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Asignatura: Literatura Hispanoamericana: del Descubrimiento a la Independencia, Profesor: Paloma Jiménez del Campo, Carrera: Español: Lengua y Literatura, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
Subido el 08/10/2017
3.4
(46)39 documentos
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A lo largo de la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” Hernán Cortés establece tratos, relaciones, traiciones y amistades con un elevado número de personajes. Los nativos de esas novedosas tierras, las generaciones de emperadores mexicas de Guatemocín y Montezuma, sus propios hombres – donde tendrá detractores y aliados por igual – además de cronistas como Gómara o Illescas. En este trabajo se pretende reconocer a qué llegaron esos vínculos y cómo trascendieron en la conquista de los territorios indígenas. La imagen que estas entidades labraron de Cortés es esencial para entender el texto con total plenitud.
Tras las expediciones infructuosas de Grijalva y Hernández de Córdoba, que son repelidas por indios aguerridos en varias ocasiones, Velázquez decide crear una tercera. Cortés será quien la comande. Sus propósitos dictan muy distantes de lo encomendado por el gobernador de Cuba, quien ordena rescatar y no poblar, “ porque secretamente el Diego Velázquez mandaba a rescatar y no poblar, según las instrucciones que dello dio”. Acción lógica y cautelosa; dado que para el segundo menester se necesita algún bastión previo como eje urbano, provisiones suficientes para abastecer a sus ciudadanos, gentío que resida, organizaciones y leyes que velen por lo justo e incluso conocer los terrenos para trazar un sistema de cultivos para alimentarse - circunstancia harto azarosa ya que con el calor y la sequedad no trabajaban bien el plantío, puesto que estaban acostumbrados a una labranza de interior. La ambición desmesurada de Cortés, unido a su dinamismo y carácter aventurero harán que se gane principal enemistad con Velázquez, “se entera de la maniobra e irritado decide organizar contra Cortés una amada, nombrando como capitán a Pánfilo de Narváez”. Al ser hombre de acción, ansiaba conquistar y descubrir nuevos hallazgos. Él pretendía agilizar el proceso de exploración adentrándose en el corazón de México y no con el cabotaje que previamente se había hecho. Tras desobedecer las órdenes dadas por su superior, más adelante se enviaría a Narváez para traerlo preso y ajustar cuentas por su desacato. No obstante; Cortés soborna a Duero y Lares, quienes son secretario y tesorero respectivamente, para que den el visto bueno al zarpar cuanto antes. A bordo del «San Sebastián» llegan hasta Cozumel y Cotoche. Con esta treta se comienza atisbar cuan ladino y taimado es el de Medellín.
Tras la victoria en estos territorios, no exenta de masacre, los indígenas comienzan a ver a los españoles como «teules». Término que los sitúa entre un híbrido de humanos y dioses. Gracias al uso de arcabuces y caballos logran ganar, “acuérdome que cuando soltábamos los tiros, que daban los indios grandes silbos e gritos y echaban pajas y tierra en alto porque no viésemos el daño que les hacíamos”. El sonido de la mortífera pólvora al estallar les hace retroceder y los equinos les permiten sitiarlos desde diferentes flancos para luego avasallarlos. A pesar de ser un número mayor de contendientes fracasan al defender su tierra, esto lo comentan Ordás y Bernal cuando les ven aterrados - pero aún con las armas en mano - en retaguardia. Este triunfo les hace creer a los indios que sus enemigos son inmortales por lo que deponen su belicosidad. El objetivo inicial de Cortés era evangelizar y convertirlos al dogma del cristianismo, “y les declaramos con Aguilar, lo mejor que Cortés pudo, las cosas tocantes a nuestra santa fe, y cómo éramos cristianos y adorábamos a un solo Dios verdadero”. Pero los habitantes de Cotoche y Cozumel temen a sus deidades tanto como su parte anversa a Dios. Aunque derrocaran varios de sus ídolos paganos, no consiguen con efectividad instaurar sus doctrinas. En este entonces nace el germen de la duda en los indios; en si de verdad todo cuanto su cultura propugna es real o no, en si deben someterse a sus vencedores y acatar sus designios e incluso en rendirles total pleitesía cavando pozos para que beban y, dotándoles de cabañas para que pernocten y alimentos que los nutran. Son prácticamente constantes las alusiones por parte de
Cortés y su ejército a algún miembro de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) con cada conquista que enarbolan.
Por otro lado, Díaz del Castillo es capaz de romper con las descripciones idílicas y casi mitológicas que los cronistas Gómara, Illescas o Jovio plantean de Cortés. No dudando en compararlo con Pompeyo, César, Gonzalo Hernández o Aníbal, “más bien se parece que el Gómara fue aficionado a hablar tan loablemente del valeroso Cortés. Tenemos por cierto que le untaron las manos”. Sus cualidades son las de un excelso estratega y un diestro espadachín, atributos adulterados hasta el extremo por los pagos que hizo la familia de Hernán a estos escritores citados. Cabe destacar que la veracidad de estas hiperbólicas alusiones es cuestionable en grado sumo por que ellos no estuvieron delante de la realidad que se presentaba como pudieron hacerlo los propios soldados que comandó el retratado. Por lo tanto el bucolismo heroico, esforzado y valeroso queda en el ámbito literario. Hombres como Enríquez, Sandoval, Alvarado u Olid demuestran el bravío español blandiendo las espadas y derrocando indios, “¿cómo tienen tanto atrevimiento y osadía de escribir tan vicioso y sin verdad?”. Con los defectos y virtudes de cualquier español de la época. Incluso se tilda de bárbaros y sanguinarios a los militares que someten a los indios. Ni siquiera Atila obrando tan marcadas y crueles muertes. El objetivo en esta maniobra es el propagandística, para cuando vuelva Cortés a Castilla remitir los prodigios que allí llevase a cabo y por supuesto para tener una cuantiosa recompensa por los servicios prestados al rey-emperador.
Será gracias a Aguilar y Marina como se agilicen los trámites de vertebrar y convertir la ignota América en Nueva España. El primero es víctima de un naufragio sufrido hará años, lo cual le obliga a convivir con los indígenas. De modo que adopta usos, costumbres y tradiciones para preservar la vida. Él conoce su lengua tan bien como la suya propia, “ Jerónimo Aguilar sabía la de Yucatán y Tabasco, que es toda una; entendíanse bien, y Aguilar lo declaraba en castellano a Cortés; fue gran principio para nuestra conquista ”. Decide volver con la armada de sus compatriotas para sí limpiar su alma de pecado y no condenarla al fuego eterno - metáfora a la que alude fray Olmedo para disuadir a lo mexicas y que estos cejen en sus adoraciones politeístas. La Biblia condena todo tipo de práctica sodomita, herética, caníbal y blasfema. Delitos en los que incurren aquellos que no han conocido la palabra de Dios. Por lo que se decide construir pedestales con imágenes de la Virgen y su Niño. Esta religión extranjera que traían consigo los ««teules» tardaría lustros y décadas en tomarse como la principal. Puesto que los caciques locales de las tribus no llegaban a comprender en demasía el significado de las abstracciones que habrían de venerar. Para ellos eran mucho más sencillo de atisbar la lluvia cayendo, el viento resoplando o volcanes en erupción estallando que no un mesías al que no conocían físicamente. Pues todo lo que no dotaban de término lógico era divino. La concubina de Cortés aprende el español en pocos meses y su ayuda se cifra indispensable para que traduzca las pláticas de su amante a los señores. Con gran frecuencia Hernán recurre a un lenguaje poético y zalamero para formar alianzas, así descubre el odio que profesan ciertas comunidades contra Moctezuma, el todopoderoso adalid de Tenochtitlan; “y le dijo que no sabe con qué pagar él ni todos nosotros las grandes mercedes de cada día”. Al que rinden tributos humanos y minerales. Otro importante factor es como se bautizan y reciben nombre castellano los autóctonos. Siendo Melchor, Julián, Marta o Lázaro buenos ejemplos de ello.
Tras el paso por el continente americano, se constituyen varias poblaciones: Santa María de la Victoria y Veracruz. Como modelo de dominación española y en honor de Carlos I de España y V de Alemania. Más adelante seguirán los preceptos urbanísticos del Imperio. Adecuando iglesias, administraciones, tesorerías, campos de cultivo,
recibimiento con semejante boato, pompa y ostentación; lo cierto es que el señor de Tenochtitlan había contactado con sus familiares en caso de que tuviese que ejecutar a los "teules", “pues andando concertando en tal día viniesen con todos su poderes y nos diesen guerra”. Se contaban en la alianza los caciques de Cacamací, Tacuba, Iztapalapa o Tezcuco. No es baladí la emboscada que sufrieron en Cholula para poner a prueba el temple de Cortés y ver si podían domeñar a su fiel séquito. Donde se destapa una conspiración gracias a Marina, quien es advertida por un indio en su senectud y esta acude a su amante a exponerle la disposición de los que se aperciben para matarlo , “ que sería bien que buscasen algún remedio para que ellos las tornasen a señorear y poseer [las tierras y señoríos], y que hablando de ello muchas veces en este camino, les había parecido que era buen remedio tener manera como me matasen a mí y a los que conmigo iban...” La indígena que advierte de tal complot guarda un afectuoso amor hacia la hija de Xicalongo, por tener en sus venas la misma sangre y de ahí que desee salvarla. Pero no concibe deferencia alguna por los invasores que ansían sus riquezas.
Asentados ya en la imponente capital del Huichilobos y el Tescatepuca, el de Medellín tiene varias pláticas con Moctezuma sobre la adopción de los principios cristianos y el cese de los sacrificios humanos. Pues son contrarios al decálogo de Dios. Sin entrar en el ámbito religioso, se profesan una amistad bañada de compromiso, consideración y estima. Aprenden el uno del otro. Sea en el barrenado de barcos, el arte de la caza y la cetrería, la historia de sendas civilizaciones o el constante trueque de adornos en señal de mutuo reconocimiento. “Porque nuestro Cortés le dijo que no solamente le tenía por hermano, sino mucho más” , pero viendo Cortés que no cambiará su mentalidad decide hacerlo preso en el palacio de Axayacátl. Aunque lo retiene como prisionero, le permite gozar de lujos y ociosidad, incluso le otorga al paje Ortega - quien aprendió su lengua para mejor entendimiento y sondeo -. Moctezuma continúa gobernado México y recaudando en sus feudos enseres en forma de materia prima y de esclavos. Hay cierto misterio alrededor de la muerte de este poderoso cacique, quien poco a poco y en convivencia con la armada española descubre que existe el choque cultural pero que no atesoran malignas intenciones. Tanto es así que llora cuando su pueblo se levanta para sacarlo de su cautiverio, previamente alertando a sus huéspedes como signo de camaradería. Se especulan dos hipótesis: saliendo al palco del templo a disolver la turba agitada de sus gentes contra los invitados allí hospedados recibe varias pedradas que lo llevan a fenecer y la otra es un homónimo de lo que hizo Sócrates en su tiempo, “que Montezuma se puso a un potril de una azotea con muchos de nuestros soldados que les guardaban y comenzó a hablar con palabras amorosas que dejasen la guerra e que nos iríamos de México”. Su fallecimiento sólo agrava la tensa situación que en ciernes sucumbe en la «Noche Triste». Episodio en el que Díaz del Castillo, oda a sus semejantes logrando mantener una firme postura ante el cautiverio. Luchando por varios días y resistiendo las oleadas de los mexicas.
En el santuario de Axayacátl, las fuerzas amenazan con disgregarse. Creándose facciones en favor de Narváez y otras en pos de Cortés. Quienes dicen que no deberían estar allí guerreando si no en casa con sus familias. Y que la ambición de ambos conquistadores les ha llevado a las calamitosas penurias que ahora sufren. El pesimismo se extiende entre las tropas pero eso no mina su férrea voluntad de escapar. A pesar de que hay ingentes asesinatos y ejecuciones en la huida de Tenochtitlan, acaban fugándose del sitio, “ aunque estuvieran allí diez mil Actores troyanos y otros tantos Roldanes, no les pudieran entrar”. Bernal pone su punto como cronista con visceral realismo y no con los dejes fabulosos a los que acostumbran los de oídas desde el otro lado del Atlántico. Esta epopeya abarca una persecución atroz que a penas deja con fuerza a Cortés, haciéndoles enfermar y
deformando su salud en precaria. Las bubas y el sífilis les carcomen. En primera instancia, aquellos que detentaban intrepidez y osadía se trocan tan viriles atributos en los de unos perros que acobardados se escabullen lamiéndose las heridas hechas por sus amos. Así lo expresan varias caciques, como Cuauthémoc. Esa divinización de "teules" tiende a desaparecer y queda en imaginería, pues los demonios que presuntamente eran en realidad están hechos de la misma pasta que los indígenas. Aún a golpe de mata y con la fortuna en su contra, algunos soldados tratan de llevarse todo el oro y plata posibles. Granjeándoles la pérdida de sus vidas por una cicatera avidez. “Fue acordado por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estaban más descuidados”.
La «Masacre del Templo Mayor» o la «Alvarada», temiendo que las negociaciones con Moctezuma saliesen mal y se amotinasen a las puertas de México tropas que aniquilasen la expedición de Hernán, Alvarado opta por tomar la drástica decisión de desproveer y fulminar a golpe de lanza a los autóctonos. Pues llevaban ya mucho tiempo dentro de la colosal urbe. Plagando de terrores y dudas sus corazones. Después de todo lo único que hacen los españoles es cumplir con su labor de soldados, preservando la vida de su Justicia Mayor - título que otorgan a espaldas de Velázquez por los atronadores éxitos de Cortés y su justa retribución de los tesoros -, sin preguntarse ante su conciencia si lo que hacen esta bien o mal. Sale a palestra la disyuntiva de si obedecer el código militar, el moral o el religioso. Olí, Ordás y Domínguez valoraban tanto a Cortés que lo auxilian en plena fuga cuando es atrapado por los mexicas. Comportamiento digno de ser ensalzado dado que su capitán no hará lo propio por otros de sus esforzados y sacrificados hombres, dejándolos a merced de la muerte mientras él a caballo vela por su propia seguridad. Una característica impropia de una eminencia armígera como la suya, comparada con el dios romano Marte.
Así mismo, los mermados españoles no consiguen rendir la urbe de los mexicas definitivamente y será necesaria una segunda toma, más bestial y acerba si cabe. Para tal fin, se excavan canales en la tierra por donde pasarán los barcos hasta la laguna que sitia el recinto. Pero las tropas de Cuathémoc defenderán su patrimonio, cultura y creencias con todas las armas de las que dispongan. El barro y la sangre se entremezclan, las guerrillas se suceden, los secuestros y el intercambio de prisiones son oportunidades excelentes para vencer al rival. Aunque los conquistadores de Castilla poseen un amplio conocimiento de las artes bélicas, superior sin duda al de los indígenas. Una vez Tenochtitlan sucumbe, con ella lo hace la moral de su pueblo. Deponiendo las armas. El señor de Tabuca y el actual líder son apresados. En primera instancia, el recibimiento que traban es uno bañado por la dignidad misericorde de la que hacen gala sus captores. Dado el carácter ambicioso, cicatero y ávido de riquezas; el desconcierto nace en los barcos , “Cortés holgaba dello, porque no lo diesen y habello todo para sí”.
Varios tripulantes postulan posturas de alta crítica contra el de Medellín. Se le acusa de haber escondido el oro, lanzado parte del botín a la laguna o incluso de tener pactos con los de México para camuflar los despojos de guerra. Este malestar anegado con la preocupación de una posible insurrección interna por parte del enjaulado Cuathémoc obliga a Cortés a ahorcarlo. Bernal Díaz del Castillo no aprueba ni da
entendimiento a dicha acción, pues no existían pruebas de la supuesta felonía, "verdaderamente yo tuve gran lástima de Guatemuz y de su primo, por haberles conocido tan grandes señores, y aun ellos me hacían honra en el camino en cosas que se me ofrecían, en especial darme algunos indios para traer yerba para mi caballo. Fue esta muerte que les dieron muy injustamente, y pareció mal a todos los que íbamos". E pariente de Moctezuma, acepta con resignación su