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Contaminantes del Aire, Resúmenes de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente

Síntesis de los contaminantes del aire y como influyen el la urbe.

Tipo: Resúmenes

2025/2026

Subido el 05/06/2026

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6. CONTAMINACIÓN DEL AIRE EN EL ENTORNO URBANO
6.1. Características Del Aire En Ciudades
El término “calidad del aire urbano” alude, en esencia, al grado de limpieza del aire en
ciudades y grandes centros poblados, donde la exposición de los habitantes a contaminantes
atmosféricos provoca una preocupación constante. Ahora bien, no se trata solo de la cantidad
de emisiones: la propia configuración de la ciudad, su infraestructura, la disposición de sus
calles y edificaciones, condiciona la circulación de las masas de aire. A esto se suma la
diversidad de fuentes emisoras, entre las que destacan el transporte y los sistemas de
calefacción doméstica. Como resultado, ciertas situaciones en las que se superan los límites
establecidos de calidad del aire resultan particularmente complejas de revertir. De ahí que
cada urbe necesite crear una estrategia integral de gestión orientada a disminuir la exposición
de su población.
En este contexto, dos grandes conjuntos de contaminantes sobresalen por su impacto directo:
las partículas en suspensión (PM) y los óxidos de nitrógeno (NOx).
Por un lado, las partículas sólidas se distinguen principalmente por su tamaño, lo que permite
establecer varias categorías. Entre ellas se incluyen:
El total de partículas en suspensión, comúnmente asociado al polvo.
Las PM10 (con un diámetro inferior a 10 micrómetros).
Las PM2.5 (menores de 2,5 micrómetros).
Las partículas ultrafinas, cuyo tamaño no supera los 0,1 micrómetros.
Además, conviene diferenciar entre partículas primarias, que se liberan directamente al aire, y
partículas secundarias, que se originan a partir de reacciones químicas entre gases presentes
en la atmósfera. En las zonas urbanas, las fuentes más habituales de estas partículas abarcan la
combustión de madera o carbón en viviendas, el polvo acumulado en las vías, las emisiones
de los vehículos, el desgaste de neumáticos y frenos, así como las actividades constructivas.
Por otro lado, los óxidos de nitrógeno, agrupados bajo la sigla NOx, constituyen una mezcla
de compuestos, principalmente óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2), que se
generan durante procesos de combustión. Aunque las normativas suelen fijar límites
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6. CONTAMINACIÓN DEL AIRE EN EL ENTORNO URBANO

6.1. Características Del Aire En Ciudades El término “calidad del aire urbano” alude, en esencia, al grado de limpieza del aire en ciudades y grandes centros poblados, donde la exposición de los habitantes a contaminantes atmosféricos provoca una preocupación constante. Ahora bien, no se trata solo de la cantidad de emisiones: la propia configuración de la ciudad, su infraestructura, la disposición de sus calles y edificaciones, condiciona la circulación de las masas de aire. A esto se suma la diversidad de fuentes emisoras, entre las que destacan el transporte y los sistemas de calefacción doméstica. Como resultado, ciertas situaciones en las que se superan los límites establecidos de calidad del aire resultan particularmente complejas de revertir. De ahí que cada urbe necesite crear una estrategia integral de gestión orientada a disminuir la exposición de su población. En este contexto, dos grandes conjuntos de contaminantes sobresalen por su impacto directo: las partículas en suspensión (PM) y los óxidos de nitrógeno (NOx). Por un lado, las partículas sólidas se distinguen principalmente por su tamaño, lo que permite establecer varias categorías. Entre ellas se incluyen:

  • El total de partículas en suspensión, comúnmente asociado al polvo.
  • Las PM10 (con un diámetro inferior a 10 micrómetros).
  • Las PM2.5 (menores de 2,5 micrómetros).
  • Las partículas ultrafinas, cuyo tamaño no supera los 0,1 micrómetros. Además, conviene diferenciar entre partículas primarias, que se liberan directamente al aire, y partículas secundarias, que se originan a partir de reacciones químicas entre gases presentes en la atmósfera. En las zonas urbanas, las fuentes más habituales de estas partículas abarcan la combustión de madera o carbón en viviendas, el polvo acumulado en las vías, las emisiones de los vehículos, el desgaste de neumáticos y frenos, así como las actividades constructivas. Por otro lado, los óxidos de nitrógeno, agrupados bajo la sigla NOx, constituyen una mezcla de compuestos, principalmente óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO 2 ), que se generan durante procesos de combustión. Aunque las normativas suelen fijar límites

específicos para el NO 2 , no ocurre lo mismo con el NO o el conjunto de NOx. El óxido nítrico, producido en dichas combustiones, reacciona en la atmósfera con el ozono para transformarse en dióxido de nitrógeno. A su vez, este último puede descomponerse por efecto de la radiación solar, lo que provoca variaciones constantes en la proporción entre ambos compuestos. En cuanto a sus fuentes, predominan el tráfico vehicular, los sistemas de calefacción en áreas residenciales y comerciales, los equipos de climatización, ciertas actividades industriales y la generación de energía eléctrica. 6.2. Principales Contaminantes Urbanos La degradación de la calidad del aire en las ciudades no responde a una única causa, sino emerge de la interacción de múltiples fuentes que operan a distintas escalas: local, regional e incluso más allá de las fronteras. Entender esto resulta clave, no solo para asignar responsabilidades, sino también para plantear medidas realmente efectivas. En este sentido, conviene examinar las principales fuentes emisoras presentes en el entorno urbano, atendiendo a su origen. 6.2.1. Emisiones del tráfico y transporte En primer lugar, el transporte destaca como uno de los factores más determinantes en la contaminación atmosférica urbana. Los vehículos que funcionan con gasolina o diésel liberan una mezcla de contaminantes, entre ellos dióxido de nitrógeno (NO ), monóxido de carbono₂ (CO), material particulado (PM10 y PM2,5) y compuestos orgánicos volátiles (COV). Esta situación se agrava en áreas metropolitanas densamente pobladas, donde los embotellamientos y la circulación a baja velocidad incrementan las emisiones por cada kilómetro recorrido. Si bien es cierto no solo los automóviles particulares inciden en este problema. También lo hacen autobuses, camiones, taxis y motocicletas, especialmente en contextos donde el parque vehicular envejece sin renovarse y los controles técnicos resultan poco exigentes. Frente a este panorama, alternativas como la electrificación del transporte, la implementación de zonas de bajas emisiones o el impulso de modelos de movilidad sostenible ofrecen un camino prometedor. Sin embargo, su aplicación exige decisiones políticas firmes, inversión sostenida y la implicación activa de la ciudadanía.

Prácticas como el movimiento de tierras, las obras en la vía pública o el transporte de materiales sin la debida protección intensifican este tipo de contaminación. Aunque, la adopción de medidas específicas ,como la humectación de superficies, la instalación de barreras físicas o la cobertura adecuada de materiales, permite reducir de manera significativa su impacto sobre el entorno urbano. 6.3. Smog El término “smog” surge de la fusión de dos voces inglesas: smoke (humo) y fog (niebla). Con el tiempo, esta palabra se ha incorporado al uso internacional porque describe con bastante precisión el fenómeno al que describe. En términos generales, el smog puede entenderse como una especie de neblina artificial que no es resultado de procesos naturales ordinarios, sino que aparece a partir de la acción humana combinada con determinadas condiciones ambientales adversas. Más que una simple bruma, se trata de una forma de contaminación atmosférica intensa que se origina cuando diversos contaminantes reaccionan bajo la influencia de la radiación solar y ciertos factores meteorológicos. En esa mezcla se encuentran compuestos perjudiciales como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono y partículas finas en suspensión. Su severidad no es uniforme: varía según la magnitud de las emisiones, la configuración del territorio y el comportamiento del clima. El proceso de formación del smog responde, en esencia, a la interacción entre sustancias contaminantes y el entorno. Entre los factores que más inciden en su aparición destacan varios:

  • Las emisiones del transporte: automóviles, camiones y autobuses liberan óxidos de nitrógeno e hidrocarburos, elementos clave en la generación del smog fotoquímico.
  • La actividad industrial —incluidas fábricas y centrales eléctricas— aporta grandes volúmenes de humo, dióxido de azufre y monóxido de carbono.
  • La quema de combustibles fósiles como carbón, madera o biomasa, que incrementa la carga de contaminantes en el aire.
  • Las condiciones geográficas y meteorológicas juegan un papel decisivo: ciudades situadas en valles o zonas con escasa ventilación tienden a retener estos compuestos, favoreciendo episodios más severos. Los efectos del smog no pasan desapercibidos. La presencia de una capa densa de contaminación sobre la ciudad resulta visible y altera de inmediato la percepción del entorno. Sin embargo, más allá de lo evidente, sus consecuencias son considerablemente más profundas. La exposición prolongada a este tipo de aire deteriorado afecta de manera directa a la salud humana, pudiendo desencadenar problemas como alergias y asma, insuficiencia respiratoria, debilitamiento del sistema inmunológico, enfermedades cardiovasculares e, incluso, patologías de carácter neoplásico. 6.4. Islas De Calor Este fenómeno describe el aumento de temperatura que se registra en determinadas áreas urbanas en comparación con su entorno rural inmediato. En otras palabras, dentro de la ciudad el aire tiende a ser más cálido que en las zonas periféricas, lo que genera un contraste térmico claramente perceptible. Las causas de esta diferencia no son únicas, sino que responden a una combinación de factores. Por un lado, la alta densidad constructiva propia de las ciudades reduce la presencia de vegetación y cuerpos de agua, al tiempo que sustituye el suelo natural por superficies como el concreto o el asfalto. Estas condiciones dificultan la disipación del calor y hacen que la radiación solar permanezca más tiempo acumulada en el entorno urbano. A ello se suma la naturaleza de los materiales utilizados en la edificación. En muchos casos, predominan superficies oscuras que absorben con mayor eficiencia la energía solar. Luego, ese calor no se libera de inmediato, sino que se va emitiendo de forma gradual durante varias horas, lo que prolonga la sensación térmica elevada incluso después de la puesta del sol. Cabe señalar que este fenómeno no se manifiesta de manera constante. Su intensidad y frecuencia dependen en gran medida de ciertas condiciones meteorológicas específicas, como la ausencia de nubes, la escasa velocidad del viento o la persistencia de la radiación solar, factores que favorecen la acumulación de calor en la atmósfera urbana.