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el coronavirus desde el punto de vista de Hobbes y Mill
Tipo: Ejercicios
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‘’Thomas Hobbes fue un filósofo inglés, considerado como uno de los fundadores de la filosofía política moderna. Nació el 5 de abril de 1588 y murió el 11 de diciembre de 1679. Este autor estuvo influenciado por autores como Maquiavelo, Aristóteles o Platón” y su obra más destacada es el Leviatán, del que explicare a continuación las ideas principales. (Wikipedia, 2020)
Para Hobbes en el que él describe como estado de naturaleza, todos los hombres son iguales, nadie va por encima de nadie. A ser iguales esto nos haría desear las mismas cosas. Entonces, en este estado el hombre tiene como prioridad su supervivencia, lo que él llama conservación, para esta conservación es necesario, dice, de un cierto autocontrol del hombre, el cual en ocasiones no sería suficiente para cumplir su objetivo, esto le haría ir más allá de su posición defensiva. Es aquí cuando aparece de Hobbes la idea del Leviatán “poder superior capaz de atemorizarlos a todos”, el cual tendría la misión de poner orden a ese Estado de naturaleza del hombre de “todos contra todos” en el que el hombre encuentra un gran sufrimiento al convivir con otros hombres.
Este estado de naturaleza del hombre tiene para el autor tres causas de discrepancia, la gloria, la competencia y la desconfianza. Entonces, sin existir un poder común que controle y atemorice a los hombres, estos se encontraran en una condición de guerra constante, sin garantías que deba hacerse la paz, en el cual la única seguridad individual del hombre será su propia fuerza. Este estado de naturaleza no tenemos que verlo como algo histórico, una época pasada en la que los hombres batallaban unos contra otros, sino como una condición natural del hombre en lo que se refiere a su comportamiento.
Hobbes también nos dice que la justicia y la injusticia únicamente aparece en el hombre cuando este se encuentra en sociedad, nunca en soledad; y que la única posibilidad para escapar de ese estado de guerra constante, reside en la razón y las pasiones del hombre. Estas pasiones inclinarían al hombre a la búsqueda de la paz, siendo una de etas pasiones, el miedo a la muerte. La razón sugeriría normas de paz en forma de acuerdos, los cuales el autor describe como Leyes de la Naturaleza.
Hobbes describe en este apartado un derecho natural del hombre, el cual consiste en la libertad de cada hombre para usar su poder por tal de garantizar la preservación de su vida. Describe también esta libertad como aquella ausencia de impedimentos externos que pueden frenar al hombre en el momento de hacer lo que este quiera.
En el momento de describir una ley natural, el autor nos dice que es una regla general descubierta mediante la razón, la cual prohíbe realizar actos destructivos para la propia vida del hombre y eliminar los medios de conservación. Además, destaca que mientras dure este derecho natural de cada hombre
sobre el hombre, no puede existir seguridad ni garantía de vivir el tiempo que por naturaleza se está destinado a vivir. La primera ley natural para Thomas Hobbes nos explica que cada hombre debe buscar y conservar la paz, refiriéndose a la ley natural de obrar libremente, evitando aquello que dañe la propia vida. En caso de no poder conseguir la paz, nos dice que debemos defendernos cuanto esté en nuestra mano para la preservación de la vida. La segunda ley fundamental nos explica que, para conseguir la paz debemos no hacer uso de un derecho (quitarnos de en medio para que otro disfrute de su derecho original sin impedimento) y contentarnos con la libertad que tengamos en relación a otros hombres. Es aquí cuando Hobbes habla del contrato. Se nos dice que un contrato es una transferencia mutua de un derecho, también llamada pacto o convenio. Cuando esta transferencia no sea mutua, será un regalo y a este lo llamaremos favor.
Hobbes nos explica que estos convenios pueden ser inválidos si se fundamentan en la confianza mutua, cuando entre aquellos acordados surja una razón de sospecha, pero eso solo pasaría en el estado de guerra, ya que en el caso de haber un poder común que obligue a las dos partes acordadas, entonces ese convenio no quedaría anulado. Enlazando esta idea, el autor también nos habla de las circunstancias del fin de un juramento. Dice que las palabras en un convenio son demasiado débiles para obligar a los hombres a cumplirlo. Esta debilidad de las palabras provocaría un miedo a las consecuencias de no cumplir el convenio por una de las partes, por lo que tendría como consecuencia atacar contra la vida. Para acabar cito textualmente una frase del autor “No hay nada que pueda reforzar un convenio de paz frente a las tentaciones de avaricia, ambición, excepto el miedo a ese poder invisible al cual llaman Dios”. (Hobbes, Leviatán, 1651)
En este apartado Thomas Hobbes nos habla de la finalidad de la creación de los estados, la cual sería la propia conservación de los hombres. Dice que no es posible vivir en una sociedad sin Estado que controle a los individuos, ya que, de forma natural el ser humano buscará la auto conservación. En este capítulo habla también de una unanimidad entre los hombres en el momento en que estos tienen un enemigo común, que en caso de desaparecer haría volver a los hombres a la situación de todos contra todos.
Destaca un apartado en el que se compara a la sociedad humana con criaturas irracionales (hormigas). En este se dice que estas criaturas obran para obtener un beneficio común a diferencia de los hombres, los cuales siempre buscan estar unos encima de otros, afectando a su paz y bienestar.
Sobre este título se nos dice que para el autor la libertad significa ausencia de impedimentos, y que ser libre es no verse impedido durante la realización de lo que se tiene voluntad de llevar a cabo. Hobbes dice que cuando un hombre realiza una acción por miedo, lo hace de forma voluntaria, ya que este podría negarse a llevarla a cabo. Estas acciones provendrían de una causa, la primera de las cuales sería la necesidad, acompañada de hacer lo que Dios quiere. Considera la libertad como un derecho público, y además dice que lo que el soberano haga a sus súbditos no puede considerarse injusticia pues el súbdito es autor de lo que el soberano hace.
y congelarla. Al final del día las neveras estaban vacías y no quedaba nada, ello me recordó al estado de naturaleza descrito por Thomas Hobbes, los hombres buscaban la supervivencia individual, buscaban acumular comida para sobrevivir, para aislarse en sus casas el mayor tiempo posible, era una guerra de todos contra todos por ver quién acumulaba los sustentos necesarios para la supervivencia, por miedo a que llegara un día en el que tal vez no hubiera donde comprar. Estas acciones, aunque hayan sido realizadas por miedo son según Hobbes, acciones libres, ya que estas personas podrían negarse a llevarlas a cabo, además, siguiendo las líneas del autor, estos actos provendrían de la necesidad (supervivencia) como causa principal.
Siguiendo con la relación de la teoría de Hobbes, extraída de su libro Leviatán y en lo que hace relación a mis vivencias, el autor nos explica que “para que otro disfrute de un derecho a veces es necesario que otro renuncie a este” (Hobbes, Leviatán, 1651). Esto se me ocurrió al pensar que quizá si la gente renunciara a su derecho de comprar productos alimenticios sin restricciones, es decir renunciase a acumular alimentos y realizar su compra habitual, otra persona podría ir al supermercado y no encontrarse con un escenario de estanterías vacías, faltantes de productos de primera necesidad.
La idea principal de Hobbes en su libro Leviatán es la creación de aquel poder superior y común que controle y atemorice a todos los hombres por tal de protegerlos y romper con ese estado de naturaleza. Encarnando ese “Leviatán” en la forma del soberano o poder político. Este poder sería concebido para garantizar nuestra seguridad colectiva, la educación, la justicia, los castigos y las recompensas. Bien pues como hemos podido ver, el gobierno decreto en España el estado de alarma en todo el territorio. Acción mediante la cual se paraliza al máximo posible el país, manteniendo únicamente los puestos de trabajo esenciales y obligando a la gente a confinarse en sus casas. Todo ello para evitar un colapso del sistema sanitario y un contagio mayor, salvando así el mayor número de vidas posibles.
Podríamos relacionar también aquellos puestos de trabajo que se mantienen a pesar de la pandemia, con aquel capítulo de las funciones del soberano donde Hobbes nos dice que este debe garantizar la prohibición de la vagancia, obligando a los fuertes (quienes pueden trabajar desde casa) a trabajar, así como el mantenimiento de los débiles (aquellas personas que no pueden trabajar desde casa por su tipo de trabajo, por ejemplo, un marmolista). Buen ejemplo de lo último lo encontramos en el caso francés, donde se tomó la decisión d anular las facturas en lo que al gasto energético se refiere, así como un sueldo de (500 euros) al mes mientras dure el confinamiento.
Continuando con la relación de este capítulo, vemos como en el caso español, se cumple a día de hoy aquella función del soberano descrita por Thomas Hobbes sobre la educación. A pesar de las complicaciones, el ministerio de educación ha decidido y sigue adelante, con la propuesta de mantener la continuidad del sistema educativo desde casa, mediante medios digitales.
Por último, continuando con las funciones del soberano descritas por el filósofo inglés, encontramos los castigos y las recompensas. Alrededor del territorio nacional hemos podido observar mediante los noticiarios televisivos como existe un gran número de personas se ha saltado el confinamiento del estado de alarma, poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás al caber la posibilidad de expandir el virus. A día de hoy (25 de abril) según los datos del policía local, Mossos d’Esquadra y guardia urbana, se han impuesto 8.921 denuncias y 19.127 avisos, tan solo en la ciudad de Barcelona (Rivera, 2020). y un total de 926 detenidos y 102.000 denuncias alrededor de toda España. (El País.com, 2020)
Por lo que respecta a las recompensas, no ha habido incrementos salariales (por parte del estado) ni ningún otro beneficio que un simple gesto en forma de ánimos que ya parece decretado como una
obligación de aplaudir a las 20:00 de cada día de la semana a aquellos sanitarios, enfermeros, fuerzas y cuerpos de seguridad y en general todo el personal que lucha día a día contra el terrible virus que a paralizado nuestro mundo.
“J ohn Stuart Mill (Londres, 20 de mayo de 1806 - Aviñón, Francia; 8 de mayo de 1873 ) fue un filósofo, político y economista inglés de origen escocés, representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo. Mill fue un defensor de la libertad individual en oposición al control estatal y social ilimitado, como también defendió la investigación de la metodología científica, y el sufragio femenino.” (Wikipedia, 2020)
Para Mill, el hecho de vivir en sociedad implica recibir una protección de esta sociedad, por lo tanto, debemos dar algo a cambio y jamás perjudicar los intereses de otros, estos intereses serían los derechos. En la educación del hombre se le debe inculcar las virtudes tanto personales como sociales. Además, los seres humanos deben ayudarse en la distinción de lo bueno y lo malo.
Por otra parte, en el momento en que los actos de un individuo puedan perjudicar al resto. Existirá una legitimación por parte del Estado, para la reforma de esa conducta, dando prioridad al interés general. el autor dice que tenemos derecho a actuar cuando nuestra opinión sobre alguien no sea favorable, no para oprimir nuestra individualidad, sino para ejercer la nuestra. Sobre todo, destaca la idea de priorizar el interés general, sometiendo a retribución moral o castigo aquella violación de este interés común.
Cuando se nos habla del comercio, Mill lo define como un acto social, el cual puede ser intervenido por el Estado. Por último, el autor utiliza el ejemplo del Sabbat del judaísmo, para hablar acerca de la suspensión de las ocupaciones. Dice que aquellos que trabajan en lugares extremadamente necesarios para que todo funcione con unos mínimos, es conveniente que obtengan un aumento proporcional a sus ingresos.
Los principios que Stuart Mill plantea para la aplicación del gobierno y la moral son dos modelos o máximas. La primera de estas máximas nos dice que el individuo no debe responder de sus actos ante la sociedad si estos únicamente le afectan a el mismo. Ahora bien, en la segunda de las máximas, cuando las acciones de un individuo puedan ver afectado el interés general en sus consecuencias, entonces este puede ser sometido a castigo legal o social, si la sociedad lo considera necesario para el bienestar social.
Seguidamente el autor hace referencia a los límites de la libertad y hasta donde esta puede ser invadida para la prevención, es decir para la seguridad. Nos dice que se debe evitar el castigo preventivo, pero que sin embargo cabe la posibilidad de intervención antes de que un hecho delictivo se cometa. A continuación, nos dice que es legítimo aplicar castigo a alguien que comete un crimen
de la empresa para la que trabajo (Mercadona). Hay que destacar antes, que las medidas emprendidas por la empresa han sido mayores a las que eran requeridas por el Estado.
La primera semana de decretarse el estado de alarma, únicamente disponíamos de guantes de látex para manipular los productos alimenticios. Estos eran escasos, se racionaban entre los empleados. Teníamos dos tipos, los azules (menos resistentes) y los negros, un poco más resistentes, pero a su vez más escasos. Los azules se rompían constantemente y había que cambiarlos a todas horas, además durante esa primera semana únicamente disponíamos de esa medida de protección contra el virus. A parte de ordenes explícitas de no fichar las horas de entrada y salida, ya que el fichero es digital y funciona con huella dactilar, por lo que existía un riesgo de contagio al poner el dedo donde todos lo ponían.
A la siguiente semana las medidas aumentaron. Se nos dio una mascarilla típica de quirófano, para nuestra seguridad. Esta nos tenía que durar una semana, lo cual es entendible a trabajadores de media jornada, pero a aquellos que trabajaban en los sectores de la pescadería o el almacén daba sensación antihigiénica ver sus mascarillas sucias tras unos pocos días. Además de esto el horario de apertura y cierre cambio de 8:00 a 19:00 y empezamos a tener visitas diarias de los Mossos d’Esquadra, así como uno o varios agentes de seguridad controlando la entrada del establecimiento. Ello me recordó a aquella mención que hace Mill en el capítulo de Aplicaciones, acerca de las mercancías de privilegio. Nos dice que aquellos lugares de esparcimiento público donde se encuentren estas mercancías necesitan un control de la policía, por lo tanto, una seguridad. Al decretarse el estado de alarma, lo productos alimenticios, es decir de primera necesidad, así como el tan preciado papel higiénico, los geles desinfectantes o los guantes de látex se convirtieron en “Mercancías de privilegio” y por lo tanto, de acuerdo con Mill, necesarias de una protección.
Por lo que se refiere a los horarios de apertura y cierre, que he comentado anteriormente. Mill también hace referencia a este recurso, diciendo que aquellos lugares donde se vendan esas mercancías de privilegio, es necesario que se restrinjan sus horarios a el tiempo determinado para su vigilancia. (Mill, Aplicaciones, 1859)
En la última semana las medidas han aumentado hasta lo que yo considero su máximo nivel. A parte de tener un guarda de seguridad en la entrada, otro compañero de la tienda (en ocasiones yo mismo) se encarga de saludar a los clientes y darles unos guantes de plástico antes de entrar en la tienda, independientemente de si llevan ya unos puestos. Además, e aforo es limitado, para garantizar así las distancias de seguridad. Continuando con estas distancias, se han establecido líneas que marcan la separación adecuada entre las personas cuando estas tienen que hacer cola; en la entrada y salida del supermercado, así como en las cajas se encuentran diferentes dispensadores de gel desinfectante para garantizar la desinfección de las manos de todos los clientes que lo deseen sin coste alguno.
Mercadona ha intentado garantizar la máxima seguridad, por ello además de todas las medidas mencionadas, cada día tenemos a nuestro servicio un equipo de desinfección que limpia y desinfecta tanto las cajas como los vestuarios. Bien tal vez esto de “equipo de desinfección” suene muy profesional, pero la verdad es que simplemente son dos o tres tíos limpiando con trapo y espray desinfectante rosa, aunque ciertamente no es necesario mucho más. Por último, las cajas abiertas a la venta al público cuentan con dos pantallas de plástico (una delante y otra detrás) para evitar el contacto frente a frente con cliente-empleado.
Aun así, tras imponer todas estas medidas de seguridad ya son 23 bajas en mi supermercado la mitad por motivos de salud ajenos por coronavirus, otros en aislamiento y dos casos confirmados. La empresa realizó en nuestro establecimiento dos de los tan famosos test, los cuales dieron los dos positivos. A día de hoy no hemos recibido ninguna otra prueba médica más, sin embargo, contamos con un servicio de atención al trabajador donde si presentamos síntomas, rápidamente nos realizan un seguimiento médico y podemos darnos de baja sin ningún problema.
Para acabar con Mill, haciendo referencia al comercio, su postura es liberal. Sin embargo, tal y como nos dice en el capítulo V sobre la libertad “Aplicaciones”. Habla de la justificación del Estado a imponer restricciones ya exigir garantías cuando aquellas mercancías que son necesarias se fomentan en exceso, o su venta se ve tergiversada por los comerciantes. Los comerciantes, según dice Mill, tendrían interés en fomentar el exceso, así como realizar acciones para la obtención de un beneficio individual mayor.
La idea de que los comerciantes tengan ese interés de beneficio la vemos reflejada en la actualidad con los productos de sanidad categorizados como anti coronavirus. Tales productos serían: mascarillas de filtración de aire, guantes de látex, gel desinfectante de manos y otro tipo de material sanitario como los respiraderos. De acuerdo con las ideas de Mill explicadas en el párrafo anterior, vemos como el Estado ha optado por una intervención de estos productos, regulando su compra venta, así como fijando una serie de precios, para que puedan ser alcanzables a todo el mundo.
Desde mi experiencia en el supermercado, puedo decir que estas instrucciones se cumplen, puesto que la compra de estos productos está regulada por el propio personal de la tienda. Si cualquier persona desea adquirir uno de estos productos sanitarios mencionados anteriormente (mascarillas, guantes y gel desinfectante) deberá pedirlo al personal de la tienda (concretamente a la sección de perfumería) donde se suministrarán una caja de guantes o un bote de gel desinfectante por persona o familia.
En un contexto de Pandemia a nivel mundial, donde los principales países europeos se ven sumidos en un estado de emergencia que provoca una situación de aislamiento, lo primero que pensamos es que significa ahora mismo mantener la seguridad.
Desde mi punto de vista queda bien claro que, ante todo, la prioridad es contener el virus, para frenar su expansión y evitar un colapso del sistema sanitario. Pero lo tanto, haríamos una mención a aquella idea de Mill de mantener el interés general por encima del individual. Entonces, es cierto, estamos frenando el virus a toda costa, estamos aumentando nuestra seguridad en forma de salud. Sin embargo, hay algo que debemos tener en cuenta. No debemos encerrarnos en la limitación del concepto de seguridad, a aquella seguridad de vida o muerte. Debemos mirar más allá. Con esto me refiero a que debemos tener en cuenta otros tipos de seguridad: seguridad de empleo, familiar, social, climática. Todos estos aspectos han pasado a un segundo lugar.
¿Alguien se ha parado a pensar en aquellas mujeres que sufren maltrato y que en estos momentos deben pasarse confinadas en sus casas con sus maltratadores? Yo sí, según los datos del diario El País, “las llamadas al 016 por violencia machista aumentan un 18% durante el estado de alarma en España.” (El País). De igual forma debemos preocuparnos por aquellos niños que sufren maltrato por parte de sus padres o madres.