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es un cuento creado para un concurso que participe
Tipo: Apuntes
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Yo, Marcos, como todos los días, me despierto de mi gran nube para saludar a mamá. Esa nube es mi cama, pero en el fondo sé que es solo una nube. Solo baja por las noches para que yo pueda dormir en ella. Hoy también es día de desayuno de fruta. A veces hay una manzana, otras veces una naranja dorada. Mamá dice que hoy no pudo preparar otra cosa porque Javier insistió en que la comida de la casa es solo para él. Javier siempre come primero. A mí no me molesta tanto, porque las manzanas crujen al morderlas, como si escondieran pequeños relámpagos. Mientras espero que me lleven a la escuela, cuento mis cosas. Las cuento porque si no lo hago, se rompen o se escapan. Todavía no entiendo cómo lo logran. Ayer, mi astronauta apareció debajo de la mesa con un brazo torcido. Mi cuaderno estaba doblado como un acordeón. Quizás las cosas se mueven cuando nadie las ve. Hoy las vigilaré mejor, porque no sabía que estaba perdido. Papá llega por mí. Yo le digo papá, porque es más fácil y porque mamá dice que es mejor así para ellos. Papá tiene un coche muy viejo que suena como si tuviera tos. Yo le llamo el papamóvil, porque suena divertido en mi cabeza. Las calles son ríos de peces de colores que nunca dejan de nadar. Algunos son pequeños y rápidos, otros son grandes y gruñones. Papá está enojado con un ladrillo. El ladrillo vive en su teléfono y tiene la voz de mamá. Papá le grita mucho al ladrillo. Sus manos aprietan el volante con fuerza y el papamóvil ruge como un viejo dragón. A mí no me gustan los ladrillos que hablan. Así que miro por la ventana y cuento peces para que el ruido se haga pequeño. Uno… dos… tres… muchos. Qué divertido es viajar. Papá, cada sábado, me lleva en el papamóvil a ver a mis amigos, los hechiceros de la mente. La nube en la que me acuesto para jugar es muy suave y lo que me dicen se me olvida, pero nos divertimos mucho. Ya llegamos a la escuela papá me dice que me baje rápido. La voz papá suena como cuando se rompe un plato. La escuela es un castillo grande con paredes color cansado.
Tiene muchos sonidos: sillas caracoles, lápices raspando como grillos y una campana que grita más fuerte que todos. La maestra dice que debo sentarme siempre en el mismo lugar. Yo creo que es porque mi silla ya me conoce. Y mientras la maestra habla sueno el lápiz una y otra y el lápiz suena otra vez. Los otros niños hablan muy rápido. Son pájaros que chocan entre sí. A veces me miran. Luego se ríen. Uno de ellos, el que siempre mastica chicle, me dice ¿por qué mierda eres raro?. Yo le pregunto si raro es como verlo fingir ser un dragón, porque los dragones también son raros y a mí me gustan mucho. Entonces se ríen más fuerte. A veces me quitan mis lápices. Yo creo que quieren ver si saben volar, porque luego los tiran lejos y me hacen ir por ellos. Los lápices no vuelan muy bien. Pero no me enojo, porque cuando camino por el salón el piso suena como tambor y eso me gusta. En el recreo me siento debajo de un árbol que parece una sombrilla gigante. Las hojas hacen ruido, como si el árbol me estuviera contando secretos. Ahí saco mi manzana si no me la comí en la mañana. Los otros niños corren, empujan y gritan. Sus gritos me enojan y me dan ganas de gritar o pienso en taparles la boca. A veces dicen mi nombre como si fuera un chiste. Yo no entiendo el chiste. Pero no importa mucho, porque las hormigas entienden. Ellas caminan en filas perfectas y nunca se empujan. La maestra a veces me mira con cara rara. Una vez me preguntó si en casa todo estaba bien. Le dije que sí. Pero a veces, los ladrillos parecen hablar con la voz de mamá, y a papá no le gustan esos ladrillos que hablan. Javier se enoja cuando escucha los truenos de la casa. La maestra se quedó en silencio un buen rato después de eso. Me pregunto si ya había comido algo, porque nunca me ha visto con comida en el patio de juegos. Le dije que ya había comido una manzana, pero solo me respondió algo que no recuerdo. Pensé que tal vez estaba pensando en hormigas. Al final de la escuela, me gusta mirar al cielo. Las nubes siempre están cambiando de forma. A veces parecen barcos, otras veces flautas, y a veces un ratón. Hoy encontré una nube que se parece a una cama gigante. Quizás esa sea la buena. El papamóvil se tarda mucho en llegar hoy.