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Este documento analiza el proceso de transformación de la fuerza de trabajo en trabajo productivo desde la perspectiva del capitalista. Se discuten las estrategias empleadas para controlar el trabajo y la racionalidad del capital, así como las teorías que legitiman el poder de dirección. Además, se examina el objetivo de obtener la mayor funcionalidad posible de la fuerza de trabajo y el control del trabajo, incluyendo la división del trabajo y la racionalización que conlleva.
Tipo: Apuntes
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3.0 Función directiva y sistema de Acción Estratégica (SAE) [Gráfico 1]
3.0.1 Función directiva: ejerce de modo real y efectivo la capacidad de decisión y disposición sobre el diseño y funcionamiento del proceso global de producción y reproducción del plusvalor.
El ejercicio de la función directiva se traduce en el diseño y ejecución de un determinado siste- ma de acción estratégica (SAE): conjunto de prácticas dirigidas a mantener y hacer funcionar los dispositivos que faciliten la consecución de los objetivos.
El SAE supone la clara definición del objetivo global de la organización, de las metas que han de alcanzarse, de los medios precisos para lograrlas y de la forma como se hace el seguimiento y revisión de la aplicación de las previsiones establecidas.
Por medio de tal sistema se define un producto y la manera de producirlo, el consumidor y la manera de llegar a él, las formas como crecerá y se financiará la actividad, el sistema técnico nece- sario y el tipo de organización que se requiere, las políticas relacionadas con el factor trabajo y las medidas para neutralizar los efectos de la competencia, etc. Se busca, en definitiva, lograr la con- gruencia entre integración y adaptación.
El sistema de acción estratégica implica "el control sobre los medios y los métodos de los cuales depende todo el comportamiento de una organización" (Child) orientada por la lógica del plusvalor cuya materialización en los resultados esperados permitirá, no sólo evidenciar sino, sobre todo, le- gitimar el poder de quien haya tenido la capacidad de acopiar y gestionar los recursos estratégicos que han conducido a tal fin, superando las incertidumbres y contingencias, tanto internas como ex- ternas, que hubieran impedido su consecución.
3.0.2 El referido sistema se compone de dos conjuntos de estrategias que se aplican a dos ámbitos diferenciados pero substancialmente relacionados.
3.0.2.1 Ámbito reproductivo : es el que condiciona la globalidad del movimiento del capital. En éste, la acción estrategia de la función directiva ha de estar dirigida a lograr una constante y crecien- te acumulación, así como a establecer y mantener el vínculo con la valorización y acumulación; igualmente debe favorecer la integración y adaptación de la empresa, así como la adecuada configu- ración y expresión de su identidad corporativa. Para ello ha de organizar y gestionar el acceso a los medios de producción, la realización del plusvalor y la rotación del capital; igualmente, deberá mantener una fluida y flexible relación con los factores condicionantes del entorno; y todo ello desde la clara delimitación de sus peculiaridades diferenciadoras. Las estrategias que le afectan se desarrollan en tres áreas de acción fundamentales: comercial, financiera y tecnológica (I+D).
a) Como se ha visto en la expresión que da cuenta del ciclo del capital, así como en la explicación de la estructura social de acumulación, es preciso no sólo tener acceso al conjunto de los factores productivos (D-M), sino realizar el valor acumulado en el producto final (M'-D') como cuestión de fundamental importancia para favorecer la acumulación del capital y para confirmar si la valoriza- ción se ha producido tal como se esperaba y respondiendo a la densidad con que se había operado. Esto exige desarrollar una específica estrategia de mercado.
b) Vimos que el capital requiere, para poder sostener tanto la intensidad de su valorización como su posterior acumulación a un ritmo creciente, de un determinado flujo monetario y de capital que fa- vorezca el movimiento D-D'. Ello exige una estrategia financiera específica que permita el mante-
nimiento de las inversiones y su permanente y fluida financiación. Se trata de configurar las accio- nes que permitan intermediar entre las operaciones de la empresa y los mercados de capitales en los que la empresa negocia sus activos.
c) La producción y realización del plusvalor exigen una permanente capacidad innovadora de los factores y procesos implicados que favorezca la acumulación y perfeccione la valorización en virtud del uso económico-productivo de los conocimientos científicos y técnicos. Lo anterior supone desarrollar una estrategia tecnológica , o de I + D, cuyo objetivo fundamen- tal es la investigación científico-técnica aplicada al diseño y desarrollo de productos y/o procesos productivos, y la posterior aplicación de la innovación a un proceso o producto ya existentes, o a un proceso y/o producto nuevo. La colaboración con quienes sustentan y desarrollan las estrategias en el área comercial y en el área técnica es necesaria para evitar conflictos de intereses así como una inadecuación entre ellas.
d) Estas tres áreas, al estar condicionadas por las relaciones de competencia y por la presencia acti- va de instituciones reguladoras, constituyen auténticos campos de lucha, negociación y alianzas en que los distintos concurrentes pugnan por afirmarse como hegemónicos en vistas a configurar un orden (social y organizacional) lo más favorable posible a sus intereses. Esto implica entender que la composición del capital como clase se expresa a nivel organizacio- nal en grupos con proyectos estratégicos muchas veces divergentes, lo cual denota la variedad de formas que adquiere la ganancia como objetivo estructural del capital. Puede comprobarse, pues, que en torno a la configuración y ejecución de las estrategias repro- ductivas convergen dinámicas de poder variadas y complejas que exigen un conocimiento detallado de sus actores para estar en condiciones de comprender sus peculiaridades.
3.0.2.2 Ámbito productivo : es el núcleo y la clave del proceso capitalista dado que en él la acción estratégica de la función directiva ha de estar dirigida a la valorización del capital. Para ello deberá conseguir la continua activación de los medios de producción a través de la transformación perma- nente de la fuerza de trabajo en trabajo productivo, lo cual supone organizar y gestionar el funcio- namiento integrado de los aspectos técnicos y laborales del proceso real de trabajo. Esto favorecerá los objetivos de la integración/adaptación, así como el de la configuración de la identidad específica de la organización. La empresa necesita una estrategia interna para determinar cómo ha de organizar y gestionar la operatividad de los medios de producción, así como la manera de desarrollar, organizar, motivar y controlar sus recursos humanos. La idea de estrategia interna implica la existencia de una coherencia entre todas las tácticas o actividades específicas que afectan a los recursos humanos y a los medios de producción. En este sentido, la estrategia interna en realidad son dos estrategias que afectan a éste ámbito en dos áreas de acción, técnica y laboral, claramente diferenciables, aunque estrechamente vinculadas entre sí y con las que se desarrollan en las áreas de acción del ámbito reproductivo.
a) La estrategia del área técnica remite al diseño de la estructura y a la gestión del funcionamiento de la materialidad técnico-económica del proceso productivo. Es decir, a la configuración y opera- cionalización del sistema productivo más idóneo en orden a favorecer la activación de los medios de producción en la perspectiva de la valorización.
b) Respecto a la estrategia del área laboral , y dado el necesario recurso a la “peculiar” mercancía fuerza de trabajo, el capitalista diseña y/o pone en práctica un variado conjunto de mecanismos de distinta intensidad y dimensión cuya específica y variable instrumentación debe estar dirigida tanto a conseguir su mayor funcionalidad laboral posible como a quebrar la red de relaciones sociales construida por sus poseedores para influir sobre las condiciones en que su potencialidad laboral de- berá transformarse en eficaz actividad productiva.
3.1.4 La cuestión del control es componente constitutivo de la estructura organizacional y problema clave y prioritario de gestión desde los inicios del capitalismo. Esto se hace explicito en los desarro- llos de la teoría organizacional que busca aportar los mejores medios para conseguir la mayor fun- cionalidad laboral de la fuerza de trabajo. Los esfuerzos se dirigen a legitimar el control como algo natural y necesario.
3.1.5 La problemática del control permitirá comprender y explicar la realidad de la empresa como una entidad de carácter técnico-económico con una significativa dimensión política y socio-cultural que la constituye y condiciona. La empresa expresa y genera, de manera hegemónica, relaciones de producción, pero también condensa relaciones de socialización y poder. Las prácticas de gestión de la fuerza de trabajo adquieren la significación de emergentes del carácter político de los espacios condicionados en que se construyen y desarrollan. Los mecanismos de neutralización y regulación que tales prácticas implican operan, no sólo como activadores de las potencialidades productivas de los trabajadores, sino como constituyentes sinérgicos del conjunto de los dispositivos sociales que tienen como objetivo estratégico la producción y reproducción del plusvalor en sus determinaciones económicas, políticas y socioculturales.
3 .2 Fundamentos de la estrategia de control.
3.2.1 Especialistas en organización y gestión empresarial consideran tal peculiaridad como expre- sión de una función administrativa de carácter técnico. ¿Se puede neutralizar y regular conductas en orden a la consecución de objetivos pre-estableci- dos por razones de índole exclusivamente técnica? Los límites del argumento técnico para responder satisfactoriamente a tal cuestión, lleva a plan- tear otros fundamentos del poder de la función directiva del capital en el ámbito laboral.
3.2.2 Teorías que sostienen la legitimidad del poder de dirección [Gráfico 3]
3.2.2.1 Teoría patrimonialista : propiedad privada medios de producción habilita al capitalista el control de modalidades concretas de trabajo desarrolladas bajo su dirección, así como la orientación de la actividad productiva hacia los fines que él mismo determine.
3.2.2.2 Teoría institucionalista : la empresa es una comunidad jerarquizada y organizada bajo la autoridad natural de su jefe, quien dispone de poderes de carácter originario en virtud del significa- do institucional del agrupamiento social que dirige.
3.2.2.3 Teoría contractualista : en virtud del contrato laboral, se espera que el trabajador transfor- me, de modo automático y permanente, sin restricciones y resistencias, su potencialidad laboral en eficaz actividad productiva facilitando el ejercicio de la función directiva.
3.2.2.4 Se considera que, en razón de las implicaciones prácticas de la propiedad privada de los me- dios de producción, de la institucionalidad de la empresa y/o, sobre todo, del contrato de trabajo, debe estar socialmente claro quién ha de tener legítima capacidad para decidir y disponer sobre la interac- ción entre medios de producción y fuerza de trabajo en el proceso laboral.
3.2.3 Limitaciones del (predominante) argumento contractual. [Gráfico 4]
3.2.3.1 Desigual posición de mercado entre contratantes.
Cuestionar el supuesto de contratantes en situación de igualdad, con bienes mercantilmente igua- les, que operan equilibradamente en el mercado y que aceptan las implicaciones de éste tipo de re- lación. Tal supuesto resulta inconsistente en contraste con la realidad. En el mercado de trabajo hay
asimetría de poder: una de las partes está en condiciones de servirse de su potencial estratégico y dotarse de virtualidad en mayor medida que la otra parte.
El funcionamiento racional de la economía capitalista exige que existan personas, jurídica y eco- nómicamente, libres para vender su actividad en un mercado y competir por las probabilidades de un salario.
a) El trabajador está en condiciones de enajenar de su fuerza de trabajo, aunque por un espacio de tiempo determinado y sin renunciar a la propiedad sobre su propia capacidad.
b) Al carecer de medios de producción y de subsistencia, el trabajador no puede vender mercancías que objetivan su trabajo sino que se ve obligado a ofrecer como mercancía su fuerza de trabajo.
c) La contraposición entre positividad (libre propiedad de fuerza de trabajo) y negatividad (carencia de medios para realizarla autónomamente) se resuelve en la imposibilidad de la libertad para dejar de enajenarla como mercancía y, por tanto, en la necesaria y permanente subordinación del poseedor.
El poseedor de fuerza de trabajo, al concertar el contrato, carece de posibles ventajas estratégicas que pudieran favorecer su posición.
a) Su irrupción en el mercado está condicionada por procesos que condicionan su cantidad al mar- gen de previsiones estratégicas de los ofertantes.
b) Al carecer de medios de producción, no puede esperar circunstancias propicias para la venta.
c) Sus necesidades reproductivas dependen de la mediación salarial para resolverse adecuadamente según pautas materiales y socio-culturales.
d) Su potencial de adaptación tiene límites relativamente estrictos al no recorrer fases de liquidez que permita desprenderse con facilidad de su materialidad profesional para afrontar una nueva.
Se constata una "desigualdad originaria entre trabajador y empresario que tiene su fundamento no sólo en la distinta condición económica de ambos sujetos, sino en su respectiva posición en la propia y especial relación jurídica que los vincula, que es de dependencia o subordinación de uno respecto del otro" (TC 3/83). No se sostienen "los principios de libertad e igualdad de las partes so- bre las que se basa el derecho de contratos" (id.)
3.2.3.2 Relación entre causa y objeto del contrato.
En contrato laboral no se da coincidencia entre causa y objeto, incluso se detecta una cierta di- vergencia.
a) Causa: transformación del plusvalor en capital. Para ello es preciso generar productos cuya realización permita operar y sostener la aludida transformación como evidencia de su necesaria reproducción.
b) Objeto: adquisición de fuerza de trabajo para que trabaje a cambio de un salario. Ello exige del adquirente el añadido de organizar, gestionar y disciplinar la actividad laboral de modo que puedan generarse realmente los aludidos productos reproductivos.
c) Al trabajador le es ajeno, en principio, el resultado material de su actividad, sólo le interesa el salario pactado por la disponibilidad de sus posibilidades laborales ha concretar in situ por la capa- cidad directiva del contratante.
a) Lo adquirido en el mercado (fuerza de trabajo) no es lo que entra en el proceso productivo (traba- jo). Fuerza de trabajo: es una mercancía cuyos atributos incluyen la capacidad de realizar ciertos tipos de actividad productiva con determinadas intensidades. Trabajo: es el proceso activo, concre- to, vivo, que lleva a cabo el trabajador en interacción con los medios de producción y que se mate- rializa en unos productos determinados.
b) El proceso no depende sólo de la fuerza de trabajo, sino también de la capacidad del capitalista. Después del contrato se produce un desfase que debe resolver articulando los medios adecuados pa- ra obtener la permanente activación de la capacidad productiva del trabajador, materializada en mercancías, como vía fundamental para lograr sus objetivos.
3.2.4.2 El fundamento de ésta capacidad del capitalista no está en la relación de intercambio, sino en la relación de trabajo.
a) A pesar de las condiciones de posibilidad, la fuerza de trabajo se hace capital sólo si el capitalista transforma los medios de producción en medios de dirección y explotación del trabajo. Clave del poder capitalista: en el terreno de la producción.
b) En dicho terreno, el ejercicio de la dimensión material de la propiedad ha de estar dirigido a lo- grar la subsunción del trabajo en el capital. Para ello ha de conseguir de los poseedores de fuerza de trabajo tres metas fundamentales: el óptimo en el ajuste a la función, el óptimo en el ejercicio del trabajo y el óptimo en la inclinación al trabajo.
3.2.4.3 Tales metas no resultan de estrategias de carácter unidireccional. Las formas que adquieren los esfuerzos por transformar fuerza de trabajo en trabajo productivo, exigen la interacción con unos trabajadores que tienden a influir sobre las condiciones y resultados de tal operación desarrollando prácticas de resistencia y/o participación/consentimiento.
a) Prácticas de resistencia: expresan el rechazo de los trabajadores a aceptar la subsunción de su ca- pacidad productiva en la composición orgánica del capital. El lugar de trabajo se transforma en es- pacio conflictivo. Ello explica que los intentos por contener el conflicto y quebrar la resistencia de los trabajadores deriven en la necesidad de controlar el trabajo.
b) La estrategia laboral, con modulaciones, funciona y lo hace contando con la participación -mayor o menor- de los trabajadores.
b1) El control no es sólo una medida coactiva, se basa, frecuentemente, en un consentimiento más o menos voluntario. La cuestión es saber por qué los trabajadores terminan sometiéndose a la autori- dad del capitalista.
b2) La estrategia laboral busca incidir directamente sobre la conciencia de los trabajadores para que legitimen el orden productivo capitalista. Tal legitimación se construye internamente y se articula con las pautas sociales de legitimidad internalizadas vía instituciones socializadoras.
b3) Atender a procesos psicológicos a través de los cuales se interiorizan las coacciones objetivas, sin ellos no sería comprensible el hecho de que los hombres sucumban al efecto combinado de los mecanismos de control social y laboral.
3.2.4.4 Todo lo dicho pone en evidencia que el carácter técnico que se asigna al ejercicio de la fun- ción directiva en el nivel productivo también es función de la necesaria explotación de la fuerza de trabajo para forzar la valorización del capital. En la teoría y en la práctica organizacional, dicho carácter técnico tiende a ocultar su función social.
3.3 Teorías sobre control del trabajo
3.3.0 Veamos algunos de los autores de referencia en la formulación de este modo de analizar la gestión del trabajo por parte del capital.
3.3.1 Braverman.
3.3.1.1 Los planteamientos centrales de Braverman (1974) parten del intento de explicar los proce- sos de producción y trabajo en la fase monopolista del capitalismo, para a su vez esclarecer el o- rigen, configuración y carácter de la administración de la empresa capitalista en su conjunto.
3.3.1.2 En ese contexto es que sitúa el imperativo de la acumulación como la clave explicativa de la continua transformación y degradación a que está sometido el trabajo. a) Señala que este problema se traduce en la creciente racionalización capitalista, la cual, concreta- da en la división detallada del trabajo, debía ser entendida no como una forma técnicamente supe- rior de organización de la producción sino, más bien, como instrumento de control del capital sobre el proceso laboral para asegurar la máxima extracción de plusvalor. b) Así, su propuesta fundamental parte del reconocimiento del control del proceso laboral como imperativo específicamente capitalista derivado de la naturaleza misma de la relación salarial, insti- tucionalizada en el contrato laboral y por la que el capital se enfrenta a la imperiosa necesidad de transformar la fuerza de trabajo en trabajo productivo procurando los máximos niveles de rendi- miento. Señala que los capitalistas pasan de no asumir la distinción fuerza de trabajo - trabajo, a gestionarla productivamente en cuanto perciben su gran virtualidad. c) De esta manera queda establecido el origen, configuración y carácter de la administración desde el momento mismo en que el capital requiere controlar el proceso laboral para asegurarse la máxima producción de plusvalor a través del empleo intensivo de la fuerza de trabajo.
3.3.1.3 Todo ello implica un proceso continuo de degradación de los trabajadores que Braverman explica a través del tránsito de la subsunción formal a la subsunción real del trabajo en el capital. a) En la primera fase el trabajador es despojado del producto que él mismo produce y, paulatina- mente, es separado de sus medios de producción. Sin embargo, aún conserva conocimientos y habi- lidades que le permiten regular determinados aspectos del proceso de trabajo y, por esa vía, limitar la producción de plusvalor. b) Con el paso a la subsunción real, que Braverman ubica en la etapa monopolista, el capital ad- quiere la capacidad de controlar cada momento del proceso laboral a través de la radicalización de la división del trabajo, expresada en la separación entre concepción y ejecución, como principio fundamental de la organización industrial que permite expropiar el conocimiento obrero -abara- tando así el valor de su fuerza de trabajo- y asegurar el control del trabajo como prerrogativa esen- cial y exclusiva del capital. De esta manera, la degradación del trabajo se completa en la medida en que el trabajador es separado tanto del producto y los medios de producción como del proceso de producción mismo al serle enajenados sus conocimientos y habilidades.
3.3.1.4 Sus planteamientos fueron decisivos a la hora de cuestionar la tesis clásica de la ascensión de las cualificaciones y la determinación de la tecnología productiva sobre la naturaleza de las tare- as, la estructura organizativa y la experiencia de los trabajadores. a) Frente al aumento de la cantidad de trabajo cualificado como promedio, Braverman demostró que la progresiva mecanización no sólo conllevaba una efectiva descualificación de los trabajadores en sentido absoluto (pierden oficio y habilidades tradicionales sin ganar otras nuevas que compen- sen las pérdidas), sino también en sentido relativo: "cuanta más ciencia es incorporada en el proceso de trabajo, menos entienden [y controlan] los trabajadores este proceso". b) Se podía constatar que el proceso de degradación capitalista del trabajo había deparado lo que llamó "un concepto tristemente inadecuado" de cualificación, que entendía por tal el simple aumen-
a) La "frontera del control" no es fija ni tiene un único trazado; existe un abanico de tácticas posibles que dependen tanto de la resistencia de los trabajadores como de las presiones competitivas del mercado. b) En este sentido, las dos estrategias presentan serias limitaciones que, en definitiva, surgen del hecho de que intentan mantener la autoridad sobre personas que son básicamente libres, pero que han alienado su fuerza de trabajo por necesidad. Esto es sin duda base de eventuales conflictos.
3.3.2.4 Las tensiones en la actividad productiva son el resultado de la forma de inflexibilidad que genera cada tipo de estrategia de dirección frente a las nuevas formas de resistencia. a) El problema se agrava porque, una vez que una estrategia se consolida, resulta muy difícil cam- biarla en un período corto de tiempo, ya que sus requisitos de funcionamiento son muy distintos. b) Así como el control directo requiere una alta proporción de supervisores y empleados de "cuello blanco", las estrategias de autonomía responsable demandan un elaborado aparato de control ide- ológico, capaz de lograr la cooptación de los trabajadores. c) Cambiar de un tipo a otro puede producir una seria fractura en la organización, con altos costes en la eficacia y la coordinación.
3.3.2.5 Si un cambio global de estrategia resulta muy difícil, el camino más frecuente para recon- quistar la flexibilidad consiste en dividir a los trabajadores, aplicando diferentes tipos de control a diferentes grupos. a) Esta división no sólo erosiona la resistencia, sino que ayuda a la dirección a compensar la in- flexibilidad peculiar de cada tipo de estrategia. Además, en tiempos de crisis, en los que no es posi- ble garantizar tasas estables de beneficio, se refuerza el patrón de disparidad laboral. b) Desde el punto de vista de la alta dirección se distinguen dos situaciones de los trabajadores cla- ramente diferenciadas: Trabajadores centrales : son aquellos que, o bien por su competencia técnica o por su contribución al ejercicio de la autoridad, se estiman como esenciales para garantizar las ganancias a largo plazo; también se considera tales aquellos trabajadores que cuentan con un fuerte poder de negocia- ción, producto de su ascendencia en otros trabajadores, lo cual les permite potencialmente desorga- nizar el ciclo productivo. En todos estos casos, la estrategia de la dirección consistirá en diferenciarlos del resto de los trabajadores, asegurando su estabilidad y la participación en esquemas de relativa autonomía. Trabajadores periféricos : son aquellos cuyo trabajo es generalmente no cualificado o semicualificado, pueden ser fácilmente sustituidos por otros, no contribuyen al ejercicio de la autoridad y tampoco pueden cau- sar fracturas en la organización, puesto que no cuentan con la solidaridad de otros trabajadores. Como es fácil deducir, son trabajadores a los que difícilmente se intentará cooptar; por tanto la forma de control que se ejerza sobre ellos será predominantemente directa. c) Además de esta fragmentación en torno a la mayor o menor inserción productiva, Friedman añade otras divisiones que se evidencian en la mayor o menor exposición al paro. Sintéticamente, los sujetos más vulnerables son las mujeres, los trabajadores manuales, los no cualificados, y los inmigrantes.
3.3.2.6 Los planteamientos de Friedman también fueron objeto de un amplio debate y crítica. Los aspectos más destacados fueron los siguientes: a) Sus modelos de control responden a una distinción analítica que pocas veces refleja la realidad. En la práctica, las dos estrategias que propone deberían ser tratadas como los puntos finales de un continuum. b) Las dos estrategias, ni son necesariamente opuestas ni deben presentarse como el resultado de una planificación racional y científica a largo plazo, ya que muchas veces es necesario improvisar atendiendo a factores contingentes. c) El énfasis en las funciones de control por parte de los directivos es excesivo, subestimando el hecho de que éstos deben atender también a la maximización del beneficio; en este sentido, puede coexistir una alta explotación de la fuerza de trabajo con un débil control sobre la misma.
3.3.3 Edwards
3.3.3.1 Aunque moviéndose dentro de la misma matriz "bravermaniana", Richard Edwards (1979) avanza respecto a ella delimitando con mayor precisión el contenido y dimensiones del control y sus formas históricas. Demostró que, si bien la jerarquía de las organizaciones se ha mantenido constante, formas adicionales de control han sido agregadas en beneficio de los intereses de la clase capitalista contra los trabajadores.
3.3.3.2 Parte de la necesidad que tiene el capitalista de resolver la diferencia entre fuerza de trabajo y trabajo para lograr sus objetivos. Ello hace que sea imperativo operar la transformación de la fuerza de trabajo en trabajo y, por tanto, controlar el proceso laboral y las actividades de los trabaja- dores. Tal imperativo hace aflorar tanto el conflicto existente entre los intereses de los trabajadores y los de los capitalistas, como lo problemático que resulta la gestión del trabajo debido a la inescin- dible confluencia entre la mercancía fuerza de trabajo y su portador, hecho que refuerza la situación conflictiva. Los lugares de trabajo se configuran como espacios conflictivos.
3.3.3.3 Ante ello, el capitalista deberá estructurar el proceso de trabajo de tal manera que neutralice la capacidad de resistencia de los poseedores de fuerza de trabajo y favorezca su imprescindible transformación en trabajo productivo. Esto supone establecer los mecanismos de control adecuados para coordinar la interacción entre los factores que configuran el proceso social de producción de plusvalor. El control se define como la capacidad para conseguir de los trabajadores la conducta la- boral deseada.
3.3.3.4 Dicha capacidad se manifiesta en un conjunto de prácticas que configuran un sistema. El sistema de control, entendido como la forma en que se expresan las relaciones de producción exis- tentes en la empresa, se puede considerar como la manera de coordinar tres elementos: a) Dirección : mecanismo o método por el cual se especifica lo que hay que hacer, en qué orden, con qué grado de precisión o exactitud y en qué período de tiempo. b) Evaluación : procedimiento por el que se supervisa para corregir fallos productivos, valorar el rendimiento individual e identificar a quienes no realizan adecuadamente sus tareas. c) Disciplina : aparato que usa el premiar (y/o castigar) para obtener la cooperación e imponer al acatamiento a la dirección del proceso de trabajo por parte del capitalista.
3.3.3.5 Edwards distingue tres grandes sistema de control (simple, técnico y burocrático -estas dos últimas agrupadas como "control estructural"-) cada uno de los cuales surge como fruto de la existencia y resolu- ción de un conflicto que afectaba negativamente la consolidación de la hegemonía productiva del capital. a) Control simple. El control simple es típico del capitalismo competitivo del siglo XIX. La direc- ción ejercía un dominio directo, personalizado y arbitrario sobre el trabajo en empresas de tamaño reducido, dirigidas en muchas ocasiones por el propio dueño. En esta fase en que los trabajadores no estaban plenamente proletarizados ni habían interiorizado la disciplina de fábrica, el control sim- ple se centra en lograr estos objetivos. b) Formas de control estructural. A partir de fines del siglo XIX, el crecimiento de mercados y empresas, la concentración de capital y los avances técnico-organizativos transformaron la estructu- ra del capitalismo y a todo ello se suma el fuerte desarrollo del movimiento obrero organizado. To- do esto hará no sólo que el control simple sea fuertemente cuestionado, sino que se de paso al sur- gimiento de nuevas modalidades de control categorizadas como "formas de control estructural": b1) Control técnico. Esta modalidad de control reside en la estructura física del trabajo, el diseño de la maquinaria y la planificación del flujo del trabajo. Con estos elementos se busca minimizar el problema de transformar la fuerza de trabajo en trabajo, así como maximizar las posibilidades físi- cas para lograr una mayor eficiencia. Este modo de control, permitió el empleo masivo de mano de obra no cualificada y homogeneizó las plantillas de trabajadores. La expectativa de eliminar la con- flictividad laboral no se cumplió.
reprimir las luchas que se desarrollan tanto en las relaciones dentro del ámbito de la producción, co- mo a las relaciones de producción que tienen su expresión dentro de la empresa. Dichas institucio- nes se han materializado en los sindicatos, la negociación colectiva y los procedimientos de sustan- ciación de reclamaciones.
3.3.4.4 Todo éste planteamiento lo completa Burawoy al referirse al modo como se configuran los denominados regímenes de fábrica que expresan las características de las políticas de producción. a) La estrategia ligada al régimen despótico se basa en la coerción del mercado. El capitalista con- trata, despide y utiliza la fuerza de trabajo según viniese exigido por la presión del mercado. El Es- tado no da ninguna garantía respecto a la reproducción de la fuerza de trabajo. Las políticas de pro- ducción están marcadas por el predominio de la coerción sobre el consentimiento. b) La transición al régimen hegemónico se inicia con la separación de la reproducción de la fuerza de trabajo respecto al proceso de producción en virtud del desarrollo y consolidación de una "norma de consumo" que rearticula la relación entre producción y reproducción. Todo esto se ve condicio- nado por las presiones del gran capital que buscaba regular el mercado de trabajo e institucionalizar el conflicto, y de la lucha de los trabajadores por alcanzar niveles de seguridad en el empleo y el desempleo dentro del ciclo económico. En este régimen, la relación salarial y, de un modo más con- creto, el proceso de trabajo, ya no se puede regular sólo por la coerción económica, sino cada vez más por estructuras y modos de gestión que faciliten la obtención del consentimiento obrero, coor- dinando sus intereses al ciclo económico de la empresa. c) Junto a éstos modelos, se esboza el funcionamiento del régimen que funciona en el sector compe- titivo que coexiste con el monopólico. En él, las empresas desarrollan fórmulas más cercanas al despotismo de mercado en las que el autoritarismo y el individualismo se combinan con un cierto grado de paternalismo, sustentado en un esquema organizativo de carácter taylorista. d) La crisis de la relación salarial fordista permite la emergencia de un régimen fabril que Burawoy denomina despotismo-hegemónico. En él, los mecanismos de producción de consentimiento no de- saparecen pero son sometidos a una fuerte flexibilización por exigencias del mercado.
3.3.4.5 El planteamiento de Burawoy, a pesar de la gran innovación que supone frente a los análisis del control de corte "bravermaniano", ha sido sometido a crítica en diversos aspectos. a) En primer lugar, su teoría de la autonomía. Se considera que Burawoy se equivoca al respecto porque no sabe articular la relación dialéctica existente entre los condicionantes que las fuerzas externas impo- nen y las pautas de relaciones sociales que regulan el proceso de trabajo produciendo una lógica propia y diferenciable que mediatiza el efecto de los elementos contextuales. (cf. Edwards 1990: 36). Dicho de un modo más amplio, nuestro autor carece de una noción mediadora que explique ade- cuadamente el paso de lo societal a lo organizacional, la relación entre la lógica de las relaciones de producción y la lógica de las relaciones en el ámbito de la producción, el vínculo entre las políticas globales y las políticas de producción. (cf. Soria, 1989: 38) b) En segundo lugar, se plantean diversas críticas respecto al modo como construye los modelos de regímenes fabriles. Así, se llama la atención sobre el contraste exagerado entre despotismo y hegemonía pues, tanto en condiciones competitivas como en las de carácter más monopólico, se dan prácticas en las que se combinan aspectos de ambos modelos; además, no existe un modo dominante de obtener coerción y/o consenso, sino varios. Por otro lado, el concepto de consenso resulta excesivo, no sólo porque dice más de lo que en realidad suponen las prácticas adaptativas de los trabajadores, sino porque se oculta la capacidad de los trabajadores y de sus organizaciones para influir en las estructuras de poder en cu- yo seno se desarrolla la negociación del esfuerzo y sus condiciones. (cf. Edwards, 1990: 37-39)
3.3.5 Gaudemar.
3.3.5.1 Para Jean-Paul Gaudemar (1981 y 1991), la fábrica constituye el espacio de una mo- vilización productiva. Es decir, de todo ese conjunto de tácticas locales, más o menos coordinadas
socialmente, a través de las cuales los patronos codifican y centralizan económicamente el trabajo de sus empleados, regulando así su incorporación y activación dentro del proceso productivo.
3.3.5.2 De las formas de movilización productiva, correspondientes a las formas económicas del plusvalor, interesa centrarse en la movilización relativa. La misma designa: las mutaciones cualitati- vas de una incorporación al trabajo ya realizada; las progresivas transformaciones de la composi- ción social que tienen lugar en el seno de la fábrica, correlativas a las de las técnicas utilizadas; y, por último, esa nueva normativa que se apodera de la fábrica y estructura todas las dimensiones de su funcionamiento: la productividad.
3.3.5.3 Clave constitutiva de ésta movilización es la disciplina industrial entendida como estrategia reguladora de su configuración y operatividad, estrategia múltiple y compleja dirigida a conseguir la adecuación productiva del comportamiento de los trabajadores. Gaudemar entiende que la disciplina es siempre codificación explícita con el objetivo de normali- zación para establecer o reproducir un orden determinado. En éste caso se trata de codificar y norma- lizar los factores del proceso de trabajo a fin de que operen como valorizadores del capital. Esto supo- ne desarrollar y aplicar normas que regulen el uso de los objetos, medios y fuerzas de trabajo; así como configurar el poder sobre los ejes de una división del trabajo jerárquicamente mediada.
3.3.5.4 La disciplina industrial debe construir y dar continuidad a un determinado orden productivo, a un sistema de autoridad, dominio y jerarquía aplicado a la producción. Todo ello conduce a que producción y disciplina se articulen dentro de una estrategia global de desarrollo, expresada en una determinada manera de modelar y organizar tanto el espacio como el tiempo fabril, gestionando un adecuado equilibrio entre la materialidad del orden y la eficacia social de sus representaciones simbólicas. El fin consiste en adecuar la tecnicidad de los medios de producción, las funciones de los traba- jadores y las combinaciones sociales del trabajo a las necesidades del capital expresadas en una cuádruple exigencia: permitir la continuidad del poder, obtener los máximos resultados productivos, facilitar la aminoración de los costes y lograr un control efectivo del trabajo. Dicho orden productivo, en lo que respecta a la específica incorporación y activación de las fuerzas de trabajo, está constituido por tres categorías de elementos: modos de reclutamiento y de selección que respondan a los perfiles de la actividad a realizar; modos de valoración de la fuerza de trabajo traduci- bles en determinadas políticas salariales; y, fundamentalmente, modos de garantizar la materialización y operatividad práctica del concreto valor de uso de las fuerzas de trabajo en el proceso laboral.
3.3.5.5 "La disciplina de fábrica no es una ni en el tiempo ni en el espacio" (Gaudemar, 1981a: 115). Esto exige arbitrar un criterio que permita una mejor comprensión de sus perfiles estratégicos y que haga evidente sus relaciones esenciales con los ciclos del capital. Esa es la función de la no- ción de ciclo disciplinario. Gaudemar propone la existencia de cuatro grandes ciclos disciplinarios: panóptico, paternalista/extensivo, maquínico y contractual. La cuestión del paso de un ciclo a otro nos lleva a la noción de crisis disciplinaria la cual permite designar los momentos en los que la técnica disciplinaria dominante no consigue ya asegurar el orden productivo óptimo.
3.3.5.6 Hasta aquí algunas claves del argumento de Gaudemar. Ahora sería pertinente plantear el con- trapunto entre los conceptos de control y disciplina pues podemos constatar una ambigüedad en su uso: a) Disciplina y control aparecen como lo mismo o como conceptos diferenciables; disciplina apare- ce como forma determinada del control; el control aparece como derivado de la disciplina o como caracterizador de la disciplina. b) Foucault es una referencia imprescindible para clarificar la comprensión que Gaudemar tiene respecto a los términos aludidos. ¿Qué deriva de la referencia a Foucault en contrapunto con Gau- demar? La disciplina parece tener un sentido más global y estratégico, mientras que control se pre- senta como resultado; la ambigüedad se mantiene.
Gráfico 2
CONTROL DEL TRABAJO
Ejercicio de la FDK en orden a lograr la transformación de la FT en TR pro- ductivo generador de plusvalor.
Para ello precisa neutralizar y regular el comportamiento de la FT dirigido a condicionar su transformación.
Desarrollos de la teoría organizacio- nal buscan medios para conseguir la transformación y legitimar el control.
El control es un componente consti- tutivo de la estructura organizacional y problema prioritario de gestión.
El control es una clave explicativa del diseño organizacional y del funciona- miento de la empresa capitalista.
El control permite dar cuenta de la empresa como entidad técnico eco- nómica con dimensión política.
Las diferentes formas de organización y gestión del trabajo son maneras de ejercer control sobre la FT.
Gráfico 3
FUNDAMENTOS ESTRATEGIA CONTROL
Teoría patrimonialista : Propiedad de medios de producción habilita a decidir y disponer sobre actividad productiva.
Teoría institucionalista : Al ser la empresa una institución , el que dirige dispone de poder legitimo para su dirección y gestión.
Teoría contractualista : En virtud del contrato laboral la dirección consigue la transformación de la fuerza de trabajo en trabajo.
Las implicaciones prácticas de la propiedad, de la institucionalidad de la empresa y del contrato laboral legitiman capacidad de decidir y disponer de la función directiva.
Gráfico 4
LÍMITES DEL ARGUMENTO CONTRACTUAL
Desigual posición de mercado
Causa y objeto del contrato
Concreción del contrato
Supuesto de contratantes iguales no se sostiene por asime- tría de poder: una parte tiene mayor potencial estratégico. Capitalismo requiere personas jurídica y económicamente “libres” para vender su FT y competir por salario. FT carece de ventajas estratégicas: demografía, medios producción, salario, potencial de adaptación.
En contrato laboral no se hay coincidencia entre causa y objeto.
En contrato laboral la causa apa- rece como exterior al objeto.
En momento de la transacción no se especifica la cantidad y la calidad de trabajo de la fuerza de trabajo.
El vendedor de fuerza de trabajo in- terviene su disponibilidad en su consumo. limitando
Causa: transformación del plusvalor en capital. Objeto: adquirir FT para transformarla en trabajo.
Coincidencia flicto: trabajador causa constata-objeto implicaunidad entrecon- producción y reproducción del plusvalor.
Exterioridad relativa: exterioridad realización del capital es factor determinante de la transformación de la FT en TR. Interiorización de la causa en el objeto refuerza exterioridad para la FT cuya causa no cuenta, sólo interesa la del capital.
Existe y empresario una “desigualdad que tiene (^) suoriginaria fundamento entre trabajadorno sólo en la distinta condición económica de ambos sujetos, sino especial en relaciónsu respectiva jurídica posiciónque los vincula, en la (^) quepropia es dey dependencia o subordinación uno respecto del otro” libertad (TC e (^3) igualdad/ 83 ). No dese sostienenlas partes “los sobre principios los que dese basa el derecho de contratos” (id.).
Exterioridad es condición necesaria para que capi- talista realice el plusvalor.
Al trabajador le es ajeno el resultado material de su actividad; le interesa el salario pactado por la disponibilidad de su FT por la FDK.
Contrato de TR delimita condiciones formales ante la impredic- tibilidad de necesidades productivas. Indeterminación asegura a la FDK un margen de disposición para ordenar tareas y exigir determinadas intensidades. VU de la FT está afectado por la subjetividad del que trabaja. Vendedor de FT mantiene control fáctico sobre su mercancía.
Gráfico 5
FDK - FT: relación de intercambio y relación de trabajo
Relaciones de intercambio no garantizan cantidad/calidad del trabajo de la FT
Fundamento dominio FDK sobre FT está en la relación de trabajo
Trabajadores buscan incidir en las condi- ciones y resultados de su activación
Lo adquirido en el mercado (FT) no es lo que entra en la producción (TR).
Proceso productivo no depende sólo de la FT, sino también de la FDK.
FT: mercancía con atributos para realizar actividades productivas con determinada calidad/intensidad. TR: proceso activo que el trabajador realiza en inter- acción con medios de producción para generar M’
Después del contrato se produce un desfase que la FDK debe resolver articulando medios adecuados de activación productiva de la FT.
FT se hace capital si la FDK transforma los medios de producción en medios de dirección/explotación del TR de la FT. El terreno de la producción es clave.
La FDK ha de lograr la subsunción del TR en el capital consiguiendo tres óptimos de la FT: en el ajuste a la función, en el ejer- cicio del TR y en la inclinación al TR.
Prácticas de resistencia: expresan re- chazo trabajadores a inclusión en el K.
Estrategia laboral funciona contando con participación de los trabajadores.
Lugar de TR: espacio conflictivo. Prácticas FDK para contener conflicto y quebrar resistencia derivan en necesidad sistermática de control. Control implica coacción y consentimiento. Saber por qué trabajadores se someten a FDK. Estrategia laboral incide sobre trabajadores para que legitimen orden productivo. Atender a procesos psicológicos por los cuales se in- teriorizan las coacciones.
Carácter técnico de la FDK oculta función social
FDK es función de la necesaria explotación de la FT para valorización del K