




























Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
El concepto de coste del capital y los factores que lo determinan. Además, presenta el cálculo del coste de oportunidad medio ponderado (cop) mediante el análisis de las acciones ordinarias, preferentes y deudas a largo plazo. El cop es una referencia importante para la empresa en su búsqueda de una rentabilidad mínima.
Tipo: Apuntes
1 / 36
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!





























Universidad Complutense de Madrid Versión inicial: mayo 1990 - Última versión: abril 2001
**1. Introducción, 1
Las personas y las empresas se enfrentan continuamente con la decisión de dónde inver- tir las rentas de que disponen con el objetivo de conseguir el mayor rendimiento posible al menor riesgo. Para determinar qué activos son interesantes para adquirir y cuáles no, es decir, cuáles son más rentables y cuáles menos a igualdad de riesgo, los inversores necesitan un punto de referencia que les permita determinar cuando un proyecto de inversión genera una rentabilidad superior a dicha referencia y cuando no. Ese punto de referencia se denomina tasa de rendimiento requerida , que podríamos definir como el rendimiento mínimo exigido por un inversor para realizar una inversión determinada. Si suponemos que conocemos las preferencias de cada individuo y las condicio- nes del mercado en el que nos movemos, cada inversor establecerá una tasa de rendi- miento esperada para cada activo que pretenda adquirir. Entendiendo por rendimiento esperado , el que el inversor en cuestión espera recibir a cambio de correr el riesgo de realizar una inversión determinada. Así que si el rendimiento esperado de un activo es inferior a la tasa de rendimiento requerida para invertir en el mismo se desechará su adquisición, mientras que si se espera que ciertos activos proporcionen un rendimiento superior al requerido querrá decir que su adquisición aumentará la riqueza del inversor. Así, por ejemplo, supongamos que nos planteamos la inversión consistente en adquirir un apartamento en Madrid, con objeto de alquilarlo y posteriormente revender- lo transcurridos cinco años, llegando a la conclusión de que el rendimiento esperado es del 10%. Mientras que según nuestras estimaciones el rendimiento mínimo exigido a
una inversión con un riesgo semejante sería del 12%. Como parece lógico renunciaría- mos a la adquisición del apartamento. Veamos otro ejemplo algo más sofisticado de cara a comprender el concepto de tasa de rendimiento requerida: Al final del año pasado la empresa toledana Dulnea S.L. que fabrica piezas de cerámica y que tiene diez socios, presentaba el Balance de Situa- ción resumido (cifras en euros), que aparece en la tabla 1.
Activo Fijo 700.000 Fondos Propios 600. Activo Circulante 400.000 Préstamo a medio plazo 200. Pasivo Circulante 200. Beneficios 100. 1.100.000 1.100. Tabla 1. Balance de Situación de Dulnea
Los beneficios obtenidos por Dulnea, después de pagar los intereses del présta- mo y los impuestos, fueron de 100.000 euros. El Consejo de administración de la mis- ma, que estaba formado por los diez socios, se planteó la disyuntiva de si repartir todo el beneficio o sólo repartir 25.000 euros dejando el resto en la empresa. Si se optaba por esta última vía con estos 75.000 euros se podían hacer dos cosas:
a) Invertir dicho dinero en bonos del Estado a 3 años a un tipo de interés del 5% anual. Inversión que se considera sin riesgo. b) Invertir los 75.000 euros en la adquisición de un horno nuevo y el local res- pectivo, que estarían situados en la provincia de Badajoz lo que costaría un total de 225.000 euros. Los 150.000 restantes serían financiados mediante un préstamo bancario a tres años al 8% de interés nominal anual.
La primera opción no admite dudas, la tasa de rendimiento requerida de una in- versión en bonos del Estado es el 5%. Ello es así porque no hay otra inversión sin ries- go que extendiéndose a lo largo de tres años proporcione más de un 5% de rendimiento. La tasa de rendimiento requerida de la segunda opción es algo más compleja. Para empezar el banco exigirá un 8% anualmente (que después de deducir la desgrava- ción fiscal de los intereses pagados al banco y de tener en cuenta las comisiones queda reducido a un 5,31% anual efectivo) por poner dos tercios del dinero necesario para rea- lizar la nueva inversión. Mientras que los socios requerirán, al menos, el mismo rendi-
en particular en lugar de en otros con un riesgo equivalente. Por ello, el coste del capital es la tasa de rentabilidad que la empresa deberá conseguir con objeto de satisfacer a los accionistas y acreedores por el nivel de riesgo que corren. El coste del capital es uno de los factores principales de la determinación del va- lor de la empresa al ser utilizado como la tasa de descuento que actualiza la corriente de flujos de caja que la compañía promete generar. Por tanto, un riesgo alto implica un coste del capital alto, es decir, una mayor tasa de descuento y, por ende, una baja valo- ración de los títulos de la empresa (lo contrario ocurriría si el riesgo es bajo). Y dado que la emisión de estos títulos es la encargada de proporcionar la financiación necesaria para acometer la inversión, el coste de dichos recursos financieros aumentará cuando el valor de dichos títulos sea bajo, y descenderá cuando el valor de éstos aumente. Si la empresa consigue una rentabilidad sobre sus inversiones suficiente para re- munerar a sus fuentes financieras es de esperar que el precio de mercado de sus accio- nes se mantenga inalterado. Ahora bien, si la rentabilidad de sus inversiones supera al coste de los recursos financieros empleados en ellas, el precio de las acciones ascende- ría en el mercado; por el contrario, si dicho coste fuese mayor que el rendimiento espe- rado del proyecto y, aún así, éste se acometiese (lo que sin duda sería un error) el valor de mercado de las acciones descendería reflejando la pérdida asociada a esa mala deci- sión de inversión.
Figura 1. Tasa Interna de Rendimiento (TIR) de las inversiones, coste del capital de la empresa y tamaño de la financiación
En la figura 1 se muestra una empresa hipotética que se plantea acometer cinco proyectos de igual grado de riesgo que han sido jerarquizados según su tasa interna de rendimiento (TIR) de mayor a menor. Como se aprecia cada proyecto de inversión im- plica un volumen distinto de financiación. Sólo los proyectos A, B y C tienen un rendi- miento esperado superior a la tasa de rendimiento requerida o coste del capital (que se suele representar por ko), mientras que los proyectos D y E no superan el suelo mínimo
de rentabilidad exigida. Por tanto, sólo los tres primeros proyectos serán capaces de añadir valor a la empresa.
Resumiendo, cada tipo de recursos financieros (deuda, acciones preferentes y ordinarias) deberían ser incorporados en el coste del capital de la empresa con la impor- tancia relativa que ellos tienen en el total de la financiación de la empresa. Nuevamente recordemos el caso de Dulnea y cómo el coste del capital del 9,1% ha surgido de una media ponderada de los costes individuales del préstamo y de los beneficios retenidos.
2.1 La importancia de conocer el coste del capital Las razones que avalan la importancia de conocer el coste del capital de una empresa son tres:
1ª. La maximización del valor de la empresa que todo buen direc tivo deberá perseguir implica la minimización del coste de los factores, incluido el del capital financiero. Y para poder minimizar éste último, es necesario saber cómo estimarlo. 2ª. El análisis de los proyectos de inversión requiere conocer cuál es el coste del capital de la empresa con objeto de acometer las inversiones adecua- das. 3ª. Otros tipos de decisiones, incluidas las relacionadas con el leasing , la refi- nanciación de la deuda, y la gestión del fondo de rotación de la empresa, también requieren conocer el valor del coste del capital.
La estimación del coste del capital se hace más fácil en la teoría que en la prác- tica, por ello acometeremos el estudio de la misma siguiendo una serie de pasos:
1º. Los factores que determinan el coste del capital 2º. Los supuestos básicos del modelo del coste del capital 3º. Los tipos de recursos financieros 4º. La determinación del coste de cada fuente financiera 5º. El cálculo del coste del capital medio ponderado.
A continuación vamos a ver los principales factores que inciden en el tamaño del coste del capital de una empresa. Son cuatro: las condiciones económicas, las condiciones del mercado, las condiciones financieras y operativas de la empresa, y la cantidad de finan- ciación necesaria para realizar las nuevas inversiones. Aunque todos ellos podríamos re-
da y de las acciones preferentes). Cada vez que estos riesgos aumentan el rendimiento requerido también lo hace y, por ende, el coste del capital.
4. La cantidad de financiación. Cuando las necesidades de financiación de la empresa aumentan, el coste del capital de la empresa varía debido a una serie de razones. Por ejemplo, cada vez que se emiten tí- tulos hay que hacer frente a los denominado costes de emisión (o flotación), estos costes son menores cuanto mayor es el volumen de la emisión. También, si la empresa solicita un volumen de financiación realmente grande en comparación con el tamaño de la mis- ma, los inversores dudarán de la capacidad de la directiva de absorber eficientemente esa gran cantidad de dinero lo que hará que aumente su rendimiento requerido y, por tanto, el coste del capital. Además, cuanto mayor volumen de acciones se emita mayor será el descenso del precio de las mismas en el mercado lo que redundará en un aumen- to del coste del capital.
Es preciso señalar sobre el tema del riesgo, que éste puede ser eliminable en al- gunos casos mediante una buena diversificación (a este tipo de riesgos se les denomina riesgos específicos o no sistemáticos como, por ejemplo, el riesgo económico, el riesgo de liquidez, el riesgo financiero, etc., puesto que todos ellos se pueden eliminar reali- zando una diversificación eficiente de nuestro dinero), mientras que en otros casos el riesgo no se podrá reducir más allá de un valor determinado^2 (a este tipo se les deno- mina riesgos sistemáticos como, por ejemplo, el riesgo de inflación, el riesgo de interés, etc.). Es importante esta diferenciación porque la prima de riesgo de un proyecto de in- versión cualquiera sólo incorpora el riesgo sistemático al que está expuesto dicho pro- yecto y no su riesgo específico que se ha debido eliminar convenientemente a través de una buena diversificación.
Ya hemos hecho referencia anteriormente a las dificultades de calcular el coste del capi- tal de una empresa en la práctica. Por ello con objeto de conseguir un valor aproximado nos vemos obligados a realizar algunos supuestos básicos que simplifiquen su cálculo. De no hacerlo así, la obtención del coste del capital sería tan tediosa que en muchos ca- sos el coste de su cálculo superaría a los beneficios de conocerlo lo que, según lo expli- cado al comienzo de este capítulo, desaconsejaría totalmente su obtención.
(^2) El riesgo sistemático sí se puede reducir e incluso eliminar totalmente, al menos en teoría, a través de su cobertura pero esto no afecta de momento a nuestra explicación.
4.1 Primer supuesto: El riesgo económico no varía. Dado que el riesgo económico de una empresa se define como la posible variabilidad de los rendimientos de una inversión, el nivel de dicho riesgo viene determinado por la po- lítica de inversiones seguida por la directiva de la compañía. A su vez, tanto la tasa de rendimiento requerida sobre los títulos de una empresa como el coste del capital de la misma son una función del riesgo económico, puesto que si éste último variase cambia- rían también las otras dos variables. Y habida cuenta de lo difícil que resulta averiguar qué parte de la variación del coste del capital se debe a alteraciones en el riesgo econó- mico, supondremos que cualquier inversión cuyo análisis estemos considerando no alte- rará significativamente dicho riesgo. Concretando, el coste del capital es un criterio de inversión apropiado sólo para aquellos proyectos de inversión que tienen un riesgo económico similar al de los activos existentes en la empresa (recuérdese cómo en la inversión de Dulnea los socios supo- nían que tenía el mismo riesgo que el negocio original).
4.2 Segundo supuesto: La estructura de capital no varía. El riesgo financiero fue definido anteriormente como el riesgo adicional que tienen los accionistas ordinarios como resultado de la decisión de financiar los proyectos de inver- sión mediante deuda y/o acciones preferentes. De tal manera que cuando el coeficiente de endeudamiento (relación entre recursos ajenos a medio-largo plazo y recursos pro- pios) aumenta, también asciende la posibilidad de que la empresa sea incapaz de hacer frente al servicio de la deuda y ello se refleja en un incremento del riesgo financiero y, por tanto, de la tasa de rendimiento requerida por los inversores en las diferentes fuen- tes financieras de la empresa (véase el diagrama causal de la figura 2, dónde los signos "+" indican una relación causa-efecto directa y los signos "-" una relación inversa). Así, pues, el coste de las diferentes fuentes financieras es función de la estructu- ra de capital de la empresa; por tanto, los datos utilizados en el cálculo de dicho coste serán válidos siempre que la directiva continúe utilizando la misma composición de di- cha estructura de capital. Así, por ejemplo, si la estructura actual es de 40% de recursos propios y 60% de recursos ajenos, con vistas a la utilización del modelo del coste del capital, supondremos que dichas proporciones se van a mantener indefinidamente. No importa que durante algún tiempo la estructura real no coincida con dichas cifras, por- que la idea es que a la larga (o en promedio) esa estructura idónea permanece constante.
Nuestro objetivo es estimar el coste del capital de la empresa, o más exactamente, el coste del capital medio ponderado , puesto que engloba los costes individuales de cada una de las fuentes financieras de la empresa ponderados por el peso que cada una tiene en el total de la financiación de la misma. Luego, lo primero que tenemos que decidir es cuáles van a ser dichas fuentes financieras. Para empezar nos referiremos a las fuentes financieras a corto plazo: efectos co- merciales a pagar, proveedores, acreedores, sueldos y salarios, impuestos devengados, etc. Dichas fuentes surgen de operaciones normales de la empresa, de tal manera que si las ventas aumentan ellas aumentan también. Así, por ejemplo, si nuestra empresa reali- za una inversión tendente a aumentar las ventas de un producto determinado, ello hará que aumenten también las deudas con los proveedores y los efectos a pagar, así como los impuestos devengados y otra serie de partidas del pasivo a corto plazo. Pero este aumento de los recursos financieros a corto plazo ha sido generado espontáneamente al haberse aumentado las ventas, por ello en el análisis del proyecto de inversión consis- tente en la mejora del producto, sólo deberemos tener en cuenta las fuentes financieras necesarias para la mejora del mismo y no las que espontáneamente se generen con pos- terioridad. Todo lo cual nos lleva a decir que los recursos financieros a corto plazo no deberán ser incluidos en el cálculo del coste del capital de la empresa. Sólo nos interesarán, pues, los recursos financieros necesarios para acometer la inversión más los necesarios para financiar el incremento del fondo de rotación que di- cha inversión puede provocar. Todos esos recursos financieros lo serán a medio-largo plazo, por ello, sólo utilizaremos para el cálculo del coste del capital medio ponderado las deudas a medio-largo plazo, las acciones preferentes y las acciones ordinarias (en el caso de Dulnea el préstamo es una deuda a medio-largo plazo y los beneficios retenidos son similares a las acciones ordinarias como veremos más adelante). Una excepción ocurre cuando la empresa utiliza deliberadamente recursos finan- cieros a corto plazo (en especial préstamos a corto) para financiar inversiones a largo plazo. En ese caso, sí que deberemos incluir el coste de dicha deuda a corto como una parte del coste del capital. Por supuesto, si dicho uso no fuese algo común sino más bien casual no habría que incluirlo como parte del coste del capital de la empresa. En todo caso, es necesario decir que financiar una inversión a largo plazo ya sea en su tota- lidad, o sólo en parte, a través de recursos financieros a corto plazo es una política bas- tante arriesgada que podría poner en peligro no sólo la realización de la inversión sino también la vida de la propia empresa.
Podemos dividir en tres pasos la obtención del coste del capital medio ponderado de la empresa:
1º. El cálculo del coste de cada fuente financiera individualmente considerada. 2º. La determinación del porcentaje de cada fuente financiera en el total de la financiación de las inversiones futuras 3º. El cálculo del coste medio ponderado
En este epígrafe comentaremos el primero de los pasos y para ello ya hemos es- tablecido que los componentes principales de la financiación empresarial de cara al cál- culo del coste del capital son las acciones ordinarias, las acciones preferentes y las deu- das a largo plazo. El objetivo es determinar la mínima tasa de rendimiento que la compañía deberá obtener en sus inversiones para satisfacer la tasa de rendimiento requerida de los inver- sores, es decir, para que la cotización de sus títulos en el mercado no descienda. Para realizar este cálculo será necesario tener en cuenta los costes de emisión de los títulos que reducen la cantidad de dinero recibida por la empresa. También debere- mos tener en consideración que todas las tasas de rendimiento requeridas deberán ser calculadas después de impuestos. Esto es así, debido a que si el objetivo perseguido es maximizar la riqueza del accionista ésta vendrá dada a través de los flujos de caja que recibe realmente lo que implica haber detraído el pago del impuesto sobre la renta de las sociedades. Resumiendo, el coste del capital deberá ser consistente con el procedimiento de valoración de la empresa y con la definición de los flujos de caja que van a ser descon- tados, para ello deberá cumplir los siguientes requisitos:
a) Ser una media ponderada de los costes de todas las fuentes financieras de la empresa. b) Ser calculado después de impuestos, lo mismo que los flujos de caja prome- tidos por el proyecto de inversión. c) Utilizar tasas nominales de rendimiento construidas a partir de las tasas rea- les y la inflación esperada, debido a que los flujos de caja están expresados en términos nominales. d) Deberá estar ajustado al riesgo sistemático de cada proveedor de fondos, puesto que él esperará un rendimiento apropiado al riesgo que corre y que no puede eliminar mediante una diversificación eficiente.
(1+ r)
(1+ r)^2
Por ejemplo, supongamos que una obligación de Telefónica, cuyo nominal es de 100 euros proporciona el 8% de interés anual pagadero a fin de año y a la que le restan cinco años para llegar a su vencimiento o madurez, está valorada en el mercado a prin- cipios de año a 97,25 euros Su rendimiento desde dicho momento hasta su vencimiento se calculará igualando su precio de mercado a los flujos de caja (cupones y precio de re- embolso) actualizados.
(1+ r)
(1 + r)^2
(1 + r)^5
despejando r obtendremos un valor de 8,7%. Si en el ejemplo anterior los cupones se pagaran semestralmente en lugar de anualmente, es decir, 4 euros cada semestre, la tasa de rendimiento nominal anual (i) se- ría:
(1+ i 2
(1 + i 2
(1+ i 2
(1 + i 2
despejando i/2 obtendremos un valor del tipo de rendimiento semestral del 4,345% lo que corresponde a un tipo de rendimiento nominal anual (i) del 8,69%, cuyo valor efec- tivo (r) es igual a (1,04345)^2 -1 = 8,879%. Si usted carece de una calculadora financiera que le permita obtener con exacti- tud el rendimiento de una emisión de bonos puede utilizar la fórmula aproximada si- guiente:
ki =
n N + M 2
dónde ki indica el coste de las obligaciones, I es el valor del cupón, N el valor nominal del bono, M el valor de mercado y n el plazo de vida que le queda. Así, por ejemplo, en la obligación de Telefónica tendríamos los siguientes valores:
ki =
n N + M 2
que como se ve es un valor muy próximo al exacto del 8,7%. Antes de continuar se hace necesario dejar clara una idea que subyace en el cál- culo del coste de las deudas. Cuando usted analiza dicho coste está suponiendo que va a necesitar financiación ajena para una posible inversión futura y, por tanto, quiere saber el rendimiento mínimo que el mercado desea obtener para adquirir dicha emisión. Para ello nada mejor que calcular el rendimiento de una emisión de obligaciones que sea lo más semejante posible a la que pretendemos realizar (semejante en plazo y en riesgo). Esto es lo que hemos realizado en los párrafos anteriores, de tal manera que si nuestra empresa tuviese un riesgo similar al de Telefónica y quisiéramos emitir bonos a cinco años, sabríamos que el rendimiento que el mercado desea es del 8,7%. A este rendi- miento habría que añadirle el coste de emitir dichos bonos. Por ejemplo, supongamos que equivale a 30 puntos básicos anuales, ello representaría un coste total para la em- presa del 9% (o lo que es lo mismo, de cada 100 euros emitidos 1,176 irían a parar al banco de inversión que asesora^3 en la emisión). Así, que si se necesita financiar me- diante obligaciones a cinco años un total de un millón de euros, no bastará con emitir 10.000 obligaciones de 100 euros de nominal al 8,7% de interés puesto que sólo se re- caudarían 988.240 euros (el resto se lo quedaría el banco de inversión). Deberemos emitir:
X x (100 - 1,176) = 1.000.000 ‡ X = 10.119 obligaciones
esas 119 obligaciones extras (11.900 euros en valor) son para pagar al banco de inver- sión su minuta. Otra forma de calcular el coste de las obligaciones sin dar tantas vueltas, consis- te en detraer el coste de emisión de una obligación nueva del precio de mercado del titu- lo tomado como referencia (las obligaciones de Telefónica, en nuestro ejemplo). El va- lor de r es, nuevamente, del 9%:
(1+ r)
(1 + r)^2
(1 + r)^5
(^3) El banco de inversión se encarga de preparar un prospecto y buscar a los inversores a través de su propia red de distribución, por lo que cobra una comisión. Si, además, asegurase la colocación de los bonos cobraría otra comisión adicional que le compensase por el riesgo que corre. El valor de 1,176 euros surge de actualizar al 8,7% cinco pagos iguales de 0,3 euros anuales.
El objetivo consiste en encontrar la tasa de rendimiento que debe ser obtenida por los inversores que adquieren acciones preferentes de la empresa para igualar su tasa de ren- dimiento requerida, evitando con ello, que descienda el precio de dichos títulos en el mercado. Las acciones preferentes o privilegiadas (llamadas así porque sus propietarios tienen preferencia, tanto a la hora de cobrar sus dividendos como en el momento de la liquidación de la compañía, con respecto al resto de los accionistas) son un tipo de tí- tulos que se encuentran "a caballo" entre las obligaciones y las acciones ordinarias. Se parecen a las primeras en cuanto que pagan un dividendo constante, mientras que son semejantes a las segundas en cuanto que el dividendo no es deducible fiscalmente, no es obligatorio pagarlo si hay pérdidas y en que su vida "a priori" es ilimitada (aunque algu- nas emisiones pueden ser amortizadas anticipadamente). La cantidad pagada en concepto de dividendos suele ser constante y se paga pre- viamente al pago de dividendos a los accionistas ordinarios, de tal manera que podría ocurrir que los accionistas preferentes cobrasen y los ordinarios no. Además, en la ma- yoría de los casos, si durante algún tiempo los accionistas preferentes no hubiesen co- brado sus dividendos porque la empresa había tenido pérdidas, cuando vuelva a tener beneficios deberá pagar un dividendo acumulativo a dicho tipo de accionistas. Su coste vendrá dado por la relación existente entre el dividendo a pagar a la ac- ción preferente y el precio de mercado de dicha acción. A éste último habrá que detraer- le los costes de emisión. Así, por ejemplo, si una empresa emitió acciones preferentes con un valor de 50 euros a las que promete pagar un dividendo del 10% y cuyo precio de mercado es de 47 euros el coste de una nueva emisión sería el siguiente sabiendo que el banco cobra un 2% del valor nominal en concepto de gastos de emisión.
kp = 5 47 - 1
mientras que la tasa de rendimiento requerida por los accionistas preferentes sería algo inferior: 5 ÷ 47 = 10,64%. Si el precio de mercado no estuviese disponible deberíamos utilizar los rendimientos de emisiones de una calidad semejante. El coste de las accio- nes preferentes es mayor que el de las deudas (puesto que tienen un riesgo mayor y sus dividendos no son deducibles fiscalmente) y menor que el de las acciones ordinarias (dado que su riesgo es menor).
Es la mínima tasa de rendimiento que la empresa ha de obtener sobre la parte de cada proyecto de inversión financiada con capital propio, a fin de conservar sin cambio la cotización de sus acciones. De todos los costes de la financiación empresarial éste será el mayor debido a que es el que tiene un mayor riesgo asociado. No olvidemos que los propietarios de las acciones ordinarias además de tener derechos de voto, se reparten los beneficios y los riesgos asociados con la empresa, de tal manera que si ésta tuviese pérdidas ellos no recibirían nada a cambio de su inversión (e incluso el valor de mercado de sus acciones descendería). Por otra parte, aunque los accionistas no pueden perder más que su inver- sión original pueden obtener importantes rendimientos si los dividendos o el precio de sus acciones aumentan. A la hora de que la empresa obtenga recursos financieros provenientes de sus propietarios se hace necesario distinguir dos vías por las que dicha financiación trans- curre: La retención de beneficios y la ampliación de capital mediante la emisión de nue- vas acciones. Seguidamente pasaremos a analizar el coste de ambos sistemas de capta- ción de recursos financieros.
9.1 La retención de beneficios Por pura lógica, si el objetivo de la empresa es maximizar la riqueza de sus accionistas ordinarios, el equipo directivo debería retener los beneficios sólo si la inversión en di- cha empresa fuese al menos tan atractiva como la mejor oportunidad de inversión que tengan dichos accionistas. De tal manera que si éstos tienen unas oportunidades de in- versión mejores, todos los beneficios deberían ser distribuidos vía dividendos. Concre- tando, la tasa de rendimiento requerida de los accionistas (coste de las acciones ordina- rias) debería ser igual al rendimiento esperado de la mejor inversión disponible. Para medir dicho rendimiento requerido utilizaremos tres aproximaciones: 1º. el modelo del crecimiento de los dividendos; 2º. el modelo de valoración de activos financieros (CAPM); y 3º. el modelo de valoración a través del arbitraje (APM). El coste de los beneficios retenidos es un coste implícito (y no explícito como era el de la financiación ajena) pero que si no se tiene en cuenta provocará el descenso de las acciones ordinarias en el mercado al considerar los accionistas que se está invir- tiendo mal el dinero que debería habérseles entregado vía dividendos y que se ha queda- do en la empresa con la promesa de obtener una rentabilidad al menos igual a la mínima exigida.
El principal problema con el que nos enfrentamos a la hora de aplicar este mo- delo consiste en el cálculo de la tasa media de crecimiento anual (g) puesto que el cál- culo del dividendo del primer año es igual al último dividendo repartido aumentado en (1+g) veces, y el precio de mercado se puede observar en la cotización bursátil. El cálculo de g se suele realizar multiplicando el coeficiente de retención de be- neficios (b) por la rentabilidad sobre acciones (ROE). Esta última se obtiene dividiendo el beneficio por acción después de impuestos entre el valor contable de la acción. Por otra parte, la tasa de reparto de beneficios es la relación existente entre los dividendos por acción y los beneficios por acción. Por supuesto, supondremos que las variables b y ROE van a permanecer constantes indefinidamente. Así, por ejemplo, si el ROE de Repsol fuese del 16% y su tasa de retención de beneficios fuese del 25%, la tasa de cre- cimiento (g) sería:
g = b x ROE = 0,25 x 0,16 = 0,04 = 4%
La tasa de crecimiento g no debe ser superior a la tasa media de crecimiento de la economía nacional (o de la internacional si la empresa es una multinacional), porque si no se estaría asumiendo que a largo plazo la empresa sería mayor que la propia eco- nomía nacional o internacional, lo que es absurdo.
El modelo de valoración de activos financieros (CAPM) Este modelo^5 , desarrollado inicialmente por el premio Nobel William Sharpe, parte de la base de que la tasa de rendimiento requerida de un inversor es igual a la tasa de rendi- miento sin riesgo más una prima de riesgo, dónde el único riesgo importante es el ries- go sistemático. Éste nos indica cómo responde el rendimiento de la acción ante las va- riaciones sufridas en el rendimiento del mercado de valores, dicho riesgo se mide a través del coeficiente de volatilidad conocido como beta (ß). La beta mide la variación del rendimiento de un título con respecto a la varia- ción del rendimiento del mercado^6 de tal manera que si ß toma un valor igual a uno es- tará variando en la misma sintonía que el mercado de valores, pero si dicho valor fuese más pequeño sus oscilaciones serían de menor tamaño que las del rendimiento del mer-
(^5) Si se quiere profundizar en la aplicación práctica de este modelo véase los capítulos 7 al 9 del libro de BREALEY, Richard y MYERS, Stewart: Fundamentos de Financiación Empresarial. McGraw Hill. Madrid. 1998 (5ª ed.). Sobre el modelo en sí puede consultarse, por ejemplo, el libro de SHARPE, William; ALEXANDER, Gordon y BAILEY, Jeffrey: Investments. Prentice Hall. Englewood Cliffs (NJ). 1999 (6ª ed.). Cap. 9 (^6) El cálculo de la beta se realiza a través de una regresión simple entre los rendimientos del título, o cartera, y los rendimientos del índice bursátil tomado como referencia. La tangente del ángulo de la recta de regresión es el valor de beta. Los rendimientos se miden a través de un periodo diario, semanal o mensual. En todo caso, si el lector desea saber más sobre su obtención véase cualquiera de los libros mostrados en la nota a pie de página anterior a ésta.
cado. Ocurriendo lo contrario si ß fuese mayor que uno. La expresión general de dicho modelo viene dada por la siguiente ecuación:
ke = Rf + [EM - Rf] β
donde Rf expresa el rendimiento del activo sin riesgo; EM indica el rendimiento espe- rado del mercado durante el período de tiempo considerado; [EM - Rf] indica el valor de
la prima de riesgo que rige en el mercado^7 (en el mercado norteamericano está alrede- dor del 5,5%, valor que podemos considerar válido para los mercados de valores de la Unión Europea^8 ). En cuanto a la determinación del rendimiento del activo sin riesgo (Rf) se reco-
mienda utilizar el de las Obligaciones del Estado a diez años, fundamentalmente, por tres razones: a) la duración^9 de esta emisión en concreto es semejante a la de los flujos de caja de la empresa a valorar; b) la duración de dicho activo sin riesgo es semejante a la del índice del mercado de valores utilizado para calcular el rendimiento del mercado y el coeficiente beta ; c) suele ser menos volátil y tiene una mayor liquidez que las emi- siones del Estado de mayor plazo.
------------------------------------------------ * * * ------------------------------------------------ Ejemplo: Si la tasa libre de riesgo es igual al 6%, la prima de riesgo a largo plazo del mercado la suponemos del 5,5% y la ßeta de la empresa TelePizza es 0,98 podremos calcular el valor del rendimiento esperado por los inversores en acciones de TelePizza:
ke = 0,06 + (0,055 x 0,98) = 0,11775 = 11,39%
a este valor habrá que añadirle el coste de emisión de las acciones ordinarias en el caso de que hubiese que ampliar el Capital social de la compañía. ------------------------------------------------ * * * ------------------------------------------------
El valor del coeficiente de volatilidad beta depende de tres variables: a) El tipo de negocio. Cuanto más sensible sea el negocio (o negocios) de la em- presa a la situación general del mercado, mayor será la beta. Por otra parte, una empresa que tenga varios negocios diferentes tendrá una beta igual a la
(^7) La prima de riesgo depende de la varianza de la economía subyacente (a mayor volatilidad mayor prima), del riesgo político (a mayor inestabilidad política mayor prima) y de la estructura del mercado (cuanto más pequeñas y arriesgadas sean la empresas que coticen mayor será la prima de riesgo) (^8) Muchos analistas sitúan una prima de riesgo del 4,1% para el mercado español y de un 3,1% para el internacional. (^9) Se entiende por duración el plazo medio ponderado de la vida del activo financiero, utilizando como ponderaciones el valor actual de los flujos de caja proporcionados por dicho activo en cada período. Sobre este concepto puede consultarse MASCAREÑAS, Juan y LÓPEZ, Joaquín: Renta Fija y Fondos de Inversión Pirámide Madrid. 1997. Cap. 6º.