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Este documento ofrece una introducción a la elaboración de perfiles criminales, abordando temas como el método inductivo y deductivo, el estatus científico del perfil criminal, las aplicaciones prácticas y el perfilamiento criminal indirecto. El texto incluye casos prácticos y discute las ventajas y desventajas de cada método, así como el uso del perfil como técnica forense.
Tipo: Ejercicios
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Colección: Criminología - Manuales Coordinadores: Cristina reChea alberola antonio andrés Pueyo andrea Giménez-salinas F ramis
Reservados todos los derechos. Está prohibido, bajo las sanciones penales y el resarcimiento civil previstos en las leyes, reproducir, registrar o transmitir esta publicación, íntegra o parcialmente, por cualquier sistema de recuperación y por cualquier medio, sea mecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o por cualquier otro, sin la autorización previa por escrito de Editorial Síntesis, S. A.
© Andrés Sotoca Plaza José Luis González Álvarez Lucía Halty Barrutieta
© EDITORIAL SÍNTESIS, S. A. Vallehermoso, 34. 28015 Madrid Teléfono: 91 593 20 98 www.sintesis.com
ISBN: 978-84-9171-308- Depósito Legal: M. 17.641-
Impreso en España - Printed in Spain
Índice
P rólogo ......................................................................................................................................................... 9
Conceptos que estudiar ............................................................................................................... 13 Objetivos para el aprendizaje ................................................................................................. 13 Glosario ............................................................................................................................................... 14 1.1. Definición del perfil criminológico ........................................................................ 14 1.1.1. Antecedentes históricos del “profiling” , 16 1.2. Aproximaciones metodológicas para la elaboración de perfiles ........... 18 1.2.1. La Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI , 19_. 1.2.2. El enfoque “Investigative Psychology” de David Canter_ , 24_. 1.2.3. La apro- ximación australiana de Richard Kocsis_ , 30_. 1.2.4. El método “Behavioral Evidence Analysis” de B. Turvey_ , 31_. 1.2.5. La corriente “Behavioral In- vestigative Advisers” en Europa_ , 37 1.3. El análisis de conducta criminal en España ...................................................... 41 1.3.1. La Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Guardia Civil , 42_. 1.3.2. La Sección de Análisis de Conducta de Policía Nacional_ , 45 Resumen .............................................................................................................................................. 45 Preguntas de autoevaluación ................................................................................................... 46
Conceptos que estudiar ............................................................................................................... 49 Objetivos para el aprendizaje ................................................................................................. 49 Glosario ............................................................................................................................................... 50
Índice
4.1. Introducción ........................................................................................................................ 106 4.2. La perspectiva ambiental aplicada al análisis de la criminalidad. As- pectos espacio-temporales del crimen .................................................................. 106 4.2.1. La estadística moral , 106_. 4.2.2. La Escuela de Chicago_ , 107_. 4.2.3. El diseño del espacio_ , 110_. 4.2.4. Teorías criminológicas ambienta- les_ , 112 4.3. Construcción de los patrones de comportamiento espacial ...................... 115 4.3.1. Modelos de construcción de los patrones de comportamiento espa- cial , 115_. 4.3.2. El rango ambiental_ , 116_. 4.3.3 Cambios en los patro- nes de comportamiento espacial. La influencia del paso del tiempo_ , 118_. 4.3.4. Patrones de aproximación y ataque según Rossmo_ , 118 4.4. Movilidad criminal .......................................................................................................... 120 4.4.1. Estimación de la distancia recorrida por el criminal , 121_. 4.4.2. El modelo del triángulo de movilidad_ , 123 4.5. Cartografía digital. Los sistemas de información geográfica .................. 125 4.5.1. Modelos de representación geográfica , 126_. 4.5.2. Mapas de delincuen- cia_ , 126_. 4.5.3. Policía predictiva. El uso de “big data” en el análisis crimi- nal_ , 129_. 4.5.4. La concentración del crimen. Análisis de hot-spots_ , 130 4.6. El perfil geográfico .......................................................................................................... 132 4.6.1. Hipótesis del círculo. Los modelos “commuter” y “marauder” , 133_. 4.6.2. “Criminal Geographic Targeting”_ , 135_. 4.6.3. Softwares específicos de perfilación geográfica_ , 136_. 4.6.4. Caso práctico_ , 137 Resumen .............................................................................................................................................. 143 Preguntas de autoevaluación ................................................................................................... 144
Conceptos que estudiar ............................................................................................................... 147 Objetivos para el aprendizaje .................................................................................................. 147 Glosario ............................................................................................................................................... 147 5.1. Introducción ........................................................................................................................ 148 5.2. El análisis estadístico de datos para la creación de tipologías criminales 153 5.2.1. Análisis univariantes , 155_. 5.2.2. Análisis bivariantes_ , 156_. 5.2.3. Análisis multivariantes_ , 159 Resumen ............................................................................................................................................. 170 Preguntas de autoevaluación ................................................................................................... 171
7.4.1. Evaluación indirecta de la personalidad: indicadores conductuales
Perfiles criminales. Principios, técnicas y aplicaciones
Hipótesis de la consistencia: Hipótesis que establece que, si las características del autor determinan su comportamiento, este variará poco en los diferentes crímenes que cometa. Hipótesis de la homología: Hipótesis que enuncia que, si distintos autores cometen los delitos de manera similar, también serán parecidas sus características personales.
2.1. Principios básicos
En el anterior capítulo se ha realizado una revisión sobre lo que significa el perfilado criminológico y las distintas aproximaciones metodológicas que un analista de conducta puede utilizar para su elaboración, señalando las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas. Para alcanzar ese objetivo se ha hecho mención a una serie de principios bási- cos de la técnica, pero los autores de ese manual entienden que es importante profundi- zar en los pilares sobre los que se basa y las hipótesis en las que se sustenta, todo ello enfocado a que el lector conozca el respaldo científico con que cuenta en el momento actual y las líneas de investigación en las que sería interesante invertir en el futuro para conseguir su consolidación en España.
2.1.1. Aproximación inductiva y deductiva
Se ha comentado en el primer capítulo cómo las principales escuelas de perfilamiento se han construido sobre la base de dos modos de razonamiento o lógica: la inductiva y la deductiva. Se apuntaba que la aproximación inductiva se basaba en la generalización es- tadística de un perfil obtenido en una muestra representativa de casos similares resueltos. Los autores críticos con esta aproximación subrayan que es una forma de inferencia que se realiza desde observaciones específicas (los casos) hacia una generalización llamada premisa, y que, aunque esa premisa sea cierta, la conclusión que se deriva puede ser fal- sa (Jiménez, 2010). Esto puede comprenderse claramente con un ejemplo. Si un analista recoge una muestra representativa de incendios forestales esclarecidos y encuentra que, en un 80 % de los casos, los fuegos que se inician durante la noche y con varios focos están asociados a criminales con antecedentes de problemas psiquiátricos, esta premisa la generalizará y en casos nuevos que aparezcan estos hallazgos recomendará centrar las pesquisas en delincuentes con problemas de salud mental. Obviamente, puede darse el caso de que un incendiario particular que haya cometido el delito durante la noche y mediante varios focos no cumpla esa premisa, es más, según los datos obtenidos con esa muestra en dos de cada diez criminales no se cumpliría esa hipótesis. No obstante, eso no restaría validez a la recomendación realizada por el analista, puesto que la regla se
Conceptualización del perfilado criminal
cumplirá en la mayoría de las ocasiones. Es más, esto es algo habitual en ciencia y solo las escasas leyes universales se dan en todos y cada uno de los casos. Los críticos del método inductivo argumentan que, mediante razonamientos deductivos, si la premisa es cierta, la conclusión también debe serlo. Y para ello recomiendan la utilización de razonamientos lógicos como el modus ponens o el modus tollens. Por ejemplo:
Si P, entonces Q. Es así que P, luego entonces Q.
Didácticamente se ha recurrido muchas veces al ejemplo de:
Si llueve, se moja el suelo. Es así que llueve, luego se moja el suelo.
Evidentemente, argumentos de este tipo pueden utilizarse en el perfil criminal:
Si la víctima ha mordido la oreja del agresor, entonces le quedará una lesión. Es así que ha mordido la oreja del agresor, luego hay que buscar a una persona con una lesión en la oreja.
No obstante, y como se ha mencionado anteriormente, debido a la simplicidad de este tipo de razonamientos, es esperable que cualquier investigador policial llegue a las mismas conclusiones y que no necesite un perfil para ello. En el momento en el que el grado de inferencia sea mayor y el analista se mueva en el terreno de las probabilidades, necesitará de un estudio inductivo que lo ayude a conocer el porcentaje de acierto y error de sus proposiciones. De ahí que se comentase en el primer capítulo que es más importante que los perfiles estén sustentados en evidencia empírica que el razonamiento se base en la aplicación de una lógica formal intachable, apostando por la combinación de ambos tipos de aproximaciones en la práctica.
2.1.2. Hipótesis de la consistencia y de la homología
Para poder afirmar que el perfilado es una técnica válida debe demostrarse que las hipó- tesis sobre las que se sustenta cuentan con evidencia científica (Alison, Bennell, Mokros y Ormerod, 2002). La más conocida es la “hipótesis de la consistencia”. Ella establece que la conducta del autor de un crimen variará poco en los diferentes delitos que cometa. Esto es lógico, puesto que, si el perfil se basa en predecir características de un autor en función de su
Conceptualización del perfilado criminal
cambie su modus operandi inicial para adaptarse al nuevo escenario. Si no se tiene esto en cuenta, y el analista atribuye todos los comportamientos del autor a características internas, lo más probable es que se confunda en su perfil. En el siguiente apartado se van a describir dos agresiones sexuales reales para ejemplificar este tipo de cuestiones, así que el lector debe analizarlas y responder si se podrían atribuir o no al mismo autor.
2.1.3. Casos prácticos
A continuación se van a presentar dos casos. El primero va a describir una agresión se- xual y tentativa de homicidio de una ciudadana británica de veintiún años. Se va a supo- ner que ocurrió el 30 de mayo de 2008 (madrugada del viernes) en un domicilio próximo a una zona de copas en Las Palmas de Gran Canaria y que la víctima se llamaba Brenda. En el segundo caso a la víctima se la va a llamar Carol, y se va a suponer que tenía veinte años en el momento en el que sufrió una agresión sexual, el 16 de agosto de 2010 (madrugada del lunes). También es de nacionalidad británica y llegó a Las Palmas de Gran Canaria el día anterior, acompañada de su novio.
Caso 1
Brenda llegó con su amiga Sharon a Las Palmas el día 24 de mayo. Estuvieron tres días en un apartamento de vacaciones, solas, tomando copas y paseando. El día 27 vieron en un letrero que necesitaban personal en un pub y consiguieron trabajo de camareras. Los días 27 y 28 se quedaron en la casa de un compañero de ese pub. El día 29 se trasladaron a las 20:30 horas al apartamento en el que ocurrirían los hechos, pero solo tuvieron tiempo de dejar las maletas y marcharse a trabajar, puesto que entraban a las 21:00 horas. Comentaron que durante esa noche solo hubo clientes ingleses y que bebieron unas cinco copas de vodka con naranja. Finalizarían sobre las 3:30 horas y Brenda se marchó a casa, mientras que Sharon se fue con dos amigos a comer pizza. Al llegar al portal de su apartamiento, Brenda escuchó un rui- do y observó que una persona se escondía. Se acercó y le preguntó que si necesitaba algo. Era un varón joven y le dijo que estaba esperando a unos amigos que vivían en ese edificio. El chico le pidió un cigarro y salieron del portal a fumar y a charlar en inglés. Él dijo que se llamaba Alex y que trabajaba también en un pub de la zona. En un momento determinado, Brenda dijo que se iba y él le pidió entrar a su casa para esperar allí a sus amigos. Brenda dijo que no, porque estaba su amiga en el domi- cilio y habían hecho un pacto para no llevar a chicos. Él insistió y le pidió un beso, pero, como se negó, le dio un puñetazo en la cara. A continuación, agarró a Brenda del pelo y la arrastró arriba y abajo por la escalera. Ella sintió pánico y se defecó encima. Entraron en el apartamento, se cayó el bolso al suelo y el agresor aprovechó para coger las llaves y cerrar desde el interior. La llevó al balcón bajo amenazas de muerte y le intentó penetrar analmente, pero no pudo. La obligó a ir al baño y le dijo que se quitara el vestido y la ropa interior. Una vez que Brenda se encontraba en la bañera, el delincuente sujetó la alcachofa de la ducha para que se lavase. Después la
Perfiles criminales. Principios, técnicas y aplicaciones
llevó a la cama de una de las habitaciones y le dijo que se “la chupara”. Como ella se negó, le dijo que la mataría si no tenían sexo. La tumbó en la cama y le puso una pierna sobre su cuello, hasta dejarla en estado de semiinconsciencia. Entonces la penetró vaginalmente y eyaculó sobre su vientre. Después, el propio agresor la lim- pió con algún objeto que más tarde fue incapaz de recordar. Brenda agarró la oreja izquierda del agresor para defenderse y le dio un tirón, de modo que él procedió a morderla en el dedo índice de esa mano. Lo siguiente que Brenda recuerda es que, al intentar levantarse, recibió una puñalada en el cuello y otra en la espalda. Brenda pensó que si se movía la seguiría apuñalando, por lo que se quedó quieta hasta que escuchó que el criminal cerraba la puerta de su casa. Cogió una almohada para cu- brirse y salió desnuda a la calle, donde se desplomó en torno a las 5:00 horas. Unos ciudadanos llamaron a los servicios de emergencia, que procedieron a trasladar a Brenda al hospital en estado grave. Además de las heridas de arma blanca en sitios vitales, la víctima presentaba múltiples traumatismos craneales y faciales. Los agentes encargados de realizar la inspección técnico-ocular en el domicilio localizaron un cuchillo en la cocina con restos biológicos de sangre de Brenda (po- sible arma homicida) y la camiseta del agresor en un contenedor de basura cercano (talla M). Brenda describió al agresor como de unos 6 pies de altura (185 centíme- tros aproximadamente), piel morena, pelo negro corto y complexión delgada, pero atlética. Sin tatuajes, pendientes ni cicatrices visibles. No percibió olor a alcohol ni le pareció que estuviera bajo los efectos de drogas. Vestía camiseta blanca y panta- lón vaquero de color azul.
Caso 2
Carol y su novio salieron a tomar copas a la misma zona donde trabajaba Bren- da, y la pareja tuvo una discusión. Carol fue al baño y al salir no encontró a su novio, por lo que decidió irse del pub para tratar de regresar al hotel en el que se hospedaban. Serían las 2:00 horas aproximadamente y había bebido unas 5 copas de vodka con refresco de cola. Nada más salir preguntó a un chico que cómo se lle- gaba al hotel y él le dijo que la podía llevar porque estaban muy cerca. Se dirigieron hacia una playa y llegaron a una zona rocosa solitaria. En ese momento el agresor le tapó la boca con la mano y le dijo que, si no se movía ni hacía nada, él no le haría daño, pues solo quería tener sexo. La obligó a realizarle una felación y después la penetró analmente. La víctima refirió textualmente: “me agarró de la cabeza y me empujó hacia el suelo… me agarró fuerte la cabeza para que le hiciera la felación… no recuerdo si él tenía los pantalones bajados del todo, estaba muy oscuro, aunque creo que por el asco cerré los ojos… Él me gritaba ¿te gusta? Después de esto me agarró fuerte y me dio la vuelta… llevaba puesta una minifalda y cuando me fui de allí recuerdo llevar el botón de la falda desabrochado… Después de la penetración noté dolor y sangre, pero no sé si eyaculó”. Carol comentó que el agresor no usó preservativo. Cuando finalizó de agredirla, se fue y la víctima llamó a su novio por teléfono para que fuese a buscarla. Carol presentaba dificultades para recordar el aspecto del criminal, pero cree que era español porque hablaba inglés con acento extranjero, y era delgado y moreno de piel. Fruto de la agresión, Carol sufrió varias lesiones superficiales en brazos y piernas (moratones).
Perfiles criminales. Principios, técnicas y aplicaciones
tan distinto en un caso y en el otro? El propio agresor, una vez detenido, explicó que Brenda había mostrado una gran resistencia. Que, cuanto más violento era él, mayor resistencia exhibía ella, que lo amenazaba con denunciarlo y que aseguraba que no se le olvidaría su cara. En cambio, Carol quedó paralizada y no mostró una resistencia activa, por lo que él fue menos violento. El autor cuadraría con el perfil de power assertive rapist , que busca obtener una sensación de poder y control sobre la víctima, a la que trata como un objeto. En función de la resistencia de la víctima, varía su nivel de violencia, que aumenta tanto como sea necesario para doblegar su voluntad. Estos casos ejemplifican, como se exponía anteriormente, lo importante que es tener en cuenta los factores situacionales en el análisis de los casos, y no presuponer que en la conducta del autor influyen solo variables internas (sesgo cognitivo conocido como “error fundamental de atribución”). El agresor puede haber fantaseado con su agresión y tener previsto cuál va a ser su comportamiento o modus operandi , pero una vez que aborda a una víctima real pueden ocurrir una serie de circunstancias que se escapan a su control y que lo van a obligar a adaptar su conducta de manera improvisada.
2.1.4. Estatus científico del perfil criminal
Una vez que se han expuesto las principales aproximaciones del perfilado y se ha aclara- do que se cuenta con evidencia empírica que respalda las hipótesis en las que se sustenta, siempre que se tenga en cuenta la influencia de la situación, se va a proceder a realizar una revisión sobre su estatus científico. El lector interesado en profundizar en esta cues- tión puede recurrir al artículo de Kocsis y Palermo (2016). A pesar de que la técnica se ha popularizado entre los cuerpos policiales de todo el mundo y se usa de manera sistemática desde hace más de cincuenta años, e incluso algunos autores llegan a defender su uso forense, sorprende el que apenas se encuentren estudios que se hayan ocupado de su validez científica. Una de las razones puede deberse a que la mayoría de las publicaciones sobre su empleo en casos reales utilizan un diseño de n = 1. Aunque en esos crímenes se haya descrito que la técnica fue muy precisa a la hora de predecir características del autor en función de su comportamiento, se desconoce si solo se han publicado los casos en los que el perfil ha sido válido, omitiendo el resto. Además, en este tipo de casuística es difícil discriminar el porcentaje de validez que habría que atribuir al perfil y el que habría que asignar a la intuición del analista, puesto que no se lleva a cabo ningún tipo de control sobre las variables que se han tenido en cuenta para elaborar el perfil. Otro tipo de trabajos han llevado a cabo encuestas de utilidad (McCrary y Ramsland, 2003), asumiendo que, si los perfiles han sido útiles al investigador, es porque han sido precisos. No obstante, esto no tiene por qué ser así. De hecho, una de las cuestiones que se han puesto sobre la mesa es cómo medir la validez de los perfiles, si atendiendo a
Conceptualización del perfilado criminal
su precisión o a su utilidad. Los autores de este manual han elaborado perfiles con una exactitud muy alta con respecto al autor del crimen que, sin embargo, no han servido para identificar al autor, y viceversa, perfiles con una exactitud baja pero que han ayudado a que el investigador profundice en una línea de investigación que ha terminado por esclarecer el caso. De cualquier manera, las encuestas de utilidad no servirían para medir la validez científica del perfil, tan solo serían una medida indirecta, que además estaría sujeta a distorsiones por parte de los investigadores, que podrían maximizar o minimizar la utilidad percibida. De manera similar a las encuestas de utilidad, otros autores han entendido que, si las unidades policiales que han incorporado el perfil consiguen mejorar las tasas de esclarecimiento de los delitos, es porque la técnica ha sido válida. Pero, de nuevo, se vuelve a mezclar utilidad con precisión, y además este tipo de estudios tampoco han llevado a cabo ningún control sobre las variables que podrían explicar esa mayor tasa de esclarecimiento y, por tanto, podría atribuirse a otros factores ajenos al perfil. Por otro lado, agentes de la Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI afirmaron que los perfiles que ellos elaboraban contaban con una precisión del 75-80 % con respecto a las características del agresor, que lograban predecir de manera correcta. Esta cifra todavía sigue ofreciéndose en algunos trabajos, pero el problema del estudio del FBI es que no fue público, sino interno, y no se ofrecieron datos sobre la muestra de perfiles que habían tenido en cuenta, ni las variables que analizaron, así como tampoco los análisis estadísticos que habían empleado. El primer estudio cuasiexperimental que trató de averiguar de manera empírica el grado de exactitud del perfilado fue el de Pinizzotto y Finkel (1990). Para ello seleccionaron una muestra de agresiones sexuales y homicidios esclarecidos y recabaron toda la información operativa de los atestados policiales, excepto aquella que daba pistas sobre la identidad de los sospechosos. A partir de ahí, construyeron un cuestionario basado en preguntas tipo test con respuestas de opción múltiple, sobre variables de los delitos y características probables de sus autores. Dicho cuestionario lo cumplimentaron cuatro grupos de sujetos:
Posteriormente, Pinizzotto y Finkel calcularon qué grupo de sujetos había aportado los perfiles con mayor exactitud, comparando las predicciones con las características reales de los criminales. Los resultados indicaron que los expertos en perfiles habían sido más precisos que el resto, pero solo en los delitos de agresión sexual, no en los homicidios. Este trabajo tiene la virtud de haber sido el primero que, utilizando un diseño científico, con un control de variables cuasiexperimental, midió con precisión la exactitud de los
Conceptualización del perfilado criminal
misma metodología. De hecho, esta sería una segunda limitación, ya que los sujetos no explicaron cómo habían llegado a esas conclusiones, por lo que existe la posibilidad de que alguna de las características de los agresores fuese correctamente identificada por otros factores ajenos al perfil, como la experiencia previa en el trabajo con casos criminales. En cualquier caso, hay que reconocer a Kocsis el mérito de sus trabajos en orden a avanzar en la validación de la técnica, y habría que continuar realizando estudios similares en nuestro país para comprobar si se obtienen o no resultados semejantes.
cuaDro 2.1. Precisión de los perfiles aportados por distintos grupos de sujetos
Grupo Fiabilidadtotal Característicasfísicas cognitivosProcesos Conductacriminal Hábitossociales
Perfiladores (n = 11) 0,82 0,56 0,34 0,34 0, Psicólogos generalistas (n = 36)
0,16 0,50 -0,30 0,33 -0,
Estudiantes de ciencias (n = 85)
0,31 0,40 -0,18 0,10 0,
Detectives (n = 25) -0,43 0,17 -0,37 -0,22 -0, Policías no investigadores (n = 85)
0,07 0,19 0,07 -0,08 0,
Policías (n = 50) 0,17 0,22 0,15 -0,26 0, Especialistas no policiales (n = 12)
0,12 0,48 -0,40 -0,23 0,
Parapsicólogos (n = 20) -0,14 -0,38 0,19 0,05 -0, Controles (n = 120) -0,36 -0,73 0,15 0,02 -0,
Nota: Los datos reflejan puntuaciones Z. Valores próximos a 1 indican mayor nivel de fiabilidad. Fuente: Adaptada de Kocsis, 2003; Kocsis y Palermo, 2016.
2.2. Investigación criminal y perfilado: semejanzas y diferencias
Una de las cuestiones relativas a la conceptualización del perfilado que no suele tratarse en otros manuales, y que suele generar confusión en las personas ajenas al ámbito policial, es la diferenciación entre la labor de un investigador y la de un analista de conducta que rea- liza un perfil. Suele mencionarse, con buen criterio, que el perfil está al servicio del inves- tigador, y que es una técnica más que tiene a su disposición para el total esclarecimiento de
Perfiles criminales. Principios, técnicas y aplicaciones
un caso. Pero, por otro lado, con frecuencia, suelen mezclarse las tareas de un profesional y otro, y son varios los trabajos sobre perfilado que se dedican, en realidad, a describir técnicas básicas de investigación criminal que utiliza rutinariamente la policía judicial. Es necesario que el analista de conducta conozca el protocolo de actuación policial y las técnicas de investigación criminal para poder ofrecer perfiles útiles, con sugerencias operativas que conduzcan a una línea de investigación fructífera, pero debe saber hasta dónde llega su trabajo para evitar un conflicto de rol con el responsable de la investigación. El objetivo del investigador va a ser el esclarecimiento del delito, y para ello va a necesitar salvaguardar los indicios objetivos que permitan probar de manera inequívoca quién ha sido el autor o autores de ese crimen. Este tipo de información nunca la va a poder proporcionar el perfil. Es una técnica inespecífica y, por tanto, no va a permitir identificar a una única persona, sino a un prototipo o perfil, en el que pueden encajar varios individuos, como un retrato robot. No dejaría de ser una hipótesis que se ofrece al investigador basada en la evidencia psicológica o conductual que se haya podido recoger de la escena del crimen y del resto de la investigación. A partir de ese retrato robot psicológico-criminológico (perfil) debe ser el responsable policial el que seleccione a posibles candidatos que pudiesen encajar, tratando de probar su culpabilidad o inocencia mediante la recopilación de evidencias objetivas tradicionales. Es decir, el perfil no va a esclarecer nunca un caso por sí solo, pero puede ser de utilidad en la priorización de líneas de investigación que terminen consiguiendo ese objetivo. Otra de las diferencias entre el investigador y el perfilador es que para el primero puede ser importante identificar el móvil o motivación criminal, pero no es imprescindible. Si se reúnen las suficientes evidencias incriminatorias contra una persona, un tribunal la podría condenar como autora de un delito, aunque nunca se lleguen a conocer las razones por las que lo hizo. En cambio, para poder elaborar un perfil es imprescindible tener una hipótesis sobre por qué cometió el crimen, además de reconstruir cómo lo ejecutó. Tampoco habría que confundir las deducciones sobre los delincuentes que todo investigador realiza durante sus pesquisas, de manera más o menos intuitiva y asistemática, con un perfil elaborado por personal especialista en análisis de conducta y en el que se haya utilizado una metodología de manera estandarizada. Se podría decir que cualquier investigador es un perfilador “en potencia” o un perfilador “junior” porque desde el primer momento se va a preguntar por el tipo de persona que ha podido cometer los hechos y va a ir realizando deducciones lógicas, pero el analista de conducta sería el perfilador “senior” que, debido a su formación universitaria, experiencia y metodología, va a aplicar la técnica en aquellos casos de mayor gravedad. En lo que sí coincidirían tanto el investigador criminal como el analista de conducta es en que ambos aplican el método científico, es decir, el método hipotético-deductivo, mediante la recopilación de evidencia que permita falsar o confirmar las distintas hipótesis. En el cuadro 2.2 se realiza una síntesis sobre las diferencias entre un profesional y otro.