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DIODORO SÍCULO LIBRO V (Fragmentos) 258 BIBLIOTECA HISTÓRICA ción estival, pues la tierra proporciona generosamente todo lo 3 que contribuye al disfrute y al lujo. La zona montañosa tiene espesos bosques de gran cxtensión, árboles frutales de todas «clases, cañadas Y numerosas fuentes que invitan a la vida en los montes. En suma, esta isla cstá regada por corrientes de agua áuice que no sólo proporcionan un goce placentero a quienes viven en ella, sino que también contribuyen a la salud y a la + fortaleza de sus cuerpos. Hay abundante caza de animales y fieras de todas clases; y disponiendo de copiosa caza en sus banquetes, a los nativos no les falta nada de lo que conviene al lujo y a la vida regalada, pues el mar que baña la isla también tiene gran cantidad de peces, debido a que el océano, por nat raleza, está lleno por todas partes de peces de lodas las espe- 5 cies. En suma, esta isla, que goza de un clima muy templado, produce, durante la mayor parte del año, abundancia de Íímtos y de los otros productos estacionales, de modo Que, por su extra- ordinaria felicidad, parece que sea morada de dioses y no de hombres. 20 En los tiempos antiguos esta isla pa al Dedano. permanecía sin descubrir por estar Fundación de Cádiz. alejada de toda la tierra habitada, pero ATA luego fue descubierta debido a la cau- sa siguiente: Los fenicios, que desde antiguo navegaban sin cesar a causa de sus actividades co- merciales, fundaron muchas colonias en Libia, y no pocas asimismo en las partes occidentales de Europa. Dado que Sus empresas tenían éxito de acuerdo con sus expectativas, amasaron grandes riquezas y se decidieron a navegar allen- de las Columnas de Heracles, al mar que llaman Océano '?. 1 Los fenicios, desde el siglo x1 a. C., penetraron en el Atlántico más allá del estrecho de Gibraltar, atraídos principalmente por el comercio de los ractales. Lo mismo hicieron los Bnegos foceos (cf. Herónoro, E 163), | | LIBRO Y 259 En primer lugar, en el mismo estrecho donde están las co- 2 lumnas, en la costa de Europa, fundaron una ciudad que, al £ncontrarse en una península, fue llamada Gadira 20. en esta ciudad construyeron edificios adecuados a la naturaleza del lugar y un suntuoso templo de Heracles", e instituyeron magnificos sacrificios celebrados según la costumbre de los Tenicios. Y ha sucedido que este templo, tanto en aquel tiempo como en épocas recientes hasta nuestros días, ha si- y más tarde sus colonos masañiotas, y desde la segunda mitad del va 4. los samios (ef. Henónoro, IV 152). Su mota era el reino de Terteso, en la zona de desembocadura de los rios Guadalquivir, Tinto y Odicl, de gag prosperidad debido 4 su propia riqueza minera de plata y cobre y a su co- mercio de metales con Europa septentrional, en especial el del estaño de Comualles y el ámbar báltico. Respecto a las Columnas de Hemoles, ef. supra, YV 18, %2 Cádiz, en griego Gádeira, Gadira, palabra que deriva del fenicio Gadir o Agadir, «ciudadela» o «fortaleza». Según las fuentes antiguas (ef. Veuevo ParírcuLo, 1 2, 3), fue fundada, en una de las islas que hoy for- man a actual península de Cádiz, poros fenicios de Tiro hacia el 1100 4. €. (unos ochenta años después de la caida de Troya en el arqueolo; 84), pero la solo atestiguaba elementos fenicios y orientales a partir del vi a. C., cronología que hoy tiende a revisarse al alza pensándose en fu. chas más tempranas para la fundación de las primeras colonias fenicias de Occidente. Por ello se suele hablar de una primera fase precolonial en los siglos 0 2 vin, y de une presencia ya arraigada en los siglos vn y vi. C£. asimismo, EsTrazón, 1 3, 2112, 19-14, 5, 5; Preso, Hist. nal. XVI 40; XIX; Pomporo Mera, TI 6, 46. Cádiz fue la colonia fenicia más impor- tante de extremo ocvidente y estuvo acompañada por la instalación de co- lonias-Factorías por tada la costa Sur andaluza, como es el caso de Sexi, Málaca y Ábdera. Pasó luego a los cartagineses y fue base púnica durante la conquista romana de España. Desde el 206 a. C. fue aliada de Roma y más tardo César concedió a tos gaditanos la ciudadanía romana. Diodoro ya se ha teferido a Cádiz cn contextos míticos, recordando la visita de Heracies (cf. supra, IV 18, 2) y la de los Argonantas (cf supra, IV 56, 5). A El templo del días fenicio Melqart, que los griegos Iderrificataa y Heracles, ES 278 BIBLIOTECA HISTÓRICA invadir y devastar las ficrras de otros y despreciarla todo. Fueron ellos quienes tomaron Roma'%, quienes saquearon el santuario de Deltos '%, quienes impusieron tributos a gran parte de Europa y también a una parte no desdeñable de Asia; ellos fueron asimismo quienes se establecieron enlas tierras de los pueblos sometidos y fueron llamados heleno- galos!% por su estrecha relación con los pueblos helenos, y finalmente quienes destruyeron un gran número de grandes ejércitos romanos. En consonancia con su carácter salvaje dan muestras de una inusual impiedad en relación con los sacrificios; asi, después de haber tenido en prisión a los mal- hechores durante cinco años, los empalan en honor de los dioses, a quienes los consagran junto con muchas otras pri- micías, levantando piras de enorme tamaño. También se sir- ven de los prisioneros como víctimas de sus sacrificios en honor de los dioses '%*, Algunos de ellos incluso matan a los Menor en el siglo vin a. C. La identificación entre cimerios y cimbrios ya se encontraba en Posidonio (FGrélist 37, fr. 31). En realidad los cimerios eran un pueblo que, según las fuentes antignas, estaba en la actual Crimea y del que hoy se piensa que procedía de las estepas de Siberia accidental; en el vaz a. €. invadieron Asia Menor y encontraron la oposición de los asivios y después de los lidios, cuyo rey Aliates acabó con ellos definiti- vamente. Los cimbrios, ea cambio, eran un pueblo germánico originario del Quersoneso Cimbrico (la actual peninsula de Jutland) que emigró hacia el sur u fines del siglo 1. C.; se enfrentaron repetidamente a fuerzas romanas hasta que fueron vencidos por Mario y Lutacio Catulo en Campi Raudi, junto a Vercelli, en el 101 a, C 155 Es el 387-386 a, C. según la cronología de Polibio y Diedoro; en el 390 a. €, de acuerdo con la romana, Cf. XIV 113-116, 186 En el 279 a. C. En realidad el saqueo de Delfos fue obra de los too- tósages, trocraos, tolistobogios y tolistoagios, que en su desplazamiento hacia Asia Menor invadieron la península halcánica y pasaron por Delfos, La identificación de los cimbrios con los celtas o galos indica que Diodoro y sus fuentes no distinguían la naturaleza germánica de los cimbrios, 17 Hellenogalátas. 5 CE supra, V 31,3, LIBRO Y Ñ 279 animales capturados en la guerra junto con los hombres, o los queman, o los aniquilan con algún otro suplicio, Aunque tienen mujeres de buen ver, les prestan escasa atención; enloquecen, en cambio, de una manera extraordi- naria por las relaciones homosexuales. Tienen la costumbre de dormir en el suelo sobre pieles de animales y de revol- carse en el lecho con un acompañante en cada lado 1%. Pero lo más asombroso de todo es el hecho de que, sin preocu- parse del propio decoro, entregan fácilmente a otros el cuer- po en la flor de la edad, y no consideran vergonzoso este ac- to, sino que piensan que es más deshonroso que no se acepte el favor ofTecido ceando uno de ellos está dispuesto a com- placer. Pero, dado que ya hemos hablado Origen de los celtiberos. Suficientemente de los ecltas, pasare- Indumentaria y armas. a 6s ahora a la historia de sus vecinos Prácticas de guerra Ñ 150 _ y atras cosrumbres los celtiberos!%, Antiguamente dos pueblos, los iberos y los celtas, esta- ban en guerra entre ellos por el dominio del territorio; pero luego se reconciliaron y se establecieron juntos en la región, 16 La expresión griega puede refericse a compañía de ambos sexos, pero Árenso, XI 603 a, dice que los cetras solían acostarse con dos mu- chachos. 1% Desde fines del siglo m a. C. se designaba con el nombre de celti- bros a algunos pueblos del centro de la península ibérica, en especial los de la zona oriental de la meseta, es decir, los arevacos, los pelendones, los Jusones, los belos y los titos. Fueron pucblos belicosos que primero estu- vieron bajo el predominio de los cartagineses, en cuyo ejército sirvieron como mercenarios; después, en el 195 a, C,, feron sometidos por los To. manos mandados por M. Porcio Catón; pero se rebelaron contra el poder de Roma, tanto en cl síglo n a €. (Ja revuelta que en el 133 a, €. acabó con la toma de Numancia) como en el 1 a. C, (se aliaron con Sertorio entre el 82 y el 72 y en el 49 fueron vencidos por legados de Pompeyo). Augus- to mantyo respecto « ellos una política amistosa y restauró Numancia. yw > 280 BIBLIOTECA HISTÓRICA y además acordaron casarse entre ellos, con lo que, a conse- cuencia de esta mezcla, recibieron los dos pueblos el nora- bre arriba mencionado, Al mezclarse dos pueblos valerosos cuya tierra era fértil, ocurrió que los celtiberos se fueron granjeando una gran fama y, tras resistir a los romanos du- rante muchos años, sólo a duras penas fueron sometidos. Es- te pueblo, al parecer, ofrece para la guerra no sólo una exce- lente caballería, sino también unos soldados de infanteria que destacan por su valor y su resistencia, Llevan unos bas- tos mantos negros cuya lana es semejante al pelo de las ca- bras. En cuanto a las armas, algunos celtiberos van pertre- chados con escudos ligeros como los de los galos, y otros son unos escudos convexos '* redondos que tienen el tama- ño de una aspís?%; en torno a las piernas envuelven grebas de pelo, y en sus cabezas se ponen yelmos de bronce ador- nados con penachos purpúreos. Llevan cspadas de doble filo hechas de un excolente hierro, y tienen puñales de un palrao de largo'*, de los que se sirven en los combates cuerpo a cuerpo. La forma de preparar sus armas defensivas !% cons- tituye una práctica particular. Esconden, en efecto, bajo tie- rra láminas de hierro y las dejan allí hasta que, con el paso del tiempo, la herrumbre ha devorado la parte débil del hie- rro y ha dejado la más dura, con la que preparan excelentes espadas y los demás pertrechos de guerra. El arma prepara- da de este modo raja todo cuanto encuentra a su paso, dado que no hay escudo ni yelmo ni hueso que resista su golpe 1% La lortia, 1? El escudo de un hoplisa griego. 19 Unos 25 cm. *% ampmiéria hópla, «armas defensivas» (cf. F. R. Anmanos (dir), Diccionario griego-español, Madrid, 1980, II, pág. 208). Pero amyntéria, en el mismo Diomoro, 111 54, 3, tiene el sentido de «ofensivas» por oposi- ción a shuepasléria, «defensivas». i i LIBRO Y 281 debido a la calidad excepcional del hierro. Saben combatir 5 de dos maneras, puesto que, después de haber vencido lu- padecimientos continuos en el desempeño de su trabajo. Al ser su territorio boscoso, algunos cortan árboles todo el día, empuñando eficaces y pesadas hachas de hierro, mientras que otros, que trabajan la tierra, más que otra cosa lo que hacen es picar piedras a causa de la desmesurada escabrosi- dad del suelo; con sus herramientas, en efecto, no sacan ningún terrón sin piedras. Dado que han de afrontar talcs padecimientos en sus trabajos, consiguen superar a la natu- raleza sólo gracias a su perseverancia, y con mucho esfuerzo obtienen apenas unos escasos frutos. Debido a la continui- dad del ejercicio físico y a la escasez de alimentos, sus cuerpos son enjutos y vigorosos. Como ayudantes frente a estos padecimientos tienen a sus mujeres, acostumbradas a 3 trabajar igual que los hombres. Continuarmnente van de caza, y con los numerosos animales capturados en sus cacerias compensan la escasez deilos frutos del campo. Por esto, al vivir en montes cubiertos de-nieve y estar acostumbrados a atravesar zonas montañosas increíblemente abruptas, tienen 4 un físico vigoroso y musculoso. Algunos, a causa de la es- casez de productos agricolas que sufren, se limitan a beber agua, a comer carne de animales domésticos y salvajes, y a saciarse cor-las hierbas que crecen en sus tierras, puesto que poseen una tierra impracticabie para los dioses más amados, es decir, para Deméter y Dioniso. 5 Los Higures pasan la noche a la intemperie, rara vez en na especie de habitaciones modestas y cabañas, y las más de las veces en grutas y cuevas naturales, capaces de ofre- $ cerles una protección suficiente. En consonancia con esto actían en lo demás, fieles dlrmodo de vida antiguo y simple. En suma, en estos lugares las mujeres tienen el vigor y la fuerza de los hombres, y los hombres el vigor y la fuerza de los animales salvajes. Dicen, por ejemplo, que a menudo en las campañas el más robusto de los galos es vencido por un LIBRO Y 291 ligur muy enjuto que le ha retado a un combate singular. Los 7 ligures tienen un armamento de estructura más ligera que el de los romanos; les protege un escudo oblongo, constmido según el modelo galo, y una túnica ceñida con un cinturón; se Ponen encima pieles de animales salvajes y llevan una espada de tamaño medio; algunos de-ellos, sin embargo, debido a su contacto con las costumbres romanas, han cambiado su tipo de armamento, adaptándose al de sus señores. Son animosos y nobles no sólo en la guerra, sino también en aquellas cir- cunstancias de la vida que inspiran temor. En su comercio, por ejemplo, surcan el mar de Cerdeña y el de Libia, lanzán- dose decididamente a peligros frente a las que no tienen ayt- da; sirviéndose de embarcaciones más sencillas que simples alimadías y mínimamente pertrechados con lo que resulta útil en una ermbarcación, afrontan de una manera asombrosa las situaciones más terroríficas ocasionadas por las tempestades, Nos falta por hablar de los tirre- 40 Les Erascos nos*%, Antiguamente, di tinguiéndose y sus costumbres POr Sú valor, se apoderaron de muchas tierras y fundaron muchas e importan- tes ciudades. Igualmente, al ser pode- rosos gracias a sus fuerzas mavales y ejercer el dominio del mar durante mucho tiempo, consiguieron que el mar que baña las costas de Italia tomara por ellos el nombre de Ti- treno; perfeccionaron la organización de las fuerzas de tierra e inventaron la llamada trompa”, un instrumento de suma utilidad en las guerras, que por ellos recibió el nombre de «trompa tirrena». También crearon los simbolos del poder para los investidos del mando, asignándoles los lictores, la 23 Los etruscos, en griego tyrrénol. 22 La súlpine,