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El concepto de mercado de divisas, donde se ofrecen y se demandan divisas como mercancías. Se analiza el tipo de cambio, la oferta y demanda de divisas, y las diferencias entre la teoría y la realidad del mercado. Además, se discuten los sistemas monetarios internacionales, como el patrón oro y el sistema del fmi, y sus ventajas y desventajas.
Tipo: Apuntes
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El tipo de cambio es el precio de una moneda expresado en otra. Cuando una moneda está en manos extranjeras recibe el nombre de divisa. Las divisas pueden ser consideradas como mercancías que se ofrecen y demandan en el mercado de divisas (llamado habitualmente Forex, o FX, por Foreign Exchange ). Los extranjeros pueden necesitar divisas de un país porque piensan ir en un viaje turístico, porque desean importar bienes o servicios o por que desean invertir en él. En otras palabras: porque demandan bienes, porque demandan servicios, o porque ofrecen capital financiero. Los nacionales ofrecen sus monedas a cambio de divisas por las mismas razones. Si el mercado de divisas es libre, la oferta y demanda se igualarán en un punto de equilibrio que determinará el tipo de cambio y la cantidad de divisas intercambiadas.
El gráfico representa la cantidad ofrecida y demandada de Cruzados brasileños en el mercado de divisas haitiano, es decir, expresando su precio en Gordas haitianas.
En el gráfico de este ejemplo hipotético se representa la cantidad ofrecida y demandada de Cruzados brasileños en el mercado de divisas haitiano, es decir, expresando su precio en Gordas haitianas.
Si el precio de una divisa, su tipo de cambio, es alto, habrá poca demanda. Los turistas, al darse cuenta que tienen que entregar mucho dinero para conseguirla decidirán viajar a otro país; los importadores encontrarán excesivamente caras las mercancías. Si el tipo de cambio baja, la cantidad demandada de divisas aumentará. Es decir, la función de demanda de divisas es decreciente como la de todos los bienes. La oferta de divisas manifestará un comportamiento igualmente lógico: cuando el tipo de cambio sea alto se ofrecerá más cantidad de divisas que cuando sea bajo.
Sin embargo, esta explicación teórica difiere mucho de la realidad:
interviene cada divisa es el 200% de los intercambios. En realidad no existe un mercado en el que se intercambien gordas haitianas por cruzados (o reales) brasileños.
Una peculiaridad destacada del mercado de divisas es la posibilidad de que los bancos centrales intervengan manipulando los tipos de cambio. Cualquier fluctuación en los tipos de cambio es considerada indeseable ya que provoca inseguridad y puede desalentar el comercio internacional. Es por ello que durante largos períodos históricos los mercados de divisas han estado funcionando en sistemas monetarios de cambios fijos.
El sistema de patrón oro ha adoptado diversas formas durante el período de su vigencia, más de siglo y medio. La forma más pura, el patrón-moneda oro, fue el más extendido durante el siglo diecinueve y hasta la Primera Guerra Mundial. Después aparecieron diversas variedades como el patrón-lingote y los patrones de cambios, entre ellos el sistema del FMI.
En 1973 se añadió una enmienda al Convenio del FMI por la cual se autorizaba a los países miembros a adoptar el sistema cambiario que mejor se adaptase a sus circunstancias particulares. De hecho la mayoría de los países actualmente permiten que sus monedas fluctúen libremente en los mercados de divisas aunque, eso sí, con la intervención de los bancos centrales tratando de suavizar las tendencias y de evitar fluctuaciones excesivamente bruscas. Es el sistema llamado de flotación "sucia". Entre sus ventajas está permitir que las políticas monetarias de los países se diseñen atendiendo a la situación interna, con mucha menor dependencia de los problemas que puedan aparecer en los mercados cambiarios. Permanece el inconveniente de que la inseguridad en la evolución futura de los tipos desalienta la expansión del comercio internacional.
La flexibilidad del sistema actual y la diversidad de situaciones concretas en que se encuentran muchos países, algunos muy endeudados, otros escasos de reservas, otros con fuerte dependencia tecnológica o de materias primas, hace que se multipliquen los sistemas de pagos internacionales recurriendo incluso con cierta frecuencia a formas que, como el trueque, parecían haber quedado obsoletas. Algunos países han decidido fijar estrechamente el valor de su moneda al de otra. En otras ocasiones aparecen tipos de cambio fijos y múltiples, un tipo de cambio para el pago de deudas, otro para inversiones, otro para importaciones. Algunos grupos de países han llegado a acuerdos mutuos sobre sistemas cambiarios particulares, el más avanzado de los cuales es el Sistema Monetario Europeo que estudiaremos detalladamente más adelante.
El Patrón-Oro
Aunque han existido también el patrón plata y el bimetalismo, el sistema más característico de tipos de cambio fijo es el del patrón oro. El funcionamiento de este sistema requiere que el país que desee integrarse establezca un precio oficial del oro en su moneda y se comprometa a comprar y vender a ese precio todo el metal que se le ofrezca o se le demande, permitiendo a la vez su libre importación y exportación. Los tipos de cambio quedan determinados por la relación entre los precios oficiales del oro en cada divisa.
La principal virtud del patrón oro era su capacidad de reajustar automáticamente los desequilibrios en las balanzas de pagos. Si las exportaciones de un país eran superiores a sus
pingües beneficios por lo que se estaban estimulando desplazamientos internacionales de capitales que resultaban bruscos y desestabilizadores.
El crecimiento del comercio internacional requería una gran liquidez que no podía seguir dependiendo de la política monetaria de los Estados Unidos. En el año 1971 se suspendió la convertibilidad del dólar en oro con lo que este metal dejó de tener relación legal alguna con los sistemas financieros. Durante un par de años más el sistema internacional siguió teniendo al dólar como patrón, hasta que en 1973 se decidió permitir la libre flotación de las monedas en los mercados de divisas.
En 1973 se añadió una enmienda al Convenio del FMI por la cual se autorizaba a los países miembros a adoptar el sistema cambiario que mejor se adaptase a sus circunstancias particulares. De hecho la mayoría de los países permitieron que sus monedas fluctuasen libremente en los mercados de divisas aunque, eso sí, con la intervención de los bancos centrales tratando de suavizar las tendencias y de evitar fluctuaciones excesivamente bruscas. Es el sistema actual llamado de flotación "sucia".