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documentos para puntos, Apuntes de Economía

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Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 10/05/2020

estefano-estevez-velasco
estefano-estevez-velasco 🇵🇪

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¡ESTA VEZ, NO ME VOY!
Marcelo se encontraba revisando su álbum de fotos y se había detenido en una en la que se
encontraba con sus compañeros de trabajo de las diferentes empresas en las que había
laborado, era para su cumpleaños número 42, en su casa.
Marcelo Reggio, así se llamaba, con dos hijos aún en edad escolar, y uno por venir, pensaba
sobre las diversas oportunidades que había desperdiciado y en el futuro que ahora tendría si al
menos, hubiera continuado trabajando en una de estas empresas. Todas estas empresas aún
estaban en el mercado y se encontraban muy bien posicionadas y valoradas en el entorno
empresarial.
Sentado mientras saboreaba una limonada, pensó en los motivos que lo llevaron a la posición en
la que se encontraba; falta de madurez, sordera a las exhortaciones, no haber tenido la
responsabilidad familiar que ahora asumía con entereza, su carácter el que muchas veces le
habían dicho que era un rebelde y osco y que ello no lo llevaría a buen término, estudios a
medio terminar, o mejor dicho, ¡…a medio empezar! etc., todos pasaban por su mente, con
varios años de convivencia y una familia constituida.
En uno de sus viajes había conocido a Lucero, chiclayana, de buena cocina, educada para
apoyar al compañero y proteger la unión irrigando las raíces del hogar con mucho amor,
consejo, abnegación y fortaleza ante la adversidad. Se había sacado la suerte, pensaba para sí
mismo, después de todo lo que había pasado y vivido.
En las empresas por las que transitó, siempre se había desempeñado en el área de
recuperaciones, rompe puertas les decían, pero dentro del estilo y técnicas de recupero, la
suya era la mejor; sus resultados hablaban por él, eran muy satisfactorios.
Su experiencia y entrenamiento le habían valido y facilitado el encontrar trabajo en diversas
empresas, muchas veces había tenido que mostrarse de manera diferente a la cual él sentía
para lograrlo, cada vez que renunciaba la búsqueda se hacía más difícil y sobre todo tener que
retomar un nuevo empezar y realmente se sentía muy c Le había venido a la memoria un
comentario de su esposa, comentario que había salido en una conversación entre compañeros,
en una reunión informal de fin de semana, a la salida del trabajo, con unos colaboradores que lo
acompañaron muy dispuestos a “probar” el arroz con pato y pepián de choclo que la Sra. Lucero
había preparado ese sábado previo a fiestas patrias.
Su compañeros habían comentado, después del segundo plato de pepián, que cómo era posible
que Marcelo durara tanto con una persona como Lucero, cuando él se pintaba como un individuo
que se “aburría” rápido y le recordaban por la cantidad de empresas en la que había estado y
que cada vez que él no estaba de acuerdo, renunciaba, chero, como tiernamente le decía a su
esposa, lo miró fijamente entre perpleja y mortificada y le respondió, ¡…pero si lo tienes todo!
Ya, descansando, repasaba las empresas en las que pasó sus años y las razones por las que se
fue; en unas porque sus administradores instituían nuevos procedimientos, en otras porque le
yuxtaponían nuevas funciones; nuevos jefes, nuevos estilos, nuevas formas de control, etc., o
como por ejemplo, la empresa de los Arrieta, quienes no toleraban las críticas negativas, o el de
la empresa de los Sosa, siempre a la defensiva, con un tono hostil, respuestas mal dadas, sin el
suficiente tacto o faltos de amabilidad a la hora de dar una respuesta, o la peor de todas, la del
supervisor, el chileno Valdivia" , quien en vez de ofrecer descuentos, promociones o un
obsequio especial de cara a fidelizar a los clientes, ofrecía premios o dádivas - permisos,
atenciones sibilinas - a cambio de buenas opiniones, o resultados sobre su labor.
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¡ESTA VEZ, NO ME VOY!

Marcelo se encontraba revisando su álbum de fotos y se había detenido en una en la que se

encontraba con sus compañeros de trabajo de las diferentes empresas en las que había

laborado, era para su cumpleaños número 42, en su casa.

Marcelo Reggio, así se llamaba, con dos hijos aún en edad escolar, y uno por venir, pensaba

sobre las diversas oportunidades que había desperdiciado y en el futuro que ahora tendría si al

menos, hubiera continuado trabajando en una de estas empresas. Todas estas empresas aún

estaban en el mercado y se encontraban muy bien posicionadas y valoradas en el entorno

empresarial.

Sentado mientras saboreaba una limonada, pensó en los motivos que lo llevaron a la posición en

la que se encontraba; falta de madurez, sordera a las exhortaciones, no haber tenido la

responsabilidad familiar que ahora asumía con entereza, su carácter el que muchas veces le

habían dicho que era un rebelde y osco y que ello no lo llevaría a buen término, estudios a

medio terminar, o mejor dicho, ¡…a medio empezar! etc., todos pasaban por su mente, con

varios años de convivencia y una familia constituida.

En uno de sus viajes había conocido a Lucero, chiclayana, de buena cocina, educada para

apoyar al compañero y proteger la unión irrigando las raíces del hogar con mucho amor,

consejo, abnegación y fortaleza ante la adversidad. Se había sacado la suerte, pensaba para sí

mismo, después de todo lo que había pasado y vivido.

En las empresas por las que transitó, siempre se había desempeñado en el área de

recuperaciones, “ rompe puertas ” les decían, pero dentro del estilo y técnicas de recupero, la

suya era la mejor; sus resultados hablaban por él, eran muy satisfactorios.

Su experiencia y entrenamiento le habían valido y facilitado el encontrar trabajo en diversas

empresas, muchas veces había tenido que mostrarse de manera diferente a la cual él sentía

para lograrlo, cada vez que renunciaba la búsqueda se hacía más difícil y sobre todo tener que

retomar un nuevo empezar y realmente se sentía muy c Le había venido a la memoria un

comentario de su esposa, comentario que había salido en una conversación entre compañeros,

en una reunión informal de fin de semana, a la salida del trabajo, con unos colaboradores que lo

acompañaron muy dispuestos a “probar” el arroz con pato y pepián de choclo que la Sra. Lucero

había preparado ese sábado previo a fiestas patrias.

Su compañeros habían comentado, después del segundo plato de pepián , que cómo era posible

que Marcelo durara tanto con una persona como Lucero, cuando él se pintaba como un individuo

que se “aburría” rápido y le recordaban por la cantidad de empresas en la que había estado y

que cada vez que él no estaba de acuerdo, renunciaba, chero , como tiernamente le decía a su

esposa, lo miró fijamente entre perpleja y mortificada y le respondió, ¡ …pero si lo tienes todo!

Ya, descansando, repasaba las empresas en las que pasó sus años y las razones por las que se

fue; en unas porque sus administradores instituían nuevos procedimientos, en otras porque le

yuxtaponían nuevas funciones; nuevos jefes, nuevos estilos, nuevas formas de control, etc., o

como por ejemplo, la empresa de los Arrieta , quienes no toleraban las críticas negativas, o el de

la empresa de los Sosa , siempre a la defensiva, con un tono hostil, respuestas mal dadas, sin el

suficiente tacto o faltos de amabilidad a la hora de dar una respuesta, o la peor de todas, la del

supervisor, el “ chileno Valdivia " , quien en vez de ofrecer descuentos, promociones o un

obsequio especial de cara a fidelizar a los clientes, ofrecía premios o dádivas - permisos,

atenciones sibilinas - a cambio de buenas opiniones, o resultados sobre su labor.

No lo aguantaba, se resistía a agachar la cabeza, por lo que optaba por renunciar, masticando

continuamente que una persona como él, dispuesto como mínimo a hacer su trabajo no tenía

por qué doblegarse, por lo que creía que por “ conducta ” debía renunciar.

Había llegado al norte del país, Chiclayo, ya hacían 10 años de esto, época en que conoció a

Lucero y ya había circulado por lo menos por 5 empresas, … y pensaba cómo lo estaba

haciendo en La Araucana S.A.C., en la que venía laborando desde hacía 4 años. Siempre había

buscado identificarse con una organización en particular y con sus metas, a la vez que se

deseaba permanecer en ella, consideraba que no era muy difícil pero sentía algo de temor,

aunque afectivamente tenía cierta obligación con la organización y sobre todo porque

permanecer en ella le aseguraba un ingreso importante, amén del compromiso profesional

contraído, pensaba que estaba moralmente obligado, estaba seguro que no era ese tipo de

compromiso ocupacional, temporal por una empresa.

Al analizar esta decisión, se dio cuenta que la empresa en la que estaba cuando se casó con

Lucero, le había ofrecido lo mismo en tratos y beneficios que la empresa en la que se

encontraba actualmente, la única diferencia radicaba en los estilos de gestión de las personas,

cada una de ellas, poseían como denominador su despreocupación hacia las recompensas

intrínsecas; la primera, era local con cobertura nacional, en el sector electrodomésticos,

“ Tiendas Festejo - Tfe ”; la última, en la que se encontraba, estaba orientada a las metas; las

metas corporativas se traducían en otras más pequeñas y específicas en cada nivel de la

organización, eran muy organizados, pero…

Marcelo había percibido que los factores que influyeron para sus renuncias obedecían casi

siempre a factores externos a él; no sabía cómo aumentar su eficacia personal y aún más, no

sabía cómo mantenerse sin sentir ese deseo de irse de la empresa en la que se encontraba, y

sobre todo, no hallaba lo que “ chero ” le había comentado, ¡…pero si lo tienes todo!

El comparaba lo que aportaba a sus empleos con lo que obtenía de ellos en relación con las

mismas acciones de los demás y era mayor lo que él aportaba, se decía; todavía recordaba al

jefe de recuperaciones de la Distribuidora Oriente S.A., él había renunciado a ella, después de

un año y diez meses y todo porque nombraron como jefe del área, a Luis Yañez, quien realizó

cambios en los operaciones que permitirían mayor dinamismo en cuanto a las cobranzas, y

formalizó el uso de saco y corbata en todos los agentes de recuperación, variaciones que él

consideraba no contingentes y que no debían realizarse y al no estar de acuerdo, optó por

renunciar.

Su determinación, hizo que su matrimonio sufriera en aquél entonces, su primer tropiezo, pues

estuvo alrededor de trece meses sin conseguir otro empleo de ingresos periódicos y juzgó que

su decisión fue en el momento menos oportuno, pues su Lucerito le anunció la espera de un

nuevo miembro en la familia.

El creía en la administración participativa, pero era difícil encontrar una empresa con este estilo;

lo refirieron a La Araucana S.A.C y como siempre era un ejército los que se presentaban y ya no

era él el más muchacho, ahora los demás le decían “señor” y lo miraban sonrientes y con

mejores calificaciones académicas, así como experiencia laboral.

Las cosas habían cambiado, el entorno económico se presentaba mejor para todos, las

recuperaciones tenían una tendencia a la baja, por lo que el sueldo se hacía más duro; por otro

lado, los dueños del mercado laboral eran los jóvenes menores de 30 años, inclusive, su vida

SIEMPRE HABÍA BUSCADO IDENTIFICARSE CON UNA ORGANIZACIÓN EN PARTICULAR Y CON SUS METAS, A

LA VEZ QUE SE DESEABA PERMANECER EN ELLA, CONSIDERABA QUE NO ERA MUY DIFÍCIL PERO SENTÍA

ALGO DE TEMOR, AUNQUE AFECTIVAMENTE TENÍA CIERTA OBLIGACIÓN CON LA ORGANIZACIÓN Y SOBRE

TODO PORQUE PERMANECER EN ELLA LE ASEGURABA UN INGRESO IMPORTANTE, AMÉN DEL

COMPROMISO PROFESIONAL CONTRAÍDO, PENSABA QUE ESTABA MORALMENTE OBLIGADO, ESTABA

SEGURO QUE NO ERA ESE TIPO DE COMPROMISO OCUPACIONAL, TEMPORAL POR UNA EMPRESA.

ÉL HABÍA RENUNCIADO A ELLA, DESPUÉS DE UN AÑO Y DIEZ MESES Y TODO PORQUE NOMBRARON COMO

JEFE DEL ÁREA, A LUIS YÁÑEZ, QUIEN REALIZÓ CAMBIOS EN LOS OPERACIONES QUE PERMITIRÍAN

MAYOR DINAMISMO EN CUANTO A LAS COBRANZAS, Y FORMALIZÓ EL USO DE SACO Y CORBATA EN

TODOS LOS AGENTES DE RECUPERACIÓN, VARIACIONES QUE ÉL CONSIDERABA NO CONTINGENTES Y

QUE NO DEBÍAN REALIZARSE Y AL NO ESTAR DE ACUERDO, OPTÓ POR RENUNCIAR. SU DETERMINACIÓN,

HIZO QUE SU MATRIMONIO SUFRIERA EN AQUÉL ENTONCES, SU PRIMER TROPIEZO, PUES ESTUVO

ALREDEDOR DE TRECE MESES SIN CONSEGUIR OTRO EMPLEO DE INGRESOS PERIÓDICOS Y JUZGÓ QUE

SU DECISIÓN FUE EN EL MOMENTO MENOS OPORTUNO, PUES SU LUCERITO LE ANUNCIÓ LA ESPERA DE

UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA. ENTRÓ DESPUÉS DE UN CALVARIO DE PRUEBAS, UNA VEZ SENTADO

EN EL PUESTO, HIZO UNA REFLEXIÓN SOBRE EL COMPORTAMIENTO MOSTRADO EN LOS TRABAJOS

ANTERIORES Y NO LE GUSTÓ MUCHO VER EL TIEMPO QUE HABÍA PERDIDO, EL ESTAR EN CONTRA DE LO

QUE CONSIDERABA QUE NO DEBÍA HACERSE ERA MÁS UNA PATOLOGÍA QUE UN COMPORTAMIENTO

LABORAL OBSESIONADO, SITUACIÓN QUE LO HABÍA LLEVADO A RENUNCIAR SIN MEDIR LAS

CONSECUENCIAS FUTURAS. DESDE EL MOMENTO QUE INGRESÓ A LA ARAUCANA, MARCELO RESPETÓ

LAS NORMAS Y LINEAMIENTOS ESTABLECIDOS.

IDEAS CENTRALES:

  • Marcelo era un hombre que durante años trabajó en varias empresas, pero siempre llegaba a

renunciar por las nuevas formas y conductas que adoptaban las empresas en las que se

encontraba.

  • Renunciaba porque creía que siendo un buen empleado no debía soportar ciertas conductas

que a él no le parecían adecuadas.

  • Marcelo al renunciar no medía las consecuencias futuras, las cuales terminaban afectando de

cierto modo su capacidad laboral y a su familia.

  • Muchas veces no se daba cuenta del buen trabajo que realizaba, ya que solo percibía factores

externos a él.

  • Al reflexionar de por qué de tantas renuncias, llegó a darse cuenta de que contaba con cierta

patología, la cual hacía que siempre renunciara sin medir consecuencia alguna.

  • Por ello, ahora, luego de haber identificado su problema, llegó a tener un trabajo estable y ser

un empleado eficiente, cumpliendo las normas y lineamientos dictadas por la empresa en la que

trabaja actualmente.

JUICIOS DE VALOR:

  • Marcelo reggio se encontraba revisando su álbum de fotos al recordar los múltiples trabajos a los

que renunció.

  • Marcelo reggio conoció a lucero en uno de sus viejas con la que tendría 3 hijos.
  • Marcelo reggio tenia experiencia y entrenamiento lo que le había valido y facilitado encontrar

trabajo.

  • Sus compañeros se preguntaban como Marcelo seguía con lucero ya que este tiene la tendencia

de aburrirse rápido.

  • Marcelo tiene sentimientos de arrepentimiento al ver cómo sentía que desperdicio los años e

intentaba explicarse el porqué de sus decisiones.

  • Marcelo reggio se encontraba trabajando en ARACUNA A.S.C donde se dio cuenta que tenia

que seguir.

  • Marcelo reggio padecía de una patología y no un comportamiento laboral obsesivo.
  • Marcelo ahora sabe que tiene una familia que tiene que solventar y ahora es jefe de grupo lo

cual le permitirá quedarse en un trabjo estable.