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Desarrollo Sostenible: Origen del Término y Rasgos Principales, Apuntes de Economía

información, para ayudar a comprender todo lo que tenga que ver con el desarrollo sostenible y como surgió

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 15/12/2019

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III. EL DESARROLLO SOSTENIBLE:
CONCEPTOS BÁSICOS, ALCANCE
Y CRITERIOS PARA SU EVALUACIÓN
AUTOR:
Dr. Carlos Gómez Gutiérrez
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III. EL DESARROLLO SOSTENIBLE:

CONCEPTOS BÁSICOS, ALCANCE

Y CRITERIOS PARA SU EVALUACIÓN

AUTOR:

Dr. Carlos Gómez Gutiérrez

Foto: Julio Antonio Alvite. La Palma, Pinar del Río

1. DESARROLLO SOSTENIBLE:

ORIGEN DEL TÉRMINO Y RASGOS

PRINCIPALES

El origen del concepto de desarrollo sosteni-

ble está asociado a la preocupación creciente

existente en la comunidad internacional en

las últimas décadas del siglo XX al considerar

el vínculo existente entre el desarrollo econó-

mico y social y sus efectos más o menos inme-

diatos sobre el medio natural. Esto, como se

expondrá algo más adelante, no se trataba de

un conflicto nuevo. Lo nuevo fue la magnitud

y extensión alcanzada por el mismo, que con-

dujo a una valoración sobre sus consecuencias

futuras, incluida dentro de ellas la capacidad

de supervivencia de la especie humana.

La toma de conciencia a nivel mundial de la

estrecha relación existente entre el desarro-

llo económico y el medio ambiente, tuvo su

expresión en el marco de las Naciones Uni-

das con la creación por este organismo en

el año 1983 de la Comisión de Desarrollo y

Medio Ambiente, integrada por un grupo de

personalidades del ámbito científico, político

y social, representativo de los diversos inte-

reses existentes en la comunidad internacio-

nal. Para dirigir esta Comisión fue designada

la señora Gró Harlem Brundtland, en aquel

entonces primer ministro de Noruega, quien

tenía un papel destacado por sus criterios e

intervenciones en los temas ambientales. La

Comisión recibió el mandato de elaborar un

informe que diera respuesta a las siguientes

inquietudes:

  • Analizar los temas vinculados al desarro-

llo y el medio ambiente y formular pro-

puestas al respecto.

  • Proponer nuevas formas de cooperación

internacional capaces de influir en los

temas de desarrollo y medio ambiente

para alcanzar los objetivos propuestos

  • Promover niveles de comprensión y com-

promiso con estos objetivos por parte de

individuos, organizaciones, empresas,

institutos y gobiernos.

En abril del año 1987 la Comisión publicó y

dio a conocer su informe, titulado “Nuestro

futuro común” (“Our common future”, en

idioma inglés) conocido también como “Infor-

me Brundtland” (Brundtland, G.H., 1987) en

el cuál se introduce el concepto de desarrollo

sostenible, definido en estos términos:

“Está en manos de la humanidad asegurar que

el desarrollo sea sostenible, es decir, asegurar

que satisfaga las necesidades del presente sin

comprometer la capacidad de las futuras ge-

neraciones para satisfacer las propias”.

La interpretación de este concepto, resumido

en el enunciado antes expuesto, no puede

realizarse al margen del resto del contenido

del informe donde fue acuñado. Tampoco

es posible reseñar dicho documento, que se

trata de un texto muy extenso y fundamen-

tado. Pero al menos, para entender lo que se

pretendía con el concepto de desarrollo sos-

tenible, es necesario destacar algunas de las

conclusiones recogidas en el “Informe Brun-

dtland”, que se mencionan a continuación.

  • Los modelos de crecimiento económico

imperantes a nivel mundial, conducen

inevitablemente al agotamiento paulati-

no de los recursos naturales del planeta,

a la degradación ambiental y al aumento

de la pobreza, reforzando la idea de falta

de solidaridad intergeneracional.

  • Sin embargo, con una intención positiva y

conciliadora, el informe consideró que con

una distribución más equitativa y racional

de los bienes se podría crecer y reducir la

pobreza, pero para ello era imprescindible

lograr una acción consecuente de los líde-

res políticos y una participación efectiva

de los ciudadanos en integrar los objetivos

del desarrollo económico y social con la

conservación ambiental, lo cual agrupó en

la categoría de desarrollo sostenible.

Fondo Monetario Internacional (FMI) y

el Banco Mundial, para fomentar un de-

sarrollo sostenible, al no constituir este

un objetivo prioritario y predominar un

enfoque fragmentado y una escasa coor-

dinación entre sus agencias, lo cual fue

valorado críticamente y susceptible de

un cambio profundo.

Sobre todos estos aspectos, es innegable que

se ha producido con posterioridad un cambio

apreciable a nivel internacional. La “Primera

Cumbre de la Tierra”, celebrada en Río de Ja-

neiro, Brasil, en 1992, adoptó como objetivo

político el concepto de desarrollo sostenible

y dio paso a un conjunto de acuerdos inter-

nacionales llamados a enfrentar varios de los

problemas ambientales recogidos en el “In-

forme Brundtland”. Numerosos países, entre

ellos Cuba, incluyeron dicho objetivo en su

constitución u otros cuerpos legales, y han

creado ministerios, agencias o institutos que

promueven este propósito.

Tanto en Naciones Unidas y sus agencias es-

pecializadas, como a nivel de los gobiernos y

organismos regionales, la agenda ambiental

ha ganado un espacio mucho más amplio y el

flujo de recursos financieros y las acciones de

divulgación sobre los recursos naturales y el

medio ambiente se han multiplicado.

Los temas relacionados con el medio ambien-

te son ahora tratados de modo frecuente en

los medios masivos de comunicación, y en el

público común existe una mayor percepción

acerca de la importancia de los recursos na-

turales y las consecuencias derivadas de los

problemas ambientales.

Estas preocupaciones ambientales han llega-

do también al mundo empresarial. Muchas

grandes corporaciones y empresas tratan

de modificar su imagen adoptando políticas

respetuosas con el medio ambiente y se ha

abierto un espacio comercial a los llamados

productos limpios, producciones ecológicas o

producciones agrícolas kilómetro cero, inicia-

Foto: Julio Antonio Avite. Río Cauto, Gramma

tivas que destacan la no generación de resi-

duos, los alimentos producidos sin consumo

de fertilizantes o pesticidas químicos, o sin ne-

cesidad de traslado a grandes distancias con

consumo de combustible. En este contexto,

el empleo del término desarrollo sostenible,

se ha popularizado y es hoy de uso frecuente,

aunque en ocasiones con interpretaciones

deformadas.

Sin embargo, resulta aún débil una formula-

ción rigurosa y sobre bases objetivas de los

avances hacia un desarrollo sostenible. En

(Gómez Sal, A., 2009) se recoge un análisis de

las razones por las cuales se ha avanzado poco

en esta dirección desde la formulación inicial

del concepto.

Dentro de las interpretaciones incorrectas se

encuentran quienes consideran que sosteni-

ble significa que se puede mantener ilimitada-

mente un crecimiento económico en el tiem-

po (H.E. Daly y J.B. Coob, 1994). Algunos sosla-

yan el hecho de que recursos naturales como

el suelo y el agua, son limitados en un país o

región concreta y piensan que la tecnología

puede superar estas barreras (López Ornat,

A., 2004). Otros utilizan el término como un

sinónimo amistoso con el medio ambiente.

No faltan críticas que le señalan su carácter

muy general y poco riguroso, que trata de

buscar un compromiso entre el pensamiento

vigente de lograr a ultranza un crecimiento

económico permanente y las preocupacio-

nes medioambientales sobre el futuro de la

humanidad, dando lugar a una mitología del

desarrollo (Naredo, J. M., 2006).

Es particularmente relevante que los jóvenes

estudiantes conozcan el alcance real del tér-

mino desarrollo sostenible, y la importancia

implícita en el mismo para la vida de las próxi-

mas generaciones, es decir ellos mismos y sus

futuros hijos y nietos.

El esfuerzo conjunto de la UNESCO y los or-

ganismos educacionales cubanos por inser-

tar dentro de los programas de instrucción

vigentes una interpretación adecuada del

desarrollo sostenible adquiere una significa-

ción especial y muy oportuna, acorde con los

objetivos expresados por el gobierno cubano

para la etapa actual de alcanzar un socialismo

próspero y sustentable.

lugares donde vivían. Cuando una caverna, un

bosque, un río o un lago resultaban muy afec-

tados por sus residuos o escaseaban los frutos

o la caza, se desplazaban hacia otra zona.

En la medida que los seres humanos se organi-

zan en grupos que intercambian bienes entre

sí, surge propiamente la actividad económica,

fuera esta la agricultura, la pesca o la alfarería,

y la actividad se realiza no ya para satisfacer

sus propias necesidades, sino también para el

intercambio, por lo cual el empleo de recursos

del medio natural y la generación de residuos

se incrementan. Pero era entonces tan inmen-

so el territorio natural no habitado y tan pocos

los seres humanos, que tendrían que pasar

unos 10,000 años para que ello llegara a identi-

ficarse como un conflicto de intereses entre la

actividad económica y el medio ambiente.

La revolución industrial que tuvo lugar en el

siglo XVIII, aceleró el consumo de energía, el

agotamiento de algunos recursos, la concen-

tración de la población en grandes núcleos ur-

banos y la expansión de un sistema económico,

el capitalismo, cuyo objetivo era la búsqueda y

acumulación de beneficios en forma de dine-

A. Antecedentes que dieron lugar

al concepto de desarrollo sostenible

Foto: Augusto Kohan. Viñales, Pinar del Río

Las acciones del ser humano utilizando recur-

sos del medio natural y generando residuos

que afectaban a la calidad ambiental, comen-

zaron incluso antes de que surgiera la activi-

dad económica (Gómez Gutiérrez, C., 2009).

En la etapa recolectora de la humanidad, los

hombres primitivos tomaban frutos de los ár-

boles, cazaban animales o pescaban y deposi-

taban sus residuos en las cavernas donde per-

noctaban, o en los ríos o lagos aledaños a los

Foto: Jose Luis Corvea. Viñales, Pinar del Río

El resultado fue la expansión del sistema co-

lonial o neocolonial, que a inicios del siglo XX

alcanzaba prácticamente todo el planeta. Esto

condujo en ese siglo a una preocupación cre-

ciente de los científicos estudiosos del mundo

natural, cuyo colofón fue el desarrollo de la

ecología como ciencia. Sin embargo, como

acertadamente se señaló después: “El “pro-

blema ecológico” no es tan nuevo como fre-

cuentemente se le hace aparecer. Aun así, hay

dos diferencias decisivas: la tierra está mucho

más densamente poblada de lo que estuvo

en tiempos primitivos, y no hay, literalmente

hablando, nuevas tierras a donde mudarse”.

(Schumacher, E. F., 1973).

Las evidencias, el nuevo conocimiento científi-

co y la posibilidad tecnológica de evaluar inte-

gralmente fenómenos antes considerados por

separado, contribuyeron de modo relevante a

identificar los cambios operados en el mundo

natural a escala global. Un antecedente im-

portante fue la constitución por la UNESCO del

programa “El hombre y la biosfera” en 1971.

Una realidad emergió con fuerza: el planeta

Tierra se comporta como un todo único. Sus

diferentes componentes convencionales se

encuentran fuertemente interrelacionados y la

actividad humana podía, y de hecho lo había

hecho, generar problemas ambientales cuya

solución solo podía lograrse con una acción

coordinada a nivel internacional. El agujero en

la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad

y el calentamiento global, constituyen algunos

problemas que ponen de manifiesto el estre-

cho vínculo entre la actividad económica y sus

efectos sobre el medio natural.

Pese a las alertas e inquietudes de los estu-

diosos del mundo natural, en pleno siglo XX

el capital proporcionado por la naturaleza, no

tuvo un tratamiento adecuado por las cien-

cias económicas y se creó la falsa ilusión que

el crecimiento económico podía ser ilimitado

y satisfacer las necesidades humanas en pro-

greso constante. Las obras relativas a límites

naturales al crecimiento económico, publica-

das en la década del 70 por figuras destacadas

como Georgescu- Roegen ( La ley de la entro-

pía y los procesos económicos, 1971 ) y E. F.

Schumacher ( Lo pequeño es hermoso, 1973 ),

fueron ampliamente rechazadas por las cien-

cias económicas convencionales.

Mientras esto sucedía en las ciencias eco-

nómicas, en el plano político internacional y

en las preocupaciones de la opinión pública

mundial sobre el medio ambiente, ocurrían

cambios trascendentes en la segunda mitad

del siglo XX. Después de concluida la segun-

da guerra mundial, se reconforma la Organi-

zación de Naciones Unidas, se amplían sus

Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma

objetivos y se incrementa su membresía. A

partir de 1945 y durante más de tres décadas,

se produce un fuerte proceso de descoloniza-

ción, particularmente en Asia y África, que da

lugar al surgimiento de numerosos nuevos es-

tados independientes, caracterizados por dis-

poner de recursos naturales significativos, una

población creciente con marcada distribución

desigual de sus ingresos y una infraestructura

deficiente, con numerosas necesidades so-

ciales insatisfechas. Aunque muchos de ellos

quedan atrapados dentro del llamado neoco-

lonialismo, la presión que ejercían por lograr

un desarrollo económico y social similar al

existente en sus antiguas metrópolis, condujo

por una parte a la creación del Movimiento de

Países No Alineados (NOAL) que incentivó la

lucha por sus derechos en el seno de las Nacio-

nes Unidas, y por otra, a una presión adicional

sobre el medio ambiente global que comenzó

a preocupar a sectores políticos, científicos y

empresariales del mundo desarrollado.

Dos importantes antecedentes al concepto

de desarrollo sostenible se producen como

colofón de los aspectos antes mencionados:

en 1968 se crea el llamado “Club de Roma”,

integrado por destacados científicos, políti-

cos, empresarios y economistas, promotores

de un crecimiento económico más estable y

equilibrado para todos los países. Este grupo

presenta en 1971 su primer informe, titulado

“Los límites del crecimiento”, elaborado por

un grupo de científicos del Instituto Tecnoló-

gico de Massachusetts encabezados por el Dr.

D. H. Meadows. El informe, (Meadows, D. H.

et al, 1972) a partir de simulaciones hasta el

2100 de las proyecciones de crecimiento exis-

tentes de la economía y la población, pronos-

ticaba severos problemas de contaminación,

pérdida de tierras cultivables y escasez de

recursos energéticos entre otros, enjuiciando

críticamente el crecimiento económico como

objetivo global de la humanidad.

El otro evento significativo, fue la Conferen-

cia de Naciones Unidas sobre el Medio Hu-

mano, celebrada en Estocolmo, Suecia, en

1971, la cual se considera marca el inicio del

movimiento medioambientalista mundial. La

Declaración de la Conferencia proclamó que

la humanidad es tanto obra como artífice del

medio que la rodea, el cual le brinda el sus-

tento material y la oportunidad para lograr su

crecimiento intelectual, moral, social y espiri-

tual. Tanto el medio natural como el creado

por el hombre mismo, son esenciales para su

bienestar y el goce de los derechos humanos

fundamentales, como el derecho a la vida.

La Conferencia recomendó a la Asamblea

General de la ONU la creación del Programa

de Naciones Unidas para el Medio Ambien-

te (PNUMA) e institucionalizar el 5 de junio

como Día Mundial del Medio Ambiente, as-

pectos ambos refrendados en la Resolución

2994 de diciembre de 1972.

A los aspectos antes mencionados se unen en

1973 la llamada “primera crisis energética”,

que afectó mundialmente, pero particular-

mente a los países desarrollados, y fue segui-

da en 1979 por la “segunda crisis energética”.

deseables, resulta difícil y complejo obte-

ner un patrón de valoración generalmente

aceptado que integre los diversos factores

de orden económico, social, ecológico y am-

biental que sustentan la evolución hacia un

desarrollo sostenible.

B. Bases en las cuales se sustenta

un desarrollo sostenible

Aún bajo estas interrogantes, resulta ineludi-

ble identificar aquellas condiciones que han

resultado comúnmente reconocidas como

deseables en un país o región que aspire a

un avance hacia el desarrollo sostenible. Un

punto de partida inicial puede constituirlo las

denominadas “Premisas para un desarrollo

sostenible”, recogidas bajo este nombre en el

epígrafe 27 del mencionado “Informe Brundt-

land”, el cual dice (sic):

“Objetivos críticos en una política de desarro-

llo y medio ambiente que cumplimenten el

concepto de desarrollo sostenible son:

  • Revivir el crecimiento económico.
  • Cambiar cualitativamente el crecimiento.
  • Satisfacer necesidades elementales de

trabajo, alimentación, agua, energía y

sanidad.

  • Asegurar un nivel sostenible de población.
  • Conservar y reforzar la base de recursos

naturales.

  • Reorientar la tecnología y el manejo de

riesgos.

  • Unir los aspectos económicos y ambien-

tales en la toma de decisiones.”

En el propio informe, se analizan después

cada uno de estos objetivos, realizando aco-

taciones que resulta pertinente comentar,

pues aunque algunas de ellas no mantienen

su actualidad, de modo general si aportan una

visión más completa de lo que debe constituir

una política para lograr el desarrollo sosteni-

ble, como se verá a continuación.

En el objetivo de “revivir el crecimiento eco-

nómico” se precisa que no todos los países ni

regiones requieren de una magnitud semejan-

te. Los países con un ya elevado nivel de su pro-

ducto interno bruto, pueden no requerir altos

crecimientos o incluso, puede ser deseable un

decrecimiento, no así aquellos considerados

como “subdesarrollados” o en fase de desa-

rrollo. Para América Latina se argumenta como

necesario un nivel de crecimiento de un 5,5%

anual. Esta cifra ya no posee actualidad, y en

realidad es muy diversa la situación por países

dentro de la región, pero lo cierto es que donde

no se ha alcanzado un nivel adecuado de satis-

facción de las necesidades, algún nivel de creci-

miento económico resulta imprescindible.

En este mismo acápite, se precisa también

que un desarrollo sostenible debe abordar el

tema de las personas que viven por debajo del

Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma

nivel de pobreza, esto es que no pueden cu-

brir sus necesidades básicas elementales. Una

condición necesaria, pero no suficiente para

ello, es un incremento de los ingresos per cá-

pita en los países del tercer mundo.

Muy significativo resulta también el siguien-

te objetivo: cambiar cualitativamente el

crecimiento. Se argumenta que el desarrollo

económico debe estar sólidamente funda-

mentado en los stocks de recursos naturales

de cada país, y cuando se consuma un stock

renovable deben contemplarse los costos

asociados a su reposición. De modo similar,

el consumo de stocks no renovables que ge-

neren ingresos debe acompañarse de medi-

das y dedicar una parte de dichos ingresos

a crear fuentes futuras renovables equiva-

lentes. Resalta el informe que no basta con

crecer, es necesario hacerlo y que ello con-

tribuya a una distribución más equitativa de

los ingresos, que ello beneficie a un número

mayor de personas.

o de divisas. Una variante de desarrollo que

combine crecimiento y menor vulnerabilidad

es más sostenible que otra que incremente la

vulnerabilidad.

En el informe se recalca que no es suficiente

para el Desarrollo Sostenible ampliar las va-

riables económicas, se requiere considerar ne-

cesidades humanas tales como salud y educa-

ción, aire y agua limpias, protección de bellezas

naturales y atención a los grupos más desfavo-

recidos que pueden presionar el medio natu-

ral. El desarrollo económico y el social pueden

resultar no excluyentes y el incremento de los

gastos en salud y educación puede contribuir a

elevar el PIB y la productividad.

Satisfacer las necesidades humanas ele-

mentales se recalca como objetivo central

del desarrollo sostenible. La más básica de

las necesidades es disponer de un trabajo

que permita asegurar la subsistencia. Crear

fuentes de empleo con un ingreso que per-

mita satisfacer las necesidades básicas, es un

desafío que debe encarar cualquier proyecto

de desarrollo sostenible.

Junto con ello, se deben satisfacer los índi-

ces básicos de alimentación, energía, acceso

a agua potable, educación, salud, sanidad y

vivienda. Sobre cada uno de estos aspectos,

existen indicadores específicos que permiten

su evaluación.

Con relación al objetivo de establecer un

nivel sostenible de población , se enfatiza

que el desarrollo sostenible podrá asegurar-

se sólo si se estabiliza un nivel de población

acorde con la capacidad productiva de los

ecosistemas.

Se destaca la necesidad de atender el des-

balance entre población urbana y rural y se

recomienda promover los pequeños núcleos

urbanos, en lugar de las grandes ciudades.

Las grandes urbes entrañan mayores riesgos,

mayor consumo energético y de agua y un de-

terioro de la calidad del aire.

También se argumenta que un desarrollo no

es sostenible si incrementa la vulnerabilidad

ante las crisis. La vulnerabilidad puede ser

reducida utilizando tecnologías, o escogien-

do alternativas que reduzcan los riesgos, o

creando reservas, por ejemplo de alimentos

Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma

bargo, es inevitable su empleo como parte de

la actividad económica necesaria para cubrir

necesidades de las presentes generaciones.

Lo que puede hacer un país o un territorio es

reducir sus niveles de consumo de estos re-

cursos, aumentar la eficiencia de su uso y bus-

car siempre que sea posible su remplazo por

recursos renovables, en el empeño de lograr

la sostenibilidad.

a. Reorientar la tecnología y el manejo

de riesgos

Durante un largo período de tiempo en el pa-

sado siglo, el desarrollo tecnológico estuvo

orientado a la búsqueda de beneficios econó-

micos, sin atender debidamente el consumo

material o energético, los riesgos ambientales

o los peligros para la salud humana.

El desarrollo sostenible demanda una drás-

tica modificación de esta tendencia. Las tec-

nologías a utilizar deben enfatizar en reducir

el consumo material y energético, la emisión

de residuos nocivos al ambiente, y las condi-

ciones de trabajo propensas a generar riesgos

para la salud humana y el ecosistema o daños

irreversibles en los recursos naturales.

Las prácticas de reciclaje, la extensión de los

ciclos de vida útil de equipos y maquinarias,

la incorporación de medios destinados a re-

ducir las emisiones de gases y la evaluación

rigurosa de medidas tendentes a reducir los

riesgos de operación en industrias, sistemas

complejos, medios de transporte y grandes

urbes, forman parte de las acciones para al-

canzar la sostenibilidad.

b. Unir los aspectos económicos

y ambientales en la toma de decisiones

Alcanzar un desarrollo sostenible implica

valorar de modo conjunto las implicaciones

económicas y ambientales de aquellas de-

cisiones que determinan el desarrollo. No

debe primar exclusivamente el aspecto eco-

nómico, toda nueva inversión debe contem-

plar una evaluación de sus impactos ambien-

tales, a corto, mediano y largo plazo y ello

debe ser incorporado en las evaluaciones de

créditos de los bancos e instituciones finan-

cieras. Las estrategias de desarrollo deben

integrar ambos aspectos.

De modo similar, no puede primar exclusiva-

mente un enfoque ambientalista. Toda ac-

tividad económica conlleva utilizar recursos

del medio natural, materiales y energía, y a

su vez genera algún tipo de residuos que se

devuelven al medio natural, y pueden o no

ser degradados y asimilados por este. Pero,

se argumenta, sin recursos económicos no

se pueden satisfacer las necesidades sociales,

ni tampoco dar solución a los pasivos o daños

ambientales generados en el pasado.

En la interpretación de esta premisa, han sur-

gido en épocas recientes diversas iniciativas

que pretenden conciliar el desarrollo econó-

Foto: Rolando Fernández de Arcila. Laguna de Maya, Matanzas

mico y la preservación ecológica. Una de ellas,

promovida por el PNUMA, es el paradigma

de “economía verde” (como alternativa a la

“economía marrón” paradigma económico

prevaleciente en la actualidad), la cual según

reporte del Secretario General (ONU; 2011)

“se enfoca principalmente en la intersección

entre medio ambiente y economía”, y supone

“aprovechar” oportunidades para avanzar en

metas económico-sociales y ambientales.

Existen sin embargo numerosas reservas sobre

el concepto de economía verde, que escapan

del presente análisis. Una revisión crítica muy

completa sobre este tema, publicada en Cuba,

puede encontrarse en la recopilación realiza-

da por (Delgado Ramos, 2013).

C. Métodos, indicadores y criterios

de evaluación del desarrollo sostenible

Foto: Carlos Díaz Maza, Granma

La evaluación del grado de desarrollo sosteni-

ble alcanzado por un país o una región, resul-

ta un tema complejo y no totalmente resuelto

por varias razones. De una parte, el concepto

de desarrollo sostenible en sí mismo resulta

algo ambiguo y susceptible a diversas inter-

pretaciones, en dependencia de quien realiza

la evaluación. Por otro lado, integrar aspectos

económicos, sociales y ecológico-ambientales

en una evaluación no es una tarea fácil, pues

entraña valorar aspectos que se miden en

unidades distintas y cuya importancia relativa

depende también del criterio del observador.

Si bien los aspectos económicos se pueden

evaluar en términos de dinero, no sucede lo

mismo con los temas sociales o ambientales.

En cualquiera de ellos, concurren componen-

tes diversos, susceptibles de ser evaluados

por diferentes índices, asignar a los cuales

un peso o relevancia específica entraña cier-

to grado de subjetividad. Así por ejemplo, el

desarrollo social comprende aspectos tales

como salud, vivienda y educación, entre

otros. Para evaluar la salud se puede utilizar

la esperanza de vida, la cantidad de niños na-

cidos vivos, y muchos otros criterios. ¿Cómo

comparar estos criterios entre sí? Suponga-

mos este problema pueda tener solución.

¿Cómo comparar después el estado de salud

con la educación o la vivienda?

Estas dificultades están presentes en todo

proceso evaluativo que entraña confrontar

elementos diversos, cada uno de los cuales

se mide en unidades distintas. Pero aun así,

y por imperfecta que pueda resultar esta eva-

luación, es necesario abordarla, pues: ¿Qué

valor puede tener un concepto si él mismo

no puede ser evaluado? De aquí que la eva-

luación del grado de desarrollo sostenible de

un país sea un tema relevante, abordado en

numerosas investigaciones desde el mismo

momento en que fue formulado el concepto,

y sobre el cuál se continúa trabajando con re-

sultados parciales que indican cierta insatis-

facción con los criterios utilizados hasta este

momento, como se verá a continuación.

La búsqueda de un indicador o de una eva-

luación considerando múltiples criterios es

quizás el método que se considera más acep-

table. Cómo acertadamente señalan (Martí-

nez-Alier, J. y J. Roca-Jusmet, 2006): “La natu-

raleza multidimensional del desarrollo soste-

nible, que comprende aspectos económicos,

sociales, institucionales y medioambientales

requiere la consideración simultánea de me-

diciones representando varios aspectos del

desarrollo en el tiempo”. Pero lograr un indi-

cador único, no ha sido logrado hasta el mo-

mento. Los resultados más frecuentes están

asociados al empleo de varios indicadores,

cada uno de los cuales integra varios facto-

res asociados a una de las dimensiones de la

sostenibilidad.

En la búsqueda de criterios rigurosos de eva-

luación de la sostenibilidad hay que destacar

tres reglas o principios propuestos por Her-

man Daly (1990) en una obra clásica que eva-

lúa críticamente la ambigüedad del concepto

enunciado en el “Informe Brundtland”. Las

tres reglas son:

  • La tasa de consumo de los recursos re-

novables no debe exceder su tasa de re-

novación.

  • La emisión de residuos no debe superar la

capacidad de absorción de los ecosistemas

  • Los recursos no renovables deben ser uti-

lizados a una velocidad tal que permita

sustituirlos con la creación de un recurso

renovable equivalente, a partir de los in-

gresos generados.

Siendo estas tres reglas rigurosamente válidas

para alcanzar la sostenibilidad, resulta com-

plejo encontrar métodos de evaluación de su

grado de cumplimiento, por lo cual ha sido li-

mitado su alcance práctico.

La experiencia más comúnmente utilizada en

el contexto mundial ha sido desarrollar indi-

cadores donde predomina una de las dimen-

siones de la sostenibilidad. A continuación se

describen algunos de los indicadores más fre-

cuentemente utilizados según la experiencia

internacional.

La “Huella Ecológica” ( “Ecological Footprint”

en idioma inglés). Es un indicador físico, de

sostenibilidad fuerte, propuesto por Rees y

Wackernagel (1994). Se define cómo la super-

ficie de tierra productiva y agua (ecosistemas

acuáticos) necesaria para producir los recur-

Foto: Augusto Kohan. Viñales, Pinar del Río

sos que consume una sociedad y asimilar los

residuos que esta produce, dondequiera que

se encuentre esta tierra y agua. La compara-

ción con la tierra productiva y agua realmente

disponible en un país o región dada, permite

inferir si esta sociedad está dependiendo de

sus propios recursos, o si está utilizando recur-

sos superiores a su dotación.

Los resultados de su cálculo en el mundo ac-

tual, como era de esperar, indican que los paí-

ses desarrollados están viviendo por encima

de su capacidad, lo que suplen a través de su

comercio con el mundo subdesarrollado. De

modo agregado, la huella ecológica del plane-

ta en 1999 (2.8 hectáreas por habitante) era

ya superior a su capacidad (2 hectáreas). A

modo de ejemplo, la de España era de 3.8 y la

de Estados Unidos 10.3.

El valor esencial de la huella ecológica es po-

lítico, al poner de manifiesto quienes tienen

un nivel de vida y de consumo superior a sus

recursos naturales, pero es poco útil para va-

lorar la evolución de un país, ya que de una

parte, no contempla todas las sustancias con-

taminantes, ni tampoco toma en considera-

ción aspectos sociales.

El “Índice de desarrollo Humano” (IDH) es

un indicador promovido en el marco del Pro-

grama de Naciones Unidas para el Desarrollo

(PNUD) con el objetivo de diferenciar el desa-

rrollo humano del económico. El desarrollo

humano es definido como un proceso de am-

pliación de oportunidades de las personas.

De los niveles posibles de desarrollo, el índice

destaca tres selecciones básicas para las per-

sonas: alcanzar una vida larga y saludable,

adquirir conocimientos y tener recursos para

disfrutar de un nivel de vida adecuado.

El IDH se basa en un promedio de estas tres

medidas fundamentales: esperanza de vida

al nacer, nivel educacional y logaritmo del in-

greso per cápita. Este índice constituye una

herramienta para valorar comparativamente

diversos países y regiones, su valor es más li-

mitado para valorar tendencias dentro de un

país, pues la esperanza de vida y el nivel edu-

cacional no experimentan grandes cambios de

un año a otro.

El “Indicador de Sostenibilidad Ambiental”

( Environmental Sustainability Index, ESI ) es

un indicador multi-criterio de sostenibilidad

fuerte, desarrollado por un grupo de la Uni-

versidad de Yale, Estados Unidos, diseñado

para comparar la capacidad de proteger el

medio ambiente. Para ello, integra 76 datos

primarios en 21 indicadores de sostenibili-

dad ambiental, agrupados en 5 categorías,

que son: sistemas ambientales, reducción de

presiones ambientales, reducción de la vul-

Foto: Rolando Fernández de Arcilla, Valle de Yurumí, Matanzas

ble si se logra su aprovechamiento eficiente,

como señala el enunciado antes mencionado.

Para ello será necesario lograr sistemas de

estimulación que vinculen resultados y capa-

cidades con ingresos personales, aspecto re-

cogido en los lineamientos, pero donde aún

queda mucho por concretar.

Existe un programa especial para la atención de

sus principales ecosistemas frágiles, el denomi-

nado “Plan Turquino” que abarca los principa-

les territorios montañosos y también el princi-

pal humedal del país, la Ciénaga de Zapata.

Existe un Sistema Nacional de Áreas Prote-

gidas que comprende 253 áreas, de ellas 91

de significación nacional y el resto de interés

local, que cubre el 19.95% del territorio na-

cional. Existen además, acorde con la insula-

ridad del país, 108 áreas marinas protegidas,

de ellas 21 formalmente declaradas. Este

sistema de áreas protegidas juega un impor-

tante papel en preservar la biodiversidad, y

en las zonas marino-costeras en la adopción

de medidas para mitigar los impactos del

cambio climático.

Por sus características físico-geográficas, Cuba

dispone de un clima benigno, favorable para el

turismo de sol y playa que ha sido bien utilizada

en los últimos decenios, y su relieve, tempera-

tura y características de los suelos, resultan fa-

vorables para algunos tipos de producción agrí-

cola. Su cobertura boscosa alcanza un 25 % del

territorio y su flora y fauna autóctona, terrestre

y marina, constituyen factores potencialmente

favorables al desarrollo sostenible. Existen en

el país reservas de recursos minerales que pue-

den contribuir a su desarrollo en lo inmediato,

teniendo en cuenta que se trata de recursos no

renovables que una vez utilizados no estarán

disponibles en el futuro.

Cuba dispone de una buena cobertura del

sistema eléctrico, pero muy vulnerable a los

ciclones tropicales. La inversión realizada en

años recientes en sistemas de generación

distribuida, tiende a contrarrestar esta limi-

tante. El país dispone de una capacidad de

embalses de agua superior a los 9,200 mi-

llones de metros cúbicos, pero muy depen-

diente del régimen de lluvias y con pérdidas

elevadas en los sistemas de distribución.

También este aspecto ha sido objeto de aten-

ción y un elevado programa de inversiones se

desarrolla para reducir las pérdidas de agua

por roturas en los sistemas de tuberías. Exis-

te una amplia red de instituciones científicas

y una industria biotecnológica y farmacéuti-

ca con capacidad exportadora. Los servicios

médicos y el potencial humano del sector

salud, unido al potencial productivo de me-

dicamentos y equipos y servicios médicos de

alta tecnología, son factores favorables para

el desarrollo sostenible de este sector.

Dentro de las debilidades que presenta alcan-

zar el desarrollo sostenible, resaltan en la si-

tuación de Cuba los aspectos vinculados a la

dimensión económica. Existe una obsolescen-

cia tecnológica en la capacidad productiva de

la mayor parte de la industria, la agricultura

y el transporte, que se ha agudizado a partir

un largo período caracterizado por una pobre

Foto: Julio Antonio Alvite. La Palma, Pinar del Río

actividad inversionista y una baja productivi-

dad en diversas ramas, particularmente en

la agricultura. Ello conduce a una importa-

ción de productos que podían ser producidos

nacionalmente, dentro de ellos destaca la

importación de alimentos. Este resulta acer-

tadamente, uno de los objetivos estratégicos

declarados de la política económica.

Cuenta el país con una amplia red vial, pero

se encuentra muy deteriorada por razones

similares. Existe un déficit de viviendas y es

insuficiente el sistema de trasporte público.

La recogida, tratamiento y utilización de re-

siduos sólidos y líquidos es muy deficiente,

y afecta la calidad de las aguas en cuencas

hidrográficas y las condiciones higiénico-sa-

nitarias de numerosos núcleos urbanos. A

esto se une un sistema empresarial poco

motivado en la solución de sus problemas

ambientales, muy centralizado y con poca

capacidad de solución en sus relaciones con

la comunidad local. Son estos los problemas

que limitan alcanzar un desarrollo sostenible

que deberá el país abordar con mayor énfasis

en los años venideros.

La baja disponibilidad de recursos energé-

ticos nacionales constituye una fuerte limi-

tante para un desarrollo sostenible, y aun-

que existe un potencial elevado de fuentes

de energía renovable, su peso en la matriz

energética del país es muy bajo, dado por sus

aún altos costos de inversión inicial. Este ob-

jetivo está bien identificado en la estrategia

de desarrollo y existe un programa energéti-

co encaminado a incrementar el peso de las

energías renovables y recuperar la genera-

ción a partir de los residuos de la industria

azucarera, lo cuál se corresponde con varias

de las premisas para un desarrollo sostenible

recomendadas en el informe “Brundtland”.

Algunos de los retos y amenazas al desarro-

llo sostenible del país que se deben destacar

son el envejecimiento poblacional, la tasa

decreciente de crecimiento poblacional y la

disminución de la población rural. La pro-

ductividad de los suelos, afectada de algún

modo en un 60 % de estos y la vulnerabilidad

ante el cambio climático, son otros dos facto-

res a tomar en consideración.

Para una valoración más objetiva de la situa-

ción de Cuba con respecto a otros países en

el desarrollo sostenible, se presenta a conti-

nuación la evolución, a escala de país, de los

tres indicadores internacionales antes men-

cionados: la huella ecológica, el índice de de-

sarrollo humano y el indicador de sostenibili-

dad ambiental, realizadas por Díaz Batista et

al (2013) en un interesante trabajo.

En la Figura 3.1 se observa la evolución de la

huella ecológica de Cuba en el período 2000-

  1. Si bien se aprecia cierto crecimiento en

el período 2000-2005, este tiende a atenuar-

se y se estabiliza en el período 2007-

en unas 1.8 hectáreas por habitante. Este

valor se encuentra por debajo de la media

Hectáreas por habitante

Figura 3.1. Huella ecológica de Cuba en el período 2000 - 2010