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Asignatura: Arte Griego, Profesor: , Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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El culto a Dionisio incluye cierta emotividad religiosa, el éxtasis y la embriaguez dionisiaca. Es el único Olímpico nacido de madre mortal. Ocupa un lugar secundario en los poemas homéricos, por lo que se supuesto erróneamente que la introducción de su culto fue tardía. Sin embargo su culto aparece en las tablillas micénicas de Pilos. Homero no lo mencionara mucho a pesar de la popularidad de su culto pues los intereses de la aristocracia chocaban con las ideas del Dios.
Dionisio es acogido por las clases más marginadas de la antigüedad: mujeres, esclavos, artesanos, etc., que ven en él un liberador.
Homero le conoce como el dios del vino que alegra el corazón del hombre, y como perseguidor de quienes se oponen a su culto orgiástico, como apreciamos en las leyendas del rey Penteo y Licurgo.
El nacimiento de Dionisio es bastante curioso: Su madre fue una mujer llamada Sémele , hija del rey Cadmo de Tebas, y su padre Zeus , el rey de los dioses. La esposa de Zeus, Hera , era una diosa celosa y descubrió la aventura de su marido. Con el aspecto de una anciana, Hera se ganó la amistad de Sémele , quien le confió que Zeus era el auténtico padre de su hijo. Hera fingió no creerlo, y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele; curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Entonces Zeus se presentó ante ella con sus truenos, relámpagos y rayos, y Sémele pereció carbonizada. Zeus logró rescatar a Dioniso plantándolo en su muslo. Diez meses después, Dioniso nació del muslo de Zeus.
Al nacer, Zeus encarga a Hermes que busque alguien quien le crie. Este es depositado a las ninfas del monte Nisa, que lo criaron en una sombría ruta, cuyas paredes estaban recubiertas de una frondosa vid, que iba creciendo al mismo tiempo que el dios.
La figura de Dionisio no aparecerá con tanto fervor en la literatura o en los templos dedicados a Zeus, Atenea o Apolo, ya que este dios no acata las servidumbres inherentes a la civilización. Su único templo valido para el dios era el teatro, que era al aire libre, el escenario donde tenía lugar las danzas en su honor y resuenan los cantos de los coros.
Dionisio es conocido como el dios de la vid y el vino pero su verdadera función es dios de la vegetación y como esta, nace, muere y renace. Es el dios de los árboles, la savia de estos su sangre. Sus plantas predilectas son la hiedra y el pino, de donde se sacaba la madera para sus máscaras. Es una divinidad de campos y frutales, jardines y viñedos, de la humedad y del principio líquido que promueve y preside la vida.
Junto a él viven las ninfas, divinidades del mundo vegetal, de las aguas, representan el impulso vital de la naturaleza. Las Oréadas son las ninfas de los montes y las Dríadas y las Hamadriadas de los arboles ( drys , “encina”). También se le asociaban Sátiros, espíritus mitad hombre y mitad bestia. Otro que también es asociado a la figura de la deidad era Sileno un personaje, viejo, gordo y calvo que siempre caminaba tambaleándose, sostenido por sátiros o montado en un asno, el más conocido es Marsías. Los centauros, seres fabulosos dotados de torso y cabeza humana y cuerpo de caballo, aparecen en la famosa pelea con los lapitas, inmortalizados en uno de los frontones del templo de Zeus, en Olimpia o del famoso Quirón, maestro de Aquiles. La última de las divinidades asociadas a su seno es el dios “Pan”, divinidad de la caza de fieras, pastores e inventor de la zampoña. Los dioses le llamaron Pan (todo) porque al verle por primera vez, puede sumergirte en un alegre regocijo o infundir terror irracional. Un terror que es capaz de provocar las estampidas de un rebaño o la desbandada súbita e inexplicable de un ejército.
El culto a Dionisio supone la liberación de la naturaleza humana del elemento titánico que lo impurifica, mediante la mortificación del cuerpo y el ascetismo. Según, los órficos, los hombres nacieron de las cenizas de los titanes, que habían devorado el cuerpo de Dionisio. De esta forma
los humanos poseemos la esencia divina de Dionisio y lo perecedero de los Titanes. El alma es por tanto la esencia de Dionisio y el cuerpo, elemento titánico. Así pues su culto consiste en la purificación del alma que tiende a reunirse junto a todas las demás en Dionisio. Los ritos dionisiacos pretenden llevar al creyente a un estado de embriaguez salvaje. Sus fieles, llamadas Ménades o Thyades alcanzan ese entusiasmo en sus orgias, o ceremonias religiosas para infundirles en ese estado para que se parezcan dioses. Los cultos se realizan en el fin del invierno y a la noche, cuando la vegetación muere y su resurrección es el símbolo del eterno retorno de la primavera.