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DOCUMENTO DE ANATOMÍA, Guías, Proyectos, Investigaciones de Anatomía

Anatomía de cabeza Partes Y estructura

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2019/2020

Subido el 25/02/2020

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Módulo 5: Sistema esquelético
233
ESQUEMA
DEL CAPÍTULO
8.1 Revisión general del esqueleto 234
Huesos del sistema óseo 234
• Características anatómicas
de los huesos 236
8.2 El cráneo 236
• Huesos craneales 241
• Huesos faciales 247
• Huesos relacionados
con el cráneo 249
El cráneo en la lactancia
y la infancia 249
8.3 La columna vertebral y la caja
torácica 250
• Características generales
de la columna vertebral 250
• Estructura general
de una vértebra 251
• Discos intervertebrales 253
• Características regionales
de las vértebras 253
La caja torácica 256
8.4 La cintura escapular
y las extremidades superiores 259
La cintura escapular 259
Las extremidades superiores 261
8.5 La cintura pélvica y las extremidades
inferiores 265
La cintura pélvica 265
Las extremidades inferiores 267
Guía de estudio 275
CONOCIMIENTO
MÁS A FONDO
8.1 Aplicación clínica: lesiones
en el etmoides 246
8.2 Aplicación clínica: evaluación craneal
del recién nacido 249
8.3 Aplicación clínica: curvaturas anormales
de la espina dorsal 252
8.4 Medicina evolutiva: adaptaciones óseas
para la bipedación 273
Tomografía computarizada a color de la caja torácica
y la cintura escapular.
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CAPÍTULO
EL SISTEMA ÓSEO
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Módulo 5: Sistema esquelético 233

ESQUEMA

DEL CAPÍTULO

8.1 Revisión general del esqueleto 234

  • Huesos del sistema óseo 234
  • Características anatómicas de los huesos 236 8.2 El cráneo 236
  • Huesos craneales 241
  • Huesos faciales 247
  • Huesos relacionados con el cráneo 249
  • El cráneo en la lactancia y la infancia 249 8.3 La columna vertebral y la caja torácica 250
  • Características generales de la columna vertebral 250
  • Estructura general de una vértebra 251
  • Discos intervertebrales 253
  • Características regionales de las vértebras 253
  • La caja torácica 256 8.4 La cintura escapular y las extremidades superiores 259
  • La cintura escapular 259
  • Las extremidades superiores 261

8.5 La cintura pélvica y las extremidades inferiores 265

  • La cintura pélvica 265
  • Las extremidades inferiores 267 Guía de estudio 275

CONOCIMIENTO

MÁS A FONDO

8.1 Aplicación clínica: lesiones en el etmoides 246 8.2 Aplicación clínica: evaluación craneal del recién nacido 249 8.3 Aplicación clínica: curvaturas anormales de la espina dorsal 252 8.4 Medicina evolutiva: adaptaciones óseas para la bipedación 273

Tomografía computarizada a color de la caja torácica y la cintura escapular.

C A P Í T U L O

EL SISTEMA ÓSEO

234 PARTE DOS Soporte y movimiento

E

l conocimiento de la anatomía ósea será útil para el estudio de los capítulos posteriores. Aporta un punto de referencia para estudiar la anatomía macroscópica de otros sistemas, ya que muchos órganos reciben su nombre de su relación con huesos cercanos. Por ejemplo, la arteria y vena subclavias se encuentran adyacentes a la clavícula; el músculo temporal está adjunto al hueso temporal; el nervio cubital y la arteria radial pasan a un lado del cúbito y el radio del antebrazo, respectivamente; y los lóbulos frontal, parietal, temporal y occipital del cerebro reciben ese nombre por los huesos adyacentes del cráneo. La comprensión de la manera en que los músculos producen los movimientos óseos también depende del conocimiento de la anatomía ósea. Además, las posiciones, formas y extensiones de los huesos sirven como marcas para que los médicos determinen dónde aplicar una inyección o registrar un pulso, qué buscar en una radiografía y cómo realizar terapia física y otros procedimientos clínicos.

disminuye a medida que algunos huesos separados se fusio- nan. Por ejemplo, cada lado de la cintura pélvica de un niño tiene tres huesos ( ilion , isquion y pubis ), pero en los adultos se fusionan en un solo hueso: el iliaco o coxal. La fusión de varios huesos, que se completa en la última etapa de la adolescencia o los primeros años de la edad adulta, lleva a un número pro- medio de 206 huesos en el adulto (cuadro 8.1). Esa cantidad varía aun entre adultos. Una razón es el desa- rrollo de huesos sesamoideos^1 (que se forman dentro de los tendones como respuesta a la tensión), de los cuales el más grande es la rótula; la mayor parte del resto está constituida por huesos redondos y pequeños que se ubican en sitios como pies y manos. Otra razón para la variación del número en adul- tos es que algunas personas tienen huesos adicionales en el cráneo llamados suturales o wormianos^2 (véase la figura 8.6).

Repaso

  • La descripción anatómica del sistema óseo depende en gran medida de la terminología direccional que se presenta en el cuadro A-1 (p. 31).
  • La comprensión de la anatomía del esqueleto también depende de la familiaridad que se tenga con la terminología de las regiones y cavidades corporales descritas en el atlas A (p. 31-36).

8.1 Revisión general del esqueleto

Resultados esperados del aprendizaje

Cuando haya completado esta sección, el estudiante podrá:

a ) Definir las dos subdivisiones del esqueleto.

b ) Determinar el número aproximado de huesos del cuerpo

adulto.

c ) Explicar por qué este número varía con la edad y de una

persona a otra.

d ) Definir varios términos que denotan las características de la

superficie ósea.

El esqueleto (figura 8.1) se divide en dos regiones: los huesos de la cabeza y el tronco (que en ocasiones se denominan esque- leto axial ) y los huesos de las extremidades (esqueleto apendi- cular). Los primeros forman el eje de soporte central del cuerpo y están constituidos por el cráneo, los huesos pequeños del oído, el hioides, la columna vertebral y la caja torácica (tam- bién llamada parrilla costal), que incluye las costillas y el esternón. Por su parte, los huesos de las extremidades inclu- yen, además de éstos, los de las cinturas escapular y pélvica.

Huesos del sistema óseo

A menudo se afirma que el esqueleto tiene 206 huesos, pero esta cifra sólo representa los de un adulto típico y no es inva- riable. El recién nacido tiene casi 270 huesos y se forman aún más durante la infancia. Sin embargo, con la edad el número

(^1) sésamo = semilla del sésamo; oide = semejanza. (^2) Ole Worm (1588 a 1654), médico danés.

CUADRO 8.1 Huesos del sistema óseo adulto

Huesos de la cabeza y el tronco Cráneo (22 huesos) Huesecillos del oído (6 huesos) Huesos craneales Martillo (2) Hueso frontal (1) Yunque (2) Hueso parietal (2) Estribo (2) Hueso occipital (1) Hioides (1 hueso) Hueso temporal (2) Esfenoides (1) Columna vertebral (26 huesos) Etmoides (1) Vértebras cervicales (7) Huesos faciales Vértebras torácicas (12) Maxilares superiores (2) Vértebras lumbares (5) Hueso palatino (2) Sacro (1) Hueso cigomático (2) Cóccix (1) Unguis (2) Hueso propio de la nariz (2) Vómer (1) Cornete nasal inferior (2) Mandíbula (1)

Caja torácica (25 huesos más las vértebras torácicas) Costillas (24) Esternón (1)

Huesos de las extremidades Cintura escapular (4 huesos) Huesos iliacos (2) Escápula (2) Clavícula (2) Extremidades inferiores (60 huesos) Fémur (2) Extremidades superiores (60 huesos)

Rótula (2) Tibia (2) Peroné (2) Tarsianos (14) Metatarsianos (10) Falanges (28)

Húmero (2) Radio (2) Cúbito (2) Carpianos (16) Metacarpianos (10) Falanges (28)

Gran total: 206 huesos

236 PARTE DOS Soporte y movimiento

Características anatómicas de los huesos

Los huesos exhiben diversas crestas, espinas, protuberancias, depresiones, conductos, poros, grietas, cavidades y superficies articulares. Es importante conocer los nombres de estas mar- cas óseas , ya que posteriores descripciones de articulaciones, anejos musculares y rutas que recorren nervios y vasos sanguí- neos, se basan en esta terminología. Los términos que designan las características óseas más comunes se presentan en el cua- dro 8.2, y varios de ellos se ilustran en la figura 8.2.

Es probable que el estudio del sistema óseo se lleve a cabo tanto en esqueletos articulados (huesos secos unidos con alambres y varillas para mostrar las relaciones espaciales que mantienen entre sí) como en huesos inarticulados (huesos sueltos en los que pueden estudiarse de manera más detallada sus características superficiales). A medida que avance en la lectura de este capítulo, el estudiante podrá tomarse a sí mis- mo como modelo. Tiene la opción de palpar (percibir) muchos de los huesos y algunos de sus detalles a través de la piel; para ello podrá girar el antebrazo, cruzar las piernas, palparse el cráneo y la muñeca, y pensar en lo que ocurre bajo la superficie o lo que se puede percibir a través de la piel. Obtendrá lo máxi- mo de este capítulo (y por supuesto de todo el libro) si está consciente del propio cuerpo en relación con lo que estudia.

Antes de proseguir

Responda las siguientes preguntas para probar su comprensión de la sección anterior:

1. Mencione los principales componentes de los huesos de la cabeza y el tronco. Mencione los de los huesos de las extre- _midades.

  1. Explique por qué un adulto no tiene tantos huesos como un_ niño. Explique por qué un adulto puede tener más huesos _que otro.
  2. Describa de manera breve cada una de las siguientes carac-_ terísticas óseas: un cóndilo, una cresta, una tuberosidad, una fosa, un saco y un agujero.

8.2 El cráneo

Resultados esperados del aprendizaje

Cuando haya completado esta sección, el estudiante podrá:

a ) Distinguir entre huesos craneales y faciales.

b ) Mencionar los huesos del cráneo y sus características anató-

micas.

c ) Identificar las cavidades en el cráneo y en algunos de sus

huesos individuales.

d ) Nombrar las principales suturas que unen los huesos del

cráneo.

e ) Describir algunos huesos relacionados de forma estrecha

con el cráneo.

f ) Describir el desarrollo del cráneo a partir del nacimiento y

durante la infancia.

El cráneo es la parte más compleja del esqueleto. Las figuras 8.3 a 8.6 resumen su anatomía general. Aunque en apariencia sólo consta de la mandíbula y “el resto”, está integrado por 22 huesos (en ocasiones más). La mayor parte de éstos se encuen- tra conectada mediante articulaciones inmóviles llamadas suturas , que tienen la apariencia de costuras en la superficie (fi gura 8.4). Son marcas importantes para las descripciones que se presentan a continuación. El cráneo contiene varias cavidades prominentes (figura 8.7). La más grande (cuyo volumen en adultos es de casi 1 350 ml) es la

CUADRO 8.2 Características anatómicas (marcas) de los huesos

Término Descripción y ejemplo Articulaciones Cóndilo Protuberancia redondeada que se articula con otro hueso (cóndilo occipital del cráneo) Carilla Superficie articular suave, plana, ligeramente cón- cava o convexa (carillas articulares de las vérte- bras) Cabeza El extremo expandido y prominente de un hueso, en ocasiones redondeado (cabeza del fémur) Extensiones y proyecciones Cresta Borde estrecho (cresta iliaca de la pelvis) Epicóndilo Una región expandida superior al cóndilo (epicón- dilo medial del fémur) Línea Un borde un poco elevado, alargado (línea de la nuca del cráneo) Apófisis Cualquier prominencia ósea (apófisis mastoides del cráneo) Protuberancia Sobrecrecimiento o protrusión ósea (protuberancia mentoniana de la barbilla) Espina Una apófisis o extensión fina, delgada o estrecha (espinas mentonianas de la mandíbula) Trocánter Dos apófisis masivas características del fémur Tuberosidad Apófisis pequeña, redondeada (tuberosidad mayor del húmero); también superficie elevada y rugosa (tuberosidad de la tibia) Depresiones Alveolo Un hueco o hendidura (alveolo dental) Fosa Una base hueca, amplia o alargada (fosa mandibu- lar) Fóvea Un hueco pequeño (fóvea de la cabeza del fémur) Surco Una ranura para un tendón, nervio o vaso sanguí- neo (surco interparietal del cráneo) Pasajes y cavidades Conducto Pasaje tubular o túnel en un hueso (conducto auditivo del cráneo) Cisura Una grieta en un hueso (cisura lateral del cerebro) Agujero Un hueco en un hueso, por lo general redondo (agujero magno del cerebro) Conducto Una abertura en un conducto (conducto auditivo externo del oído) Seno Un espacio lleno de aire en un hueso (seno frontal de la frente)

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 237

FIGURA 8.2 Características anatómicas de los huesos. La mayor parte de estas características también se presenta

en muchos huesos del cuerpo.

FIGURA 8.3 Vista anterior del cráneo.

Senos

Cresta

Agujero

Agujero

Fosa

Cabeza Trocánter

Cresta

Tuberosidad Línea

Cabeza

Fóvea

Trocánteres

Fosa

a) Cráneo (vista lateral)

Epicóndilos

Cóndilos

Alveolo Espina

Espina

Cóndilo

Apófisis

Apófisis

Líneas

Conducto

b) Escápula (vista posterior)

c) Fémur (vista posterior)

d) Húmero (vista anterior)

Hueso frontal

Sutura coronaria

Unguis

Agujero supraorbitario

Sutura parietotemporal

Agujero infraorbitario

Vómer

Mandíbula

Margen supraorbitario

Esfenoides Etmoides

Cornete nasal medio

Hueso propio de la nariz Hueso cigomático

Maxilar superior

Agujero mentoniano

Hueso temporal

Glabela

Protuberancia mentoniana

Hueso parietal

Cornete nasal inferior Sutura intermaxilar

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 239

Hueso cigomático

Protuberancia occipital externa

Sutura parietooccipital

Agujero magno Agujero mastoideo

Agujero yugular

Agujero estilomastoideo

Conducto carotídeo

Sutura intermaxilar

Apófisis palatina del maxilar

Hueso palatino Agujero palatino mayor Lámina pterigoidea medial Lámina pterigoidea lateral Agujero oval Agujero espinoso Agujero rasgado Parte basilar del hueso occipital

Agujero incisivo

Esfenoides

Arco cigomático

Fosa mandibular Apófisis estiloides Conducto auditivo externo

Apófisis mastoidea Muesca mastoidea

Conducto condíleo

Hueso temporal

Línea superior de la nuca

Línea inferior de la nuca

Hueso occipital a) Vista inferior

Hueso parietal

Cóndilo occipital

Vómer

Abertura nasal posterior

b) Vista superior del piso craneal

Agujeros cribosos

Cresta de gallo

Diploe (hueso esponjoso)

Lámina cribosa del etmoides

Esfenoides

Hueso temporal

Peñasco

Hueso parietal

Hueso occipital

Silla turca

Hueso frontal

Agujero óptico Agujero rotundo Agujero oval Agujero espinoso Conducto auditivo interno

Agujero magno

Agujero yugular

Conducto hipogloso

Surco del seno venoso

FIGURA 8.5 Base del cráneo.

240 PARTE DOS Soporte y movimiento

cavidad craneana , que contiene al encéfalo. Otras cavidades incluyen las órbitas (cuencas de los ojos), la cavidad nasal , la cavi- dad oral , las cavidades del oído medio e interno , y los senos para- nasales. Éstos reciben su nombre de los huesos en que se presentan (figura 8.8): frontal , esfenoidal , etmoidal y maxilar. Se conectan con la cavidad nasal, y están recubiertos por mucosas y llenos de aire. Aligeran la parte anterior del cráneo y actúan como cámaras que agregan resonancia a la voz. Este último efecto puede percibir-

se por la manera en que la voz cambia cuando se padece un resfria- do y el moco obstruye el paso del sonido a los senos y de regreso. Los huesos del cráneo tienen agujeros notorios que permi- ten el paso de nervios y vasos sanguíneos. El cuadro 8.3 pre- senta un resumen de los principales agujeros. Los detalles que incluye este cuadro de referencia adquirirán más sentido cuan- do se estudien los nervios craneales y los vasos sanguíneos en capítulos posteriores.

Hueso frontal

Sutura coronaria

Sutura sagital

Hueso wormiano

Hueso parietal

Agujero parietal

Sutura parietooccipital

Hueso occipital

Posterior

Anterior

Hueso frontal

Hueso cigomático

Celdillas neumáticas etmoidales Etmoides

Medio

Superior

Inferior (^) Maxilar superior Senos maxilares Cavidad Cavidad nasal oral Mandíbula

Vómer

Órbita

Cavidad craneana

Cornetes nasales

FIGURA 8.7 Cavidades mayores del cráneo (corte frontal).

FIGURA 8.8 Los senos paranasales.

Seno frontal Seno etmoidal Seno maxilar

Seno esfenoidal

FIGURA 8.6 Vista superior de la bóveda craneal.

242 PARTE DOS Soporte y movimiento

Consta de dos partes principales: la bóveda craneal y la base. La primera no es un hueso único, sino el domo de la parte superior del cráneo; está integrada por partes de varios huesos que forman el techo y las paredes (véase la figura 8.6). En los cráneos para estudio suele aserrarse para que parte de ella pue- da levantarse, de modo que permita explorar su interior. Esto revela la base (piso) de la cavidad craneana (véase la fi gura 8.5 b ), en la cual se observan tres pares de depresiones: las fosas craneales. Éstas corresponden al contorno de la superficie inte- rior del encéfalo (figura 8.9). La fosa craneal anterior , que es poco profunda, tiene for- ma de media luna y contiene los lóbulos frontales del cerebro. La fosa craneal media , que se vuelve más profunda de manera abrupta, tiene forma de un par de alas extendidas y contiene los lóbulos temporales. La fosa craneal posterior es más pro- funda y aloja una división posterior y grande del encéfalo lla- mada cerebelo. Hay ocho huesos craneales: 1 hueso frontal 2 huesos parietales 2 huesos temporales 1 esfenoides 1 hueso occipital 1 etmoides

El hueso frontal

El hueso frontal se extiende desde la parte trasera de la frente hasta la prominente sutura coronaria , que cruza la parte supe- rior de la cabeza de derecha a izquierda, y que une el hueso frontal con los huesos parietales (véanse las figuras 8.3 y 8.4). El hueso frontal incluye la pared anterior y casi una tercera

parte del techo de la cavidad craneana, y se vuelca hacia el interior para formar casi toda la fosa craneal anterior y el techo de la órbita. En una zona profunda que corresponde a las cejas tiene un borde: el margen supraorbitario. Cada margen está perforado por un solo agujero supraorbitario (véanse las figu- ras 8.3 y 8.14), que proporciona un paso a un nervio, una arte- ria y varias venas. En algunas personas, el borde de este agujero abarca el margen de la órbita o forma una muesca supraorbitaria. Una persona puede tener un agujero en un margen supraorbitario y una muesca en el otro. El área suave del hueso frontal que se encuentra apenas arriba de la raíz de la nariz es la glabela. 4 El hueso frontal también contiene al seno frontal, que quizá no se pueda ver en todos los cráneos que se usan para estudio, ya que en algunos de éstos la bóveda craneal se corta demasiado arriba como para mostrarla, y deter- minadas personas no la tienen. A lo largo de la orilla de corte de la bóveda craneal, también se puede ver el diploe (la capa de hueso esponjoso que se encuentra en la parte media de los huesos craneales (figura 8.5 b ).

Los huesos parietales

Los huesos parietales derecho e izquierdo integran la mayor parte del techo craneal y parte de sus paredes (véanse las figu- ras 8.4 y 8.6). Cada uno de ellos está rodeado por cuatro sutu- ras que se unen a los huesos vecinos: 1) una sutura sagital entre los huesos parietales, 2) la sutura coronaria^5 en el mar-

(^4) glab = sin pelo; ella : pequeño. (^5) coro = relacionado con la corona. (^6) con forma de la letra griega lambda (λ).

Cerebelo

Lóbulo temporal

Lóbulo frontal

Fosa craneal posterior

Fosa craneal media

Fosa craneal anterior

a) Vista superior b) Vista lateral

Fosa craneal posterior

Fosa craneal media

Fosa craneal anterior

FIGURA 8.9 Las fosas craneales. Las tres fosas se amoldan al contorno de la base del cráneo.

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 243

gen anterior, 3) la sutura lambdoidea^6 (o parietooccipital) en el margen posterior y 4) la sutura parietotemporal de manera lateral. A lo largo de las suturas parietotemporal y parietooccipital suelen verse pequeños hue- sos de sutura (wormianos) como pequeñas islas de hueso rodeadas de líneas de sutura. De manera interna, los huesos parietal y frontal tienen marcas que parecen fotogra- fías aéreas de arroyos tributarios (véase la fi gura 8.4 b ). Representan lugares donde el hueso se ha moldeado alrededor de los vasos sanguíneos de las meninges. En el aspecto externo, los huesos parie- tales tienen pocas características. En ocasio- nes se presenta un agujero parietal cerca de la esquina de las suturas parietooccipital y parietotemporal (véase la figura 8.6). Un par de ligeros engrosamientos, las líneas tempo- rales superior e inferior, forman un arco a través de los huesos parietal y frontal (véase la figura 8.4 a ). Marcan la unión del músculo temporal , largo y con forma de ventilador, que apoya la masticación y se inserta en la mandíbula.

Los huesos temporales

Si se palpa el cráneo, justo arriba de la oreja y en sentido anterior a ésta (la región tempo- ral), se puede percibir el hueso temporal , que forma la pared inferior y parte del piso de la cavidad craneana (figura 8.10). Este hueso debe su nombre a que las primeras canas a menudo se desarrollan en las sie- nes.^7 La forma un poco compleja del hueso temporal se comprende mejor cuando se divide en cuatro partes:

  1. La escama del occipital (cuya palpación se acaba de pedir) es más o menos plana y vertical. Está rodeada por la sutura parietotemporal (también llamada escamosa). Posee dos características notorias: a ) La apófisis cigomática , que se extiende de modo ante- rior para formar parte del arco cigomático (pómulo). b ) La fosa mandibular , una depresión en que la mandí- bula se articula con el cráneo.
  2. La parte timpánica^8 es un pequeño anillo de hueso que bordea el conducto auditivo externo (la abertura hacia el canal auditivo). Tiene una espina puntiaguda en su super- fi cie inferior, la apófisis estiloides , cuyo nombre se debe a su parecido con el estilete que usaban los griegos y roma- nos antiguos para escribir en tablillas de cera. La apófisis

estiloides proporciona una superficie de unión para los músculos de la lengua, la laringe y el hioides.

  1. La parte mastoidea^9 es posterior a la timpánica. Tiene una pesada apófisis mastoides , que puede palparse como un bulto prominente debajo del oído. Está relleno con peque- ños senos de aire que comunican con el conducto auditivo medio. Estos senos están sujetos a infección e inflamación ( mastoiditis ), que pueden erosionar el hueso y extenderse al cerebro. Un surco llamado muesca mastoidea es medial a la apófisis mastoides (véase la figura 8.5 a ). Es el origen del músculo digástrico, que abre la boca. La muesca está perforada por el agujero estilomastoideo en su extremo anterior y el agujero mastoideo en su extremo posterior.
  2. El peñasco ( parte pétrea ) 10 puede verse en el piso craneal, donde parece una pequeña montaña que separa la fosa cra- neal media de la posterior (figura 8.10 b ). Alberga las cavi-

(^7) tempor = sien. A la vez, el término temporal también se relaciona. con el tiempo. (^8) tympan = tambor; ico : perteneciente a.

(^9) mast = mama; eides = que tiene aspecto de. (^10) petr = piedra; ous = parecido a.

Parte mastoidea

Apófisis mastoides

a) Superficie lateral

b) Superficie medial

Apófisis estiloides

Sutura parietotemporal

Apófisis cigomática

Apófisis estiloides

Conducto auditivo externo Parte timpánica

Escama del occipital

Sutura parietotemporal

Apófisis cigomática Fosa mandibular

Apófisis mastoides

Conducto auditivo interno

Escama del occipital

Parte pétrea

Muesca mastoidea

FIGURA 8.10 El hueso temporal derecho. La superficie lateral está orientada al

cuero cabelludo y al oído externo; la superficie medial, al encéfalo. ● Elabore una lista de cinco huesos que se articulen con el hueso temporal.

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 245

unión del esfenoides y los huesos temporal y occipital se observa una ranura irregular, el agujero rasgado , que en el cuerpo vivo está relleno con cartílago y no comunica vasos ni nervios principales. En una vista inferior del cráneo, el esfenoides es anterior a la base del hueso occipital. Las aberturas internas de la cavi- dad nasal que se ven en esta perspectiva son las aberturas nasales anteriores o coanas. 13 En sentido lateral a cada abertu- ra, el esfenoides muestra un par de láminas paralelas: las lámi- nas pterigoideas^14 medial y lateral (fi gura 8.5 a ). Cada lámina tiene una extensión inferior más estrecha, la apófisis pterigoi- dea. Estas láminas y apófisis proporcionan unión para algunos músculos del maxilar. Los senos esfenoidales se encuentran dentro del cuerpo del esfenoides.

El etmoides

El etmoides^15 es un hueso craneal anterior localizado entre los ojos (fi guras 8.7 y 8.12). Forma parte de la pared medial de la órbita, el techo y las paredes de la cavidad nasal, y el tabique nasal. Es un hueso muy poroso y delicado, con tres porciones principales:

(^13) khoan = embudo. (^14) pterygo = ala; eides = que tiene aspecto de. (^15) ethmo = tamiz, criba; eides = que tiene aspecto de.

Agujero óptico Ala menor Ala mayor

Ala menor

Ala mayor (^) Hendidura esfenoidal

Agujero oval

Cuerpo

Silla turca Laminilla cuadrilátera

Agujero rotundo

Fosa hipofisaria

Agujero rotundo

Agujero oval

Apófisis clinoides anterior

Lámina pterigoidea lateral

Lámina pterigoidea medial (^) Apófisis pterigoide

Agujero espinoso a) Vista superior

b) Vista posterior

Laminilla cuadrilátera

Lámina cribosa Agujeros cribosos

Lámina orbitaria Celdillas etmoidales

Cornete nasal superior

Cresta de gallo

Cornete nasal medio Lámina vertical

FIGURA 8.11 El esfenoides.

FIGURA 8.12 El etmoides (vista anterior).

Elabore una lista de cinco huesos que se articulen con el hueso etmoides.

246 PARTE DOS Soporte y movimiento

  1. La lámina vertical (perpendicular), una lámina delgada de hueso que forma las dos terceras partes superiores del tabique nasal (véase la figura 8.4 b ). (La parte inferior está formada por el vómer , que se estudiará más adelante.) El tabique divide la cavidad nasal en espacios neumáticos derecho e izquierdo: las fosas nasales. El tabique está a menudo desviado hacia una fosa nasal.
  2. Una lámina cribosa^16 que forma el techo de la cavidad nasal. Esta lámina tiene una hoja en la parte media, la cresta de gallo ( crista galli ) que constituye un punto de unión para la duramadre. A cada lado de la cresta se encuentra un área alargada y deprimida, con varios aguje- ros: los agujeros cribosos (olfatorios). En estas depresiones descansan un par de bulbos olfativos del cerebro, relacio- nados con el sentido del olfato, y los agujeros permiten el paso de los nervios olfativos por la cavidad nasal hacia los bulbos (véase el apartado Conocimiento más a fondo 8.1).
  3. El laberinto , una masa grande situada a cada lado de la lámina vertical. Recibe su nombre del hecho de que cuen- ta en el interior con un laberinto de espacios neumáticos, las celdillas etmoidales. De manera colectiva, constituyen los senos etmoidales que se estudiaron antes. La superficie lateral del laberinto es una lámina orbitaria que se ve en la pared medial de la órbita (véase la figura 8.14). De la superficie medial del laberinto surgen dos láminas rizadas con forma de rollo de hueso llamadas cornetes nasales^17 superior y medio , que se proyectan en la fosa nasal desde su pared lateral hacia el tabique (véanse las figuras 8.7 y 8.13). También hay un hueso independiente, el cornete

nasal inferior , que se estudiará más adelante. Los tres cor- netes ocupan la mayor parte de la cavidad nasal y dejan poco espacio abierto. Al llenar el espacio y crear turbulen- cia en el flujo de aire inhalado, garantizan que el aire entre en contacto con las mucosas que cubren estos huesos; esto limpia, humidifica y calienta el aire inhalado antes de que

FIGURA 8.13 La cavidad nasal

izquierda (corte sagital).

(^16) cribri = tamiz, criba. (^17) corn = cuerno; ette = pequeño.

Seno frontal

Inferior

Espina nasal anterior

Maxilar superior

Agujero incisivo Unguis

Hueso propio de la nariz

Cartílagos nasales

Superior Medio Seno esfenoide

Hueso palatino

Esfenoides

Cresta de gallo

Silla turca

Lámina cribosa Agujeros cribosos

Hueso occipital

Labio

Hueso frontal

Incisivo

Cornetes nasales:

CONOCIMIENTO MÁS A FONDO 8. Aplicación clínica

Lesiones en el etmoides

El etmoides es muy delicado y se lesiona con facilidad con un golpe hacia arriba en la nariz, como el que podría sufrir una persona al chocar contra el tablero de un automóvil en una colisión. La fuerza de un golpe puede lanzar fragmentos óseos a través de la lámina cribosa hacia las meninges y el tejido encefálico. Estas lesiones sue- len evidenciarse a menudo por fugas de líquido cefalorraquídeo hacia la cavidad nasal, y pueden anteceder al contagio de una infec- ción de la cavidad nasal al encéfalo. Los golpes en la cabeza tam- bién pueden seccionar los nervios olfativos que pasan por el etmoides y causar anosmia , una pérdida irreversible del sentido del olfato y una gran reducción en el sentido del gusto (gran parte de éste depende del olfato). Esto no sólo priva de algunos de los pla- ceres de la vida, sino que también puede ser peligroso porque la persona no puede oler humo, gas o comida descompuesta, entre otros.

248 PARTE DOS Soporte y movimiento

da del paladar está formado por extensiones horizontales del maxilar denominadas apófisis palatinas (véase la figura 8.5 a ). Justo debajo de los incisivos (dientes frontales) se encuentra un agujero incisivo. Las apófisis palatinas suelen unirse en la sutura intermaxilar a las 12 semanas de gestación; cuando esto no ocurre se tiene paladar hendido que a menudo se acompaña de labio hendido lateral a la línea media. El paladar y el labio hendidos pueden corregirse mediante cirugía, con buenos resultados cosméticos, pero el paladar hendido dificulta la suc- ción necesaria para la alimentación en el lactante.

Los huesos palatinos

Los huesos palatinos se localizan en la cavidad nasal posterior (fi gura 8.13). Cada uno tiene forma de “L” y está formado por una lámina horizontal y una lámina vertical. Las láminas hori- zontales forman la tercera parte posterior del paladar óseo; cada una está marcada por un agujero palatino mayor que per- mite el paso de los nervios hacia el paladar. La lámina vertical es delgada, delicada e irregular; forma parte de la pared situada entre la cavidad nasal y la órbita (véanse las figuras 8.5 a y 8.13).

Los huesos cigomáticos

Los huesos cigomáticos^18 forman los ángulos de las mejillas situados en los márgenes inferolaterales de las órbitas y parte de la pared lateral de cada órbita; se extienden hasta la mitad del oído (véanse las figuras 8.4 a y 8.5 a ). Cada hueso cigomáti- co tiene forma de “T” invertida y suele contar con un pequeño agujero cigomaticofacial cerca de la intersección del tallo y la barra de la “T”. El prominente arco cigomático que sobresale a cada lado del cráneo está formado sobre todo por la unión del hueso cigomático, el hueso temporal y el maxilar superior (véase la figura 8.4 a ).

Los unguis

Los unguis forman parte de la pared medial de cada órbita (fi gura 8.14). Son los huesos más pequeños del cráneo, casi del tamaño del dedo meñique. En vida, una depresión llamada fosa lagrimal alberga un saco lagrimal membranoso. Las lágri- mas se recolectan en el saco y drenan en la cavidad nasal.

Los huesos nasales

Dos pequeños huesos nasales rectangulares forman el puente de la nariz (véase la figura 8.3) y ofrecen soporte al cartílago que da forma a la porción inferior. Si se palpa el puente, se puede percibir con facilidad el final de los huesos nasales y el inicio de los cartílagos. Los huesos nasales pueden fracturarse cuando la nariz recibe un golpe.

Los cornetes nasales inferiores

En la cavidad nasal hay tres cornetes: el superior y el inferior (que se analizaron antes) son parte del etmoides, en tanto que

el cornete nasal inferior (el más largo de los tres) es un hueso independiente (véase la figura 8.13).

El vómer

El vómer forma parte de la mitad inferior del tabique nasal (véanse las figuras 8.3 y 8.4 b ). Su nombre, que significa “ara- do”, alude a su parecido con la hoja de un arado. La mitad superior del tabique nasal está formado por la lámina vertical y el etmoides, como ya se mencionó. El vómer y la lámina ver- tical dan soporte a una pared de cartílago del tabique nasal que forma casi toda la parte anterior del tabique.

La mandíbula

La mandíbula (figura 8.15) es el hueso más fuerte del cráneo y el único que tiene un movimiento significativo. Da soporte a los dientes inferiores y proporciona unión a los músculos de la masticación y la expresión facial. La parte horizontal es el cuerpo ; la parte que varía de vertical a oblicua posterior es la rama , y ambas se unen en una esquina llamada ángulo. La mandíbula se desarrolla en el feto como un par de huesos sepa- rados a la izquierda y la derecha, unidos por una parte cartila- ginosa media llamada sínfisis mentoniana ubicada en la punta del mentón. Esta unión se osifica en la infancia temprana, con lo cual se conjuntan ambas mitades en un solo hueso. A la punta del mentón se le denomina protuberancia mentoniana. En esta región, la superficie interna (posterior) de la mandíbula tiene una parte de pequeños puntos, las espinas mentonianas , que sirven como unión para ciertos músculos del mentón (véa- se la figura 8.4 b ). En la superficie anterolateral del cuerpo, el agujero mento- niano permite el paso de nervios y vasos sanguíneos del men- tón. La superficie interna del cuerpo tiene varias depresiones y bordes poco profundos que sirven para alojar músculos y glán- dulas salivales. El ángulo de la mandíbula cuenta con una superficie lateral rugosa para la inserción del masetero , un músculo propio de la masticación. Al igual que el maxilar superior, la mandíbula tiene entre los dientes apófisis alveola- res punteadas.

(^18) zygo = yugo; oma = estructura biológica.

Apófisis condílea^ Cóndilos mandibulares

Muesca mandibular

Apófisis coronoide

Agujero mandibular

Cuerpo

Ángulo

Rama

Protuberancia mentoniana

Agujero mentoniano

Apófisis alveolar

FIGURA 8.15 La mandíbula.

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 249

La rama tiene una forma parecida a una “Y”. Su parte pos- terior, denominada apófisis condilar , cuenta con el cóndilo mandibular (una protuberancia ovalada que se articula con la fosa mandibular del hueso temporal). La unión de este cóndilo con el hueso temporal forma un gozne (gínglimo) denominado articulación temporomandibular (por las siglas en inglés: TMJ). La parte anterior de la rama, la apófisis coronoide , es el punto de inserción del músculo temporal, que jala la mandíbu- la hacia arriba cuando se mastica. El arco en forma de “U” entre las dos apófisis es la muesca mandibular. Justo debajo de ésta, en la superficie medial de la rama, se encuentra el agujero mandibular. El nervio y los vasos sanguíneos que irrigan los dientes inferiores ingresan por este agujero y luego recorren el hueso del cuerpo mandibular para aportar ramificaciones a cada diente. Por lo general, los odontólogos inyectan lidocaína cerca del agujero mandibular para reducir la sensibilidad de los dientes inferiores.

Huesos relacionados

con el cráneo

Hay siete huesos que se relacionan de manera estrecha con el cráneo, pero no se les considera parte suya. Se trata de los tres huecesillos auditivos de cada cavidad auditiva media y el hioi- des, que se encuentra debajo del mentón. Los huecesillos audi- tivos (el martillo , el yunque y el estribo ) se estudian en conexión con el oído en el capítulo 16. El hioides^19 es un hue- so delgado en forma de “U” que se encuentra entre el mentón y la laringe (figura 8.16). Es uno de los pocos huesos que no se articula con otros. Cuelga de la apófisis estiloides del cráneo como una especie de hamaca, sostenido por los músculos esti- loides y los ligamentos estiloides. El cuerpo medio del hioides está fl anqueado a cada lado por proyecciones con forma de cuerno, las astas mayores y menores. El hioides sirve para unir

varios músculos que controlan la mandíbula, la lengua y la laringe. Los patólogos forenses buscan un hioides fracturado como evidencia de estrangulación.

El cráneo en la lactancia y la infancia La cabeza de un recién nacido no cabría por el conducto pélvi- co de la madre de no ser porque los huesos de su cráneo aún no se fusionan. Debido al desplazamiento de los huesos craneales durante el parto, el recién nacido puede parecer deforme, pero su cabeza pronto adopta una forma más normal. Los espacios situados entre los huesos craneales no fusionados se denomi- nan fontanelas,^20 ya que la pulsación de la sangre del neonato puede percibirse allí. Los huesos se unen en esos puntos sólo por medio de membranas fibrosas en las que más adelante se completa la osificación intramembranosa. De estos sitios, cua- tro tienen una prominencia especial además de ubicación regular: las fontanelas anterior , posterior , esfenoidal ( antero- lateral ) y mastoide ( posterolateral ), como se muestra en la fi gura 8.17. Casi todas las fontanelas se osifican cuando el niño alcanza un año de edad, pero la más grande (la anterior) aún puede palparse 18 a 24 meses después del nacimiento. Al nacer, el hueso frontal y la mandíbula están separados en secciones derecha e izquierda, pero se fusionan en el aspec- to medial durante la infancia temprana. Los huesos frontales se fusionan entre los 5 y 6 años de edad, pero en algunos niños persiste entre ellos una sutura metópica. 21 En algunos cráneos adultos hay evidencia de los trazos de esta sutura. La cara de un recién nacido es plana y el cráneo es más o menos largo. Para acomodar el encéfalo que continúa en creci- miento, el cráneo aumenta de tamaño durante la infancia con más rapidez que el resto del esqueleto. Alcanza casi la mitad de su tamaño adulto a los nueve meses, tres cuartas partes a los dos años y casi el tamaño final a los 8 o 9 años de edad. Las cabezas de lactantes y niños son, por tanto, más grandes en relación con el tronco que las de adultos (los caricaturistas y anunciantes explotan extensamente este atributo al dibujar per-

(^19) υ = letra ípsilon, en forma de “U”; eides = parecido a.

CONOCIMIENTO MÁS A FONDO 8. Aplicación clínica

Evaluación craneal del recién nacido

El personal de enfermería obstétrica debe evaluar las fontanelas del recién nacido mediante palpación. En un parto difícil, un hueso cra- neal puede superponerse a otro a lo largo de la línea de sutura, lo que requiere una vigilancia cercana del recién nacido. Las suturas de anchura anormal pueden indicar hidrocefalia, una acumulación de cantidades excesivas de líquido cefalorraquídeo que ocasiona infla- mación del cráneo. Las fontanelas protuberantes sugieren aumento anormal de la presión intracraneal, en tanto que las hundidas indican deshidratación.

(^20) font = fuente; ella = pequeño. (^21) met = más allá; option = los ojos.

Hioides Laringe

Apófisis estiloides

Músculo estiloideo

Asta mayor

Asta menor

Cuerpo

FIGURA 8.16 El hioides.

CAPÍTULO 8 El sistema óseo 251

Aproximadamente una de cada 20 personas presenta variaciones en las cantidades expuestas. Por ejemplo, la última vértebra lumbar está incorporada en ocasiones al sacro, lo que produce cuatro vértebras lumbares y seis sacras. En otros casos, la primera vértebra sacra no se fusiona con la segunda, lo que produce seis vértebras lumbares y cuatro sacras. Por lo general, el cóccix tiene cuatro vértebras, aunque a veces cuenta con cinco. Las cantidades de vértebras cervicales y torácicas suelen ser más constantes. Después de los tres años de edad, la columna vertebral adquiere forma de “S” muy alta y delgada, con cuatro dobleces llamados curvaturas cervical , torácica , lumbar y pélvica (fi gura 8.19). Estos dobleces no están presentes en el recién nacido, cuya espina dorsal muestra una curva en forma de “C” continua, al igual que los monos y casi todos los animales que caminan en cuatro patas (figura 8.20). A medida que el lactante empieza a gatear y levantar su cabeza, la región cervical empie- za a curvearse hacia el lado posterior, lo que le permite descan- sar sobre su vientre para mirar hacia el frente. A medida que el

niño empieza a caminar, otra curva se desarrolla en la misma dirección en la región lumbar. La “S” resultante permite la bipedación sostenida (véase el apartado Conocimiento más a fondo 8.4, p. 273). Las curvaturas torácica y pélvica son prima- rias porque están presentes desde el nacimiento. Las curvatu- ras cervical y lumbar son secundarias porque se desarrollan durante los primeros años del niño, cuando éste empieza a gatear y caminar.

Estructura general de una vértebra La figura 8.22 muestra una vértebra y un disco intervertebral representativos. La característica más notoria de una vértebra es el cuerpo ( centro ), una masa de hueso esponjoso y médula ósea roja cubierta con una delgada hoja de hueso compacto. Se trata de la porción de la vértebra que soporta peso. Sus super- fi cies rugosas superior e inferior proporcionan una unión firme para los discos intervertebrales.

Vértebras cervicales

Vértebras torácicas

Atlas (C1) Axis (C2)

C

Vértebras lumbares

Sacro

Cóccix Cóccix

Vista anterior Vista posterior

T

T

L

L

S

S

Curvatura cervical

Curvatura torácica

Curvatura lumbar

Curvatura pélvica

C T

T L

S

L

C

FIGURA 8.18 La columna vertebral. FIGURA 8.19 Curvaturas de la columna vertebral en el adulto.

252 PARTE DOS Soporte y movimiento

Aplicación de lo aprendido

Los cuerpos vertebrales y los discos intervertebrales se

van haciendo cada vez más grandes a medida que se

observan regiones cada vez más bajas de la columna ver-

tebral. ¿Cuál es la importancia funcional de esta tenden-

cia?

En sentido posterior al cuerpo de cada vértebra se encuen- tra un espacio triangular: el agujero vertebral. De manera colec- tiva, los agujeros vertebrales forman el conducto vertebral , un paso para la médula espinal. Cada agujero está bordeado por un arco vertebral óseo compuesto por dos partes situadas a cada lado: un pedículo^22 con forma de pilar y una lámina. A partir del ápice del arco se extiende la apófisis espinosa , que se dirige en sentido posterior y hacia abajo. En una persona viva puede verse como una fila de promontorios a lo largo de la espina dorsal. Una apófisis transversa se extiende en sentido lateral desde el punto en que se unen el pedículo y la lámina. Las apó- fisis espinosa y transversa proporcionan puntos de unión para ligamentos, costillas y músculos espinales. Un par de apófisis articulares superiores se proyectan hacia arriba de cada vértebra y se unen con un par similar de apófisis articulares inferiores pertenecientes a la vértebra supe-

(^22) ped = pie; cul = pequeño.

CONOCIMIENTO MÁS A FONDO 8. Aplicación clínica

Curvaturas anormales

de la espina dorsal

Las curvaturas anormales de la espina dorsal (figura 8.21) pueden deberse a enfermedad, debilidad o parálisis de los músculos del tronco, postura deficien- te, embarazo o defectos congénitos de la anatomía vertebral. La deformidad más común es una curvatura lateral anormal llamada escoliosis. Ocurre frecuente- mente en la región torácica, sobre todo en mujeres adolescentes. A veces se debe a una anomalía del desarrollo en que no se desarrollan el cuerpo y el arco en un lado de una vértebra. Si aún no se ha comple- tado el crecimiento del esqueleto, la escoliosis puede corregirse con un corsé o dispositivo ortopédico. La curvatura torácica exagerada se denomina cifosis (joroba, en el lenguaje lego). Suele deberse a osteoporosis, pero también se presenta en personas con osteomalacia o tuberculosis espinal y en adoles- centes varones que participan en deportes que requieren carga de peso con esfuerzo sobre la espina dorsal (como levantamiento de pesas) o que cargan objetos muy pesados. La curvatura lumbar muy exa- gerada se denomina lordosis (espalda hundida, en lenguaje común). Puede tener las mismas causas que la cifosis, o ser resultado de peso abdominal adicio- nal, como embarazo u obesidad.

b) Cifosis (“joroba”) Clave Normal Patológica

c) Lordosis (“espalda hundida”)

a) Escoliosis

FIGURA 8.20 Curvatura de la espina dorsal en el recién

nacido. A esta edad, la columna vertebral forma una sola curva en forma de “C”.

FIGURA 8.21 Curvaturas anormales de la columna vertebral. a ) Escoliosis

(desviación lateral anormal). b ) Cifosis (curvatura torácica exagerada, común en la edad avanzada). c) Lordosis (curvatura lumbar exagerada, común en el embarazo y la obesidad).