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Orientación Universidad
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Cuadernillo comportamiento, Tesis de Psicopedagogía

Se enfoca en la área del niño y en saber sus difentes etapas en las que se va encontrando

Tipo: Tesis

2019/2020

Subido el 04/04/2020

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UNIVERSIDAD AUTONOMA DE CHIHUAHUA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA CULTURA FISICA
COMPORTAMIENTO HUMANO INDIVIDUAL Y SOCIAL
1ER SEMESTRE.
1er parcial. 2do. Parcial. 4to. Parcial.
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UNIVERSIDAD AUTONOMA DE CHIHUAHUA

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA CULTURA FISICA

COMPORTAMIENTO HUMANO INDIVIDUAL Y SOCIAL

1ER SEMESTRE.

1er parcial. 2do. Parcial. 4to. Parcial.

Capítulo I

Teorías de la personalidad

ESCRIBE TODO LO QUE PIENSAS DE ESTE PERSONAJE

En esta unidad comenzaremos con dos grandes teorías clásicas sobre la personalidad. Estas teorías establecieron el campo de la psicología de la personalidad y presentaron algunos temas clave para la investigación actual y el trabajo clínico.

  1. Darwin , en el siglo XIX, introdujo la hipótesis evolucionista. Afirmó que el ser humano, como especie, deriva de los simios superiores. De esta manera, las diferencias entre lo humano y lo animal resultaban ser mucho menos definitivas de lo que hasta entonces se había supuesto.
  2. Con su teoría psicoanalítica, Freud acabó con otra idea secular. Para Freud, el hombre ya no podía continuar siendo identificado con la conciencia y la racionalidad. Freud no negó que la conciencia fuera la guía de una parte de lo que hacemos los seres humanos. Supuso, sin embargo, que la parte más esencial de nuestras vidas y de nuestro comportamiento sólo se puede explicar mediante lo que él llamó el “inconsciente”. Uno de los primeros casos que trataron Freud y Breuer, y que tuvo gran influencia en el origen de la teoría psicoanalítica, fue el de Anna O, pseudónimo dado por Josef Breuer a Bertha Pappenheim para proteger su identidad. La paciente, de 21 años, sufría diversos síntomas histéricos de tipo somático: tos nerviosa, parálisis e insensibilidad en brazos y piernas, incapacidad para tragar líquidos. Mostraba también trastornos severos de personalidad, como ausencias y delirios. No había ninguna lesión neurológica ni de ningún otro tipo que justificara tales síntomas. De vez en cuando, la paciente murmuraba palabras incoherentes en las sesiones de hipnosis a las que la sometía Breuer. Breuer anotaba lo que decía Anna O. y luego se lo repetía cuando salía del trance hipnótico. A medida que avanzaba el tratamiento, y mientras estaba en estado de trance, Anna O. contó hechos pasados que la habían afectado profundamente: vivencias de asco que tuvo que disimular, escenas muy tristes junto a su padre moribundo, etc. Acompañaba la narración con amplias expresiones afectivas, con lágrimas, gritos y contracciones. Al repetirle Breuer todo eso una vez acabada la hipnosis, la enferma se fue liberando de lo que la oprimía y desaparecieron sus síntomas. En 1895, Freud publicó conjuntamente con Breuer los Estudios sobre la histeria. Poco después rompió con su amigo y siguió adelante con sus propias ideas. Por esa época, escribió Proyecto de una psicología científica, un manuscrito que sólo se publicó póstumamente, en 1950. En esta obra, Freud intentó poner en relación la teoría psicológica que entonces estaba desarrollando con la fisiología del cerebro.

1.2. La estructura de la personalidad según el psicoanálisis

- Mente consciente, preconsciente e inconsciente: la primera tópica En la concepción de la personalidad de Freud subyace la idea de que la mente en su mayor parte permanece oculta. Anna O. era en realidad Bertha Pappenheim, en la fotografía con 22 años de edad. Anna O. era en realidad Bertha Pappenheim, en la fotografía con 22 años de edad.

La parte consciente es la parte del iceberg que flota sobre la superficie. La mente consciente está formada por el conocimiento más o menos claro que cada individuo posee de su propia existencia, de sus pensamientos, sentimientos y actos. Debajo hay una región mucho más grande, que es inconsciente y contiene los pensamientos, los deseos, los sentimientos y de los que una persona no se da cuenta. Algunos de estos pensamientos los almacenamos temporalmente en el preconsciente , de donde podemos recuperarlos y llevarlos a la conciencia. Pero lo que más le interesaba a Freud era la gran cantidad de pasiones y pensamientos inaceptables que creía que reprimimos, o bloqueamos forzosamente desde nuestra conciencia porque nos resulta demasiado penoso conocerlos. Forman el inconsciente. El inconsciente es, pues, la parte de nuestro psiquismo constituida por deseos y procesos vividos de los cuales no podemos disponer porque escapan a nuestro control. Los contenidos inconscientes de la mente son dinámicos , esto es, ejercen activamente presiones e influencias sobre lo que cada persona es o hace. Freud pensaba que, si bien no somos conscientes de ellos, las ideas y los sentimientos conflictivos nos influyen poderosamente. En su opinión, nuestros impulsos reprimidos se exteriorizan de diversas formas: en el trabajo que elegimos, en nuestras creencias, en nuestros hábitos diarios, en nuestros síntomas perturbadores. Entre el inconsciente y las otras regiones de la mente, Freud situaba la censura o función de represión. La censura es como un guardián vigilante que no permite que pase a la conciencia lo que se haya en el inconsciente. Al principio, Freud pensó que la hipnosis podría desbloquear la entrada al inconsciente, pero los pacientes mostraron una capacidad desigual para la hipnosis. Luego empezó a trabajar con la asociación libre , es decir, le pedía al paciente que se relajara y contara todo lo que pasaba por su mente, sin importarle lo embarazoso o trivial que pudiera ser. Freud creía que con la asociación libre podía trazar una línea hacia el pasado y producir una cadena de pensamientos que lo llevara hasta el inconsciente del paciente y, de ese modo, recuperar y liberar los recuerdos inconscientes y penosos, a menudo originados en la niñez. Menteconscie nte Preconsciente (conciencia exterior, pero accesible) Menteinconsc iente

favor, no me dé más recibos porque no puedo tragarlos". Freud descubrió también que los chistes constituían un modo de expresar las tendencias sexuales y agresivas reprimidas y que los sueños eran el "camino real hacia el inconsciente". Creía que el contenido de los sueños que se recuerda (el contenido manifiesto) era la expresión censurada de los deseos inconscientes del soñante (el contenido latente del sueño). En sus análisis de los sueños, Freud buscaba los conflictos internos de los pacientes.  El Yo, el Ello y el Superyó: la segunda tópica Para Freud, la personalidad humana, incluyendo las emociones y las tensiones que las acompañan, surge a partir de un conflicto entre los impulsos y las restricciones, entre los impulsos biológicos agresivos y tendentes al placer y los límites sociales interiorizados que se les oponen. Pensaba que la personalidad es el resultado de nuestros esfuerzos por resolver el conflicto básico que implica la expresión de estos impulsos para que proporcionen satisfacción sin provocar culpa ni castigo. Para comprender las dinámicas de la mente durante este conflicto, Freud propuso tres sistemas que interactúan: el Ello, el Yo y el Superyó (Figura 13.1). El Ello es la reserva de energía psíquica inconsciente que lucha constantemente por satisfacer los impulsos básicos de supervivencia, sexualidad y agresividad.  El Ello opera según el principio del placer : si la realidad no lo restringe, busca la gratificación inmediata. Para comprender la persona dominada por el Ello, pensemos en los recién nacidos, quienes, gobernados por el Ello, lloran para que se les satisfaga su necesidad de inmediato, sin que les importe lo que sucede en el mundo exterior. O pensemos en las personas que tienen una perspectiva del tiempo presente más que futura, aquellos que viven el presente y no sacrifican el placer de hoy por el éxito y la felicidad del mañana. Esta clase de personas ("dominadas por el Ello", las hubiera denominado Freud) son las más adictas al tabaco, al alcohol y a otras drogas.  En el Ello situaba Freud todo lo que ha sido reprimido : deseos, recuerdos, etc.  El Ello es totalmente y siempre inconsciente.  El Ello es la parte más primitiva o antigua del psiquismo humano.  El Ello tiene un carácter dinámico , es decir, las energías que lo forman presionan a las restantes partes de la mente El Yo se ocupa del mundo real fuera de la persona y hace de mediador entre ese mundo y el Ello. A medida que el yo se desarrolla, el niño pequeño aprende a enfrentarse con el mundo real.  El Yo opera según el principio de realidad , es decir, intenta gratificar los impulsos del Ello de modo realista, de la manera que le aporte más un placer a largo plazo que dolor o destrucción. (Imaginemos qué sucedería si, por falta de un Yo, expresáramos nuestros impulsos sexuales o agresivos sin represión alguna en cualquier momento que los sintiéramos).  El Yo se compone de elementos conscientes (percepción externa del mundo, percepción interna de la propia mente, procesos intelectuales), de elementos preconscientes (recuerdos no reprimidos, aprendizajes) y de elementos inconscientes , lo que Freud llamó “mecanismo de defensa” (se hablará luego de ellos). En su teoría Freud propone que el Yo de un niño, alrededor de los 4 o 5 años, reconoce las demandas del Superyó que empieza a formarse y es la voz de la conciencia que obliga al Yo a

considerar no sólo lo real sino también lo ideal y que se centra en cómo debemos comportarnos.  El Superyó equivale a una especie de “moral arcaica” , que resulta de la interiorización durante la infancia de las prohibiciones familiares.  El Superyó es totalmente inconsciente. El niño, que originariamente es “amoral” (pues no posee más que el Ello no reprimido) empieza a percibir las prohibiciones familiares, que interiorizara inconscientemente, convirtiéndolas en una instancia que vigila y amenaza al Yo.  El Superyó juzga las acciones y produce sentimientos positivos de orgullo o negativos de culpa. Como las demandas del Superyó suelen oponerse a las del Ello, el Yo se encarga de reconciliar a ambos. Es la personalidad "ejecutiva", que hace la mediación de las demandas impulsivas del Ello, las demandas restrictivas del Superyó y las demandas de la vida real del mundo externo. Actividad: Técnica didáctica. “Elección de posiciones” analizar el siguiente texto. Los Jóvenes de hoy no alcanzan a fortalecer un “YO” y mucho menos a generar un sentido del “SUPER YO “ que se encuentra totalmente reprimido ante las demandas insistentes de un “ELLO “ muy exigente.

1.3. Las pulsiones, el núcleo de la personalidad

Para Freud el psiquismo humano era un conjunto de fuerzas, de procesos energéticos que, por medio de tensiones y distensiones, buscan el equilibrio. Todos las espacios de la mente —tanto la conciencia como el inconsciente— son dinámicos y están formados por una gran variedad de elementos: imágenes del presente, sensaciones y percepciones; conceptos; recueros y, sobre todo, aquello que Freud consideraba la raíz o núcleo de nuestra personalidad: las pulsiones. Freud contrapuso las pulsiones y los instintos :  Los instintos son tendencias básicas del organismo y tienen un carácter determinado y específico: es decir, son tendencias que sólo pueden satisfacerse con determinados objetos y cuya orientación es fundamentalmente idéntica para todos los individuos de una especie. El hambre era para Freud un instinto.  Las pulsiones constituyen la parte más primitiva del Ello. Freud las entendía como tendencias indeterminadas y polimorfas, que pueden cambiar o quedar fijadas en un determinado momento de su evolución. El hambre no se puede satisfacer pensando o contemplando una imagen; en cambio, la pulsión sexual sí. En sus obras de la segunda etapa, Freud redujo todas las pulsiones a dos principales: las pulsiones sexuales y las pulsiones de autoconservación :  Las pulsiones sexuales. Freud le dio el nombre de libido a la energía de las pulsiones sexuales. Están regidas por el principio del placer. En los primeros años de la vida, estas pulsiones tienen un carácter fragmentario y disperso. Se fijan en diversos órganos del cuerpo y se satisfacen también con objetos muy diversos. Sólo con la adolescencia se produce la unificación de las pulsiones sexuales y la primacía de la genitalidad. Para Freud la sexualidad y la genitalidad no son lo mismo. La genitalidad es tan sólo un enfoque posible de la sexualidad.

consideran un rival. Con esta mezcla de sentimientos, los varones supuestamente también sienten culpa y, por ello, temen que el padre los castigue, tal vez con la castración. A este conjunto de sentimientos lo denominó complejo de Edipo , basándose en el mito griego en el que Edipo mató a su padre sin saber quién era y se casó con su madre. Los diversos sentimientos y vivencias que forman el complejo de Edipo quedarán luego reprimidos en el inconsciente. Algunos psicoanalistas creían que las niñas, a su vez, experimentan el complejo de Electra. El periodo de latencia se inicia cuando se supera el complejo de Edipo. Con el tiempo, los niños se van defendiendo de los sentimientos amenazadores, dijo Freud, al reprimirlos y se identifican con el padre rival (al intentar parecerse a él). Es como si algo dentro del niño decidiera: "Si no puedes vencerle (al padre del mismo sexo), únete a él". A través de este proceso de identificación, el Superyó de los niños se fortalece al ir incorporando muchos de los valores de los progenitores. Freud creía que la identificación con el progenitor del mismo sexo aporta la identidad sexual respecto a nuestro sentimiento de ser varón o mujer. Para Freud, la conducta inadaptada del adulto proviene de los conflictos no resueltos durante la etapa temprana del desarrollo psicosexual. En algún momento de la etapa oral, anal o fálica, el conflicto puede producir un bloqueo o fijación de la energía puesta en la búsqueda de placer en esa etapa. Por ejemplo, Freud creía que las personas que fueron sobreprotegidas o privadas de afecto (tal vez por un destete brusco y prematuro), pueden quedar fijadas en la etapa oral. Los adultos con fijación oral, pensaba, podían exhibir tanto una dependencia pasiva (como la de un bebé) o una negación exagerada de esa dependencia, quizás al actuar con dureza y expresando frases irónicas. O podían continuar buscando la gratificación oral fumando o mordiéndose las uñas o con otras acciones semejantes. De hecho, un adulto no manifiesta normalmente sus fijaciones salvo en los momentos en que se comporta, sorprendentemente, “como un niño”. Lo que sucede en esos casos es que, debido a algún acontecimiento extraordinario —un peligro, un disgusto, etc.— la personalidad sufre una regresión a alguna fijación infantil.

1.5. Los mecanismos de defensa

La frustración , decía Freud, es el precio que pagamos por la civilización. Como miembros de grupos sociales debemos controlar nuestros impulsos sexuales y agresivos y evitar mostrarlos. Cuando el Yo pierde el control en su lucha interna entre las exigencias del Ello y del Superyó, el resultado es la frustración, que nos deja el sentimiento de intranquilidad sin saber cuál es la causa. Cuando no podemos satisfacer nuestras pulsiones, cuando rompemos con el principio del placer —ya sea por causa de obstáculos externos, ya sea por aceptar las exigencias de nuestro Superyó— nos encontramos en el estado psíquico de la frustración. La frustración produce un sentimiento de derrota y fracaso; provoca una ansiedad que debe encontrar alguna vía para aliviarse y descargarse. La frustración es la causa fundamental de las enfermedades mentales de tipo neurótico. La reacción psíquica más frecuente ante la frustración es la agresividad , aunque no toda forma de comportamiento agresivo tiene su raíz en la frustración. La agresividad puede ser física, pero muy frecuentemente es verbal: se manifiesta en la ironía, el sarcasmo, el insulto. Otra forma de liberar la tensión y la ansiedad de la frustración son los mecanismos de defensa. Tales mecanismos, que son inconscientes, permiten al Yo transformar las energías generadas por la frustración. Los más importantes son:  La represión. En una situación de conflicto mental, cuando una persona experimenta una pulsión que es claramente incompatible con las normas a las que siente que ha de adherirse, es posible para esa persona alejar tal pulsión de su conciencia, pretender que no existe, y así evitar la ansiedad. La represión tiende a evitar el conflicto interno. Pero se trata de un escapa, de un engaño, y como tal está condenada al fracaso. Pues aquello que es reprimido no desaparece realmente, sino que continúa existiendo en el inconsciente. Allí conserva toda su energía pulsional y ejerce su influencia enviando a la conciencia un

substituto encubierto, esto es, un síntoma neurótico. Así, la persona puede actuar de un modo que admitirá que es irracional, pero seguirá con su pauta de acción sin saber por qué. Puesto que al reprimir algo alejándolo de la conciencia ha perdido el control efectivo sobre ello, no puede liberarse de lo síntomas neuróticos que esa situación ocasiona ni eliminar voluntariamente la represión y llevar a la conciencia lo reprimido. Como cabía esperar de su concepción evolutiva del individuo, Freud localiza las represiones decisivas en la primera infancia y, dada su concepción de las pulsiones, sostiene que son básicamente de naturaleza sexual. Para la futura salud mental del adulto, es esencial que el niño recorra con éxito las fases normales del desarrollo psico-sexual. Pero esto no siempre sucede satisfactoriamente y cualquier alteración de la evolución deja una predisposición para una futura neurosis. Según Freud, la represión subyace a todos los otros mecanismos de defensa, cada uno de los cuales oculta los impulsos amenazantes y los mantiene alejados de la conciencia.  La regresión nos permite retornar a una etapa más temprana del desarrollo infantil. Por tanto, es posible que cuando un niño se siente ansioso por los primeros días de colegio haga una regresión a la etapa oral y empiece a chuparse el pulgar. Los celos por el nacimiento de un hermano menor pueden provocar la incontinencia urinaria en niños que ya tenían un cierto control sobre su propio cuerpo.  En la formación reactiva , el yo disfraza de manera inconsciente los impulsos inaceptables y aparecen como sus opuestos. En el camino hacia la conciencia, la frase inaceptable "lo odio" se convierte en "lo quiero". La timidez se vuelve osadía y los sentimientos de inferioridad se transforman en soberbia.  La proyección disimula los impulsos amenazantes atribuyéndoselos a los demás. Por tanto, "No confía en mí" puede ser una proyección de un sentimiento real "No confío en él" o "No confío en mí mismo". Hay un dicho que capta esta idea: " Piensa el ladrón que todos son de su condición".  La racionalización sucede cuando generamos inconscientemente una justificación para poder ocultarnos a nosotros mismos los motivos reales de nuestros actos. Así, los bebedores habituales pueden decir que beben con sus amigos "para ser sociables". Perdemos el tren que tanto no interesaba coger y, esperando al siguiente, nos decimos: “Mejor, así cuando llegue a casa ya cenarán y no tendré que poner la mesa”.  El substitución , siguiendo a Freud, desvía los impulsos agresivos o sexuales hacia un objeto o una persona que es psicológicamente más aceptable que el que despierta los sentimientos. Los niños que temen expresar enojo contra sus padres pueden desplazar este sentimiento pateando a su mascota. Los estudiantes molestos por un examen pueden descargar su malestar contra un compañero. La masturbación era para Freud una forma de substitución. La frustración sexual puede sublimarse en creación artística

nuestros pensamientos y sentimientos reprimidos. Creía que también existe un inconsciente colectivo, un depósito común de imágenes derivadas de las experiencias universales de nuestros antepasados. Decía que el inconsciente colectivo explica por qué, para muchas personas, los problemas espirituales están profundamente arraigados y por qué los individuos en diferentes culturas comparten determinados mitos e imágenes, como el de la madre como un símbolo del cuidado y del cariño. (En la actualidad, los psicólogos descartan la idea de las experiencias heredadas, pero muchos creen que nuestra historia evolutiva compartida determinó algunas predisposiciones universales). Freud murió en 1939. Desde entonces algunas de sus ideas han sido incorporadas a la teoría psicodinámica. La mayoría de los teóricos y terapeutas psicodinámicos contemporáneos no han comparten la idea de que el sexo es la base de la personalidad. No hablan tampoco de Ello ni de Yo y no clasifican a sus pacientes como orales, anales o fálicos. Sin embargo, creen, como Freud, que gran parte de nuestra vida mental es inconsciente, que a menudo luchamos con los conflictos internos entre nuestros deseos, temores y valores, y que la niñez modela las personalidades y los modos de vinculación con las demás personas.

2. La perspectiva humanista

Alrededor de 1960, algunos psicólogos de la personalidad mostraron su rechazo ante la negatividad de Freud y ante la psicología conductista de B. E Skinner. En contraste con el estudio de Freud de las motivaciones básicas de las personas “enfermas", estos psicólogos humanistas se centraron en la esfuerzo de las personas “sanas" para lograr la autodeterminación y autorrealización. En contraste con la objetividad científica del conductismo, estudiaron a las personas a través de sus propias experiencias y de sus sentimientos tal como ellas mismas los explican. Dos teóricos precursores, Carl Rogers (1902-1987) y Abraham Maslow (1908-1970, ofrecieron una perspectivPa de la tercera fuerza que destacaba el potencial humano.

2.1. Elementos clave de la perspectiva humanista

Es difícil describir la psicología humanista de la personalidad porque no hay un acuerdo comúnmente aceptado sobre cuáles serían sus aspectos clave. De todos modos los cuatro siguientes elementos son centrales en todo enfoque psicológico que pueda considerarse humanista.

1. Responsabilidad personal Aunque puede que queramos negarlo, somos en definitiva responsables de lo que nos sucede. Para los psicólogos humanistas el modo en que actuamos es el resultado de nuestras elecciones personales respecto a lo que queremos hacer en un momento determinado. Elegimos mantener una relación, no estamos obligados a hacerlo. Elegimos actuar pasivamente, pero podríamos decidir actuar de otro modo. Elegimos ir al trabajo, llamar a nuestros amigos, abandonar una fiesta o enviar un regalo navideño. No tenemos que hacer ninguna de esas cosas. El precio que tenemos que pagar por hacer alguna de esas cosas puede ser muy alto, pero las hacemos porque hemos decidido hacerlas. 2. El aquí y el ahora De acuerdo con la psicología humanista, sólo podemos llegar a ser personas completamente realizadas si aprendemos a vivir las cosas tal como vienen. Puede ser útil algún tipo de reflexión sobre el pasado o sobre el futuro, pero la mayoría de las personas dedican demasiado tiempo a pensar en cosas pasadas o en planificar el futuro. El tiempo dedicado a esas actividades es tiempo perdido, pues sólo es posible vivir plenamente la vida si se vive en el aquí y en el ahora. Un poster popular nos recordaba que “Hoy es el primer día de lo que te resta de vida”. Esta frase podría ser el lema de la psicología humanista. 3. La centralidad del individuo Nadie se conoce mejor a uno mismo que él mismo. Esta observación es fundamental en la psicología humanista. Los psicólogos humanistas argumentan que es absurdo para un terapeuta escuchar a los clientes, decidir cuáles son sus problemas y forzarles a aceptar la interpretación del terapeuta respecto a qué debería cambiar en sus vidas y cómo deberían hacerlo. Los psicólogos humanistas, por el contrario, intentan entender de “dónde” vienen sus clientes y proporcionarles lo que necesitan para ayudarse a sí mismos. 4. Crecimiento personal Los teóricos humanistas mantienen que las personas no llegan a ser felices tan sólo por tener cubiertas sus necesidades más inmediatas. Cuando eso ocurre, procuran continuar con su desarrollo personal de la forma más positiva posible. Avanzamos hacia algún tipo de estado superior de bienestar. Carl Rogers se refería a ese estado como aquel que es propio de una persona completamente funcional. Maslow hablaba de autorrealización para describirlo: ser una persona autorrealizada es haber llegado a ser todo aquello que uno es capaz de ser.

Si la información que recibimos en contra de la idea que tenemos de nosotros mismos es excesivamente amenazadora para nuestra autoimagen, resulta difícil de aceptar. En este punto la teoría de Rogers adquiere un aire freudiano. Rogers propuso que recibimos esa información amenazadora en algún nivel de la mente por debajo de la conciencia. Si esa información contradice el concepto que tenemos de nosotros mismos, activamos varias defensas que impiden que esa información llegue a la conciencia y genere ansiedad. La defensa más habitual es la distorsión. Nos podemos autoconvencer de que la persona que nos ha llamado imbéciles estaba de mal humor o que es una persona grosera. En casos más extremos, podemos recurrir a la negación. Podemos convencernos de que no hablaba de nosotros, sino de otra persona de nombre parecido al nuestro. La distorsión y la negación permiten a corto plazo reducir la ansiedad. Pero este alivio tiene un precio. Cada distorsión nos aleja un poco más de poder experimentar la vida plenamente. En algún punto, la distancia entre nuestra autoimagen y la realidad es tan amplia que nuestras defensas resultan inadecuadas. En este caso, las personas experimentan lo que Rogers llamó un estado de desorganización. La barrera protectora frente a la información amenazante se derrumba y el resultado es una ansiedad extrema.  Las condiciones para el crecimiento y la mirada positiva incondicional ¿Por qué es tan difícil aceptar e incorporar cierta información en la idea que tenemos de nosotros mismos? La respuesta de Rogers es que la mayoría de nosotros hemos crecido en un contexto dominado por la mirada positiva condicional. En la infancia, nuestros padres y cuidadores nos proporcionan amor y cuidado. Sin embargo, pocas veces lo hacen de una manera incondicional. Más bien, la mayoría de los padres quieren a sus hijos en la medida en que los hijos hacen lo que los padres esperan La ansiedad es el resultado de entrar en contacto con información que es inconsistente, que no encaja, con la idea que tenemos de nosotros mismos Cuando experimentamos una mirada positiva incondicional, sabemos que seremos aceptados y queridos sin que importe lo que hagamos

de ellos. Cuando los padres desaprueban la conducta de los hijos, les niegan su amor. Los hijos reciben el mensaje de que son queridos, pero sólo cuando hacen lo que sus padres quieren. La mirada positiva que los hijos necesitan y quieren está condicionada, depende de su conducta. Como resultado de esta mirada positiva condicional, los niños aprenden a renunciar a sus verdaderos sentimientos y deseos, y a aceptar tan sólo aquellas partes de sí mismos que sus padres consideran apropiadas. Es decir, niegan sus debilidades y defectos y se vuelven cada vez menos conscientes de sí mismos. Y ese proceso continúa cuando nos hacemos adultos. Incorporamos en nuestra autoimagen tan sólo aquellos aspectos que creemos que pueden tener la aprobación de las personas importantes en nuestras vidas. En lugar de reconocer y expresar los sentimientos que pudieran disgustar a los demás, los negamos o los distorsionamos. Como resultado, perdemos contacto con nuestros sentimientos y nos volvemos cada vez menos plenamente funcionales. El antídoto para esta deriva negativa es la mirada positiva incondicional. Cuando experimentamos una mirada positiva incondicional, sabemos que seremos aceptados y queridos sin que importe lo que hagamos. Los padres deberían comunicar a los hijos que, por más que no aprueben una conducta suya en particular, los aman y los aceptan siempre. En esas condiciones, los niños dejan de sentir la necesidad de negar los pensamientos y los sentimientos que, de otro modo, conllevarían la negación de la mirada positiva. Son entonces libres de experimentar plenamente consigo mismos; libres para incorporar faltas y defectos en su autoimagen; libres para experimentar plenamente la vida. Los padres no son la única fuente de consideración positiva incondicional. Las relaciones adultas con los amigos y con las parejas sentimentales pueden estar también basadas en una mirada positiva incondicional. Los terapeutas pueden también crear una atmósfera de consideración positiva incondicional durante la terapia.

2.3. Maslow y el estudio de las personas psicológicamente sanas

Abraham Maslow es, sobre todo, conocido por su teoría de la motivación, que estudiaremos en una unidad didáctica más adelante. Las ideas de Maslow sobre la personalidad están desarrolladas en su libro Motivación y personalidad (1970). Los psicólogos tradicionalmente habían centrado su atención en las personas que padecían problemas psicológicos. Maslow orientó su investigación en un sentido muy distinto. Se preguntó: ¿Cómo son las personas autorrealizadas?, ¿qué podemos aprender de ellas? Para responder estas preguntas, entrevistó a personas que creía que habían satisfecho su necesidad de autorrealización. También investigó grabaciones y documentos históricos para aprender más sobre personajes históricos que aparentemente habían vivido una vida de autorrealización. La lista incluía a Thomas Jefferson, Albert Einstein o Eleanor Roosevelt. El mismo Maslow admitió que su método no era científicamente riguroso. En lugar de usar análisis estadísticos, confió en lo que llamó “análisis holísticos”. Con la información que pudo recoger sobre los individuos que estudiaba sacó su impresión general de cada uno de ellos. Y a Abraham Maslow

Probablemente el ser humano ha intentado describir los rasgos de la personalidad desde siempre: desde que usa el lenguaje. Uno de los primeros teóricos de la perspectiva de los rasgos, Gordon Allport, en un trabajo de 1961, enumeró más de 4.000 adjetivos que se usan en inglés para describir la personalidad. Uno de los primeros y principales retos de los psicólogos de la personalidad es combinar esos rasgos en una estructura manejable. Las tipologías fueron uno de los primeros intentos de dar una descripción de la personalidad. El objetivo de una tipología es establecer unos cuantos tipos o categorías en los que encajarían todas las variaciones posibles de la personalidad. Los antiguos griegos, siguiendo la tradición hipocrática, distinguieron cuatro tipos: sanguíneos (felices), melancólicos (infelices), coléricos (temperamentales) y flemáticos (apáticos). Elemento Cualidades Humor Tipo Estación Aire Caliente/Húmedo Sangre Feliz Primavera Fuego Caliente/Seco Bilis Colérico Verano Tierra Fría/Seca Bilis negra Infeliz Otoño Agua Fría/Húmeda Flema Flemático Invierno Otro intento de establecer una tipología de la personalidad se basó en el aspecto físico general. Es la teoría de los tipos somáticos. Se distinguen tres tipos: endomorfos (obesos), mesomorfos (musculados), ectomorfos (frágiles). Se solía pensar que cada uno de estos tipos difería de los otros no sólo en el aspecto físico, sino también en la personalidad. En la actualidad, los investigadores prácticamente han abandonado las teorías de los tipos. El problema es que estas teorías dan por supuestas varias cosas que son muy difíciles de mantener. Una tipología da por sentado que cada individuo encaja en una categoría de la personalidad y que todas las personas incluidas en una categoría son básicamente parecidas. Además, se da por supuesto que el comportamiento de las personas de una categoría es significativamente diferente del comportamiento de las personas de las otras categorías. No se admite que se pueda ser un poco de la categoría A y un poco de la categoría B. Se tiene que ser A o B. Estas presuposiciones simplemente no se ajustan al examen empírico. Y así, aunque las categorías de la personalidad son todavía conceptos populares —los signos del zodiaco no son más que una teoría de los tipos de personalidad—, los psicólogos han sustituido la perspectiva de los tipos por la perspectiva de los rasgos.

3.1. Elementos clave de la perspectiva de los rasgos

Casi todas las características de la personalidad en que podamos pensar —optimismo, autoestima, motivación para el éxito— pueden ser representadas mediante la curva de distribución normal que se muestra en la figura 3.1. —esta curva es llamada también distribución de Gauss o distribución gaussiana—.

Varias características de la perspectiva delos rasgos se muestran en este gráfico:  En primer lugar, los psicólogos de los rasgos identifican un amplio abanico de comportamientos que pueden ser representados mediante este gráfico. Por ejemplo, la motivación para el éxito puede darse, en un extremo, como un impulso muy persistente o, en el otro extremo, como algo sin más importancia.  En segundo lugar, los psicólogos de los rasgos sostienen que cualquier persona puede ser situada en un punto de la curva. Todos somos más o menos agresivos, más o menos amistosos, etc.  En tercer lugar, si evaluamos a un grupo numeroso de personas y situamos sus puntuaciones en los puntos adecuados determinados por los ejes de coordenadas, con mucha probabilidad, al unir los puntos, obtendremos una distribución normal. Es decir, pocas personas puntuarán muy alto o muy bajo, mientras que la mayoría puntuará en los puntos medios de la curva. Un rasgo es una elemento de la personalidad que se usa para categorizar a las personas de acuerdo con el grado en que manifiestan una característica particular. En psicología, la perspectiva de los rasgos se sostiene sobre dos supuestos fundamentales:  En primer lugar, los psicólogos de los rasgos asumen que las características de la personalidad son relativamente estables en el tiempo. Tendría poco sentido, por ejemplo, decir que alguien es muy sociable si esa persona un día disfruta de una reunión social, mientras que al día siguiente la evita a toda costa. Evidentemente, todos preferimos a veces estar solos y, otras veces, buscamos la compañía de los amigos. Pero si examináramos a determinada persona a lo largo del tiempo, podríamos observar un nivel de sociabilidad relativamente estable. Los psicólogos de los rasgos mantienen que si alguien es muy sociable hoy, probablemente lo continuará siendo el mes que viene, el año próximo y los siguientes. Eso no quiere decir que la personalidad no cambie. Los investigadores han descubierto que nuestra personalidad se va modificando a lo largo de la edad adulta. Sin embargo, esos cambios son graduales y se desarrollan en períodos de varios años.  La segunda asunción que subyace en la perspectiva de los rasgos es que las características de nuestra personalidad se mantienen estables en diferentes situaciones. Las personas agresivas mostrarán una agresividad por encima de la media en una discusión familiar o al jugar un partido de fútbol. Por supuesto, todos actuamos más o menos agresivamente en unas situaciones que en otras. Pero la perspectiva de los rasgos asume que, en situaciones muy diversas, se puede determinar un grado relativamente estable de agresividad. La psicología de los rasgos difiere en varios aspectos de otras perspectivas sobre la personalidad , ya sean éstas de orientación psicoanalítica o humanista:  A diferencia de los psicólogos de otras orientaciones, los investigadores de los rasgos no están interesados en predecir el comportamiento de una persona determinada en una Figura 3.