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Un discurso de pablo neruda el cual tiene preguntas al final
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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CENTRO EDUCATIVO SALESIANOS ALAMEDA «Hagan todo por amor, nada a la Fuerza» AÑO EDUCATIVO PASTORAL 2022 Área Evangelización Integrantes: Jose Cŕuz, Juan Roldán, Marco serrano, Simón Marín Curso: 4°A HC
y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa: -¿Tuvo mucho miedo? -Mucho. Creí que había llegado mi última hora, dije. Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano me respondieron. -Ahí mismo -agregó uno de ellos- cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted. Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino. Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de ríos y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo. Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las
montañas. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos. Entramos a uno de ellos y vimos, al calor de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo ml humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino. Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida. Ellos ignoraban quienes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. ¿O lo conocían, nos conocían? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno. Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornadas que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese nada más en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños. Señoras y Señores: Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo.
también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Sólo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos. Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me condujeron al error, unos y otras no me permitieron -ni yo lo pretendí nunca- orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura. Pero sí me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificacin. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva. En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso. Somos conscientes de nuestra obligación de pobladores y -al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicación critica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores, sentimos también el compromiso de recobrar los antiguos sueños que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de ríos que cantan como sueños. Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez ésa sea la razón determinante de mi humilde caso individual: y en esa circunstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi retórica, no vendrían a ser sino actos, los más simples, del menester americano de cada día. Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo: cada uno de mis
cantos aspiró a servir en el espacio como signos de reunión donde se cruzaron los caminos, o como fragmento de piedra o de madera con que alguien, otros que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos. Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posición levantara o levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales. Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terriblesdel colonialismo que aún existe. Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanza solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, ¿Qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquiera forma al pasado feudal del gran continente americano? ¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar el mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos. Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.
En el texto se aprecia una forma de expresar las ideas hacia una multitud, dejando una reflexión tras los dichos del autor, cuyo objetivo es dar una cátedra de su opinión frente a ciertas situaciones. El texto tiene la estructura de un discurso, es de carácter conmemorativo, tiene un tema de interés público y va dirigido a la totalidad de los oyentes. 5.- Señala, ejemplifica y fundamenta tres aspectos del lenguaje culto formal que se den en el discurso. El uso de amplios recursos léxicos, un vocabulario técnico y el no apelar a vulgarismos. El emisor de este discurso demuestra tener elevados conocimientos de la lengua, gracias a la cultura y educación a la que ha accedido. El emisor sabe usar las palabras con propiedad, conjugar correctamente los verbos y construir frases cuya sintaxis es correcta. Este tipo de lenguaje se ocupa principalmente en ámbitos técnicos, literarios y científicos, ya que resulta adecuado para la transmisión de conceptos, ideas y conocimientos de elevada complejidad. 6.- Qué características del texto expositivo encontramos en él. El texto expositivo es un tipo de discurso que al igual que un discurso, presenta la información de forma objetiva, de igual forma, en este se destaca el conocimiento que posee el orador sobre el tema, su rigor, claridad y orden durante todo el transcurso de este. 7.- Qué elementos del discurso argumentativo se pueden identificar en él. El discurso argumentativo comparte algunas similitudes con el discurso leído, tal como la defensa de una postura por medio de argumentos o mediante un razonamiento, el cual en este caso es generado por el poeta y busca convencer al lector u oyente para que se adhiera a su opinión. 8.- Averigua qué escrito decía que el poeta era un “pequeño dios” y cuáles eran las razones El escrito que decía que” el poeta era un pequeño dios'' es “Arte Poético”, escrito por Vicente Huidobro publicado en el libro “El espejo del agua”, en 1916. Esta breve frase hace referencia a cómo un poeta puede escribir y crear cualquier cosa que se plantee mediante el uso de las palabras. 9.- Qué expresiones utiliza el poeta para dejar en claro que lo que viene es autobiográfico. En primer lugar, habla en primera persona, dejando claro que hace alusión a una experiencia propia y detalla de forma global, dando a entender un mensaje después de explayarse en lo verbal como lo corporal. indica de forma inmediata que se trata de un suceso.
10.- Explique: a) Cómo describe a su país en el discurso. Lo describe como un pasadizo a el destino del éxito, una vía por la cual cualquiera puede caminar pero que pocos se atreven a tal decisión, nos habla de lo bello de la simpleza de las travesías. b) Las experiencias vividas junto a sus cuatro compañeros. Señala un viaje hacia la frontera de nuestro país hermano, con un amplio detalle en lo visual, contando historia tras historia y dejando un mensaje y enseñanza para cada una de ellas. c) Qué enseñanzas le deja el viaje. Que toda travesía lleva consigo una experiencia única en lo valórico, tras una reflexión de la apreciación de la vida y el significado de la misma. Encuentra algo más allá y empieza a verle un significado nuevo y hasta complejo a lo simple. d) Cómo se interpreta la ceremonia de los campesinos. La ceremonia de los campesinos hacia la calavera puede aludir principalmente a la tradición de las personas respectos a los ritos en los cuales creen, los cuales tienen un trasfondo sumamente importante, dado que detrás de estas acciones hay un registro cultural, lo cual Pablo Neruda logra identificar e incluso darle un significado propio: “Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo”. A modo síntesis quiere decir que aquel acto significa un modo de encontrar “pan y auxilio” entre las personas. 11.- ¿Por qué el poeta es considerado sectario? ¿Qué piensa él, acerca de la poesía?. El poeta es considerado un sectario debido a que se aparta de las doctrinas sociales tradicionales para la fabricación de sus poemas. Neruda es un partidario firme de la poesía y considera que todas las recriminaciones y críticas que se dirigen a él no son más que vanidad, falta de amistad y de responsabilidad, ya que se necesita tener una gran convicción y concordancia para ser un buen poeta. Aquellos que se dejan llevar por lo que dicen pierden el espíritu de la poesía, esto hace que Pablo Neruda tenga gran firmeza al tratar con quienes lo acusan y difaman, ya que considera un principio fundamental: El enemigo más esencial del poeta es su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos.
grandes dificultades, tanto como individuos o como sociedad, lograremos nuestros objetivos y triunfaremos en la vida. Todo el éxito puede ser logrado si es que uno no pierde su verdadero valor. De igual manera el autor recalca lo arraigada que está la poesía con su vida y la increíble capacidad que tienen los buenos poetas para transformar las historias del día a día y la cotidianidad en obras de arte.