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EI Problema del indio, Monografías, Ensayos de Historia

En, “7 ensayos de interpretación de la Realidad Peruana”. Extractos seleccionados págs. 30-37, 40-41.

Tipo: Monografías, Ensayos

2020/2021

Subido el 01/06/2021

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PROGRAMA DE ESTUDIOS BÁSICOS
Lectura Nº 2
EI Problema del indio
Autor: José Carlos Mariátegui
En, “7 ensayos de interpretación de la Realidad Peruana”.
Extractos seleccionados págs. 30-37, 40-41.
SU NUEVO PLANTEAMIENTO.
Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico-
social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos, -y a veces sólo verbales-, condenados a un
absoluto descrédito. No las salva a algunas su buena fe. Prácticamente, todas no han servido sino
para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece,
porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrati vo, jurídico o
eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales y morales. La
cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la
tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de
enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la
feudalidad de los "gamonales".
El "gamonalismo" invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección indígena. El hacen-
dado, el latifundista, es un señor feudal. Contra su autoridad, sufragada por el ambiente y el hábito,
es impotente la ley escrita. El trabajo gratuito está prohibido por la ley y, sin embargo, el trabajo
gratuito, y aun el trabajo forzado, sobreviven en el latifundio. El juez, el subprefecto, el comisario,
el maestro, el recaudador, están enfeudados a la gran propie dad. La ley no puede prevalecer contra
los gamonales. El funcionario que se obstinase en imponerla, sería abandonado y sacrificado por el
poder central, cerca del cual son siempre omnipotentes las influencias del gamonalismo, que actúan
directamente o a través del Parlamento, por una y otra vía con la misma eficacia.
El nuevo examen del problema indígena, por esto, se preocupa mucho menos de los lineamientos de
una legislación tutelar que de las consecuencias del régimen de propiedad agraria. El estudio del Dr.
José A Encinas (Contribución a una legislación tutelar indígena) inicia en 1918 esta tendencia, que
de entonces a hoy no ha cesado de acentuarse. Pero, por el carácter mismo de su trabajo, el Dr.
Encinas no podía formular en él un programa económico-social. Sus proposiciones dirigidas a la
tutela de la propiedad indígena, tenían que limitarse a este objetivo jurídico. Esbozando las bases
del Home Stead indígena, el Dr. Encinas recomienda la distribución de tierras del Estado y de la
Iglesia. No menciona absolutamente la expropiación de los gamonales latifundistas. Pero su tesis se
distingue por una reiterada acusación de los efectos del latifundismo, que sale inapelablemente
condenado de esta requisitoria, que en cierto modo preludia la actual crítica económico-social de la
cuestión del indio.
Esta crítica repudia y descalifica las diversas tesis que consideran la cuestión como uno u otro de
los siguientes criterios unilaterales y exclusivos: administrativo, jurídico, étnico, moral,
educacional, eclesiástico.
La derrota más antigua y evidente es, sin duda, la de los que reducen la protección de los indígenas
a un asunto de ordinaria administración. Desde los tiempos de la legislación colonial española, las
ordenanzas sabias y prolijas, elaboradas después de concienzudas encuestas, se revelan totalmente
infructuosas. La fecundidad de la República, desde las jornadas de la Independencia, en decretos,
leyes y providencias encaminadas a amparar a los indios contra la exacción y el abuso, no es de las
menos considerables. El gamonal de hoy, como el "encomendero" de ayer, tiene sin embargo muy
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Realidad Nacional. 2019-II Profesor Wilmer Martos Rojas
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Lectura Nº 2

EI Problema del indio

Autor: José Carlos Mariátegui

En, “7 ensayos de interpretación de la Realidad Pe ruana”. Extractos seleccionados págs. 30-37, 40-41. SU NUEVO PLANTEAMIENTO. Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico- social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos, -y a veces sólo verbales-, condenados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas su buena fe. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los "gamonales". El "gamonalismo" invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección indígena. El hacen- dado, el latifundista, es un señor feudal. Contra su autoridad, sufragada por el ambiente y el hábito, es impotente la ley escrita. El trabajo gratuito está prohibido por la ley y, sin embargo, el trabajo gratuito, y aun el trabajo forzado, sobreviven en el latifundio. El juez, el subprefecto, el comisario, el maestro, el recaudador, están enfeudados a la gran propiedad. La ley no puede prevalecer contra los gamonales. El funcionario que se obstinase en imponerla, sería abandonado y sacrificado por el poder central, cerca del cual son siempre omnipotentes las influencias del gamonalismo, que actúan directamente o a través del Parlamento, por una y otra vía con la misma eficacia. El nuevo examen del problema indígena, por esto, se preocupa mucho menos de los lineamientos de una legislación tutelar que de las consecuencias del régimen de propiedad agraria. El estudio del Dr. José A Encinas (Contribución a una legislación tutelar indígena) inicia en 1918 esta tendencia, que de entonces a hoy no ha cesado de acentuarse. Pero, por el carácter mismo de su trabajo, el Dr. Encinas no podía formular en él un programa económico-social. Sus proposiciones dirigidas a la tutela de la propiedad indígena, tenían que limitarse a este objetivo jurídico. Esbozando las bases del Home Stead indígena, el Dr. Encinas recomienda la distribución de tierras del Estado y de la Iglesia. No menciona absolutamente la expropiación de los gamonales latifundistas. Pero su tesis se distingue por una reiterada acusación de los efectos del latifundismo, que sale inapelablemente condenado de esta requisitoria, que en cierto modo preludia la actual crítica económico-social de la cuestión del indio. Esta crítica repudia y descalifica las diversas tesis que consideran la cuestión como uno u otro de los siguientes criterios unilaterales y exclusivos: administrativo, jurídico, étnico, moral, educacional, eclesiástico. La derrota más antigua y evidente es, sin duda, la de los que reducen la protección de los indígenas a un asunto de ordinaria administración. Desde los tiempos de la legislación colonial española, las ordenanzas sabias y prolijas, elaboradas después de concienzudas encuestas, se revelan totalmente infructuosas. La fecundidad de la República, desde las jornadas de la Independencia, en decretos, leyes y providencias encaminadas a amparar a los indios contra la exacción y el abuso, no es de las menos considerables. El gamonal de hoy, como el "encomendero" de ayer, tiene sin embargo muy 1

poco que temer de la teoría administrativa. Sabe que la práctica es distinta. El carácter individualista de la legislación de la República ha favorecido, incuestionablemente, la absorción de la propiedad indígena por el latifundismo. La situación del indio, a este respecto, estaba contemplada con mayor realismo por la legislación española, Pero la reforma jurídica no tiene más valor práctico que la reforma administrativa, frente a un feudalismo intacto en su estructura económica. La apropiación de la mayor parte de la propiedad comunal e individual indígena está ya cumplida. La experiencia de todos los países que han salido de su evolución - feudal, nos demuestra, por otra parte, que sin la disolución del feudo no ha podido funcionar, en ninguna parte, un derecho liberal. La suposición de que el problema indígena es un problema étnico, se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas. El concepto de las razas inferiores sirvió al Occidente blanco para su obra de expansión y conquista. Esperar la emancipación indígena de un activo cruzamiento de la raza aborigen con inmigrantes blancos, es una ingenuidad antisociológica, concebible sólo en la mente rudimentaria de un importador de carneros merinos. Los pueblos asiáticos, a los cuales no es inferior en un ápice el pueblo indio, han asimilado admirablemente la cultura occidental, en lo que tiene de más dinámico y creador, sin transfusiones de sangre europea. La degeneración del indio peruano es una barata invención de los leguleyos de la mesa feudal. La tendencia a considerar el problema indígena corno un problema moral, encarna una concepción liberal, humanitaria, ochocentista, iluminista, que en el orden político de Occidente anima y motiva las "ligas de los Derechos del Hombre". Las conferencias y sociedades antiesclavistas, que en Euro- pa han denunciado más o menos infructuosamente los crímenes de los colonizadores, nacen de esta tendencia, que ha confiado siempre con exceso en sus llamamientos al sentido moral de la civiliza- ción. González Prada no se encontraba exento de su esperanza cuando escribía que la "condición del indígena puede mejorar de dos maneras: o el corazón de los opresores se conduele al extremo de reconocer el derecho de los oprimidos, o el ánimo de los oprimidos adquiere la virilidad suficiente para escarmentar a los opresores". La Asociación Pro-Indígena (1909-1917) representó, ante todo, la misma esperanza, aunque su verdadera eficacia estuviera en los fines concretos e inmediatos de defensa del indio que le asignaron sus directores, orientación que debe mucho, seguramente, al idealismo práctico, característicamente sajón, de Dora Mayer. El experimento está ampliamente cumplido, en el Perú y en el mundo. La prédica humanitaria no ha detenido ni embarazado en Europa el imperialismo ni ha bonificado sus métodos. La lucha contra el imperialismo, no confía ya sino en la solidaridad y en la fuerza de los movimientos de emancipación de las masas coloniales. Este concepto preside en la Europa contemporánea una acción anti-imperialista, a la cual se adhieren espíritus liberales como Albert Einstein y Romain Rolland, y que por tanto no puede ser considerada de exclusivo carácter socialista.. En el terreno de la razón y la moral, se situaba hace siglos, con mayor energía, o al menos mayor autoridad, la acción religiosa. Esta cruzada no obtuvo, sin embargo, sino leyes y providencias muy sabiamente inspiradas. La suerte de los indios no varió sustancialmente. González Prada, que como sabemos no consideraba estas cosas con criterio propio o sectariamente socialista, busca la explicación de este fracaso en la entraña económica de la cuestión: “No podía suceder de otro modo: oficialmente se ordenaba la explotación; se pretendía que humanamente se cometiera iniquidades o equitativamente se consumaran injusticias. Para extirpar los abusos, habría sido necesario abolir los repartimientos y las mitas, en dos palabras, cambiar todo el régimen Colonial. Sin las faenas del indio americano se habrían vaciado las arcas del tesoro español". Más evidentes posibilidades de éxito que la prédica liberal tenía, con todo, la prédica religiosa. Esta apelaba al exaltado y operante catolicismo español mientras aquélla intentaba hacerse escuchar del exiguo y 2

La propagación en el Perú de las ideas socialistas ha traído como consecuencia un fuerte movi- miento de reivindicación indígena. La nueva generación peruana siente y sabe que el progreso del Perú será ficticio, o por lo menos no será peruano, mientras no constituya la obra y no signifique el bienestar de la masa peruana que en sus cuatro quintas partes es indígena y campesina. Este mismo movimiento se manifiesta en el arte y en las literaturas nacionales en los cuales se nota una creciente revalorización de las formas y asuntos autóctonos, antes depreciados por el predominio de un espíritu y una mentalidad coloniales españolas. La literatura indigenista parece destinada a cumplir la misma función que la literatura "mujikista" en el período pre-revolucionario ruso. Los propios indios empiezan a dar señales de una nueva conciencia. Crece día a día la articulación entre los diversos núcleos indígenas antes incomunicados por las enormes distancias. Inició esta vin- culación, la reunión periódica de congresos indígenas, patrocinada por el Gobierno, pero como el carácter de sus reivindicaciones se hizo pronto revolucionario, fue desnaturalizada luego con la exclusión de los elementos avanzados y a la leva de representaciones apócrifas. La corriente indigenista presiona ya la acción oficial. Por primera vez el Gobierno se ha visto obligado a aceptar y proclamar puntos de vista indigenistas, dictando algunas medidas que no tocan los intereses del gamonalismo y que resultan por esto ineficaces. Por primera vez también el problema indígena, escamoteado antes por la retórica de las clases dirigentes, es planteado en sus términos sociales y económicos, identificándosela ante todo con el problema de la tierra. Cada día se impone, con más evidencia, la convicción de que este problema no puede encontrar su solución en una fórmula humanitaria. No puede ser la consecuencia de un movimiento filantrópico. Los patronatos de caciques y de rábulas son una befa. Las ligas del tipo de la extinguida Asociación Pro-Indígena son una voz que clama en el desierto. La Asociación Pro-Indígena no llegó en su tiempo a convertirse en un movimiento. Su acción se redujo gradualmente a la acción generosa, abnegada, nobilísima, personal de Pedro S. Zulen y Dora Mayer. Como experimento, el de la Asociación Pro-Indígena sirvió para contrastar, para medir, la insensibilidad moral de una generación y de una época. La solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios. Este concepto conduce a ver en la reunión de los congresos indígenas un hecho histórico. Los congresos indígenas, desvirtuados en los últimos años por el burocratismo, no representaban todavía un programa; pero sus primeras reuniones señalaron una ruta comunicando a los indios de las diversas regiones. A los indios les falta vinculación nacional. Sus protestas han sido siempre regionales. Esto ha contribuido, en gran parte, a su abatimiento. Un pueblo de cuatro millones de hombres, consciente de su número, no desespera nunca de su porvenir. Los mismos cuatro millones de hombres, mientras no son sino una masa orgánica, una muchedumbre dispersa, son incapaces de decidir su rumbo histórico. 4