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Tipo: Apuntes
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LICEO NUEVA GENERACION GRADO: CATEDRÁTICO: LUIS FERNANDO LOPEZ CAN CURSO:
ESTUDIANTE:
CHIMALTENANGO, fecha DD/MM/AA
La zorra y el Leon Erase una vez un león con mucha hambre que vivía en el bosque. Un buen día buscando ocasión para encontrar presa fácil que llevarse al estomago se encontró con una oveja y le preguntó que le parecía su aliento. La oveja sin pensar mucho el riesgo o las consecuencias le respondió con sinceridad que era apestoso. Entonces el león fingió sentirse ofendido, le dio un golpe y la mató a la vez que le decía: “Por haber ofendido a tu rey, eso es lo que te has ganado” y se la comió. Tras un rato el león volvió a hacerle la misma pregunta a una cabra que deambulaba por allí. La cabra que había visto lo que le había ocurrido a su amiga la oveja temió por su vida y le respondió que su aliento era maravilloso. El león se molestó, la mató y se la comió al tiempo que le decía “Por adularme con falsedades es lo que te mereces”. A continuación se dirigió a la zorra que también había observado las dos situaciones anteriores y le repitió la misma pregunta. La zorra, algo más astuta viéndose venir que podía acabar como la oveja o la cabra, se alejó de él y desde la distancia le habló: “De buena fe, le informo que no puedo responder a su pregunta puesto que el resfriado que poseo me impide percibir su aliento”. Así se salvo la zorra de ser devorada por el león.
El Gato y los Ratones Erase una vez un gato muy pillo conocido por su peculiar nombre; Rodilardo se llamaba. El travieso gato era el temor de todas las ratas y ratones de la aldea donde vivía, pues le encantaba disfrutar cazándolas. Durante algunos ratos del día, el gato se dedicaba a vigilar las madrigueras donde las ratas y ratones se escondían para mantenerse a salvo. Esos pequeños animalitos le temían mucho. Rodilardo también estaba interesado en encontrar una linda gatita para casarse y se paseaba por los tejados con asiduidad buscando a la que sería su esposa. Un buen día, mientras él se encontraba en estos menesteres, los ratones y ratas se reunieron para hablar y buscar remedios a su miedo. La más mayor e inteligente de las ratas tuvo una idea y la expuso a sus compañeros: “Amigos, nuestro mal puede tener remedio. Si le atamos un cascabel al gato en el cuello, podremos escuchar cuando se acerca y tendremos tiempo para huir antes de que nos asuste”. A todas las ratas y ratones les pareció una magnífica idea y tenían claro que esa era la solución ideal. De forma unánime aplaudieron entusiasmados la propuesta. Pasados unos instantes, las ratas y ratones fueron reaccionando ¿Quién le pondría el cascabel al gato?
El cachorro del Cazador Erase una vez un perro cazador que tuvo descendencia. Un buen día, uno de sus cachorros pensó que era el momento de empezar a valerse por sí mismo y decidió salir solo de cacería. Tras olisquear durante bastante rato sin mucho éxito empezó a encontrarse cansado y decidió buscar un lugar para refugiarse. Tras merodear unos instantes, encontró la madriguera de una liebre y empezó a ladrar ante ella. La liebre, algo temerosa y desconcertada por el extraño ruido que hacía los ladridos del cachorro, se asomó a ver qué ocurría y cuando lo vio desde lejos le dijo: “¿Qué es ese ruido? Si ni siquiera sabes ladrar. Eres un cachorro. Debería darte pena ladrar así”. El pequeño perro se acercó un poco más y volvió a intentar ladrar para ganarse el respeto y la liebre se rió a carcajadas de él. Tras unos minutos, el cachorro se aproximó un poco más a la liebre y puso más énfasis y energía en su ladrido. La liebre lo observaba y seguía haciéndole gracia los intentos del pequeño por hacerse respetar. En un incontrolable ataque de risa, la liebre cayó de espaldas al suelo y el cachorro se abalanzó sobre ella y le dio un bocado. Pese al susto, la liebre herida salió corriendo y aún desde la lejanía, seguía diciendole al cachorro que tampoco mordía como un verdadero cazador.
El lobo se quedó pensando en silencio lo apetitoso que sería darle un buen bocado y le propuso acompañarla a casa de la abuelita para ganarse su confianza. Tras un rato caminando, el lobo le señaló unas lindas flores a la pequeña niña a lo lejos proponiéndole un regalo para la abuelita. Ésta pensó lo contenta que se iba a poner su abuelita si recibía tan bonito ramo de flores. Se apartó del camino para cogerlas consciente de que el día era aún muy largo para volver a casa y de que su madre no se enteraría. Entonces el lobo desapareció y corrió a casa de la abuelita buscando un atajo en el camino para llegar antes que Caperucita Roja. Cuando el lobo llegó a casa de la abuelita llamó a la puerta y una voz algo congestionada se escuchó “¿Quién es? preguntó la abuelita. “Caperucita Roja” contestó el lobo. “Ábreme abuelita que traigo tortas y manteca para ti” prosiguió el lobo". “Gira la cerradura y abre tú, Caperucita que estoy un poco débil y no me puedo levantar” dijo la abuelita. El lobo abrió la puerta, se dirigió hacia la cama donde permanecía la abuelita acostada y sin mediar palabra de un bocado se la comió. Posteriormente, el lobo buscó algo de ropa y un gorro y se disfrazó de abuelita y se acostó en la cama. Mientras tanto, la pequeña e inocente niña que se había quedado eligiendo las flores más bonitas una a una para hacer un lindo
ramo para su abuelita, se acordó de que se le iba a hacer tarde y retomó la senda para llegar a casa de su abuelita con su cestita y su ramo. Cuando la pequeña llegó a la casa donde residía su abuela, se sorprendió al ver la puerta abierta y con un extraño presentimiento se decidió a entrar y gritó “Buenos días” a lo que no recibió respuesta. Extrañada, la pequeña se dirigió al dormitorio donde le parecía ver a la abuelita acostada. Al verla tan tapada y con una apariencia algo extraña, Caperucita le dijo a la abuelita: “Abuelita, que orejas tan grandes tienes”. El lobo disfrazado de la abuelita respondió: “Caperucita, son para oírte mejor, mi niña”. Caperucita prosiguió: “Abuelita, pero que ojos tan grandes tienes”. “Son para verte mejor, nietecita querida” contestó el lobo. “Y qué boca tan grande tienes abuelita” continuó Caperucita Roja y el lobo saltando de la cama respondió: “Es para comerte mejor” y de un bocado se tragó a la pequeña niña sin darle tiempo a reaccionar. Tras tremenda comilona, el lobo decidió tomarse una siesta para descansar y comenzó a roncar fuertemente. De repente, un cazador que pasaba por allí, al escuchar los ronquidos y pensando que quizás la abuela necesitaría alguna ayuda, se acercó a la casa y entró en el dormitorio. Al ver al lobo, el cazador le dijo al lobo en bajito mientras éste yacía dormido: “Aquí te encuentro viejo pecador, tras de ti iba desde hace tiempo, te daré caza” y le apuntó con la escopeta con la intención de matarlo. Sin embargo, un segundo antes de disparar, pensó que quizás la abuelita estaba en el estomago del lobo y decidió no hacerlo y buscar un plan alternativo. El cazador sigilosamente cogió unas tijeras y empezó a abrir el estomago del lobo durmiente y vio la caperuza roja en uno de los cortes. Siguió cortando y consiguió sacar sanas y salvas a Caperucita y a la abuelita. Rápidamente y antes de que el lobo despertara, Caperucita buscó unas piedras y rellenaron el vientre del lobo. Cuando el lobo