














Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
información, para ayudar a comprender todo lo que tenga que ver con el desarrollo sostenible y como surgió
Tipo: Apuntes
1 / 22
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!















Foto: Julio Antonio Alvite. La Palma, Pinar del Río
El origen del concepto de desarrollo sosteni-
ble está asociado a la preocupación creciente
existente en la comunidad internacional en
las últimas décadas del siglo XX al considerar
el vínculo existente entre el desarrollo econó-
mico y social y sus efectos más o menos inme-
diatos sobre el medio natural. Esto, como se
expondrá algo más adelante, no se trataba de
un conflicto nuevo. Lo nuevo fue la magnitud
y extensión alcanzada por el mismo, que con-
dujo a una valoración sobre sus consecuencias
futuras, incluida dentro de ellas la capacidad
de supervivencia de la especie humana.
La toma de conciencia a nivel mundial de la
estrecha relación existente entre el desarro-
llo económico y el medio ambiente, tuvo su
expresión en el marco de las Naciones Uni-
das con la creación por este organismo en
el año 1983 de la Comisión de Desarrollo y
Medio Ambiente, integrada por un grupo de
personalidades del ámbito científico, político
y social, representativo de los diversos inte-
reses existentes en la comunidad internacio-
nal. Para dirigir esta Comisión fue designada
la señora Gró Harlem Brundtland, en aquel
entonces primer ministro de Noruega, quien
tenía un papel destacado por sus criterios e
intervenciones en los temas ambientales. La
Comisión recibió el mandato de elaborar un
informe que diera respuesta a las siguientes
inquietudes:
llo y el medio ambiente y formular pro-
puestas al respecto.
internacional capaces de influir en los
temas de desarrollo y medio ambiente
para alcanzar los objetivos propuestos
promiso con estos objetivos por parte de
individuos, organizaciones, empresas,
institutos y gobiernos.
En abril del año 1987 la Comisión publicó y
dio a conocer su informe, titulado “Nuestro
futuro común” (“Our common future”, en
idioma inglés) conocido también como “Infor-
me Brundtland” (Brundtland, G.H., 1987) en
el cuál se introduce el concepto de desarrollo
sostenible, definido en estos términos:
“Está en manos de la humanidad asegurar que
el desarrollo sea sostenible, es decir, asegurar
que satisfaga las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las futuras ge-
neraciones para satisfacer las propias”.
La interpretación de este concepto, resumido
en el enunciado antes expuesto, no puede
realizarse al margen del resto del contenido
del informe donde fue acuñado. Tampoco
es posible reseñar dicho documento, que se
trata de un texto muy extenso y fundamen-
tado. Pero al menos, para entender lo que se
pretendía con el concepto de desarrollo sos-
tenible, es necesario destacar algunas de las
conclusiones recogidas en el “Informe Brun-
dtland”, que se mencionan a continuación.
imperantes a nivel mundial, conducen
inevitablemente al agotamiento paulati-
no de los recursos naturales del planeta,
a la degradación ambiental y al aumento
de la pobreza, reforzando la idea de falta
de solidaridad intergeneracional.
conciliadora, el informe consideró que con
una distribución más equitativa y racional
de los bienes se podría crecer y reducir la
pobreza, pero para ello era imprescindible
lograr una acción consecuente de los líde-
res políticos y una participación efectiva
de los ciudadanos en integrar los objetivos
del desarrollo económico y social con la
conservación ambiental, lo cual agrupó en
la categoría de desarrollo sostenible.
Fondo Monetario Internacional (FMI) y
el Banco Mundial, para fomentar un de-
sarrollo sostenible, al no constituir este
un objetivo prioritario y predominar un
enfoque fragmentado y una escasa coor-
dinación entre sus agencias, lo cual fue
valorado críticamente y susceptible de
un cambio profundo.
Sobre todos estos aspectos, es innegable que
se ha producido con posterioridad un cambio
apreciable a nivel internacional. La “Primera
Cumbre de la Tierra”, celebrada en Río de Ja-
neiro, Brasil, en 1992, adoptó como objetivo
político el concepto de desarrollo sostenible
y dio paso a un conjunto de acuerdos inter-
nacionales llamados a enfrentar varios de los
problemas ambientales recogidos en el “In-
forme Brundtland”. Numerosos países, entre
ellos Cuba, incluyeron dicho objetivo en su
constitución u otros cuerpos legales, y han
creado ministerios, agencias o institutos que
promueven este propósito.
Tanto en Naciones Unidas y sus agencias es-
pecializadas, como a nivel de los gobiernos y
organismos regionales, la agenda ambiental
ha ganado un espacio mucho más amplio y el
flujo de recursos financieros y las acciones de
divulgación sobre los recursos naturales y el
medio ambiente se han multiplicado.
Los temas relacionados con el medio ambien-
te son ahora tratados de modo frecuente en
los medios masivos de comunicación, y en el
público común existe una mayor percepción
acerca de la importancia de los recursos na-
turales y las consecuencias derivadas de los
problemas ambientales.
Estas preocupaciones ambientales han llega-
do también al mundo empresarial. Muchas
grandes corporaciones y empresas tratan
de modificar su imagen adoptando políticas
respetuosas con el medio ambiente y se ha
abierto un espacio comercial a los llamados
productos limpios, producciones ecológicas o
producciones agrícolas kilómetro cero, inicia-
Foto: Julio Antonio Avite. Río Cauto, Gramma
tivas que destacan la no generación de resi-
duos, los alimentos producidos sin consumo
de fertilizantes o pesticidas químicos, o sin ne-
cesidad de traslado a grandes distancias con
consumo de combustible. En este contexto,
el empleo del término desarrollo sostenible,
se ha popularizado y es hoy de uso frecuente,
aunque en ocasiones con interpretaciones
deformadas.
Sin embargo, resulta aún débil una formula-
ción rigurosa y sobre bases objetivas de los
avances hacia un desarrollo sostenible. En
(Gómez Sal, A., 2009) se recoge un análisis de
las razones por las cuales se ha avanzado poco
en esta dirección desde la formulación inicial
del concepto.
Dentro de las interpretaciones incorrectas se
encuentran quienes consideran que sosteni-
ble significa que se puede mantener ilimitada-
mente un crecimiento económico en el tiem-
po (H.E. Daly y J.B. Coob, 1994). Algunos sosla-
yan el hecho de que recursos naturales como
el suelo y el agua, son limitados en un país o
región concreta y piensan que la tecnología
puede superar estas barreras (López Ornat,
A., 2004). Otros utilizan el término como un
sinónimo amistoso con el medio ambiente.
No faltan críticas que le señalan su carácter
muy general y poco riguroso, que trata de
buscar un compromiso entre el pensamiento
vigente de lograr a ultranza un crecimiento
económico permanente y las preocupacio-
nes medioambientales sobre el futuro de la
humanidad, dando lugar a una mitología del
desarrollo (Naredo, J. M., 2006).
Es particularmente relevante que los jóvenes
estudiantes conozcan el alcance real del tér-
mino desarrollo sostenible, y la importancia
implícita en el mismo para la vida de las próxi-
mas generaciones, es decir ellos mismos y sus
futuros hijos y nietos.
El esfuerzo conjunto de la UNESCO y los or-
ganismos educacionales cubanos por inser-
tar dentro de los programas de instrucción
vigentes una interpretación adecuada del
desarrollo sostenible adquiere una significa-
ción especial y muy oportuna, acorde con los
objetivos expresados por el gobierno cubano
para la etapa actual de alcanzar un socialismo
próspero y sustentable.
lugares donde vivían. Cuando una caverna, un
bosque, un río o un lago resultaban muy afec-
tados por sus residuos o escaseaban los frutos
o la caza, se desplazaban hacia otra zona.
En la medida que los seres humanos se organi-
zan en grupos que intercambian bienes entre
sí, surge propiamente la actividad económica,
fuera esta la agricultura, la pesca o la alfarería,
y la actividad se realiza no ya para satisfacer
sus propias necesidades, sino también para el
intercambio, por lo cual el empleo de recursos
del medio natural y la generación de residuos
se incrementan. Pero era entonces tan inmen-
so el territorio natural no habitado y tan pocos
los seres humanos, que tendrían que pasar
unos 10,000 años para que ello llegara a identi-
ficarse como un conflicto de intereses entre la
actividad económica y el medio ambiente.
La revolución industrial que tuvo lugar en el
siglo XVIII, aceleró el consumo de energía, el
agotamiento de algunos recursos, la concen-
tración de la población en grandes núcleos ur-
banos y la expansión de un sistema económico,
el capitalismo, cuyo objetivo era la búsqueda y
acumulación de beneficios en forma de dine-
A. Antecedentes que dieron lugar
al concepto de desarrollo sostenible
Foto: Augusto Kohan. Viñales, Pinar del Río
Las acciones del ser humano utilizando recur-
sos del medio natural y generando residuos
que afectaban a la calidad ambiental, comen-
zaron incluso antes de que surgiera la activi-
dad económica (Gómez Gutiérrez, C., 2009).
En la etapa recolectora de la humanidad, los
hombres primitivos tomaban frutos de los ár-
boles, cazaban animales o pescaban y deposi-
taban sus residuos en las cavernas donde per-
noctaban, o en los ríos o lagos aledaños a los
Foto: Jose Luis Corvea. Viñales, Pinar del Río
El resultado fue la expansión del sistema co-
lonial o neocolonial, que a inicios del siglo XX
alcanzaba prácticamente todo el planeta. Esto
condujo en ese siglo a una preocupación cre-
ciente de los científicos estudiosos del mundo
natural, cuyo colofón fue el desarrollo de la
ecología como ciencia. Sin embargo, como
acertadamente se señaló después: “El “pro-
blema ecológico” no es tan nuevo como fre-
cuentemente se le hace aparecer. Aun así, hay
dos diferencias decisivas: la tierra está mucho
más densamente poblada de lo que estuvo
en tiempos primitivos, y no hay, literalmente
hablando, nuevas tierras a donde mudarse”.
(Schumacher, E. F., 1973).
Las evidencias, el nuevo conocimiento científi-
co y la posibilidad tecnológica de evaluar inte-
gralmente fenómenos antes considerados por
separado, contribuyeron de modo relevante a
identificar los cambios operados en el mundo
natural a escala global. Un antecedente im-
portante fue la constitución por la UNESCO del
programa “El hombre y la biosfera” en 1971.
Una realidad emergió con fuerza: el planeta
Tierra se comporta como un todo único. Sus
diferentes componentes convencionales se
encuentran fuertemente interrelacionados y la
actividad humana podía, y de hecho lo había
hecho, generar problemas ambientales cuya
solución solo podía lograrse con una acción
coordinada a nivel internacional. El agujero en
la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad
y el calentamiento global, constituyen algunos
problemas que ponen de manifiesto el estre-
cho vínculo entre la actividad económica y sus
efectos sobre el medio natural.
Pese a las alertas e inquietudes de los estu-
diosos del mundo natural, en pleno siglo XX
el capital proporcionado por la naturaleza, no
tuvo un tratamiento adecuado por las cien-
cias económicas y se creó la falsa ilusión que
el crecimiento económico podía ser ilimitado
y satisfacer las necesidades humanas en pro-
greso constante. Las obras relativas a límites
naturales al crecimiento económico, publica-
das en la década del 70 por figuras destacadas
como Georgescu- Roegen ( La ley de la entro-
pía y los procesos económicos, 1971 ) y E. F.
Schumacher ( Lo pequeño es hermoso, 1973 ),
fueron ampliamente rechazadas por las cien-
cias económicas convencionales.
Mientras esto sucedía en las ciencias eco-
nómicas, en el plano político internacional y
en las preocupaciones de la opinión pública
mundial sobre el medio ambiente, ocurrían
cambios trascendentes en la segunda mitad
del siglo XX. Después de concluida la segun-
da guerra mundial, se reconforma la Organi-
zación de Naciones Unidas, se amplían sus
Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma
objetivos y se incrementa su membresía. A
partir de 1945 y durante más de tres décadas,
se produce un fuerte proceso de descoloniza-
ción, particularmente en Asia y África, que da
lugar al surgimiento de numerosos nuevos es-
tados independientes, caracterizados por dis-
poner de recursos naturales significativos, una
población creciente con marcada distribución
desigual de sus ingresos y una infraestructura
deficiente, con numerosas necesidades so-
ciales insatisfechas. Aunque muchos de ellos
quedan atrapados dentro del llamado neoco-
lonialismo, la presión que ejercían por lograr
un desarrollo económico y social similar al
existente en sus antiguas metrópolis, condujo
por una parte a la creación del Movimiento de
Países No Alineados (NOAL) que incentivó la
lucha por sus derechos en el seno de las Nacio-
nes Unidas, y por otra, a una presión adicional
sobre el medio ambiente global que comenzó
a preocupar a sectores políticos, científicos y
empresariales del mundo desarrollado.
Dos importantes antecedentes al concepto
de desarrollo sostenible se producen como
colofón de los aspectos antes mencionados:
en 1968 se crea el llamado “Club de Roma”,
integrado por destacados científicos, políti-
cos, empresarios y economistas, promotores
de un crecimiento económico más estable y
equilibrado para todos los países. Este grupo
presenta en 1971 su primer informe, titulado
“Los límites del crecimiento”, elaborado por
un grupo de científicos del Instituto Tecnoló-
gico de Massachusetts encabezados por el Dr.
D. H. Meadows. El informe, (Meadows, D. H.
et al, 1972) a partir de simulaciones hasta el
2100 de las proyecciones de crecimiento exis-
tentes de la economía y la población, pronos-
ticaba severos problemas de contaminación,
pérdida de tierras cultivables y escasez de
recursos energéticos entre otros, enjuiciando
críticamente el crecimiento económico como
objetivo global de la humanidad.
El otro evento significativo, fue la Conferen-
cia de Naciones Unidas sobre el Medio Hu-
mano, celebrada en Estocolmo, Suecia, en
1971, la cual se considera marca el inicio del
movimiento medioambientalista mundial. La
Declaración de la Conferencia proclamó que
la humanidad es tanto obra como artífice del
medio que la rodea, el cual le brinda el sus-
tento material y la oportunidad para lograr su
crecimiento intelectual, moral, social y espiri-
tual. Tanto el medio natural como el creado
por el hombre mismo, son esenciales para su
bienestar y el goce de los derechos humanos
fundamentales, como el derecho a la vida.
La Conferencia recomendó a la Asamblea
General de la ONU la creación del Programa
de Naciones Unidas para el Medio Ambien-
te (PNUMA) e institucionalizar el 5 de junio
como Día Mundial del Medio Ambiente, as-
pectos ambos refrendados en la Resolución
2994 de diciembre de 1972.
A los aspectos antes mencionados se unen en
1973 la llamada “primera crisis energética”,
que afectó mundialmente, pero particular-
mente a los países desarrollados, y fue segui-
da en 1979 por la “segunda crisis energética”.
deseables, resulta difícil y complejo obte-
ner un patrón de valoración generalmente
aceptado que integre los diversos factores
de orden económico, social, ecológico y am-
biental que sustentan la evolución hacia un
desarrollo sostenible.
B. Bases en las cuales se sustenta
un desarrollo sostenible
Aún bajo estas interrogantes, resulta ineludi-
ble identificar aquellas condiciones que han
resultado comúnmente reconocidas como
deseables en un país o región que aspire a
un avance hacia el desarrollo sostenible. Un
punto de partida inicial puede constituirlo las
denominadas “Premisas para un desarrollo
sostenible”, recogidas bajo este nombre en el
epígrafe 27 del mencionado “Informe Brundt-
land”, el cual dice (sic):
“Objetivos críticos en una política de desarro-
llo y medio ambiente que cumplimenten el
concepto de desarrollo sostenible son:
trabajo, alimentación, agua, energía y
sanidad.
naturales.
riesgos.
tales en la toma de decisiones.”
En el propio informe, se analizan después
cada uno de estos objetivos, realizando aco-
taciones que resulta pertinente comentar,
pues aunque algunas de ellas no mantienen
su actualidad, de modo general si aportan una
visión más completa de lo que debe constituir
una política para lograr el desarrollo sosteni-
ble, como se verá a continuación.
En el objetivo de “revivir el crecimiento eco-
nómico” se precisa que no todos los países ni
regiones requieren de una magnitud semejan-
te. Los países con un ya elevado nivel de su pro-
ducto interno bruto, pueden no requerir altos
crecimientos o incluso, puede ser deseable un
decrecimiento, no así aquellos considerados
como “subdesarrollados” o en fase de desa-
rrollo. Para América Latina se argumenta como
necesario un nivel de crecimiento de un 5,5%
anual. Esta cifra ya no posee actualidad, y en
realidad es muy diversa la situación por países
dentro de la región, pero lo cierto es que donde
no se ha alcanzado un nivel adecuado de satis-
facción de las necesidades, algún nivel de creci-
miento económico resulta imprescindible.
En este mismo acápite, se precisa también
que un desarrollo sostenible debe abordar el
tema de las personas que viven por debajo del
Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma
nivel de pobreza, esto es que no pueden cu-
brir sus necesidades básicas elementales. Una
condición necesaria, pero no suficiente para
ello, es un incremento de los ingresos per cá-
pita en los países del tercer mundo.
Muy significativo resulta también el siguien-
te objetivo: cambiar cualitativamente el
crecimiento. Se argumenta que el desarrollo
económico debe estar sólidamente funda-
mentado en los stocks de recursos naturales
de cada país, y cuando se consuma un stock
renovable deben contemplarse los costos
asociados a su reposición. De modo similar,
el consumo de stocks no renovables que ge-
neren ingresos debe acompañarse de medi-
das y dedicar una parte de dichos ingresos
a crear fuentes futuras renovables equiva-
lentes. Resalta el informe que no basta con
crecer, es necesario hacerlo y que ello con-
tribuya a una distribución más equitativa de
los ingresos, que ello beneficie a un número
mayor de personas.
o de divisas. Una variante de desarrollo que
combine crecimiento y menor vulnerabilidad
es más sostenible que otra que incremente la
vulnerabilidad.
En el informe se recalca que no es suficiente
para el Desarrollo Sostenible ampliar las va-
riables económicas, se requiere considerar ne-
cesidades humanas tales como salud y educa-
ción, aire y agua limpias, protección de bellezas
naturales y atención a los grupos más desfavo-
recidos que pueden presionar el medio natu-
ral. El desarrollo económico y el social pueden
resultar no excluyentes y el incremento de los
gastos en salud y educación puede contribuir a
elevar el PIB y la productividad.
Satisfacer las necesidades humanas ele-
mentales se recalca como objetivo central
del desarrollo sostenible. La más básica de
las necesidades es disponer de un trabajo
que permita asegurar la subsistencia. Crear
fuentes de empleo con un ingreso que per-
mita satisfacer las necesidades básicas, es un
desafío que debe encarar cualquier proyecto
de desarrollo sostenible.
Junto con ello, se deben satisfacer los índi-
ces básicos de alimentación, energía, acceso
a agua potable, educación, salud, sanidad y
vivienda. Sobre cada uno de estos aspectos,
existen indicadores específicos que permiten
su evaluación.
Con relación al objetivo de establecer un
nivel sostenible de población , se enfatiza
que el desarrollo sostenible podrá asegurar-
se sólo si se estabiliza un nivel de población
acorde con la capacidad productiva de los
ecosistemas.
Se destaca la necesidad de atender el des-
balance entre población urbana y rural y se
recomienda promover los pequeños núcleos
urbanos, en lugar de las grandes ciudades.
Las grandes urbes entrañan mayores riesgos,
mayor consumo energético y de agua y un de-
terioro de la calidad del aire.
También se argumenta que un desarrollo no
es sostenible si incrementa la vulnerabilidad
ante las crisis. La vulnerabilidad puede ser
reducida utilizando tecnologías, o escogien-
do alternativas que reduzcan los riesgos, o
creando reservas, por ejemplo de alimentos
Foto: Julio Antonio Alvite. Río Cauto, Granma
bargo, es inevitable su empleo como parte de
la actividad económica necesaria para cubrir
necesidades de las presentes generaciones.
Lo que puede hacer un país o un territorio es
reducir sus niveles de consumo de estos re-
cursos, aumentar la eficiencia de su uso y bus-
car siempre que sea posible su remplazo por
recursos renovables, en el empeño de lograr
la sostenibilidad.
a. Reorientar la tecnología y el manejo
de riesgos
Durante un largo período de tiempo en el pa-
sado siglo, el desarrollo tecnológico estuvo
orientado a la búsqueda de beneficios econó-
micos, sin atender debidamente el consumo
material o energético, los riesgos ambientales
o los peligros para la salud humana.
El desarrollo sostenible demanda una drás-
tica modificación de esta tendencia. Las tec-
nologías a utilizar deben enfatizar en reducir
el consumo material y energético, la emisión
de residuos nocivos al ambiente, y las condi-
ciones de trabajo propensas a generar riesgos
para la salud humana y el ecosistema o daños
irreversibles en los recursos naturales.
Las prácticas de reciclaje, la extensión de los
ciclos de vida útil de equipos y maquinarias,
la incorporación de medios destinados a re-
ducir las emisiones de gases y la evaluación
rigurosa de medidas tendentes a reducir los
riesgos de operación en industrias, sistemas
complejos, medios de transporte y grandes
urbes, forman parte de las acciones para al-
canzar la sostenibilidad.
b. Unir los aspectos económicos
y ambientales en la toma de decisiones
Alcanzar un desarrollo sostenible implica
valorar de modo conjunto las implicaciones
económicas y ambientales de aquellas de-
cisiones que determinan el desarrollo. No
debe primar exclusivamente el aspecto eco-
nómico, toda nueva inversión debe contem-
plar una evaluación de sus impactos ambien-
tales, a corto, mediano y largo plazo y ello
debe ser incorporado en las evaluaciones de
créditos de los bancos e instituciones finan-
cieras. Las estrategias de desarrollo deben
integrar ambos aspectos.
De modo similar, no puede primar exclusiva-
mente un enfoque ambientalista. Toda ac-
tividad económica conlleva utilizar recursos
del medio natural, materiales y energía, y a
su vez genera algún tipo de residuos que se
devuelven al medio natural, y pueden o no
ser degradados y asimilados por este. Pero,
se argumenta, sin recursos económicos no
se pueden satisfacer las necesidades sociales,
ni tampoco dar solución a los pasivos o daños
ambientales generados en el pasado.
En la interpretación de esta premisa, han sur-
gido en épocas recientes diversas iniciativas
que pretenden conciliar el desarrollo econó-
Foto: Rolando Fernández de Arcila. Laguna de Maya, Matanzas
mico y la preservación ecológica. Una de ellas,
promovida por el PNUMA, es el paradigma
de “economía verde” (como alternativa a la
“economía marrón” paradigma económico
prevaleciente en la actualidad), la cual según
reporte del Secretario General (ONU; 2011)
“se enfoca principalmente en la intersección
entre medio ambiente y economía”, y supone
“aprovechar” oportunidades para avanzar en
metas económico-sociales y ambientales.
Existen sin embargo numerosas reservas sobre
el concepto de economía verde, que escapan
del presente análisis. Una revisión crítica muy
completa sobre este tema, publicada en Cuba,
puede encontrarse en la recopilación realiza-
da por (Delgado Ramos, 2013).
C. Métodos, indicadores y criterios
de evaluación del desarrollo sostenible
Foto: Carlos Díaz Maza, Granma
La evaluación del grado de desarrollo sosteni-
ble alcanzado por un país o una región, resul-
ta un tema complejo y no totalmente resuelto
por varias razones. De una parte, el concepto
de desarrollo sostenible en sí mismo resulta
algo ambiguo y susceptible a diversas inter-
pretaciones, en dependencia de quien realiza
la evaluación. Por otro lado, integrar aspectos
económicos, sociales y ecológico-ambientales
en una evaluación no es una tarea fácil, pues
entraña valorar aspectos que se miden en
unidades distintas y cuya importancia relativa
depende también del criterio del observador.
Si bien los aspectos económicos se pueden
evaluar en términos de dinero, no sucede lo
mismo con los temas sociales o ambientales.
En cualquiera de ellos, concurren componen-
tes diversos, susceptibles de ser evaluados
por diferentes índices, asignar a los cuales
un peso o relevancia específica entraña cier-
to grado de subjetividad. Así por ejemplo, el
desarrollo social comprende aspectos tales
como salud, vivienda y educación, entre
otros. Para evaluar la salud se puede utilizar
la esperanza de vida, la cantidad de niños na-
cidos vivos, y muchos otros criterios. ¿Cómo
comparar estos criterios entre sí? Suponga-
mos este problema pueda tener solución.
¿Cómo comparar después el estado de salud
con la educación o la vivienda?
Estas dificultades están presentes en todo
proceso evaluativo que entraña confrontar
elementos diversos, cada uno de los cuales
se mide en unidades distintas. Pero aun así,
y por imperfecta que pueda resultar esta eva-
luación, es necesario abordarla, pues: ¿Qué
valor puede tener un concepto si él mismo
no puede ser evaluado? De aquí que la eva-
luación del grado de desarrollo sostenible de
un país sea un tema relevante, abordado en
numerosas investigaciones desde el mismo
momento en que fue formulado el concepto,
y sobre el cuál se continúa trabajando con re-
sultados parciales que indican cierta insatis-
facción con los criterios utilizados hasta este
momento, como se verá a continuación.
La búsqueda de un indicador o de una eva-
luación considerando múltiples criterios es
quizás el método que se considera más acep-
table. Cómo acertadamente señalan (Martí-
nez-Alier, J. y J. Roca-Jusmet, 2006): “La natu-
raleza multidimensional del desarrollo soste-
nible, que comprende aspectos económicos,
sociales, institucionales y medioambientales
requiere la consideración simultánea de me-
diciones representando varios aspectos del
desarrollo en el tiempo”. Pero lograr un indi-
cador único, no ha sido logrado hasta el mo-
mento. Los resultados más frecuentes están
asociados al empleo de varios indicadores,
cada uno de los cuales integra varios facto-
res asociados a una de las dimensiones de la
sostenibilidad.
En la búsqueda de criterios rigurosos de eva-
luación de la sostenibilidad hay que destacar
tres reglas o principios propuestos por Her-
man Daly (1990) en una obra clásica que eva-
lúa críticamente la ambigüedad del concepto
enunciado en el “Informe Brundtland”. Las
tres reglas son:
novables no debe exceder su tasa de re-
novación.
capacidad de absorción de los ecosistemas
lizados a una velocidad tal que permita
sustituirlos con la creación de un recurso
renovable equivalente, a partir de los in-
gresos generados.
Siendo estas tres reglas rigurosamente válidas
para alcanzar la sostenibilidad, resulta com-
plejo encontrar métodos de evaluación de su
grado de cumplimiento, por lo cual ha sido li-
mitado su alcance práctico.
La experiencia más comúnmente utilizada en
el contexto mundial ha sido desarrollar indi-
cadores donde predomina una de las dimen-
siones de la sostenibilidad. A continuación se
describen algunos de los indicadores más fre-
cuentemente utilizados según la experiencia
internacional.
La “Huella Ecológica” ( “Ecological Footprint”
en idioma inglés). Es un indicador físico, de
sostenibilidad fuerte, propuesto por Rees y
Wackernagel (1994). Se define cómo la super-
ficie de tierra productiva y agua (ecosistemas
acuáticos) necesaria para producir los recur-
Foto: Augusto Kohan. Viñales, Pinar del Río
sos que consume una sociedad y asimilar los
residuos que esta produce, dondequiera que
se encuentre esta tierra y agua. La compara-
ción con la tierra productiva y agua realmente
disponible en un país o región dada, permite
inferir si esta sociedad está dependiendo de
sus propios recursos, o si está utilizando recur-
sos superiores a su dotación.
Los resultados de su cálculo en el mundo ac-
tual, como era de esperar, indican que los paí-
ses desarrollados están viviendo por encima
de su capacidad, lo que suplen a través de su
comercio con el mundo subdesarrollado. De
modo agregado, la huella ecológica del plane-
ta en 1999 (2.8 hectáreas por habitante) era
ya superior a su capacidad (2 hectáreas). A
modo de ejemplo, la de España era de 3.8 y la
de Estados Unidos 10.3.
El valor esencial de la huella ecológica es po-
lítico, al poner de manifiesto quienes tienen
un nivel de vida y de consumo superior a sus
recursos naturales, pero es poco útil para va-
lorar la evolución de un país, ya que de una
parte, no contempla todas las sustancias con-
taminantes, ni tampoco toma en considera-
ción aspectos sociales.
El “Índice de desarrollo Humano” (IDH) es
un indicador promovido en el marco del Pro-
grama de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) con el objetivo de diferenciar el desa-
rrollo humano del económico. El desarrollo
humano es definido como un proceso de am-
pliación de oportunidades de las personas.
De los niveles posibles de desarrollo, el índice
destaca tres selecciones básicas para las per-
sonas: alcanzar una vida larga y saludable,
adquirir conocimientos y tener recursos para
disfrutar de un nivel de vida adecuado.
El IDH se basa en un promedio de estas tres
medidas fundamentales: esperanza de vida
al nacer, nivel educacional y logaritmo del in-
greso per cápita. Este índice constituye una
herramienta para valorar comparativamente
diversos países y regiones, su valor es más li-
mitado para valorar tendencias dentro de un
país, pues la esperanza de vida y el nivel edu-
cacional no experimentan grandes cambios de
un año a otro.
El “Indicador de Sostenibilidad Ambiental”
( Environmental Sustainability Index, ESI ) es
un indicador multi-criterio de sostenibilidad
fuerte, desarrollado por un grupo de la Uni-
versidad de Yale, Estados Unidos, diseñado
para comparar la capacidad de proteger el
medio ambiente. Para ello, integra 76 datos
primarios en 21 indicadores de sostenibili-
dad ambiental, agrupados en 5 categorías,
que son: sistemas ambientales, reducción de
presiones ambientales, reducción de la vul-
Foto: Rolando Fernández de Arcilla, Valle de Yurumí, Matanzas
ble si se logra su aprovechamiento eficiente,
como señala el enunciado antes mencionado.
Para ello será necesario lograr sistemas de
estimulación que vinculen resultados y capa-
cidades con ingresos personales, aspecto re-
cogido en los lineamientos, pero donde aún
queda mucho por concretar.
Existe un programa especial para la atención de
sus principales ecosistemas frágiles, el denomi-
nado “Plan Turquino” que abarca los principa-
les territorios montañosos y también el princi-
pal humedal del país, la Ciénaga de Zapata.
Existe un Sistema Nacional de Áreas Prote-
gidas que comprende 253 áreas, de ellas 91
de significación nacional y el resto de interés
local, que cubre el 19.95% del territorio na-
cional. Existen además, acorde con la insula-
ridad del país, 108 áreas marinas protegidas,
de ellas 21 formalmente declaradas. Este
sistema de áreas protegidas juega un impor-
tante papel en preservar la biodiversidad, y
en las zonas marino-costeras en la adopción
de medidas para mitigar los impactos del
cambio climático.
Por sus características físico-geográficas, Cuba
dispone de un clima benigno, favorable para el
turismo de sol y playa que ha sido bien utilizada
en los últimos decenios, y su relieve, tempera-
tura y características de los suelos, resultan fa-
vorables para algunos tipos de producción agrí-
cola. Su cobertura boscosa alcanza un 25 % del
territorio y su flora y fauna autóctona, terrestre
y marina, constituyen factores potencialmente
favorables al desarrollo sostenible. Existen en
el país reservas de recursos minerales que pue-
den contribuir a su desarrollo en lo inmediato,
teniendo en cuenta que se trata de recursos no
renovables que una vez utilizados no estarán
disponibles en el futuro.
Cuba dispone de una buena cobertura del
sistema eléctrico, pero muy vulnerable a los
ciclones tropicales. La inversión realizada en
años recientes en sistemas de generación
distribuida, tiende a contrarrestar esta limi-
tante. El país dispone de una capacidad de
embalses de agua superior a los 9,200 mi-
llones de metros cúbicos, pero muy depen-
diente del régimen de lluvias y con pérdidas
elevadas en los sistemas de distribución.
También este aspecto ha sido objeto de aten-
ción y un elevado programa de inversiones se
desarrolla para reducir las pérdidas de agua
por roturas en los sistemas de tuberías. Exis-
te una amplia red de instituciones científicas
y una industria biotecnológica y farmacéuti-
ca con capacidad exportadora. Los servicios
médicos y el potencial humano del sector
salud, unido al potencial productivo de me-
dicamentos y equipos y servicios médicos de
alta tecnología, son factores favorables para
el desarrollo sostenible de este sector.
Dentro de las debilidades que presenta alcan-
zar el desarrollo sostenible, resaltan en la si-
tuación de Cuba los aspectos vinculados a la
dimensión económica. Existe una obsolescen-
cia tecnológica en la capacidad productiva de
la mayor parte de la industria, la agricultura
y el transporte, que se ha agudizado a partir
un largo período caracterizado por una pobre
Foto: Julio Antonio Alvite. La Palma, Pinar del Río
actividad inversionista y una baja productivi-
dad en diversas ramas, particularmente en
la agricultura. Ello conduce a una importa-
ción de productos que podían ser producidos
nacionalmente, dentro de ellos destaca la
importación de alimentos. Este resulta acer-
tadamente, uno de los objetivos estratégicos
declarados de la política económica.
Cuenta el país con una amplia red vial, pero
se encuentra muy deteriorada por razones
similares. Existe un déficit de viviendas y es
insuficiente el sistema de trasporte público.
La recogida, tratamiento y utilización de re-
siduos sólidos y líquidos es muy deficiente,
y afecta la calidad de las aguas en cuencas
hidrográficas y las condiciones higiénico-sa-
nitarias de numerosos núcleos urbanos. A
esto se une un sistema empresarial poco
motivado en la solución de sus problemas
ambientales, muy centralizado y con poca
capacidad de solución en sus relaciones con
la comunidad local. Son estos los problemas
que limitan alcanzar un desarrollo sostenible
que deberá el país abordar con mayor énfasis
en los años venideros.
La baja disponibilidad de recursos energé-
ticos nacionales constituye una fuerte limi-
tante para un desarrollo sostenible, y aun-
que existe un potencial elevado de fuentes
de energía renovable, su peso en la matriz
energética del país es muy bajo, dado por sus
aún altos costos de inversión inicial. Este ob-
jetivo está bien identificado en la estrategia
de desarrollo y existe un programa energéti-
co encaminado a incrementar el peso de las
energías renovables y recuperar la genera-
ción a partir de los residuos de la industria
azucarera, lo cuál se corresponde con varias
de las premisas para un desarrollo sostenible
recomendadas en el informe “Brundtland”.
Algunos de los retos y amenazas al desarro-
llo sostenible del país que se deben destacar
son el envejecimiento poblacional, la tasa
decreciente de crecimiento poblacional y la
disminución de la población rural. La pro-
ductividad de los suelos, afectada de algún
modo en un 60 % de estos y la vulnerabilidad
ante el cambio climático, son otros dos facto-
res a tomar en consideración.
Para una valoración más objetiva de la situa-
ción de Cuba con respecto a otros países en
el desarrollo sostenible, se presenta a conti-
nuación la evolución, a escala de país, de los
tres indicadores internacionales antes men-
cionados: la huella ecológica, el índice de de-
sarrollo humano y el indicador de sostenibili-
dad ambiental, realizadas por Díaz Batista et
al (2013) en un interesante trabajo.
En la Figura 3.1 se observa la evolución de la
huella ecológica de Cuba en el período 2000-
el período 2000-2005, este tiende a atenuar-
se y se estabiliza en el período 2007-
en unas 1.8 hectáreas por habitante. Este
valor se encuentra por debajo de la media
Hectáreas por habitante
Figura 3.1. Huella ecológica de Cuba en el período 2000 - 2010