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Asignatura: Psicología Social de la Educación, Profesor: agustin agustin, Carrera: Pedagogía, Universidad: USC
Tipo: Apuntes
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La percepción social implica los procesos a través de los cuales buscamos comprender a otras personas. Esta percepción juega un papel clave en el comportamiento y el personal social.
Para comprender los estados emocionales de otras personas confiamos, con frecuencia, en los canales básicos de la comunicación no verbal, un lenguaje no hablado de expresiones faciales, contacto visual, movimientos corporales y posturas.
Las emociones que expresan las expresiones faciales suceden de manera combinada y cada una de ellas puede variar mucho en intensidad, por lo que el número de variaciones es inmenso. Aunque pueden no ser universales, proporcionan información útil sobre los estados emocionales de los demás.
El contacto visual, nos indica mucho de los sentimientos de los otros; una mirada muy fija puede ser un signo de agrado o de sentimientos positivos, también ira u hostilidad.
El lenguaje corporal y el contacto físico también proporcionan información de utilidad. Nuestro estado de ánimo y nuestras emociones con frecuencia se reflejan en la posición y en los movimientos de nuestro cuerpo. Por ejemplo, un gran número de movimientos sugiera una activación emocional, y cuanto mayor sea la frecuencia de los movimientos mayor será el nivel de excitación o nerviosismo. La información más específica sobre los sentimientos de los demás es frecuentemente proporcionada por sus gestos. Los gestos caen en muchas categorías, pero la más importante son los signos. No son universales, en otras culturas un mismo gesto puede no tener significado o incluso tener uno diferente.
El contacto físico puede sugerir muchas emociones distintas; tocar a alguien puede sugerir afecto, interés sexual dominación, cuidado o incluso agresión. A pesar de tales complejidades el contacto físico produce, con frecuencia, reacciones positivas en los ostros si este es considerado apropiado.
Los hallazgos de las investigaciones indican que el apretón de manos proporciona indicios no verbales útiles sobre la personalidad de los otros, y pueden influir sobre las primeras impresiones que nos formamos de ellos.
Si prestamos una atención cuidadosa a ciertas señales no verbales, podemos reconocer los intentos de engaño de los otros, incluso si estas personas son de una cultura diferente a la nuestra.
segundo y son difíciles de esconder.
Para obtener información acerca de los rasgos estables de los otros, sus motivos e intenciones, nos involucramos en la atribución (esfuerzos por comprender por qué los otros han actuado de la manera en que lo han hecho)
Sin embargo, estos esfuerzos por comprender a las personas están sujetos a varios tipos de error. Uno de los más importantes es el sesgo de correspondencia (la tendencia ea explicar las acciones de los otros como provenientes de las disposiciones incluso ante la presencia de causas situacionales). Esta tendencia parece ser más fuerte en las culturas occidentales que en las asiáticas.
Otros dos errores atribucionales son el efecto actor-observador (la tendencia a atribuir nuestro propio comportamiento principalmente a causas situacionales, mientras que el comportamiento de otros se tiende
a atribuir a causas internas) y el sesgo de autobeneficio (atribuir nuestros propios resultados positivos a causas internas y los negativos a causas externas) La fuerza del sesgo de autobeneficio difiere en varias culturas; es más fuerte en las sociedades occidentales, como Estados Unidos, que en las culturas asiáticas; como China.
A pesar de todos los errores, la percepción social puede ser muy atinada y muchas veces elaboramos conclusiones adecuadas sobre los rasgos y motivos de los otros a parte de la observación de su comportamiento.
La atribución social ha sido aplicada a muchos problemas prácticos con un gran éxito.
Las personas deprimidas muestran, con frecuencia un patrón de atribuciones opuesto al sesgo de autobeneficio; atribuyendo los resultados negativos a causas internas.
La mayoría de las personas están preocupadas por generar buenas impresiones en los otros porque creen que estas impresiones ejercerán efectos duraderos.
La investigación sobre la formación de impresiones, el proceso a través del cual nos formamos impresiones de otros, sugiere que las primeras impresiones son importantes. La investigación de Asch indicaba que nuestras impresiones de otros suponen más que simpes compendios de sus características.
La investigación moderna, desarrollada desde una perspectiva cognitiva, ha confirmado y ampliado esta visión, sugiriendo que en la formación de impresiones enfatizamos ciertos tipos de información (Por ejemplo, información de sus rasgos y valores y no tanta información de sus competencias)
La investigación adicional indica que las impresiones de otros consisten tanto en ejemplos de la conducta relacionada con rasgos específicos -ejemplares- como abstracciones mentales basadas en muchas observaciones de su conducta.
En general nos formamos impresiones de otros con el menor esfuerzo posible (por ejemplo, categorizándolos en varios grupos sociales). Sin embargo, cuando estamos motivados a hacerlo, nos esforzamos por tener una mayor precisión. Esto ocurre, por ejemplo, en las situaciones en las que tenemos menos poder que la persona de la cual estamos formándonos una impresión.
Para causar una buena impresión en los demás, los individuos generalmente manejan las impresiones (autopresentación).
Se emplean muchas técnicas para este propósito, pero la mayoría entran en dos categorías principales: automejora, esfuerzos por lograr mejorar el agrado de uno respecto a los demás, y mejora de otros, esfuerzos para inducir sensaciones y reacciones positivas en otros.
El manejo de las impresiones es algo que practicamos a lo largo de la vida, por lo que regularmente lo realizamos sin esfuerzo. No obstante, cuando otras tareas requieren de nuestros recursos cognitivos, el
manejo de impresiones puede resentirse en ocasiones a menos que dichas tareas nos distraigan de la ansiedad y de los temores sobre si se hará bien.
Las actitudes son evaluaciones de varios aspectos del mundo social. A veces, hay que tener en cuenta la actitud ambivalente que se pueden tener de ellas, esto es: la tendencia a tener evaluaciones positivas y negativas sobre un mismo objeto actitudinal.
polarización de la actitud consiste en evaluar la información o la evidencia mixta, de tal manera que refuerza nuestros puntos de vista iniciales haciéndolos más extremos.
El prejuicio es una actitud (usualmente negativa) hacia miembros de algún grupo social, basada exclusivamente en la pertenencia a dicho grupo. Puede activarse de manera prácticamente automática y puede ser de naturaleza tanto implícita como explícita. Proviene de diversas fuentes. Una es el conflicto intergrupal directo, situaciones en las que los grupos sociales compiten por unos mismos recursos que escasean, y otra es la experiencia temprana y el aprendizaje social que implica ésta. Los resultados de investigaciones indican que el grado de prejuicio de los padres y la experiencia directa de las personas durante su infancia con grupos minoritarios juegan un importante papel en la formación del prejuicio racial. Además, el prejuicio es consecuencia de nuestra tendencia a dividir el mundo en “nosotros” y “ellos”, y ver a nuestro grupo social de manera más favorable que a diversos exogrupos. En ocasiones derivan de aspectos básicos de la cognición social, esto es, la forma en que procesamos la información social. Los estereotipos son marcos cognitivos que sugieren que quienes pertenecen a un grupo social muestran características similares. Tienen una fuerte influencia en el pensamiento social. Por ejemplo, nos conducen a realizar inferencias tácitas acerca de los demás de manera tal que la información inconsistente con los estereotipos parezca consistente con ellos. Los estereotipos implícitos se activan automáticamente a partir de varios estímulos, aun cuando no seamos conscientes de su activación, puede afectar poderosamente nuestro pensamiento sobre y hacia las personas a las que se refieren dichos estereotipos. Investigaciones señalan que los estereotipos están estrechamente vinculados al prejuicio; por ejemplo, las personas con elevado grado de prejuicio responden más rápidamente a palabras asociadas con ciertos estereotipos. Otras fuentes cognitivas del prejuicio son las correlaciones ilusorias (tendencia a sobrestimar la fuerza de las relaciones entre categorías sociales y comportamientos negativos) y la ilusión de la homogeneidad del exogrupo (Tendencia a percibir a miembros de exogrupos como más homogéneos entre sí, a diferencia de lo que ocurre con quienes integran el edogrupo). El prejuicio adquiere diversas formas entre las más frecuentes se encuentra la que se refiere a las personas con sobrepeso.
Los individuos emplean muchas tácticas para conseguir que otros digan sí a sus peticiones; Condescendencia. Todas se basan en seis principios básicos:
para que así estén más dispuestos a condescender a nuestras peticiones.
consiste en comenzar con una solicitud pequeña y luego solicitar la que deseamos realmente, la segunda consiste en cambiar una oferta o trato haciéndolo menos atractivo después de que el objetivo lo haya aceptado.
escaso; y “fecha límite” comunicar que se dispone de un tiempo límite para tener ventaja en alguna oferta u obtener algo.
decidido aceptar la solicitud; y “puerta-en-la-cara” comenzar con una solicitud grande y después rebajar a una menor (la que se deseaba en principio)
Otras tácticas para obtener condescendencia son “picar la curiosidad“ (se llama la atención de la persona a través de peticiones inusuales) y “poner a los demás de buen humor” que implica hacer esto mismo antes de hacer la solicitud.
que ver con sus propios rasgos y características.
La agresión es una conducta que tiene como meta dañar a otro ser viviente, que está motivado a evitar ese tipo de tratamiento. Antiguamente, algunos pensadores creían que la violencia humana provenía de las tendencias innatas a agredir a otras personas. Según Freud, este instinto inicialmente está dirigido a la autodestrucción pero pronto se redirecciona hacia fuera, hacia los demás. Los psicólogos sociales en el presente presentan una serie de razones por las cuales la idea de que la agresión humana estuviera genéticamente programada era falsa.
más común en algunas sociedades que en otras. Por lo que concluían que los factores genéticos y biológicos jugaban un papel pequeño en la agresión humana. Las teorías del impulso proponen que las condiciones externas, especialmente la frustración, activan un fuerte motivo para dañar a los demás. Este impulso agresivo conduce a los actos hostiles de la agresión. La más famosa de estas teorías es la hipótesis dela frustración-agresión. En ella, la frustración lleva a la activación de un impulso cuya meta es dañar a alguna persona y objeto, pero los psicólogos sociales han rechazado esta teoría por falsa. En las teorías más modernas sobre la agresión destaca el modelo afectivo general de la agresión, que dice que la agresión se desencadena por un amplio rango de variables de entrada (tendencias que llevan a un individuo a una situación dada). Las variables de la primera categoría incluyen cualquier cosa que cause que los individuos experimenten malestar. Las variables de la segunda categoría (diferencias individuales) incluyen rasgos que predisponen a los individuos hacia la agresión. Estas diferentes variables situacionales e individuales pueden conducir a una agresión abierta a través de su impacto sobre tres procesos:
Los psicólogos sociales, con el fin de estudiar la agresión, utilizan procedimientos en los cuales se les hace creer a ciertos individuos que pueden dañar a otros de diversas maneras (administrando choques eléctricos dolorosos o reduciendo las ganancias del otro en un juego competitivo). Por ello también se inventó la máquina de la agresión de Buss: aparato utilizado para medir la agresión física bajo condiciones controladas de laboratorio. En contra de lo que plantea la famosa hipótesis de la frustración-agresión, no toda la agresión proviene de la frustración, y la frustración no siempre conduce a la agresión. La frustración es un fuerte estimulador de la agresión sólo bajo ciertas condiciones limitadas. En contraste, la provocación de otros sí es un poderoso estimulador de la agresión. Muy pocas veces ponemos la otra mejilla, en lugar de eso, igualamos, o excedemos ligeramente, el nivel de agresión que recibimos de los demás. Una excepción a lo anterior ocurre en el desencadenamiento de agresión desplazada. En estas situaciones, personas que han recibido una fuerte provocación con anterioridad, pero que no han agredido, responden de manera muy fuerte a las provocaciones moderadas, desplazando de esta manera la agresión hacia blancos en gran parte inocentes. Se ha encontrado que la exposición a la violencia en los medios de comunicación incrementa la agresión en los espectadores. Esto se debe a diversos factores, como la activación de la disponibilidad de pensamientos agresivos y una debilitación de las restricciones en contra de la agresión. Niveles moderados de activación sexual reducen la agresión, mientras que niveles elevados la incrementan. Incluso la exposición. Incluso la exposición a palabras de contenido sexual puede incrementar la agresión a través de la activación de la disponibilidad de esquemas y otras estructuras de conocimiento relacionadas con la agresión. Las personas que muestran el patrón de conducta tipo A son más irritables y agresivas que las que muestran el patrón de tipo B. Los individuos con un alto nivel de sesgo de atribución hostil atribuyen las acciones de otros a intenciones hostiles. Las personas con un alto nivel de narcisismo tienen muy inflada la visión de su propia valía. Ellos reaccionan con niveles excepcionalmente altos de agresión a las palabras de los demás que amenacen sus inflados egos. En general, los hombres son más agresivos que las mujeres, pero esta diferencia disminuye ante una fuerte provocación. Los hombres tienen más probabilidades de utilizar formas directas a la agresión, y las