistemológicamente, Buxton (1985) señala tres fases en la historia de la psicología: 1) un largo pasado, dominado por la confrontación entre empi- rismo y racionalismo; 2) la era de los puntos de vista, en la que se produce la confrontación de las diferentes escuelas (estructuralismo, funcionalismo, conductismo, psicoanálisis y gestaltismo), y 3) el momento actual, caracte- rizado por la complejidad y diversidad de intereses (diversidad de métodos, objetos, procesos).
Los intentos de sistematización en psicología: escuelas, orientaciones y paradigmas
Desde la óptica de Kuhn, y considerando que la psicología ha alcanzado el estatus de ciencia paradigmática, los paradigmas se han ido sucediendo a lo largo del tiempo: estructuralista, conductista y cognitivo. Otros, sin em- bargo, opinan que se encuentra en un estadio pre-paradigmático (Watson, 1967; Warren, 1971; McKenzie, 1977; Finkelman, 1978; Farrel, 1978). Pa- ra otros la psicología sería multiparadigmática (Buss, 1979; Mayor, 1980). Para Royce (1976), además, la psicología es multi-metodológica, multi-epis- témica, multi-sistemática, multi-teórica y multi-disciplinar. Sea cual sea el estatus alcanzado por la psicología, lo que nadie cuestiona es la dispersión, la diversidad y los puntos de tensión —cuando no enfrentamientos abier- tos— entre las distintas escuelas, teorías, orientaciones o enfoques. Recapitulando: la psicología contemporánea se caracteriza por la ampli- tud y diversidad de intereses, actividades y objetivos. Los psicólogos están lejos de llegar a un acuerdo sobre los problemas que pueden y deben estu- diar, el enfoque de estudio, las teorías explicativas de los resultados, la me- todología a utilizar, etc. Si sirve de algo, puede argumentarse en descargo de la psicología que la diversidad y el desacuerdo son características de mu-
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chas ramas de las ciencias modernas, en especial de aquellas que tratan de comprender las complejidades de la conducta humana. A medida que avanzamos se hace más difícil encontrar la definición precisa, los límites es- pecíficos y el consenso de puntos de vista en las ciencias de la conducta.
Fuentes de la diversidad de la psicología en relación con el objeto: empirismo vs racionalismo
Si analizamos algunas de las razones que han llevado a la psicología al es- tado de diversificación que presenta, además de las influencias sociocul- turales de las diferentes épocas, veremos también cómo posiblemente su ju- ventud como ciencia, las especiales características de su objeto de estudio y, sobre todo, el dualismo básico proveniente de la filosofía dan cuenta del estado de cosas. Los que apelan a su juventud creen que con la madurez se resolverá este problema. Sin embargo, para Yela (1989), esta razón puede ser válida pero insuficiente, ya que otras ciencias han necesitado bastante menos tiempo para alcanzar tal estatus (p.e., la física). No cabe duda que otra de las razones que explican la situación puede ser la singularidad y complejidad de su objeto. Sin duda es más complejo que el de otras ciencias, ya que pretende abarcar la experiencia (concien- cia) y la actividad, lo inobservable y lo observable. Sus miras, pretensiones e intereses son muy amplios, por lo que, cuando menos, la empresa es am- biciosa y difícil de lograr. Esto hace que un mismo fenómeno pueda enfo- carse desde diversas perspectivas teóricas y metodológicas. Posiblemente, la singularidad de la psique humana desaconseje para su análisis un mar- co de referencia unilateral y requiera la interacción con otras ciencias como la filosofía, sociología, biología, neurofisiología, antropología, matemáticas, ciencias de la computación, etc. Pero si ésta fuera la única razón, el creci- miento de la psicología sería lento (cuando en realidad se está desarrollan- do de manera casi explosiva) y no deberían existir tantas escuelas aisladas y en conflicto.
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