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Cómo es la estructura del párrafo, aplicación a un testimonio
Tipo: Ejercicios
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Testimonio de domingo Hasta hace poco mis domingos no eran míos, sino que eran un limbo en el que religiosamente llevaba a cabo mi más secreto ritual de transformación. No aceptaba invitaciones a planes y nunca me preguntaba qué iba a hacer ese día, sin duda sabía que me despertaría muy temprano en la mañana para deshacer con agua lo que con calor y esfuerzo había creado. Me inclinaba sobre el lavadero de ropa y agachaba mi cabeza. Después del primer baldado de agua fría podía ver cómo mi pelo se retorcía, las hebras dejaban de ser rectas y se relajaban imitando la forma de una puntada en zigzag. Con el pelo mojado me aplicaba una mascarilla cada domingo diferente, la dejaba actuar por unas horas mientras desayunaba y veía televisión, luego la retiraba cuando me metía en la ducha para bañarme como una persona normal, con el cabello hacia atrás como en los comerciales de barras de jabón. Tengo mucho pelo en mi cabeza, tanto que cada vez que voy a la peluquería me cobran extra porque es demasiado abundante, así que el proceso de secado tarda horas. En ese lapso de tiempo en el que esperaba que mi cabello secara, me atemorizaba pasar frente a un espejo porque me iba a mostrar lo que toda la semana había evitado: volumen. Fue el primer enemigo que tuve, me persiguió desde que nací como un gran bebé peludo cuya melena crecía entrelazada en todas las direcciones. Era el causante de todas mis desgracias; y es que desde pequeña la gente me reclamaba por llamar la atención con mi gran melena alborotada, porque las niñas bonitas no son despeinadas. Así que acabarlo, domarlo, o al menos esconderlo se convirtió en la misión de mi vida. Cada domingo después de lavarme el pelo venía a recordarme que todavía estaba ahí, que cada angustioso segundo que pasaba hacía que creciera como un pastel en el horno y yo esperaba con paciencia. Porque sabía que cuando llegara a su punto máximo, probablemente en horas de la noche, lo iba a matar prensándolo con dos placas de cerámica ardiendo a una temperatura de 250 °C. Después de las tres horas que tomaba el proceso, me sentía en paz por haber derrotado una parte vulgar que ocultaba del resto del mundo. Esta rutina la tuve desde los trece hasta los veintitrés años. Antes de tener mi primera plancha de pelo, mi mamá me alisaba el cabello como una prenda de ropa sobre la mesa de planchar. Todas las mujeres de mi familia tienen melena abundante y rebelde y se han dedicado a domarla. La rutina de domingo de mi mamá involucra pinzas y rulos en vez de planchas, ella le llama “el peinado antiguo”; pero he visto en internet que le dicen “la toca”. Durante muchos años pensé en dejar mi dependencia al calor de la cerámica. Soñaba con ir a una piscina, sudar con tranquilidad, o con no reaccionar a la lluvia como un gato feral. Y lo logré con una decisión drástica que cambió mi vida: empezar de nuevo. Fui a una peluquería para que me cortaran todo mi pelo feo y maltratado, me hice un corte llamado pixie, pero me gusta decirle corte de tía. He estado libre de calor desde el 2016. Cuando era pequeña me sentía mal por ocupar espacio, porque todos los comentarios no solicitados de extraños me decían que estaba mal, y que yo, por supuesto, debía complacer cambiando. Ahora el volumen que tanto odié se alza en todas las direcciones, me cubre los oídos para recordarme lo que me enseñó; no tengo por qué dar explicaciones acerca de mi cuerpo, también me abraza cuando hace mucho frío y me protege de los rayos del sol cuando hace calor. El pelo es un tejido muerto, pero el mío tiene vida propia. Me ha dado tanto que desde que somos un equipo puedo escoger qué hacer los domingos. Argumento acerca de las modificaciones realizadas. No me considero experta al momento de realizar cualquier tipo de texto, aún me falta mucho para llegar a escribir de manera correcta. Sin embargo sé que todo es un proceso y pronto lo haré. En este caso, teniendo en cuenta las dos lecturas dadas por la docente. De manera general, al revisar el texto del ejercicio, a simple vista faltaba a lo primero que mencionó Cassany en su escrito, ya que había muchos párrafos en su mayoría de extensión corta, y al leer no completaban la idea que se pretendía dar. Una de las modificaciones fue estructurar nuevamente los párrafos en unos que tuvieran tamaño similar a fin de generar una idea más completa en cada uno y no dejarla “mocha” con difícil interpretación para el lector. De igual manera, modifiqué signos de puntuación y ciertas palabras que a mi parecer entorpecían un poco en el desarrollo del testimonio, al no ir donde deberían o por otro lado, sobrar de ahí. Cabe aclarar que en
este punto tuve en cuenta las 8 cualidades del estilo en un texto, para que así este representara como un buen escrito.