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Una reflexión sobre la relación entre el platonismo y el darwinismo, mostrando que ambas filosofías no son incompatibles, sino que pueden coexistir. El autor explora las ideas de la verdad, el bien y la belleza en ambas doctrinas, y finalmente aborda la relación entre el darwinismo y una visión teológica y teista del mundo. El documento incluye citas de obras clave de Platón y Darwin.
Tipo: Resúmenes
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UNIVERSITAS PHILOSOPHICA 39, (pp. 11- 48) diciembre 2002, Bogotá, Colombia
Vrrroaio HÓSLE**
RESUMEN
El resultado de una reflexión sobre la relación entre el Platonismo y el Darwinismo, parece que solamente podría concluir en que ambas posturas son incompatibles entre sí, lo cual lleva a la refutación definitiva de la primera por parte de la última. El objetivo de las siguientes consideraciones, es cuestionar esta oposición y mostrar que lógicamente es posible y, más aún, que se trata de una sabia elección, ser al mismo tiempo Darwinista y Platonista. Para ello voy a comenzar, en primer lugar por esbozar algunas de las doctrinas básicas del Platonismo. Luego voy a discutir la relación entre Darwinismo y Platonismo con respecto a la idea de la verdad, la idea del bien y la idea de la belleza. Finalmente, debido a que el Platonismo siempre le ha concedido una gran importancia al pensamiento teológico y ya que éste ha sido integrado una y otra vez con el teísmo (aún cuando existen formas ateas del Platonismo y formas de teísmo no-Platónicas), voy a terminar con algunas reflexiones programáticas sobre la relación entre Darwinismo y una visión teleológica y teísta del mundo. Palabras Clave: platonismo, darwinismo, verdad, belleza, bien, pensamiento teológico, teleología, teísmo,
UNIVERSITAS PHILOSOPHICA 39, (pp. 11- 48) diciembre 2002, Bogotá, Colombia
**VITTORIO HoSLE****
ABSTRACT
The result of a reflection about the relationship between the Platonism and the Darwinism, appears to conclude only that both sides are incompatible among each other, which leads to the definitive refutation of the first by the last. The objective of the following considerations is to question this opposition and to show that logically it is possible and, further more, that it's a wise election, to be at the same time Darwinist and Platonist. For doing so I will start, in first place by outlining some of the basic doctrines of Platonism. Then I will argue the relationship between Darwinism and Platonism regarding the idea of truth, the idea of good, and the idea of beauty. Finally, due to the fact that it has always been granted to the Platonism a great importance to the theological thought, and that it has been integrated once and again with the theism (even when there are atheist forms of Platonism and non-Platonic theist forms), I will end with some programmatic reflections about the relationship between the Darwinism and a theleological and theist vision of the world.
Key words: platonism, darwinism, truth, beauty, good, theological thought, Theleology, theism,
*** Traducción de María del Pilar Botero, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. ** Universidad de Notre Dame, Indiana, U.S.A.**
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y Platonista (entendiendo esto último en un sentido más amplio). Este propósito puede, a primera vista, sorprender a algunas personas, por esta razón, voy a comenzar en primer lugar por esbozar algunas de las doctrinas básicas del Platonismo y además, voy a admitir la verdad parcial que es posible encontrar en las afirmaciones que se refieren a la revolución causada por el concepto de especie (como por ejemplo aquella afirmación de Ghiselin que cite anteriormente) (I). Ahora bien, aunque Platón y ciertamente algunas formas de Platonismo, ya habían distinguido entre diferentes tipos de eide y de esta manera uno puede imaginarse ciertas formas de Platonismo que no están comprometidas con determinadas asunciones ontológicas acerca del status biológico de las especies, la doctrina central del Platonismo siempre será la imposibilidad de interpretar las ideas de la verdad, el bien y la belleza en una forma naturalista, i.e., al reducirlas a estados del mundo empírico. No solamente creo que los argumentos de esta doctrina son convincentes y que no son refutados en modo alguno por el Darwinismo, sino que quiero sostener, además, que una la interpretación filosófica más razonable del Darwinismo apoyaría, incluso, dicha doctrina. Por esta razón, voy a discutir la relación entre Darwinismo y Platonismo con respecto a la idea de la verdad (II), la idea del bien(III) y la idea de la belleza(IV), aunque las dos primeras serán discutidas muy rápidamente, pues, para esta parte me voy a basar en un trabajo anterior que trata dicho tema. Finalmente, debido a que el Platonismo siempre le ha concedido una gran importancia al pensamiento teológico y ya que éste ha sido integrado una y otra vez con el teísmo (aún cuando existen formas ateas del Platonismo y formas de teísmo no-Platónicas), voy a terminar con algunas reflexiones programáticas sobre la relación entre Darwinismo y una visión teleológica y teísta del mundo (V).
Obviamente comparto la opinión según la cual el Darwinismo es una de las más grandes y originales teorías científicas desarrolladas por la mente humana y, además, creo que esta teoría ha cambiado profundamente, no sólo nuestra visión biológica, sino también la manera como interpretamos el mundo. No obstante, en mi opinión, se honra mucho más esta teoría, si reconocemos los límites de su importancia ontológica y no creamos a partir de ella una Filosofía Primera. La razón de esto se puede encontrar en el hecho de que el Darwinismo, tal como
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el mismo Charles Darwin4 sabía, puede albergar muchas posiciones metafísicas sin implicar necesariamente un naturalismo; porque, de lo contrario, los argumentos clásicos contra el naturalismo podrían también aplicarse en contra del Darwinismo.
DEBIDO A QUE EL PLATONISMO abarca posiciones filosóficas históricamente distintas y sistemáticamente diversas, no es fácil encontrar un común denominador para todas sus formas —las diferencias entre Platón y Whitehead, e.g., son considerables—. En cierto modo, es un problema "Platónico" en sí mismo, el tratar de distinguir entre la idea del Platonismo y sus varias manifestaciones, —una tarea demasiado ambiciosa para este ensayo—. Por esta razón, voy a comenzar con algunas reflexiones sobre el Platón histórico, voy a mostrar por qué algunas de las doctrinas Platónicas son cuestionadas por la revolución Darwiniana y después voy a esbozar un concepto más general del Platonismo que sea compatible con ésta.
El punto central de la filosofía escrita por Platón es ciertamente, su doctrina sobre las ideas. Presentar esta compleja doctrina es muy difícil, en parte porque, desde nuestras categorías modernas, intenta contestar muchas y muy diversas preguntas. No obstante, es posible concebir con una cierta certeza que las raíces de la teoría Platónica se encuentran en consideraciones éticas, tal como es posible probarlo tanto en el origen socrático de la filosofía Platónica como en la naturaleza de sus primeros diálogos. Como también es posible afirmar que otro de los temas cruciales dentro de la filosofía Platónica es la preocupación por la filosofía de la matemática, una disciplina desarrollada por los Pitagóricos (aún cuando Platón distingue las entidades matemáticas de las ideas). Además, simultáneamente es posible concebir la teoría de las ideas también como una teoría general de los universales, ligada a una sorprendente posición epistemológica que al parecer niega la posibilidad de la episteme, el conocimiento par excellence, con respecto a los objetos perceptibles. Ahora bien, para hacer las cosas aún más difíciles, Platón
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respecto a los objetos perceptibles. Pues, su uso del concepto aitia con relación a las ideas implica esto, ya que aitia significa mucho más que el concepto moderno de causa y además, incluye también las razones. En la famosa doctrina las cuatro aitiai de Aristóteles, hay un desarrollo posterior de los dos factores que se distinguen en el Timeo^ (las^ causae materialis y efficiens del to anagkaion y las causae formalis y finalis del to theion). Ahora bien, como es evidente que la creencia en la causa final de Aristóteles nunca reemplaza la búsqueda por las causas eficientes9 —los diferentes tipos de causas se complementan entre sí, no compiten entre ellas— entonces, por esta razón, se puede afirmar que Platón no quiere negar la existencia de causas mecánicas en los procesos biológicos. No obstante, tanto Platón como Aristóteles, probablemente rechazarían la visión moderna sobre la suficiencia de las causas eficientes para determinar el curso factual del mundo.
Independientemente de este problema particular, Platón y Aristóteles comparten la opinión según la cual el entendimiento de las causas eficientes, tal como fueron propagadas por Demócrito, no contesta todas las preguntas legítimas, tales como aquellas sobre la esencia y el telos (un concepto en donde Aristóteles, contrario a sus sucesores cristianos, no atribuye el diseño a una mente divina). Así Aristóteles considere como una causa eficiente de un organismo otro organismo de la misma especie, ambos pensadores creen que el comportamiento reproductivo de los organismos es una expresión de la propiedad ontológica de la especie, i.e., la esencia del individuo'°.
Ahora bien, mientras Aristóteles afirma la constancia de las especies, Platón al final del Timeo (90e, ss.) esboza una evolución invertida desde el hombre pasando por la mujer hasta los animales inferiores y aún cuando el carácter mitológico de esta obra no nos permite tomar esta
9. De partibus animalium 658b2ss., 672'13ss., 673•32ss., 677b2 1 ss., 658b15, 694b5 y De generatione animalium 739b28ss., 743b16ss., 755a2 1 ss., 776b31ss., 788b29ss. prueban la complementariedad de los dos tipos de "causas". Es importante resaltar que la finalidad es vista según Aristóteles sólo en el organismo y no entre las diferentes especies (la única excepción: De partibus animalium 696b27ss.). Estudios recientes en la biología de Aristóteles pueden encontrarse recopiladas en: KULLMANN, W. / FOLL1NGER, S., Aristotelische Biologie: Intentionen, Methoden, Ergebnisse, Stuttgart, 1997. 10.Symposion, 208a. Cfr.^ De generatione animalium,^ 731b 31ss,^ De anima,^ 415*25ss.
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concepción en todo su valor, probablemente es justo afirmar que Platón estuvo, al igual que Empédocles abierto hacia las ideas evolutivas. Aun cuando él insista, como en el caso de la historia política en República VIII-IX, que el telos es lo que cuenta cuando se trata de entender el desarrollo. De esta manera, Platón, junto con Aristóteles, cree que existe una jerarquía natural en la naturaleza, la cual culmina en el hombre".
¿Qué es lo incompatible de este acercamiento con la revolución Darwiniana? Ciertamente, no sería justo afirmar que Platón y Aristóteles no están interesados en los mecanismos causales del fenómeno orgánico. Aún cuando su conocimiento es muy limitado, este tipo de búsqueda es reconocido por ambos como legítimo. Sin embargo, Platón no dispone de una teoría satisfactoria sobre la investigación empírica, por lo cual podría afirmarse que en este aspecto es inferior a Aristóteles, aunque es superior en el sentido en que es capaz de otorgar una justificación sobre la aplicación de las matemáticas a la ciencia natural (la matematización de la biología en el siglo XX es ciertamente de una naturaleza más platónica que aristotélica).
Con todo, no existiría nada malo con la teoría de las ideas de Platón si, con ésta, él solamente quisiera afirmar que la ciencia lidia con conceptos universales (los cuales difícilmente pueden ser considerados como meras construcciones subjetivas, mientras pensemos que algunos grupos de conceptos le hacen más justicia al mundo que algún otro grupo alternativo de conceptos) y además, si afirmara que la búsqueda de similitudes y diferencias, que existen independientes de nosotros, son una parte importante del trabajo taxonómico (después de Darwin esta teoría tiene que ser balanceada con preocupaciones genealógicas pero no puede ser reemplazada por éstas si se pretende lograr algo más que una clasificación).
Dentro de las rudimentarias ideas de la evolución propuestas por Platón, es posible observar que el hecho de la evolución no es contradictorio con su teoría de las ideas lo cual no implica que los taxones de las especies sean eternos. Como tampoco es necesario que
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nada en común, pueden conectarse a través nexos de intermediarios.
Nada puede ser tan fácil como definir una serie de características comunes a todas las aves; pero en el caso de los crustáceos, esta definición hasta el momento ha sido imposible de encontrar. Existen crustáceos que se encuentran en los lados opuestos de las serie, que trabajosamente tienen una característica en común; no obstante, por el simple hecho de estar aliados junto a los otros y estos a su vez están aliados a otros y así sucesivamente, pueden ser reconocidos inequívocamente como pertenecientes a esta clase de Articulata y no a ninguna otra".
A pesar de dicha diferencia con respecto al esencialismo tradicional, uno tiene que entender que uno de los puntos de partida de la teoría de Darwin consiste en la aceptación del principio de continuidad: "Natura non facit saltum"'7 el cual, como ya hemos visto, es compartido por Platón y la tradición que fue fundada por él.
Es necesario además, que uno reconozca que el posterior desarrollo de la biología ha encontrado difícil vivir sin un concepto más preciso de especie que aquel que no satisfacía al mismo Darwin. Ernst Mayr, e.g., critica la concepción nominalista según la cual:
[...]una persona (no la naturaleza) crea las especies agrupando individuos bajo un nombre...Nada me mostró este punto con más fuerza que el hecho de encontrar que los primitivos nativos pertenecientes a la edad de piedra que habitan en las montañas de Nueva Guinea discriminan y nombran exactamente a las mismas especies que son distinguidos por los naturalistas del Oeste. Se requiere una vasta ignorancia tanto de los organismos vivos como del comportamiento humano para adoptar el concepto nominalista de especies".
El concepto de especies favorecido por Mayr y la mayoría de los biólogos modernos -el cual no se encuentra en El origen de las especies aunque si se encuentran algunas pistas sobre éste en los cuadernos tempranos de Darwin19 —es el concepto de especie biológica (que no se aplica a los organismos asexuados)—. M.Ghiselin, e.g. define las especies
16. Op. Cit., p. 17. Op. Cit., p.223. 18. This is Biology, (^) Cambridge, Mass./London, 1997, p.131. 19. Charles Darwin 's Notebooks, 1836 - 1844, (^) Ithaca/New York 1987, 289 (C161)
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biológicas como: "poblaciones dentro^ de las cuales, pero^ entre^ las cuales no, existe suficiente capacidad cohesiva para impedir una divergencia no definitiva"20 y además, este autor insiste en que las especies son individuos21. Por supuesto que Mayr está en lo correcto cuando afirma que sólo el taxón de las especies puede ser un individuo y que es necesario distinguirlo del concepto de especie y de la categoría de
especie22. La definición de Ghiselin es un buen intento platónico para atrapar la esencia de un concepto (en este caso el concepto de especie en general, no el de una especie individual); y el concepto en sí mismo difícilmente es un individuo (en el sentido ordinario de la palabra).
Ahora bien, uno puede estar de acuerdo en que lo que cuenta en el concepto de las especies biológicas, no son los rasgos morfológicos sino un cierto tipo de comportamiento en los individuos y, de esta manera, esto se convierte en la segunda diferencia con Platón. La razón por la cual el concepto de especie biológica, es llamado "biológico", consiste en que este brinda la causa biológica de la formación de la especie; el mecanismo de isolación que permite limitar la procreación de los híbridos, los cuales usualmente no son una buena inversión para los padres. En todo caso, el concepto de especie biológica hace que el hecho de pertenecer o no pertenecer a una misma especie, sea una función de los rasgos comportamentales —la posibilidad de reproducirse o no reproducirse entre sí—, mientras que la posición tradicional considera la posibilidad de reproducción o no reproducción solo como una consecuencia de rasgos "más esenciales" (en este texto no voy a tratar la cuestión de si podemos estar satisfechos con la definición de especie biológica; sobre qué pasaría si viviéramos en un mundo donde no existe ninguna similitud entre los diferentes miembros de una población entrecruzada o entre sus descendientes o dentro del cual nunca se pueda encontrar una causa plausible que explique la imposibilidad de entrecruzamientos a partir de rasgos más fundamentales de los organismos tales como su ADN.).
20. Metaphysics and the origin of species,^ Albany, 1997, p.
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Platonismo. Sin embargo, esto no significa que una metafísica centrada en las leyes de la naturaleza, no pueda ser compatible con una teoría eidética: la filosofía de Leibniz es la primera de esta clase de las tentativas.
Uno de los problemas más provocadores dentro de la filosofía de Platón es que éste acepta un status ontológico muy peculiar, no sólo de ideas lógico-matemáticas y estético-éticas, sino de todos los universales (entre ellos aún de las entidades con un valor negativo) y además, aunque distinga claramente entre estos cuatro grupos27, no parece dispuesto a elaborar una teoría epistemológica sobre las diferentes maneras en que es posible que nosotros asumamos esos diferentes tipos de ideas. Pues, mientras que existen buenos argumentos para sustentar la teoría según la cual el conocimiento de la idea del bien es puramente a priori, no puede afirmarse lo mismo de la idea de caballo y, además, no es fácil defender una prioridad ontológica de las ideas, si los objetos perceptibles gozan de una inevitable prioridad epistemológica —esto permite justificar la sospecha de que una hipóstasis ha sucedido (no obstante un Platónico no debe darse por vencido, aún puede defender la prioridad de los universales al interpretar los particulares como un paquete de universales). Más aún: si Platón está en lo correcto cuando afirma que existe cierta normatividad en cada concepto, es indispensable distinguir entre los conceptos descriptivos (tipos ideales en el sentido de Weber, los cuales pueden ser formados también a partir de instituciones inmorales) y los conceptos normativos propiamente dichos. Sin embargo, es posible dudar que Platón hubiera podido realizar dicha distinción. En todo caso, Platón asume que una teoría del ser que considera como verdaderos a los objetos o eventos físicos y mentales está incompleta. Si, entonces, la naturaleza es entendida como la suma de todos los objetos o eventos físicos y mentales28; el Platonismo se opone al naturalismo. Es necesario precisar que incluí explícitamente los objetos y eventos mentales junto a los físicos porque tampoco un dualismo cartesiano puede hacer justicia a la idea central del Platonismo;
27. Parménides, **130b ss.
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las ideas Platónicas no pueden ser reducidas a objetos o estados mentales pero tampoco pueden ser reducidas a objetos o estados físicos.
En el siglo veinte, las teorías de los tres mundos propuestas por Gottlob Frege y Karl Popper29 se acercan a la idea central del Platonismo aún cuando el tercer mundo de Popper, que difiere del tercer dominio de Frege, combina de una extraña manera dos tipos de entidades muy diferentes. Una de éstas puede ser considerada como la heredera de las ideas Platónicas, mientras que la otra está ligada por Popper3° al espíritu objetivo propuesto por Hegel y abarca las instituciones sociales, que pueden ser o no ser reducidas a una combinación de eventos físicos y mentales pero que ciertamente pertenecen a un mundo real espacio- temporal, mientras no es posible hacerlo con los números y los valores. Para ser más preciso (y así mismo para regresar a la crítica mencionada anteriormente sobre el hecho de que Platón no le hace justicia a la distinción entre las dimensiones normativas y descriptivas), lo que ha dicho antes solamente puede ser verdadero entendiendo los valores en un sentido de la palabra. De hecho, la palabra "valor" es, como muchas otras palabras ligadas conceptualmente a ésta, profundamente homónima; existen valores que son parte del mundo social, del "espíritu objetivo" y que pueden ser descritos por los sociólogos (como también por los sociobiólogos). como aquellas representaciones normativas que guían el comportamiento de un grupo. En este sentido uno puede hablar de valores de la banda, del estado totalitario, etc.
No obstante, si se tiene el deseo de distinguir entre aquellos valores que probablemente resultan exitosos pero son moralmente abominables y aquellos que pueden suscribirse a una buena conciencia y además, si uno cree que la escogencia entre diferentes valores es más que un asunto de preferencia personal entonces, argumentaría un Platónico, se hace
29. Según Popper, G. Frege distingue entre actos de pensamientos subjetivos, o pensamientos subjetivos, y el pensamiento objetivo en donde las ideas se pueden compartir y son de una naturaleza independiente de la naturaleza y el conocimiento humano. Conociendo esta distinción, Popper propone la teoría sobre la existencia de tres mundos: 1. mundo de los objetos o estados físicos; 2. de los estados de conciencia o mentales; 3. de los contenidos del pensamiento objetivo. Nota del traductor. 30. Objective knowledge, Oxford 1972, pp. 106 ss., particularmente 125ss. La versión en español de este texto se encuentra en: POPPER, K., (^) Conocimiento Objetivo, tercera edición, traducción Carlos Solis, Editorial Tecnos, Madrid, 1988.
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Aunque existen diferencias importantes entre estos autores, es posible encontrar una idea básica común muy simple: el proceso del conocimiento no comienza con los esfuerzos humanos sino con los primeros organismos. Para poder sobrevivir, cada organismo tiene que obtener información sobre su medio ambiente. El genoma, a su vez también desarrolla hipótesis que tratan de explicar el medio y estas explicaciones, más adelante, se ven confrontadas con la realidad y están sujetas al proceso de selección. La supervivencia de un organismo es una señal que indica que estas hipótesis no están del todo equivocadas —de lo contrario el organismo y su genoma hubieran desaparecido rápidamente de la corriente de la evolución—. Aunque, por supuesto, la gran mayoría de estas hipótesis no son concientes (podría decirse que algunas de ellas están presentes en la forma de sus órganos) la epistemología evolutiva insiste en que también en los humanos —cuyas diferencias cognitivas con los animales no son negadas— aparece un gran despliegue de procesos cognitivos que no ocurren de manera conciente y dentro de los cuales es posible encontrar que algunos de ellos son innatos.
Ahora bien, el argumento filosófico más ambicioso de la epistemología evolutiva consiste en que ésta es capaz de brindar una explicación "científica" del concepto del conocimiento sintético (^) a priori propuesto por Kant. Nuestro concepto de causalidad o nuestra intuición del espacio tridimensional, por ejemplo, pueden ser explicados de hecho como a posteriori (^) basados, no en nuestra propia experiencia, sino en la de nuestros ancestros: el supuesto a priori (^) ontogénico, prueba ser un a posteriori (^) filogenético. De esta manera, se justifica, no de una manera apodíctica, sino parcialmente su validez —si las estructuras innatas no reflejaran nada en realidad, difícilmente podrían haber sido seleccionadas.
Sin ninguna duda la epistemología evolutiva ha incrementado nuestro conocimiento de los procesos cognitivos. Cada epistemología debe reconocer que nuestros actos concientes son sólo una pequeña parte de nuestro proceso cognitivo y que además, los esfuerzos cognitivos son algo que caracteriza a casi todos los organismos primitivos. Sin embargo, todos estos juicios, corresponden a la parte descriptiva de la epistemología e.g., como también los resultados de la psicología
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cognitiva y de la sociología del conocimiento. Éstas no contribuyen en nada, o al menos no en mucho, para contestar la pregunta normativa de: por qué ciertas asunciones de la realidad son realmente un conocimiento. Un sociólogo del conocimiento puede explicar por qué ciertas creencias que no admitimos como verdaderas han gozado de un gran respeto durante siglos. Pero, la pregunta sobre si se trata de un conocimiento falso o verdadero queda sin resolver, pues no puede ser resuelta a través de los medios sociológicos: ya que el éxito social de una teoría es compatible con una descarada falsedad.
Ahora bien, dentro de este contexto es posible preguntarse: ¿no será que el éxito biológico de una hipótesis implícito en la morfología o en el comportamiento de un organismo, es un argumento que permite sostener su verdad? ¿No es probable que la epistemología evolutiva muestre esto a partir del anterior argumento? En este punto, nuevamente, es necesario hacer varias restricciones.
Uno puede conceder que un organismo difícilmente podría sobrevivir si sus asunciones sobre el ambiente no correspondieran con los hechos básicos que se encuentran en éste —lo cual no es una concesión muy amplia; sin embargo, debido a que el ambiente donde se encuentra el organismo está limitado, no existe, en primer lugar una razón para asumir que estas hipótesis le pueden hacer justicia a cualquier rasgo de la realidad fuera de su propio ambiente. De hecho, algunas de nuestras convicciones innatas pueden probar ser opresivas o desorientadoras: el hecho que no podamos imaginarnos un espacio no-euclidiano tridimensional, no es ciertamente un argumento en contra de una teoría física que enseñe la existencia de dicho espacio, aun cuando nuestros ancestros sobrevivieron perfectamente sin considerar este tipo de espacio en el mesocosmos que ellos habitaban. En segundo lugar, el anterior argumento es circular, pues, implica que debemos confiar, e.g., en nuestra creencia innata sobre la causalidad porque es el resultado de un proceso evolutivo que opera de una manera selectiva también en nuestro aparato ratiomórfico. No obstante, este argumento, ya presupone la teoría de la evolución, la cual es ella misma una teoría causal y, por esta razón, no obtenemos ninguna nueva claridad sobre el asunto encontrando un teoría causal que, junto con otras asunciones, abarca la validez de la causalidad.
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(y por esa razón puede ser llamada metafísica); porque se aplica a todas las entidades que varían, se multiplican y compiten por recursos escasos como también a culturas y teorías humanas que son desarrolladas más adelante, que compiten por atención y reconocimiento y se reproducen ontológicamente, encontrando acceso a un mayor número de mentes. De hecho, debemos distinguir entre la epistemología evolutiva y la teoría evolutiva de la ciencia, tal como es propuesta por K. Popper y S.Toulmin37, la cual es Darwinista pero no biologista. Aún más, teorías metafísicas abstractas compiten unas con otras —una trata de explicar más fenómenos que la otra, de evitar los problemas en que la otra ha incurrido etc.. Y, por eso, el principio de competencia también se aplica a todo esfuerzo epistemológico, no sólo a los organismos y a las teorías empíricas. Los principios de la competencia y de la selección parecen ser principios trascendentales de la epistemología —y un Platónico no debe molestarse porque si se reconoce que operan ya en un nivel primitivo de la historia de la vida. La verdad no puede ser reducida a la verdad científica, y la ciencia no puede ser reducida a la experiencia; pero experiencia y ciencia son intentos de aproximación a la verdad por un proceso de ensayo y error y éste, comenzó hace aproximadamente tres billones de años; lo cual únicamente muestra que la idea de la verdad, que es determinada por la competencia y la selección de hipótesis, ha operado en la historia natural por mucho tiempo.
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POPPER HA PENSADO que un aspecto progresivo del hombre es su capacidad de dejar morir sus teorías en vez de a sí mismo. Sin embargo, es posible preguntarse si ¿no es irrelevante este resultado tardío de la evolución comparado con la cantidad de brutalidad que uno puede observar en el mundo natural?. Además, ¿no es posible concebir una refutación más convincente de la interpretación Platónica de la naturaleza que la teoría del gen egoísta propuesta por los sociobiólogos: E. O. Wilson39 y R.
37. Human understanding, Vol. 1, Oxford, 1972. La versión en español se puede encontrar en: TOULMIN, La comprensión humana, Alianza, 1977. Un intento reciente de la teoría Darwiniana de los memes fue propuesta por BLACKMORE, S., The meme machine^ Oxford, 1999.
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Dawkins40?. Teniendo en cuenta lo anterior quiero, en este punto, abstraer todas las posibles objeciones que están basadas en modelos más holísticos y enfocados en la estructura central de la teoría.
La sociobiología moderna ha desarrollado argumentos muy fuertes en contra de la teoría tradicional que afirma que el comportamiento de los organismos con respecto al interés de la especie puede ser una contradicción con el interés egoísta. No sólo la evidencia empírica puede utilizarse para refutar la anterior asunción, sino que basta un simple experimento mental. Aún cuando un grupo desarrolle cierta ventaja con respecto a otros grupos porque sus miembros tienen la tendencia a sacrificarse por el resto, éstos estarían en desventaja con respecto a los nuevos miembros del grupo si los últimos se limitaran a aceptar el sacrificio y no devuelven un favor análogo cuando es su turno. Es una sencilla tautología que aquellos genes que programan un comportamiento conducente a la maximización de la replicación de éstos, son seleccionados a expensas de otros genes que son altruistas en el sentido de que ayudan a otros organismos en detrimento de su propia capacidad reproductiva (es esencial mantener esta definición en mente).
Entonces, ¿cómo es posible lidiar con esas formas de altruismo que caracterizan el mundo animal?. De acuerdo con la sociobiología, para entender el altruismo, es necesario reducirlo a dos tipos de altruismo: entre parientes cercanos y recíproco. El altruismo entre parientes cercanos —por ejemplo, el sacrificio de una madre por su hijo— puede ser una forma de egoísmo genético ya que puede incrementar la adaptación inclusiva: si la madre muere pero al hacerlo salva a tres de sus descendientes, su gen altruista no se pierde, por el contrario persiste en un promedio de 1 1/2 veces en su acervo genético. Si la proporción entre la ganancia en la adaptación inclusiva y perdida en la adaptación inclusiva excede el recíproco del promedio del coeficiente de la relación, entonces dicho comportamiento evoluciona por que está a favor del interés egoísta del gen. De manera análoga, el altruismo recíproco puede
Sociobiología: la nueva síntesis, traducción de Ramón Navarro, Omega S.A, Barcelona,
The selfish gene, (^) Oxford 1976. La versión en español se encuentra en DAWIUNS, R., El gen egoísta Traducción de Juana Robles, Biblioteca, Salvat Editores, Barcelona, 1985.
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