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Este documento ofrece una introducción a la economía, abordando conceptos básicos como la escasez, la elección, los factores productivos y los problemas económicos fundamentales. Se discuten temas relacionados con el desempleo, las decisiones económicas y el costo de oportunidad. El texto es particularmente relevante para estudiantes de salud pública que deben cursar esta asignatura.
Tipo: Apuntes
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La primera pregunta que se le puede ocurrir a un estudiante de maestría en salud pública, que tiene que cursar esta asignatura es ¿para qué estudiar economía? ¿cuál es el objeto de estudiar esta materia? ¿En qué aspectos incide la economía en el sector salud? Un primer problema y al cual están muy próximos a encarar los estudiantes es el desempleo, problema grave en los países menos desarrollados como el nuestro, el cual afecta a todos los sectores de la población; se afirma que más de medio millón de profesionales son desempleados, esto trae como consecuencia que personal capacitado labore como subempleado en el sector informal de la economía. Otro aspecto importante lo constituyen las decisiones de política económica, en las que todos nos vemos envueltos cotidianamente, tales como aumentar o disminuir la tasa impositiva de algún gravamen como el Impuesto al Valor Agregado y/o al Impuesto sobre la Renta que afectarán nuestro ingreso y la capacidad de compra de las personas. O bien, los cambios en los precios de ciertos bienes que regula el Estado, como es el de la gasolina, cuyo efecto directo recae en los precios del transporte (aéreo y terrestre) y, además, tiene un efecto indirecto· sobre los precios de todas las mercancías en las que la gasolina es un insumo. Asimismo, al hablar de conceptos como el producto interno bruto (PIB), la inflación, el desempleo, el tipo de cambio o la tasa de interés nos sirven para entender el entorno macroeconómico. En este marco la política macroeconómica adquiere gran relevancia. Razonar en términos económicos implica una evaluación de las distintas opciones posibles. Los ejemplos siguientes muestran que prácticamente a todos se nos plantean alternativas entre las que hay que elegir. Así, cuando un estudiante decide salir a divertirse en los días anteriores a un examen, sabe que, como consecuencia, podría obtener una mala calificación. Si un matrimonio joven decide entregar un anticipo para comprarse un departamento, es posible que ese año tenga que sacrificar sus vacaciones de verano y no pueda renovar el automóvil. A un empresario que ha obtenido unos beneficios razonables, se le plantea la alternativa de reinvertirlos en su empresa, para acelerar su crecimiento, o comprarse un departamento en la costa. El Gobierno, cuando elabora los presupuestos generales del Estado, sabe que, si concede más dinero a obras públicas, tendrá que recortar las partidas destinadas a otros fines, tales como salud.
La Economía se ocupa de las cuestiones que surgen en relación con la satisfacción de las necesidades de los individuos y de la sociedad. La satisfacción de necesidades materiales (alimentos, vestido o vivienda) y no materiales (educación, ocio, etc.) de una sociedad
obliga a sus miembros a llevar a cabo determinadas actividades productivas. Mediante estas actividades se obtienen los bienes y los servicios que se necesitan, entendiendo por bien todo medio capaz de satisfacer una necesidad, tanto de los individuos como de la sociedad. La Economía se ocupa de la manera en que se administran los recursos escasos, con el objeto de producir diversos bienes y distribuirlos para su consumo entre los miembros de la sociedad. Por eso algunos autores la han denominado también la Ciencia de la elección. La Economía estudia cómo las sociedades administran los recursos escasos para producir bienes y servicios, y distribuirlos entre los distintos individuos. En la vida real elegimos constantemente. A veces la elección se refiere a temas menores, como la bebida que tomamos en un bar, la cantidad de dinero que destinamos a las vacaciones o al ocio; pero otras veces tenemos que elegir en asuntos más importantes, como la profesión que deseamos ejercer o la adquisición de una vivienda. Los consumidores, las empresas y el sector público tienen que plantearse constantemente alternativas a la hora de actuar y decidir cuál de ellas es la más conveniente. De hecho, todas las sociedades se enfrentan a la elección y, por lo tanto, actúan en el ámbito de la Economía. La Economía se estudia según dos enfoques: el microeconómico y el macroeconómico. La Microeconomía estudia los comportamientos básicos de los agentes económicos individuales. La Macroeconomía, por el contrario, analiza comportamientos agregados o globales, y se ocupa de temas como el empleo, la inflación o el producto total de una economía. La Microeconomía estudia el modo en que toman decisiones los hogares y las empresas y la forma en que interactúan. La Macroeconomía estudia los fenómenos que afectan al conjunto de la economía.
El problema económico y, en consecuencia, la Economía, surge porque las necesidades humanas son, en la práctica, ilimitadas, mientras que los recursos económicos son limitados y, por lo tanto, también los bienes económicos. La escasez no es un problema tecnológico sino de disparidad entre deseos humanos y medios disponibles para satisfacerlos. La escasez es un concepto relativo, en el sentido de que existe un deseo de adquirir una cantidad de bienes y servicios mayor que la disponible. Los individuos tratan de cubrir inicialmente aquellas necesidades que son biológicas o primitivas, esto es, las relacionadas con la alimentación, la vivienda y el vestido. De igual manera, los individuos necesitan proveerse de ciertos servicios, como los de asistencia médica, educación, transporte, etc. Una vez cubiertas las necesidades mencionadas, se ocupan de otras que hacen placentera su vida, si bien el nivel de cobertura de éstas dependerá del poder adquisitivo de cada individuo en particular. Además, los deseos son refinables y ampliables, de forma que, una vez satisfechas las necesidades primarias, desearemos algo más. Entonces, a medida que aumenta el nivel de vida y aparecen nuevos productos,
incremento del capital humano es algo positivo, pues contribuye a aumentar la productividad de los individuos y, en consecuencia, a elevar su nivel de vida.
Como hemos señalado, el hecho de que los factores productivos estén disponibles en cantidades limitadas y que las necesidades humanas sean prácticamente ilimitadas plantea la inevitabilidad de la elección. La necesidad de elegir se evidencia al considerar los tres problemas fundamentales a los que toda sociedad debe dar respuesta: ¿Qué producir? ¿Cómo producir? ¿Para quién producir?
- ¿Qué producir? ¿Qué bienes y servicios se van a producir y en qué cantidad? ¿Se producirán muchos bienes de consumo, como vestidos, o se les prestará más atención a los bienes de inversión, como fábricas, que permitirán incrementar el consumo en el futuro? ¿Se van a producir muchos vestidos de escasa calidad o pocos de una calidad buena? ¿Se incrementará la producción de bienes materiales, tales como alimentos y automóviles, o se potenciará la producción de servicios destinados a ocupar el ocio, como conciertos y espectáculos teatrales? - ¿Cómo producir? ¿Cómo se producirán los bienes y servicios? ¿Con qué recursos y con qué técnica producirán las empresas? ¿Qué personas desarrollarán cada una de las distintas actividades? ¿La energía que se empleará procederá de centrales hidráulicas, térmicas, nucleares o solares? ¿La producción será prioritariamente artesanal o tan mecanizada que incluso se llegue a emplear robots? ¿Las grandes empresas serán de propiedad privada o de propiedad pública? - ¿Para quién producir? ¿Para quién será la producción? ¿Quiénes consumirán los bienes y servicios producidos? En otras palabras, ¿cómo se va a distribuir el total de la producción nacional entre los diferentes individuos y familias? ¿Se tenderá a que la distribución del ingreso sea igualitaria o, por el contrario, se permitirá que se produzcan diferencias muy acusadas? En una economía como la argentina, las respuestas a las tres preguntas básicas que se plantean en toda sociedad las dan los distintos agentes en una multitud de mercados (véase Capítulo 2, apartado 2.5). Los individuos deciden qué productos y servicios van a comprar, a qué profesión van a dedicarse y cuánto dinero ahorrarán. Las empresas deciden qué productos y servicios van a producir y cómo van a producirlos. Los gobiernos deciden qué proyectos y programas van a realizar y cómo los financiarán. Estas decisiones se plasman en los presupuestos del Estado (véase Capítulo 14). En cualquier caso, la clave radica en la actuación de una amplia red de mercados.
Los economistas no solo se dedican a comentar los hechos que observan, sino que, en ocasiones, formulan propuestas y afirmaciones sobre cómo deberían ser las cosas. Por ello, cabe distinguir entre afirmaciones positivas y afirmaciones normativas. Las afirmaciones positivas son explicaciones objetivas del funcionamiento de los fenómenos
económicos; tratan sobre “lo que es o podría ser”. Las afirmaciones normativas ofrecen prescripciones para la acción basadas en juicios de valor personales y subjetivos; tratan de “lo que debería ser”. La Economía positiva se dedica a establecer proposiciones del tipo “si se dan tales circunstancias, entonces tendrán lugar tales acontecimientos”. Desde un punto de vista positivo, las posiciones de los economistas deberían ser esencialmente las mismas para una amplia gama de cuestiones sobre las cuales existe prácticamente unanimidad entre ellos. De lo anterior no debe inferirse que en Economía no existen discrepancias, ya que hay temas que no están completamente resueltos y, por lo tanto, el debate continúa abierto. En este sentido, puede afirmarse que las discrepancias más frecuentes entre los economistas surgen al formular afirmaciones normativas. Las proposiciones acerca de lo que debería ser responden a criterios éticos, ideológicos o políticos sobre lo que se considera deseable o indeseable. Desde un punto de vista normativo, el economista formula prescripciones sobre el sistema económico basándose en sus propios juicios, y no exclusivamente en razonamientos científicos. Así, al estudiar, por ejemplo, el peso relativo del sector público, trata de responder a la cuestión de si éste debería aumentar o reducir su importancia dentro del contexto global de la actividad económica. Por el contrario, un enfoque positivo se limitaría a indicar la importancia relativa del sector público, sin entrar en valoraciones. En la vida real, sin embargo, los componentes positivo y normativo de la ciencia económica –esto es, la Economía positiva y la Economía normativa– se mezclan de modo tal que resulta muy difícil separarlos. La mayoría de los economistas tienen puntos de vista personales sobre cómo debería funcionar la sociedad, y es muy difícil que los ignoren cuando recomiendan una política económica determinada. La Economía positiva se ocupa de ofrecer explicaciones objetivas sobre el funcionamiento de la economía. La Economía normativa se refiere a los preceptos éticos y normas de justicia. No debe olvidarse que cualquier análisis implica una evaluación de los hechos, y muchas veces éstos son susceptibles de más de una interpretación. Obviamente, en el momento de establecer interpretaciones es muy difícil evitar que nuestras propias valoraciones influyan en la percepción que tenemos acerca de cómo funciona realmente un sistema económico. En cualquier caso, los economistas no solo se limitan a formular afirmaciones sobre lo que debería ser, sino que utilizan su conocimiento de la realidad y el soporte de la teoría económica para tratar de incidir sobre la economía y transformarla en el sentido que consideran conveniente. Si no existiera la posibilidad de influir sobre la actividad económica a través de políticas económicas, con el objeto de cambiar ciertos sucesos que se consideran desfavorables, la Economía sería una disciplina meramente descriptiva e histórica. Para ello, se puede acudir a dos tipos de políticas: las microeconómicas, que inciden en el funcionamiento de mercados
ganado durante los dos años dedicados a estudiar. El costo total de oportunidad de obtener la maestría será, por lo tanto, de US$25,600 dólares (4,000+21,600). En este cálculo no se han incluido los costos de alimentación y alojamiento, pues el estudiante debe comer y vivir en algún sitio, aunque no asista a la universidad. Si la vivienda y la alimentación fueran más caras en la universidad, o si el estudiante tuviera que desplazarse a otra ciudad para cursar los estudios de Maestría, tendríamos que incluir los costos adicionales de vivienda, alimentación y desplazamiento en los cálculos anteriores.