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Tipo: Resúmenes
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Cárdenas Alegría, Berenice Minchola Segovia, Anamilé ASESOR Cortez Maldonado, William Lima - Perú, 2025
A los estudiantes del Perú, cuya diversidad cultural inspira el compromiso por una educación más inclusiva. A mi hijo Valentino, por ser mi motor y mi mayor orgullo. A mi esposo Arthur, por su apoyo constante, su paciencia y su amor inquebrantable. Y a mí misma, por la perseverancia, la disciplina y la fuerza que me permitieron llegar hasta aquí. Anamile Minchola Segovia A la memoria de mi querida mamá Martha Alegría, cuya fortaleza, enseñanzas y ejemplo guiaron mi vida personal y profesional. Su ausencia física nunca apagó la luz que dejó en mí. A mis hijos Camilo y Leao, inspiración constante de mi esfuerzo y motivo para seguir superándome cada día. A mi propio esfuerzo, por sostenerme en los momentos difíciles y permitirme llegar hasta aquí. Berenice Cárdenas Alegría
Reconocimiento de la diversidad cultural Equidad e inclusión PERSONAL SOCIAL Construye su identidad Convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común Construye interpretaciones históricas Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente Gestiona responsablemente los recursos económicos METODOLOGÍA Diseño Participantes Instrumentos Procedimientos Análisis de resultados Discusión CONCLUSIONES REFERENCIAS
cambio de las prácticas educativas tradicionales. Es por ello, que muchas instituciones educativas se muestran reacios al cambio de estrategias debido a la pereza cultural que antepone una estricta visión del currículo con contenidos idénticos y universales sobre enfoques contextuales y diversificados (Abramowski y Sorondo, 2023). Esta pedagogía conservadora dificulta el trabajo docente a una pedagogía moderna que se adecue a nuevos modelos de enseñanza que respondan a la pluralidad cultural, haciendo difícil el impacto del enfoque intercultural (Aguilera-Valdivia, 2023). También se evidencian los desafíos en la evaluación de las competencias interculturales en los estudiantes. En estos tiempos, el sistema educativo peruano tiende a valorar el aprendizaje de forma homogénea, sin tomar en cuenta las diferentes culturas y lenguas que puedan ayudar en el desarrollo del estudiante (Ccencho, 2022). El tipo de evaluación estandarizada no percibe el desarrollo de habilidades interculturales, como la empatía, el respeto por lo diverso o la capacidad de diálogo con otras culturas, lo que dificulta una supervisión adecuada de los avances en esta área (Quispe y Rojas, 2023). Otro punto a tener en consideración, es sobre las familias y las comunidades para enseñar valores interculturales. En algunas comunidades, los padres de familia tienen opiniones inoportunas sobre otras culturas, lo que hace difícil el desempeño docente para fomentar el respeto y la valoración de la diversidad (Zapata, 2022). El escaso apoyo de las familias acrecienta problemas y confusión en los estudiantes, que son los que adquieren una idea equivocada sobre la importancia de la interculturalidad. Es por ello, que se requiere una mayor cooperación de las escuelas y las familias para consolidar una educación intercultural coherente y efectiva (Garreta-Bochaca, et al., 2022). La relación del enfoque intercultural con el área de Personal Social en la educación primaria es fundamental para moldear ciudadanos comprometidos, críticos y respetuosos de la diversidad cultural. Este enfoque impulsa una educación que reconozca y valore las distintas identidades culturales presentes en el aula, promoviendo un aprendizaje inclusivo y una convivencia democrática (UNESCO, 2021). Sin embargo, su implementación enfrenta diversos desafíos que limitan su efectividad y comprensión, como la brecha entre las políticas educativas y su aplicación real en las aulas, lo que demuestra la necesidad de fortalecer la formación docente en competencias interculturales y de ofrecer recursos pedagógicos pertinentes que reflejen la diversidad cultural del país (Ramos-Merino et al., 2024). A ello se suma la resistencia al cambio y la
persistencia de prácticas educativas tradicionales que dificultan la adopción de metodologías más inclusivas, así como la falta de evaluaciones adaptadas y de investigación empírica que permitan monitorear el desarrollo de este enfoque (Murillo et al., 2020). En este contexto, el área de Personal Social cumple un papel clave al integrar los principios de la educación intercultural, ayudando a los estudiantes a comprender y valorar su propio patrimonio cultural y el de sus compañeros (Vargas & Quispe, 2024). Además, fomenta competencias socioemocionales como la empatía, la tolerancia y la resolución de conflictos, esenciales para una convivencia armoniosa y el fortalecimiento de la dinámica escolar (Sharma, 2020). Por ello, es indispensable promover estrategias integrales y colaborativas que involucren tanto a la escuela como a las familias y comunidades, garantizando una educación que celebre las diferencias, respete las identidades y contribuya a la formación de una ciudadanía democrática, plural y solidaria (Ccencho, 2022). Otro aspecto importante con respecto a la relación del enfoque intercultural y el área de personal social es el apoyo de la participación y responsable de los estudiantes en su comunidad. Al integrar su rol en la sociedad y su responsabilidad hacia el medio ambiente y los recursos económicos, los niños se convierten en agentes de cambio (Larico y Segura, 2023). Este acuerdo es muy importante para el crecimiento sostenible y el bienestar social, ya que los proyecta para ser ciudadanos responsables que contribuyan al progreso de su entorno. Este enfoque admite que los estudiantes reconozcan y valoren la diversidad, ayudándoles a comprender que cada cultura aporta conocimientos y perspectivas únicos (Montaluy et al., 2022). Esto no solo beneficia su aprendizaje, sino que también impulsa una sociedad más equitativa y justa, donde se respeta la pluralidad cultural, además que también conduzca a educadores y responsables de políticas educativas que establezcan entornos de aprendizaje inclusivos y significativos, brindando herramientas prácticas que pueden ser utilizadas en la enseñanza (Jimenez y Abril, 2024). Asimismo, la idea de interculturalidad y educación intercultural apareció en las ciencias sociales de América Latina durante la década de 1970, basándose en el análisis de las dinámicas entre las comunidades indígenas y no indígenas. En este contexto, la interculturalidad en la región se encuentra inherentemente ligada a los desafíos que enfrenta la población indígena en América Latina (López et al., 2021). La interculturalidad no se manifestó de forma imprevista, todo ello surge como respuesta de
desarrollo de competencias socioemocionales en los estudiantes, mejorando no solo su desempeño académico, sino también su capacidad para enfrentar conflictos y colaborar con otros (Sharma, 2020). Por todo lo mencionado se tiene la siguiente interrogante: ¿Cómo se relaciona el enfoque intercultural con el área de Personal Social en los niños del nivel primario? Esta pregunta se da por la necesidad de entender de forma más profunda cómo es que los contenidos y metodologías adaptadas dentro del aula pueden ayudar a una formación intercultural en los niños, afectando inmediatamente en su desarrollo social y personal (Meneses et al., 2020). Los primeros años dentro de la escuela son importantes para la creación de actitudes que durarán toda la vida (Osnas y Quintero, 2021). De este modo, el área de Personal Social es una oportunidad para constituir el enfoque intercultural en la enseñanza. Mediante este enfoque, se promueve una comprensión extensa y respetuosa de la diversidad cultural desde edades muy tempranas, lo que ayuda a que los niños desarrollen actitudes inclusivas y solidarias. Por lo que, la relación entre la interculturalidad y el área de Personal Social busca identificar una comunidad más unida y justa, donde a través de las distintas capacidades, competencias y desempeños que están dentro del Currículo nacional de educación básica (CNEB), nos ayuda como guía para poder guiar a los estudiantes de una forma más organizada (Tomalá y Vera, 2022). Estas competencias son: Construye su identidad, Convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común, Construye interpretaciones históricas, Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente y Gestiona responsablemente los recursos económicos (MINEDU, 2016). ENFOQUE INTERCULTURAL EN LA EDUCACIÓN El enfoque intercultural en la educación se entiende como una perspectiva pedagógica que reconoce la diversidad cultural como una condición inherente y legítima de los entornos escolares, situando lo cultural como eje central de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Este enfoque “reconoce la diversidad cultural como normalidad desde un compromiso con la equidad y la justicia social”, promoviendo la valoración de lenguas, cosmovisiones e identidades como recursos educativos y no como obstáculos para el aprendizaje (Matarranz y Aguado Odina, 2025). De este modo, plantea metodologías activas, diálogos horizontales e intercambio entre culturas en igualdad de condiciones, así como procesos reflexivos que cuestionen estereotipos y relaciones de
poder presentes en la escuela (MINEDUC, 2024). En la práctica educativa, ello se refleja en ambientes que incorporan saberes comunitarios, participación estudiantil en la construcción del conocimiento y la integración del enfoque intercultural en el currículo. A su vez, implica eliminar barreras culturales y lingüísticas, reconocer el derecho de los estudiantes a participar culturalmente y promover competencias interculturales en docentes y alumnos (Adili et al., 2024). A nivel internacional, el enfoque intercultural ha adquirido importancia por su aporte al respeto, la convivencia pacífica y el reconocimiento de la diversidad en sociedades cada vez más globalizadas, afectadas por procesos de migración, movilidad laboral y transformaciones socioculturales aceleradas (Clavijo et al., 2020). Frente a estas dinámicas, diversos sistemas educativos han asumido el compromiso de construir entornos inclusivos, equitativos y culturalmente pertinentes, integrando políticas que garanticen la participación y los derechos de todos los estudiantes (Véliz, 2020). Países como Canadá, Finlandia, Nueva Zelanda, México y diversas naciones de la Unión Europea han implementado programas bilingües e interculturales orientados a revitalizar lenguas originarias, integrar a poblaciones migrantes y fortalecer la cohesión social mediante prácticas pedagógicas respetuosas de la identidad cultural (Socorro y Reyes, 2020). En este sentido, la educación intercultural busca otorgar a los estudiantes las competencias necesarias para desenvolverse en una sociedad plural y global, promoviendo igualdad de oportunidades y ciudadanía activa (Pérez et al., 2023). En el Perú, este enfoque es sumamente importante por la diversidad cultural y étnica, ya que se tienen numerosas lenguas indígenas y tradiciones culturales, por lo que se han implementado políticas educativas para difundir nuestra pluralidad cultural específicamente en las regiones indígenas (Bermejo et al., 2020). Debido ello, el Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB) añadió el “Enfoque Intercultural” como uno de los principios base que guían este proceso educativo, en donde a parte de limitarse a las comunidades indígenas, también fomenta la convivencia pacífica entre diversas culturas y el respeto mutuo (Torres, A. 2022). El currículo estimula a que los estudiantes conozcan, reconozcan, valoren y respeten la diversidad e identidad cultural y patrimonial de nuestro país. El enfoque intercultural en el marco educativo peruano es sumamente importante para promover el respeto y la valoración de la diversidad cultural desde la infancia. En el área de Personal Social, se incentiva el desarrollo de capacidades que
El reconocimiento de la diversidad cultural en la educación se define como la capacidad del sistema educativo y de sus actores para reconocer, valorar y respetar las múltiples formas de vida, lenguas, cosmovisiones, prácticas y saberes que conviven al interior de la escuela y su entorno (Fatima et al., 2024). Este reconocimiento supone que la diferencia cultural ya no se vea como un desafío o déficit, sino como un recurso enriquecedor para el aprendizaje y la convivencia democrática (Thijs, 2025). Entre sus características destacan: primero, el reconocimiento explícito de identidades culturales diversas, de modo que cada estudiante se refleje en el currículo, los materiales, las prácticas pedagógicas y la cultura institucional; segundo, la tolerancia de espacios de diálogo horizontal entre culturas, sin jerarquías culturales que devalúan unos saberes sobre otros; tercero, la introducción de políticas y prácticas inclusivas que modifiquen los ambientes de aprendizaje para hacerlos sensibles a la pluralidad (Semião et al., 2023). Esto se manifiesta específicamente cuando las instituciones incorporan la participación activa de estudiantes y familias de diferentes procedencias culturales, integrando contenidos y referentes culturales diversos y evaluando su clima institucional en términos de receptividad hacia la pluralidad (Fatima et al., 2024). Además, la participación de familias de contextos culturalmente y lingüísticamente variados en el proceso escolar ha sido clave para prácticas más inclusivas y mejores resultados socioemocionales del alumnado (Corres-Medrano et al., 2022). En el aula, se permite que los estudiantes usen su lengua de origen como parte del proceso de aprendizaje, al organizar actividades que visibilizan tradiciones culturales distintas, y al fomentar actitudes de respeto mutuo, curiosidad y colaboración entre grupos culturales (Dhungana, 2023). En suma, la identificación de la diversidad cultural en la educación no es simplemente un principio ético, sino una práctica activa que modifica las relaciones educativas, potencia el aprendizaje inclusivo y promueve una ciudadanía intercultural. Además, el reconocimiento de la diversidad cultural en la educación implica transformar las prácticas pedagógicas tradicionales hacia enfoques que consideren las experiencias, conocimientos y contextos socioculturales de todos los estudiantes. Recientes investigaciones manifiestan que cuando los docentes integran metodologías culturalmente pertinentes como proyectos basados en la identidad local, narrativas comunitarias o materiales bilingües los niveles de motivación, participación y rendimiento académico aumentan considerablemente (Anyichie et al., 2023). Asimismo,
se ha verificado que la promoción de interacciones colaborativas entre estudiantes de distintos orígenes ayuda a reducir prejuicios y reforzar habilidades socioemocionales como la empatía, la escucha activa y la resolución pacífica de conflictos. Estas prácticas pedagógicas se integran con evaluaciones relacionadas a la diversidad cultural, reconociendo diferentes formas de demostrar el aprendizaje (Markey, 2021). En simultaneo, estudios internacionales mencionan que las escuelas que fomentan un clima positivo de diversidad cultural logran no solo disminuir la discriminación, sino también elevar la percepción de pertenencia escolar, especialmente en estudiantes migrantes o pertenecientes a minorías culturales (Mera-Lemp et al., 2025). Asimismo, la consolidación del reconocimiento de la diversidad cultural requiere un compromiso institucional, que abarque desde la formulación de políticas inclusivas hasta el desarrollo profesional docente continuo. Diversos estudios manifiestan que los programas de capacitación en competencias interculturales permiten que los docentes reconozcan sus propios sesgos culturales, adopten una perspectiva más crítica sobre la equidad y tomen decisiones pedagógicas inclusivas en el aula (Deguara, 2025). A nivel de políticas educativas, organismos internacionales recomiendan añadir estándares interculturales dentro del currículo nacional, de manera que las escuelas estén obligadas a considerar la pluralidad cultural como eje de planificación, evaluación y convivencia escolar (Carney, 2022). De igual modo, investigaciones recientes indican que el liderazgo directivo cumple un roil importante generarando condiciones institucionales favorables, como protocolos contra la discriminación, espacios de participación para familias culturalmente diversas y redes de apoyo para estudiantes en riesgo de exclusión (Valdés, 2022). Equidad e inclusión La equidad y la inclusión en la educación se pueden describir como la combinación de principios y prácticas que garantizan que cada estudiante tenga la oportunidad de lograr su máximo capacidad, recibiendo los apoyos, recursos y adaptaciones indispensables, sin que sus condiciones socio-económicas, culturales, lingüísticas, de género, discapacidad o de otro tipo generen impedimentos estructurales para su aprendizaje (OECD, 2023). Este enfoque supera la igualdad de trato —dar lo mismo a todos e implica un ajuste consciente a las diferencias y necesidades individuales (Oxford-Review, 2024). Entre sus principales cualidades se encuentran: el acceso
escuela debe fortalecerse como un espacio seguro en donde prime el respeto por la diversidad en la vida diaria y no únicamente en los discursos institucionales. El impulso efectivo de la equidad y la inclusión en educación exige no solo políticas redistributivas y marcos normativos, sino una ejecución sostenida que articule recursos, formación docente y sistemas de rendición de cuentas para reducir las desigualdades estructurales que afectan el acceso y el aprendizaje (UNESCO, 2020). En la práctica, esto se traduce en priorizar la inversión en escuelas y docentes que atienden contextos vulnerables, junto con mecanismos de financiamiento que sean sensibles a la diversidad de necesidades de los estudiantes (OECD, 2023). Además, la evidencia reciente subraya que los enfoques inclusivos requieren paquetes de apoyo integrados que combinen adaptaciones curriculares, tecnologías accesibles y servicios intersectoriales para garantizar la participación y el progreso educativo de niñas, niños y jóvenes con discapacidades u otras barreras (World Bank, 2021). Finalmente, la sostenibilidad de estos cambios depende de estrategias de gobernanza que involucren a familias y comunidades, del fortalecimiento de políticas públicas basadas en evidencia y de marcos de derechos que normalicen la inclusión como un imperativo de justicia social y no solo como una práctica puntual (UNICEF, 2022). PERSONAL SOCIAL El área de Personal Social en educación primaria se define como aquella disciplina curricular cuyo objetivo es aportar al desarrollo integral del estudiante como persona autónoma y actor social idóneo, de modo que despliegue su potencial y participe activamente en la comunidad (Ministerio de Educación del Perú [MINEDU], 2021). Entre sus características más importantes destacan: en primer lugar, el énfasis en la construcción y afirmación de la identidad personal, mediante el conocimiento, valoración y gestión consciente de las propias emociones, capacidades y condiciones culturales (MINEDU, 2021). En segundo lugar, la promoción de la convivencia democrática y la participación ciudadana, entendidas como capacidades para vincularse con otros, asumir deberes, ejercer derechos y colaborar por el bien común (MINEDU, 2023). En tercer lugar, la articulación de cinco competencias clave: “Construye su identidad”, “Convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común”, “Construye interpretaciones históricas”, “Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente” y “Gestiona responsablemente los recursos económicos” (Guía docente, 2023).
El área de Personal Social, además, está basado en enfoques pedagógicos que combinan el desarrollo personal y la ciudadanía activa, de tal forma que las experiencias de aprendizaje no sea sólo la transmisión de contenidos, sino que integren reflexión sobre la vida diaria, los vínculos con la comunidad y la toma de decisiones éticas. Diversos estudios y documentos curriculares mencionan que esta área enlaza situaciones significativas ligadas a problemas sociales reales, en las que el estudiante analiza su realidad, dialoga con otros y propone acciones para el bien común (Matias Fuentes, 2021). En esta línea, la planificación mediante unidades didácticas en Personal Social permite organizar secuencias de actividades que incluyen temas como identidad, normas de convivencia, participación ciudadana y cuidado del entorno, apoyando la construcción de competencias ciudadanas desde los primeros grados (Fernández Taipe, 2022). Según lo antes mencionado, ésta presente investigación tiene como objetivo general determinar la relación entre el enfoque intercultural y el área de Personal Social en los niños del nivel primario, teniendo en cuenta la importancia de ambos componentes en la formación integral y ciudadana de los estudiantes. El propio Programa Curricular de Educación Primaria del MINEDU menciona que el área responde a la necesidad de formar ciudadanos democráticos, críticos y solidarios, capaces de entender su realidad y transformarla de manera responsable, lo que refuerza el carácter articulador y transversal de esta área en la Educación Básica Regular (Ministerio de Educación del Perú, 2016). Desde el punto de vista metodológico, el área de Personal Social se caracteriza por promover estrategias activas y vivenciales, que posicionan al estudiante como protagonista de su propio aprendizaje. La literatura reciente señala que enfoques como el aprendizaje basado en el movimiento, el juego y la experiencia corporal favorecen el desarrollo integrado de dimensiones personales, sociales, afectivas y artísticas, mejorando el rendimiento académico y las habilidades socioemocionales en primaria (Orellano Olazábal, 2024). Además, las revisiones sistemáticas sobre competencias socioemocionales en educación básica sugieren utilizar actividades colaborativas, dramatizaciones, estudios de caso y proyectos de servicio comunitario que autorizan a los niños practicar la toma de perspectiva, la cooperación y la responsabilidad social en situaciones concretas (Muñoz et al., 2025). En el caso específico del área de Personal Social, se ha demostrado que la incorporación del juego como táctica didáctica permite la comprensión de normas, valores y roles ciudadanos, al mismo tiempo que incrementa la
Competencia construye su identidad La competencia construye su identidad es un enfoque pedagógico intercultural que permite a los estudiantes desarrollarse en un ambiente inclusivo, donde la pluralidad cultural se percibe como una fortaleza que contribuye a la formación de una identidad más rica y compleja. Así mismo, esta competencia implica la capacidad de reconocerse a sí mismos en función de sus raíces culturales, comprender y aceptar la diversidad que los rodea (Castro y Chipana, 2022). Además, señala el interés de constituir enfoques interculturales en los primeros años de la educación para garantizar que los niños entiendan su identidad en términos culturales y desarrollen una mayor capacidad para poder relacionarse y colaborar en sociedades multiculturales (Vera, 2020). De esta forma, se resalta que la competencia de construir la identidad está estrechamente vinculada con el reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural, de tal forma que fortalece el conocimiento cultural, contribuyendo a la autoestima y al autoconcepto, aspectos importantes para la construcción de la identidad (Sánchez, 2020). Igualmente, la relación entre el enfoque intercultural con la competencia de construye su identidad en los niños del nivel primaria, busca implementar este enfoque en las instituciones educativas, logrando que los estudiantes desarrollen una identidad más fuerte, ya que favorece el autoconocimiento y el respeto por los demás (Minga, 2022). Aunado a ello, es importante mencionar que la identidad cultural no solo se crea del entorno, sino también mediante la interacción con las culturas, lo que fortalece en los estudiantes el sentido de pertenencia y reconocimiento (Huarancca, 2022). Por otra parte, se destaca que este enfoque potencia el desarrollo personal de los estudiantes y además ayuda al reforzamiento de la convivencia pacífica y democrática. De esta forma, la relación entre el enfoque intercultural y la competencia de construcción de la identidad en los estudiantes del nivel primario es importante para tener ciudadanos que entiendan y aprecien la diversidad cultural desde edades tempranas, lo que afecta positivamente tanto en el ámbito personal como en el colectivo (Moyolema, 2022). Es por ello que considerando lo antes mencionado, el presente estudio tiene como objetivo específico determinar la relación del enfoque intercultural con la competencia “construye su identidad” en los niños del nivel primario. Esta competencia desempeña un rol importante para que los estudiantes empiecen a reconocerse a sí mismos y sus raíces culturales, sociales y personales. Desarrollando esta competencia, los niños tienen un
autoconcepto más fuerte y una autoestima que favorece su participación activa en el aula y en la comunidad (Arroyo, 2021). Algunos estudios demuestran que los proyectos centrados en fortalecer la identidad cultural en estudiantes de nivel primario potencian su sentido de pertenencia y favorecen la valoración de su contexto (Arroyo, 2021). Además, el documento curricular nacional del país posiciona esta competencia como primordial en el nivel básico, bajo el eje del “construirse como persona” (MINEDU, 2016). Esta orientación implica que se reconozcan características propias, regulen sus emociones y participen con confianza en diferentes grupos sociales. En este sentido, la interacción con la diversidad cultural ya presente en muchos contextos escolares contribuye a que la identidad se entienda como construcción dinámica, más allá de la asimilación pasiva de valores. Los niños, al comprender sus raíces culturales y dialogar con otras culturas, amplían su marco de referencia personal y social, lo que les permite verse valorados y dignos de participación plena. Así, la construcción de identidad en la primaria no es un proceso aislado de autoestima, sino que se articula con la diversidad cultural, el reconocimiento del otro y el trabajo colaborativo en ambientes interculturales. Incluir espacios de reflexión, tareas que involucren la familia, la comunidad y actividades que integren el patrimonio cultural local, favorece que los estudiantes experimenten su identidad como algo activo y compartido (Vargas 2014). De este modo, la competencia “construye su identidad” se convierte en un eje educativo integral que articula lo cognitivo, lo afectivo y lo social desde edades tempranas. Asimismo, resulta esencial considerar que esta competencia no se construye únicamente en aulas aisladas, sino mediante la interacción sistemática con el entorno comunitario y cultural de los niños. Cuando los estudiantes participan en actividades que reconocen sus raíces locales y promueven la pluralidad cultural, se fortalece su identidad personal y colectiva (Arroyo, 2021). En estudios recientes se evidencia que la empatía del estudiante y su capacidad de ponerse en el lugar del otro se relaciona de forma significativa con el logro de la competencia “construye su identidad” en primaria (Salas, 2022). Competencias convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común La competencia convive y participa democráticamente ayuda a la creación de ambientes inclusivos donde los estudiantes aprenden a apreciar la diversidad y a implicarse de manera activa y democrática (Farfán, et al., 2023). De modo tal, que el