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Este capítulo explora el proceso y el producto creativo desde una perspectiva relativizada de la creatividad, con enfoque en la comprensión de la subjetividad y el inconsciente en el proceso creativo. Se presentan varios modelos de procesos creativos y se discuten las características de personas creativas. Además, se distinguen dos clases de procesos creativos: aquellos con producto o solución adelantable y aquellos inconexos o lábiles.
Tipo: Apuntes
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Herrán, A. de la (2012). Análisis relativo del proceso y el producto creativo. En D. Velázquez Vázquez (Coord.), Calidad y creatividad aplicada a la enseñanza superior (Págs. 301-334). México: Porrúa-Universidad Nacional Autónoma de México.
Agustín De la Herrán Gascón
Introducción
La mejor comprensión del proceso creativo sigue siendo un reto sólo parcialmente resuelto por los investigadores en creatividad, tanto desde la Psicología como desde la Pedagogía. Una prueba de ello es que se han definido diversos modelos descriptivos y explicativos –unos ya clásicos y otros más recientes– que no se diferencian mucho entre sí. Mención aparte, merecen los escasos intentos de análisis del proceso creativo desde la subjetividad, en los que el inconsciente ocupa un lugar ineludible que es preciso definir para poder emplearlo con eficiencia. En las siguientes líneas se acepta el reto de indagar en el proceso creativo, desde la perspectiva de la persona convencional y de los altos creativos, para ahondar en la complejidad de esta faceta de la creatividad. La comprensión del producto creativo, percibido como una consecuencia de los procesos creativos, requiere, desde nuestra perspectiva, una relectura desde la relativización del concepto de creatividad (A. de la Herrán, 2009a, 2009b, 2010). Una de las consecuencias, contrarias a la mayor parte de los estudiosos e investigadores de la creatividad es que un producto creativo no asocia necesariamente novedad o valor. Otra, no menos importante, no es sólo la influencia del reconocimiento del entorno en su valoración creativa (M. Csikszentmihalyi, 2004), sino la incidencia del contexto receptor como agente activo que no siempre define bien el valor objetivo del
producto creativo. Con frecuencia esa valoración se prejuzga y se traduce en una tergiversación inadecuada o tardía. En las siguientes líneas se acepta el reto de indagar en el producto creativo desde estas perspectivas para intentar ahondar en la complejidad de la creatividad.
I. Análisis relativo del proceso creativo
1. La situación creativa como marco funcional
La práctica totalidad de los autores reconocen que toda persona es creativa por definición. Por tanto, para el ser humano es imposible abstraerse de la creatividad, por el hecho de ser racional (A. de la Herrán, 2009a). Así, las situaciones creativas son, en sentido estricto, todas las de su existencia, en mayor o menor grado. No obstante, si de lo que se trata es de percibir las situaciones que dan lugar a productos creativos destacados, deberemos distinguir a efectos teóricos o de investigación la presencia de los siguientes elementos:
a) Un sujeto (persona, colectivo, institución, etcétera) con conocimiento, sensibilidad y conciencia suficiente sobre lo que hace, a dónde se encamina y sobre la trascendencia personal y social de su acción productiva. b) Un ámbito o campo de trabajo o de desarrollo de la producción , quizá artístico, tecnológico, científico, organizativo, educativo, cotidiano, emocional... c) Unas mínimas condiciones externas (ambientales, recursos, posibilidades, figuras de expectación y apoyo, etcétera) e internas (disposición, motivación, autoestima) coadyuvadoras a la acción creativa. d) Una confianza básica en la propia capacidad para resolver o realizar el reto, que incluya la energía necesaria como para recogerlo, retomarlo, elaborarlo. e) Un proyecto-problema , que puede ser (o estar) más o menos consciente. f) Un proceso-producto , como resultado de aquel proyecto, tácita o expresamente formulado, que estructuralmente puede ser sistémico-egocéntrico o evolutivo- generoso (A. de la Herrán, 1998), además de integrar procesos y elementos simbólicos inconscientes. g) Un entorno o contexto receptor activo que reconoce la realización y a la persona.
a) S. de la Torre (1993) destaca los primeros estudios realizados sobre el proceso creativo, mencionando a Ribot en 1900 –uno de los investigadores pioneros en considerar que la imaginación era ‘estudiable’– o Poincaré en 1913. Posteriormente fueron sistematizados y difundidos por Wallas, Rossman, Haeffele, Kneller, Fernández Huerta y, desde un punto de vista didáctico, por S. de la Torre en 1984) y J. Mallart, quien lo aplica a la composición escrita. De ellos, de un modo general, S. de la Torre (1993) destaca las siguientes cuatro fases: a. Preparación. b. Incubación. c. Iluminación. d. Verificación (p. 291, adaptado).
b) Modelo de G. Wallas: En “The Art of Thought” (London, 1926)”, G. Wallas distingue estas etapas: a. Preparación: Incluye la recogida de materiales y clarificación mental. b. Incubación: Reflexión y progresiva comprensión del problema. c. Inspiración: Paulatina intuición y presentimiento de la solución del problema. d. Iluminación: Se descubre la solución del problema. e. Verificación: La idea es percibida, analizada, probada, detallada…
c) Modelo de A. Osborn (1960): El autor de la “lluvia de ideas” propone estas fases: a. Situación u orientación. b. Preparación o recogida de materiales. c. Ideación o análisis discriminativo (“lluvia de ideas”). d. Reflexión e incubación. e. Síntesis o clarificación. f. Aplicación y evaluación.
d) Modelo de L. y V. Logan (1976) (en O.M. Dadamia, 2001): Propone:
a. Cognición: Conciencia de la propia curiosidad, necesidad de definir y resolver un problema o situación, de indagación, de profundización, de relación, de aplicación, de comunicación. Se precisa un clima de motivación y compromiso facilitado por el profesor. b. Concepción: Búsqueda de conocimiento, de información, análisis, diálogo, tanteo, juego, relación. Se precisa un clima de concentración y expectativa de que las ideas de los alumnos serán fértiles y útiles, además de un tiempo (serenidad) necesario. c. Combustión: Síntesis de una solución, logro de un resultado. Se precisa un clima de admiración conjunta, escucha, confianza, aceptación y síntesis comunicativa. d. Consumación: Trabajo intenso, sostenido, que a veces redefine todo lo anterior. Se precisa un clima de diálogo abierto, tolerante, de intenso contraste de ideas exigente y respetuoso, de contemplación del nacimiento del producto, de interés unánime y compartido. e. Comunicación: Una vez terminado el trabajo, aparece la íntima necesidad de comunicarlo. Se precisa un clima de participación respetuosa con el proceso seguido por todos y el producto logrado.
e) Modelo de J. W. Young (1982): Propone las siguientes etapas: a. Etapa de recogida de materias primas: Se trata de recoger el alimento. Tanto de conocimientos generales enriquecidos constantemente (trabajo que durará toda la vida), como de materiales específicos relativos al problema inmediato (trabajo del momento). Si el reto de enfrentamiento es suficientemente grande y complejo, conviene usar fichas clasificadas y archivadas. b. Etapa de manipulación y elaboración de todos esos materiales que vienen a la mente: Es como masticar los alimentos, prepararlos para la digestión. Una vez troceados los materiales, se colocan datos juntos y se percibe cómo encajan, se buscan síntesis posibles en la que todas las cosas converjan en una combinación genuina (original, propia) y perfecta, como
prácticos. Previene el autor del error de conservar la idea demasiado cerca del corazón del creativo. Propone someterla a críticas prudentes, para descubrir algo sorprendente: que toda buena idea se puede perfeccionar porque tiende a hacerlo: tiene cualidades “autoexpansivas”. Quienes la entienden sienten la necesidad de contrastarla con lo actual y de intentar contribuir en algo a ella. Y así podrán aparecer otras posibilidades que habrán pasado por alto a nuestro punto de vista.
f) S. de la Torre (1993) es más proclive a considerar tres fases en el suceder tanto del proceso creativo como innovador: a. Planteamiento. b. Desarrollo. c. Evaluación.
Posteriormente, cada una de estas fases se diversificaría en pasos más o menos detallados (p. 291, adaptado).
g) M. Csikszentmihalyi (2004) define una serie de fases en el proceso creativo de los altos creativos, con especial referencia a los artistas: a. Preparación o formación previa en el ámbito de trabajo. b. Incubación o cultivo profundo de las ideas que acabarán por hacerse conscientes. c. Revelación o toma de conciencia de las ideas-proyectos posibles. d. Evaluación o valoración de la viabilidad del desarrollo de las ideas. e. Elaboración o realización de las ideas valoradas positivamente en el sentido anterior.
h) Proponemos nuestro modelo de proceso y proyecto creativo en espiral: a. Primera fase: “Pensando en subir a la montaña”: Sintonización con la idea y definición progresiva del proyecto creativo:
b. Segunda fase: “Dejando el campamento base e iniciando la subida”: Preparación, planificación:
(^1) El proyecto creativo no se inicia definido. Lo que inicia es un proceso de definición emergente, que simultáneamente va cambiando y se va enfocando en cada paso. Por tanto, esta subfase ha de considerarse transversal a casi todas y, a veces, a todas.
f. Sexta fase: “Dejando atrás la montaña, asoma el relieve de otro horizonte”: Fase de definición de nuevos proyectos, enlazados o no con el anterior: placer discreto por volver a subir a otra montaña. Vuelta a la primera fase.
4. Proceso subjetivo de la acción creativa
El anterior proceso formal, no lineal, se refleja en la vivencia subjetiva de un modo más rectilíneo o dual, y por lo tanto impreciso, traducible en una serie de momentos fundamentales:
a) Predisposición, curiosidad, apertura, familiarización, cuestionamiento, análisis amplios, discriminaciones duales de pros-contras, positividades-negatividades, balances, del problema, situación, reto, etcétera. b) Percepción o valoración inicial, definición o delimitación del campo de acción, respuestas iniciales (pseudocerradas o abiertas al proceso), etcétera. c) Trabajo instrumental, almacenamiento informativo, categorizaciones, relaciones, cambios continuos. d) Disociación de la actividad mental, por una creciente actividad inconsciente, establecimiento de relaciones entre la acción consciente y el procesamiento inconsciente de la información. e) Sensación difusa de la presencia de producción inconsciente : necesidad de alejamiento, de adquirir perspectiva o inicio de visión consciente, actividades destinadas a recuperar o leer lo incubado (rito, técnica). f) Extracción discontinua de información, insights, gestalts, eurekas, descubrimientos, establecimiento de relaciones determinantes, cambios en las previsiones, encuentros de solución, autoasombros, descargas emocionales. g) Elaboración, artesanía, concentración, evaluación más superficial, relación entre la acción y su destino social, imaginación de consecuencias, emocionalidad moderada.
Y en síntesis, como decía Edison, un 98% de exudación y un 2% de invención. Y esfuerzo placentero durante todo el proceso y placer doloroso, a veces, decimos nosotros.
5. Observaciones críticas generales
De las experiencias y modelo de procesos creativos desprendemos una serie de observaciones o consideraciones críticas:
a) Todas las anteriores son propuestas de fases que podríamos denominar normales. Pueden ser verificadas por los creativos avanzados y los grandes creativos con variaciones o excepciones mayores o menores. b) Se pueden atravesar con mayor o menor intensidad o fluctuación motivacional, dependiendo del proyecto, la madurez personal del creativo, su experiencia, etc. Lo que con seguridad no será nunca un proceso creativo es una trayectoria rectilínea, uniforme y vectorial. Un ejemplo paradigmático: Cuando le preguntaron a Newton que cómo había descubierto su la Ley de Gravitación Universal, respondió: “pensando constantemente en ello”. En esto repara críticamente J. W. Young (1982), y se extraña, señalando que esta historia “probablemente no cuente toda la verdad”. Nuestra hipótesis es acorde con la fina observación de J. W. Young (1982), y añade una probable causa: Newton no pudo experimentar las fases del proceso creativo , porque la gran ideación de esta ley no fue suya, sino al parecer de R. Hook, el verdadero creativo, que no obstante se encontró con una barrera infranqueable: su limitación a la hora de traducir esa intuición a fórmula matemática, cosa que sí hizo Newton tras escucharle. A juzgar por las denuncias que R. Hook en la “Royal Society”, el hurto de esta Ley no el único caso. Ambos rivalizaban ante los demás. Al parecer la frase de Newton, tomada de R. Bacon: “Me hallo subido a hombros de gigantes” fue a la vez una verdad oculta y una ironía muy agresiva dedicada a Hook, que era de baja estatura.
con una de las características más importantes de las personas creativas: la ‘confianza en el inconsciente’ (Reinoso), como generador y laboratorio interno competente para el desarrollo de los procesos creativos. La confianza, autoanálisis, experiencia cognoscitiva y emocional y la cooperación entre consciente y subconsciente son muy funcionales, y se concretan para el logro de varias pretensiones:
a) Mejora de la metodología de trabajo creativo: Esto se alcanza aprendiendo a coordinar el trabajo del consciente y el subconsciente, y aprendiendo a delegar el trabajo al inconsciente. Sobre todo en el segundo caso, se confía en que, automática, espontáneamente, su subconsciente será capaz de dar buena opinión de la situación de forma inmediata y efectiva. b) Descubrimiento de alternativas en todo el proceso creativo –aunque especialmente en los primeros pasos– para generar relaciones, pensar y resolver conflictos internos y proponer soluciones o nuevas ideas en el plano de conocimiento. c) Aviso al consciente de que las soluciones provisionales (parciales o totales) están preparadas (de que ‘el plato está listo’), mediante ‘inducciones espontáneas productivas’, insights, eurekas, ahás, kairós. d) Mejora de los productos creativos una vez expresados. e) Revisión de todo lo realizado, de todo lo procesado, para, mediante ‘inducciones espontáneas evaluativas’, corregir, rehacer, incorporar, recuperar, reestructurar, detallar, aplicar, apoyar, continuar, lo necesario. Cuando se ha desarrollado el hábito de registrar ocurrencias inductivas para elaborar trabajos creativos (A. de la Herrán, 1998, pp. 345-365) y se ha podido dejar de hacer, el subconsciente puede proceder a revisar detalles relevantes que se hayan podido pasar por alto, para completar el conocimiento.
El subconsciente participa a lo largo de todo el proceso creativo. Puede favorecerse su actividad de dos modos concretos:
a) Anotando ideas provenientes de insights o de observaciones pertinentes de otros (p. ej., citas bibliográficas) o propias (p. ej., ideas surgidas en una conversación) en papelitos (A. de la Herrán, 1998, pp. 345-365): las anotaciones de ocurrencias en papeles reintroducen datos más ricos al subconsciente mismo, que sigue procesando con materiales más elaborados o lógicamente avanzados, y además comunica al subconsciente que se confía en su competencia y capacidad como centro de procesamiento. Estas introducciones de datos contribuyen a que la sección del tubo sea más amplia y con ello aumente la velocidad de procesamiento, y a que los contenidos transportados por el conducto sean más complejos. b) Favoreciendo el distanciamiento. Consiste en apartarse físicamente de lo que se hace, por pura necesidad de que el procesamiento inconsciente se desarrolle y fluya. La persona se levanta, se va, accede a otros escenarios, retorna, vuelve a marcharse. En la distancia se ve a sí mismo realizando la tarea actual o terminándola, para iniciar la siguiente tarea. Este verse haciendo, realizando e incluso consiguiendo se transforma así en la fuente de motivación directamente ligada a la tarea más importante. Afloran ‘inducciones espontáneas’, unas sobre contenidos, otras sobre su forma de actuar. A partir de lo que recibe, comienza un flujo de observaciones y conclusiones ‘del subconsciente al consciente’. Observa lo que hace, lo que ha hecho y anticipa futuras tareas desde fuera, deja de pensar directamente en el proyecto sin interrumpir su atención subconsciente hacia ello. Para el creativo, el distanciamiento equivale a llamar a su subconsciente a intensificar su procesamiento de datos emocionales, informativos y posibles relevantes. Además, hay varias estrategias de favorecer el distanciamiento:
a. Dejar pasar el tiempo para adquirir perspectiva. b. Someter a crítica constructiva, con personas cercanas afectivamente, o bien comprometidas con el desarrollo de la idea colaboradoramente. c. Observando otros casos, fenómenos o situaciones semejantes o con alguna relación con la propia.
muy desarrollada’ o ‘de las personas más creativas’. Nos referiremos a ellas a continuación. Se han formulado varios sistemas de características personales o profesionales aplicables específicamente a ellas. Apuntan a cualidades observadas en grado mayor que en las personas con una creatividad medianamente desarrollada o cultivada. Podrían por tanto ser considerados como ámbitos de objetivos y competencias a cultivar, o para la evaluación para el análisis y la mejora de la propia creatividad. Existe el riesgo de que la constatación de rasgos más o menos propios de las personas más creativas pueda ser un reflejo determinista tan orientador como inexacto. A nuestro juicio, dependerá de cómo se interprete. Su presentación apunta a la evidente realidad de su existencia y al anhelo de mejora desde lo que parece ocupar la ‘zona del próximo desarrollo’ de la normalidad hacia la creatividad más desarrollada. Según E. Mateo Lepe, y F. Menchén Bellón (1983) los rasgos fundamentales del sujeto más creativo tienen que ver con aquellas funciones que intervienen en el proceso creativo. Posee por tanto en mayor grado:
D. N. Perkins (1993) distingue las siguientes dimensiones de la mente creativa (de la persona más creativa):
Por su parte, R. J. Sternberg (2001) ha expuesto las 15 características de los individuos con mayor creatividad:
La persona creativa tiene una visión fresca del mundo. No intenta resolver nuevos problemas con viejas soluciones. Parte de la premisa de que no conoce las respuestas. En consecuencia, enfoca la vida con la curiosidad y el asombro de un niño, que todavía no está estructurado en su forma de ser y de pensar. El individuo cuya personalidad no es rígida tiene libertad para utilizar su imaginación, para enfrentar las circunstancias de la vida, que están en constante cambio.
M. Íñiguez (2005), destacada investigadora de la creatividad, señala que los creativos son abiertos como los radares , amplios como los calidoscopios , abridores de rutas como los ríos , que pueden hacer eses y ensancharse, sin por ello dejar de fluir (comunicación personal).
A continuación, proponemos nuestro sistema de características de personas muy creativas, en relación a su proyecto profesional y personal:
a. Por un lado, se es consciente de que se está trabajando y produciendo para el desarrollo epistemológico o fundamental del propio corpus o ámbito. Para el gran creativo, esta relación especial con el ámbito de pertenencia tiene que ver con el cultivo del mismo ámbito, o sea, con su cambio y con su evolución posible. No pinta, no diseña o no cuestiona sólo para realizar un trabajo o para vivir de ello, sino para cambiar las cosas. b. Por otro, las personas muy creativas no son conocedoras exhaustivas de su ámbito. Diríase que una inversión de energía destinada a esa erudición exhaustiva podría sofocar su creatividad, y lo que a ellas les interesa más es producir, desarrollar su proyecto con el que nutrir su ámbito. Por ello, recurren a la selección de una parte, al aprovechamiento del conocimiento casual (por “sincronicidad”, al decir de C. G. Jung), que les parece base suficiente de su proyecto actual.