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Desarrollo neurológico, Apuntes de Psicología

Atención Primaria y su Desarrollo neurológico desde los 3 años de edad hasta los 6 años de edad.

Tipo: Apuntes

2020/2021

Subido el 22/06/2021

chavez-ramirez-juana-sofia
chavez-ramirez-juana-sofia 🇸🇻

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Desarrollo neurológico.
A medida que el cerebro del niño se desarrolla, las diferentes partes se van especializando
gradualmente cada vez más, según van evolucionando los circuitos neurales específicos para las
distintas funciones. Aunque las funciones en cierta medida se localizan, el cerebro es un órgano
complejo en el cual muchas secciones trabajan al unísono.
El desarrollo temprano del cerebro depende de que uno tenga las experiencias adecuadas; el
cerebro joven es una parte muy reactiva y “plástica” del cuerpo, con un elevado número de
neuronas y conexiones entre ellas. Los caminos entre las varias partes del cerebro se van
estableciendo siguiendo las conexiones más activas, formando sistemas que sirven de apoyo a las
diferentes funciones sensoriales, cognitivas, emocionales y conductuales.
El carácter único de cada niño es resultado de las complejas acciones entre los genes que
controlan el crecimiento del cerebro y las experiencias formativas provenientes del entorno del
niño, que tienen que ver tanto con la sensibilidad como con la resiliencia.
Cerebro único, niño único
Las diferencias entre los niños se manifiestan claramente muy pronto después de nacer: algunos
son irritables mientras que otros son más tranquilos. Algunos prestan más atención que otros, de
la misma manera que algunos son más sociables. Los psicólogos utilizan el término
“temperamento” para referirse a características tales como éstas, que tienen una base
predominantemente biológica y cuentan con un importante componente genético junto con
influencias que remontan al período previo al nacimiento.
Gracias a estudios llevados a cabo con animales y seres humanos, se están acumulando pruebas
que demuestran que el estrés experimentado por las madres embarazadas, junto con las
deficiencias registradas en su dieta, puede ejercer efectos tanto a corto como a largo plazo sobre
el desarrollo del cerebro (Mulder y otros, 2002), lo que tiene consecuencias para las características
conductuales del niño y para su desarrollo.
Existen también múltiples factores genéticos que influencian la estructura cerebral (Thompson y
otros, 2001; Wright y otros, 2002) y los genes que hasta ahora han sido identificados como
responsables de tal rol muestran significativas variaciones (polimorfismos) con consecuencias para
el temperamento de los niños. Una cuestión particular a la cual los investigadores le están
prestando atención es cuáles son los efectos de los polimorfismos de los genes relacionados con la
neurotransmisión, como en el caso de los sistemas de la dopamina y la serotonina. Por ejemplo, se
ha revelado que las variaciones en la longitud de las secuencias de repetición del gen DRD4, que
codifica un tipo de receptor de dopamina en el sistema mesolímbico, están relacionadas con las
diferencias en el grado de apego de los niños hacia sus cuidadores, y que también interactúan de
manera compleja con las diferencias en el cuidado brindado por las madres (Gervai, 2009).
Se trata de un ámbito de investigación en desarrollo, y cada vez resulta más evidente que existen
muchas diferentes interacciones de gen a gen involucradas en el origen de las diferencias
temperamentales entre los niños. Con estas diferencias también interactúan de manera compleja
otros factores presentes en el entorno de los niños. Por ejemplo, parece que algunos perfiles
genéticos pueden ser protectores para un niño en un determinado ambiente, mientras que en un
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 Desarrollo neurológico.

A medida que el cerebro del niño se desarrolla, las diferentes partes se van especializando gradualmente cada vez más, según van evolucionando los circuitos neurales específicos para las distintas funciones. Aunque las funciones en cierta medida se localizan, el cerebro es un órgano complejo en el cual muchas secciones trabajan al unísono. El desarrollo temprano del cerebro depende de que uno tenga las experiencias adecuadas; el cerebro joven es una parte muy reactiva y “plástica” del cuerpo, con un elevado número de neuronas y conexiones entre ellas. Los caminos entre las varias partes del cerebro se van estableciendo siguiendo las conexiones más activas, formando sistemas que sirven de apoyo a las diferentes funciones sensoriales, cognitivas, emocionales y conductuales. El carácter único de cada niño es resultado de las complejas acciones entre los genes que controlan el crecimiento del cerebro y las experiencias formativas provenientes del entorno del niño, que tienen que ver tanto con la sensibilidad como con la resiliencia. Cerebro único, niño único Las diferencias entre los niños se manifiestan claramente muy pronto después de nacer: algunos son irritables mientras que otros son más tranquilos. Algunos prestan más atención que otros, de la misma manera que algunos son más sociables. Los psicólogos utilizan el término “temperamento” para referirse a características tales como éstas, que tienen una base predominantemente biológica y cuentan con un importante componente genético junto con influencias que remontan al período previo al nacimiento. Gracias a estudios llevados a cabo con animales y seres humanos, se están acumulando pruebas que demuestran que el estrés experimentado por las madres embarazadas, junto con las deficiencias registradas en su dieta, puede ejercer efectos tanto a corto como a largo plazo sobre el desarrollo del cerebro (Mulder y otros, 2002), lo que tiene consecuencias para las características conductuales del niño y para su desarrollo. Existen también múltiples factores genéticos que influencian la estructura cerebral (Thompson y otros, 2001; Wright y otros, 2002) y los genes que hasta ahora han sido identificados como responsables de tal rol muestran significativas variaciones (polimorfismos) con consecuencias para el temperamento de los niños. Una cuestión particular a la cual los investigadores le están prestando atención es cuáles son los efectos de los polimorfismos de los genes relacionados con la neurotransmisión, como en el caso de los sistemas de la dopamina y la serotonina. Por ejemplo, se ha revelado que las variaciones en la longitud de las secuencias de repetición del gen DRD4, que codifica un tipo de receptor de dopamina en el sistema mesolímbico, están relacionadas con las diferencias en el grado de apego de los niños hacia sus cuidadores, y que también interactúan de manera compleja con las diferencias en el cuidado brindado por las madres (Gervai, 2009). Se trata de un ámbito de investigación en desarrollo, y cada vez resulta más evidente que existen muchas diferentes interacciones de gen a gen involucradas en el origen de las diferencias temperamentales entre los niños. Con estas diferencias también interactúan de manera compleja otros factores presentes en el entorno de los niños. Por ejemplo, parece que algunos perfiles genéticos pueden ser protectores para un niño en un determinado ambiente, mientras que en un

ambiente distinto, al contrario, pueden hacer que el niño sea más vulnerable (Belsky y Pluess, 2009). Estos factores y procesos, que interactúan de modo complejo, implican que cada niño es auténticamente único: una corroboración más del dicho según el cual “cada uno es cada uno y cada cual es cada cual” cuando se trata de ayudar a los niños a superar las adversidades y a realizar plenamente sus potencialidades. El cerebro en desarrollo, John Oates Annette Karmiloff-Smith Mark H. Johnson http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/El-cerebro-en-desarrollo.pdf

El desarrollo cerebral en la infancia temprana y la adolescencia es clave

El cerebro atraviesa un período de desarrollo y maduración que comienza antes del nacimiento del niño y continúa hasta alrededor de los 24 años. Durante la infancia temprana, y especialmente durante los primeros tres años de la vida del niño, el cerebro alcanza un período de gran crecimiento y desarrollo, con una impresionabilidad mucho más alta que la del cerebro de un adulto. De hecho, investigadores en el Centro del Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard concluyeron que el “desarrollo de la estructura cerebral de un niño representa la base para el aprendizaje, las conductas y la salud general”. No es sorprendente entonces que experiencias negativas que tenemos en edades tempranas de nuestra vida tienen consecuencias a largo plazo, incluso hasta la edad adulta. En la adolescencia, también, el cerebro sufre cambios considerables. Las respuestas con alta carga emotiva, por ejemplo, son más prominentes en la adolescencia que durante la infancia o la adultez. Sin embargo, el desarrollo cerebral, similar al desarrollo infantil, también se ve afectado por factores como la interacción con la familia, los amigos y la comunidad, así como por características personales y genética. Como lo explica el libro “Los primeros años: El bienestar infantil y el papel de las políticas públicas”, publicado por el BID, “el desarrollo infantil, tanto físico, comunicacional, cognitivo y socioemocional se ve marcado por las experiencias que los niños viven en la casa, en los centros de cuidado, y en la escuela”. Padres, parientes, cuidadores, maestros y autoridades gubernamentales, todos tienen en sus manos la oportunidad de jugar un rol en definir estas experiencias claves para el desarrollo cerebral. Conocimientos de neurociencia para mejorar el aprendizaje, Ryan Burgess 2019 https://blogs.iadb.org/educacion/es/neurociencia-aprendizaje/ La exposición al estrés y al trauma pueden tener consecuencias negativas a largo plazo para el cerebro del niño, mientras que hablar, leer y jugar con él pueden estimular el crecimiento de su cerebro. Garantizar que los padres, cuidadores y proveedores de cuidado en la primera infancia tengan los recursos y las habilidades para proveer un cuidado seguro, estable, provechoso y estimulante es una importante meta de la salud pública. Cuando los niños están en riesgo, hacer seguimiento de su desarrollo y asegurarse de que alcancen los indicadores del desarrollo puede ayudar a garantizar que cualquier problema sea detectado temprano y que puedan recibir la intervención que necesiten.