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La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús: Historia, Significado y Prácticas, Guías, Proyectos, Investigaciones de Religión

Este texto explora la devoción al sagrado corazón de jesús, detallando su origen en las apariciones a santa margarita maría alacoque. Se describe la importancia de la eucaristía en esta devoción y se enumeran las prácticas tradicionales como la comunión reparadora y la hora santa. El texto también destaca la importancia de la intercesión de la virgen maría en la obtención de las misericordias del sagrado corazón.

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2022/2023

Subido el 23/02/2025

rebeca-crucera-fernandez
rebeca-crucera-fernandez 🇪🇸

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Sagrado Corazón de Jesús
Tesoro
de bondad y de amor
Juan S. Clá Días
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Vista previa parcial del texto

¡Descarga La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús: Historia, Significado y Prácticas y más Guías, Proyectos, Investigaciones en PDF de Religión solo en Docsity!

Sagrado Corazón de Jesús

Tesoro

de bondad y de amor

Juan S. Clá Días

como se reza en las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús, la salvación de los que en Él esperan...

Muchos Cristianos tampoco perseveran en la virtud y desaniman por que no creen en el poder infinito de la misericordia del Corazón de Jesús, que tiene tesoros de bondad y gracias para distri- buir.

Si la Cruz de todos los días les parece pesada, se olvidaron que Jesús cargó primero la de Él, sin retroceder, sin desfallecer, sin lanzarla al lado del camino, aún cuando cayó bajo el peso de ella... Jesús tuvo un Cirineo, que lo ayudó a llevar la cruz. No nos olvidemos que nosotros tenemos un Di- vino Cirineo, que está dispuesto en todo momento a ayudarnos a cargar la cruz: basta que le pidamos auxilio; basta tener confianza en Él.

El Papa Juan Pablo II en conversación con D. João Evangelista Mar- tins Terra

¡Cómo progresarían los Cristianos en las vías de la perfección si confiasen en Jesús!...

Por eso es cada vez más necesario divulgar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de avivar en las almas la confianza en la Misericordia Divina.

No podía ser mas oportuna la iniciativa de Sr. João Clá Díaz, escribiendo la obra “Sagrado Corazón de Jesús, Tesoro de Bondad y de Amor”, tan adecuada para infundir en las almas el deseo de perfección y la certeza de que Jesús nunca fal- tará con su bondadoso auxilio, a aquellos que lo pidieren.

Al lector, al Autor y a todos cuantos colabo- raron en esta magnifica obra doy con agrado mi bendición.

“Venid a Mí y no temáis,

porque Yo os amo”

A

h! ¡Si las almas supiesen como las espero lleno de mi sericordia! ¡Soy el amor de los amores, y no puedo descansar sino perdonando!

¡Siempre estoy esperando con amor que las almas vengan a Mí! ¡Vengan!... ¡Échense en mis brazos! ¡No tengan miedo! Conozco el fondo de las almas, sus pasiones, su atracción por el mundo y los placeres. Sé desde toda la eternidad cuántas almas me han de llenar el corazón de amargura, y que para gran número, ¡mis sufrimientos y mi sangre serán inúti- les! Mas, como las amé, así las amo... No es el pecado lo que más hiere mi Corazón... Lo que lo despedaza es que ellas no quieran refugiarse en Mí después de haberlo cometido. Sí, deseo perdonar, y quiero que mis almas escogidas den a conocer al mundo, cómo mi Corazón espera a los pecadores, transbordando de amor y de misericordia.

También quería mostrar a las almas que nunca rechazo mi gracia a ellas, ni aun cuando están car- gadas de los más graves pecados, y que no las separo, entonces, de aquellas a quienes amo con predilección. A todas las guardo en mi Corazón, para dar a cada

una los socorros que su estado reclama.

Quería darles a comprender que no es por el hecho de estar en pecado mortal, que deben apartarse de Mí. ¡No juzguen que ya no hay remedio para ellas y que nunca más serán amadas como los fueron otrora! ¡No, pobres almas, no son éstos los sentimientos de un Dios que derramó toda su sangre por vosotros!

¡Venid a Mí y no temáis, porque Yo os amo! Os pu- rificaré en mi Sangre y os tornaréis más blancas que la nieve. Vuestros pecados serán sumergidos en las aguas de mi misericordia, y no será posible arrancar de mi corazón el amor que os tengo.

Vosotros que estáis sumergidos en el mal y que hace más o menos tiempo vivís errantes y fugitivos por causa de vuestros crímenes... Si los pecados de que sois culpados os endurecieron y cegaron el cora- zón; si para satisfacer vuestras pasiones, caísteis en los peores escándalos... ¡ah! Cuando vuestra alma reconociere su estado, y los motivos o los cómplices de vuestras faltas os abandonaren, no dejéis que de vosotros se apodere el desespero. Mientras el hombre tuviere un soplo de vida, podrá acudir aún a la misericordia e implorar perdón. Vuestro Dios no consentirá que vuestra alma sea presa del infierno.

Por el contrario, desea y con ardor, que de Él os aproximéis para perdonaros. Si no osáis hablarle, dirigidle a Él vuestras miradas y los suspiros de

sobre todo, denme su confianza y no duden de mi mi- sericordia. Es fácil esperar todo de mi Corazón”. (1)

Así habló el Divino Redentor. Así continúa hablándonos con el mismo entrañado e infinito amor de Padre y de Dios. Procuremos oírlo, es- forcémonos por seguir su cariñoso llamamiento, de depositar en Él esa confianza completa de hijos que todo lo pueden alcanzar de las misericordias de un Corazón omnipotente.

Roguemos a María Santísima, Madre de este Sagrado Corazón, que interceda por nosotros jun- to a Él, a fin de que ese horno ardiente de caridad “nunca cese de iluminar el horizonte de la vida de cada uno de nosotros, encienda nuestros propios corazones y nos haga abrir las almas para su amor que es eterno y nunca se consume. El único amor capaz de transformar el mundo y la vida humana” (Juan Pablo II, Meditaciones de la Letanía del Sa- grado Corazón de Jesús, Junio de 1985).

Las grandes revelaciones de Paray-le-

Monial

A lo largo de la historia de la Iglesia, Nuestro Señor ha revelado a los hombres de formas diver- sas los tesoros de su Sagrado Corazón. La devo-

  1. Llamamiento al Amor - Mensaje del Corazón de Jesús al mundo y su mensajera, Sor Josefa Menéndez, Editora Santa María, Río de Janeiro, passim.

Las plácidas aguas del rio Bourbince sirven de espejo para el bello y vigoroso bulto del monasterio de Paray- le-Monial; en la pag. 12, aspecto del

interior de ese edificio sagrado; en la pag.

13, San Francisco de Sales entrega la regla de las Visitandinas a Santa Juana de Chantal.

En el siglo XVII, este ambiente de fe y austeri- dad era habitado por las religiosas de la Orden de la Visitación, fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal. Ahora bien, según deseo expreso de su Padre y Fundador, esas monjas eran muy devotas del Sagrado Corazón de Jesús, y de modo particular la Hermana Margarita María Alacoque. Hacia ello la movían la riqueza de sus virtudes, el entrañable fervor de una vida de oración que la unían cada vez más al Divino Maestro, así como también el hecho de ser favorecida por diversas visiones en las cuales Nuestro Señor le iba revelando poco a poco, los infinitos tesoros de su amor para con los hombres.

Entre esas apariciones se destacan cuatro por la importancia de las palabras y promesas que encie- rran. La primera de ellas sucedió el día 27 de Di- ciembre de 1673, fiesta de San Juan Evangelista. La fiesta parece haber sido escogida con cuidado por la Providencia, a fin de conferir a esa visión un significado especial.

Se encontraba la Hermana Margarita María en la capilla del convento, arrodillada junto a la reja del coro, y en profunda adoración al Santísimo

Sacramento expuesto sobre el altar mayor. Súbita- mente, se sintió asumida por esa divina presencia, de manera tan fuerte que, se olvidó de todo el res- to, del tiempo y del lugar donde estaba, no viendo sino al Espíritu que había envuelto y cautivado su alma. Arrebatada así en éxtasis, oyó a Nuestro Se- ñor que la convidaba para tomar a su lado el lugar que San Juan había ocupado en la Última Cena.

En su autobiografía, hecha por obediencia a sus superiores, la Hermana Margarita María describe el desarrollo de esa extraordinaria aparición:

Jesús me hizo reposar largamente sobre su pecho, desvendándome las maravillas de su amor y los in- sondables secretos de su Sagrado Corazón. Lo hizo de manera tan efectiva y sensible, que no me dejó posibi- lidad alguna de duda. Me dijo: “Mi divino Corazón se encuentra tan repleto de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo contener más las llamaradas de su ardiente caridad, se siente for- zado a difundirlas por tu intermedio. Es menester que se manifieste a los hombres, para enriquecerlos con esos preciosos tesoros que te revelo, portadores de gracias santificantes y salvadoras, necesarias para rescatarlos de las vías de la perdición. Y Yo te escogí a ti, abismo de indignidad y de ignorancia, para la realización de ese gran designio, a fin de que todos vean de modo claro que todo esto es hecho por Mí”.

Hay motivos para suponer que aconteció un día viernes, en el inicio de 1674. En carta dirigida a uno de sus confesores y biógrafos -el Padre Croi- set- Sor Margarita María le habla en los siguientes términos de esa nueva aparición:

“Ese divino Corazón me fue presentado como sobre un trono de llamas, más resplandeciente que un sol y transparente como un cristal, con la llaga adorable bien visible, y todo él circundado por una corona de espinas, significando las heridas que nuestros peca- dos le infligían. En la parte de arriba estaba una cruz, dando a entender que ella había sido plantada en él desde el primer instante en que fue formado (en las entrañas inmaculadas de María), y que a partir de entonces, estuvo lleno de todas las amarguras que le causarían, las humillaciones, dolores y desprecios sufridos por su humanidad santísima a lo largo de su vida y de su pasión.

Él me hizo ver que su ardiente deseo de ser amado por los hombres, y de sacarlos de la vía de la perdición en la cual Satanás los precipitó, lo llevó a formar ese designio de manifestar al mundo su Corazón, con todos los tesoros de amor, de miseri- cordias, de gracias, de salvación y santificación en Él contenidos. Y a aquellos que procurasen amarlo, honrarlo y glorificarlo plenamente, Él los enrique- cería con la profusión y abundancia de esos divinos tesoros de su Corazón.

“En todos los lugares donde esa imagen fuere expuesta y venerada, Nuestro Señor difundirá sus gracias y bendiciones, como un último esfuerzo de su amor en beneficio de los hombres... rescatándolos de la tiranía de Satanás y colocándolos bajo la dulce libertad del imperio de su amor, que Él quiere establecer en el alma de todos aquellos que procuren abrazar la devoción a su Sagrado Corazón.

La fecha de la tercera visión, es como la de la segunda, también incierta. En sus escritos, Sor Margarita María dice solamente que en ese día “el Santísimo Sacramento estaba expuesto”, y parece insinuar que se trata de un viernes. De ahí la con- jetura de que el hecho se dio a comienzos de junio de 1674, en la octava de Corpus Christi. Sea como fuere, he ahí el relato de la santa vidente:

“Una vez delante del Santísimo expuesto, y después de sentirme inmersa en un profundo reco- gimiento, mi dulce Maestro Jesucristo se aproximó de mí, reluciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes como otros tantos soles. De todas partes de esa humanidad sagrada brotaban llamas, sobre- todo de su admirable pecho, que parecía un horno. Abriéndose, me descubrió su amantísimo Corazón, fuente viva de esas llamaradas. Entonces me fueron reveladas las maravillas inexplicables de su amor purísimo, y los excesos a que éste llegó en provecho de los hombres, recibiendo a cambio sólo ingratitudes y menosprecios. Jesús me dijo:

‘Esa ingratitud me es más penosa que todos los sufrimientos que padecí en mi Pasión. Si en algo me retribuyesen ese amor, Yo tomaría como poco todo lo que hice por los hombres, y estaría dispuesto a hacer más aún, si fuese posible. En ellos, entre tanto, sólo encuentro frialdades y rechazos delante de mis des- velos y bondades. Tú, al menos, alíviame supliendo

la ingratitud de ellos en toda la medida que fueres capaz.’”

Confesando entonces su indignidad y flaqueza, sor Margarita María suplica al Divino Redentor que tenga compasión de su miseria, y oyó de Él como respuesta:

“Yo seré tu fuerza, ¡no temas! Queda sin embargo atenta a mi voz y a lo que te pido para cumplir mis designios. En primer lugar, me recibirás en el San- tísimo Sacramento siempre que lo permitiere la obe- diencia, y deberás aceptar algunas mortificaciones y humillaciones como pruebas de mi amor. Además, comulgarás en los primeros viernes de cada mes; y en todas las noches de jueves para viernes te haré participar de la tristeza mortal que se abatió sobre Mí en el Huerto de los Olivos. Para acompañarme en esa humilde oración que entonces presenté a mi Padre, te levantarás en- tre las once y la media noche, postrándote durante una hora conmigo, tanto para aplacar la cólera divina –pidiendo mise- ricordia para los pecadores-, como para suavizar en algo la amargura que sentí cuando me