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documento en el que se cuenta el nacimiento de la realeza en egipto , pertenece a las ciencias politicas pero elapartado de categorias no da mas opciones ni deja cambiarlo!!
Tipo: Apuntes
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Hart, George. 2003. El pasado legendario. Mitos Egipcios. Akal, Madrid.
pp. 29- EL MITO DE LA REALEZA
La sucesión legítima de un faraón al trono de Egipto era, por una parte, un asunto eminentemente práctico, que posiblemente implicaba un período estabilizador de corregencia con el monarca anterior, y, por otra, un acontecimiento sacralizado por un precedente mítico. El dogma básico del culto real afirmaba que el faraón era la manifestación terrena del dios cielo Horus. Por tanto, el mito de la transmisión de la realeza de Osiris, por medio de las maquinaciones de Isis, a su hijo Horus es vital para entender el status y el poder del soberano en Egipto y por eso se explica aquí. Los registros desde los que se puede ensamblar y comprender el mito de la realeza son de naturaleza y fecha variables. En el caso de Osiris como monarca de Egipto, antes de su partida para convertirse en rey de los infiernos, me he centrado en los Textos de las Pirámides, los conjuros de las sepulturas de los cortesanos del Imperio Medio y en la estela de Amenmose en el Museo del Louvre. La antiguas fuentes egipcias son notoriamente reticentes a tratar la muerte de Osiris y la usurpación del trono por Set, pero hay referencias intrigantes como la de la estela de Ijernofret el Museo de Berlín (nº 1.204) y la de un papiro ptolemaico (nº 3.008 del Museo de Berlín) relativos a la aflicción de Isis. He utilizado el Papiro Chester Beatty 1, un papiro extremadamente vivaz del Museo de Dublín, como documentación de los violentos, salaces e hilarante s episodios de la lucha entre Set y Horus por el trono. La reivindicación definitiva de Horus como legítimo gobernante de Egipto se apoya en la Piedra de Shabaka, el Papiro Dramático del Rameseo del Imperio Medio y la obra que trata la aniquilación de Set inscrita sobre los muros del deambulatorio del Templo de Edfú, del período ptolemaico. Finalmente, al término del mito tal como se encuentra en las fuentes faraónicas, he añadido una breve sinopsis del relato titulado "Sobre Isis y Osiris" del autor griego Plutarco (en tomo al 40-120 d. de c.), en el que elementos egipcios originales se han entrelazado con conceptos helenísticos.
El asesinato de Osiris
Desde el mito de la creación ideado por los sacerdotes de Heliópolis, podemos observar un inteligente vínculo entre las deidades cósmicas y los dioses y diosas que figuran en la narración de la transmisión de la realeza. Geb, el dios tierra, y Nut, la diosa cielo, tuvieron cuatro hijos: Osiris, Isis, Set y Neftitis. En esta genealogía hay una filiación que va desde el dios Sol creador hasta el poseedor del trono de Egipto. Osiris fue el primogénito de la descendencia de Geb y Nut. Su lugar de nacimiento estaba cerca de Menfis, en Rosetau, en la necrópolis del desierto occidental. Este lugar era especialmente adecuado para el nacimiento de Osiris, ya que su rol preeminente es el de dios de los infiernos y Rosetau, o "Boca de los pasadizos", es la entrada simbólica al reino infernal de Osiris. Un epíteto que originalmente pertenecía a una deidad funeraria de Abido y que lleva frecuentemente Osiris es “Jentamentiu”, o “Jefe de los occidentales”, título que igualmente enfatiza el status de
Osiris como gobernante de los que están enterrados en los cementerios del desierto, donde sus espíritus esperan entrar a los infiernos. Como hijo mayor de Geb y Nut, Osiris heredó el derecho a gobernar la tierra de Egipto. En las tradiciones de la realeza conservadas en el papiro del Imperio Nuevo, conocido como la Lista Real de Turín, Egipto, en épocas predinásticas, estuvo bajo el gobierno de una sucesión de dioses: Ptah, Re, Shu, Geb, Osiris, Set y Horus. (Aquí tenemos que pasar por alto su continuación con Tot, Maet y los Seguidores de Horus.) La consorte de Osiris era su hermana Isis, dando así un prototipo divino de matrimonio entre hermanos o medio hermanos en el seno de la familia real. La prosperidad de Egipto durante su reinado es evocado con elocuente fraseología en la estela de Amenmose (hacia el 1400 a. de C. durante la Dinastía XVIII) del Museo del Louvre. Allí Osiris es descrito gobernando todos los recursos y elementos, de manera que trae buena suerte y abundancia al país. Por su poder, las aguas de Nu están bajo control, del norte soplan brisas benéficas, las plantas florecen y todos los animales procrean adecuadamente. Igualmente, Osiris recibe un inmenso respeto por parte de los demás dioses y gobierna el sistema de las estrellas celestes. De sus centros de culto en Egipto, los principales son el santuario del delta medio en Dyedu (Busiris) y su templo del Alto Egipto en Abido. Sus insignias reales son el báculo, el mayal y la corona alta "atef' con plumas, descrita como “que penetra en el cielo”. Al igual que muchas narraciones a lo largo de la historia, empezamos con un rey y una reina benevolentes y triunfantes, Osiris e Isis, que gobiernan en una edad de oro. Esta idílica escena se ve destrozada por la usurpación del trono por Set, el hermano rival de Osiris. La tradición sostenía que Set salió por sí mismo del vientre de Nut en el Alto Egipto, en Naqada, donde se erigió después su templo principal. La violencia y el caos son los atributos de Set, pero, a pesar de esta "mala prensa", en el mito de la realeza no debemos pasar por alto el hecho de que hay ocasiones en las que este dios tiene un fuerte apoyo. Evidentemente, con los datos arqueológicos de que disponemos actualmente, Set es un dios más antiguo que Osiris, ya que encontramos la criatura compleja que lo representa en la cabeza de maza del rey Escorpión, un gobernante del Alto Egipto, que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford. (Hasta el momento, no hay ninguna prueba de la existencia de Osiris antes de la V Dinastía, hacia 2465 a. de c.) El animal que representa a Set tiene una probóscide con una ligera forma de luna creciente y dos proyecciones verticales en lo alto de la cabeza, y, si se representaba en forma de cuadrúpedo en vez de una cabeza sobre un cuerpo antropomórfico, un rabo erecto y bifurcado. En los Textos de las Pirámides hay sugerentes referencias a que Osiris sufrió un ataque de esta criatura. Se le describe como "cayendo de costado" sobre las riberas del río en Nedyet en el distrito de Abido. Este asesinato está confirmado por la aflicción mostrada en el llanto de Isis. Los conjuros pintados sobre los sepulcros de los cortesanos del Imperio Medio identifican al asesino de Osiris inequívocamente como Set, y afirman que atacó a Osiris en Gahesty y que lo mató a la orilla del río en Nedyet. Estos detalles dispersos reflejan el horror que tenían los egipcios al asesinato del monarca y a un traspaso violento del poder -no era éste un tema que se desarrollara o en el que se explayaran. Es interesante tener en cuenta que históricamente hay pocas situaciones de golpes de Estado sangrientos en los primeros dos mil años del Egipto dinástico. De hecho, hay unas cuantas inscripciones que intentaban acabar con la idea de que Osiris había sido asesinado -aunque la secuencia de los acontecimientos posteriores resulta incoherente sin su muerte. Un ejemplo es el himno de la estela de
ofreciendo la esperanza de una continuidad de la existencia de cada persona en los infiernos, donde uno de los títulos de Osiris lo proclama como "Gobernante de los vivos". Como se puede observar, la principal protagonista ha sido la diosa Isis, cuyo nombre en jeroglífico contiene el símbolo del trono.