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Tipo: Apuntes
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David Hume – Biografia Filósofo británico. Es el último de los grandes representantes del empirismo inglés, amplia corriente filosófica en que lo precedieron Francis Bacon, John Locke y George Berkeley. Fue el segundo de los dos hijos de Joseph Home de Ninewells y su esposa Katherine Falconer. David Hume nació el 26 de abril de 1711 en Edimburgo, en el seno de una familia acomodada emparentada con la aristocracia pero de modesta fortuna. La madre, Katherine Falconer, mujer devota, enviudó en 1713 tras el segundo cumpleaños de Hume y se dedicó a la educación de los tres hijos, John, David y Katherine. Con tan solo doce años ingresó en la Universidad de Edimburgo. Hume inició los estudios de leyes en Edimburgo por voluntad de su familia pero su falta de interés hizo que abandona la carrera y se busque una manera de ganarse la vida. El plan de estudios que él mismo se impuso era arduo y lo llevó a un estado de agotamiento del que se repuso poco a poco, gracias a su empeño por seguir las sugerencias del médico. Tras una breve tentativa de iniciarse en el comercio, decidió dedicarse al estudio. En 1734 marchó a Francia, donde pasó tres años, la mayor parte de ellos en La Flèche, dedicado a la redacción de su primera obra, Tratado de la naturaleza humana , que completó tras su regreso a Londres y se empezó a publicar en 1739. El tratado no despertó ningún interés, y Hume se retiró a la casa familiar en Ninewells. En la correspondencia del joven Hume se encuentran referencias al descubrimiento de un “nuevo escenario del pensamiento” durante este periodo —1729-1730—, que sería la clave para una reforma completa de la filosofía. No se puede afirmar con exactitud cuál haya sido el contenido de esa inspiración, pero algunos autores sostienen que debió tratarse del hallazgo de la física de Newton, cuya aplicación a las realidades humanas le habría descubierto ese nuevo escenario, dentro de cuyo marco se podría desarrollar una “ciencia de la naturaleza humana”, capaz de explicar el modo de ser de los hombres con vistas a fomentar el progreso de la humanidad. Otros autores, en cambio, suponen que tal iluminación deba buscarse en el estímulo que le supuso la perspectiva naturalista de algunos clásicos griegos y latinos (Epicuro, Luciano, Lucrecio, Cicerón), así como las escépticas críticas de Bayle. Todos estos elementos le habrían presentado el boceto de un gran proyecto con el cual explicar la situación humana al margen de las doctrinas teológicas defendidas tanto por las confesiones religiosas como por las corrientes filosóficas de la época. Como quiera que sea, su encuentro con la literatura latina y griega constituyó un hito en su modo de escribir y de filosofar. Los esfuerzos juveniles por adquirir un estilo claro y preciso se fundieron con la sustancia de esos escritos, y a la larga constituyeron uno de los ejes de su humanismo. En sus descripciones de la naturaleza humana se unen la devoción por la ciencia y la fascinación por las letras clásicas. Otros intérpretes sostienen que la fuente de ese proyecto debió ser la filosofía “del sentimiento” representada por el conde de Shaftesbury (1671-1713) y Francis Hutcheson (1694-1746). Por último, hay quien ve en la filosofía del sentido común británica, la explicación última de la inspiración juvenil que llevaría a la composición del Tratado de la naturaleza humana, un intento por introducir el método de razonamiento experimental en las cuestiones morales (1739-1740). Primeras obras De 1734 a 1737 se planteó los problemas de la filosofía especulativa. Durante este periodo escribió su obra más importante, Tratado sobre la naturaleza humana (1739-1740).
Escribió además Ensayos morales y políticos (1741-1742). No consiguió su nombramiento para la facultad de la Universidad de Edimburgo porque se le consideraba un escéptico en asuntos religiosos. La favorable acogida que obtuvo la publicación en Edimburgo de la primera parte de sus Ensayos morales y políticos en 1742, le hizo olvidar su primer fracaso. Trabajó como preceptor del marqués de Annandale (1745-1746) y luego como secretario del general St. Clair (1746-1748), a quien acompañó en misión diplomática a Viena y Turín. Nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo, emprendió la redacción de una historia de Inglaterra, que publicó desde 1754 hasta 1762 en varias entregas, algunas bastante mal recibidas por la burguesía liberal. En 1763 aceptó la invitación de lord Hertford de incorporarse a la embajada en París, ciudad donde residió hasta 1766 y en la que se relacionó con Jean-Jacques Rousseau y los enciclopedistas Diderot y D'Alembert. En 1769 regresó definitivamente a Edimburgo con el propósito de disfrutar de la fortuna que le habían proporcionado tanto sus cargos como, finalmente, sus obras. Se ha considerado a Hume como uno de los máximos representantes del llamado empirismo inglés; su análisis crítico del conocimiento, que ejerció sobre Kant una decisiva y reconocida influencia, insistió en la importancia de investigar el origen de las ideas, que él entendía como copias o imágenes de las impresiones (sensaciones, pasiones, emociones). Hume concibió el razonamiento como la actividad de descubrir relaciones entre ideas, que podían ser de dos tipos: las existentes entre hechos (objeto del razonamiento probable, fundado en la experiencia) y relaciones entre ideas (objeto del razonamiento demostrativo, basado en el principio de no contradicción). En 1752 aparecieron sus Discursos políticos, y un año después, tras volver a intentar una cátedra en la universidad, le nombraron titular de la Biblioteca de la abogacía de la ciudad. Escribió por entonces su obra de seis volúmenes Historia de Inglaterra, que apareció por entregas desde 1754 hasta 1762 y, hasta 1765, desempeño el cargo de secretario del embajador británico en París. Conoció al filósofo francés Jean-Jacques Rousseau , quien le acompañó en su regreso al Reino Unido. Pasó a ser subsecretario de Estado en Londres (1767-1768), y después se retiró a Edimburgo, donde permaneció el resto de su vida. Por lo demás, la vida de Hume transcurrió entre Londres y Edimburgo, y el filósofo consiguió siempre combinar la escritura y revisión de sus obras con el cumplimiento de los deberes de distintos encargos oficiales, como la dirección de la Biblioteca del Colegio de Abogados de Edimburgo. Durante el periodo que duró ese encargo (1754-1762), escribió su famosa Historia de Inglaterra , en seis volúmenes. Su modo de contar la historia refleja diversos aspectos de su filosofía, uno de los cuales es su visión secularista y naturalista de los acontecimientos: los distintos fenómenos que conocemos por fuentes históricas no tienen por qué ser explicados como fruto de una providencia o poder divino, sino como hechos que responden a un proceso natural, en el cual se pueden descubrir programas y consecuencias parciales, mas no una finalidad trascendente o un destino general de todos los eventos. Una perspectiva tan “natural” de la historia no podía sino llamar la atención en un periodo en el cual la inspiración de tipo religioso para explicar el acontecer del mundo seguía teniendo una influencia notable. Aquí, como en sus ensayos, Hume supo advertir las preferencias de un público lector cada vez