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Análisis Crítico de la Nueva Ortografía Española por Javier Marías - Prof. Rosello, Apuntes de Idiomas

En este artículo publicado en el país semanal el 30 de enero de 2011, javier marías discute la nueva ortografía de la real academia española, destacando los efectos y ventajas históricas de la ortografía española en relación con la pronunciación y comparando su sistema con el de otras lenguas como el italiano y el francés. El autor expresa su crítica a ciertas decisiones de la rae que considera discutibles o arbitrarias, y defiende la necesidad de mantener la libertad de elección en la escritura para adaptarse a la pronunciación natural de cada hablante.

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 24/10/2015

rblanquinegra
rblanquinegra 🇪🇸

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hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra
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caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba
decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en
nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos
“dimenticano” (“olvidan”), nada nos indica si se trata de un
vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni
lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice “diménticano”. Lo
mismo sucede con “dimenticarebbero” (“olvidarían”),
“precipitano”, “auguro” y tantos otros que uno precisa
haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo
llevan: “dimenticarébbero”, “prechípitano”, “áuguro”. Del
francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno
lee como “oiseaux” (“pájaros”) se ha de escuchar más o
menos como “uasó”. El inglés ya es caótico en este aspecto:
¿cómo imaginar que “break” se pronuncia “breic”, pero
“bleak” es “blic”, y que “brake” es también “breic”? ¿O que
la población que vemos en el mapa como “Cholmondeley”
se corresponde en el habla con “Chomly”, por añadir un
ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?
Este considerable obstáculo era inexistente en español con
muy leves excepciones hasta la aparición de la última
Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de
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¡Descarga Análisis Crítico de la Nueva Ortografía Española por Javier Marías - Prof. Rosello y más Apuntes en PDF de Idiomas solo en Docsity!

DISCUSIONES ORTOGRÁFICAS (I) No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos “dimenticano” (“olvidan”), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice “diménticano”. Lo mismo sucede con “dimenticarebbero” (“olvidarían”), “precipitano”, “auguro” y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: “dimenticarébbero”, “prechípitano”, “áuguro”. Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como “oiseaux” (“pájaros”) se ha de escuchar más o menos como “uasó”. El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que “break” se pronuncia “breic”, pero “bleak” es “blic”, y que “brake” es también “breic”? ¿O que la población que vemos en el mapa como “Cholmondeley” se corresponde en el habla con “Chomly”, por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares? Este considerable obstáculo era inexistente en español – con muy leves excepciones– hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía

es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones. Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o

  • aún peor– intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir “guión”, está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de “acción” o de “noción”, y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga “guion”. Tampoco que pronuncie “truhán” como “Juan”, que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo “truhan”. De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice “truan” y es un monosílabo?), lo mismo que a “ahumado”, “ahuyentar” y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben “ipotesi”, “orrore”, “eresia” y “abitare”, el equivalente a “ipótesis”, “orror”, “erejía” y “abitar”. Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes

hablante opte por “truhán” o “truhan”, como aún puede hacerlo (por suerte) entre “solo” y “sólo”, “este” y “éste”, “aquel” y “aquél”? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase “Estaré solo mañana”? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios. JAVIER MARÍAS El País Semanal , 30 de enero de 2011